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Circe de clásicos y modernos

versión On-line ISSN 1851-1724

Circe clás. mod. vol.14 no.1 Santa Rosa ene./jun. 2010

 

ARTÍCULOS

El parásito a la mesa: imagen del poeta en el epigrama de Lucilio

Marina Larrosa
[Universidad Nacional de Rosario]

Resumen: El presente artículo se propone leer el epigrama de Lucilio desde la tradición de la poesía simposíaca griega. Para ello, se centrará en la construcción de la imagen del poeta a partir del análisis del 'yo', ficcionalización del propio Lucilio. Se analizará principalmente los modos en que el autor se aparta de la tradicional imagen del poeta en el simposio para acercarse a una figura marginal y controversial, pero también simposíaca, como la del bufón-parásito, y dar cuenta de esta manera acerca de las verdaderas relaciones que pautan la praxis convival de su época.

Palabras clave: Epigrama; Lucilio; Simposio; Poeta; Parásito.

Abstract: This article aims to read Lucillius´s epigram from the standpoint of the tradition of Greek sympotic poetry. It focuses specifically on the construction of the poet´s image as the 'I' is understood to be the fictionalization of Lucillius himself. It examines the ways in which the author separates himself from the traditional image of the poet in the symposium, while he adopts a marginal and controversial -but still symposiac- figure as the buffoon or parasite. With this, Lucillius reveals the true relationships which regulate the convivial praxis of his time.

Key words: Epigram; Lucillius; Symposium; Poet; Parasite.

Bajo el nombre de Lucilio poseemos un corpus de 118 epigramas sólo en el libro XI de la Antología Palatina, y aunque no se sabe con certeza quién fue Lucilio, no hay dudas de que su producción debe ser ubicada dentro del siglo I1. El libro XI de la Antología Palatina (AP) contiene 442 epigramas, de los cuales 378 pertenecen a la segunda sección, que corresponde al subgénero escóptico, tradicionalmente denominado 'satírico'. Sin embargo, este concepto de 'satírico' resulta problemático a la hora de analizar este grupo de epigramas, principalmente porque limita el análisis de su poética, restringiéndolo al estudio de la construcción de lo que se denominan 'tipos', ya sean éstos sociales, morales o físicos. Aunque ciertamente muchos de estos epigramas no parecen traspasar los límites de la mera burla () a un personaje estereotipado, no hay que olvidar que lo que nos llega a nosotros es sólo una selección (y no necesariamente una antología, en el sentido etimológico del término) de lo que seguramente fue una producción más rica; de haberse podido conocer, estaríamos mejor capacitados para comprender el verdadero sentido de estos epigramas. No obstante, el considerable corpus lucílico nos permite adentrarnos en una poética singular en la que los revelan un sentido y un valor poético específicos que hacen de la intención satírica sólo un aspecto más de dicha poética. Y, aunque no tengamos suficientes datos para aseverarlo, podemos suponer que los de otros poetas también formaban parte de un proyecto poético más complejo. Es nuestra visión que en el caso de Lucilio esa poética estaría sostenida por la tradición simpótica. Esta lectura no sólo pretende desplazar la centralidad de la intención satírica, que ha sido demasiado enfatizada por los comentadores y que significó la brecha que separaba la epigramática del siglo I en adelante de la del período helenístico, sino que intenta reconstruir justamente la continuidad entre los epigramas de ambos períodos2. Para ello nos centraremos aquí en la construcción de la imagen del poeta y trataremos de dar cuenta del trabajo consciente de Lucilio sobre las imágenes y motivos tradicionales de la poesía simposíaca en lo que respecta al lugar del poeta en el simposio.
El epigrama AP 11. 394 ha sido leído por lo general dentro del topos de la queja contra los poetas que recitan:

Poeta de verdad excepcional es aquel que
agasaja a quienes lo han escuchado.
Pero si se la pasa leyendo y los manda a casa sin comer,
contra sí mismo que vuelva su propia manía.

