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Estudios y perspectivas en turismo

versión On-line ISSN 1851-1732

Estud. perspect. tur. v.19 n.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./feb. 2010

 

DOCUMENTOS ESPECIALES

La experiencia de un diseño curricular en turismo basado en un modelo por competencias profesionales

Salvador Gómez Nieves*

Universidad de Guadalajara México

* Profesor-investigador del Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas de la Universidad de Guadalajara, México. Doctor en Ciencias Sociales. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. E-mail: nieves@cencar.udg.mx.

Resumen: En este trabajo se pretende reflexionar acerca de los retos y problemas que ha implicado el diseño del plan de estudios de la Licenciatura en Turismo para la Red de la Universidad de Guadalajara, basado en un modelo educativo por competencias profesionales. En particular, se busca hacer unos comentarios críticos y autocríticos sobre los desafíos y las dificultades a las que se ha tenido que enfrentar al definir y seleccionar las competencias clave para esta carrera. Asimismo, se cuestiona ¿cómo se puede lograr que los alumnos en turismo adquieran un pensamiento complejo, multidisciplinario y crítico?, ¿cómo un grupo de académicos, con especialidades distintas, podrían hacer la reforma curricular, si no eran expertos en materia de competencias, y lo peor, no sabían gran cosa acerca de esto? ¿En qué competencias estaba pensando la Universidad de Guadalajara? ¿Qué significa hablar de competencias laborales y profesionales? ¿Qué criterios se deberían utilizar para definir competencias clave? ¿Cómo aprender y enseñar competencias en la universidad? y ¿cómo se podría evaluar mejor las competencias?

PALABRAS CLAVE: Educación superior y turismo; Modelo curricular; Competencia laboral y profesional; Competencias cognitivas y prácticas.

Abstract: Design of a Curricular Model Based on Professional Competences. The aim of this paper is to look into problems and challenges involved in the design of an academic program for the Guadalajara University network for tourism studies based on an education model of professional skills. It becomes particularly necessary to seek critical and self-critical remarks on the challenges and difficulties faced in defining and selecting the competences for this career. The main questions are how tourism students, will be able to acquire a more complex and multidisciplinary way of thinking? How a group of instructors with different specialties will be able to make changes in the curricula an even worse, despite of not having enough preparation for doing so? Moreover, what would be the necessary skills Guadalajara University was thinking about? What is the meaning of a discourse on labor and professional competences? What criteria should be used in order to define key qualifications? How to learn and teach skills in university? and what would the best way be to test students on these skills?

KEY WORDS: College education and tourism; Curricular model; Labor and professional skills; Cognitive and practical competences.

INTRODUCCIÒN

La idea de hacer este trabajo comenzó con un marco mental bastante escéptico con respecto al tema de las competencias debido a que la mayoría de las experiencias se sustentaban en las llamadas competencias laborales o habilidades técnicas que los individuos requerían para desempeñarse de modo adecuado en un trabajo determinado. Es decir, por lecturas previas se estaba al tanto de lo complicado que es medir y comparar las competencias profesionales de alto nivel. En efecto, algunas competencias son relativamente fáciles de explicar y evaluar como el arte de montar un banquete; mientras que otras pueden ser difíciles de expresar y valorar como es el caso de las habilidades intelectuales.

Por lo tanto, se cuestiona ¿cómo se puede lograr que los alumnos en turismo adquieran un pensamiento complejo, multidisciplinario y crítico?; ¿cómo un grupo de académicos, con especialidades distintas, podrían hacer la reforma curricular sí no eran expertos en materia de competencias y, lo peor, no sabían gran cosa acerca de esto?, ¿en qué competencias estaba pensando la Universidad de Guadalajara?; ¿qué significa hablar de competencias laborales y profesionales?; ¿qué criterios se deberían utilizar para definir competencias clave?; ¿cómo aprender y enseñar competencias en la universidad?; y ¿cómo se podría evaluar mejor las competencias? Las respuestas no fueron simples.

Al revisar la literatura se confirmó la incredulidad en cuanto a la formación de competencias; al leer escritos de varios especialistas que visiblemente comparten tal postura, aunque la lectura de otros autores fue más optimista (véanse, por ejemplo, los diferentes artículos publicados en el libro de Simone y Hersh, 2004). Hay que ser honesto, al principio se dudaba del modelo curricular basado en competencias pues se suponía que se trataba de una moda aplicable sólo al mundo del empleo o de los negocios; sin embargo, ahora se coincide con un gran número de estudiosos en que con políticas y estrategias educativas coherentes se puede contribuir en gran medida al desarrollo de competencias profesionales. Asimismo, se concuerda con aquellos que piensan que éstas no son enemigas de las habilidades cognitivas, ni están a favor sólo de capacidades prácticas, más bien se basan en el dominio de ambos componentes de las competencias.

En este sentido, el trabajo busca también precisar el camino seguido para seleccionar competencias clave más allá de las habilidades tradicionales de administrar, investigar y comercializar las que fueron definidas en sus inicios por un grupo de académicos. Para varios integrantes de la comisión curricular (los menos), había desacuerdo en cuanto a creer estas habilidades suficientes para constituir competencias relevantes. Por lo tanto, persistían las interrogantes ¿cuáles eran las competencias cognitivas y prácticas del currículum escolar para el buen desempeño laboral y profesional del Licenciado en Turismo?; o, ¿qué conocimientos y habilidades debían ser asumidos por los egresados de esta carrera para que afrontaran con eficacia y eficiencia los desafíos presentes y futuros en su ámbito de acción?

