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Estudios y perspectivas en turismo

versión On-line ISSN 1851-1732

Estud. perspect. tur. vol.21 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./feb. 2012

 

DOCUMENTOS DE BASE

Paisaje y medioambiente
Las transformaciones ocasionadas por el turismo de segundas residencias en las playas de Jacumã, Carapibus y Tabatinga (Conde/PB, Brasil)

Ilana Barreto Kiyotani*
Eduardo Rodrigues Viana de Lima**

Universidad Federal de Paraíba
João Pessoa - PB - Brasil

* Master en Geografía por la Universidad Federal de Paraíba (João Pessoa - PB, Brasil); Especialista en Análisis Ambiental por la Universidad Federal de Paraná (Curitiba - PR, Brasil); Licenciada en Turismo por la Universidad Federal de Paraíba (João Pessoa - PB, Brasil). E-mail: ilana.kiyotani@gmail.com.

** Profesor de la Universidad Federal de Paraíba (João Pessoa - PB, Brasil); Doctor en Geografía por la Universidad Estadual Paulista Júlio de Mesquita Filho (Rio Claro - SP, Brasil); Master en Teledetección por el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais - INPE (São José dos Campos - SP, Brasil); Graduado en Geografía por la Universidad Federal de Paraíba (João Pessoa - PB, Brasil). E-mail: eduvianalima@gmail.com.

 


Resumen: A partir del concepto de paisaje, tan importante y debatido en la geografía, y del concepto de medioambiente, uno de los más discutidos en el mundo actualmente, se presentan aquí los impactos que el turismo produce sobre los mismos. Esa actividad que ha cambiado la idea de placer, recreación y ocio se convirtió en una de las mayores fuentes de la economía global transformando el espacio físico y el medio social. Se analiza el turismo de segundas residencias (también conocido como veraneo). Intensamente presente en el nordeste de Brasil, ese tipo de turismo ha llamado la atención de los investigadores por su poder de "echar raíces", de poseer y consumir los lugares donde se inserta, modificando y muchas veces degradando el medio y el paisaje. Dicho análisis es parte de la tesis de maestría de la presente autora, basada en el estudio de los cambios ocurridos en las tres playas de mayor demanda de segundas residencias en el litoral sur del Estado da Paraíba: Jacumã, Carapibus y Tabatinga. El análisis se centra en un relevamiento bibliográfico y de campo, sumado al análisis de fotografías aéreas e imágenes satelitales.

PALABRAS CLAVE: Paisaje; Medioambiente; Turismo de segundas residencias; Litoral sur paraibano.

Abstract: Landscape and Environment: Changes Triggered by the Second Residence Tourism in Jacuma, Carapibus and Tabatinga - Conde/PB, Brazil. This work presents the impacts the tourism activity brings to landscapes, whose concept has been thoroughly debated in Geography, and environment, which has gained world wide relevance lately. This activity, which has altered the concepts of leisure and indulgence and has become one of the running forces of global economy, has also modified physical and social environments. By narrowing the array of existing tourism activities, the work analyses the so-called second residence tourism. Heavily present in the northeast coast of Brazil, this kind of activity has gained the attention of researchers for its settling, modifying and degrading nature. Such analysis has been extracted from the Master thesis of the author and is based on the conclusions drawn from the aforementioned research project which studied the physical and environmental alterations triggered by second residence tourism in the southern coast of Paraiba, Brazil, especially in Jacuma, Carapibus and Tabatinga. This analysis is supported by literature and field research, as well as aerial photographies and satellite images of the described locations.

KEY WORDS: Landscape; Environment; Second residence tourism; Southern coast of Paraiba. 


 

INTRODUCCIÓN          

En nuestro siglo surgió una nueva modalidad de desplazamiento a través del planeta: el turismo. Fruto de la sociedad industrial y de las conquistas sociales, el período anual de descanso de quienes tienen acceso a él, es aprovechado, cada vez más, para realizar viajes, alimentando de esa forma, el flujo de personas que se desplazan a pequeñas, medias y largas distancias (Conti, 2002: 21).  

Ese desplazamiento mencionado por Conti (2002) y, consecuentemente, la apropiación del espacio por parte de quienes pasaron por él es lo que hace del turismo una actividad extremadamente vinculada a la geografía. En el espacio geográfico el turismo se desarrolla y se configura; y ese espacio también será, por su parte, alterado, consumido y modificado por el turismo. Conti (2002: 17) explica que la geografía como ciencia del espacio terrestre es una reflexión sobre la naturaleza ocupada por el hombre, o sea, el medio transformado para abrigarlo y permitirle la supervivencia en la sociedad.

Aquí se discutirán los conceptos relacionados con el espacio geográfico como el de paisaje y el de medioambiente. Dichos conceptos están vinculados a la ocupación y modificación del espacio por el turismo y sus consecuencias. Antes de profundizar los conceptos específicos propuestos, se hace una breve definición de la categoría espacio para establecer un puente con la categoría paisaje y para distinguirlas, pues es importante no confundirlas.

Se parte de una categoría más amplia para llegar al paisaje y al medioambiente: el espacio. Según Santos (2008: 63):

..el espacio está formado por un conjunto indisociable, solidario y también contradictorio, de sistemas de objetos y sistemas de acciones, no considerados aisladamente, sino como un marco único en el cual se da la historia.

