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Circe de clásicos y modernos

versión On-line ISSN 1851-1724

Circe clás. mod.  n.13 Santa Rosa ene./dic. 2009

 

RESEÑAS

Nauroy, Gerard y Vannier, Marie-Anne (eds.)
Saint Augustin et la Bible. Actes du colloque de l'Université
Paul Verlaine - Metz (7-8 avril 2005) Peter Lang, Bern, 2008, 345 págs. ISBN 978-3-03911-590-7

Por José Pablo Martín

Sobre un tema en el que la ciencia francesa se ha destacado durante el siglo XX, la relación entre San Agustín y la Biblia, aparecen las Actas de una reunión tenida en Metz. El coloquio ha sido dedicado a A. La Bonnardière, in memoriam. Ella fue la editora y coordinadora de una magistral publicación de 1986 para la colección Bible de tous le temps, y que lleva el mismo título que el del volumen que aquí se comenta, Saint Augustin et la Bible. (Hubiera sido deseable alguna marca de diferenciación). Comentaré a continuación las principales contribuciones en el orden en que han sido publicadas.

Sobre hermenéutica

Abre la serie el respetado profesor de Lovaina, P. M. Bogaert con el tema 'las biblias de Agustín'. Estudia la suerte de los manuscritos bíblicos en la encrucijada filológica de aquel tiempo: por una parte Agustín es un representante neto del cristianismo de la Septuaginta, pero su lengua es griega y las traducciones latinas del griego no son todas ni uniformes ni confiables, especialmente en el norte de África, como el mismo doctor de Hipona lo sabe; por otra parte, aparece en aquellos años la nueva traducción latina del Antiguo Testamento desde el hebreo, a cargo de Jerónimo. El expositor presenta un variado panorama de traducciones y variantes según regiones geográficas y según los libros bíblicos traducidos. Anota también la influencia de las ideologías cuando analiza las variantes polémicas de los textos de católicos y de donatistas. Después de analizar ejemplos del Antiguo y del Nuevo Testamento concluye que existe una predilección de Agustín por los criterios de la Septuaginta, pero que no se cierra enteramente a los avances de la traducción del hebreo que presenta Jerónimo, traducción que conoce, no rechaza pero no usa en su labor exegética. Más adelante comentaré otra exposición en el mismo coloquio sobre la polémica personal entre San Agustín y San Jerónimo.
Isabelle Bochet, docente de filosofía en el Centre Sèvere de París, toma posición frente a una clásica disputa sobre Agustín: si su literatura desarrolla un sistema universal de hermenéutica donde el lenguaje hecho texto es el articulador que da sentido a todas sus manifestaciones, o si, por el contrario, el trabajo hermenéutico del y sobre el lenguaje expresado -prophorikós- tiene su principio ordenador en el logos endiáthetos, el "maestro interior", es decir, en la iluminación que se da en el encuentro del alma con el Logos (Cristo) antes de toda expresión. La autora atribuye la primera de las respuestas a K. Pollmann en su estudio (1996) sobre el tratado agustiniano De doctrina cristiana, mientras propone por su parte la segunda respuesta, apoyándose incluso en un breve análisis de Warheit und Methode de H. G. Gadamer. El lector, por su parte, se inclinará por una u otra respuesta según su grado de aceptación de la filosofía del neoplatonismo.
Luigi Alici, docente de filosofía en la Universidad de Macerata, propone una idea no divergente sino complementaria de la anterior. A partir de la expresión de "vía larga" de P. Ricoeur, el autor evoca el recorrido de este parámetro hermenéutico en la filosofía posmoderna, mentando a autores como Rorthy Derridá, que se encontrarían según el expositor "perdidos en el discurso" tras las huellas de Heidegger y sus discípulos Jonas y Arendt. Esta "vía larga", cuando se encierra sin concepto de verdad en las aporías del lenguaje, se enfrenta necesariamente a la dialéctica agustiniana, que se da entre un Logos inmutable y creador, por una parte, y un discurso humano entreverado con el límite y la caída moral, por otra. Alici vuelve a poner en estos términos la tesis katafática sobre la verdad: "la articulación del pensamiento es de origen lingüístico, la condición que la hace posible es metalingüística" (73).