LA BATALLA IDEOLÒGICA

Se hace necesario aclarar que desde hace varios años se ha estado configurando el nuevo plan de estudios de la Licenciatura en Turismo por una comisión integrada por profesores de los cinco centros de la Red Universitaria que impartían en ese entonces esta profesión en la Universidad de Guadalajara: Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), Centro Universitario de la Costa (CUCosta), Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur), Centro Universitario de los Valles (CUValles), así como el Centro Universitario del Sur (CUSur), que ofrece la carrera de Técnico Superior Universitario en Turismo Alternativo.

Resultaba evidente, aunque no para todos los miembros de esta comisión, que dicha tarea era un reto enorme pero también representaba gran responsabilidad y compromiso de dotar a las generaciones de alumnos con competencias que favorecieran su éxito profesional; sobre todo cuando se sabe que los programas educativos superiores en turismo tienen por lo común poco prestigio y sus profesionistas escasa credibilidad en el mercado laboral de México e, incluso, en los de países desarrollados. Aún en Estados Unidos existe poca fe en los egresados de turismo (Echtner y Jamal, 1997), pese a que este país es líder mundial en cualquiera de las clasificaciones establecidas para la educación en general y, hoy en día, al turismo se le considera como un campo digno de estudio, aunado a que a las universidades estadounidenses se les reconoce ampliamente su quehacer de difusión e investigación turística, máxime por la labor editorial que vienen realizando las prestigiadas universidades de Colorado y Wisconsin-Stout, al publicar las revistas académicas y científicas consideradas como las más rigurosas e influyentes en el ámbito internacional: Journal of Travel Research y Annals of Tourism Research.

Ante esta situación cabría preguntarse ¿cómo se puede dejar ese sentimiento de inferioridad que tienen a menudo los Licenciados en Turismo (o sus variantes, como hotelería o planificación turística) con relación a profesiones tan prestigiadas como medicina, derecho y ciertas ingenierías o, en su caso, a disciplinas sociales tan consolidadas como economía y administración? Es importante elucidar que este sentimiento de inferioridad no es exclusivo de los estudiosos del turismo sino también de los egresados de las ciencias sociales cuando se comparan con profesionales de las ciencias naturales y exactas.

Así pues, el trabajo de reforma curricular de la carrera en turismo se inició retomando varias definiciones e ideas que permitieran comprender mejor el tema de las competencias. Sin que exista un acuerdo explícito sobre qué se entiende por este concepto, se acepta que una persona es competente sí sabe actuar de manera pertinente en un contexto particular. De este modo, Le Botewerf establece:

Saber actuar de forma pertinente supone ser capaz de realizar un conjunto de actividades según ciertos criterios deseables. […] bajo este enfoque los estudiantes además de apropiarse de conceptos fundamentales de las disciplinas, aprenden su aplicación e integración para desenvolverse con éxito en su etapa formativa, en su desempeño profesional y en su vida personal. La competencia implica, además de conocimientos y habilidades, la comprensión de lo que se hace (citado en Hernández Pina et al., 2005: 55 y 56).

Partiendo de estas y otras definiciones se comenzó a intercambiar y debatir ideas, así como a admitir aquellas propuestas interesantes y novedosas, pero también a rechazar la serie de ocurrencias y aún sandeces que predominaron en las primeras sesiones de trabajo de la comisión curricular. La participación en estas reuniones confirmó lo planteado por Philippe Perrenoud:

Las batallas ideológicas […] son una constante en cuanto se empieza a discutir el asunto de las competencias. Se agravan al menor intento de definir las competencias que son esenciales en las sociedades modernas y, por lo tanto, se deben desarrollar como una prioridad de los sistemas educativos. Lo anterior lleva la discusión a un nivel que, desde el principio, debe decirse que es tanto político, filosófico y ético, como científico. Las competencias clave no existen en lo abstracto. Se construyen sobre la base de un punto de vista teórico, pero también ideológico. Los investigadores no dudan en usar las teorías de modo selectivo, para confirmar su propia posición. El conocimiento de una sociedad muy rara vez es desinteresado. Contribuye a mantener el status quo y a legitimar o desafiar las políticas o legislaciones sociales públicas… (Perrenoud, 2004: 217-219).

En este mismo orden de ideas, otros estudiosos de la educación afirman que ningún marco de referencia es ideológicamente neutral; ya que la visión del mundo de cada persona afecta la construcción de las competencias (véase a Simone y Hersh, 2004: 29 y 30). Para la psicóloga británica Helen Haste: "…ninguna lista 'ideal' de competencias está libre de una carga filosófica, teórica y, de hecho, empírica" (Haste, 2004: 176).

Valga traer aquí una anécdota contradictoria acontecida en una reunión interdepartamental para el análisis y discusión del plan de estudios de la Licenciatura en Turismo. En ella un académico especializado en administración y marketing puso en tela de juicio la incorporación en el mercado laboral de profesionales reflexivos y críticos, orientados hacia la gestión y el desarrollo turístico, debido a que el proyecto educativo propuesto, según la óptica de este personaje, se enfocaba hacia lo sociológico. En realidad, existe la idea muy arraigada, por lo menos en el CUCEA, de que cualquier cosa que no sea economía o business, es sociología.

Es obvio que las intervenciones de los compañeros comprometidos con el diseño curricular, generaron discusiones (a veces un poco fuertes), pero también fueron una oportunidad de hacer inteligible lo oculto en esos valores e intereses de trabajo de algunos de los participantes (muchas veces cerca de la simulación). Quedaba claro por qué en un tiempo hubo tanta premura por aprobar la currícula para la Licenciatura en Turismo (la acreditación de los programas educativos se avecinaba para unos centros de la Red Universitaria), pese a que en la mayoría de los miembros de la comisión había consciencia que la propuesta del plan de estudios de ese tiempo vislumbraba competencias sólo en el papel, sin ninguna estrategia para su implementación y formación.