El sistema de objetos está compuesto por todas las construcciones físicas del hombre, por todos los elementos artificiales o sea: calles, casas, puentes, automóviles, celulares, muebles, centrales hidroeléctricas, botes, etc. Los objetos están presentes y son utilizados en la vida cotidiana de los hombres. El sistema de acciones es el conjunto de acciones que dan vida a la sociedad, son las relaciones humanas propiamente establecidas (de trabajo, particulares, académicas, etc.).

¿Cuál es la diferencia entre espacio y paisaje?

La primera gran diferencia está en el tiempo, el mismo tiempo cronológico. Mientras el espacio exprime el presente, el paisaje es pasado y presente en uno solo. El paisaje es la expresión del tiempo concretada en los objetos artificiales, es una fotografía (Santos, 1997).

El paisaje se da como un conjunto de objetos reales-concretos. En ese sentido el paisaje es trans-temporal, juntando objetos pasados y presentes, una construcción transversal. El espacio es siempre un presente, una construcción horizontal, una situación única. (Santos, 2008: 103).

La segunda diferencia está en la presencia de relaciones sociales. Si bien el paisaje es la distribución de formas y objetos, no incorpora esas relaciones. A pesar de ser una fotografía de la sociedad, los hombres presentes en esta fotografía también están "congelados"; el paisaje no revela la relación, sino al hombre como un objeto que está presente en aquel espacio-tiempo dado.

El espacio "resulta de la intrusión de la sociedad [todas las relaciones e interacciones de los hombres] en las formas-objetos [...]. El paisaje es pues un sistema material y, en esa condición, relativamente inmutable: el espacio es un sistema de valores, que se transforma permanentemente. (Santos, 2008: 104)

El paisaje, por su parte, tal vez sea la categoría geográfica más discutida desde el reconocimiento de la geografía como ciencia, aquella que muchos autores inclusive marcan como el punto inicial de la ciencia geográfica. A pesar de que ha sido muy debatido, ese concepto es bastante abstracto en el sentido de que posee muchas definiciones y no existe consenso. Bertrand (2004: 141) dirá que este concepto es impreciso y, por eso mismo, cómodo, que cada uno utiliza a su gusto, y en la mayoría de los casos, adjuntando una limitación cualitativa que altera su significado".

La percepción del paisaje adoptada por los geógrafos se volcaba en un principio más a la descripción de la fisionomía del lugar: morfología, hidrografía, vegetación, etc. siendo observados sólo los elementos físicos del paisaje. Con el tiempo se agregó a esta percepción una mirada menos racional, donde el paisaje revela no sólo formas físicas naturales sino también formas de la producción sociocultural. Actualmente el concepto de paisaje reúne los dos aspectos, el antrópico y el físico y sus constantes interacciones.

Los estudios del paisaje, inicialmente muy enfocados en la descripción de las formas físicas de la superficie terrestre, fueron progresivamente incorporando los datos de la transformación humana del ambiente en el tiempo, con la individualización de los paisajes culturales frente a los paisajes naturales, sin perder de vista las interrelaciones mutuas. (Salguero, 2001: 41)

El geógrafo francés Georges Bertrand es uno de los autores más citados en cuanto al paisaje; y él es el que plantea el concepto más simple y completo en el cual se basa este trabajo. En 1968, Bertrand definió al paisaje como:

..una determinada porción del espacio que resulta de la combinación dinámica, por lo tanto inestable, de elementos físicos, biológicos y antrópicos que, reaccionando dialécticamente unos sobre otros, hacen del paisaje un conjunto único e indisociable en perpetua evolución (Bertrand, 1968).

Agregando el importante factor tiempo (histórico), Lombardo & Casella (1997: 92),  definen al paisaje como:

un sistema territorial compuesto por diferentes elementos formados a partir de la influencia de los procesos naturales y de la actividad modificadora de la sociedad humana, que se encuentran en permanente interacción y que se desarrollan históricamente.

La dinámica del paisaje aparece en los estudios de Bolós revisados por Guerra & Marçal, quienes dicen que:

El paisaje, en su abordaje sistémico y complejo será siempre dinámico y comprendido como la suma de las interrelaciones entre los elementos físicos y biológicos que forman la naturaleza y las intervenciones de la sociedad en el tiempo y el espacio, en constante transformación (Guerra & Marçal, 2006: 97-98).

Se observa que el proceso histórico es incorporado a los conceptos de paisaje mostrando cómo se fue desarrollando: las huellas del hombre; los procesos naturales; y los cambios culturales, tecnológicos, climáticos, geológicos, oceánicos; etc. El paisaje es el retrato de cierta porción del espacio que abarca todos los elementos contenidos en éste directa o indirectamente en un momento dado. No se trata de algo estático por lo cual cada hora, cada día, cada estación del año, proporcionará un nuevo paisaje a los observadores.

El paisaje también es significado e impone un significado para el hombre; teniendo en cuenta esto aquí se aborda otra perspectiva del concepto, su concepto holístico. Ésta visón holística establece conocer el todo para poder conocer las partes; y significa que lo colectivo se superpone a lo individual pues los procesos sufridos en los paisajes hoy pertenecen a un mundo globalizado donde todo se comunica y trasciende a un movimiento puntual o local (Naveh, 2000).

