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Revista Pilquen

On-line version ISSN 1851-3123

Rev. Pilquen  no.14 Viedma Jan./June 2011

 

ARTÍCULO

El estado interventor y el "control social". El caso de la liga patriótica argentina (1930-1943)

 

Luis Ernesto Blacha
luisblacha@gmail.com
CONICET; Centro de Estudios de la Argentina Rural - Universidad Nacional de Quilmes

Recibido: 17/08/11
Aceptado:
30/09/11

 


Resumen
El golpe de Estado de septiembre de 1930 supone una ruptura en la evolución de los procesos de psico y sociogénesis tendientes a sostener una actividad política democrática y moderna en la Argentina. Se trastoca la relación gobernantes- gobernados, potenciando la intervención estatal en la sociedad ante el debilitamiento de los espacios formales de "lo político". La Liga Patriótica Argentina, creada en 1919 bajo el lema "Orden y Patria", es una institución paraestatal que actúa como un canal de encausamiento de la relación gobernantes–gobernados. También permite la selección y cooptación de nuevos miembros a la clase política. Es un espacio de difusión de las nuevas ideas intervencionistas desde la minoría gobernante al resto de la sociedad. El objetivo propuesto es caracterizar e interpretar -desde la sociología política- similitudes y diferencias entre la labor realizada por la Liga Patriótica Argentina y las medidas adoptadas por el Estado interventor que merecieran, por separado, la atención de la historiografía. Las nuevas acciones sociales entre gobernantes-gobernados y los originales contextos donde ocurren, posibilitan el surgimiento de nuevas "tecnologías sociales" que son implementadas desde el Estado y desde esta institución nacionalista que antecede y trasciende el quiebre institucional de 1930.

Palabras clave: Poder; Intervencionismo; Nacionalismo; Estado.

State controller and the "social control". The case of the argentine patriot league (1930-1943)

Abstract
The coup d'état of September 1930 marks a break in the evolution of psycho and sociogenesis processes aimed at keeping a modern and democratic political activity in Argentina. It reverses the ruling-ruled relationship, strengthening state intervention in society to the weakening of the formal spaces of the "political." The Argentine PatriotLeague, founded in 1919 under the motto "Order and Fatherland" is a parastatal institution that acts as a channel of prosecution of the ruling-ruled relationship. It also allows the selection and cooptation of new members to the political class. It is a channel of diffusion of new interventionist ideas from the ruling minority to the rest of society. The proposed objective is to characterize and interpret, from a political sociology, similarities and differences between the work of the Argentine Patriotic League and the measures taken by the State Auditor that separately deserve , the attention of the historiography. The new social actions between ruling-ruled and the original contexts where they occur, allow the emergence of new "social technologies" being implemented from the State and from this nationalist institution that precede and go beyond the institutional breakdown of 1930.

Key words: Power; Interventionism; Nationalism; State.


 

INTRODUCCIÓN

El golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 supone una ruptura en la evolución de los procesos de psico y sociogénesis (Norbert Elias) que venían desarrollándose en la Argentina, tendientes a sostener una actividad política democrática y moderna. La relación entre gobernantes y gobernados se trastoca y se potencia la intervención del Estado en la sociedad ante el debilitamiento de los canales formales por los cuales se desplazaban las acciones relacionadas con "lo político".

La clase política1, una vez en el poder, pone en funcionamiento nuevos vínculos con ciertos sectores sociales a través del intervencionismo estatal. También promueve renovadas acciones recíprocas y fidelizaciones a través de medios no estatales, que sirven como fundamento a la fórmula política de la minoría que controla el aparato burocrático del Estado. En estos contextos de interacción social entre quienes gobiernan y son gobernados merece destacarse la función que cumplirá una corporación nacionalista doctrinaria y de elite: la Liga Patriótica Argentina, creada en 1919 como consecuencia de los sucesos de la llamada "Semana Trágica" en Buenos Aires; bajo el lema de "Orden y Patria", presidida por el nacionalista rosarino y profesor de la Escuela Superior de Guerra y del colegio Militar, Manuel Carlés (1872-1946)

La Liga Patriótica Argentina es una institución paraestatal que actúa como un canal de encausamiento de la relación: gobernantes - gobernados a la vez que permite la selección y cooptación de nuevos miembros al interior de la clase política que en los años 20 están fuera del gobierno -aunque conservan gran parte del poder- y pretenden ejercer el control social. También puede interpretarse como un canal de difusión de las nuevas ideas vinculadas al intervencionismo de Estado, desde la minoría gobernante al resto de la sociedad. La clase política (ver definición en nota 1) promueve una "tecnología" como parte de la organización social que influye en los gobernados y refuerza la situación de privilegio de la minoría que gobierna.

El objetivo de este trabajo es caracterizar e interpretar desde el campo de la sociología política, similitudes y diferencias entre la labor llevada a cabo por una corporación nacionalista de elite como la Liga Patriótica Argentina y las medidas adoptadas por el Estado interventor que merecieran, separadamente, la atención de la historiografía argentina. El período estudiado 1930-1943 supone una restructuración de la actividad política tal como venía desarrollándose hasta el momento. Implica el establecimiento de nuevas acciones sociales entre quienes gobiernan y los gobernados, así como originales canales donde éstas se suceden. Esta renovada forma de tratar "lo social" implicaría propuestas y "tecnologías sociales"2, implementadas tanto desde el Estado como desde esta institución nacionalista que antecede y trasciende el quiebre institucional de 1930.

LA CLASE POLÍTICA Y EL RETORNO AL CONTROL DEL APARATO ESTATAL

En el período histórico estudiado (1930-43) la sociedad debe adaptarse a una situación que no tiene antecedentes en la historia política argentina. El golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 supone, la primera ruptura del orden constitucional en nuestro país. No es objeto de este trabajo realizar un análisis histórico, sino destacar cierta incertidumbre interna en los individuos que tuvieron posiciones claves de decisión, en esos tiempos. Muchos de ellos se conformaron con ser actores secundarios, otros observadores y, algunos pocos, ocuparon el escenario como actores principales en una realidad política nueva, cambiante y compleja.

