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Revista Pilquen

versión On-line ISSN 1851-3123

Rev. Pilquen  no.13 Viedma ene./dic. 2010

 

ARTÍCULO

La cuestión del idioma en los años veinte y el problema del lunfardo: a propósito de una encuesta del diario Crítica

 

Mariano Oliveto
marianooliveto@cpenet.com.ar
Universidad Nacional de La Pampa; CONICET

Recibido: 26/03/10
Aceptado: 30/06/10

 


Resumen
La cuestión del idioma tiene una larga historia en el Río de la Plata. Se remonta a los primeros textos de la generación del 37 y se extiende hasta bien entrados los años treinta. En la década de 1920, los debates recrudecen. La inmigración, el surgimiento de la vanguardia y las diversas formas del coloquialismo urbano que ingresan en la literatura señalan algunas de las causas del restablecimiento de una discusión que se creía agotada. En 1927, el diario Crítica impulsa una encuesta que se propone dilucidar la probable conformación de un idioma propio en Argentina. En este trabajo, analizaremos las diversas intervenciones en dicha encuesta, en el marco de una polémica que, en ese año, alcanza su momento más alto.

Palabras clave: Idioma; Polémica; Lunfardo; Encuesta.

The issue of language in the twenties and the problem of lunfardo: a report of a survey by the newspaper Crítica

Abstract
The language issue has a long history in the Rio de la Plata. It goes back to the earliest texts of the generation of 37 and it extends well into the thirties. In the 1920s, the debates flare up. Immigration, the emergence of avant garde and various forms of urban colloquialism entering the literature identifies some of the causes of the restoration of a discussion that was believed exhausted. In 1927, the newspaper Crítica drives a survey which aims to elucidate the probable formation of a language of its own in Argentina. In this paper, we discuss the various interventions in this survey as part of a controversy that in that year, reached its peak.

Key words: Language; Polemic; Lunfardo; Survey.


 

1. EL PROBLEMA DEL LUNFARDO Y EL IDIOMA NACIONAL

Durante los años veinte, el lunfardo adquiere notoria relevancia en el marco de las discusiones sobre el idioma nacional (Di Tullio 2003: 24, 2009: 580-582; Ennis 2008: 263-289) La alarma se enciende porque este vocabulario, de uso exclusivo de los sectores populares, se convierte por esos años en un componente idiomático de casi toda la geografía social porteña. La extensión en la utilización del lunfardo preocupa a algunos filólogos, periodistas y escritores quienes piensan que ese vocabulario está llamado a desempeñar un rol fundamental en la formación de un idioma nacional, desprendido del castellano heredado de España.

La centralidad que tiene el lunfardo en la encuesta organizada por el diario Crítica -y que analizaremos a continuación- resulta un síntoma del papel cada vez más preponderante del lenguaje popular en los delineamientos de la construcción de una identidad argentina. Si bien el lunfardo, en el discurso literario, puede ser rastreado a partir de 1880 (Soler Cañas 1965: 19), es durante la década de 1920 cuando este vocabulario se incorpora fuertemente en los debates sobre la lengua y la literatura. En primer lugar, por aquellos años, muchos de los jóvenes escritores encuentran en el lunfardo un insumo para su literatura. De este modo, emergen una serie de autores que, sin ser lunfardescos1, "colorean" sus obras con pinceladas extraídas de este léxico. Pero también aparecen, en las inmediaciones de la segunda y tercera década del siglo XX, poetas que utilizan plenamente el lunfardo: Juan Francisco Palermo, Yacaré y Dante A. Linyera (1965: 14)2. Y es, precisamente, en los últimos años de la década del veinte cuando se edita la obra más representativa de la literatura lunfardesca: La crencha engrasada (1928) de Carlos de la Púa, periodista de Crítica. En segundo término, el tango fue el género que, desde comienzos de siglo y paulatinamente, introdujo en sus letras el lunfardo y se configuró como el mayor difusor de este vocabulario (Salas 2004: 186) En tercer lugar, y gracias a la visibilidad que este léxico va adquiriendo en la literatura, la música y la prensa, en los años veinte encontramos ya maduro el proceso por el cual el lunfardo lentamente se introdujo en los conventillos, luego se hizo lenguaje usual para hablar entre los hombres y finalmente se enriqueció en el uso diario y llegó a transformarse en seña de identidad de lo argentino (Salas 183) La reactualizada búsqueda de un idioma nacional, en los años veinte, encontró en el lunfardo una de las aristas centrales para la definición de una lengua libre de la tutela española. Y es por eso que, ante la pregunta de la posible formación de una lengua propia -pregunta que se plasma en el título de la encuesta que analizaremos-, filólogos y escritores adoptan o rechazan el vínculo entre el lunfardo y el hipotético idioma de los argentinos.