No significa que el todo sea mejor que la parte, o que lo global deba ser más valorado que lo local sino que es necesario que exista un equilibrio, pues en el mundo contemporáneo se vive de especificaciones delimitando así el campo perceptivo y analítico de las personas. También es necesario entender que una acción local puede transformarse en una consecuencia global y que una acción global ciertamente traerá consecuencias locales.

Entender el todo indica entender el proceso por eso esta visión holística del paisaje se relaciona con la Teoría Sistémica de Bertalanffy. En este proceso de construcción y percepción del paisaje debe tenerse en cuenta la cultura y las costumbres locales y globales, los procesos naturales y sociales locales y globales, las relaciones financieras locales y globales pues todos estos factores se influyen mutuamente, tanto formando el paisaje como interfiriendo en la percepción de su observador.

Otro punto discutido en la concepción holística del paisaje es el vínculo emocional del observador con el paisaje. En este proceso de sentir el paisaje se consideran múltiples variables como la experiencia del observador sea la acumulada durante toda su vida o la experiencia vivida en determinado paisaje, el estado de ánimo que tiene en ese momento, y la relación emocional que el mismo tiene con el paisaje (positiva o negativa); etc. (Collot, 1990)

En cuanto a la posibilidad de evaluar cualitativamente un paisaje, Macedo (2002) señala que para que un paisaje sea de calidad precisa estar en equilibrio ambiental, funcional y estético. La calidad ambiental se preocupa por las posibilidades y condiciones de vida y sobrevida de todos los seres vivos y comunidades que ocupen el ambiente. La calidad funcional es medida por el grado de eficiencia del lugar, o sea, en lo que hace al buen funcionamiento de la sociedad que de él disfruta (economía, educación, transporte, comunicación). Durante el estudio en las tres playas se vio que funcionalmente no presentan equilibrio. La calidad estética representa, y debe ser congruente, con los valores sociales de cada comunidad. En el litoral brasileño se observa en general que esa condición de calidad paisajística se vislumbra poco.

Pires (1993: 3250) incluye en su investigación sobre calidad paisajística el concepto de fragilidad (o vulnerabilidad) del paisaje que equivale al grado de susceptibilidad al deterioro mediante la incidencia de determinadas actuaciones.

Cuanto más frágil es el paisaje, más vulnerable será el carácter del área; y cuanto más atractivo y visible es el paisaje, mayor será su grado de fragilidad y estará propenso a atraer más actividades/visitantes. Por ejemplo, las dunas representan un paisaje bastante bello y frágil, mientras que si son intervenidas masivamente por el hombre pueden migrar a otro lugar provocando que la arena tape casas y calles y se formen sedimentos en ríos y lagos, como está aconteciendo en la Lagoa do Abaeté, postal de la ciudad de Salvador (BA).

Esas menciones cualitativas proveen instrumentos para crear un proyecto intervencionista que proporcione un resultado final de acuerdo con las características y necesidades del lugar. El estudio de la calidad y fragilidad es importante para posibilitar la prescripción de restricciones y la protección de un área y, consecuentemente, de los niveles de uso y ocupación. Así, los paisajes permanecerían dentro del equilibrio mencionado.

En lo que respecta al medioambiente el primer desafío es definirlo, visto que son innumerables las definiciones del término desde las más limitadas hasta las más amplias. Es importante no confundir el concepto de ambiente con el concepto de naturaleza o de ecología. Leff (2001) explica que el concepto de naturaleza está vinculado a las formas de apropiación de la misma y el concepto de ecología se dirige a la comprensión de diversas ciencias interrelacionadas. El medioambiente no es sólo el concepto que refleja la relación sociedad-naturaleza, sino un concepto que refleja la complejidad de interrelaciones entre lo ontológico y lo epistemológico.

El concepto de ambiente es una construcción social; es un movimiento en el pensamiento que encuentra sus raíces en los significados de lo real, en los potenciales de la naturaleza y en los sentidos de la cultura (Leff, 2001: 396).

Se entiende por medioambiente la suma entre el ambiente natural y el artificial, el primero es el ambiente físico y biológico original sin manipulación del hombre, y el segundo es el resultado de las intervenciones humanas (áreas urbanas, industriales y rurales). Se observa que el medioambiente agrega las condiciones de existencia de los seres, por lo tanto no es sólo el espacio donde estos seres viven sino la condición para la existencia de vida en la tierra (Barbieri, 2007: 5). Este artículo toma esta última idea para debatir hasta qué punto el hombre modifica esa condición de vida.

El medioambiente es el conjunto de los elementos físico-químicos, elementos naturales y sociales en los cuales se inserta el hombre, individual y socialmente, en un proceso de interacción que atiende el desarrollo de las actividades humanas, la preservación de los recursos naturales y de las características esenciales del entorno, dentro de patrones de calidad definidos (Coimbra, 1985: 29).

