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Revista Pilquen

On-line version ISSN 1851-3123

Rev. Pilquen  no.14 Viedma Jan./June 2011

 

ARTÍCULO

Organizaciones armadas revolucionarias latinoamericanas: problemas y propuestas de análisis

 

Julieta Bartoletti
julietabartoletti@gmail.com
UBA; CONICET; Escuela de Política y Gobierno - UNSAM

Recibido: 14/06/11
Aceptado:
05/09/11

 


Resumen
En el análisis de las organizaciones armadas existe cierto divorcio entre la información empírica disponible y las diversas propuestas de conceptualización. Los numerosos estudios de caso, a pesar de su riqueza, carecen de referencias comparativas que permitan comprender la especificidad de cada caso e identificar tendencias o problemáticas semejantes. Las deficiencias de las escasas interpretaciones generales del fenómeno contribuyen a esta situación, ya que no logran dar cuenta del dinamismo y variedad del fenómeno analizado. El artículo analiza los hallazgos y déficits de las interpretaciones habituales así como algunas alternativas prometedoras, centradas en la relación ente las premisas ideológicas, el contexto y las propias dinámicas organizativas.

Palabras clave: Organizaciones armadas revolucionarias latinoamericanas; Análisis empíricos; Marcos teóricos y conceptuales.

Latin american revolutionary armed organizations: analytical problems and proposals

Abstract
There is some separation between the empirical data available and the various proposals for conceptualization of the phenomenon of armed organizations. The numerous case studies, despite their value, lack of benchmarks for understanding the specificity of each case and identify trends or similarities. This situation is related to the shortcomings of the available general interpretations. These are unable to account for the dynamism and variety of the phenomenon discussed. The article analyzes findings ad shortcomings of the usual interpretations as well as some promising alternatives focused on the relationships between the ideological premises, their own context and organizational dynamics.

Key words: Latin american revolutionary armed organizations; Empirical analysis; Theoretical and conceptual frameworks.


 

A pesar de las simultaneidades y semejanzas en el desarrollo de las organizaciones armadas revolucionarias latinoamericanas a partir de los años 50s, una característica distintiva de los análisis sobre el tema es el predominio de los estudios de caso. Estos, a pesar de poseer muchas veces una gran riqueza interpretativa y empírica, suelen carecer de referencias comparativas que orienten al lector respecto de la especificidad del caso. Por su parte, las pocas obras generales existentes tienden a ser alternativamente descriptivas o interpretativas, disyuntiva que se refleja en elaboradas interpretaciones con fundamentos empíricos débiles, escuetas interpretaciones para una abundante información empírica o recortes parciales, poco sustentables, del fenómeno analizado.1

Con el fin de identificar estos problemas, así como algunas alternativas prometedoras hemos seleccionado un conjunto de trabajos posteriores a 19802 que comparten el objetivo de brindar un análisis general del fenómeno de las organizaciones armadas. En otros aspectos, son trabajos bastante heterogéneos. En algunos casos abordan el tema de manera específica y excluyente (Wickham-Crowley, 1992; Gaspar, 1997; Pereyra, 2000), en otros, en el marco de un análisis general de la izquierda latinoamericana (Castañeda, 1993; Lowy, 1982; Rodríguez Elizondo, 1990) o de una historia período (Wright, 2000). Por último, una de las obras (Gilly, 1986) es una colección de reflexiones sobre diversos episodios de la lucha armada.

Los trabajos también se diferencian en relación con la mencionada disyuntiva interpretación/descripción. Pereyra (2000), tal vez la fuente más completa y actualizada de información sobre casos, resume su interpretación en una breve introducción, casi desprovista de referencias a casos. En los trabajos más interpretativos, como Gaspar (1997), Castañeda (1993), Lowy (1982), Gilly (1986), R. Elizondo (1990) y Wright (2000) puede identificarse una marcada debilidad empírica. Por último, W. Crowley (1992) combina interpretación y gran riqueza empírica con una problemático recorte, que lo lleva a excluir del análisis las guerrillas urbanas.

LAS PERIODIZACIONES

La estrategia más habitual para brindar una visión general del tema se basa en periodizaciones de su desarrollo. En general, las fases se caracterizan a partir de tipos de organización y la interpretación, más o menos explícita, consiste en explicar el pasaje de una a otra fase de desarrollo/tipo de organización.

Cuadro N° 1: Periodización y caracterización de las fases del desarrollo de las organizaciones armadas

En este esquema un primer tipo de organización nacería luego de la revolución cubana, a partir de la difusión del foquismo. Sin entrar en un análisis histórico de las ideas generalmente asociadas a esa denominación, los autores coinciden en que ellas explican las características de las organizaciones de esta etapa.

Estas organizaciones serían voluntaristas, ya que sobre la base de la experiencia cubana y en abierta oposición a las tesis etapistas difundidas por la III Internacional como fundamento para el abandono de las estrategias revolucionarias, sostenían que en América Latina la revolución no sólo era posible sino inminente, dependiendo tan sólo de la acción de verdaderos revolucionarios. Esto habría llevado a asimilar realidades tan disímiles como la de República Dominicana, Venezuela, Belice o Argentina, proponiendo para todos los casos el modelo de la guerrilla rural. A la vez, la urgencia con que se convocaba a la acción habría conducido también a minimizar o rechazar la importancia de la organización revolucionaria, que dejaba de ser un requisito para convertirse en una consecuencia: "la organización, el partido, el Estado y una nación de hombres nuevos" surgirían como resultado de la experiencia de lucha (R. Elizondo, 1990: 59)

Por este camino, el foquismo conducía al militarismo, ya que priorizaban el entrenamiento militar y la solución de problemas técnicos involucrados en la instalación del foco en zonas rurales (Pereyra, 2000). Esto, a su vez, llevaba al aislamiento (Lowy 1982: 50-51). En palabras de Castañeda (1993: 86, 113) las organizaciones foquismo sufrían una ineludible evolución que las conducía a un dilema de hierro: "'las armas sin el pueblo' o 'el pueblo sin las armas'". Si bien estos análisis coinciden en esta caracterización del foquismo, así como en atribuirle al mismo el carácter pequeño y efímero y el rápido fracaso de las organizaciones de esta fase, hay diferentes explicaciones para su generalización.