En esta relación entre el conocimiento social y su influencia en las formas en que los actores ven el mundo, merece destacarse que el ser humano es el único ser viviente que sabe que conoce. El hombre piensa, pero a la vez su pensamiento es conciente de esa misma actividad reflexiva. La reflexividad es, sencillamente, el acto por el cual los hombres son concientes de que piensan sus acciones, permitiéndoles adaptarse más rápidamente al contexto que les toca vivir. Pueden modificar su accionar mientras lo llevan a cabo y, especialmente en el largo plazo, logran incorporar pensamientos anteriores que ellos mismos tuvieron, cuando realizaron acciones similares en el pasado. La reflexividad es una influencia más del contexto sobre el individuo y se encuentra en él mismo (Giddens; 1998)

La "configuración" -por su parte- es un "sistema de interacciones"(Heinich; 1999:102) Las mismas, están "prácticamente siempre en movimiento, ya que son, pues, procesos"(Elias; 2002:99) Permiten escapar al dualismo sujeto/objeto, que según Norbert Elias, impide un pensamiento claro sobre la realidad social, ya que sujeto y objeto se influencian mutuamente, modificándose y variando constantemente. También brindan un carácter dinámico del modo en que se piensa la sociedad, entendida como un proceso en permanente construcción. Este concepto es el trasfondo de otros que se ponderan en esta presentación.

Georg Simmel entiende que la socialización sólo se presenta cuando la coexistencia de los individuos adopta determinadas formas de colaboración y cooperación que se enmarcan dentro de acciones de corte recíproco y promueven la fidelización. La socialización es "la forma de diversas maneras realizada, en la que los individuos, sobre la base de sus intereses sensuales o ideales, momentáneos o duraderos, conscientes o inconscientes, que impulsan causalmente o inducen teleológicamente, constituyen una unidad dentro de la cual se realizan aquellos intereses"(Goldberg; 2000:56)

Las acciones son, para Simmel, sociales e individuales a la vez, porque "la sociedad existe allí donde varios individuos entran en acción recíproca" (Simmel; 2002:94); la cual se produce siempre por determinados fines o instintos. En las sociedades modernas, las acciones recíprocas se dan como asociaciones, presuponiendo socializaciones previas y fidelizaciones pretéritas, presentes y futuras. Existe una internalización de valores sociales comunes por parte de los individuos, los cuales están íntimamente relacionados con el conjunto de interacciones sociales. El espacio de la sociabilidad es restringido, dando preeminencia a relaciones intersubjetivas, que "no vinculan "interioridades", sino por sobre todo sus instancias exteriores e indiferenciadas" (Salzman; 2000:88), que permiten la organización.

Los miembros de la minoría gobernante comparten entre sí ciertas pautas de entendimiento comunes, así como maneras de comprender y concebir la realidad, que sirven de base para construir sus interacciones, reduciendo el margen de incertidumbre y brindándoles mayor control sobre sus acciones, dentro de límites esperables. A su vez, el sostén de su posición de privilegio debe relacionar a estos individuos con otros, pertenecientes a grupos sociales diferentes y conformando un contexto de interacción delimitado y determinado.

La clase política no escapa a esta relación entre el individuo y la sociedad. Al aumentar el desarrollo de "lo social", también crece la capacidad del hombre por volverse más autónomo y más complejo. El individuo se vuelve más libre a la vez que más dependiente de sus semejantes. Lo mismo sucede cuando el Estado amplía sus funciones, como sucede en los años 1930 y 1940, al complejizar su estructura, haciendo que sus partes dependan mucho más entre ellas. Tal como sucede cuando se formulan políticas públicas en una determinada dirección y con alcance nacional. Las Juntas Reguladoras de la Producción (desde 1932), el Control de Cambios (1931-33), el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias (1935), el Banco Central de la República Argentina (1935), la Junta Nacional para Combatir la Desocupación (1935), son muestras de la interdependencia e intercambialidad de funciones entre los individuos que conforman la minoría gobernante que a veces acompañan los efectos inmediatos de la crisis, y otras, van a la zaga, cuando esos efectos se superan como resultado de los cambios en el nivel internacional (Girbal-Blacha, 2003:25-53). Se produce una distensión en el control de las fronteras del propio grupo social, lo cual conlleva una mayor internalización de lo valores de la asociación de referencia potenciándose el marco de certezas sobre el cual se insertan las acciones individuales.

La clase política debe ser entendida como una minoría que controla directa o indirectamente al aparato estatal que fundamenta su posición de privilegio en su organización interna y mediante una fórmula política. Los individuos que llevan adelante las acciones intervencionistas, pertenecen al grupo que en 1916 comienzan a perder su capacidad para controlar directamente el aparato estatal. En 1928, con la segunda victoria electoral de Hipólito Yrigoyen, la clase política pierde, también, su posibilidad para influir directamente sobre el Estado y sus políticas. El golpe de Estado de 1930 refleja cómo estos individuos se intentan "adaptar" a la actividad política tal como venía desarrollándose. Ante las certidumbres consolidadas, surgen acciones políticas que desestabilizan las certezas constituidas.

El desarrollo individual y la educación tienden puentes entre los diferentes grupos en los que actúa el sujeto. Este es el primer paso para la fidelización entre los individuos y las asociaciones, entre hombres de diferentes grupos sociales. Sus fueros internos deben corresponderse con la configuración en la cual actúa socialmente. Es la esencia de lo que Norbert Elias denomina psicogénesis.

En su obra El proceso de la civilización, Norbet Elias utiliza los conceptos de psicogénesis y sociogénesis, para explicar el proceso de la civilización. Para el autor este proceso3 resume todo aquello que la sociedad occidental, en los últimos dos o tres siglos, cree llevarle de ventaja al resto de las sociedades. Hace referencia al mismo, como algo que está "siempre en movimiento" (1988:58). Hay dos direcciones principales en los cambios de la estructura social que este proceso trae aparejado: una mayor diferenciación y una máxima integración social. Una tercera dirección se da cuando, a la par, cambia la estructura social.