Así, ROZEMA (1971: 235) lo compara con Catulo 44, Persio 1. 30 ss., y por supuesto, con Marcial 3. 45, 3. 50 y 9. 35. NISBET (2003: 29) entendió además que la idea de que "el mejor poeta es aquel que da de comer" es una respuesta a Teócrito 16. 21, superándolo en ingenio. El término que emplea NISBET es "capping", lo cual hace referencia a una actividad poéticolúdica de naturaleza paródico-agónica, típica del simposio y ya trabajada en relación con otros epigramas por REITZENSTEIN (1893: 87 ss.) y LUDWIG (1968: 303-309). En este sentido, NISBET propone una lectura vinculada a una práctica simposíaca de origen helenístico. El otro motivo explícito en el epigrama es el del 'anfitrión avaro', presente en otros poemas del libro XI (137; 313; 314; 325; 371 y 377). Pero si en estas variantes sobre el tópico solemos detenernos en la construcción del tipo social que se critica, es posible asimismo cambiar la perspectiva y detenernos en la construcción del 'yo', que en el conjunto de los epigramas lucílicos es tanto o más protagonista que aquel que aparece como objeto de burla o de ataque. Si los tópicos mencionados dan cuenta de ciertos personajes o, mejor, de ciertas actitudes y comportamientos reprochables que dichos personajes han adoptado como costumbres sociales (anfitriones adinerados que no quieren gastar dinero y malos poetas que arruinan el disfrute del banquete con sus tediosas composiciones), el 'yo' que crea Lucilio tampoco está exento de un tratamiento similar en lo que refiere al comportamiento social y moral. En este sentido, es necesario tener en cuenta el mundo en el que se mueve 'Lucilio'3, un mundo en donde la dinámica de sus personajes pone en escena la desigualdad que entre ellos existe; ese mundo que, aunque ficticio, refiere al real no es otro que el simposio4.
En el epigrama citado, cuando concentramos nuestra atención no ya en el anfitrión sino en 'Lucilio', notamos que la causa de su queja es la de no haber comido: a 'Lucilio' no le interesa si el dueño de casa es un buen o mal poeta, si deleita a su público o aburre, siempre y cuando lo agasaje en la mesa. Así, debemos preguntarnos: ¿qué personaje dentro del simposio puede asumirse tan interesado? Nos encontramos, entonces, con la figura del bufón o , profesional de la burla que Jenofonte ha logrado instituir como personaje clave en la literatura simposíaca a partir de su Filipo. El no pertenece al grupo de reunidos en el simposio, pues es de una clase social inferior, por lo que se gana un lugar en la mesa de los aristócratas sólo por sus habilidades humorísticas. Entre las características de este personaje se destaca su voracidad, tanto en la comida como en la bebida, rasgo que pone en evidencia su origen social vulgar (en contraste con la moderación de los aristócratas) y su situación económica, pues depende de la benevolencia de las clases superiores. Otras figuras se asocian a la del : la del , la del propio y la del , representado tempranamente por Iro en Odisea y que, casualmente, cumplía en los banquetes una función bufonesca5. En los epigramas de Lucilio el rasgo bufonesco del 'yo' se transparentaría en la utilización de un ingenio burlón con el que se cierran sus pequeños poemas y que constituye lo que se conoce como 'punta del epigrama', siendo este elemento una de las principales características del subgénero satírico. Asimismo, en varios poemas advertimos que 'Lucilio' es enemigo de las conversaciones eruditas y serias en las que se deleitaban los gramáticos (AP 11. 10; 11. 137 y 11. 140), las cuales serían distintivas de una representación del simposio en la que se quiere destacar su función paidéutica. Este mismo rechazo y la consecuente exaltación del vino, del amor y de la diversión simpótica los observamos en los epigramatistas helenísticos. Pero mientras que en ellos dicha representación no afecta la imagen del poeta aristocrático, en 'Lucilio', al estar ella confundida con la del parásito, podemos entender que es la figura del bufón y no la del poeta aristocrático, relajado y mundano la que subyace a su construcción. Así, el bufonesco 'Lucilio' divierte con sus comentarios interesados, muchas veces vinculados a la comida, como en el siguiente ejemplo (AP 11. 206):

Así, que puedas, Dionisio, tragarte todo esto... pero por mor de las formas,
¡facilita algo para también comer por acá!
Yo también fui invitado, a mí también Publio me convidó a degustar
algo de todo esto, también para mí hay una porción;
a menos que por verme delgado creas que yazgo delicado;
de ser así, vigilas que escondiéndome de ti no coma nada.

