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Revista Pilquen

versión On-line ISSN 1851-3123

Rev. Pilquen  n.8 Viedma ene./dic. 2006

 

RESEÑAS

Ruffini, Martha. La pervivencia de la República posible en los territorios nacionales. Poder y ciudadanía en Río Negro, Universidad Nacional de Quilmes Editorial, 2007, pp. 264.

Susana Villavicencio
Universidad de Buenos Aires

Recibido: 03/03/08
Evaluado: 05/05/08

Cuando Ricardo Rojas proponía en 1911 una división geográfica de la función electoral, dividiendo al país de acuerdo con su "capacidad democrática", estaba resumiendo el sentir de las elites ilustradas que, acentuando sus propias contradicciones, desconfiaban de una inminente reforma electoral que incorporaba a la mayor parte de los habitantes al ejercicio del sufragio. El autor de La Restauración Nacionalista (1909) respondía así al interrogante sobre las condiciones de igualdad del electorado en un país de incipiente organización política, y donde el conflicto entre civilización y barbarie estaba aún latente, representado geográficamente por la oposición entre Buenos Aires y las provincias, y aún más, por el destino de los territorios nacionales. En el convulsionado clima intelectual del Centenario el debate democratizador ponía nuevamente en cuestión los límites de la representación de la nación, reavivando las faltas de coincidencia entre nacionales y ciudadanos. Ya desde el momento de la organización nacional, en 1853, esas elites habían impuesto un modelo de República tutelar, consagrada en la fórmula alberdiana de la República posible, como único sistema político que garantizaba la gobernabilidad en una sociedad que emergía del mundo colonial, legitimando a la vez su propia intervención política.

El libro de Martha Ruffini se ocupa de la historia de los territorios nacionales - esos extensos espacios que la imaginación histórica de la generación del 37 había adjetivado como "el desierto", o "la pampa infinita" en palabras de Sarmiento-, prolongaciones del Estado más allá de los confines de la civilización. Esos territorios conquistados militarmente a los indios en los años ochenta, perdurarán en la indefinición sobre su condición institucional como partes del todo de la nación, reteniendo a sus habitantes fuera de los contornos de una ciudadanía plena. No podía estar mejor elegido el título de la obra, La pervivencia de la República posible en los territorios nacionales... puesto que aborda "desde la perspectiva del poder y de la ciudadanía" la postergada determinación de su estatuto político hasta los años de la segunda posguerra.

"Desde el poder" significa en primer lugar considerar la cuestión desde la mirada del Estado y su disputa con las provincias en la determinación de la jurisdicción que les correspondía, en momentos de definición territorial de la nación. Los primeros capítulos constituyen un pormenorizado análisis de la hipótesis que sustenta la obra sobre la centralidad del Estado como forjador y difusor del modelo de nacionalidad, y la importancia que adquieren los territorios nacionales para la efectivización de un poder unificado. Vemos así desplegarse el modelo hegemónico de 1880, que prioriza la seguridad y el orden como sustento de la expansión económica, de la recuperación de tierras cultivables y de la consolidación del estado territorial, imponiendo la cesura respecto del pasado de luchas entre caudillos, y de tierras dejadas al dominio de la naturaleza y las poblaciones originarias. Dos interrogantes merecen destacarse en la perspectiva que desarrolla la autora. Uno muestra una gran discordancia entre las palabras y los hechos, ya que si desde el discurso oficial se proponía reiteradamente la necesidad de la incorporación de esos territorios a la política nacional, la realidad daba cuenta de una indefinición sancionada en los hechos por la provisionalidad de los decretos que involucraban los territorios en relación a la justicia, la representación política y la administración. El mejor ejemplo lo constituye la misma Ley de Territorios Nacionales que fuera sancionada con carácter provisorio en 1884, y que no será reformulada hasta el gobierno de Perón, a pesar de los varios intentos en ese sentido, y de los significativos momentos por los que pasó la República, como la aprobación de la ley Sáenz Peña que llevará al partido radical al poder de la nación. La respuesta a la pregunta por el motivo, esa discordancia que hace la autora, supone pasar por alto las explicaciones simplistas que afincan en la distancia y la ineficacia de la burocracia estatal, para bucear más hondo en la ideología dominante, que ocultaba detrás de las irresoluciones el pacto fundacional de representación de la soberanía. En tanto los territorios no se sumaran a la vía del progreso, en tanto existieran riesgos de que identidades alternas disputaran la hegemonía liberal -como sucederá con los extranjeros en las leyes de residencia y defensa social- no alcanzarían las cartas políticas. La provisionalidad de la organización de los territorios nacionales marca así un modo de hacer política propia del orden conservador. Como contra cara de esa indefinición resulta relevante la presencia militar en los territorios. Como bien señala Ruffini, no se trata sólo del hecho de que las primeras apariciones del Estado en la región fueran los destacamentos militares, sino que los primeros gobernadores también fueran de esa extracción, y que más tarde, en el ir y venir que implicó la instalación de los gobiernos locales, la policía jugara un rol fundamental, oficiando en ocasiones las veces de gobernador. Esta cara del Estado da cuenta más bien del sentido político de la frontera que se había ganado en la guerra contra los pueblos originarios, y del control de la participación política que ejercía el poder central sobre estos apéndices de la nación.