2. ¿LLEGAREMOS A TENER UN IDIOMA PROPIO?

El 11 de junio de 1927, el diario Crítica lanza su encuesta ¿Llegaremos a tener un idioma propio? La pregunta, con la que son inquiridas dieciséis personalidades de la literatura y de la lengua, da por sentado algunas cuestiones, en apariencia, no sujetas a discusión: por un lado, se entiende que el "idioma propio" no se encuentra todavía formado y que, por ende, su constitución habrá de realizarse en un futuro. Por otro lado, la idea de un "idioma propio" parecería suponer la ajenidad del castellano en todas sus variedades, sobre todo la del español peninsular. Esta misma idea supuso, sobre todo a partir de la publicación del libro de Lucien Abeille -Idioma nacional de los argentinos- en 1900, la mezcla de lenguas y variedades como operación básica para su conformación. De allí que, por ejemplo, en la encuesta, el lunfardo sea el principal enemigo o aliado de las tesis conservadoras o integracionistas. Lunfardo, cocoliche, lenguaje gauchesco, indigenismos, galicismos, anglicismos: diversos ingredientes que los consultados procuran separar o mixturar convenientemente.

El diario Crítica siempre se caracterizó por adoptar posturas poco conservadoras con respecto a la lengua. Debido a que su público estaba constituido, mayoritariamente, por inmigrantes -o descendientes de ellos-, en ocasiones el diario editó ejemplares en diversos idiomas, proceder opuesto a las políticas de estado que, desde 1890 en adelante, procuraban nacionalizar este sector de la población a partir, principalmente, de la homogeneización lingüística, a cargo de la educación3. A lo largo de la historia de Crítica, existieron múltiples secciones en las que, además del costumbrismo y el criollismo, jugaba un rol preponderante el lunfardo. Los novedosos formatos periodísticos, destinados a introducir las voces de los sectores populares en la literatura y el periodismo, se yerguen en franca oposición al academicismo que condena estos usos. De hecho, en algunos títulos de estas columnas se puede rastrear el uso de la ironía, en tanto instalan un campo semántico perteneciente al ámbito académico: 'gramática', 'novísimo diccionario', 'Real Academia', 'grafológico', etc. De la misma estrategia de distanciamiento irónico hará uso Roberto Arlt en sus aguafuertes dedicadas al idioma.4