Para algunos las claves deben buscarse en los actores. Para Gilly (1986) sería fruto de la "matriz estalinista" compartida por las organizaciones armadas que se proponían romper con la izquierda tradicional, plantean una crítica incompleta, meramente "práctica" y no "teórica" (Gilly, 1986: 178-180). En un sentido diferente, R. Elizondo (1990:57) atribuye la adopción del foquismo al carácter "pequeñoburgués" de los integrantes de las organizaciones armadas, y a su necesidad de "derogar la realidad, siempre compleja y conflictiva" que no satisface sus deseos. Otros autores, en cambio, destacan la incidencia de una situación de crisis de dominación de alcance continental. Para Pereyra (2000: 31-32, 23) el gran impacto de la revolución cubana, y del foquismo como camino para imitarla, se debe a una situación continental de "crisis del sistema político de dominación" y del "capitalismo dependiente" que pone fin a los regímenes populistas o nacionalistas "con cierto respaldo de masas" que habían acompañado los procesos de sustitución de importaciones y se plasma en la "aparición generalizada de dictaduras militares o la instauración degradante de democracias tan formales y vacías como autoritarias". En ese marco podría comprenderse el impacto de la revolución cubana, cuyos primeros logros son muy rápidos y se difunden masivamente. Esto generaría un gran auge en las expectativas de cambio, tanto de la clase media como de los trabajadores, campesinos y pobres urbanos.

Sin embargo, también daría lugar a un "mito cegador" que afecta negativamente los modelos de acción política de la región.3 En palabras de Wright (2000: 74, 76, 189): "[o]ne is led to wonder whether an accurate recounting of the Cuban insurrection might have inspired some successes during the height of the revolutionary impulse of the 1960's, where the presentation of the official version as a model led to the failure."4

Siguiendo con las periodizaciones, la experiencia foquista daría lugar a un proceso de "aprendizaje" (Castañeda, 1993:106) derivado de "las derrotas de […] los años sesenta" (Pereyra, 2000:38) y de la autocrítica de la "desviación militarista" y del descuido del trabajo de masas (Gaspar, 1997: 12, 13)

Más allá de algunas diferencias, los análisis coinciden en dar al pasaje de una fase a otra un sentido de progreso que se plasmaría en un creciente éxito, en el sentido de lograr mayor desarrollo en términos de poder militar y peso político, de las organizaciones armadas a medida que abandonan el foquismo. Como muestra el cuadro N° 1 el punto de llegada de este progreso sería la fase de las organizaciones político-militares (OPM), cuya caracterización es una contratara simétrica del foquismo.5

Nuevamente, a pesar del énfasis en las ideas, no nos encontramos con una historia o análisis en profundidad de las mismas, sino con una caracterización descriptiva del tipo de organizaciones que las adoptarían. En este caso, el desplazamiento de la experiencia cubana por la china y la vietnamita, plasmado en la adopción de la estrategia de guerra popular prolongada (GPP) habría llevado a priorizar la ampliación de la base social y política de sustentación, logrando evitar el militarismo y el aislamiento propios del foquismo y alcanzar mayor peso político en los procesos políticos nacionales.

Concretamente, las OPM se caracterizarían por impulsar la creación de frentes populares, incorporar a la estrategia propiamente militar o armada la insurrección, la huelga general y la autodefensa, buscar la unidad o la coordinación entre las fuerzas guerrilleras, adoptar una política amplia de alianzas, tanto de fuerzas revolucionarias como democráticas, así como por intentar articular redes internacionales (Pereyra, 2000:39-40; Castañeda, 1993: 121-122)

Todo esto habría estimulado un mayor "pluralismo" ideológico, la adopción de programas centrados en las reivindicaciones democráticas, así como un proceso de "latinoamericanización", por el cual las OPM se asumirían como "parte de una historia nacional" e incorporarían sus tradiciones y símbolos, superando un inicial "dogmatismo" ideológico (Gaspar, 1997: 20; Castañeda, 1993: 121-122)

PERÍODOS Y CASOS: DISCUTIENDO LA TIPOLOGÍA

Como se mencionó al inicio, uno de los problemas de esta interpretación es la debilidad de base empírica. Como muestra el cuadro N° 2, los trabajos que presentan casos como respaldo de sus periodizaciones (Lowy, 1982; Castañeda, 1993; Gaspar, 1997; Wright, 2000; Pereyra, 2000) no lo hacen para todas las fases y los casos mencionados no siempre coinciden.

En su caracterización de las primeras fases, Castañeda (1993) y Pereyra (2000) no hacen mención a ningún caso. Los restantes autores sólo coinciden en Venezuela y a Guatemala en la fase foquista y Argentina y Uruguay para la fase urbana (difiriendo además en las organizaciones identificadas en cada país). Por último, mientras Wright (2000) no hace referencia a casos en la fase de las OPM, el resto sólo coincide en dos casos: Nicaragua y El Salvador.

Cuadro N° 2: Casos analizados por los trabajos generales

Estas escasas referencias contrastan con el amplio universo de casos analizado en el Cuadro N° 3, elaborado a partir de la información provista por los trabajos de Pereyra (2000) y W. Crowley (1992), así como algunos trabajos específicos (sobre regiones o casos). En algunos casos, dada la existencia simultánea o la continuidad temporal entre organizaciones, simplemente identificamos el país y el período en el cual hubo organizaciones activas. En otros casos individualizamos una única organización, por ser claramente preponderante. Los colores indican una estimación de las variaciones en el nivel de desarrollo alcanzado (guiones, mera supervivencia; bajo, gris claro; intermedio, gris oscuro; alto, negro) En muchos casos se indica que el final de las trayectorias dio paso a una negociación (N) y a la incorporación de las organizaciones en fuerzas políticas electorales o que existe una continuada actividad hasta hoy (C). En dos casos, señalamos el advenimiento de una revolución triunfante (R)

Cuadro N° 3: Universo de casos

A pesar de su carácter estimativo y limitado, este análisis permite visualizar las tres grandes oleadas en el desarrollo de las organizaciones identificadas en las periodizaciones: 1) primera mitad de los 60s; 2) segunda mitad de los 60s y primera de los 70s; 3) de la segunda mitad de los 70s a mediados de los 90s. Sin embargo, en la medida en que se incorpora al análisis un universo más amplio de casos, se hace difícil asimilar fases y tipos de organización.