Desde esta comprensión política, Ruffini analiza con pormenorizado detalle, notoriamente fundado en un serio y acabado trabajo de archivo, la dinámica compleja que los lleva a la provincialización. Aquí importa señalar un segundo interrogante sobre la constitución de la ciudadanía, que la autora pone como el otro puntal de su análisis. ¿Quiénes son esos habitantes que no alcanzan la ciudadanía? Con argumentos inteligentes, el libro va planteando como la postergación de la ciudadanía política, que obedecía a un criterio numérico, mientras que discursivamente se recalcaban los criterios de capacidad para el ejercicio ciudadano, redundaba en una ciudadanía de segunda, denominada en el texto "ciudadanos nominales". Estos ciudadanos con iguales obligaciones pero con recortados derechos políticos y sin representación parlamentaria revelan un aspecto del republicanismo tutelado proyectado en el control político e ideológico de los habitantes, según el ideal del "buen ciudadano". Paradójicamente, durante el gobierno de Perón, cuando se alcanza finalmente la postergada incorporación al sistema político, cuando la nueva constitución parecía resarcir este capítulo de postergación ciudadana, son justos los señalamientos de la autora que colocan esas reformas bajo el resguardo de un criterio electoral. Trazar las fronteras internas de la nación para esta nueva Argentina significaba esta vez la provincialización definitiva de los territorios nacionales, y la incorporación del caudal electoral al proyecto peronista.

Por otra parte, los aspectos centrales de la interacción entre sociedad civil y Estado en el interior del Territorio Nacional de Río Negro son tratados en los últimos tres capítulos del libro, destacando las aristas significativas que recortaba el caso particular de la historia del conjunto. El lector podrá así seguir de cerca la formación de las primeras formas institucionales de la Patagonia -municipalidad y juzgado de paz-, y el juego en espejo que se dio entre la provisionalidad de las medidas del Estado central y las prolongadas ausencias de las autoridades locales, o la llamativa pasividad de sociedad rionegrina ante los procesos electorales, verdadera muestra tanto de las tensiones y disputas entre poderes nacional/provincial/local, como de la agencia de quienes conformaban consensos y oposiciones al interior del proyecto de dominación. El relato de la inundación de la ciudad de Viedma por el desborde del Río Negro, en 1899, es un vívido ejemplo de lo que se viene tratando: indiferenciación de las acciones estatales en relación con los territorios, incoherencia entre discurso y prácticas, intereses particularizados delineando las prioridades, por un lado, y una respuesta social que denota un mayor compromiso cívico y alienta una futura identidad local, por el otro.

Para los estudios históricos de las provincias argentinas, el libro de Martha Ruffini viene a aportar una invalorable reconstrucción de la compleja trama de la formación y evolución los territorios. Para la historia política nacional, constituye un aporte imprescindible que completa la mirada sobre los momentos fundacionales del Estado nacional, que en términos modernos es un Estado territorial. Sin duda, como se define en el prólogo, estamos ante un trabajo que forma parte del proceso de renovación de los estudios de historia política, desarrollados en Argentina y América Latina en las últimas décadas. Tiene el mérito de reinterrogar planteos consagrados sobre la formación y consolidación del Estado y de la sociedad civil entre finales del siglo XIX e inicios del XX. Finalmente, el tratamiento particular de los territorios nacionales en este contexto renovador viene asimismo a resarcir esta dimensión fundamental de la historia política de nuestro país de su marginación académica.