El proceso civilizatorio se pone y mantiene en movimiento por un cambio de las relaciones humanas en una dirección determinada. Se rige "por leyes propias de la red de individuos humanos interdependientes" (Elias; 1990:58-9). A lo largo de él las coacciones sociales externas se van internalizando, a la par que la satisfacción de las necesidades humanas pasa a realizarse, paulatinamente, "entre los bastidores de la vida social y se carga de sentimientos de vergüenza" (Elias; 1988:449). Crece el control por parte de los hombres, de todo lo considerado como su naturaleza animal. Y aumenta el marco de certeza que los individuos conocen y comparten, sobre el cuál se insertan sus acciones sociales. Estos cambios se observan tanto en el nivel colectivo -la "sociogénesis"- como en el individual -la "psicogénesis"- mientras "cada individuo debe recorrer, por su propia cuenta y de manera abreviada, el proceso de civilización que la sociedad ha recorrido en su conjunto"(Heinich; 1999:12)

La ley fundamental sociogenética refiere que "la historia de una sociedad se refleja en la historia interna de cada individuo" (Heinich; 1999:12). La psicogénesis es un fenómeno "perceptible a escala colectiva" (Heinich; 1999:13) A partir de ella, Elias reconstruye la historia del proceso de civilización europeo. Con el aumento de la interdependencia de actores y la limitación de la violencia física, surge un aparato social en el cual las coacciones que los hombres ejercen unos sobre otros "se transforman en autocoacciones"; en función de una mayor previsión y reflexión permanente por parte del individuo (Elias; 1988:460). Los procesos de psico y sociogénesis están íntimamente relacionados, afectándose mutuamente. En este contexto un grupo organizado como la clase política se vuelve indispensable, en tanto "traductor" de los cambios sociales imperantes. Si bien estos procesos son a largo plazo -en los casos estudiados por Norbert Elias conllevan dos o tres siglos- también se los podría relacionar con el avance hacia una democracia moderna y concreta como la que sucede en la Argentina con la puesta en vigencia de la Ley Sáenz Peña de 1912. Las elecciones de 1916 y el triunfo del radicalismo de la mano de los sectores medios, sin excluir una minoría aristocrática, lo confirman (Rock; 1977). El golpe de Estado de 1930 pareciera marcar un retroceso en ese desarrollo, evidenciando que no hay una línea de corte "evolutivo" con una meta previamente determinada y que los sectores subalternos de la Argentina yrigoyenista no cuentan con proyectos alternativos. De todas formas, la influencia de los procesos de psico y sociogénesis en los individuos es tal, que por más que se produzcan cambios abruptos en la configuración, estos procesos siguen teniendo una importante influencia en los esquemas mentales y las formas de entender la realidad que poseen los sujetos.

Hechos violentos esporádicos, también buscarán legalizarse como parte de una causa normal de civilidad. Tanto la psico como la sociogénesis son esquemas de percepción de la realidad, que no pueden ser puestos en cuestión por prolongados períodos de tiempo. Son marcos de referencia, que si bien pueden ser puestos en pausa, a largo plazo su ausencia desgarra a los individuos y su forma de entender el mundo que los rodea y a ellos mismos, influyendo en su capacidad reflexiva. La vuelta al "estado normal" de la psico y sociogénesis de una configuración determinada, da un plus de legalidad -socialmente aceptado- a la fórmula política de la minoría gobernante. La clase política debe dar cuenta de esta flexibilidad.

La configuración plantea cambios sustanciales en los esquemas que orientan la percepción de la realidad. Entre 1930 y 1943, se producen modificaciones en la concepción del Estado. Los hombres de la clase política que vuelven al control estatal luego del golpe de Estado de 1930 producen, un cambio sustancial en la arena política argentina Una vez en el poder, llevan a cabo acciones que parecieran contradecirse con su educación liberal -en el nivel económico- ya que promueven la intervención estatal en la economía. A diferencia de las décadas anteriores del siglo XX, donde estos hombres responden en mayor o menor medida a la denominada "cuestión social" de forma temporal, ahora el Estado asume funciones de corte permanente en su intervención. Sus esquemas de percepción sobre lo que el Estado debe y no debe hacer, se modifican debido al cambio en la configuración imperante, producto de la crisis económica mundial iniciada con el crac de Wall Street en 1929.

Los procesos de psico y sociogénesis que se fueron desarrollando e internalizando en los individuos, entre los que se incluían el respeto por las instituciones democráticas y a la Constitución Nacional, se ven trastocados. No todas las bases de la sociedad moderna y liberal, de corte capitalista, son puestos en suspenso, pero sí algunos de ellos. Es como si la clase política, al verse excluida del poder, decretara un estado de anormalidad de la sociedad y para volver a la "normalidad" debiera cometer "otra anormalidad". Esta "anormalidad" para volver a un marco de certeza previo, como parte de algunos procesos de psico y sociogénesis vinculados a la democracia y a las libertades personales, se suspenden. Muchos de esos cambios resultan justificados como una vuelta a los orígenes fundacionales de la Nación Argentina. La clase política en tanto conjunto de individuos -con las características definidas en la introducción de este trabajo-, actúa colectivamente, para ejercer el control directo o indirecto (capacidad de influir) sobre el Estado. Es necesaria la intercambialidad de funciones entre éstos sujetos, quienes deben actuar en varios órdenes sociales. La socialización, las acciones recíprocas y fidelizaciones que los integrantes de la clase política llevan a cabo entre ellos y, también, con otros sectores sociales, son vitales para la intercambialidad de funciones y como fundamento de su posición de poder. La organización interna de la minoría gobernante es lo que diferencia a la clase política del resto de los grupos sociales.