Sin embargo, no hay correspondencia entre estas oleadas y determinado tipo de organización. Por una parte, no hay un tipo fallido que se perfecciona progresivamente a lo largo de las fases. Algunas organizaciones experimentan un considerable desarrollo desde su origen (FALN venezolanas o FAR guatemaltecas); otras, pocos años después de su nacimiento (en general, las del Cono Sur); otras luego de un largo período de mera supervivencia (colombianas, nicaragüenses); otras, nunca (mexicanas y brasileras). Entre las que logran cierto desarrollo en algún punto de su trayectoria, este conduce al éxito sólo en los casos cubano y nicaragüense. En otros casos, las organizaciones experimentan períodos de declive que generalmente son seguidos de desaparición (caso venezolano y cono sur en general), transformación y posterior resurgimiento (guatemalteco) o abandono negociado de las armas y transformación, con diversa suerte, en fuerzas políticas legales (parte de las colombianas, guatemaltecas y salvadoreñas)

A la vez, en cada fase encontramos organizaciones con diferentes niveles de desarrollo. En la primera mitad de los 60s dos organizaciones surgen e inmediatamente experimentan un fuerte desarrollo, para luego desaparecer o quedan latentes (venezolanas y guatemaltecas entre 1961 y 1965); cinco organizaciones surgen y se limitan a sobrevivir (Uruguay, Brasil, Colombia, Nicaragua y México) y tres apenas sobreviven a su nacimiento (Argentina, Perú y Paraguay). En la segunda mitad de los 60s y primera mitad de los 70s tres organizaciones surgen y alcanzan un desarrollo importante en pocos años, siendo luego derrotadas (Chile entre 1967 y 1974; Uruguay entre 1968 y 1972 y Argentina entre 1970 y 1976), dos tienen un desarrollo efímero (Bolivia y República Dominicana), y seis subsisten sin alcanzar demasiado crecimiento. De estas últimas, sólo una surge en estos años (El Salvador). De las que vienen del período previo, tres atraviesan todo la fase (Guatemala, Colombia y Nicaragua) y dos son derrotadas y desaparecen (México y Brasil). En la segunda mitad de los 70s, cuatro organizaciones preexistentes experimentan una fase de gran desarrollo (salvadoreñas desde 1974, colombianas desde 1976, guatemaltecas y nicaragüeñas a partir de 1977). Una de ellas toma el poder, dos se desarman y transforman en fuerzas políticas y una sobrevive conservando gran fuerza. Otras cuatro organizaciones nacen en estos años, dos de ellas no logran demasiado desarrollo y terminan desarmándose (Chile y Ecuador) y dos experimentan un gran desarrollo, siendo una derrotada militarmente (Perú) y otra negociando casi inmediatamente una suspensión de la acción armada (México)

Los tipos de organización que coexisten en cada fase no sólo tienen diferentes niveles de desarrollo, sino que también difieren en otros aspectos, aquellos que las periodizaciones asocian a las ideas. Respecto de las experiencias de los años 60s, ciertamente algunas se aproximan más que otras a la caracterización del foco. Es el caso del Ejército Guerrillero del Pueblo (Argentina), y los Ejércitos de Liberación Nacional, impulsados por Guevara y Peredo en Bolivia y por Béjar en Perú. Son pequeños grupos clandestinos, con bases urbanas débiles o inexistentes, poco o ningún vínculo con las fuerzas o tradiciones políticas preexistentes, escaso o nulo trabajo político entre el campesinado. Tienen además una existencia efímera sufriendo una rápida derrota militar. Sin embargo, otras experiencias del mismo período, a pesar de ser igualmente débiles, presentan rasgos poco asimilables al modelo foquista. Los Uturuncos (Argentina), el Movimiento de Izquierda Revolucionario (Perú), el Movimiento 14 de Mayo y el Frente Unido de Liberación Nacional (Paraguay) son casos en los cuales encontramos características que contradicen ese modelo: no son exclusivamente rurales y/o poseen redes de apoyo desarrolladas, no son inmediata y fácilmente reprimidos, sus reivindicaciones son de carácter antiimperialista y democrático antes que revolucionarias en un sentido marxista tradicional y su origen esta vinculado a fuerzas y/o tradiciones políticas preexistentes.

Como destacan los trabajos de Salas (2003) sobre Uturuncos y de Rénique (s/f) sobre el MIR, se trata de grupos radicalizados, originalmente ligados a movimientos populistas proscritos (peronismo y aprismo), que actúan en el contexto de democracias limitadas. En el caso de los Uturuncos, su origen se enmarca en la llamada "resistencia peronista" y las acciones de sabotaje y atentados que la caracterizaron. En el caso del MIR, Rénique (s/f) señala que es indisociable de las experiencias insurrecciónales del aprismo en el período de ilegalidad.6

Respecto de los grupos paraguayos, siguiendo a Pereyra (2000), se originan en el rechazo a la dictadura de Stroessner. FULNA es una iniciativa del PC cuyos comunicados aclaran el carácter democrático y no revolucionario de las reivindicaciones.

Esta lista de casos, si bien alcanza para evidenciar la inadecuación de una caracterización general basada en la idea del foquismo, es sumamente parcial. Como señala Wickham-Crowley (1992) las guerrillas más débiles son también las menos conocidas, precisamente por su carácter efímero y su escasa repercusión.