La comprensión que se tenía de la relación hombre-naturaleza hasta mediados del siglo XX apropiada principalmente por el sistema de producción capitalista, consideraba al hombre y la naturaleza como polos exclusivos donde la naturaleza como objeto era una fuente ilimitada de recursos a disposición del hombre. En las décadas de 1960 y 1970 esa percepción comienza a cambiar, se constata que los recursos naturales son agotables y que su uso indiscriminado sería insustentable (Bernardes & Ferreira, 2003). A partir de la década de 1970 comienza a quedar claro que el colapso de la naturaleza terminará con el colapso de la propia sociedad por la incapacidad de la producción económica o de alimentos, agua y aire tornando insuficiente la supervivencia humana.

La concepción de un ser humano separado de los otros elementos de la naturaleza tal vez sea el hecho de mayor relevancia para el aumento de los problemas ambientales. La creencia de que la naturaleza existe para servir al ser humano contribuye al estado de degradación ambiental que hoy se observa. Pero ciertamente fue el aumento de la escala de producción y consumo el que provocó los problemas ambientales que hoy conocemos (Barbieri, 2007: 7).

Es bajo esta preocupación de naturaleza finita que muchos debates, encuentros y contribuciones científicas comienzan a difundirse por el mundo. La gran pregunta era (y es): ¿cómo conciliar el crecimiento poblacional, la producción económica y los recursos naturales? En esta etapa el concepto de medioambiente pasa a reforzar su perspectiva social y cultural, sin dejar de lado la naturaleza, la sociedad y la cultura.          

En 1972 se realiza la primera reunión ambiental global, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medioambiente Humano, más conocida como Conferencia de Estocolmo, en referencia a la ciudad donde se realizó. Dicho encuentro contó con 113 países debatiendo en conjunto las relaciones entre la sociedad y el medioambiente.

A partir de esta conferencia, se sucedieron varios encuentros para debatir cuestiones ambientales: la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medioambiente y el Desarrollo (ECO-92), con 156 países participantes; la Cúpula Mundial sobre Desarrollo Sustentable (Conferencia de Johanesburgo o Rio+10), con 191 países participantes; y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Conferencia de Copenhage), último encuentro realizado en 2009 para debatir sobre el medioambiente y el cambio climático que contó con la participación de 192 países.

Siendo el medioambiente el espacio de vida de la sociedad es fundamental que éste sea preservado. Como el turismo está siendo uno de los principales modificadores del medioambiente y del paisaje, es importante dar visibilidad a esos cambios para que todos puedan actuar en pro de preservar el medio y concientizar sobre su importancia. Jacumã, Carapibus y Tabatinga son sólo tres ejemplos del cambio del medioambiente y del paisaje a causa del turismo, pero es importante llamar la atención sobre cada localidad impactada negativamente para que la población y el poder público puedan ubicarse frente a los efectos de estas alteraciones.

TRANSFORMACIÓN DEL LITORAL BRASILEÑO: LA OCUPACIÓN DE LAS SEGUNDAS RESIDENCIAS

Por la facilidad de acceso desde la época de la colonia, las áreas del litoral fueron sufriendo los primeros procesos de ocupación. Pero a partir del siglo XX su estructura sufre marcadas modificaciones. En la entonces capital nacional, Rio de Janeiro, se dio el primer ejemplo de suburbio de veraneo, modelo de ocupación estudiado aquí que posteriormente se expandió por todo el litoral.

El proceso de ocupación del litoral brasileño se remonta al inicio de la colonización del país, pero se estructura de forma especial a partir del siglo XX, cuando en los suburbios de las grandes ciudades costeras se configura una nueva estructura urbana, la cual se puede denominar de barrio o suburbio de veraneo. [...]Esas prácticas sociales [los baños de mar] inducen a la formalización de dos tipos de ocupación urbana de carácter residencial en el litoral, el barrio o suburbio insertado dentro de un contexto urbano complejo, en el caso de ciudades como Rio de Janeiro, Vitória o Santos; o el barrio de segunda residencia, destinado básicamente a ser utilizado en el período de vacaciones de verano o durante los feriados largos (Macedo & Pellegrino, 1999: 157).

Esos barrios de segunda residencia del siglo XX citados por Macedo & Pellegrino (1999) iniciaron una actividad que hoy se configuraría como una forma de practicar el turismo, el denominado veraneo o turismo de segundas residencias que en mayor o menor grado está presente en todos los estados del litoral brasileño.

Para facilitar el entendimiento, cabe presentar algunas definiciones académicas de lo que se configura como segunda residencia. A partir de leer a Tulik (2001) es posible definir las segundas residencias (residencia secundaria) como una propiedad privada destinada al ocio situada en un lugar distinto al de la residencia habitual que recibe a los visitantes por períodos de fines de semana, feriados y vacaciones.

Se destaca también el vínculo territorial y social que se forma entre los pobladores-visitantes a causa del uso constante del mismo espacio; así, se establece una relación casi afectiva (y de pertenencia) de los propietarios con el lugar de la segunda residencia.

Las residencias secundarias representan una relación permanente entre el origen y el destino, una vez que establecen regularidad entre las salidas, llegadas y los retornos. Ambos se complementan, pues si bien existen en el emisor factores que estimulan la demanda de residencias secundarias, el receptor posee características capaces de atraerlos, al punto de justificar el vínculo territorial (Tulik, 2001: 10).