La fórmula política, por su parte, es el fundamento de la posición de privilegio de la minoría gobernante y actúa como sostén de la asimetría en la relación gobernates-gobernados. Ésta incluye valores, creencias, sentimientos y hábitos comunes que resultan de la historia colectiva de un pueblo y se corresponde con "una genuina necesidad de la naturaleza social del hombre, […]de gobernar y sentirse gobernado, no en base a la fuerza material e intelectual, sino a un principio moral" (Mosca; 2002:133) El concepto tiene cierta abstracción para evitar una revisión constante, pero necesita tener alguna relación con las características de la sociedad. Si ese "anclaje" con la sociedad se torna irreal, la fórmula política se debilita y la clase política desgasta su fundamento de poder; pudiendo llegar a perder su posición de privilegio. El aspecto abstracto de la fórmula política debe relacionarse con el contexto social, político, religioso, económico, en el cual se enmarca; pero debe ubicarse por encima de las actualizaciones y reactualizaciones cotidianas que derivan de las relaciones de poder entre gobernantes y gobernados. En este sentido, los aspectos concretos de la fórmula tienen un alcance más inmediato -y generalmente a más corto plazo- que los abstractos. En contraposición, éstos últimos permiten relaciones de amplio espectro temporo-espacial, debido a su carácter virtual -en tanto no corpóreo- de sus contenidos.

La minoría gobernante, es decir la clase política, la forman quienes tienen el máximo de lo que puede tenerse, debido a sus posiciones institucionales4; las cuales les permiten tomar decisiones con importantes consecuencias y, al menos, alcance nacional. En las instituciones hay un alto grado de abstracción, lo cual permite la virtualidad que supone un amplio alcance. Sus medios técnicos, refuerzan esa llegada. Las relaciones de poder potencian la asimetría gobernantes-gobernados, debido al alcance y la organización burocrática y racional que posee la maquinaria estatal. Entre 1930 y 1943 el Estado amplía sus funciones y se desarrolla un creciente intervencionismo oficial, una tecnología social que influirá en diversas esferas sociales.

Surge una novedosa y activa élite técnico administrativa. El poder necesita del saber, la organización, la técnica y la calculabilidad para que la sociedad le brinde su apoyo. De la fórmula política depende cómo el grupo dominante controla el aparato estatal, cómo resuelve sus diferencias internas y cómo es su relación con la burocracia que lleva adelante las políticas dictadas por la minoría. Es parte de una organización burocrática la existencia de reglas abstractas a las que están ligados tanto el detentador del poder, como su aparato administrativo. La capacitación que debe poseer un individuo para formar parte de la administración gubernamental intermedia puede ser obtenida, también, por su participación en canales no formales. En este sentido la Liga Patriótica Argentina, no sólo es un ámbito para discutir ideas en contextos no democráticos, sino que permite llevar a cabo acciones directas que aporten aspectos concretos a la fórmula política. Los canales no "institucionales" permiten no sólo la "capacitación" sino una selección de individuos para ingresar a los sectores intermedios del aparato burocrático. Además, la burocracia actúa como un resguardo de la minoría gobernante, al actuar como un fusible ante cualquier contradicción entre las decisiones de la clase política y la configuración imperante.

En la Argentina la clase política es quien, no sólo lleva a cabo muchas de las medidas que permiten adaptarse al nuevo contexto internacional, sino que -además- está compuesta por quienes introducen esas nuevas formas de pensar en el país. Esta situación es paradigmática, ya que los miembros de la minoría gobernante más tradicional -aquella que ve limitada su influencia sobre el aparato estatal durante la gestión de Yrigoyen, al punto de verse excluidos del mismo- tienen en el pensamiento de cuño liberal gran parte de sus raíces intelectuales y políticas. Esta capacidad de adaptación a las nuevas prácticas del intervencionismo estatal, demuestra que su organización interna asume perfiles lo suficientemente estables, poderosos y elásticos como para permitirles incorporar diversas formas de pensar y de entender la realidad política, sin generar grandes conflictos en su interior.

La adaptación también se realiza por fuera de los canales institucionales formales como sucede con la Liga Patriótica Argentina, que se transforma en un medio que canaliza la acción de algunos miembros de la clase política y su influencia en gestiones directas con otros sectores sociales. En este sentido se convierte en un espacio donde los miembros de la clase política pueden influir y establecer acciones recíprocas con otros sectores sociales, pero también pueden sumar nuevos fundamentos a la posición de privilegio del grupo social de pertenencia. Se alinean tras el nacionalismo doctrinario de elite.

El Estado interventor -por su parte- actuaría no sólo como contención de los problemas sociales, sino también como un ámbito de cooptación de nuevos miembros, evitando que a corto plazo se forme una nueva clase política en los sectores intermedios. Por supuesto que el control estatal no suplanta a la fórmula política y si ésta se debilita, las acciones que desarrolla serán puestas en cuestión. De hecho, ante la ampliación de las funciones estatales, la fórmula política cobra mayor importancia como árbitro de las tensiones que se producen al interior de la minoría gobernante. Al intensificarse las interacciones entre sus miembros y aumentar la intercambiabilidad de funciones, crece también el riesgo de que se produzcan tensiones internas que debiliten la organización de la clase política. La Liga Patriótica Argentina aparece como un refuerzo de la fórmula política, a la vez que se transforma en un potenciador de las acciones de la minoría gobernante por fuera de los canales institucionales oficiales formales.

LA LIGA PATRIÓTICA ARGENTINA, EL INTERVENCIONISMO Y EL CONTROL SOCIAL

El "crac del 29" genera incertidumbre e influye sobre una clase política que añora un pasado próspero, ahora empañado por la crisis mundial y el personalismo yrigoyenista que junto al Poder Legislativo son calificados de "inoperantes" por la minoría gobernante. Para superar esta situación adversa deciden hacerse del control de la maquinaria estatal eliminando cualquier tipo de intermediarios. Una vez que controlan el Estado, deben hacer uso de su organización interna para adaptarse a los cambios que la crisis mundial genera sobre la configuración imperante a nivel nacional. Es una estrategia para defender tanto sus intereses económicos más urgentes, como sus recientemente adquiridas posiciones institucionales. La evolución de los procesos de psico y sociogénesis que colocaban en un lugar central del Estado a los "políticos profesionales"5 parece quedar en suspenso.