Una vía alternativa para discutir la pertinencia de las periodizaciones es el análisis de Child (1995) de la difusión del foquismo como fruto de las cambiantes exigencias de la acción política en el marco de los primeros años de la revolución cubana. Mientras en los discursos iniciales aparecerían claramente la participación urbana y obrera así como el carácter antidictatorial de la revolución, a partir de 1960 podría observarse una progresiva "serranización" de la experiencia revolucionaria. El primer indicio aparecería en la difusión de "Guerra de guerrillas", simultánea a la sanción de la Ley de Reforma Agraria y el avance de los sectores "fidelistas" sobre las posiciones relevantes de poder. De todas formas, en ese escrito aún están ausentes las posteriores recomendaciones de ruptura de vínculos con la ciudad fundadas en consideraciones de seguridad, y hay una clara advertencia respecto de la limitada aplicabilidad de esta estrategia, que debe evitarse en contextos que no sean claramente dictatoriales.

La 'teoría del foco' comenzaría a tomar forma a partir de la necesidad del "fidelismo" de contrabalancear el creciente poder del Partido Socialista Popular (PSP) en el gobierno y en el marco del "Gran debate" sobre la industrialización, que opone entre 1962 y 1965 a Guevara y su defensa de los incentivos morales frente a los incentivos materiales propuestos por el PSP.

En la Segunda Declaración de La Habana (1962) y "Cuba: excepción o vanguardia…" (1961) el carácter socialista de la revolución y la crítica a la tesis de la revolución por etapas pasan a primer plano. En 1963, mientras las guerrillas venezolanas se enfrentan al régimen democráticamente electo de Betancourt, Guevara comienza a predicar la universalidad del modelo cubano ("Guerra de guerrillas: un método"), reemplazando las advertencias iniciales por la afirmación de que el foco debía "desenmascarar" la naturaleza violenta del régimen capitalista, cualquiera sea su forma política, favoreciendo la polarización social y la agudización de los antagonismos de clase (Wright, 2000: 75)

De todas formas, el modelo del pequeño grupo clandestino, sin vínculos con la sociedad, como motor de la revolución recién aparece formulado con claridad en los escritos de Debray de 1965 y 1967. En este momento el foco adquiere el rol de reemplazar la vanguardia política partidaria y, por cuestiones de seguridad, se enfatiza la conveniencia de romper los lazos entre campo y ciudad. En 1967 este "modelo" ya sistematizado es difundido pública y masivamente enPrimera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) realizada en La Habana.

De todas formas, incluso en este momento de apogeo de 1967, su principal mentor considera necesario advertir contra la adopción de "concepciones que han adquirido fuerza de línea en muchos lugares" y que no siguen la "enseñanza esencial" de la revolución cubana, es decir, la versión plasmada en sus propios trabajos (Debray, 2005:125). De hecho, el apogeo del foquismo es efímero. En 1968 Debray comienza a revisar críticamente sus propias afirmaciones y la propia política exterior cubana comienza a tomar distancia respecto del proyecto continental guevarista.7

Regresando a la diversidad de experiencias dentro de cada fase, mientras los focos fracasaban y otras experiencias apenas lograban sobrevivir, en Venezuela y Guatemala los grupos armados alcanzaban un notable desarrollo. Se trata de organizaciones que tienen poco en común con el foquismo. En el caso venezolano se origina en un proceso simultáneo (no derivado) al cubano, que en su desarrollo combina acciones urbanas, rurales y alzamientos cívico-militares. En el caso guatemalteco, el proceso se inspira claramente en la revolución cubana, pero sus protagonistas son militares nacionalistas y comunistas, y su avance está ligado al proceso de reformas iniciado por Arbenz y liquidado violentamente con ayuda norteamericana.8

En la segunda mitad de los 60s, en el momento en que estas primeras experiencias exitosas iban desgastándose, otras que recién nacían comenzaban a lograr un importante desarrollo en el Cono Sur. Como vimos, es difícil aceptar como rasgo distintivo de las organizaciones de esta fase la crítica al foquismo. En todo caso, la emergencia de las organizaciones del Cono Sur efectivamente coincide con la culminación en el proceso de elaboración del modelo foquista (con la obra de Debray), su promoción por parte de Cuba (OLAS) y su casi inmediata crisis.

En el caso del MIR chileno, Allende (2003) reseña las intensas discusiones iniciales sobre la lucha armada, que se caracterizan por la crítica simultánea al foquismo y al insurreccionalismo. Además, si bien luego de algunas rupturas se adopta el modelo de GPP, de todas formas consideran que su puesta en práctica debía adaptarse (concretamente, posponerse) a las expectativas generadas por el inminente ascenso de Allende.

Respecto de los Tupamaros, Rey Tristán (2006) señala que luego de analizar en profundidad la posibilidad de un foco rural, para 1965 la idea había sido descartada por completo. Se había optado por una reinterpretación de la teoría del foco de acuerdo a la cual si bien el foco podía ser algo físico, también era un "movilizador de conciencias", esencialmente ideológico y propagandístico, para el cual las armas eran un "simple apoyo" para darse a conocer.9

Por último, las guerrillas argentinas no son menos heterodoxas. De acuerdo al análisis de Carnovale (2008) en el PRT-ERP la concepción del proceso revolucionario como GPP convive con una lógica "pragmática de "todo suma", que incorpora también una política de "agitación y propaganda" e identifica los grandes centros fabriles como lugares privilegiados de acción. Los Montoneros, por su parte, representan un caso extremo de heterodoxia ideológica al entroncarse, no sólo discursiva, sino prácticamente, con el movimiento peronista.

Pasando a la tercera fase que se caracterizaría por la aparición de las OPM de la segunda mitad de los 70s y primera de los 80s, encontramos que sólo dos de los casos que alcanzan un desarrollo importante (salvadoreño y guatemalteco) podrían asimilarse a ese modelo, siendo bastante inadecuado para las organizaciones colombianas o el FSLN10.

En el caso nicaragüense, las tres tendencias en que se escinde el Frente Sandinista de Liberación Nacional hacia 1975, reflejan las diversas vertientes ideológicas existentes, así como la estrecha relación entre estas definiciones y el análisis que cada grupo hace de los acontecimientos del momento. El debate que culmina en la separación se había iniciado a partir de la crítica a algunas acciones espectaculares de fines del '74, consideradas por algunos sectores como aventurerismo por el alto costo que habían tenido, al atraer a la represión. Rechazando estas criticas, nace la "tendencia insurreccionalista" (TI), que planteaba la necesidad de impulsar acciones audaces y de forjar alianzas amplias, de contenido antidictatorial. La fracción vinculada al grupo originario, partidaria de la GPP, se oponía a las alianzas con sectores burgueses y proponía acumular fuerzas en el campo. Por ultimo, la tendencia conocida como "proletaria" (TP), propiciaba el trabajo urbano, entre obreros y estudiantes, consideraba prioritaria la formación política y teórica de los cuadros; se oponía además a las tesis insurreccionalistas y a la idea de alianza de clases.