Agustín y el libro de la Génesis

Gérard Nauroy, emérito de la Universidad de Metz y uno de los organizadores del coloquio, presenta una detallada comparación de dos textos breves exegético-homiléticos sobre la disputa entre Esaú y Jacob, de Gn 27, uno de Ambrosio de Milán y el otro de Agustín de Hipona. El relevamiento de semejanzas y contrastes muestra dos personas de estilo diferente, pero también dos contextos históricos y locales diferentes. Si Ambrosio se expresa en un lenguaje casi mimético entre cita, alusión y texto, Agustín toma más distancia del texto comentado, como buen maestro de retórica. Si Ambrosio se preocupa por fusionar la cultura clásica con los Testamentos hebreo y griego en pos de la conformación de una nueva cultura romano-cristiana, Agustín debe abrir polémicas en varios frentes desde una geografía marginal del Imperio, polémicas que lo enfrentan a diversas sectas cristianas, a judíos, a maniqueos. En todos los casos una determinación técnica del sentido de los textos es crucial para cada una de las disputas.
Gérard Rémy, emérito de la misma Universidad de Metz, compara dos exégesis del mismo Agustín sobre el relato del pecado original. La conclusión del detallado análisis del libro XI de De Genesi ad litteram y del libro XIV de De Ciuitate Dei muestra que el teólogo ha modificado su exégesis de un libro al otro, al calor de la polémica con Julián de Eclana, el representante más culto entre los seguidores de Pelagio. Agustín, luchando con dos extremos ideológicos al mismo tiempo, recibe la acusación de los pelagianos de atribuir el mal original a la condición hílica o material del primer hombre, es decir, de acercarse a la tesis de los maniqueos. Ante este compromiso, en el segundo de los textos citados, Agustín aumenta la carga contra el hombre mismo, como causante original del mal, para liberar con este procedimiento la responsabilidad del Creador y alejarse así de toda semejanza con la tesis maniquea que postula un doble origen de la realidad, bueno y malo. El expositor concluye lamentando que Agustín haya pensado, en este contexto, que la acción salvífica de Cristo es un remedio de la caída humana y no al revés, es decir, que el plan original de la creación fue la encarnación de Cristo, mientras la caída el hombre fue sólo un traspié en la marcha de la ejecución del plan. Acota al final que esta exégesis ha perdido vigencia teológica y ha sido suplantada por el análisis histórico crítico de los textos bíblicos.

Agustín y el Libro de los Salmos

Michael Fiedrowicz, profesor de teología en la Universidad de Tréveris, analiza uno de los objetos más importantes de la exégesis de Agustín, los Salmos. Dentro de ella, destaca un término cuya interpretación tendrá grandes consecuencias, el término prósopon, que corresponde al latín persona, por pasar de significar la máscara o rostro del teatro a designar la persona humana en cuanto tal y más allá, las personas de la Trinidad. En la literatura griega y sus lecturas (de Homero, de Platón, etc.), el término hacía referencia al 'sujeto' al que se le atribuye una expresión u otra. Este método es aplicado sistemáticamente por Agustín a la lectura de los Salmos, distinguiendo niveles del sentido cuando un sintagma puede ser atribuido a una locución de Jesús, de la Iglesia, del alma, del malvado, de suplicante, de la esposa, del cuerpo, de la humanidad, etc. También se pueden distinguir diversos sentidos de un mismo sintagma, según se lo ponga en boca de un sujeto o de otro. Si a esto se suman las diversas especies de perspectivas alegóricas que pueden aplicarse al texto, el resultado es un impresionante desarrollo del sentido de los textos hacia lo que el autor llama "la voz del Cristo total". No analiza el autor, sin embargo, los límites y medidas que requiere este método de expansión del sentido en una posible intención histórico-crítica de la lectura del texto.
Verónica Fabre (ausente en la lista de autores del final del libro), presenta una breve aunque valiosa contribución donde muestra cómo y por qué el trabajo exegético de Agustín ha convertido el género literario del Libro de los Salmos en un género 'profético'. Los Salmos son profecía en cuanto la lectura permite ponerlos en boca de Jesús y entonces hablan del futuro, un futuro del Mesías y de la Iglesia. La autora se concentra en cuatro de los Salmos más citados por Agustín, los número 1, 2, 4 y 18. Según la exégesis de Agustín, estos Salmos no solamente habrían sido proféticos antes de Jesús sino también en el presente de la Iglesia, en la medida en que estarían revelando y anunciando el misterio de la visión de Dios.

