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Información, cultura y sociedad

On-line version ISSN 1851-1740

Inf. cult. soc.  no.26 Ciudad Autónoma de Buenos Aires Jan./June 2012

 

RESEÑAS

Batticuore, Graciela. Mariquita Sánchez: bajo el signo de la revolución. Buenos Aires: Edhasa, 2011. 316 p. ISBN: 978-987-628-134-8.

 

Ana Mosqueda

Universidad de Buenos Aires / Universidad de Alcalá

 

En una obra de 20051, Graciela Batticuore -investigadora del CONICET y docente de la UBA- dedicaba un capítulo a Mariquita Sánchez, en la consideración de que se trataba de una "mujer excepcional" e influyente, cuyas tertulias cultivaron el "espíritu civilizador e ilustrado" de la sociedad porteña de comienzos del siglo xix. En ese capítulo, Batticuore hacía una breve descripción de la casa de Mariquita y comenzaba a desarrollar uno de los puntos clave de Mariquita Sánchez: bajo el signo de la revolución (Buenos Aires: Edhasa, 2011): la noción de que la casa representaba, de forma material y simbólica, el mundo al que Mariquita siempre deseó pertenecer. Como lo reafirma la investigadora en este nuevo trabajo-de mayor aliento- dedicado a Mariquita, la exquisita decoración afrancesada y moderna de la casa de la calle Florida traducía a la perfección las aptitudes de sus dueños, por lo que se convirtió, durante varios años, en el "centro de operaciones desde el cual se sostuvo una red de vínculos que los instaló y consolidó en el poder" (p. 124).
Además de desarrollar los temas que aparecen de manera germinal en el artículo de 2005, Batticuore se propuso esta vez romper con la imagen clásica de Mariquita, que la recuerda comprometida con la Revolución de Mayo y relegada a una situación particular: en 1813, entonando en una de sus tertulias el Himno Nacional Argentino (a partir del cuadro pintado casi cien años después, para el Centenario, por el artista chileno Pedro Subercaseaux), y procuró profundizar en sus múltiples aspectos de mujer politizada, anfitriona ejemplar, y sobre todo, mujer letrada.
Los objetivos mencionados en el prólogo por Batticuore se cumplen con holgura en el recorrido de los seis capítulos de la obra. El primero de ellos, la pretensión de aproximarse más profundamente al personaje histórico, se verifica desde diversas perspectivas que, como las caras de un prisma, revelan sus facetas: Mariquita como testigo del pasado colonial (en el primer capítulo, "En perspectiva"); mujer ilustrada y patriota en los años de la Primera Junta (segundo capítulo, "La patria"); anfitriona de las tertulias en la casa familiar (tercer capítulo, "La casa"); exiliada, ejerciendo el rol de mediadora a través del intercambio epistolar (cuarto capítulo, "El trato"); escritora de cartas, crónicas, diarios y poesías (quinto capítulo, "Los papeles") y, finalmente, inmersa en la dimensión material de su propia existencia (capítulo sexto, "Los gastos"). Como apéndice, una Mariquita doméstica se revela a través de recetas caseras-tanto de cocina (como las de chuño de maíz refinado o pudin de un minuto) como hogareñas, con fórmulas fáciles y eficaces para el tratamiento de quemaduras o la exterminación de las hormigas y chinches, por ejemplo.
El segundo de los objetivos, visualizar los lazos entre lo público y lo privado y las formas que adoptan las prácticas políticas a lo largo de la vida de este fascinante personaje de la "primera Argentina", se manifiesta también a lo largo de la obra y proporciona a su vez algunas sorpresas. En Mariquita, las fronteras entre lo público y lo privado nunca resultan muy nítidas. Prueba de ello es el pedido de intervención al virrey para obtener la ruptura de su compromiso de matrimonio con un candidato impuesto por los padres o la apelación a los lazos familiares con Rosas para lograr el permiso de volver a Buenos Aires (cuando estaba exiliada por antirrosista en Montevideo). Al considerar estas dos circunstancias, es fácil convenir con la autora de la biografía en que Mariquita fue una indiscutida protagonista de la cultura del trato y una mujer política, aunque en la década de 1830 su alta exposición pública le hubiera causado serios conflictos (sobre todo con el gobierno de Francia). Para moverse en el mundo de la política y de las relaciones públicas, asegura Batticuore, Mariquita actuó siempre desde una doble vía: "la acción concreta y su versión por escrito", esta última utilizada para refrendar o corregir la interpretación de sus actos (p. 138).