También en las cuatro organizaciones más importantes de Colombia prima la heterogeneidad. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) nacen bajo la influencia del PC. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) de una escisión maoísta del PC. El Movimiento Revolucionario 19 de abril (M-19) se origina en una reacción a la derrota electoral que denuncian fraudulenta de un partido identificado como populista (Alianza Nacional Popular). Finalmente, el Ejército Popular de Liberación (EPL) es la única organización propiamente foquista, aunque incorpora trabajo urbano en su desarrollo.

Si bien las organizaciones salvadoreñas y guatemaltecas se acercan más al tipo OPM en especial por su búsqueda de unidad, en otros aspectos presenta rasgos particulares. En El Salvador, la fuerza más importante, Fuerza Popular de Liberación Farabundo Martí (FPL) surge como una disidencia del PC que rechaza tanto las tesis etapistas como las foquistas y plantea una estrategia de GPP. La organización que le sigue en fuerza, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), combina en sus orígenes definiciones teóricas insurreccionalistas con la absoluta prioridad, en la práctica, para la construcción de un ejército guerrillero, ya que consideraban que existía una situación revolucionaria en cuyo marco una fuerza militar poderosa, capaz de desatar un ataque a las fuerzas gubernamentales, recibiría el apoyo de la población.

En Guatemala el fracaso de la experiencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en los 60s es el punto de partida de las estrategias de las organizaciones de los 70s y 80s que culmina con la conformación de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Las dos organizaciones más importantes se caracterizan por una larga fase de trabajo clandestino entre la población indígena. En el caso de Organización del Pueblo en Armas (ORPA), comienza a actuar en 1971 y realiza las primeras declaraciones públicas en 1981; en el caso del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), comienza con su trabajo en el ámbito rural en 1972 y se da a conocer en 1979. Cabe destacar que a pesar de las rupturas con el período previo, en su primera declaración pública, de 1981, el máximo dirigente del EGP, Rolando Morán define a la organización como guevarista (Pereyra, 2000:86). A la vez, tanto en los 60s como en los 80s, una fuerza relevante es el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT, comunista)

En síntesis, este breve análisis permite discutir la imagen de un creciente progreso a lo largo de las fases hacia un tipo de organización exitosa. A la vez, la exclusiva asociación entre ideas y características de las organizaciones simplifica lo que parece ser, mas bien, un constante e intenso debate respecto de la pertinencia de los diversos modelos de lucha armada, en las cuales los modelos cubano y vietnamita conviven con otros que, generalmente, son objeto de procesos de apropiación más que de aplicación mecánica.

Wieviorka (1993:31-33) cuestiona esta concepción, señalando que la misma "sees terrorism, in the final analysis, as a purely ideological phenomenon, as the pursuit or rationales of an idea which, in the end, wholly emancipates its exponent from any relationship to real World."11 Por el contrario, para este autor se trata de analizar el proceso de elaboración ideológica de los agentes sociales y políticos, cuyo fin práctica es organizar, unificar y guiar la acción terrorista. Si bien se trata de un proceso que tiene su punto de partida en determinados modelos ideológicos, lleva a modificarlos de manera sustancial. Su resultado es fruto "simultáneamente, de modelos o matrices que son generalmente sincréticos, y de la elaboración, sobre la base de esos modelos, de la realidad social y política en la que esos actores operan. Esto puede, por supuesto, llevarlos a modificar el modelo original o matriz de numerosas formas" (Wieviorka, 1993: 25-26, 32)

"WINNERS, LOSERS Y ALSORANS": LA PROPUESTA DE W. CROWLEY (1992)

La propuesta de Wickham Crowley (1992:30) se organiza en torno a dos interrogantes: ¿por qué sólo en dos casos las guerrillas lograron tomar el poder?, ¿por qué sólo algunas de las numerosas guerrillas que surgen durante la década del sesenta se transforman en movimientos fuertes? Ambas preguntas también están presentes, aunque de manera implícita, en las periodizaciones. Tal es el sentido del ya mencionado sentido de progreso que dan al pasaje de una fase a otra. De manera similar, Wickham Crowley (1992: 33) coincide con los trabajos ya analizados respecto del surgimiento de las organizaciones armadas, que sería resultado del impacto de la revolución cubana en los intelectuales y partidos de izquierda y centro de la región que, para el autor, fueron literalmente "seized by an idea".12

Sin embargo, respecto de las causas por las cuales sólo determinadas organizaciones adquieren fortaleza Wickham Crowley (1991: 91) rechaza de manera tajante las explicaciones centradas en las ideas de las organizaciones: "[a]ny thesis (…) which focuses exclusively on the actions of the guerrillas themselves is doomed to failure (…). Guerrillas regularly attributed their failures to those of their own ideology (e.g. foquismo) or to lack of 'organizational work'. My analyses […] do not support such theses."13

