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Revista argentina de dermatología

versión On-line ISSN 1851-300X

Rev. argent. dermatol. v.88 n.3 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./sep. 2007

 

Hospital Nacional Baldomero Sommer: reseña histórica

National Hospital Baldomero Sommer: historical review

N. L.  Vaquero

Hospital Nacional Baldomero Sommer Ruta 24 Km 23,5 - General Rodríguez (1748) Provincia de Buenos Aires - Argentina Correo electrónico: nlvaquero@yahoo.com.ar

En ocasión de conmemorarse el centenario de la fundación de la Asociación Argentina de Dermatología, resulta oportuno efectuar una reseña histórica del Hospital Nacional Baldomero Sommer, ya que esta institución que nació como Sanatorio-Colonia Buenos Aires en 1941, lleva este nombre en homenaje al eminente hombre de ciencia argentino que fue el primer presidente de dicha Asociación, llamada entonces Sociedad Dermatológica Argentina.
El Dr. Baldomero Sommer, fundador de la Cátedra de Dermatosifilografía, además de ser un pionero de la dermatología en nuestro país, tuvo una actuación destacada en el campo de la leprología. Fue secretario de la Primera Conferencia Internacional de Lepra en Berlín en1897 y Presidente de la Primera Conferencia Nacional de Lepra en Argentina en 1906.
Sus experiencias en este campo influyeron directamente en no pocos de sus prestigiosos discípulos, y es así que la historia de la lepra en nuestro país lleva implícita la mención insoslayable de grandes figuras de la dermatología argentina que también presidieron la Asociación Argentina de Dermatología: Dres. Maximiliano Aberastury, Pedro Baliña, José J. Puente, Marcial Quiroga, Guillermo Basombrío, Fernando Noussitou, Enrique Jonquières, José Cardama, Luis Baliña, entre otros.
Con el descubrimiento del Mycobacterium leprae como agente productor de la lepra, por Armauer Hansen en 1873, comienza una etapa de cuestionamiento más detallado y profundo de la enfermedad y toma de conciencia de la comunidad científica para lograr su control y eliminación. 1, 2
En 1897se realiza en Berlín, el Primer Congreso Internacional de Lepra. En él se sientan las bases para el estudio científico y control sanitario. Entre las conclusiones del Dr. Hansen, de Noruega, ampliadas por el Dr. Besnier, de París, se establece que "En todos los países en que la lepra forma focos o toma una gran extensión, el aislamiento es el mejor medio de impedir la propagación del mal".3 Los conceptos allí vertidos tuvieron una decidida influencia en los ambientes sanitarios de
América Latina, donde se observaba con preocupación el aumento de la endemia y el concepto cada vez más firme del contagio del bacilo de Hansen. 3
Consecuentemente, en noviembre 1906 se efectuó en Buenos Aires la Primera Conferencia Nacional de Lepra, cuyas conclusiones más importantes se reunieron en varios artículos en los que se incluyen: el tratamiento sanitario del enfermo, la denuncia obligatoria a las autoridades, la creación de un establecimiento adecuado para la asistencia leprológica y la necesidad de un registro y/ o censo de los enfermos. Estas conclusiones sirvieron de base y fundamento a un proyecto de ley que fue elevado al Gobierno de la Nación en 1907 y que recién fue sancionada 20 años más tarde, impulsada por el Dr. Maximiliano Aberastury. 3
La sanción en 1926 de la ley para la profilaxis de lepra (11359), llamada Ley Aberastury, estuvo plagada de vicisitudes cuya enumeración excede los propósitos de esta revisión. Baste recordar que la demora en su promulgación y luego en su aplicación concreta, sobre todo en lo referente a la creación
de los sanatorios-colonia propuesta, se debió a conflictos políticos y culturales, tanto por parte de vecinos como de políticos localistas que retardaban toda gestión, invocando el peligro de la instalación de dichos establecimientos en sus provincias. 3
En la promulgación de esta ley, además de la encendida defensa de su autor 4, tuvo una actuación destacada el Dr. Pedro Baliña, quien señalaba:

"(...) calculo que hay alrededor de 1500 a 2000 leprosos que necesitan internarse en establecimientos públicos por la índole avanzada del mal y su carencia de medios para atenderse y aislarse
(...). Hay además, millares de leprosos ambulantes que tratar y vigilar en consultorios y dispensarios antileprosos". 5