Cabe hacer hincapié que configurar el currículo fue bastante difícil pues hubo discrepancias sobre qué competencias clave debían ser tomadas en cuenta para dicho propósito. Si bien se definieron habilidades de administración, comercialización y planificación (las salidas terminales que a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa contemplaba la Licenciatura en Turismo de la Universidad de Guadalajara), en realidad no se establecieron los criterios con los que el egresado demostraría qué es capaz de hacer y cuál es su desempeño profesional (resultados) para certificar que su práctica estaría bien hecha. Tampoco se identificaron las condiciones a partir de las cuales se desarrollarán las habilidades. Siendo honestos, en ningún momento se precisó cuáles deberían ser las evidencias necesarias y suficientes para comprobar cómo el estudiante podría adquirir las competencias. En lugar de esto, una cantidad considerable de los participantes se apegaba a la ocurrencia y llegaban a "acuerdos" con esa idea de democracia (o el "mayoriteo"), fundada en los intereses particulares y de grupo (o de centro universitario) y no tanto en el uso de la razón y los criterios académicos.

Pero, ¿qué orientación de carrera defendían unos? y ¿cuáles eran los argumentos por los que se opusieron los representantes del CUCEA? La propuesta de ellos se centraba en fusionar la enseñanza del área administrativa con cuestiones de turismo alternativo. A casi cuatro décadas de experiencia en materia de educación turística a escala superior en la Universidad de Guadalajara, todavía no se han asimilado los errores pasados. Con seguridad, esta constante proclividad para no admitir las fallas, por la falta de juicios críticos y autocríticos, no contribuye a aprender de ellas.

El enfoque educativo que pretendían y continúan procurando unos académicos se centra en ese vicio de fusionar conocimientos del desarrollo turístico (en especial el turismo alternativo con sus variantes, como el ecoturismo, el turismo rural y el turismo de aventura) con habilidades operativas en los servicios de hotelería, de alimentos y bebidas, y de agencias de viajes. Es importante explicitar aquí dos de los principales desacuerdos que presentaba esta propuesta de modelo curricular para los académicos del CUCEA: primero, la insuficiencia explicativa que se tiene acerca del turismo alternativo (la supuesta antítesis del turismo de masas) y a la visión tan limitada que posee al respecto la academia del turismo (no se diga los funcionarios gubernamentales, los empresarios del ramo y hasta varios de sus "expertos"). Para ellos, este concepto se entiende como un simple segmento del mercado y no como una nueva y efectiva estrategia de desarrollo. Quienes piensan que el turismo alternativo es sólo una práctica turística aceptan ciegamente los discursos y la ideología dominantes que, sin duda, han influido en numerosas carreras universitarias a formar realmente guías de turistas, y no tanto directivos para las empresas o los organismos públicos involucrados con este sector, tal como se les promete a los alumnos. Cabría preguntarse, ¿es posible lograr una comprensión crítica y coherente de la realidad turística, así como innovar sistemas administrativos y de mercado con sólo competencias cognitivas de bajo nivel y habilidades técnico-operativas?

Pocas veces los programas educativos en turismo tienen una tarea más intelectual donde se discutan y razonen propuestas u opiniones de otros, más bien los profesores -y no se diga estudiantes- son como una especie de intérpretes y seguidores de los conocimientos que reproducen una élite de especialistas, a menudo vinculados con el sector público. El grave problema que presenta la enseñanza en este campo es que favorece la transmisión de nociones erróneas o en el mejor de los casos de ideas primitivas con fuerte énfasis en la "turismología" (saberes propios de escasa solidez teórica y metodológica). Es común la resistencia a utilizar los distintos aportes de las ciencias sociales en la educación turística; en lugar de ello abunda la apropiación del discurso retórico que pregonan los grupos hegemónicos: uno de los obstáculos que no permiten comprender, en su auténtica dimensión, este fenómeno social y cada una de sus manifestaciones.

La segunda razón que acentuó las divergencias con el plan de estudios sugerido originalmente fue que las habilidades administrativas adquiridas o moldeadas en las instituciones turísticas de educación superior han demostrado frecuentemente ser meras prácticas técnico-operativas en servicios (ese virus que no nos deja en paz). ¿Cuál es la justificación o la lógica de promover ciertas experiencias prácticas, rutinarias y simples en la Licenciatura en Turismo que no exigen grandes esfuerzos mentales como el arte de montar mesas o de preparar bebidas? Vale subrayar que la educación formal que los alumnos reciben en las aulas, no por fuerza debe educar al individuo para realizar un trabajo determinado. La enseñanza universitaria constituye los cimientos sobre los que se edifican otras capacidades, que puedan desarrollar las personas en el momento en que se integren al área laboral o profesional.

Un argumento ordinariamente utilizado por la generalidad de los profesores que imparten cursos orientados a adquirir habilidades manuales es que "para saber mandar hay que saber hacer". Si bien esta tesis tiene algo de creíble, hay tareas prácticas que más que educar a la persona, la ciegan. Cualquier docente y estudiante de las currículas superiores en turismo sabe que gran parte de las prácticas profesionales realizadas por los alumnos, sea en las áreas de alimentos y bebidas o de hotelería, difícilmente transitan hacia el desempeño de competencias de alto estatus tales como: toma de decisiones gerenciales, liderazgo, desarrollo de estrategias y emprendedores, análisis de situaciones de riesgo, manejo y resolución de conflictos, entre otras. Sería descabellado pensar que se puede formar un buen arquitecto con la sola práctica de preparar mezcla y colocar ladrillos. Quien crea que se formará un buen cirujano con un plan de estudios en el que predomine la capacidad de inyectar y colocar vendajes es un pobre ingenuo o posiblemente un completo farsante.