Con esta tradición detrás, el diario Crítica da lugar a una encuesta sobre la posible formación de un idioma propio. No obstante, en su mayoría, quienes responden no son los escritores que procuran dotar al castellano de una identidad propia, desprendida de la tutela española, muchos de los cuales formaban parte del staff del diario. De la llamada nueva generación, es decir aquellos escritores nacidos alrededor del año 1900, sólo intervienen dos: Jorge Luis Borges y Arturo Cancela. Asimismo, no se registran intervenciones de los escritores de Boedo, enemigos acérrimos del diario. La encuesta se detiene en personalidades cuya centralidad en el campo intelectual es notoria: Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Roberto Payró, Alberto Gerchunoff, etc. Llama la atención la ausencia de aquellos escritores que, trabajando para Crítica en ese momento, elaboran su literatura a partir de la utilización de un lenguaje potente y heterogéneo. Nos referimos, por ejemplo, al ya mencionado Roberto Arlt, quien para ese entonces estaba encargado de la sección policial del diario; a Nicolás Olivari, cuyos poemas fueron publicados y comentados de manera muy positiva por Crítica; o a Enrique González Tuñón y a Carlos de la Púa quienes escribían las glosas sobre el tango. Los resultados finales de la convocatoria guardan estrecha relación con la participación mayoritaria de intelectuales de cuño conservador, en los que respecta a las actitudes que sustentan frente al lenguaje (Blanco de Margo; 1991) De este modo, la encuesta se cierra con las siguientes palabras a cargo del diario: "Es casi unánime la opinión de que no llegaremos nunca a tener un idioma propio, más aun, hay quienes han profetizado las calamidades que este suceso nos acarrearía en todos los órdenes de la vida." (1927: 6) Y se consigna que el lunfardo, uno de los tópicos principales de la encuesta y de los debates sobre la lengua de fines de los años veinte, "ha sido, pues, ampliamente derrotado" (6) Los argumentos que impugnan este vocabulario son de lo más variado: José Antonio Saldías, viejo hombre de Crítica, propulsor de varias secciones cuya materia prima era el lunfardo, parece estar de regreso de esas prácticas discursivas5, y señala que si bien es posible la formación del "idioma nacional, en cuyo caso el pueblo será su hacedor", se apresura para avisar que "no se crea que por todo lo expuesto yo propicio la adopción o incorporación del 'lunfardo' [...] El lunfardo carece de alcurnia suficiente para expresar la belleza que enseña a amar a un idioma." (1927: 7) La contradicción de Saldías al superponer, en su respuesta, una postura conservadora con otra progresista con respecto a la lengua resulta evidente puesto que si, por un lado, afirma que el idioma nacional será fruto de la colaboración principal del pueblo, por el otro desestima el lunfardo como aporte popular en esa tarea. En referencia al teatro, más adelante agrega que "no es imprescindible escribir con propiedad para confeccionar una obra de éxito popular", ante lo cual advierte el peligro "que esta facilidad tiente demasiado a los irresponsables que abundan en esta tierra de atropelladores e improvisados y al amparo del apoyo y el aplauso simple del pueblo, o intoxiquencon elexceso del lunfardollorón y sentimental" (destacado nuestro, 7)

Por su parte, Ricardo Rojas, quien no cree -y no desea- en la formación de un idioma argentino, afirma: "El argot popular, que existe en todas las grandes ciudades y mucho más en los grandes puertos cosmopolitas; este habla del suburbio y del bajo fondo policial, aunque pase al sainete y a la prensa burlesca, no tiene más consistencia que la de esos pequeños hongos que proliferan en las tierras húmedas, debajo de grandes rocas." (1927: 6)6

Roberto Payró basa su rechazo del lunfardo en el carácter rápidamente mudable de éste, y en la imposibilidad de su fijación. Explica que el vocabulario callejero, "en el lapso de tiempo que llevo vivido, he observado que varía. Si yo escribiera con el lunfardo de cuando era niño, los arrabaleros de hoy no me comprenderían." (1927: 5) El lunfardo está compuesto, según Payró, por "términos transitorios", aunque reconoce que algunos pocos vocablos pueden quedar "definitivamente incorporados al idioma".

Jorge Luis Borges tampoco cree "en la mucha colaboración del lunfardo en la formación del idioma argentino"; ni en la de su derivación, el arrabalero ("mezcla de lunfardo trasnochado y habla vulgar"). Para Borges, el lunfardo es una "jerga artificiosa de ladrones", y usarlo es "condenarse a hablar solamente de cárceles, furcas, comisarías, etc." (1927: 3) No obstante la humorada y su caracterización del lunfardo y del arrabalero como vocabularios pobres, Borges aclara que cree en el idioma argentino. Y piensa que es deber del escritor el aproximarlo. Con esta recomendación, Borges desestima el lunfardo como lenguaje literario, lo cual constituye una referencia negativa al amplio frente de escritores contemporáneos que se valen de este vocabulario para escribir sus obras. "Digamos cosas que no le queden chicas a Buenos Aires y hablaremos el idioma nuevo que será nuestro" (3), propone finalmente.