Los epigramas 11. 205-208, entre los que se encuentra el arriba citado, pertenecen los cuatro a Lucilio y son identificados por el comentador de la AP como epigramas destinados a 'insaciables' o 'glotones' (). Pero más que atacar la glotonería en sí, la conducta que se resalta es la del parasitismo, que, en todo caso, es una glotonería vinculada no al concepto de placer sino al de mezquindad, inferioridad social y, principalmente, al del provecho6. Analizando esta serie de epigramas, CRUPI (1964: 65) entiende que nos encontramos en la atmósfera de la Cena de Trimalción. La observación es atinada porque allí se advierte a la perfección el comportamiento parasitario de ciertos invitados, como los propios protagonistas. Pero la posición de 'Lucilio' no difiere en verdad tanto de la de esta clase de personajes. En primer lugar, podemos observar que las dos personas 'yo-tú' tienen una distribución romboidal en el epigrama, en donde el 'tú' aparece nombrado en el centro del primer verso, antes de la diéresis bucólica, y luego al final (pronombre ), para cerrar la famosa 'punta del epigrama'. Entre estos dos vértices el 'yo' se menciona a sí mismo tres veces en sólo dos versos. De esta forma, Lucilio cumple con las expectativas del subgénero satírico o escóptico al presentar un 'tú' objeto de burla que abre y cierra el epigrama, pero a la vez complejiza la situación del 'yo', que lejos de ser neutral o, incluso, moralmente superior, se encuentra en una posición especular con respecto al 'tú'; el pronombre aparece las tres veces en crasis con el adverbio , el cual enfatiza la ubicación de 'Lucilio' en un rol semejante al de 'Dioniso', es decir, en el del parásito. Hay que notar que el pronombre aparece declinado en los casos nominativo, acusativo y dativo, de acuerdo con lo que podría verse como un juego sintáctico-semántico: el caso acusativo coloca al 'yo' en una posición de 'objeto', es decir, en un orden jerárquico diferente del que ostenta 'Publio', el anfitrión, y el nominativo refuerza esa posición, ya que el 'yo' es sujeto de una cláusula pasiva; el dativo, por otra parte, pone en juego el rol de'beneficiario', el cual epitomiza la figura del parásito. Vemos que, de esta forma, el epigrama no se limita al simple ataque a un personaje estereotipado, sino que, por el contrario, trabaja el desde la construcción de quien lo emite. Vemos, además, que 'Lucilio' es en definitiva muy semejante a sus contrincantes parásitos, lo cual contrasta con la tradicional figura de poeta simposíaco, juguetona a veces, como en sus antecesores Hédilo y Asclepíades, por ejemplo, pero siempre aristocrática. En este sentido, podemos decir que la postura que adopta Lucilio, a través de 'Lucilio', se desentiende del tradicional lugar del poeta en el simposio, al que generalmente encontrábamos limitado a alabar el vino y los goces del amor, para confundirse con otros personajes simposíacos más ambiguos y controversiales, como lo es el bufón de características parasitarias.
El cambio en la representación y, más específicamente, la elección del parásito para representar al poeta no son, sin embargo, arbitrarios. Como sabemos, la praxis poética en el Imperio romano estaba pautada por la institución del mecenazgo. El poeta era muchas veces un empleado del noble, quien lo compensaba monetariamente a cambio de poemas elogiosos que inmortalizaran su nombre o, como suponemos en el caso de los poetas epigramáticos, a cambio de poesía de entretenimiento. Lucilio es absolutamente consciente de esta posición a la que lo somete su profesión y por ello encuentra en el prototipo del parásito-bufón una figura que se acerca más a su realidad. Al asumir esta semejanza, rechaza la idealización de la imagen de poeta que los griegos, desde los líricos arcaicos hasta los del período helenístico, impulsaron, a la vez que renueva y adapta a su época la tradición de la poesía simposíaca.
Otro epigrama que también juega con este posicionamiento es AP 11.153:

Que seas un cínico, Menéstrato, que andes descalzo y que
te mueras de frío, nadie te lo discute en absoluto.
Pero si tan descaradamente me arrebatas los panes y sus migas,
no sólo tengo yo un báculo: a ti te dicen perro.