Sobre la base de conceptos tomados de la teoría de los movimientos sociales (la teoría de la movilización de recursos) identifica las causas del mayor o menor éxito a partir de las características del contexto, analizado a nivel continental, regional, nacional e internacional. El primer nivel es determinante para explicar las dos fases de auge guerrillero en el continente: en los 60s se vincularía a situaciones en las que hay una reimposición de gobiernos no revolucionarios o contrarrevolucionarios; en los 70s obedecería a la persistencia de instituciones políticas excluyentes, en un marco de modernización económico-social. El segundo nivel, regional, sería clave para determinar las posibilidades de acceso al apoyo campesino y, por ende, la adquisición de fuerza militar.Concretamente, el apoyo campesino se explicaría no sólo por la existencia de demandas insatisfechas (ausencia de reformas agrarias) y una historia de rebelión, sino también determinados elementos (sociales, culturales, políticos) que favorecen el acceso de los guerrilleros a los "recursos" del campesinado. La dimensión nacional también sería de gran importancia, ya que contra la difundida hipótesis plasmada en la consigna "pueblo unido jamás será vencido" Wickham Crowley (1992: 314) propone que el apoyo campesino sería un elemento necesario pero no suficiente. El éxito dependería de la existencia de una oposición política fuerte, multiclasista ("cross-class") y de masas que, a su vez, surgiría ante la existencia de un régimen político "patrimonial pretoriano". Estos serían gobiernos personales, no partidarios ni colectivos, que excluyen a la clase alta (y tal vez la atacan) y unas fuerzas armadas que son casi ejércitos privados, que practican una corrupción masiva que enriquece al gobernante y su entorno y atacan violentamente a la oposición. Este tipo de régimen permitiría el surgimiento de una oposición masiva ya que la naturaleza personal del régimen facilitaría la identificación de un enemigo común así como la emergencia de un imaginario democrático, constitucionalista y antidictatorial que uniría a radicales y moderados.14

A pesar de que este modelo, centrado en la identificación de un conjunto de variables para lograr un análisis explicativo, supera en complejidad y plantea varias ventajas respecto de las periodizaciones, la total irrelevancia atribuida no sólo a la ideología, sino a la misma voluntad o intencionalidad de los actores es problemática. Para el autor, si bien las organizaciones deben tener determinadas características y adoptar ciertas estrategias para lograr el éxito, esto dependería de factores externos a ellas mismas. Así, de acuerdo a su análisis, es el surgimiento de una oposición masiva lo que impulsaría a los revolucionarios hacia un discurso moderado, centrado en elementos constitucionales, democráticos y electorales, asegurándose su acceso a los medios masivos de comunicación y accediendo al liderazgo del conjunto de fuerzas opositoras. En sus palabras: "[T]he alliance itself urged the radical 'revolutionary' opposition to moderate its ideological appeals. (…) Extreme radicalism can almost never persist without extreme social isolation to support it." (Wickham Crowley, 1992: 184)15

Este análisis se enmarca claramente en una concepción particular y discutible de los procesos revolucionarios. De acuerdo a Raj y Eckstein (1990:455-456) se trata de una visión que concibe a las revoluciones como fenómenos que escapan al control humano, análogos a las catástrofes naturales. Para los autores esto supone eliminar el espacio de maniobra política de quienes desean un nuevo orden social, ignorando totalmente el desarrollo del cálculo y la estrategia revolucionaria. Además de sus claras implicancias político-ideológicas, esta postura podría justificarse empíricamente en el caso francés y, en menor medida, el ruso, pero distorsiona completamente los procesos chino y vietnamita.

Por otra parte, como ya se ha mencionado, a pesar de su sólida base empírica el libro propone un recorte problemático al excluir a las guerrillas urbanas. Para W. Crowley (1992) estas no pueden incluirse en la categoría de guerrillas ya que "sus métodos suponen la muerte o daño a ciudadanos ordinarios, no combatientes". En otro artículo el mismo autor explica la omisión por la imposibilidad de triunfo, ya que las revueltas exclusivamente urbanas habrían sido sistemáticamente reprimidas desde el poder (W. Crowley, 1989:170). Estos diferentes argumentos evidencian el carácter problemático de un recorte que lo lleva a obviar el análisis de organizaciones como Tupamaros, Montoneros y ERP, que en su propia clasificación incluye entre los "also rans" (Wickham Crowley, 1992: 312)

EXPLICACIONES DOMINANTES Y ALTERNATIVAS PROMETEDORES

Más allá de las deficiencias empíricas, las dificultades para lograr marco general que permita pensar los abundantes estudios de caso puede atribuirse a dos concepciones casi opuestas entre sí aunque igualmente problemáticas del fenómeno de las organizaciones armadas.

Una se origina en la visión de los procesos revolucionarios como fenómenos que escapan al control humano, análogos a las catástrofes naturales. Otra considera la violencia política como un fenómeno puramente ideológico, suponiendo la existencia de una racionalidad o idea que emancipa a sus exponentes de toda relación con el mundo real. Mientras la primera deja de lado la efectiva intervención de la voluntad humana, la segunda, el trabajo de articulación política que toda organización realiza de los postulados ideológicos con que identifica sus fines.

En el plano de las explicaciones se centran, alternativamente, en el contexto o en las ideologías de las organizaciones. Para las periodizaciones las ideas explican las prácticas y estas, a su vez, los resultados. Para W. Crowley (1992), en cambio, tanto las prácticas como los resultados dependen exclusivamente del contexto.

Sin embargo, ambos enfoques analizan la acción de las organizaciones armadas en términos de su éxito/fracaso, es decir de los resultados de sus acciones e identifican dos grandes modelos antitéticos asociados a ese resultado, foquista y OPM. Subyace a estas paradójicas coincidencias un común relevamiento de la incidencia de las prácticas de los hombres y mujeres que conforman las organizaciones, ya sea elaborando ideas o actuando sobre el contexto.

En síntesis, ambas concepciones llevan a una caracterización dicotómica y estática de las organizaciones, afirmando implícitamente la existencia de un modelo de organización universalmente adecuado cuya adopción sería, por ende, requisito y garantía de éxito. Esta tesis ha sido discutida por McClintock (1998:45,46) a partir de un análisis comparativo del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y de Sendero Luminoso. El FMLN puede ser considerado pragmático, abierto al debate, y esta atravesado por divisiones y conflictos internos. Sendero, en cambio suele caracterizarse por ser fundamentalista, inflexible, dogmático y autoritario. Sin embargo, ambas organizaciones alcanzan niveles comparables de desarrollo.

Este hallazgo empírico no lleva a la autora rechazar la relevancia de las organizaciones en los procesos revolucionarios, ni a rastrear matrices ideológicas diferenciadas, sino a cuestionar la idea de que habría una organización ideal, universalmente adecuada. Su crítica apunta tanto a las interpretaciones de los procesos revolucionarios dominantes desde los 60s/70s que subestiman el rol de las organizaciones revolucionarias (W. Crowley), como lo que denomina interpretaciones voluntaristas (las periodizaciones). Para McClintock (1998:34,16) las organizaciones son relevantes y su grado de desarrollo no depende de su adecuación a algún modelo ideal sino al contexto específico en qué actúa.