Manuel Gálvez afirma que "el argot -se refiere al lunfardo- no tiene importancia filológica. Existe en muchos países, y no por eso los idiomas correspondientes han cambiado" (1927: 6), sentencia. Al igual que Payró, Gálvez recupera la idea de que el lunfardo no tiene estabilidad, vale decir que carece del potencial para formar parte de los insumos del idioma propio: "sus voces van y desaparecen con la misma facilidad con que vinieron" (6). Otros de los encuestados, Enrique García Velloso, transita en el mismo sentido que Gálvez y Payró: sostiene que los "barbarismos idiomáticos, vengan del lunfardo o del cocoliche, viven afortunadamente poco [...] La traza lunfarda vive lo que dura un 'berretín'" (1927: 9) Florencio Garrigós (hijo) no se encuentra lejos de estas apreciaciones cuando afirma que los giros populares -entre los cuales el lunfardo constituye un pilar importante- están "destinados a desparecer del caudal de la lengua" (1927: 17)

Curiosa resulta la intervención de Arturo Cancela quien descentraliza un poco el eje de la discusión: cuando aborda el tema de la lengua, no piensa solamente en Buenos Aires. De hecho, afirma que el idioma no lo hacen las grandes ciudades, y recomienda fijarse en "el castellano pintoresco y a ratos arcaico que se habla en Salta, en Jujuy, en La Rioja, etc." (1927: 9) Y agrega: "No creo que se pueda llegar a tener un idioma propio pero sí un estilo peculiar de los argentinos" (9) En este pasaje, Cancela se aproxima a la postura de Borges quien ve, entre el español peninsular y el argentino, una diferencia de "matiz"; Cancela dirá "de estilo". A su vez, ambos niegan las influencias del lunfardo. De hecho, Cancela ni lo menciona en su respuesta, y se limita a tirar la pelota afuera al restarle importancia a los cambios lingüísticos producidos en una Buenos Aires babélica. Centra su atención en el interior del país, en donde, según él, se habla un castellano más cercano a las formas (arcaicas) peninsulares.

Hijo del célebre gramático, la respuesta de José María Monner Sans constituye un ataque directo al lunfardo: "Lo repudiable y de mal gusto es la formación del lunfardo, idioma del delito que, por rara coincidencia, aparecen hablando las clases aparentemente cultas." (1927: 7) La utilización de ciertos vocablos lunfardos por parte de las clases no populares espanta a Monner Sans y califica el fenómeno como "un contagio7, una impregnación de abajo hacia arriba" (7)

Sin embargo, dentro de la encuesta, el lunfardo cuenta con unos pocos defensores: Last Reason8, Félix Lima y Alberto Nin Frías. No es casualidad que los dos primeros -además de haber pertenecido al grupo de colaboradores del diario de Botana- se hayan ocupado de escribir una literatura de tinte popular, en la cual el lunfardo tuvo una presencia insoslayable.

Félix Lima cree que, a la larga, habrá una escisión entre el español peninsular y el de aquí. Llegará un momento, dice, en el que "un peninsular, arropado de casticismo terminará por no comprender(nos)" (1927: 17). Entre los escritores populares, se repite esta idea de que la evolución del castellano en Argentina será tan pronunciada que los españoles tendrán que traducirlos para poder entenderlos. Casi al mismo tiempo, pero en la revista Martín Fierro, Nicolás Olivari decía: "Hablamos su lengua (la de España) por casualidad, pero la hablamos tan mal que impertinentemente nos estamos haciendo un idioma argentino. Dentro de unos pocos años nos tendrán que traducir si quieren gozar de nuestro lírico influjo" (1927: 6) Por su parte, Pablo Rojas Paz, desde la misma tribuna de Florida, redunda la idea: "Nuestra ilusión debe ser la de echar a perder de tal manera el castellano que venga el español y no entienda nada de lo que le digamos". (1927: 6) Según Félix Lima, "el argot callejero está logrando expresión artística"; y atribuye a Last Reason la virtud de haber sido uno de los escritores que "no solamente lo ha popularizado, sino enriquecido." (1927: 17) La ascendencia de la lunfardía de Last Reason se remonta a Evaristo Carriego. Lima cita una carta que le enviara el poeta en 1908, plagada de lunfardismos. Y señala: "Como usted ve, el pobre Carrieguito fue un precursor famoso del lunfardo" (17). Finalmente, puntualiza que "al paso que vamos no es aventurado pronosticar el advenimiento de un idioma propio" (17)