La ambigüedad de las fronteras entre lo público y lo privado en el universo de Mariquita se comprueba asimismo a partir de sus propias prácticas de escritura. Comprender tales prácticas se postula como el tercer objetivo de la obra, lo que sitúa a la biografía y a su autora, Batticuore, en la línea de trabajo de la Historia social de la cultura escrita. Mariquita fue autora solo póstumamente, y gracias a la intervención de Liniers de Estrada, que publicó algunos de sus escritos. No obstante, fue una prolífica escritora: cultivó géneros breves, como las cartas, los diarios y las memorias, pero sus escritos se dirigieron a un círculo íntimo de lectores ilustrados, no al gran público. Por otro lado, hay que tener en cuenta que, tal como lo aclara la autora (p. 20), las formas de escritura mencionadas no constituían entonces registros íntimos, aunque estuvieran dedicadas a un lector específico, como el cuaderno de memorias dedicado a Santiago de Estrada (escrito por Mariquita hacia el final de su vida y publicado recién en 1953 por Santiago Liniers de Estrada como Recuerdos del Buenos Aires virreinal [Buenos Aires: Ene editorial]) o el Diario político (escrito entre 1840 y 1841 para Esteban Echeverría; publicado por primera vez en 1925 y luego anexado en la edición de las Cartas, a cargo de Clara Vilaseca, (Buenos Aires: Peuser, 1952).
Como lo demuestra Batticuore, la escritura era una actividad central y permanente en la vida de Mariquita. Si bien las tertulias la tuvieron como anfitriona ejemplar, y esa se convirtió en su faceta más conocida, mantuvo siempre una intensa actividad escrituraria, sobre todo en los años del exilio, en los que la escritura se convirtió en un "trabajo" agobiante (p. 171). En concordancia con los parámetros de la cultura dieciochesca-un poco anticuados para la época en la que tuvo una influyente vida social-, Mariquita apostaba al manuscrito antes que al impreso (p. 186). Las poesías en las que se quejaba de Rosas se copiaban y circulaban por escrito entre un círculo selecto de amigos. Asimismo, en las primeras décadas del siglo xix, en un período en el que la oferta de periódicos se diversificaba, a la vez que nacían las primeras bibliotecas circulantes y los gabinetes de lectura, a través de las cartas Mariquita demostraba que era una eximia lectora, sensible a los poemas de autores ya consagrados, como Vicente Fidel López y Juan Cruz Varela, y entusiasta admiradora de los más jóvenes, como Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi (pp. 108-109). Al decir de la autora de esta sustanciosa y bien documentada biografía, las cartas nos acercan a la cultura de las mujeres ilustradas, entre las cuales el dominio de la escritura y, fundamentalmente, la aptitud para determinadas prácticas-como la escritura de cartas- resultaba una cualidad indispensable para el acceso a los círculos letrados.
En la última parte de la obra, dice Batticuore que Mariquita era, durante su exilio, una "máquina de escribir" (p. 227). La escritura le servía no solamente para buscar noticias, sino para movilizar acciones y personas, y para mantener reunido a su círculo de amigos. Esta creencia en la virtud performativa del discurso acompañó a Mariquita hasta el final, cuando la preocupación por la situación vulnerable de sus hijas mujeres la impulsó a dejar por escrito en su testamento las claves para la interpretación de su propia vida.
En esta biografía, Batticuore recorre con aguda mirada los aspectos menos conocidos de la vida de Mariquita-aun algunos que podrían opacar la imagen luminosa que la historia más banal quiso transmitir de ella-, pero tales aspectos son examinados con el propósito de recuperar la memoria de las dificultades que tuvieron que afrontar mujeres como Mariquita, comprometidas con la cultura de su época.

Nota

1 Batticuore, Graciela. La mujer romántica: lectoras, autoras y escritores en la Argentina: 1830-1870, Buenos Aires: Edhasa, 2005.         [ Links ]