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Ciclos en la historia, la economía y la sociedad

versión On-line ISSN 1851-3735

Ciclos hist. econ. soc. vol.19 no.38 Buenos Aires dic. 2011

 

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Beatriz Figallo y Josefa García de Ceretto, La historia del tiempo presente. Historia y epistemología en territorios complejos, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras- Departamento de Historia-UCA, 2009, 157 páginas.

 

Cuando Lucien Febvre decía a sus alumnos "para hacer historia, volved la espalda resueltamente al pasado", no sólo evidenciaba que la historia se hace en y desde el presente, si no que, al propio tiempo, restablecía un nexo largamente relegado por la historiografía de raigambre positivista.

Las profesoras Figallo y García de Ceretto invitan a indagar sobre ese nexo a partir de una aproximación historiográfica que, no exenta de crítica, se encuentra en indudable expansión: la historia del tiempo presente (en adelante HTP).

Al "historiar" el devenir de la HTP -especialmente fértil en las historiografías francesas, alemanas e italianas- nos permiten conocer aquellos rasgos que la caracterizan. Sintomático resulta enfrentarse a múltiples denominaciones para intentar definir lo mismo, esto es la reivindicación del presente, desde la historia, como objeto de estudio. Así emerge la idea de coetaneidad: el historiador y sus testigos comparten el mismo tiempo, conviven en una misma época. Una época con limites cronológicos móviles desde una doble perspectiva: la HTP abierta, sin un final determinado o conclusión; y aquella con término, aunque lo que ya no es sigue actuando en el ahora. Surge, así, la necesidad de recuperar la memoria a causa de la demanda social, que a su vez ha sido determinada por las grandes convulsiones acaecidas desde mediados del siglo XX.

Contribución innegable, como puesta al día y como punto de partida para profundizar en el conocimiento de esta forma propia y específica de pensar lo histórico.

Porque La historia del tiempo presente. Historia y epistemología en territorios complejos va mucho más allá. El mayor aporte del texto es el vínculo que las autoras establecen entre la HTP y la teoría de la complejidad y, especialmente, sus efectos metodológicos y epistemológicos.

Partiendo de una visión mucho más amplia de la noción de paradigma, que ofrece Edgar Morin, nos invitan a realizar una lectura de la HTP desde el cuestionamiento y crisis de los modelos teóricos clásicos: a reinventar la mirada. El texto nos impulsa a perder el miedo ante la incertidumbre, a aceptar creativamente que la complejidad del presente representa un desafío conceptual y metodológico del cual debemos hacernos cargo como sociedades marcadas por el trauma y las crisis de las cuales hemos sido artífices y víctimas a la vez.

Las autoras, entonces, proponen plantearse el estudio del presente desde principios organizadores más que desde un paradigma cerrado, es decir, a partir de lo dialógico y hologramático, ambos integradores de lo antagónico, que en lo complejo del presente, es complementario, y desde donde es posible aprehender más que en la división estática de las partes o exclusivamente mirando el todo: ni holístico, ni reduccionista. Lo anterior, que puede parecer excesivamente abstracto, tiene aplicaciones concretas, por ejemplo en el análisis de los problemas contemporáneos.

Desde la resolución de conflictos, la visión del espiral de conflicto en función del antagonismo de las partes y la "demonización" del otro, es fundamental para buscar entender las causas profundas del mismo, que son parte y todo a la vez, y que sin duda, en la comprensión del fenómeno desde esta perspectiva, cualquier acción para abordar una resolución sustentable en el tiempo requiere -sino exige- esta mirada. Un tercer principio relevante es aquel de la recursividad o bucle recursivo. Al respecto, cabe recordar lo que el texto plantea, ya que para el pensamiento simplificador y lineal, el conocimiento tiene un punto de partida y un término, mientras que para el pensamiento complejo el conocimiento es un aventura en espiral que se constituye en un proceso que interactúa, se retroalimenta y se autoproduce. En este sentido, el acontecimiento resurge no como una isla en medio del mar, ni la historia se constituye en la forma de archipiélagos como la sumatoria de pequeñas islas e islotes, sino que se trata de comprender los sucesos en una ilación de ciclo largo, como partes de un proceso, que se constituyen, constituyen a otros y son constituidos por otros, constantemente, y por una razón. Descubrir esa razón, asumiendo y redescubriendo el potencial de los conceptos de crisis, trauma e incertidumbre, restándoles una connotación peyorativa, nos abre las inmensas puertas de un infinito de preguntas para abordar nuestra historia reciente.

Y son, precisamente las grandes convulsiones históricas, las que nos han recordado la necesidad de abordar inter y transdisciplinarmente la realidad reciente, lugar desde el cual se han encontrado respuestas creativas y cimentadoras como formas de explicar las causas profundas. La apuesta por una mirada integradora y flexible, que como bien advierten las autoras, no implica la falta de rigurosidad, ofrece una apertura metodológica que permite en la investigación, utilizar fuentes alternativas al igual que el plantearse aportes conceptuales desde otras disciplinas. Teniendo en mente que el discurrir científico en tiempos recientes requiere de autocorrección, imaginación, iniciativa y flexibilidad, la colaboración con investigadores de otras disciplinas permite abrir el debate respecto del objeto de estudio y acerca del cómo observarlo, generando vasos comunicantes y creadores, sin ‘aduaneros', para poder así colaborar desde la premisa de la complejidad contemporánea.

Entendido así, el historiador del tiempo presente, no sólo comparte un mismo tiempo con sus testigos, sino que por ello se constituye como "observador-conceptuador" en tanto percibe y concibe simultáneamente, observa y perturba lo observado, así como es perturbado por su observación. Las autoras plantean que no existen observadores ni historiadores en estado puro, sino que existe una relación recursiva entre el sujeto y el objeto, siendo que el sujeto construye en el proceso del conocimiento del objeto, y que las "verdades" que se supone podríamos llegar a conocer científicamente son solo aproximativas y condicionadas. En conclusión, y siendo lo anterior una constatación desprovista de juicio, resulta liberador para el investigador, así como para los resultados de la investigación, puesto que la multiplicidad de interpretaciones nos protege del riesgo que presentan explicaciones con causalidades absolutas, que derivan inevitablemente en verdades hegemónicas y monolíticas.

Si existe una pregunta que con mayor fuerza surge a raíz de la lectura de La Historia del tiempo presente, es aquella que inevitablemente nos ubica en la discusión respecto a nuestro propio pasado reciente. Si para buena parte de Europa, la Segunda Guerra Mundial -en expresión de Jean Pierre Azéma- constituye la matriz del tiempo presente; entonces, para América Latina ¿cuál es el acontecimiento a partir del cual nuestra historia se acelera?, ¿a partir de qué momento el presente se hace complejo y requiere ser abordado de acuerdo a estos derroteros?: ¿la crisis? ¿el trauma? Siendo la región única y diversa a la vez, ¿tenemos todos un punto de partida común? Aventuremos, desde esta lectura, una idea: si tentativamente, y al menos para el Cono Sur, las dictaduras pueden ser el acontecimiento, ¿cómo se insertan estas en los procesos de larga duración?, ¿desde dónde comenzamos "nuestro" presente?

Sin duda alguna, generar esta clase de reflexiones es el otro gran aporte de Historia del tiempo presente. Historia y epistemología en territorios complejos. Un texto que no sólo nos invita a pensar: nos obliga a debatir y trabajar. Y se agradece. Pues si existe una idea de la cual no podemos huir, es la que apunta a que la crisis vista desde una sola mirada es un fracaso, no una oportunidad.

Pia Lombardo Estay