En general, el campo emisor está próximo al receptor. Así como sucede en las playas aquí estudiadas es común que los usuarios de las segundas residencias habiten en un radio de distancia que posibilite un rápido desplazamiento hasta su residencia de ocio. Además, la elección de las segundas residencias está condicionada principalmente por el bienestar que determinado lugar proporciona a sus propietarios. Por esto, la mayoría de ellas está en lugares agradables a la vista y con un medioambiente preservado (al menos al momento de la compra). Después de todo, los pobladores pretenden "huir" de la degradación ambiental y paisajística de los grandes centros.

La urbanización turística de segunda residencia es, a principios del siglo XXI, el factor más importante de transformación y creación de paisajes a lo largo de la costa brasileña tanto en términos de escala y dimensión como en el alcance ya que corresponde a miles de kilómetros, lineales o no, de ocupación de las tierras linderas al mar (Macedo, 2002: 181).

Se observa que el movimiento turístico de segundas residencias, muy fuerte en Brasil, creció rápida y vorazmente tomando buena parte de la línea de costa transformándola, en algunos estados, prácticamente en una sola ciudad. El impacto que esta ocupación está causando es inmenso en lo ambiental, cultural, social y económico. Lo que se ve es el abandono y la negligencia de las localidades que van creciendo sin la menor estructura y sin la menor planificación. El poder público, los turistas y la sociedad local comparten la responsabilidad por los daños.

En la mayoría de los casos se comienza la ocupación en las playas desprovistas de infraestructura, donde existen pequeñas comunidades de pescadores artesanales, con muy poca gente, donde compran terrenos a los pescadores por valores irrisorios para construir sus casas. Luego se empieza a realizar el trazado de las calles hasta que el avance de las construcciones llama la atención del poder público que comienza a lotear y tasar correctamente el espacio, regularizándolo.

La playa que pocos años atrás era un "paraíso" casi desconocido se proyecta como objeto de deseo de quienes viven en las tumultuosas ciudades que, en busca de sosiego y bienestar, corren en dirección a estos nuevos lugares. Así, crece la especulación inmobiliaria y probablemente en pocos años el "paraíso" estará bien lejos de allí. Esta es una historia bastante conocida en el nordeste brasileño y se pierde la cuenta de las ciudades turísticas que han nacido de esta forma: Porto Seguro (BA), Maragogi (AL), Porto de Galinhas (PE), Praia da Pipa (RN) y Canoa Quebrada (CE).     

Esos patrones de urbanización [de segundas residencias] aparecen como los principales factores de destrucción de los recursos paisajísticos y ambientales existentes en la línea costera, pues los diversos ecosistemas costeros como humedales, dunas y restinga, por ejemplo, son extremadamente susceptibles a la urbanización y cuando son fragmentados (drásticamente subdivididos) tienden a desaparecer. Del mismo modo los recursos paisajísticos del litoral, que son siempre ambientales, como los morros forestados, las barrancas de los ríos, etc. al ser ocupados y transformados pierden las características por las cuales fueron ocupados desapareciendo sus cualidades paisajísticas originales (Macedo & Pellegrino, 1999: 158-159)

Entre hacerse conocido y comenzar a degradarse no se precisa mucho tiempo; con un flujo y una estructura que supere la capacidad natural que pueden soportar, las localidades comienzan a saturarse. Mucha gente, mucha basura, muchos autos; falta agua, falta luz y faltan suministros. En los períodos de vacaciones, los feriados y el verano las playas aumentan cinco veces el número de habitantes y las casas de veraneo están completas. La infraestructura que ya no es suficiente para la población local tiende a no soportar el excedente haciendo que el abastecimiento de agua se vuelve irregular y también el de energía eléctrica.

El tema de la basura y de los desagües sanitarios es un problema constante para el medioambiente. Con tanta producción de residuos en las casas la basura se acumula en los basureros, calles y terrenos baldíos. Como muchas localidades turísticas del litoral no disponen de una red de saneamiento se utilizan los pozos sépticos, aunque suelen verse desagües directos a la calle sin la menor preocupación por la salud pública. Cabe recordar que la basura y los desagües comúnmente son arrojados directamente a los ríos o los humedales, sin contar la basura que es dejada allí cuando esos recursos recreativos son utilizados por los turistas.

Otro problema a destacar son las construcciones irregulares que degradan el medioambiente y alteran el paisaje. Se verifica que el loteo y, consecuentemente, las construcciones avanzan hacia las áreas limítrofes del mar o de preservación ambiental: dunas, acantilados, orillas de ríos y humedales. O sea que el poder público es cómplice de esas ilegalidades pues es él quien debe fiscalizar esas áreas; y, principalmente, quien debe dar un carácter regular a la situación.

Es notable la extinción de la vegetación ribereña, el relleno de los humedales, la sedimentación de los ríos y lagunas (o el cambio de su curso) y la construcción sobre las dunas (que buscan otro lugar para depositar la arena causando trastornos como la "invasión" de la arena en el área urbana). Como consecuencia, son afectadas las especies de flora y fauna nativas que pueden llegar a extinguirse; los ciclos de la fauna se alteran y quienes viven de la pesca suelen quedarse sin su fuente de ingresos. Los paisajes naturales que antes eran el atractivo comienzan a transformarse llegando en ciertos casos al desgaste total, dejando de atraer turistas.