Las características de estas colonias de tipo agrícola-ganadero debían ser "(...) extraurbanas, es decir, no deben estar ni dentro ni demasiado lejos del perímetro urbano" (...) 5, por razones de vialidad, abastecimiento de víveres, asistencia médica, etc.
Finalmente, en cumplimiento de la ley 11.359, modificada parcialmente por la Ley 11.410 que le otorgó mayor flexibilidad en relación a los sitios de ubicación de los establecimientos, se construyeron cinco sanatorios-colonia:

1- Sanatorio Pedro L. Baliña (Posadas-Misiones). Inaugurado el 6 de febrero de 1938.
2- Sanatorio José J. Puente. (San Francisco del Chañar-Córdoba). Inaugurado el 18 de marzo de 1939.
3- Sanatorio Maximiliano Aberastury (Isla del Cerrito-Chaco). Inaugurado el 30 de marzo de 1939.
4- Sanatorio Baldomero Sommer (Gral. Rodríguez, Buenos Aires) Inaugurado el 21 de noviembre de 1941.
5- Sanatorio Enrique Fidanza (Diamante- Entre Ríos). Inaugurado el 28 de marzo de 1948.

El Sanatorio-Colonia Buenos Aires, como se llamó originalmente el actual Hospital Nacional Baldomero Sommer (Fig 1), se construyó en una fracción de campo de 275 hectáreas, ubicada en el Cuartel IV del Partido de General Rodríguez. Esas tierras, pertenecientes a la familia Fonseca, se compraron a través de una subasta pública del Banco Hipotecario Nacional. En marzo de 1934 el Dr. José J. Puente e Ingeniero Moy tomaron posesión de la misma y se inició su construcción en febrero de 1937. 1 Se inauguró el 21 de noviembre de 1941 y fue el que más movimiento de opiniones suscitó, debido a la oposición de vecinos y autoridades municipales por el temor que tenían de la enfermedad. 1,3

En el momento de su inauguración se alojaron 800 enfermos, la mayoría proveniente del Hospital Muñiz confinados y hacinados en la llamada entonces, "Casa de Aislamiento". El cambio fue muy grande para todos ellos. Además de los pabellones de internación, su nuevo alojamiento contaba con calles, plaza, templo, sala de espectáculos, escuela, viviendas individuales y colectivas, talleres, carpintería, biblioteca, frigorífico, etc.
Aquello, sin embargo, no modificaba el hecho que esa población inicial, se componía de individuos desarraigados de sus hogares, para cumplir con la ley que obligaba al aislamiento de los enfermos, como único método de cuidado y prevención. Constituían una comunidad cerrada que tenía como denominador común el padecimiento de una enfermedad, con implicancias psicológicas, sociales y económicas que los llevó a constituirse en un grupo cuyos miembros trataron de neutralizar los inconvenientes de la enfermedad, obteniendo compensaciones ante dicha situación. 6
La enfermedad se convirtió en un factor común aglutinante de los pacientes en la colonia. Crearon por su propia iniciativa una Asociación de Internados, cuyos integrantes, a través de su comisión directiva y subcomisiones, se ocuparon (hasta en la actualidad) de múltiples actividades: la distribución del trabajo en la zona infecta; la atención de los talleres, aves, animales destinados a cría y trabajo; administración del almacén; la compra y distribución de artículos requeridos por los enfermos; todo bajo la supervisión de las autoridades de la colonia. 7
Por otra parte, esa cohesión también fue el motor que los llevó a manifestarse en la lucha por la obtención de reivindicaciones, como la del decreto del Poder Ejecutivo de 1946, por el que se les otorgó una asignación monetaria por su trabajo denominado "peculio", parte del cual destinaban a su familia.
Sin embargo, no pocas fueron las dificultades en los primeros tiempos de organización:

"(...) la falta de camino pavimentado, (...) las intensas heladas del invierno y las extremas sequías de verano han impedido obtener éxito en los cultivos y plantaciones (...). La carencia de locomoción para trasladar el personal técnico hasta el establecimiento originó dificultades en el cumplimiento de los servicios médicos (...)",

comentaba en el informe de su primer año de gestión, el primer director, Dr. Ceballos Reyes. 7
Los enfermos vivían en libertad dentro de ciertas restricciones, en una comunidad donde no eran discriminados por sus pares y donde tenían la ilusión de no estar recluidos.
Sin embargo tenían en realidad innumerables límites: aislamiento, separación de los hijos de padres enfermos. Muchos de ellos eran trasladados a preventorios de reclusión forzada, con medidas disciplinarias de las que dan fe, las marcas en el suelo de los alambrados que separaban las áreas de enfermos y sanos y los antiguos parlatorios hoy convertidos en sitios de recreación 8 (Fig 2).