El autor de este trabajo cuestiona en varios artículos a la educación superior, el saber y los procesos mediante los cuales se está construyendo el conocimiento del turismo en México, es decir, esa manera tan pragmática en que están empecinadas las instituciones y demasiados académicos, que poco aporta en los alumnos al desarrollo de esa capacidad de pensar más intelectual y compleja (Gómez Nieves, 2005a, 2005b, 2005c, 2008). Empero, esto no significa que las habilidades prácticas y los conocimientos empíricos no sean importantes, más bien se consideran como insuficientes y poco profundos.

Salta a la vista cómo muchas de las habilidades manuales que se aleccionan en las carreras de turismo no son dignas de asimilarse en los niveles universitarios aunque se admita la importancia para poder supervisar las funciones de otros. Por ejemplo, es común en la actividad de la hotelería que se solicita a los aspirantes a un puesto de jefe de recepción, el dominio de programas especializados de computación, como los sistemas globales de reservaciones. Esta habilidad, de índole práctica es solicitada incluso a candidatos a puestos ejecutivos o directivos y es parte de la lista de competencias necesarias para el buen desempeño laboral. Por lo anterior y debido a que en raras ocasiones las empresas de alojamiento temporal ofrecen cursos de capacitación a sus trabajadores para el desarrollo de esta capacidad, es fundamental su adiestramiento en las universidades.

Hay que hacer notar también que entre los miembros de la comisión curricular persistió una contradicción entre la visión de las competencias económicamente útiles y aquéllas orientadas a inculcar en los profesionistas el deseo de ser mejores ciudadanos. En rigor, el país necesita de directivos calificados deseosos de llevar a las organizaciones a una excelente posición, y de proponer nuevos procedimientos, fórmulas e ideas que apoyen la alta dirección de las empresas. Profesionistas con adecuada personalidad (bien vestido, categórico al hablar, persuasivo), con plena disposición para adaptarse a distintas culturas y para trasladar su residencia a otros lugares (cosmopolitas). Además que trabajen por un mundo menos discriminatorio y deshumanizado (aminoren la pobreza y la desigualdad social), al mismo tiempo que su labor sea de respeto hacia el medio ambiente natural y el patrimonio cultural, de conformidad con los grandes desafíos que sigue presentando el turismo hoy en día, según su órgano rector en México (véase estos retos en Secretaría de Turismo, 2001: 68).

LA DEFINICIÒN Y SELECCIÒN DE LAS COMPETENCIAS CLAVE

Es indudable que definir y seleccionar competencias exige perspectivas holistas y un trabajo multidisciplinario donde se den reflexiones fundadas en el intercambio y el debate de ideas y, por qué no decirlo, de valores. En especial, estas discusiones obligan a despejar dos interrogantes: ¿qué sociedad se quiere?; y ¿qué tipo de turismo se desea? O por el contrario, ¿cuál es la sociedad que no se quiere?; y ¿qué tipo de turismo no se desea?

A pesar de que <desarrollo> es un concepto complejo que necesita ser dilucidado surge nuevamente la necesidad de preguntarse: ¿qué desarrollo turístico se quiere para el país?; ¿qué profesionistas se desea formar?; y ¿cuáles son los conceptos de turismo y de desarrollo turístico que deben servir de referencia para establecer competencias fundamentales? En principio, se admite que el desarrollo es un proceso tan complejo como abigarrado, por lo que es imposible imitar lo que hacen otros países en materia de desarrollo pues cada sociedad tiene su historia, su cultura y sus problemas sociales.

Es evidente cómo una gran cantidad estudios reconocen las dificultades y los retos que implican la selección y la conceptualización de competencias, imprescindibles no sólo para aumentar el acervo de conocimientos y adquirir ciertas capacidades, sino también para desarrollarse como individuos. Unos expertos hacen énfasis en que los graduados deben lograr una multitud de habilidades que les permitan ser creativos, flexibles y adaptables al mercado de trabajo. Otros especialistas afirman que la prioridad es ampliar y mejorar el entrenamiento (Hjalager y Andersen, 2001). Australia, al dar respuesta al crecimiento y a las demandas de recursos humanos capacitados para la industria del turismo y la hospitalidad, ha apostado por la calidad de la educación y la investigación en esta área y el nexo fuerte entre ambos componentes para apoyar su desarrollo (Pearce, 2005). Distintas naciones profundizan en el uso de las tecnologías modernas y la comunicación para realzar y apoyar la educación (véase a Sigala y Baum, 2003).

Sin embargo y pese a que no se puede negar la importancia de este tipo de habilidades ni de la incorporación de nuevas herramientas y recursos, por ejemplo Internet, en el proceso de enseñanza-aprendizaje, se coincide plenamente con Russell L. Ackoff en que se necesitan reformas serias y profundas en los programas educativos, nuevos modelos organizacionales e ideas creativas y viables que reemplacen los métodos obsoletos y las relaciones autoritarias entre los actores participantes (Ackoff, 1999: 91-122).

Robert Kegan sostiene que los ambientes de trabajo modernos están llenos de situaciones impredecibles y no rutinarias. Para este autor, cada vez será más apreciada entre los empleados, la capacidad de tomar iniciativas que creen valor mediante decisiones originales (Kegan, 2004: 342). Por su lado, Gibbons et al. comentan que:

...dentro del proceso de innovación, las empresas de todas clases se convierten en fuentes de demanda de conocimiento especializado, debido a que la competencia ofrece una prima a todo aquello que no sea imitable. […] Puesto que esas habilidades no surgen espontáneamente y van a disfrutar de una creciente demanda, tales desarrollos plantean un desafío a los sistemas actuales de educación superior... (Gibbons et al., 1997: 88 y 89).