La Liga Patriótica (McGee Deutsch; 2005) es parte de un contexto donde se difunden y actualizan, a través del contacto continuo que supone la socialización, las nuevas ideas de intervencionismo estatal que van unidas al control social. Estas acciones suponen una actualización en el pensamiento político de hombres formados en el cuño liberal; que ahora deben ponerse a tono con la nueva configuración.

Después del punto de máxima inflexión de la crisis en nuestro país, durante 1932, el intervencionismo anuncia la presencia del Estado keynesiano con su papel inductor. Mientras tanto, el empirismo del New Deal de Roosevelt innova el ambiente estrictamente liberal estadounidense, en pro de la reactivación económica mediante el aumento de la demanda y el estímulo de la deflación bajo la regulación estatal. En una economía receptiva a los cambios de precios en el mercado mundial y a las variaciones en el comercio internacional, con poca capacidad de consumo interno -como ocurre en el caso argentino y otros de Latinoamérica- los mecanismos de transmisión de la crisis internacional, el viraje proteccionista y el establecimiento del régimen de preferencia imperial británico como parte de la consolidación del bilateralismo, impactan plenamente en el modelo agroexportador (Thorp; 1984). El país debe replantearse quienes son sus aliados, pero su respuesta, poco innovadora, es de adaptación a su histórico socio inglés (Pacto Roca Runciman, 1933)

La respuesta ante la crisis del ´30 por parte de la clase política, será la toma del poder por si misma y aliada con el Ejército. Luego de su "ocultamiento" durante el surgimiento del "político profesional", en tiempos del radicalismo en el gobierno, los miembros de la élite sienten que es el momento de cumplir con su "obligación con el país", o mejor dicho, "con la Patria" (Barbero y Devoto; 1983). Pero esta toma del poder, que quiebra la institucionalidad por primera vez desde la organización del Estado Nacional en 1880, también puede verse como una incapacidad de estos sectores para conducir sus propios intereses desde su lugar de influencia y dentro del sistema. Tampoco parece existir un proyecto alternativo en los sectores subalternos como para seguir gobernando desde la institucionalidad.

En los sectores que toman el poder es posible advertir un híbrido entre el político tradicional, que vive para la política -con su situación económica resuelta- y el político profesional, que hace de la política la actividad principal de sus ingresos porque para asegurar su cargo negocian su permanencia concediendo privilegios o asegurando espacios de poder. El error de quitar los "fusibles" del sistema político, hace que estas clases altas asuman la totalidad de las consecuencias de sus actos. Una vez que caen como híbridos, tienen poder económico y, por su organización, poseen un peso importante en la realidad argentina, marcando rumbos y acciones; pero ya no desde las instituciones. (Botana; 1977:217-346) De diversos modos se adaptan a las nuevas tendencias del intervencionismo estatal.

La incapacidad de esta clase para imponer sus demandas desde sus lugares de influencia, así como la eliminación de representantes que hablen en su nombre -y que asuman en consecuencia los errores si los hay- es más un signo del debilitamiento que una muestra de su poderío. Todas las consecuencias de sus acciones los impactan; tal como le sucede al ministro del Interior, Matías Sánchez Sorondo luego de las frustradas elecciones bonaerenses del 5 de abril de 1931, que consagra el triunfo del radical Honorio Pueyrredón y obliga al gobierno uriburista a pagar el costo político de anular las elecciones.

Los canales no institucionales se construyen como una alternativa a la configuración imperante durante la segunda presidencia de Yrirgoyen, a la vez que marca un punto de continuidad durante todo el período en estudio. La Liga Patriótica Argentina, conjuga este carácter de ser un vehículo institucional no formal, a la vez que lleva adelante actividades relacionadas con el control social, cooptación y selección de nuevos miembros, en los sectores intermedios de la clase política. Actúa, además, como un importante medio para difundir las nuevas ideas intervencionistas que van desde los sectores gobernantes a los gobernados con un perfil que pretende hundir sus raíces en la prosapia castellana originaria, descalificando las "ideas disolventes" que porta la inmigración y sus descendientes.

Al evitarse los canales formales de la política también se hacen notorias las diferencias al interior de la clase política, las cuales se tornan públicas y se vuelven más difíciles de solucionar. Es evidente que no sólo las clases altas, sino que -como antes del golpe de 1930- los sectores subalternos carecen de un proyecto alternativo. El caso de los Presidentes José F. Uriburu (1930-32) y Ramón Castillo (1940-43) con sus planteos extremos y coyunturas internacionales complejas ilustran esta situación de responsabilidad unilateral. Los canales paraestatales intentan subsanar la falta de "fusibles" que suponían los políticos profesionales, en la pugna entre los distintos "proyectos" de país.

La sociabilidad por fuera de las instituciones gubernamentales es la que posibilita a la clase política organizar el golpe de Estado de 1930. Una socialización que continúa durante la administración gubernamental uriburista. En algunos casos, como consultor del Estado (Museo Social Argentino surgido en 1911); en otros, como un organismo de acción paralela a la del Estado (la Asociación Nacional del Trabajo, formada en 1918 como consecuencia de los efectos en el país de la Revolución Rusa y para enfrentar el "malestar social" y las huelgas obreras). La Liga Patriótica Argentina, entra en esta segunda categoría, promoviendo ideas comunes a un grupo más amplio que el conformado por la minoría gobernante y aportando aspectos abstractos a la fórmula política. También desarrolla acciones que procuran defender a la clase política de los grupos opositores. En este sentido, aporta aspectos concretos a la fórmula política. A pesar del desarrollo del intervencionismo estatal, los canales no institucionales siguen teniendo importancia, como una constante de la organización de la clase política que se retrotrae a la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen.