La historia del hospital está estrechamente vinculada a la evolución de la lepra como ciencia y su concepto en el imaginario colectivo. Su historia refleja en gran parte, las acciones contra este mal en la Argentina. Al decir de Marcial Quiroga:

"Con esta etapa cumplida, se logró formalizar la más importante exigencia de que urgía nuestra campaña antileprosa: el aislamiento y la asistencia obligatoria de los enfermos contagiantes y sin recursos para realizarlo en su propio domicilio." 3

Afortunadamente, el advenimiento de las sulfonas en 1942, y su aplicación en el tratamiento de la lepra constituyó un hito de la leprologia a nivel mundial: surgía el aislamiento químico. Si bien los avances médicos fueron significativos, el proceso de cambio de percepción de la sociedad fue lento.
Además, a pesar de contar con un tratamiento efectivo, las lesiones y mutilaciones continuaban originando severas discapacidades. Recién en la década del 60 adquiere gran relevancia el concepto de "rehabilitación" en lepra, incluyendo en el mismo el aspecto físico, social y psicológico del paciente. Ello significó la introducción de nuevas variables para el análisis global de la enfermedad. Esta postura encontró su concreción en el hospital Sommer, bajo la dirección del Dr. Ricardo Manzi (Fig 3) y es relatada por los pacientes como "la era de las transformaciones" 8.

Durante su gestión (1956-1986) luchó activamente por la integración de los enfermos al resto de la sociedad, y la adquisición de derechos de los que antes no gozaban, como la convivencia familiar y salidas del establecimiento; derribó las vallas que separaban la zona A de "sanos", de la zona B de "enfermos"; desactivó los parlatorios, permitiendo así un contacto directo de los familiares con el paciente, entre otras medidas innovadoras para su tiempo. 9
En 1965, organizó una sección de micro y macrofotografía (que continúa actualmente), la que mediante su empuje personal, se transformó en una verdadera sección de docencia y produjo valiosos audiovisuales dedicados a profesionales, auxiliares y a la comunidad, instruyendo
en zonas endémicas a médicos generalistas y capacitando personal paramédico.
A través de su proyección en escuelas, estimuló el conocimiento de la enfermedad por parte del público general, favoreciendo la consulta precoz, base de la prevención. 9,10
En 1968, por un decreto del Poder Ejecutivo Nacional y la colaboración de entidades no gubernamentales como la Orden de Malta y la Sociedad Alemana de Ayuda al Enfermo de Lepra, inauguró en el hospital el Centro de Rehabilitación del Enfermo de Lepra (CREL), cuya escuela adquirió prestigio nacional e internacional bajo la dirección del Dr. Angel Marzetti (Fig 4), cuyas técnicas, procedimientos y estudios en este área contaron con el reconocimiento de la comunidad leprológica y de los enfermos, a cuya atención dedicó prácticamente su vida. 1

Así llegamos a la década de 1970, con grandes cambios a través de la rehabilitación y avances médicos y con la posibilidad efectiva de un régimen abierto. El Dr. Basombrío, años antes, criticaba los métodos presulfónicos, argumentando que

"(...) la privación de la libertad se justificó en un momento preciso, cuando se creía que la enfermedad era incurable y transmisible a cualquier persona".8