De acuerdo con dichos estudiosos, la moderna educación superior enseña a la gente a no entregarse demasiado a una sola ocupación o conjunto de habilidades, por lo que es indispensable disponer a las personas para la probabilidad de que ambas cosas puedan cambiar con frecuencia. Para hacerlo, los empleados tienen que tener ilustración tanto en habilidades como en actitudes. Gibbons et al. admiten que la única habilidad que no queda obsoleta es la de aprender nuevas habilidades (Gibbons et al., 1997:102 y 103).

Las empresas que utilizan el conocimiento, demandan directivos con capacidades para identificar y solucionar problemas. La habilidad de innovar requiere recursos humanos altamente calificados. Es un hecho que abundan los egresados de turismo, la mayoría de las veces poco capacitados, que compiten por puestos operativos que ofrecen salarios bajos; pero también es un hecho que existen profesionistas realmente calificados, aunque sean excepciones, que llegan a ganar salarios y prestaciones altas. Sin duda, las nuevas representaciones del saber, como el análisis de riesgos, los sistemas complejos, la valoración de la tecnología y el desarrollo sustentable necesitan de trabajadores cerebrales. Para Gibbons et al., las empresas intensivas en conocimientos siguen siendo altamente rentables porque poseen empleados con habilidades que no se encuentran en otras partes (Gibbons et al., 1997: 69). En efecto, la oferta de mentes talentosas e inquisitivas procedentes de las universidades, asegura al sector turístico un suministro de personas competentes.

No obstante que sigue habiendo dificultad para determinar la mejor manera de fomentar los saberes, las habilidades, las aptitudes, las actitudes y los valores, dentro de la comisión curricular, no se reflexionó debidamente sobre el concepto de competencia o competencia clave. Tampoco se admitió la complejidad para que los alumnos asimilaran las mismas. Esto es, ¿cómo enseñarlas y reforzarlas?, y ¿qué métodos adecuados se deben utilizar para medirlas y evaluarlas? Ni siquiera se pensó en que la tarea de diseñar un plan de estudios basado en competencias era vasta, y que su éxito sólo sería posible con una mayor participación y voluntad de académicos y autoridades educativas.

La identificación de competencias

Aunque no son exhaustivas, ni el orden en que se presentan tiene importancia, las competencias clave con las que se adhiere la propuesta curricular consensuada entre los tres centros universitarios CUCEA, CUCosta y CUCSur (pues CUValles y CUSur se abstuvieron), debido a que consideran trascendentales para el buen ejercicio profesional del egresado que se quiere formar, son:

  • Desarrollar estrategias
  • Analizar situaciones de riesgo
  • Manejar y resolver problemas y conflictos
  • Pensamiento complejo y multidisciplinario
  • Trabajo en equipo
  • Liderazgo
  • Alfabetismo en tecnologías de la información y de la comunicación
  • Desarrollo de la inteligencia (analítica, creativa y práctica)
  • Dominio de por lo menos una lengua extranjera
  • Juicios críticos y autocríticos

En términos de Franz E. Weinert, las competencias clave se refieren a los prerrequisitos necesarios de los que puede disponer un individuo para cumplir con exigencias complejas. Para el psicólogo alemán, estas habilidades se refieren a competencias multifuncionales y transdisciplinarias útiles para lograr muchas metas trascendentales, para dominar distintas tareas y para actuar en situaciones desconocidas (Weinert, 2004: 105 y 123).

En efecto, existen programas de capacitación en numerosas empresas donde se pueden adquirir una o varias de estas competencias, pero también es verdad que transferir este quehacer fuera de las universidades es muy cuestionable, a excepción de una de ellas, la habilidad de una lengua extranjera, según la visión del Consejo Nacional para la Calidad de la Educación Turística (CONAET). Para este organismo evaluador, la mayoría (sino todas) de las carreras universitarias en turismo de México, históricamente no han demostrado la capacidad para enseñar esta lengua extranjera. Se aclara que está fuera de los propósitos de este escrito, aventurar qué debe hacer el CUCEA para que los alumnos dominen el idioma inglés.

Es innegable que los procesos educativos son una condición ineludible para el desarrollo de estas competencias; aunque es obvio que el logro de las mismas dependerá de la calidad de la enseñanza-aprendizaje. Por lo tanto, el currículo de la Licenciatura en Turismo deberá de tener la capacidad para formar este tipo de competencias, pese a que algunas de ellas se consideran clave o no clave, dependiendo de la orientación a la cual se quieran enfocar los futuros profesionistas, sea en Dirección de Hoteles y Restaurantes o en Gestión y Desarrollo Turístico. Por ejemplo, las competencias de pensamiento complejo y multidisciplinario, tendrá más relevancia en la segunda salida terminal mientras que el liderazgo gerencial, será una habilidad a la que se debe otorgar mayor peso en la primera especialidad.

La descripción de competencias

Aun cuando es importante tener muy claro el significado de cada una de las competencias clave, es imposible en un artículo de esta naturaleza describir detalladamente las que se juzgaron deseables para la formación del Licenciado en Turismo. Por lo tanto, a continuación se intentará esbozar aquí sólo unas de ellas:

Desarrollar estrategias: consiste en seleccionar y emplear estrategias adecuadas para el logro de metas. Para Boudon, esta competencia requiere contar con el arte de la maniobra y el cálculo, de tener una visión de todos los cursos posibles de los hechos para anticipar todos los obstáculos y las reacciones de socios y opositores, idear soluciones originales, y controlar los efectos indirectos o adversos de las acciones (citado en Perrenoud, 2004: 240).

Manejar y resolver problemas y conflictos: con fundamento en la conceptualización propuesta por el Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA), "…la solución de problemas es la combinación de diversos procesos cognitivos y de motivación que se orquestan para lograr una meta determinada que no se podría alcanzar únicamente con la aplicación de una rutina o algoritmo conocido" (Herh, 2004: 58).