¿Qué hacer con el aumento de las edificaciones? ¿Qué se puede hacer con la basura degradable o no? ¿Cómo facilitar el acceso de estos productos [espacios turísticos] sin destruir la "especificidad del área natural" considerada de calidad para el turismo? Es inevitable que la densa ocupación de un área implique alterar las condiciones anteriores, significa degradar las condiciones originales [...] este "tipo" de consumo debería no ser "destructivo". Debería "preservar, conservar" lo que dio origen a la actividad. Pero, contradictoriamente, destruye las condiciones que dieron origen a esa mercantilización (Rodrigues, 1999: 60-61).

Así es como Rodrigues (1999), Eduardo Yázigi (2003) y Silvio Soares Macedo (1993) también se refieren al turismo autodestructivo. Pero no sólo en Brasil se observa este proceso, según Seguí Llinas (1999) se percibe que el mismo se multiplica por otras partes del mundo:

El grave problema es que el turismo viene para observar un espacio (paisajes) y al mismo tiempo lo está ocupando (hoteles y apartamentos, residencias secundarias). Esto produce un conflicto de intereses ya que cuanto más atractivo es el paisaje de un destino, mayor número de turistas acuden y a mayor afluencia turística mayor ocupación del territorio y en consecuencia menor paisaje virgen para ser contemplado o visitado. Esto genera un fenómeno de autodestrucción del interés turístico de un espacio por su propio éxito turístico. Es la exigencia de planificar lo que se ha convenido en llamar turismo sostenible. (Seguí Llinas, 1999: 191)

Cómo hablar de sustentabilidad si es la propia producción turística la que lleva la actividad a la "quiebra". Considerando este cuestionamiento (o exclamación), se observa que la práctica está muy alejada del turismo sustentable, algo que hasta entonces sólo existe en los planes. Se necesitan políticas públicas de ordenamiento territorial, de educación y de incentivos que lleven a un turismo planeado y bien implementado, un turismo que mejore el ambiente del que hace uso y que no lo degrade, un turismo que sepa respetar los límites. La proliferación de las segundas residencias se ha convertido en el indicio de que los lugares a donde llegan en algún momento serán drástica y negativamente modificados.

En su artículo sobre la Isla de Mallorca (España), Seguí Llinas (1999) cuenta cómo se dio el proceso de la ocupación por parte del turismo. Según el autor, con el turismo de sol y playa se produjo el boom de la actividad en la región pero también con él se llegó a la depreciación, el consumo destructivo del paisaje natural (y del propio atractivo turístico), la saturación de la oferta, la disminución de la demanda y la degradación del medioambiente.

Pero la política de ocupación, la solución para poner fin al crecimiento desordenado y a la proliferación de infraestructura turística y de segundas residencias puso en marcha una serie de leyes que prohibieron dicho crecimiento y crearon zonas de protección. El resultado fue el esperado: el turismo volvió a desarrollarse, no aumentó el número de residencias u hoteles y se mantuvo el número de frecuentadores quienes se concientizaron sobre la propuesta de preservación del medioambiente y comenzaron a valorarlo. La isla se reestructuró en base a una política de desarrollo correcta, donde el medioambiente y el paisaje están protegidos, conservan sus cualidades y continúan atrayendo visitantes.

Este ejemplo debería sugerir un nuevo posicionamiento de la política brasileña, imponiendo límites y negando incentivos para el crecimiento desordenado de la actividad turística en el litoral. Se pierde la calidad ambiental, cultural y la calidad de vida; y se pierde lo que constituiría una fuente de ingresos. Es preciso entender que imponer orden al turismo no significa pérdidas económicas sino ganancias; y entender que el propósito no puede ser el consumo sin reglas, donde cuando la oferta natural se "acaba" (o se destruye) simplemente se parte rumbo a la playa de al lado con bellezas vírgenes, siguiendo un círculo vicioso.

En uno de sus artículos sobre el tema turismo y paisaje, Yázigi (2002: 12) afirma que se pierde de vista que cada segmento de la naturaleza abierto al turismo da lugar a una urbanización tan fuera de la ley como salvaje.

Salvaje en el sentido negativo de la palabra, en suma: carecemos de una política urbana consistente y coherente en la cual tanto el turismo y la cultura como la preservación natural sean indicadores normales de peso compatibles con la idea de desarrollo. Ignorando la inserción de esos valores espaciales como variables obligatoriamente conectadas al resto de la planificación, los planificadores acaban por descalificar el territorio. (Yázigi, 2002: 12)

MÉTODO Y PROCEDIMIENTOS METODOLÓGICOS

Para la investigación se aplicó el método hipotético-deductivo como base y se partió de una pregunta clave (¿cómo?) y de una hipótesis (que el turismo de segundas residencias está degradando el medio y el paisaje local). Durante el estudio se procuró comprobar que la hipótesis es válida, además de responder a la pregunta (Eliseu, 2004).