Last Reason sienta su posición no solamente a partir de lo que dice, sino también de la forma o el estilo que asume su lenguaje: un coloquialismo lunfardo que lo diferencia de todas las demás intervenciones de la encuesta, realizadas en correcto castellano. Allí, entiende que Ricardo Rojas y Enrique Larreta opinen como opinan, "pero que usted -le dice al periodista que lo encuesta- tenga la irreverencia de preguntarme a mí, si creo en la formación de una lengua que es chamuyada actualmente por una ciudad que cuenta con dos millones de zabecas eso es una cosa que entra entre las catalogadas de gilerías." (1927: 3) Se defiende del ataque de "los bacanes" -o como también los llama: "los príncipes de la literatura"- señalando que ellos "no van a admitir de ningún modo que la parla nuestra sea otra cosa que una simple compadrada nacida en el suburbio" (3) No obstante, no está de acuerdo en llamar a ese argot, del que hace uso en sus cuadros costumbristas, "lunfardo". Rechaza el mote de lunfardesco con que lo tildan: "¡La bronca que me da cuando me baten que parlamos en lunfardo!" (3) Ocurre que Last Reason asocia el lunfardo con lo delincuencial, por eso trata de separarse de ese concepto, y se pregunta: "¿Por qué ha de ser lunfardo el sentir íntimo de toda una ciudad que aborrece al chorro que le chupa el jugo y que la asalta entre dos luces? ¡Lunfardo, no! ¿Arrabalero? Puede ser." (3) Según este autor, el idioma argentino encontrará en el lunfardo -"arrabalero"- su materia prima; y gracias a él crecerá, "será el producto de esa parla inarmónica, bastarda, rea... que hoy le quema la boca a los doctores, y mañana será la bocina poderosa que grite a las naciones carcomidas y decrépitas el advenimiento de una grande y gloriosa nación" (3)

Entre los defensores de este vocabulario, y en el marco de la encuesta, Alberto Nin Frías constituye el último eslabón. Clara y brevemente afirma que "el 'lunfardo' depurado será ese idioma futuro" (1927: 10). Como Félix Lima, observa en Last Reason la figura que contribuye a la fijación de ese futuro idioma nacional a partir de la literatura. De hecho, propone un recorrido muy interesante por el canon literario:

Para tener una sensación intensa de argentinidad no leeríala admirable "Gloria de Don Ramiro" (sic), la cervantina "Aljofaina maravillosa" (sic), el ingenuo e ingenioso "Libro fiel" (sic), o el altamente poético "Cascabel del halcón" (sic) -escritos deleitosos todos ellos y que honrarían a cualquier literatura- sino a las prosas entretejidas con los sentires del ambiente, amasadas en el instinto popular que se funde como copos de purísima nieve en el arroyuelo cantor de "Rienda suelta" (sic)9 (10)

Este pasaje nos brinda una idea de la dimensión de los problemas que depara la cuestión del lenguaje en los años veinte. Las querellas sobre la lengua implican marcadas intenciones por legitimar y deslegitimar diversas escrituras, pero también promueven la construcción y reconstrucción del canon literario. Nin Frías cuestiona las obras de los escritores consagrados, aunque sin atacarlas ni faltarles el respeto, y les opone las nuevas escrituras que disputan un lugar en el campo letrado, al mismo tiempo que introducen nuevas formas lingüísticas. La escritura que escoge Nin Frías es la que recupera el lunfardo y los registros populares, y Last Reason parece ser el que mejor realiza esas operaciones. Además, de todos los ejemplos mencionados, A rienda suelta es la obra que se encuentra más próxima al presente; lo que también implica un gesto despreciativo hacia buena parte de la tradición literaria argentina.