En este poema se combina de forma muy efectiva el parasitismo con la imagen prototípica del cínico. Aunque la gran mayoría de los estudiosos analiza este epigrama desde la crítica a estos filósofos debido a sus características físicas y su actitud mendigante en tanto gestos carentes de significado filosófico7, entiendo que la efectividad del epigrama radica en la construcción del 'yo', que parte, en realidad, de la imagen del filósofo cínico. La 'punta' del epigrama no se reduce a la utilización irónica de la palabra final , sino que se resuelve además en el inesperado desplazamiento de la figura del cínico-parásito, que en un comienzo se identifica con la del filósofo Menéstrato, respondiendo de esta manera a una imagen de los seguidores de Diógenes ya conocida, pero que termina luego configurando al 'yo'. Aquí de nuevo nos encontramos con dos 'parásitos': el cínico que furtivamente intenta robarle comida a 'Lucilio', y el propio 'Lucilio' que lo desafía por ello. Pero así como el cínico es un parásito, el poeta-parásito 'Lucilio' se transforma asimismo en un cínico, pues él "también tiene un bastón" (). La ecuación que habíamos propuesto antes, por lo tanto, se complejiza y deviene un silogismo: si el poeta se asemejaba al bufón-parásito, y ahora también el cínico es un parásito, el poeta puede ser un cínico. El resultado no es para nada inverosímil; el cínico era, de hecho, un personaje histriónico, excéntrico, punzantemente burlón, y a Diógenes se le atribuyen centenares de frases ingeniosas, perspicaces, que en retrospectiva lo convierten en un verdadero virtuoso del epigrama escóptico. Evidentemente, para la época de Lucilio el cínico no era más que un epígono que copiaba superficialmente al maestro, al "perro celeste" (), como lo llamaba a Diógenes Antípatro de Tesalónica (AP 11. 158). No obstante, las puntas de Lucilio son comparables en concepto de rapidez y de agudeza a las legendarias respuestas con que el filósofo de Sinope escandalizaba a los nunca prevenidos oyentes. En este sentido, el poeta-parásito, con su ingenio de cuño cínico, tiene dos antagonistas: el parásito propiamente dicho, en el cual el poeta se ve reflejado, y el filósofo mendigante que, si asume el rol de parásito al robar comida, es desafiado por el poeta, que se convierte en cínico.
Recurriremos a un último epigrama (AP 11. 132) para dar cuenta de la conformación de esta imagen de poeta-parásito:

Odio, soberano César, a aquellos a los que ningún joven jamás
agradó, ni aunque hubiera dicho: "canta, diosa, la cólera".
Pues a menos que uno tenga la edad de Príamo, sea semicalvo,
o esté muy encorvado, no es capaz ni de escribir la alfa.
Si en efecto esto continúa siendo así, oh excelso Zeus, sólo
a los que están arruinados les llega la habilidad.