Agustín frente a los evangelios de Mateo y de Juan

Agnès Bastit, de la Universidad de Metz, analiza en el artículo más extenso de esta publicación, la historia de la exégesis cristiana del Sermón de la Montaña (Mt 5, 1-10) desde Clemente Alejandrino hasta San Agustín. La tesis de la autora parece bien probada: que la mayoría de los escritores de este período ven en la sucesión de los 8 macarismos y las 8 recompensas no solamente una lista de bienaventuranzas con sus respectivas retribuciones, sino también una gradación ascendente que marca el itinerario del alma paso tras paso hasta lograr el bien definitivo, la posesión de la octava recompensa, la posesión "del reino de los cielos". Agustín es presentado como el receptor y articulador de las diversas tradiciones y además como el transmisor de este tópico a todo el Medioevo. La autora documenta además la existencia de dos tradiciones tanto para la lectura del texto en los manuscritos como para su interpretación: la alejandrina y la antioquena. La primera, asociada a un acercamiento con Platón, interpreta el "reino de los cielos" como el lugar de la liberación de la situación terrenal, es decir, de la salida del cuerpo y sus leyes. La segunda, más literalista, no acepta la tendencia platónica a "espiritualizar" la dirección de las bienaventuranzas. Agustín se habría inclinado claramente a favor de una lectura alejandrina, en el contexto del Fedro platónico, es decir, de la subida del alma que deja atrás lo corporal asomándose "al cielo".
Otras dos colaboraciones tocan la relación de Agustín con textos joánicos del Nuevo Testamento. Así M. A. Vannier, profesora de teología en la Universidad de Metz, discurre sobre la relación del pensamiento agustiniano con el Evangelio de Juan y la centralidad estructural en el pensamiento del obispo de Hipona de la identificación de Jesús con el arché de la creación. Por su parte, Daniel Dideberg, emérito de Bruselas, establece algunas precisiones sobre el concepto de caritas y agape en la literatura de Agustín, en forma de apuntes a su conocido libro de 1975 sobre la relación de Agustín con la Primera Epístola de Juan.

Agustín y Pablo de Tarso

Tres contribuciones tocan la relación con Pablo de Tarso. Una de Bruno Delaroche, sacerdote de la diócesis de Mans, que en un lenguaje extremadamente conciso describe el método de citar a Pablo que adopta San Agustín, como memoria abierta y operante de la Escritura. Yves Meessen, docente en Metz, analiza la lectura agustiniana del himno de la Epístola a los Filipenses (2, 6-11). La autora establece una oposición entre el modo de interpretar, en Agustín y en M. Heidegger, la tensión del ocultarse / develarse en el pasaje citado. Agustín estaría estableciendo una relación entre el ocultamiento y la develación del ipsum esse en el marco de la teología relacional de las personas trinitarias y de los pasos de la mente humana que accede progresivamente a la develación de lo oculto divino. Sin duda Heidegger no piensa en este marco de relaciones, y debemos reconocer que al menos en este caso Agustín está más cerca del campo histórico-hermenéutico del texto de la Epístola del Nuevo Testamento.
De gran interés resulta la exposición de Jeannine Siat sobre la polémica entre Agustín y Jerónimo con ocasión de la publicación de éste sobre la Epístola a los Gálatas. Aunque existan numerosas publicaciones sobre este tema, esta exposición constituye un nuevo análisis de gran valor y equilibrio documental. En un dossier que contiene más de diez escritos de ambos padres, se documenta la inusual virulencia de las cartas y de las acusaciones. Agustín le reprocha que no puede interpretarse un Texto del Nuevo Testamento como si su autor, Pablo, hubiera cometido errores o el mismo texto fuese prueba de simulaciones y miserias morales. Jerónimo le responde duramente defendiendo su propia autoridad para interpretar textos, y acusando a Agustín de querer hacerse famoso a costa de criticar a un hombre reconocido por su sabiduría en el mundo cristiano (Jerónimo era de una generación anterior a Agustín y mucho más conocido que su interlocutor al inicio de los diez años que duró la polémica, en 294). El objeto del texto, sobre el que se da la polémica entre los dos teólogos del siglo IV, es precisamente otra polémica, la de Pedro y Pablo en Antioquía sobre el tema de la circuncisión impuesta por algunos a los convertidos no judíos a la fe de Jesús. Tiene razón la autora en llamar a este incidente entre Agustín y Jerónimo "un nuevo incidente de Antioquía". La autora concluye explicando -defendiendo- la posición de Agustín, en el sentido que el obispo no podía admitir, frente a los adversarios del catolicismo con los cuales tenía grandes disputas sobre la naturaleza de los textos del Nuevo Testamento, que se dijera que en un escrito de Pablo había aspectos dignos de reproche. La autora, en cambio, no rescata tanto una explicación benévola de la posición de Jerónimo, más celoso de los métodos de exégesis y del escrutinio crítico de los textos. Podríamos decir entonces que tampoco en este artículo de J. Siat ha terminado la polémica de Antioquía.