En este sentido, cabe mencionar brevemente algunos trabajos que si bien no se proponen plantear generalizaciones logran esbozar una interesante concepción alternativa. Los trabajos de Pizarro (1991), McClintock (1998) y Martín Alvarez (2006) coinciden en un enfoque que busca articular ideas o modelos (en general, la acción humana) y contexto (las estructuras en las que se produce la acción) a partir de su incidencia en las dinámicas organizativas.

Un primer acercamiento a esta perspectiva puede encontrarse en Pizarro (1991), que propone una "tipología de los grupos guerrilleros" construida a partir de la idea weberiana de tipo ideal y conceptos afines a los de W. Crowley. Pizarro (1991) define así una organización ideal que se caracterizaría por poseer un amplio margen de legitimidad social, un aparato militar que haya hecho el tránsito de guerrilla a ejército regular, y por haber logrado encuadrar a amplios sectores de la población. Sobre esta base, el autor formula un modelo bastante complejo de criterios para clasificar las organizaciones armadas entre los cuales da gran importancia a los que le permiten conceptualizar lo que generalmente se resume como la ideología de una organización. Por una parte estarían las "ideas fundacionales", plasmadas en los manifiestos, congresos y debates que dieron origen al grupo y que conservarían una "influencia material" sobre las orientaciones de la guerrilla. Por otra parte, el "proyecto ético-político", es decir aquello que se define como fines últimos a alcanzar a partir de la acción, que forman parte de las modalidades de legitimación. A su vez, dentro de estas modalidades de legitimación debe diferenciarse entre la legitimación "discursiva", basada en esos objetivos últimos del grupo, y la legitimación "empírica", relacionada específicamente a los intereses particulares de los sectores que presenta o dice representar el grupo guerrillero.

Pasando a McClintock (1998), como ya se ha mencionado, la autora cuestiona la correlación entre determinadas ideologías y grado de desarrollo. En este sentido, la autora discute la idea de "modelo ideal" que, a pesar de la complejidad de su tipología, sigue siendo la base del trabajo de Pizarro (1991). McClintock (1998:16) considera que si bien es imprescindible la existencia de un partido combativo que pueda "hacer eficiente el fervor", no existiría un "set" de criterios que puedan ser determinados a priori por los cientistas sociales para identificar un tipo de organización revolucionaria universalmente "efectiva". En términos de la autora, el trabajo de las organizaciones sería precisamente hallar una fórmula específica adecuada a un momento y lugar determinados. En cada caso deben identificar donde es posible ganar adherentes, movilizar y retener miembros, identificar amigos y enemigos, y elaborar un plan factible para llegar al poder (McClintock, 1998:34)

Por último, Martín Álvarez (2006) avanza sobre las condiciones que favorecen o dificultan las posibilidades de una organización para hacer ese trabajo. El autor construye una perspectiva integradora cuyo eje es la necesidad de pensar la relación entre la organización y el ambiente como inter-relación. Propone que la capacidad de adaptación a un ambiente siempre cambiante dependería de procesos internos que modifican su carácter exclusivo o inclusivo, caracterización que el autor recrea a partir de conceptos de Zald y Ash (1966). Las organizaciones exclusivas tienden a aislarse del medio que las rodea, desarrollan una construcción de la realidad propia, mediada por el discurso de los miembros fundadores, que con el tiempo se transforma en el ideario de la organización. Sus líderes movilizan a los miembros de la organización mediante la constante reafirmación de los objetivos y valores de la organización, así como de su singularidad ideológica. En el polo opuesto, las organizaciones inclusivas tienen requisitos de ingreso mínimos, son permeables a las influencias externas, sus líderes desarrollan preferentemente funciones articuladoras, tácticas de compromiso y de conexión con la sociedad (Martín Álvarez, 2006: 238-239, 262)

Más importante aún, el autor analiza los factores que llevan a una organización hacia uno u otro polo. Advierte al respecto que para las organizaciones armadas los desafíos ambientales claves son aquellos relacionados con el apoyo de la población y la presión/erosión que ejerce la necesidad de adecuación al contexto sobre la cohesión interna de la organización (Martín Álvarez, 2006:50-51).16 Por esto, uno de los principales factores sería la represión, que refuerza el carácter "excluyente" por la necesidad de "secretismo, eficacia y disciplina", así como a la reducción de los ámbitos de reclutamiento a redes de confianza razonablemente fuertes (Martín Álvarez, 2006: 239-240). Esto contribuiría también a reforzar la centralización del control de los recursos básicos: la información (a causa de la compartimentación), la definición de la ortodoxia (y por ende la capacidad para identificar las "desviaciones" y la línea política de la organización), y el reclutamiento. Así, en las estructuras piramidales, el análisis político, la decisión táctica, la elaboración de la propaganda y el control del reclutamiento, recaen sobre el vértice (Martín Álvarez, 2006:241-243. Cabe destacar, por último, que estas consideraciones permiten identificar una diferencia clave entre las guerrillas urbanas y rurales, tema frecuentemente discutido y que a veces lleva, como en Wickham Crowley (1992), a dejar de lado el análisis de las experiencias urbanas sin demasiado fundamento. La importancia de la represión y del nivel de clandestinidad de las organizaciones para explicar su carácter inclusivo o exclusivo, da particular relevancia a la existencia de zonas seguras, inseparables del control territorial de áreas rurales. En estas zonas los requisitos de seguridad son muchísimo menores que en las ciudades y esto cumple un papel central en la explicación de las transformaciones a través de una estructura interna más democrática.