Ninguna comunidad turística está al margen de disputas por lo que es importante saber negociar, construir acuerdos y tomar decisiones basadas en toda la gama de opiniones. No es absurdo afirmar, por ejemplo, que la falta de negociación de las autoridades gubernamentales con la comunidad de San Salvador Atenco, así como el nulo sentido social y político del frustrado proyecto del aeropuerto internacional de la ciudad de México, fue la causa primordial de que se diera marcha atrás, a principios del sexenio pasado, de esta valiosa obra de infraestructura.

¿Cómo solucionar las pugnas que frecuentemente existen entre la sociedad civil y los empresarios y gobiernos? o ¿cómo consensuar entre los pobladores locales, para evitar la oposición a los programas y proyectos turísticos promovidos por los grupos de poder político y económico? Los múltiples problemas de tenencia de la tierra en el litoral mexicano y la legalización de los casinos en el país, son casos típicos de fuertes desacuerdos sociales, los cuales no podrán ser asimilados o entendidos sí los profesionistas en este ramo ven al turismo sólo desde la óptica económica. Por ello, deberán tener suficientes bases teóricas, empíricas y metodológicas de la psicología, la sociología y la antropología, entre otras disciplinas.

De conformidad con las especialistas en educación Simone y Hersh (2004: 41), la competencia en el manejo y resolución de problemas y conflictos tiene varios componentes: uno muy importante es percibir y comprender las posturas distintas. Otro incluye la negociación de intereses en disputa con el fin de aceptar soluciones bilaterales, funcionar democráticamente en grupos, llegar a acuerdos por encima de los contrastes culturales, desarrollar estrategias de unión, etcétera. En palabras de Philippe Perrenoud dominar esta competencia, requiere de conocimientos más especializados para poder analizar los asuntos que están en juego, los orígenes del conflicto, las razones de ambos lados y los intentos de reconciliación que han fallado, así como construir órdenes negociadas por encima de las diferencias culturales (Perrenoud, 2004: 231 y 250).

Pensamiento complejo y multidisciplinario: ¿qué se entiende por complejidad?, este concepto que ha llegado a desempeñar un papel trascendental en las disciplinas de mayor rigor científico, desde las matemáticas hasta la biología. Decía John Neumann, quien lanzó la idea de la complejidad en el terreno científico: "Ser complejo es ser capaz de volverse más complejo" (citado en Canto y Dupuy: 2004: 149). Así pues, aquí yace uno de los dilemas epistemológicos que permanentemente prevalecen entre los pensadores sociales: ¿cuál perspectiva de análisis a utilizar para interpretar la realidad? En otras palabras, ¿son las estructuras las que hacen que los hombres se comporten de "x" o "y" manera, o son las acciones de los hombres las que configuran las estructuras?

En concordancia con el concepto de complejidad de Neumann, se asume, desde el enfoque dialéctico, la integración de las dos ópticas (de la acción a lo estructural o viceversa), pues si bien estas perspectivas son diferentes, no se consideran excluyentes. El salto analítico de lo local a lo global, de lo micro a lo macro, de lo cuantitativo a lo cualitativo, de lo teórico a lo práctico, de lo inductivo a lo deductivo, o viceversa, es lo que promueve el pensamiento complejo. Esta competencia exige además ciertas capacidades para la comprensión de los hechos del pasado y la visualización de tendencias futuras; pero también para la gestión y el manejo de situaciones realmente complejas, como la conservación ambiental, y el desarrollo sustentable. Es indiscutible que afrontar estos problemas y retos no necesita substancialmente de habilidades rutinarias y normativas, que sólo busquen aplicar reglas; en lugar de ello, es esencial otro tipo de capacidades más complicadas y multidisciplinarias para el eficiente desempeño profesional.

Tratar de hacer inteligible los intereses en disputa de grupos sociales heterogéneos, implica aceptar que turistas, pobladores, empresarios y autoridades gubernamentales son seres humanos complejos y que la mayoría de las veces actúan en función a sus inclinaciones propias. Asimismo, tomar al turismo como un sistema que depende de otros sistemas más complejos, como el económico, el cultural y el político, no significa que se le considere inaccesible a la intervención o modificación humanas conscientes y voluntarias. El desarrollo turístico es producto del esfuerzo humano, intentar lograrlo depende de la acción de los hombres y exige una lucha constante contra la adversidad y el azar. Por estas y otras razones, se considera que las competencias clave definidas pueden ofrecer recursos (en términos de conocimientos, habilidades, actitudes y valores) para enfrentar este desafío.

Mercadólogos, publicistas y turismólogos a menudo se vuelven ridículos cuando quieren tratar los asuntos de las actitudes, percepciones, valores y motivaciones de los viajeros sólo con la trillada aplicación de encuestas. Es un desacierto aplicar esta técnica de entrevista, sin tomar en cuenta previamente las teorías, el saber empírico y las herramientas metodológicas que aportan las ciencias sociales, en particular la psicología, la economía y la antropología.

Alfabetismo en tecnologías de la información y de la comunicación: esta competencia se define como la habilidad de usar de la mejor manera posible la tecnología existente, nueva y naciente, con el fin de alcanzar el éxito en la vida profesional y en la privada (Herh, 2004: 61). Se admite que es imprescindible un cierto grado de competencia tecnológica entre los profesionistas, pues estas habilidades constituyen la inteligencia práctica, en términos de los filósofos Canto y Dupuy (2004: 148). En efecto, los avances de la tecnología electrónica han tenido y tienen una gran relevancia para la solución de problemas; sin embargo, este tipo de competencias, al igual que otras, como el dominio de una lengua extranjera, no presuponen mayores grados de inteligencia cognitiva ni un nivel muy alto de educación.