Entre Biblia y Neoplatonismo

François Heim, emérito de Strasbourg, estudia la evocación de las faltas en los cuatro primeros libros de las Confesiones. El interés de esta comparación consiste en poner en la balanza cuanto trae Agustín al texto las imágenes bíblicas del retorno del hombre pecador a Dios (los símbolos del éxodo, de los exilios, de las travesías, del hijo pródigo) y las imágenes del neoplatonismo que se mueven en los ejes espaciales del arriba y abajo, de la salida y el retorno. El autor reconoce correctamente que el tema del tiempo ha sido uno de los temas más estudiados en las Confesiones, pero no así el tema del espacio. El escrito muestra la intervención del arte del escritor Agustín para ensamblar todos los aspectos de estos símbolos sin dejar ver la "costura" que ensambla las diversas tradiciones.
Henri Perrin, un egiptólogo y doctor en medicina que presenta aquí una parte de su tesis doctoral en teología, quiere seguir la fortuna de una expresión de Platón (Político 273 d) que llama al sitio donde se encuentra el hombre alejado de lo divino la "estepa de la desemejanza". En el comienzo de la exposición el autor deja entender que esta expresión documentada una sola vez por Platón pasa a Plotino como "lugar de la desemejanza", también una sola vez, Enéadas 1, 8, 13, y de aquí a Agustín, también por única vez en Confesiones 7, 10, 16. De aquí en más habría influido en la reiteración de este concepto y esta frase en más de 110 pasajes de la homilética medieval hasta el siglo XIV. El trabajo se detiene en la obra agustiniana que es presentada como desarrollo de la catábasis del hombre que transita este "lugar de la desemejanza" con la posibilidad de retornar a la fuente divina por el camino de la anábasis del alma que ya ha experimentado la inconsistencia del mundo y anhela el "lugar de la semejanza". El trabajo puede leerse como una correcta explicatio de ideas centrales de Agustín. Sin embargo se pueden hacer serias observaciones filológicas al planteo inicial del trabajo. Es probable que la fuente directa de Agustín sea Plotino y no Platón, como bien nota Perrin, a cuyos argumentos añado el siguiente: la expresión "lugar (tópos) de la desemejanza" es de Plotino y no de Platón. Pero además debemos recordar que el pasaje de Político 273 es transcripto por la Praeparatio Euangelica de Eusebio, 11, 34, 4, obra muy conocida en la antigüedad cristiana y que podríamos considerarla un camino de acceso a la homilética medieval. Los paganos, Plutarco por ejemplo, y cristianos, San Atanasio por ejemplo, recuerdan este pasaje de Platón y la expresión "región de la desemejanza". Sin impugnar las ideas centrales de este escrito, que como vimos responde a una tesis doctoral, convendría relativizar la idea de la unicidad de Agustín como puente entre una frase de Platón y la tradición medieval.
No he hecho referencia a todas las exposiciones pero el lector de este informe podrá, espero, formarse una idea de la riqueza de desarrollos que contiene el volumen de este coloquio organizado en la Universidad de Metz.