Notas

1. La consecuente dispersión que caracteriza al campo temático se percibe claramente en la falta precisión y acuerdo conceptual. Por mencionar sólo las denominaciones más usuales, pueden encontrarse referencias a la guerra (popular, irregular, interna), la guerrilla (urbana, rural, revolucionaria), la subversión, la insurgencia, el terrorismo o los movimientos (de resistencia, sociales). Para un análisis de estos problemas, ver Rey Tristán (2006). En nuestro caso, elegimos la denominación "organizaciones armadas revolucionarias latinoamericanas" (en adelante, organizaciones armadas) dado que permite excluir otras formas de violencia política (fundamentalmente no organizada, reactiva y no revolucionaria, etc.) e incluir las diversas vertientes del fenómeno estudiado a lo largo de(en especial, tanto urbana como rural).

2. Esto implica que hemos dejado de lado las obras, tal vez más conocidas, pero que datan de los 70s, como Gott (1971), Fals Borda (1974), Ratliff (1976) o Laqueur (1977).

3. Cabe destacar que ningún autor atribuye esta influencia a la política exterior cubana. La excepción parcial es Castañeda (1993: 87-88), quien afirma que si bien "el catalizador cubano no era más que eso: un factor que contribuía a que otros procesos más profundos ya en marcha maduraran y se trascendieran a si mismos", el caso mexicano demostraría que "cuando los cubanos permanecieron verdaderamente al margen (...) [e]l movimiento guerrillero (...) nunca despegó".

4. "Cabe preguntarse si un relato más preciso de la insurrección cubana podría haber inspirado algunos éxitos durante el pico del impulso revolucionario de la década de 1960, cuando la presentación de la versión oficial como modelo llevó al fracaso." (traducción propia).

5. Respecto de las diferencias, si dejamos de lado a R. Elizondo (1990) que reduce su análisis al foquismo, el único desacuerdo en las periodizaciones propuestas aparecería en la fase urbana. Castañeda (1993) la fusiona con la fase foquista, Wright (2000) con la de OPM. En todo caso, para ambos se trata de una fase transicional: Castañeda (1993) destaca lo que aún queda de la fase anterior, Wright (2000) lo que adquiere de la fase siguiente, ambos destacan el carácter parcial del abandono del foquismo

6. Rénique (s/f) destaca que hasta último momento, el líder del MIR, De la Puente, habría rechazado la idea del foco guevarista, considerando que la crisis del APRA, atrapado en su pacto con la oligarquía, permitiría un movimiento más amplio, movilizando a miles de jóvenes y trabajadores. El problema sería que esta evolución no se produce y, llegado al punto crítico, De la Puente termina acordando con el Che un diseño táctico basado en varios núcleos guerrilleros apoyados por un "mínimo de partido".

7. Las primeras críticas de Debray aparecerían en una carta escrita a Leo Huberman y Paul Sweezy, publicadas en Monthly Review en febrero de 1969 (Ratccliff, 1986:36). El giro de la política exterior cubana obedecería al acercamiento a la URSS, que comienza en agosto de 1968 cuando Fidel Castro aprueba, aunque críticamente, la invasión de Checoslovaquia, señalando que "anything that begins to receive the praise, support or enthusiastic applause of the imperialist press naturally begins to arouse our suspiccions." (cualquier cosa que reciba la alabanza, apoyo o aplauso entusiasta de la prensa imperialista despierta nuestras sospechas). Declaraciones publicadas por Granma el 20 de agosto de 1967. Cit. en Ratliff (1976:45)

8. Además de Pereyra (2000), quien analiza en profundidad el caso es Gilly (1986)

9. Es interesante también el hallazgo de Rey (2006:172) respecto de las fuentes a partir de las cuales los tupamaros elaboran su estrategia de guerrilla urbana: Rebelión en tierra santa de M. Begin, 150 preguntas a un guerrillero del General Bayo (instructor militar del M 26 cubano), y el reglamento para la lucha urbana del ejército norteamericano. Contra lo esperado, el Minimanual de guerrilla urbana de Marighela no parece haber sido importante.

10. Para el análisis de estos casos seguimos a W. Crowley (1992) y Pereyra (2000)

11. Se trata de una concepción que "en definitiva, ve al terrorismo como un fenómeno puramente ideológico, como el fin o racionalidad de una idea que, en última instancia, emancipa totalmente a su exponente de toda relación con el mundo real".

12. Literalmente "capturados por una idea".

13. "[T]oda tesis (...) centrada exclusivamente en las acciones de la guerrilla está condenada al fracaso (...). Las guerrillas habitualmente atribuyen sus fracasos a los de su propia ideología (por ejemplo, el foquismo) o a la falta de 'trabajo de organización'. Mi análisis (...) no sustenta tales tesis."

14. Respecto del contexto internacional el autor polemiza con las tesis que enfatizan el papel de Cuba y los Estados Unidos como determinantes del éxito y/o fracaso de las guerrillas, subordinando dicha intervención a las situaciones políticas internas. Es cuando surgen movimientos opositores multiclasistas, que cuentan además con acceso a los medios de comunicación para la difusión de sus mensajes moderados, centrados en reivindicaciones democráticas, que se produciría una modificación en la disposición de los gobiernos norteamericanos para seguir sosteniendo dictaduras. Así, el cambio en la política del gobierno norteamericano se derivaría del cambio en la escena política en los propios países (Wickham Crowley, 1992: 324-325)

15. "La alianza en sí misma insta a los opositores radicales 'revolucionarios' a moderar sus llamamientos ideológicos. (...) El radicalismo extremo, casi nunca puede persistir sin un aislamiento social extremo que lo sustente."

16. Esta idea destaca uno de los rasgos claves de las guerrillas revolucionarias: la importancia del apoyo popular. Es interesante la forma en que Wickham Crowley (1992: 2, 3) utiliza esto para definir la especificidad de las guerrillas latinoamericanas. Señala que la guerra de guerrillas se define mejor en términos estrictamente militares que sociales o políticos y su existencia puede remontarse muy atrás en el tiempo, ya que se trató de un recurso habitual en situaciones de debilidad militar relativa. La verdadera innovación del siglo XX es su utilización en guerras internas y no contra un enemigo extranjero. Este rasgo específico hace particularmente relevante para su éxito el apoyo popular. Desde que el enemigo ya no es un "foregin devil" la alianza con el pueblo no esta garantizada.

OBRAS CITADAS 

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