En los años veinte, en el marco de las discusiones en torno al lenguaje, se producen cruces importantes entre filólogos y gramáticos con los escritores que, por ese entonces, se repartían entre los que procuraban defender ciertos espacios del campo letrado, acechados por los advenedizos, y éstos que, recién llegados al ámbito de las letras, pugnaban por trasponer esas defensas. La encuesta sólo ofrece dos nombres de autores vinculados a los estudios de la lengua: uno es el ya mencionado hijo de Ricardo Monner Sans, José María, el mismo con el que polemizará Roberto Arlt en su famosa aguafuerte10; el otro es Arturo Costa Álvarez quien, en la Argentina, es la figura de más peso en el tema por aquel entonces. De todos los encuestados, Costa Álvarez es el único que discute con otro participante, un escritor, y no precisamente de la cultura oficial: Last Reason11. El 16 de junio, este autor dejaba sus impresiones acerca del idioma; unos días después, el 22 del mismo mes, es consultado Costa Álvarez. En una operatoria consistente en reponer la autoridad que Last Reason les había quitado a Rojas y Larreta, Costa Álvarez comienza diciendo que este autor se ha "pegado una espantada de la madonna" al ver las figuras "solemnes e imponentes" de estos dos escritores (1927: 6). Como ocurre con cierta parte de la crítica del momento que, al juzgar la obra de un escritor popular, lo degrada hasta confinarlo en el terreno de los "escritores bárbaros", Costa Álvarez opera de un modo similar: barbariza a Last Reason a partir de la animalización: lo llama "redomón celoso", y lo acusa de que anda por ahí "bufando, corcoveando y atropellando". Más adelante arremete: "Chis, chis, sosiéguese, amigo, nadie le va a hacer nada..." (6) Costa Álvarez no niega la existencia del orillero o lunfardo; pero se opone a la idea -sustentada por Last Reason y Nin Frías, como hemos visto- de que esos vocabularios puedan dar forma al idioma nacional. Para el autor de El castellano en la Argentina, la lengua de un país es aquella normalizada por las academias, enseñadas en las escuelas y utilizadas por los sectores cultos de la población:

El orillero, ¿quién ha negado o discutido esta rama lateral y baja del castellano, que por cierto no existiría si no sacara del tronco su substancia? [...] No; negar el orillero sería como negar el sol de Mayo... Pero, ¿qué tiene que ver el orillero con el idioma nacional? Vamos, vamos, Last Reason, no atropelle... La lengua de un país es la común, la oficial, la escolar, la culta; no es la síntesis imposible de sus diversas hablas populares, regionales y locales, y mucho menos es una sola de ellas (6)

Florencio Garrigós opina de manera parecida al sostener que, cuando se piensa en el posible idioma de los argentinos, nos tenemos que referir más a lo culto que a lo popular (1927: 17). Tanto Costa Álvarez como Garrigós refutan las tesis abiertas por Lucien Abeille quien vio en lo popular -y en lo extranjero y en lo autóctono- las bases de ese idioma. En Nuestra lengua, su autor afirma:

La aparición de esta obra (El idioma nacional de los argentinos) importa el triunfo y la apoteosis de nuestra incultura popular en el lenguaje. Este libro proclama la necesidad de favorecer la corrupción de la lengua entre nosotros: el autor pide que se suprima la enseñanza del castellano en nuestras escuelas y se la reemplace por el guaraní, el quechua, y una dosis mayor de francés (destacado nuestro, 1922: 106)