En una configuración donde priman las "novedades", la Liga Patriótica Argentina es un intento por vigorizar lo "ya establecido" y reforzar la organización y el control social, a través de sus "brigadas femeninas" que recorren el campo, sus Congresos económicos durante las décadas de 1920 y 30, por ejemplo. No es una contracara del Estado, es una institución paraestatal y puede ir más allá de lo que lo hacen las políticas estatales. Promueve medidas más extremas sin tener que justificar sus actos con respecto a la sociedad (McGee Deutsch; 2003). Se presenta a la sociedad como una "compañera" de las modernas medidas del Estado interventor a la par que evidencia la incapacidad de la minoría gobernante para adaptarse a la evolución de los procesos de psico y sociogénesis que venían desarrollándose en pos de una sociedad democrática.

El fin del liberalismo como un conjunto de ideas que tiene supremacía cuando se trata de explicar la realidad, da paso a nuevas formas de organización social y especialmente estatal. Las relaciones socioeconómicas establecidas durante el liberalismo siguen vigentes, aunque pierden vigor y solidez. Nuevos fundamentos del poder aparecen de la mano del intervencionismo de Estado y de la Liga Patriótica Argentina, como un ámbito donde se despliegan las acciones "sociales" o "para con la sociedad", de la clase política desde fuera del Estado.

Como parte de la adecuación de los sectores ligados a la economía agraria argentina frente a la llamada "economía dirigida", los grupos nacionalistas de elite que integran la clase política nuevamente posicionada en el gobierno nacional, se aprestan a efectuar un diagnóstico de la situación e implementar las posibles soluciones para salvaguardar el modelo agroexportador, resguardando el control social adaptado a los tiempos; sabiendo que son diferentes grupos con distintos proyectos los que comparten y llevan adelante la llamada Revolución del ´30. Entre ellos hay algunos más conciliadores y otros "más derechistas", que intentan modificar la realidad a través de la violencia y el corporativismo.

La referida Liga Patriótica Argentina opera –como se expuso- desde 1919 bajo el lema "Orden y Patria", con la conducción del nacionalista doctrinario Manuel Carlés- se destaca del conjunto, cuando "interpretando el pensamiento de sus Brigadas Rurales" y dando cumplimiento a "los propósitos de su programa sincero y totalmente nacionalista", organiza entre el 29 y el 31 de agosto de 1935 el "Congreso Nacionalista de Economía Rural", que se lleva a cabo en las instalaciones de su sede en Buenos Aires. Su Junta Central de Gobierno presidida por los doctores Manuel Carlés, Alberto García Torres y Enrique S. Peltzer, recoge mediante esta reunión "la voz de cuantos se dedican a la explotación de la tierra, y de una manera especial a la industria agropecuaria", provenientes de las más diversas expresiones del territorio de la Nación (Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina; 1935:7-11). Puede interpretarse como una manera de actualizar su organización por parte de individuos a los que la ley Sáenz Peña expulsa del gobierno, primero, y luego les imposibilita influir sobre él activamente. Pero, paradójicamente, en su accionar cometen el mismo error que Yrigoyen: aumentan la cerrazón e imposibilitan las acciones de sus adversarios políticos, que derivan en perjuicios propios. En 1935, la crisis económica y financiera que había afectado, como a todo occidente, a la Argentina ya se había sido superada. Los precios agrícolas internacionales se encuentran en alza desde 1933 y hasta 1938 y la industria se presenta como una opción alternativa concreta de producción sustitutiva de importaciones. En este contexto los sectores rurales defienden públicamente su posición en el aparato productivo argentino y dan muestras en reuniones como ésta –de 1935- de su vigencia y poderío. Rasgos que distinguen a este congreso de economía rural de otros encuentros organizados antes por la propia Liga Patriótica.

La supresión de la actividad política moderna y democrática, hace poco operativos a muchos canales institucionales. Las acciones por fuera de la institucionalidad surgen para compensar este recorte de la actividad política. La Liga Patriótica es un acabado ejemplo de las acciones extra estatales que la minoría gobernante lleva adelante para desarrollar un proyecto de país de acuerdo a sus intereses más aglutinantes, con un carácter no "gubernamental" (Rock; 1977: 167-204). Las propuestas más radicales pueden efectivizarse sin necesidad de mayores consultas, ni oposiciones. Debido a las fidelizaciones y acciones recíprocas previas en instituciones como la Liga Patriótica Argentina, se puede reforzar la organización interna de la clase política y acelerar sus acciones.

El punto de partida de las funciones liguistas, es una encuesta solicitada a ganaderos, agricultores, colonos y chacareros sobre la situación socioeconómica por la que pasan la agricultura y la ganadería de nuestro país. La familia rural, la calidad de vida del obrero en el campo, el precio de los arrendamientos, el comportamiento del Mercado de Cereales a Término y de las Cámaras Cerealistas, la acción desempeñada por acopiadores y exportadores de granos, el crédito, la organización de los productores, la legislación impositiva, así como las particularidades de la crisis y sus posibles soluciones, forman parte de los temas sustantivos abordados en el cuestionario elaborado a comienzos de la década del 30 y que el congreso recoge y complementa como caja de resonancia de los heterogéneos intereses argentinos.

Es una manera de escuchar, dentro de los límites de la cerrazón del sistema político, la voz de los gobernados –al menos de una parte de ellos- para construir consenso; pero sin perder el carácter exclusivo del control estatal. También puede pensarse como una forma de dotar de mayores aspectos concretos a la fórmula política, sin abordar cambios importantes en el nivel de asimetría existente en las relaciones de poder. Con este tipo de acciones no se modifica la cerrazón que la minoría gobernante impone al resto de los grupos sociales. Tampoco significa una amenaza para sus intereses económicos ni para sus empresas privadas. Actúa, indudablemente, como un difusor de ideas desde los gobernantes a los gobernados. Es un modo de guiar los procesos de socio y psicogénesis y de aumentar los "conglomerados".