Las técnicas de análisis aplicadas fueron:

  • Relevamiento bibliográfico sobre los temas pertinentes para basar el análisis: paisaje, calidad del paisaje, medioambiente, degradación ambiental, turismo, turismo de segundas residencias, y bibliografía sobre el proceso ocupacional del área;
  • Visitas in loco para realizar el mapeo de los problemas ambientales y de las segundas residencias y tomar las fotografías durante los dos años del estudio;
  • Entrevistas semi-abiertas a los propietarios de segundas residencias y a los gestores públicos municipales cuyo propósito era avaluar las condiciones ambientales y las transformaciones paisajísticas identificadas por ellos desde cuando comenzaron a frecuentar la playa y/o trabajar en el poder público municipal. En cuanto a los gestores públicos entrevistados se procuró saber las medidas que fueron tomadas para evitar o mitigar los impactos ambientales y paisajísticos identificados. Se realizaron entrevistas proporcionalmente al número de segundas residencias encontradas: 10 en Jacumã, 8 en Carapibus y 7 en Tabatinga,. En cuanto a las realizadas al poder público se enfocaron los entes involucrados en la cuestión, siendo entrevistados: el Secretario de Turismo Municipal, el responsable del Núcleo Administrativo de Jacumã (que abarca las tres playas) y un representante de la Secretaría de Planificación;
  • Análisis de fotografías aéreas e imágenes de satélite que permitieron hacer una comparación entre los años 1985 y 2008 verificando cómo las segundas residencias ocuparon y modificaron el área. Las fotografías aéreas son de 1985, están en una escala de 1:40.000  y se obtuvieron en el Instituto de Terras e Planejamento Agrícola da Paraíba - INTERPA. La imagen de satélite es del año 2008, fue captada por el Satélite Quick Bird y fue obtenida por el Municipio de Conde.
Este análisis forma parte de la tesis de maestría de la autora. El análisis de los resultados parte de la idea de que la actividad turística fue ocupando el área sin que el poder público haya actuado con fines de planificación urbana, dejando de aplicar los instrumentos legales que condicionan esa ocupación (Plan Director, Plan Nacional de Gerenciamiento Costero, Política Nacional de Medioambiente, Proyecto Orla, etc.).

ANÁLISIS DE LOS CAMBIOS PRODUCIDOS EN EL LITORAL SUR PARAIBANO

El litoral sur del estado de Paraíba es el destino turístico más procurado después de la propia capital, João Pessoa. El área aquí analizada es la de las playas de mayor concentración de las segundas residencias: Jacumã, Carapibus y Tabatinga. Esas tres playas se localizan en el Municipio de Conde,  perteneciente a la región de la gran João Pessoa y distan cerca de 23 kilómetros de la capital.

Hasta principios de la década de 1980 Jacumã era ocupada prioritariamente por pescadores cuya actividad de subsistencia era artesanal y formaba parte de la cultura de la región y las demás playas estaban prácticamente desocupadas. A partir de la década siguiente se puede observar un movimiento de especuladores inmobiliarios con la intención de crear un área de veraneo. El proceso especulativo creció con el asfalto de la Carretera PB-18 que liga la capital del Estado con el litoral sur, y por la política de incentivo al desarrollo de la actividad turística fomentada por la Prefectura Municipal de Conde y por el Gobierno del Estado de Paraíba. 

La ocupación por parte de las segundas residencias comenzó lentamente a mediados de 1980 y se masificó en la última década del siglo XX cuando se instalan gran cantidad de casas de veraneo en la playa de Jacumã y en las playas vecinas. A partir de este momento Jacumã pasó a tener un proceso de ocupación mucho más intenso en relación a las demás playas del litoral sur paraibano, inclusive en relación a Carapibus y Tabatinga. La ocupación responde a un gran flujo de visitantes provenientes principalmente de Campina Grande, Recife y João Pessoa.

La ocupación del área, así como la expansión urbana, fue tomando forma con la presencia de los turistas de segunda residencia que están intrínsecamente vinculados a la creación del actual espacio urbano de las playas estudiadas. Las segundas residencias marcaron el inicio de la urbanización local (comenzando por Jacumã), y la construcción de emprendimientos y la implementación de infraestructura terminaron de darle forma urbana al espacio. Como consecuencia de esa apropiación por parte del turismo del espacio de la playa de Jacumã y sus adyacencias, surgieron los impactos que hoy se observan en el área (social, ecológico, económico, cultural y espacial), los cuales interfieren negativamente en el paisaje local.

Analizando la calidad del paisaje en base a los elementos cualitativos de Macedo (2002), se constata la referencia a la calidad ambiental y que la fauna y la flora fueron y continúan siendo bastante modificadas e influyen la vida de la sociedad: los ríos y humedales son contaminados perjudicando así a las especies vivas en estas áreas y a la pesca artesanal; las condiciones de saneamiento básico encontradas en la playa de Jacumã son precarias mientras que las construcciones irregulares alteran el medio en todas las playas. Lo que es devastado en el ambiente afecta de alguna forma las condiciones de vida de los pobladores y/o visitantes, sea en cuanto al bienestar o porque perjudica la economía del lugar.

En la calidad funcional, existen diferencias entre las tres playas. Jacumã concentra todo el potencial del comercio de bienes y servicios (alimenticios, bancarios, educativos y de seguridad pública) y las otras playas no los ofrecen, existiendo la necesidad de un constante desplazamiento de los residentes secundarios para satisfacer sus necesidades.