Desde la perspectiva de Costa Álvarez, para Abeille toda la lengua culta ha desaparecido entre nosotros (115); y cierra la idea del siguiente modo: "nuestra incultura no es para Abeille deformación de cosas viejas sino creación de cosas nuevas" (116) Si bien en la encuesta la postura de Costa Álvarez se basa en el rechazo de cualquier forma de habla popular cuya pretensión sea constituir el idioma nacional, no debemos adjudicarle el extremismo puristas12 de otros. Su prédica sostiene la idea de que el idioma argentino se forjará a partir de la normalización de la lengua, libre de la tutela única de España. Por eso dice que cree "firmemente que los argentinos llegaremos a tener un idioma propio. Este idioma será el castellano" (1927: 6); e indica que esto se logrará cuando "apliquemos la altivez argentina a emanciparnos de la tutela extraña en cuanto al régimen de nuestra lengua; el día que suficientemente preparados para ello hagamos nuestra gramática y nuestro diccionario del castellano que hablamos y escribimos". (6). En esta misma línea, se ubica también Alberto Gerchunoff: aunque se opone a los que creen que puede haber un idioma propio, coincide con Costa Álvarez en la crítica hacia aquellos que piensan un idioma nacional nutrido por "síntomas poco importantes y aislados, como ser las deformaciones de carácter suburbano" (1927: 6) Naturalmente, piensa en el lunfardo, entre otros posibles registros.

3. CONCLUSIÓN

Las distintas intervenciones de la encuesta ponen en evidencia algunas cuestiones. En primer lugar, el predominio de voces hispanófilas señala una tendencia que se repite a lo largo de las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX: las expresiones mayoritarias que tienen lugar en el marco de los debates en torno al idioma corresponden al grupo casticista, "lo que puede explicarse por el hecho de que sus miembros pertenecen sobre todo a la dirigencia intelectual y política del momento" (Blanco de Margo 1991: 70)

En segundo lugar, algunos autores importantes de la década del veinte, que han abordado largamente la cuestión del idioma, menosprecian la influencia del lunfardo en relación con la "corrupción" lingüística y con la posible formación de un nuevo idioma. Por ejemplo, Arturo Costa Álvarez afirma que las "jergas gringocriollas -entre las que cuenta al lunfardo- no influyen en la lengua común [...] Dentro del círculo inmigrante, es frecuente el caso del hijo criollo o acriollado que acaba corrigiendo o ridiculizando al padre o a la madre por su media lengua" (1922: 146). Según este autor, la inmigración no constituye una de las causas de la "corrupción" de la lengua; por el contrario, éstas deben buscarse en la "insuficiencia de la escuela" (146). Por su parte, Arturo Capdevila sostiene que, por más grandes que sean las corrientes inmigratorias, éstas "dejan intactas la lengua del país, si no se cuenta este o aquel italianismo que la escuela se encargará de extirpar" (1954: 30). Ambos autores restan importancia a los posibles cambios que pueda introducir el contacto de lenguas, y depositan toda su fe en la acción "nacionalizadora" de la escuela. Al respecto, Blanco de Margo explica que "el hecho de minimizar el peligro que representa el extranjero es un signo más del menosprecio hacia éste (...) La 'barbarie' existe pero es débil ante la fuerza de la 'civilización'" (1991: 79) La encuesta de Crítica trasparenta esta "pose" de muchos intelectuales de cuño casticista puesto que el lunfardo, casi sin proponérselo,se convierte enel principal tópico de debate dentro de la convocatoria, sin que se encuentre explicitado en la base de la pregunta que motiva la encuesta.

En tercer lugar, y de acuerdo con las palabras de los defensores del lunfardo, se puede observar que este vocabulario no sólo contribuye con la formación y consolidación de un idioma nacional, sino que también impronta directamente sobre la literatura. En las palabras de Félix Lima, Last Reason o Alberto Nin Frías aparece la idea de que junto con el nuevo idioma se gesta una nueva literatura que viene a romper con el canon establecido. En este sentido, la encuesta también pone en evidencia que el lunfardo se constituye como un lenguaje propio para muchos de los autores recién llegados al campo letrado, el cual les permite entablar batallas en su seno y postular nuevas escrituras que no están sujetas, necesariamente, a la legitimación oficial.

Notas

1. Dentro de la categoría de autores no lunfardescos que, no obstante, utilizan el lunfardo, Soler Cañas menciona a Roberto Arlt, Enrique González Tuñón, Florencio Sánches, Félix Lima.