La variedad de asuntos que se reflejan en ese instrumento de consulta al productor y al comerciante rural, se traduce en el número de comisiones internas que dan sustento al Congreso de 1935 y que presiden genuinos representantes de la dirigencia argentina de esos años: agricultura (presidida por el ingeniero agrónomo F. Pedro Marotta), ganadería (bajo la presidencia del ingeniero agrónomo y criador Pedro T. Pagés), economía y legislación rural (dirigida por el Dr. Raúl Mugaburu), policía sanitaria y mercados extranjeros (a cargo del Dr. César Zanolli), industria lechera y porcina (bajo la coordinación del Dr. Eduardo Bunge), floricultura y horticultura (coordinada por el Dr. Carlos M. Noel), viticultura (presidida por el bodeguero cuyano Pedro Benegas), industrialización agraria (conducida por el escribano y ganadero Ernesto Guerrico) e industria y legislación forestal (bajo la presidencia del coronel e ingeniero Adrián Ruiz Moreno). Se trata de un amplio espectro de preocupaciones que tienen los y las liguistas y sus adherentes, así como de su acercamiento a los técnicos y a quienes detentan buena parte del poder económico y el prestigio social en la Argentina de entonces (McGee Deutsch; 2003:35-36).

El Estado necesita, además, del conocimiento técnico para actualizar y difundir sus decisiones; mientras coopta, a través de la cerrazón, a nuevos miembros para el segundo tipo de circulación haciendo visible esa misma cooptación, a través de instituciones con prestigio social como es la Liga Patriótica Argentina. Las diferentes comisiones de la Liga intentan abarcar diversos aspectos de la configuración. De esta manera pueden difundirse esquemas de percepción de la realidad y construirse un marco de certeza compartido -entre gobernantes y gobernados- que reduzca la incertidumbre. Una vez más a través de estas "combinaciones" se aumentan los "conglomerados" y se hace más estable el fundamento del poder. El Congreso de 1935, a diferencia de años anteriores, refleja la intensidad del accionar liguista y su repercusión en el aparato gubernamental.

El discurso de inauguración de las sesiones del Congreso muestra la añoranza por un pasado próspero pero también el arraigo de las continuidades y el poderío de la Argentina agraria más allá de las secuelas de la crisis de 1930, cuando Manuel Carlés afirma, refiriéndose a los asistentes al encuentro: "Señores: Sois los buenos, los desinteresados, los dignos continuadores de la leyenda de oro, fundada en la moral cristiana, en el trabajo honrado, en la patria y en el honor." Una vez más pero en un contexto más próspero, al verse superados los efectos del crac del 29 y con una dinámica intervención estatal que los acompaña (como en 1919, en 1923, en 1928 y en 1933) la Liga Patriótica se define a si misma como "la tradición de la patria de todos los tiempos" y desde ese lugar se propone "estudiar el modo de defender la economía rural" (Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina; 1935:41). En este Congreso el intervencionismo estatal potencia las propuestas liguistas, dotando de alcance nacional y difusión pública las acciones desarrolladas.

Reconoce entonces, como parte de esa crisis causas morales, políticas y constitucionales "al punto de olvidar los propósitos fundamentales de la organización nacional", así como la ignorancia del "estado social donde imperara el bienestar realizado por el trabajo de campo"; una ausencia que -según este planteo- se suma sin dudas a las repercusiones de la crisis. De ahí, precisamente, deriva una de las iniciativas más contundentes de este Congreso, como es la formación de: "una vasta asociación en que estén representadas, comisiones económicas de todas las regiones y que estaría dirigida y controlada por el Comité o Junta Económica de las Liga Patriótica Argentina"; es decir, una asociación de trabajadores y "hombres de ley y de patriotas" a la cual denominan Asociación Nacionalista de la Defensa Agropecuaria, como expresión concreta de su poder vigente y activo (Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina; 1935:63-66). Es una forma de relacionar la fórmula política de la minoría gobernante con aspectos fundacionales y "gloriosos" del pasado argentino para dotar al sostén del poder de mayores aspectos abstractos, que el resto de la sociedad respeta, pero no puede obtener. Es una forma de cerrazón y también de refuerzo de la fórmula política. Estas conclusiones recogen, en parte, las propuestas corporativistas que dentro de la clase política promueve el grupo cercano a José F. Uriburu y que son oficialmente desestimadas durante la administración de Agustín P. Justo. La desatención gubernamental no impide que éstas continúen circulando socialmente como una "receta" para combatir la crisis mundial, incorporándose a los elementos culturales disponibles que dan cuenta del contexto de interacción.

La propuesta que pertenece al agrónomo, ganadero criador y miembro de la Sociedad Rural Argentina -entidad que también participa del Congreso y auspicia cambios para adecuarse a los tiempos sin renegar de sus principios tradicionales- Pedro T. Pagés, es desde cualquier perspectiva que se la analice un mecanismo de "control social", que además intenta promover la agremiación de los productores agropecuarios de todo el país en defensa solidaria de sus intereses. El propósito es contribuir -al mismo tiempo- a mantener la base económica agraria argentina, organizar el "trabajo honesto y libre", así como atender a la defensa de las agroindustrias, contemplando "los problemas especialmente inherentes a cada una de las regiones que forman el mapa económico del país" (Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina; 1935:67). Es un estilo de adaptación a las nuevas situaciones derivadas de la crisis económica de 1929 superada en apenas un lustro. Se trata de recomponer lo más rápidamente posible las rupturas en el tejido social que las consecuencias socioeconómicas de la crisis trae aparejadas; equilibrar los "conglomerados" y las "combinaciones".

Se abordan en este encuentro asuntos vinculados a las producciones típicas de la región pampeana pero, además, las que son propias del Gran Chaco Argentino, la vitivinicultura cuyana y sus instrumentos reguladores, el crédito, la colonización y la actividad ganadera en sus distintos rubros. Complemento de esta propuesta asociacionista agraria es el llamado "Decálogo del Trabajador Agropecuario", en el cual la Liga Patriótica conforme a sus principios fundacionales, aconseja moral y materialmente al productor argentino, "por Dios, por la Patria y por la familia" (Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina; 1935:145-146). Se controla a estos productores mientras se distribuyen ideas desde la clase política orientadas a ellos. Se posibilita el segundo tipo de circulación, sin salir de la cerrazón, y se da alcance nacional a las medidas que toma la minoría gobernante.