Desarrollo de la inteligencia (en las subáreas siguientes): Analítica.- para los estudiosos franceses Canto y Dupuy (2004: 128), ser analítico en filosofía supone recurrir a argumentos y contraargumentos, modelos teóricos y experimentos bien planeados. Por su lado, Herh comenta que la noción de un razonamiento analítico -que incluye deducción, inducción y pensamiento crítico- es fundamental para la solución de problemas. Del mismo modo, expresa que para el logro de esta competencia es primordial el alfabetismo de lectura, de la matemática y de la ciencia. Creativa.- esta competencia se usa para crear, inventar, imaginar, formular hipótesis y, por lo general, para tratar con lo relativamente nuevo. Práctica.- esta competencia se usa para aplicar conocimientos y habilidades en situaciones concretas (Herh, 2004: 59 y 63).

En este orden de ideas, actuar con inteligencia comprende la capacidad de imaginar posibilidades, idear escenarios sobresalientes y concebir alternativas significativas, lo cual debe ser un patrón constante del individuo. La inteligencia analítica se identifica con la idea generalizada de la curiosidad intelectual, esto es, con esa habilidad de las personas que van más allá de la intuición o el simple sentido común para comprender tanto las complejidades y las incertidumbres en que se vive, como lo impredecible del mundo económico dominante.

Juicios críticos y autocríticos: la gran dificultad que tienen los diseñadores de planes de estudios es establecer cómo pueden los alumnos adquirir las competencias clave para su campo profesional. El problema que comúnmente los aqueja es ¿cómo los programas educativos pueden desarrollar estas habilidades? A pesar de que su alcance y eficiencia siguen siendo controvertidos, se considera que su construcción tendrá mayores posibilidades cuando los profesores promuevan lecturas de la más alta calidad entre el estudiantado. Resumiendo, ninguna persona que no lea puede inculcar a otros el gusto por la lectura, y ningún docente que no sea capaz, él mismo, de ostentar una postura cuestionable puede promover pensamientos críticos e independientes entre sus alumnos.

Una de las mejores maneras de enseñar a pensar es enseñando a leer, sugiere muy atinadamente el filósofo Fernando Leal Carretero (2002). Es así, como este profesor enseña a sus estudiantes en el programa de Doctorado en Ciencias Sociales que ofrece la Universidad Guadalajara.

Conviene traer aquí dos razonamientos de Philippe Perrenoud: primero, al formar un juicio crítico se corre siempre el riesgo de que se voltee contra la propia institución; y segundo, desarrollar la actitud reflexiva y crítica, requiere que la institución no la prohíba en el camino. Para este sociólogo francés, los juicios críticos son una práctica meditada y libre que permite defender recursos y derechos de los individuos, y ser autónomos para pensar y actuar por cuenta propia (Perrenoud, 2004: 235 y 258).

Otras competencias y habilidades determinadas como cruciales para el buen desempeño profesional del Licenciado en Turismo, sea en la dirección de hoteles y restaurantes o en el diseño estratégico del desarrollo y la gestión turística, son la comunicación (hablar, escuchar, leer y escribir); las relaciones interpersonales; la toma de decisiones; la adaptabilidad y flexibilidad; el aprender a aprender; la formulación y gestión de proyectos; la actitud científica; entre otras. Por razones de extensión del artículo, a continuación se describen las últimas dos:

Formulación y gestión de proyectos: consiste en idear y poner en práctica proyectos exitosos, ya sea individual o grupalmente. Para Perrenoud, implica poder formular proyectos que otros puedan juzgar como atrevidos y riesgosos, pero no irreales. De acuerdo con este estudioso, para que un proyecto parezca razonable se necesitan, por lo menos: primero, una excelente percepción de los requerimientos técnicos y de las maneras de superar o evitar obstáculos; y segundo, un buen conocimiento psico-sociológico de las reacciones de las que dependerá esta empresa y la habilidad de convencer a los otros de que se sabe lo que se está haciendo y de que se han calculado los riesgos (Perrenoud, 2004: 238 y 239).

Actitud científica: es esa competencia que más que intentar formar investigadores, pretende crear el gusto por la investigación científica, esto es, la búsqueda de la verdad (o una aproximación a la misma), la crítica constructiva y el escepticismo. Hay que estar convencido que cualquier persona puede imponer intencionalmente sus valores e ideas sobre una comunidad acrítica, crédula e ignorante. Por ello, es pertinente adoptar una postura escéptica para evitar ser engañado, más aún ante la serie de falacias en que está inmerso gran parte del conocimiento y el discurso en turismo. <Dudar hasta comprobar>, aconsejó, desde hace ya bastante tiempo, el filósofo francés René Descartes.

Es importante también aceptar lo que llegó a decir Karl Popper, el más famoso y más leído de los filósofos del siglo XX, que el conocimiento científico "… es, a pesar de su falibilidad, uno de los mayores logros de la racionalidad humana, y de que, mediante el uso libre de nuestra razón siempre falible, podemos comprender, no obstante, algo acerca del mundo y, tal vez, incluso cambiarlo" (Popper, 1997: 14).

Ninguna lista de competencias clave, útil para el currículo escolar, debe surgir sólo de la observación de las prácticas laborales del sector, pues, tal como advierte Annie Brooking, el mercado hoy más que nunca está cambiando rápidamente y está llamado a ser muchísimo más dinámico que antes. "[…] hoy en día, como en el futuro, puede suceder y de hecho sucede, que en el momento en que el empleado ingrese a la empresa, la demanda del mercado haya cambiado de tal forma que el empleo para el que fue contratado, o ha desaparecido o se ha modificado. En tal caso, es posible que el nuevo empleado no sea apto para el desempeño del nuevo empleo -y que lo despidan antes de que lleguen sus nuevas tarjetas de presentación-" (Brooking, 1997: 60 y 61).