Conocemos otro epigrama de Lucilio (AP 9. 572) que, de acuerdo con la mayoría de los críticos, se trataría del poema que encabezaba una colección dedicada a Nerón8. En ese epigrama 'Lucilio' se presenta como un poeta pobre, que depende de la benevolencia de su patrón, el propio Nerón, para vivir, lo cual concuerda perfectamente con la imagen de poeta-parásito que Lucilio construye de sí mismo. El poema que hemos transcripto aquí bien podría haber sido el epigrama que continuaba en dicha colección, pues si el primero contenía implícita una dedicatoria a Nerón, en éste la defensa que hace 'Lucilio' de los poetas encubre, en realidad, una propaganda de sí mismo para lograr el favor de su benefactor. En el poema, sin embargo, resuena el tono polémico, yámbico, lo cual lo aleja del característico de Lucilio y remite a los poemas programáticos de sus antecesores, quienes utilizaban su misma poesía para discutir con sus rivales cuestiones literarias. Por ejemplo, la palabra , colocada al principio, hace recordar el inicio de un famoso epigrama de Calímaco (AP 12. 43): ("Desprecio el poema cíclico...") y, en el segundo dístico: ("Odio también al promiscuo..."). Esta forma de discusión erudita continuó aun luego del período helenístico y encontramos algunos ejemplos de su perduración entre los propios epigramas escópticos (AP 11. 20 de Antípatro de Tesalónica; 11. 321 y 347 de Filipo; 11. 322 de Antífanes). El epigrama de Lucilio, sin embargo, no refiere a ninguna polémica existente sino a un prejuicio social que le otorgaba sabiduría y excelencia artística sólo a los viejos poetas9. La crítica no está dirigida a un grupo específico de poetas sino a aquellos que consideran buenos poetas sólo a los ya consagrados, por lo que implícitamente es un regaño servil a los nobles que se niegan a patrocinar a los poetas jóvenes como Lucilio. En este sentido, 'Lucilio', más que dejar constancia de su posición dentro de los debates filológicos, busca convencer al mecenas de que vale la pena apadrinarlo y para esto aprovecha la forma de un epigrama programático, en el que el tono yámbico se asocia a la conciencia literaria y artística propia de un poeta maduro. El gesto es absolutamente irónico: a 'Lucilio' no le interesan las disputas eruditas sino, como parásito que es, solamente comer, beber y bromear.
En conclusión, hemos visto que en sus epigramas Lucilio construye una imagen de poeta a partir de la tradicional figura simposíaca del bufón-parásito, lo cual nos permite proponer una lectura de sus epigramas a partir de la tradición de la poesía simposíaca, desde sus inicios en el período arcaico hasta el epigrama helenístico, tal como planteábamos al comienzo de este artículo. Pero si la tradición consideraba que el poeta era un dentro del grupo de aristócratas que festejaba un banquete, la praxis real dentro de los simposia del imperio romano obligó a Lucilio a reflejarse en esa imagen y, desde ya, no encontrarse sino en la de otro personaje simposíaco, de rango inferior, como lo era el bufón o parásito. No obstante esto, entendemos que la innovación de Lucilio no enfatiza el quiebre con dicha tradición poética sino que pretende ser una reelaboración de ella, su actualización. Y más aún, con un nuevo estilo, más directo, escóptico, tematizando el chiste fácil a veces y desplegando un ingenio punzante en otros ocasiones, Lucilio, a semejanza de los poetas simposíacos griegos, termina construyendo una imagen de simposio, pero que se acerca más a la experiencia simposíaca de su época.

Notas

1 Para un repaso de las diferentes hipótesis acerca de la identidad de Lucilio, cfr. CRUPI (1964:5 ss.); LONGO (1967: 9 ss.); ROZEMA (1971). Según NISBET (2003: 35 ss.) Lucilio no escribía para romanos, como supone la mayoría, sino para un público griego.

2 BLOMQVIST (1998) también ha dado cuenta de esta continuidad, pero mientras él busca los antecedentes del epigrama satírico en el helenístico (para lo cual propone comprender dentro de 'lo satírico' un conjunto amplio de tonos, formas y tópicos que engloban el ingenio y la presencia de un target), aquí proponemos ver en el llamado 'satírico' (por lo menos en el de Lucilio) elementos que se pueden identificar como simpóticos.

3 De ahora en adelante llamaremos 'Lucilio' entre comillas simples al 'yo', que, según lo veo, es una ficcionalización del propio Lucilio, autor.

4 En la praxis real debemos diferenciar lo que es un symposion de un convivium, o un deipnon de una cena, pero dentro de la ficción poética, aun cuando se explicite que se trata de uno o de otro, usaremos el término simposio para abarcar todas estas ocasiones, en tanto y en cuanto la literatura que versa sobre todas ellas se la denomina genéricamente simposíaca. Cfr. GöRGEMANNS (2007).