2. Para un análisis acerca de la incidencia del lunfardo en el discurso literario, ver Furlán (2006)

3. Ver Bertoni (2001)

4. El "Furbo" 63 (17 de agosto de 1928), "El origen de algunas palabras de nuestro léxico popular" (24 de agosto de 1928), "Divertido origen de la palabra 'squenun'" (7 de julio de 1928), "¿Cómo quieren que les escriba?" (3 de septiembre de 1929), "El idioma de los argentinos" (17 de enero de 1930) son algunas de las aguafuertes dedicadas al tema del idioma. Todas publicadas en el diario El Mundo.

5. Saldías recuerda, en su La inolvidable bohemia porteña, su relación con el lunfardo y la tarea que llevó en Crítica, de mano de ese vocabulario: "Yo provenía de un medio donde el lunfardo no existía, pero la vida apenas llevadera del comienzo, viviendo en piezas de casas de arrabal (...) me había familiarizado con el lenguaje de los habitantes típicos de esos barrios" (1968: 135). "Botana había ideado una página de policía 'sui generis'. Policial inclusive en su parte literaria, pues debía ser escrita en el lenguaje 'orillero' (...) Botana me dio sus instrucciones. La página debía contener una composición en verso, en escena callejera de la manera de las de Félix Lima y una gran nota que resultó ser "El diccionario lunfardo", propuesto por mí" (133-134)

6. En 1924, en Eurindia, Ricardo Rojas ya se había pronunciado en contra de un idioma netamente argentino: "el pueblo argentino no necesita crearse una lengua nueva para manifestar su genio social" (1980: 42); y agrega: "las bases de nuestra nacionalidad están escritas en castellano, y por eso ése debe ser nuestro idioma nacional" (42)

7. En esta misma encuesta, Larreta habla del "contagio cosmopolita" para referirse a la incorporación al español de vocablos provenientes o derivados de las lenguas de los inmigrantes.

8. Last Reason, seudónimo de Máximo Sáenz (¿1887?- 1960). Escritor y periodista uruguayo. Trabajó para los diarios Crítica, La Nación, La Razón, entre otros. Fue uno de los exponentes de la literatura lunfarda durante la década de 1920. En 1925 publica A rienda suelta, una recopilación de las crónicas de turf que salían regularmente en Crítica.

9. En la cita, Alberto Nin Frías hace referencia a las siguientes obras literarias: Larreta, Enrique. La gloria de Don Ramiro (1908); Gerchunoff, Alberto. La jofaina maravillosa (1922); Lugones, Leopoldo. El libro fiel (1912); Banchs, Enrique. El cascabel del halcón (1909); Sáenz, Máximo (Last Reason), A rienda suelta (1925)

10. "El idioma de los argentinos", El Mundo, 17 de enero de 1930.

11. Si bien Last Reason se refirió a Ricardo Rojas y a Enrique Larreta en su respuesta, Costa Álvarez lo interpela directamente.

12. Utilizamos el concepto en el sentido que lo utiliza Blanco de Margo: "El purismo lingüístico considera a la lengua como un bien inalterado e inalterable que debe preservarse de todo cambio. Es una posición conservadora en materia lingüística y parte de la errónea creencia en la posibilidad de fijar el idioma en algún punto de su evolución (1991: 12)

OBRAS CITADAS

Fuentes documentales

1. "Terminó la encuesta de Crítica" Crítica. 29 de junio de 1927, p. 6.         [ Links ]

2. Borges, Jorge Luis. Crítica. 19 de junio de 1927, p. 3.         [ Links ]

3. Cancela, Arturo. Crítica. 24 de junio de 1927, p. 9.         [ Links ]

4. Capdevila, Arturo. Babel y el castellano. Buenos Aires: Losada. 1954.         [ Links ]

5. Costa Álvarez, Arturo. Crítica. 22 de junio de 1927, p. 6.         [ Links ]

6. Costa Álvarez, Arturo. Nuestra lengua. Buenos Aires: Sociedad Editorial Argentina. 1922.         [ Links ]

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