Sin embargo, aquella posibilidad fue más aplicable a los nuevos casos de lepra que a los internados desde años, ya que la mayoría de la población histórica permaneció en el hospital. Esta permanencia se explica por el sentimiento de marginación que padecieron, la pérdida de sus bienes cuando fueron internados compulsivamente, el miedo a la discriminación, la imposibilidad de recuperar su fuente de trabajo, sus discapacidades y también, en gran medida, a que muchos de ellos rehicieron sus vidas y se afincaron en las tierras del hospital que el estado les otorgó, construyendo con esfuerzo sus viviendas, que si bien estaban exentas de todo impuesto, no eran pasibles de comercialización. Las nuevas familias formaron barrios y desarrollaron un sentido de pertenencia y del arraigo. 8
En cuanto al tratamiento médico de la enfermedad de Hansen, el gran avance que significó la sulfonoterapia, se vio interrumpido por la resistencia bacteriana que no tardó mucho en aparecer. Este problema fue abordado en la década de 1980 mediante la implementación de los esquemas combinados, que son actualmente los de elección, junto a varias drogas alternativas. La eficacia de la poliquimioterapia y sus ventajas en cuanto a la duración acotada de estos regímenes, hoy no se cuestionan.
Estos y otros avances se tradujeron finalmente en la derogaciónde la antigua Ley Aberastury y su reemplazo por la Ley 22.964, en la que queda manifiesta la obligación del paciente de lepra a tratarse, como cualquier otra enfermedad transmisible, pero no de internarse, brindando a los enfermos la oportunidad de recuperar sus derechos perdidos. El ahínco y vehemencia de las primeras figuras consulares de la leprología para lograr la sanción de la Ley 11.359, fue imitado luego por sus sucesores no menos autorizados, para obtener su derogación, en consonancia con la evolución de los conocimientos. 11
Al respecto, Marcial Quiroga, director de la colonia Sommer entre 1945 y 1946, escribía en 1964, en su Historia de la lepra en la Argentina, respecto del emplazamiento de los sanatorios-colonia: "(...) dígase hoy lo que se diga, y afirmen lo que afirmen algunas corrientes modernas contrarias a la internación, (esta) contribuyó en nuestro país, una vez terminados los cinco establecimientos actuales, al alojamiento y asistencia de más de mil quinientos enfermos en período de contagio o invalidados y con secuelas graves (...)". 3
Otro de sus directores, el ya mencionado Dr. Ricardo Manzi, publicaba en 1961, en la revista La Torre, editada por una entidad social y cultural perteneciente a los internados de la colonia:

"(...) concerniente a la Ley 11.359, debemos señalar que la atrofia más visible producida por la acción del tiempo es el desequilibrio jurídico entre el enfermo y la sociedad. Sobre el primero han recaído las obligaciones, limitaciones, y hasta la privación de algunos derechos, que fueron considerados como necesarios en la época de la sanción de la ley; pero de acuerdo a la misma, la sociedad no corresponde con las garantías compensatorias "(...)Si continúa la vigencia de esta ley cuyas disposiciones son duras para los enfermos, estos continuarán huyendo del médico, malogrando el momento oportuno para ser negativizados en breve tiempo, como lo ha demostrado el estado científico alcanzado. El resultado es penoso, después de llegar a padecimientos extremos el enfermo recurre al médico cuando es tarde para retrotraer algunas consecuencias en él y sus semejantes (...)". 12

En la actualidad, el antiguo sanatoriocolonia Buenos Aires, hoy Hospital Nacional Baldomero Sommer, es un centro asistencial de alta complejidad para la atención de enfermos hansenianos. La evolución del tratamiento de la lepra a que hemos hecho referencia anteriormente, ha generado una modalidad preferentemente ambulatoria de seguimiento de los pacientes, reservándose la internación para casos especiales.
Ello generó en 1993, a través del Ministerio de Salud, el cierre de los antiguos leprosarios del país, quedando el hospital Sommer como referente nacional de esta enfermedad. Pero, dado que la población leprológica internada se halla en descenso, ha extendido su perfil de atención a otras patologías, colaborando en la resolución de las necesidades de las poblaciones cercanas y de una amplia área programática, aprovechando los recursos físicos y asistenciales del hospital.
Es así que ha desarrollado un proceso de reconversión reflejado especialmente en la implementación de un proyecto de Atención Primaria de la Salud (APS) de la región VII a la que pertenece geográficamente, tomando como estrategia la experiencia de su Área Programática, iniciada en 1993, que se dedica a la atención dermato-leprológica extramuros de 39 partidos del gran Buenos Aires y conurbano. Este grupo asistencial, formado por médicos, trabajadores sociales y antropólogos, fue reforzado en 2004 con la creación de la Residencia de Medicina General y su recurso humano.
Por otra parte, en el marco de la reestructuración y apertura del hospital, funciona desde el año 2001 una unidad de cuidados paliativos (PACI) para pacientes con HIV, cáncer y otras patologías y ha reequipado modernamente dos pabellones para internaciones de patología aguda: uno con unidad de cuidados intensivos (UTI) y otro, exclusivamente para cirugía. A pesar de estos cambios necesarios, el hospital Sommer está especialmente preparado para internaciones prolongadas, con una distribución en pabellones, (Fig 5a) casas individuales y comunitarias ubicadas en barrios, lo que permite el establecimiento de familias de enfermos que por su alto grado de discapacidad es imposible reinsertar en la sociedad.