El saber burocrático parece dejarse de lado en este contexto y para estas cuestiones específicas. Una situación que no es extraña porque estas instituciones son creadas con el objetivo de controlar la cuestión social, no para darle respuesta a una clase política que busca soluciones rápidas y poco duraderas, sino para evitar la pérdida de su situación privilegiada y de sus influencias. Es ésta también una forma de canalizar y orientar el descontento social. Una respuesta a más largo plazo debería tomar en cuenta la cooptación de nuevos miembros, como una manera de asegurar su continuidad en el tiempo y actualizar la fórmula política capaz de permitir la permanencia en sus puestos de privilegio. Nuevas ideas y otros actores son fundamentales para este objetivo. Pero es la organización la que, en definitiva, sostiene a la clase política. Nuevamente el corto plazo se hace presente como una constante de los proyectos políticos, dentro y fuera del Estado argentino.

CONCLUSIONES

La importancia del estudio de organizaciones paraestatales como la Liga Patriótica Argentina tiene un valor agregado durante el período que aquí se analiza. El golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, plantea el comienzo de una nueva etapa en la Argentina. Se produce una "disrupción" en la evolución de los procesos de psico y sociogénesis tendientes a responder a la sociedad moderna y democrática.

Las relaciones sociales que promovían fidelizaciones y acciones recíprocas en pos de la actividad política democrática parecieran incluir la relación entre el radicalismo y los gobernados, demostrando la incapacidad de la clase política tradicional para la competencia electoral. Luego de las elecciones de 1916, donde el radicalismo resulta triunfador y, especialmente, luego de la importante victoria personalista de 1928, esta incapacidad condena al accionar por fuera de las instituciones a la actividad política de la clase política tradicional. Esta tensión entre modernidad e incapacidad así definida, es una expresión de la combinación entre intervencionismo estatal y el accionar por fuera de los canales formales de la política. Un Estado que amplía sus funciones muestra su contratara en instituciones corporativas como la Liga Patriótica Argentina. Modernidad administrativa y tradición política fraudulenta se conjugan en la política argentina de la década "larga" de 1930-43.

No se puede estudiar ni comprender el accionar de la clase política luego del 6 de septiembre de 1930, sin incluir aquello que no forma parte del accionar estatal pero que, indudablemente, ayuda a moldearlo. La necesidad es dotar de nuevos y numerosos aspectos concretos a una fórmula política que no tienen entre sus componentes al sufragio libremente emitido tal como lo dictaminaba la Ley Sáenz Peña. Son tempos de democracia restringida. La relación entre gobernantes y gobernados, no puede ser mediada completamente por un Estado que, si bien amplía sus funciones, no cuenta con políticos profesionales que actúen como "fusibles" entre los distintos intereses sectoriales de la Argentina de entonces. De hecho, los grupos sociales que más crecen durante el período estudiado (trabajadores y pequeños empresarios) recién serán "representados" y convocados en los orígenes del peronismo.

La incapacidad de la clase política para obtener victorias electorales sin sufragios "sucios" reclama una intermediación no estatal para con sus gobernados. La Liga Patriótica Argentina dota de contenido y de acciones recíprocas ese vacío institucional "formal" con acciones concretas, que no tienen que ser consensuadas con el resto del arco político. Así, la clase política logra adaptarse -en el corto plazo- a los cambios producidos en la configuración imperante. Su incapacidad para cooptar políticamente nuevos aliados, así como para lograr representar institucionalmente a los actores que más crecen durante este período, transforman su proyecto en cortoplacista. La Liga Patriótica Argentina y su accionar a través del Congreso de Economía Rural de 1935 con las especificidades expuestas en este trabajo, es un ejemplo de este fracaso por perdurar e institucionalizarse políticamente, como parte del accionar democrático de una sociedad moderna, pero también de la perseverancia de sus acciones coyunturales dispuestas a demostrar las continuidades y adaptaciones de la Argentina rural y sus mecanismos de control social.

Notas

1. La clase política es aquel conjunto de individuos que controlan directa o indirectamente (en tanto capacidad de influir) al Estado. Por este motivo, sus integrantes actúan en varios órdenes sociales diferentes durante su vida. En esta intercambiabilidad influyen la socialización, la fidelización y la fórmula política.

2. Debe entenderse por "tecnología social" el uso de conocimientos por parte de la clase política para aumentar la asimetría en su relación con los gobernados. Instrumentada, por lo general, a través de una estructura burocrática, esta "tecnología" posibilita un mayor "control social" a la vez que amplía y refuerza el marco de certeza que poseen los gobernantes sobre las acciones de los gobernados. Las tecnologías sociales se transforman en un importante fundamento de la fórmula política, al aumentar la reflexividad de las acciones llevadas a cabo por la minoría gobernante, ampliando su alcance temporo-espacial e intentando guiar (dentro de lo posible) los procesos de psico y sociogénesis.

3. El concepto de "civilización" tiene un sentido progresivo, mientras que el de "cultura" designa "los productos finales -"obras de arte, libros, sistemas religiosos o filosóficos reveladores de las particularidades de un pueblo." (Heinich; 1999:21)

4. Las referidas posiciones institucionales pueden ser ocupadas directamente por los miembros de la minoría gobernante o éstos pueden tener una influencia indirecta sobre las instituciones.

5. Político profesional, conforme a las referencias de Max Weber, es aquella persona cuyos ingresos provienen exclusivamente de la política. Por esta razón debe sopesar sus acciones para intentar continuar, en el futuro, dentro del sistema político con un cargo rentado para resguardar sus ingresos. Por lo general un político profesional se encuentra dentro de la maquinaria de un partido político e intenta mediante sus acciones ascender dentro de esta estructura. Estos políticos suelen tener puestos rentados dentro de la estructura partidaria, lo cual les permite dedicar todo su tiempo a las actividades políticas propias del partido. Para mayores referencias consultar: (Weber;1998: especialmente pp.9-43 y 81 a 180)

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