La calidad estética que vislumbra el paisaje -visto como el compromiso afectivo/emocional que el mismo proporciona- presenta un proceso inverso al anterior: mientras Carapibus y Tabatinga permanecen en cierto equilibrio, Jacumã está perdiendo calidad estética cada año. Quizá por ser la primera en ser ocupada o por concentrar una mayor cantidad de actividades comerciales la preocupación por la planificación urbana es un fracaso, al permitir las construcciones del comercio local y el flujo de personas para estos fines.

Los desagües a cielo abierto, las calles de barro en estado intransitable debido a los baches, la basura acumulada en las calles y en la avenida principal y el congestionamiento en períodos de alta temporada turística hacen de Jacumã un lugar caótico (Fotos 1 y 2). Además, la estética de Jacumã es perjudicada por los bares construidos a la orilla del mar y en la laguna costera los que empobrecen el paisaje afectando la belleza natural e imponiendo construcciones desordenadas que traen suciedad durante los fines de semana, los feriados y el verano.



Foto1: Desagüe a cielo abierto en Jacumã



Foto 2: Basura acumulada en la avenida principal de Jacumã

Las dificultades enfrentadas en Jacumã tienen como consecuencia un retorno negativo de la relación que sus pobladores y frecuentadores tienen con la playa resultando en reclamos, insatisfacción y falta de compromiso. Las personas que poseen una propiedad allí demuestran no tener tanto vínculo emocional con la playa.

Mientras que el mayor problema de Carapibus es estético debido a las construcciones al borde del acantilado que son 46 en total (Foto 3) y que perjudican paisajísticamente la visual de la playa y los bares a la orilla del mar que poseen una estructura precaria. A diferencia de Jacumã, sus residentes secundarios están satisfechos y muestran tener un sentimiento positivo hacia la playa.



Foto 3: Construcciones irregulares - borda de falésia, Carapibus

La playa de Tabatinga presenta la mejor calidad estética entre las tres. Tiene mejor preservada la vegetación que las demás y posee sólo un bar a la orilla del mar; además está en un área verde y promueve campañas de preservación del medio. Así, la playa se destacó positivamente durante esta investigación. Es importante citar el alto grado de compromiso afectivo que los propietarios de las segundas residencias poseen respecto de Tabatinga. La sensación de placer por formar parte de aquel medio y de aquel paisaje es muy clara, tanto en todos los entrevistados como en aquellos con quienes fue posible convivir durante los dos años de investigación in loco.

Decir que las políticas de desarrollo del turismo en las playas estudiadas han contribuido y valoran  un medioambiente equilibrado para todos -conforme sugiere el concepto de desarrollo sustentable defendido por la actividad turística- es enmascarar acciones que infringen el bien de todos en aquella área y que el poder público ejerce un control negligente de la situación ambiental del área.

A los problemas vinculados a la legislación ambiental se suman los estructurales de orden urbano, que muestran la falta de planificación y gestión pública por parte del municipio: la falta de saneamiento básico en gran parte de Jacumã; el saneamiento a través de pozos en las playas de Jacumã y Carapibus que no se sabe hasta qué punto está de acuerdo con los patrones ambientales necesarios; las calles de barro en condiciones precarias en las tres playas que precisan ser niveladas e incluso pavimentadas (al menos las vías principales de acceso); el ordenamiento y saneamiento de los bares en el área de la playa de Jacumã y Carapibus sumado al bar construido en plena plaza pública de Tabatinga; y una mejor distribución de los servicios necesarios para el día a día (sean públicos o privados).

CONCLUSIÓN

Es preciso analizar el turismo del área como propulsor de la forma y de la vida urbana que allí existe. O sea que el turismo de segundas residencias fue y continúa siendo responsable de la configuración espacial de las construcciones, incluyendo las modificaciones y degradaciones paisajísticas y ambientales del área.

Las playas que son prioritariamente ocupadas por la actividad turística, Carapibus y Tabatinga, poseen un espacio modificado por las construcciones de las segundas residencias; y Jacumã  ha visto alterado su espacio, cada vez más, debido a las construcciones que se necesitan para atender a este flujo de pobladores temporarios de las tres playas (además de la demanda estable de Jacumã). Esto se da en base al proceso de conversión de casas residenciales en comercios, que se ha producido en toda la avenida principal, por ejemplo, con excepción sólo de algunos terrenos residenciales.

La investigación muestra que las tres playas sufrieron y sufren degradación ambiental y paisajística. Esa degradación es principalmente fruto de la ocupación por parte de las segundas residencias que desde sus inicios se da de forma desordenada: sin un plan consistente (urbano, paisajístico, ambiental, social o económico) y sin una gestión pública apropiada. El hecho es que el turismo implementado hasta hoy en el área degradó el paisaje y el medioambiente locale empobreciendo el paisaje y ocasionando problemas ambientales.

Finalmente, hay que destacar la necesidad de un plan de desarrollo turístico sustentable para el área, que contemple la preservación de los recursos naturales, una mejor distribución del sistema de salud, de seguridad y de educación pública y proyectos de ordenamiento urbano y de reurbanización, además de la inversión en marketing y una fiscalización más rigorosa en todas las construcciones de la región.

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Recibido el 02 de junio de 2011
Correcciones recibidas el 23 de julio de 2011
Aceptado el 30 de julio de 2011

Arbitrado anónimamente
Traducido del portugués