5 Aunque en sentido estricto la figura del bufón no es idéntica a la del parásito ni a la del , es evidente que comparten muchos rasgos que llevan a asimilarlas. En el caso de Filipo, que es un bufón profesional, el parasitismo es un aspecto fundamental en su configuración como personaje simposíaco. Lo mismo ocurre con el Iro de Homero que, siendo un simple vagabundo, se acercaba a los banquetes para poder comer, pero a cambio debía servir de entretenimiento para los aristócratas. Cfr. FEHR (1999).

6 De los cuatro epigramas de esta serie, sólo el 208 no dejaría leerse tan fácilmente desde el tema del parásito. Pero como el nombre del glotón de este epigrama es Eutíquides, y en 205 también el invitado que roba comida se llama Eutíquides, podríamos suponer que se trata del mismo personaje, por lo que quizás también el epigrama 208 deba leerse desde la perspectiva aquí propuesta. AP 11. 11, adjudicado a Lucilio, también se dirige a un invitado de características parasitarias.

7 Cfr. CRUPI (1964: 42) y ROZEMA (1971: 176). Se trata de una interpretación sugerida por el propio compilador de la colección, quien ubica a este epigrama al inicio de la serie dirigida "a filósofos".

8 Ver ROZEMA (1971: 124-5) y GUTZWILLER (2005). Aunque para NISBET (2003: 37-47) la dedicatoria a Nerón es irónica, aun así la lee como poema introductorio.

9 Cfr. Horacio, Epist. 2. 1. 34 ss.

Ediciones y traducciones

1. DüBNER, F. (1888). Epigrammatum Anthologia Palatina. Vol. 2. Paris: Ambrosio Firmin Didot.         [ Links ]

2. ORTEGA VILLARO, B. (ed.) (2006). Poemas griegos de vino y burla. Antología Palatina, libro XI. Madrid: Akal.         [ Links ]

3. PATON, W. R. (1916-1918). The Greek Anthology. 5 vols. London: William Heinemann.         [ Links ]

Bibliografía citada

4. BLOMQVIST, J. (1998). "The development of the satirical epigram in the Hellenistic period" en HARDER, M. A., REGTUIT, R. F. & WAKKER, G. C. (eds.). Genre in Hellenistic Poetry. Groningen: Egbert Forsten; 45-60.         [ Links ]

5. CRUPI, P. (1964). L´epigramma greco di Lucillio. Napoli: Libreria scientifica editrice.         [ Links ]

6. FEHR, B. (²1999). "Entertainers at the Symposion: The Akletoi in the Archaic Period" en MURRAY, O. (ed.). Sympotica. A symposium on the Symposion. New York: Oxford University Press (¹1990); 185-195.         [ Links ]

7. GöRGEMANNS, H. (2007). "Symposion-Literatur". En Der Neue Pauly. Disponible en: <http://www.brillonline.nl/subscriber/entry?entry=dnp_e1126920>         [ Links ]

8. GUTZWILLER, K. (2005). "Gideon Nisbet, Greek Epigram in the Roman Empire: Martial´s forgotten rivals, 2003" (rev.). En Bryn Mawr Classical Review. Disponible en [http://bmcr.brynmawr.edu/2005/2005-01-19.html]        [ Links ]

9. LONGO, V. (1967). L´epigramma scoptico greco. Genova: Instituto di Filologia Classica e Medioevale.         [ Links ]

10. LUDWIG, W. (1968). "Die Kunst der Variation im hellenistichem Liebesepigramm" en RAUBITSCHEK, A. E., GENTILI, B. et al. (eds.). L' épigramme grecque: sept exposés suivis de discussions. Entretiens sur l´antiquité classique 14. Genève: Fondation Hardt; 301-348.         [ Links ]

11. NISBET, G. (2003). Greek Epigram in the Roman Empire. Martial´s Forgotten Rivals. New York: Oxford University Press.         [ Links ]

12. REITZENSTEIN, R. (1893). Epigramm und Skolion. Ein Beitrag zur Geschichte der Alexanandrinischen Dichtung. Giessen: J. Ricker´sche Buchhandlung.         [ Links ]

13. ROZEMA, B. J. (1971). Lucillius the epigrammatist: text and commentary. University of Wisconsin. Tesis doctoral.         [ Links ]

Recibido: 05-03-2010
Evaluado: 20-05-2010
Aceptado: 27-05-2010