El diseño del plan de estudios tampoco debe basarse plenamente en las tendencias del turismo moderno formuladas de modo copioso por la Secretaría de Turismo (Sectur) de México y la Organización Mundial del Turismo (OMT), pues estos organismos rectores del sector en los ámbitos nacional y global respectivamente, al propagar mitos, al magnificar bondades y al ver al mundo turístico a través de "cristales de color rosa", imponen "la verdad oficial", adormecen la capacidad de crítica y domestican las conciencias de quienes asumen sus visiones, imponen status quo y favorecen la preservación del modelo de "desarrollo" turístico que protege los valores e intereses de los grupos económicos y políticos poderosos. Entender cómo se reproduce el sistema turístico, difícilmente se podrá lograr con sólo el uso de conocimientos que se originan al interior de dichas instituciones. Para éstas, es obvio suponer que demandarían competencias tales como actitud de servicio, flexibilidad y responsabilidad en el empleo, dominio del inglés y trabajo en equipo y bajo presión. Incluso, la habilidad en ventas debido a que la fuerte competencia de los mercados turísticos ha hecho que aumente entre las personas el valor de la capacidad de vender productos y servicios (hasta aquellos asociados a los bienes inmuebles).

Cabe mencionar también que en la actividad laboral cada vez más se demandan competencias relacionadas a la interacción con otra gente. En especial, este tipo de habilidades, esencialmente humanas, tienen una importancia mayor en el turismo, porque los empleados necesitan comunicarse y laborar con individuos de diferentes culturas y a menudo de procedencias e idiomas distintos.

A MANERA DE CONCLUSIÒN

A pesar de que los análisis anteriores pueden ser incómodos para algunos, resulta crucial para la Universidad de Guadalajara en general y la Licenciatura en Turismo en particular, insistir en la necesidad de transformar no sólo su plan y programas de estudio en un modelo por competencias, sino también sus prácticas docentes y de enseñanza, pues el presente y el futuro se observan sombríos para sus profesionistas.

La educación basada en competencias supone un compromiso de toda la comunidad - académicos, autoridades y alumnos- con y para el cambio. De hecho, por ejemplo, si no varían los mecanismos de evaluación que se han venido aplicando en la mayoría de los cursos de esta carrera, será un perfecto engaño valorar el desempeño de las competencias en los egresados. Se requiere erradicar los denominados exámenes departamentales estandarizados y las pruebas oficiales memorísticas y acríticas que predominan en el CUCEA, pues en un modelo educativo por competencias impone cambios hasta en los test de los cursos y de egreso de la carrera (sean escritos u orales).

Una enseñanza por competencias implica también hacer modificaciones a las distintas modalidades de titulación que privilegia la profesión. Máxime cuando cualquier directivo y académico informado sabe que los exámenes en turismo aplicados por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL), por lo menos hasta el momento, están diseñados en gran parte por reactivos memorísticos.

Naturalmente, es primordial y urgente el cambio de actitud por parte de profesores e investigadores, de forma tal que impliquen más ética en sus tareas (menos simulación y autocomplacencia) y más intolerancia con la mediocridad. Un modelo por competencias exige también conversiones a las estructuras organizativas, pues hay que admitir que varios Departamentos de la Red Universitaria se ven como unidades administrativas (y no como instancias académicas); las Divisiones como embajadas políticas; y para algunos (aunque no todos), las Coordinaciones de Carrera se revelan como simples oficinas para la atención de alumnos, en lugar de verse como centros intelectuales.

Es vergonzante y contradictorio aceptar que en la Licenciatura en Turismo no se exija en el pupilo un pensamiento estratégico y complejo, como sostienen varios profesores y hasta uno que otro directivo. Parece ser que se olvida el lema de la Universidad de Guadalajara "Piensa y Trabaja". Una institución educativa donde no se piense (bien y por cuenta propia) o donde exista pereza mental, es un centro de adoctrinamiento, de conformismo y de sumisión, que en gran medida explican el hecho porque sigue habiendo graduados mal educados. Todavía no se percatan unas autoridades universitarias -o más grave son cómplices de la hipocresía-, de la fuerte competencia laboral y profesional que viven y vivirán los egresados de esta carrera en los mercados nacional e internacional.

Es muy cierto que existe interés de los proyectos curriculares en turismo (según sus objetivos) y de académicos en particular por desarrollar un pensamiento reflexivo y crítico entre el alumnado; pero también es verdad que sólo con buenos deseos no se hacen buenas cosas. Se requieren reformas serias y profundas a los planes y programas de estudio, si es que se quiere tener licenciados competentes para el ejercicio de su profesión, con una auténtica conciencia social, pues muchos de ellos, siendo francos, por lo general tienen una actitud deshumanizada.

Agradecimiento: Este escrito es una versión revisada y aumentada de la ponencia presentada originalmente en el "Foro de Análisis y Propuestas: Intercambio de Experiencias y Mejores Prácticas", organizado por el Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas (CUCEA) de la Universidad de Guadalajara (México). Los comentarios críticos y autocríticos del mismo se sustentan en la amplia experiencia del autor como: Coordinador de la Licenciatura en Turismo del CUCEA; responsable de la Comisión de la Reforma Curricular de esta Carrera; y estudioso de numerosos trabajos relacionados con la educación, la investigación y el conocimiento del turismo en México. Por lo que se agradece al CUCEA y al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), el otorgamiento de las facilidades y el apoyo para la realización de este artículo.

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Recibido el 23 de julio de 2009
Correcciones recibidas el 11 de septiembre de 2009
Aceptado el 20 de septiembre de 2009
Arbitrado anónimamente