Precisamente, existen profesionales especializados en gerontología dedicados a la integración social de estos pacientes "históricos", cuyo objetivo es la recreación, laborterapia y el trabajo orientado al desarrollo de la tercera edad, siendo pioneros en esta área. Además, si bien en la actualidad el tratamiento de la lepra es ambulatorio y domiciliario, es evidente que en determinados pacientes y/o circunstancias es necesaria su internación: reacciones subintrantes o severas que no pueden controlarse externamente; complicaciones neurales, viscerales, oculares, laríngeas agudas, que requieren tratamientos especiales; enfermos que necesitan técnicas especiales o complejas de medicina física; severas mutilaciones asociadas a condiciones socio-económicas desfavorables, etc. Causales, que por otra parte, no son irreconciliables con la integración de los pacientes en servicios hospitalarios generales capacitados para resolverlas. 13
El hospital posee, dada sus características especiales: cementerio propio, comisaría, iglesia (Fig 5b), bar, canchas de fútbol, teatro, clubes, peña folklórica, centro de jubilados y una proveeduría perteneciente a la Cooperativa de la Asociación de Internados, de la cual dependen también las emisoras radiales de onda media y frecuencia modulada dirigida por los propios pacientes. A pesar de no estar reconocido oficialmente, actúa como centro de referencia.
En colaboración con la Dirección Nacional de Lepra y otras instituciones, realiza docencia en la zona endémica a través de cursos presenciales y a distancia, recibe becarios, etc. (Fig 6). Desarrolló técnicas de diagnóstico y posee un centro de rehabilitación especializado en pacientes de lepra, con el anexo de un taller de ortesis, prótesis y calzado, terapia ocupacional y kinesiología (Fig 7).

La investigación, otro de sus pilares, se vio reflejada en el desarrollo de técnicas de inmunofluorescencia para detección de anticuerpos de lepra en suero y técnica de ELISA, que se pusieron a disposición de los hospitales interesados; monitoreo de nuevos tratamientos mediante la determinación de la viabilidad bacilar por técnicas especiales como la estearasa bacilar y la inoculación en la almohadilla plantar del ratón; producción de lepromina a partir de la inoculación en armadillos criados en el bioterio propio, que se distribuyó a los centros leprológicos del país.
El hospital Nacional Baldomero Sommer posee actualmente, instalaciones remodeladas y otras de reciente construcción para la atención de diferentes especialidades por consultorios externos y una dotación de 820 camas para la internación de lepra y otras patologías (Fig 8).

Cuenta con sectores de laborterapia tales como: vivero, apicultura, campo frutal, cría de cerdos y aves de corral y una planta de producción piloto de lumbricompuesto. Además, una tejeduría donde se elaboran las telas y piezas de gasa para consumo interno (Fig 5c).
El año 2007 encuentra en el Hospital Nacional Baldomero Sommer, un establecimiento abierto a la comunidad, donde no sólo se atiende a pacientes de lepra y patologías prevalentes de la población cercana y su área programática, sino con el funcionamiento dentro de su predio de un jardín de infantes, una escuela primaria, (Fig 5b), una escuela secundaria de adultos a distancia, taller de computación y un centro de educación agrícola (Nº 19), todos aprobados por el Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.
Concurren regularmente habitantes de la zona, empleados del hospital, enfermos e hijos de enfermos, en normal convivencia, muy lejos de aquellas prevenciones y temor con que se inició su historia.
Finalmente, no puede concluirse esta reseña de la evolución del hospital, sin mencionar la importante labor que en él desempeñaron las Hermanas Franciscanas Misioneras de María y el primer párroco, Padre Joaquín Prochazka, así como las entidades de beneficencia que colaboraron con la institución y sus internados: Sociedad Alemana de Beneficencia, Asociación San Lázaro, Caballeros de la Orden de Malta, Patronato del Enfermo de Lepra, Asociación Amigos del Enfermo de Lepra.

CONCLUSIÓN

La historia del Hospital Nacional Baldomero Sommer es la de la evolución del concepto de lepra en el mundo y particularmente en la Argentina, historia que refleja, tanto las vicisitudes y dificultades de los primeros padres de la leprología argentina, para lograr la concreción de lo que en su momento fue el único medio disponible para el control de la enfermedad, como así también, la lucha de sus sucesores para cambiar los antiguos prejuicios y estrategias de atención, a la luz de los nuevos conocimientos científicos, pero especialmente, en pos de una medicina más humanizada, en la que lo físico, social y psicológico están indisolublemente ligados.

Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado. Friedrich Nietzche

A los Dres. Angel Marzetti (In Memoriam) y Ricardo Omar Manzi: Maestros de la Leprología Integral Argentina

AGRADECIMIENTOS

Al Dr. Enrique Fliess por el aporte de material bibliográfico.

REFERENCIAS

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