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Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem.. am.  n.13 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./dic. 2005

 

RESEÑAS

Lucaioli, Carina. 2005. Los grupos abipones hacia mediados del siglo XVIII. Buenos Aires, Sociedad Argentina de Antropología, 179 páginas.

Nesis, Florencia. 2005. Los grupos mocoví en el siglo XVIII. Buenos Aires, Sociedad Argentina de Antropología, 159 páginas.

Los libros de Carina Lucaioli y Florencia Nesis vienen a llenar un vacío en la literatura antropológica e histórica. En efecto, resulta sorprendente que, no obstante el fácil acceso a un corpus documental publicado y de enorme riqueza como el jesuítico del siglo XVIII, los grupos chaqueños sean todavía relativamente poco conocidos. Para los que trabajamos regiones fronterizas con el Chaco, los guaycurúes, abipones o mocovíes - como diversas fuentes los designan- representan una suerte de enemigo esquivo, que transita como un fantasma por los documentos administrativos o los expedientes judiciales.

Estos dos trabajos tienen el mérito de recoger lo mejor de los aportes ya clásicos de Branislava Susnik, de Miguel Angel Palermo y de Beatriz Vitar, entre otros autores, regresando sobre tópicos tradicionales de la antropología pero muy poco explorados por la literatura histórica. Son libros difíciles de separar, porque han sido escritos en espejo. De su lectura surge como evidente que Lucaioli y Nesis han discutido abundantemente las problemáticas cuyo examen proponen, que han leído juntas bibliografía y fuentes y que han escrito sus trabajos simultáneamente. Como resultado de esta mutua y estrecha colaboración, la estructura de capítulos es similar y el tipo de preguntas que organizan los textos es generalmente coincidente. De aquí que esta reseña se ocupe de ambos libros como si se tratara de una unidad, más allá de que abipones y mocovíes presenten especificidades, de las que las autoras dan cuenta, y de que también sean diferentes las fuentes principales sobre las que ellas trabajan. Aunque el corpus es amplio, Lucacioli se basará sobre todo en la "etnografía jesuítica" de Dobrizhoffer y Nesis en la de Florián Paucke, que ambas desmenuzan con agudeza e inteligencia.

Quizás el desafío más importante que las autoras afrontan es el de desmontar una imagen estereotipada de los grupos chaqueños que reproducía acríticamente la visión de los actores del siglo XVIII. Algunos componentes de esta imagen tradicional son muy obvios pero otros lo son menos. En cualquier caso, la homogeneidad sería el denominador común de esta mirada estereotipada, denominador común del cual se deducen una serie de rasgos estructurales, a saber:

  1. El carácter prepolítico de los grupos chaqueños, lo cual explicaría el papel de la guerra como casi exclusiva interacción con la sociedad colonial. Guerra que, por otra parte, constituye, incluso en la literatura antropológica más renovadora, una suerte de esencia de estos sujetos.
  2. La inmutabilidad de los grupos chaqueños, que terminan por hallarse prácticamente fuera de la historia. Y esto es así en un sentido aún más extremo que para otras sociedades indígenas. Es como si la existencia de estos grupos transcurriera en una temporalidad diferente, la del tiempo cíclico de los mitos y de las estaciones. Cautivos de la naturaleza como se los ha percibido, abipones y mocovíes parecen ser parte de ella. Como consecuencia, advierte Nesis, la literatura académica ha confundido a menudo a los antiguos pobladores indígenas del Chaco con los actuales. Etnografía e historia, pasado y presente se confunden en estos sujetos atemporales.
  3. La imagen de los grupos chaqueños como esclavos de su hábitat. Partiendo del supuesto erróneo del Chaco como ambiente homogéneo, se deduce que sus habitantes reflejarían como un espejo esa misma homogeneidad. En otras palabras, todos estos grupos generarían las mismas respuestas adaptativas, configuradas en patrones de subsistencia "simples" de caza y recolección.

En consecuencia, los grupos chaqueños aparecen como actores que interactúan casi exclusivamente con su ambiente pero rara vez con otros grupos humanos -excepción hecha de los los paréntesis de guerra-. Consecuencia de este aislamiento, de no formar parte de la sociedad colonial, es percibirlos en términos de oposición, en referencia a lógicas radicalmente opuestas. Los grupos chaqueños destacan las autoras, han sido pensados a menudo como "radicalmente otros".

Los trabajos de Lucaioli y Nesis vienen a cuestionar exhaustivamente estos supuestos presentes tanto en la literatura histórica y antropológica antigua como en la reciente. El cambio es, justamente, una variable relevante en el análisis de Lucacioli y Nesis: uno de los méritos más importantes de sus trabajos es, precisamente, el de introducir el devenir histórico en el análisis de estas sociedades indígenas. La periodización que proponen es clásica. Se ocupan de los abipones y mocovíes prehispánicos - lo que menos se conoce- de una manera más especulativa. Introducen como segundo momento el contacto con los españoles y la adopción del caballo, con todas sus consecuencias, exponiendo hipótesis fuertes y repasando y criticando las existentes sobre las transformaciones internas a las sociedades indígenas (mejoras en el transporte y las posibilidades bélicas, aumento del intercambio, asociación del ganado caballar con otros bienes como el hierro y el ganado vacuno, entre otras). Por fin, el tercer momento, que parece más un punto de inflexión en el análisis de Nesis, es el de la instalación de las reducciones que retomaré más adelante.

Por abrir ambos libros un amplio espectro de propuestas de análisis, he elegido centrarme en cinco aportes que me parecen significativos y originales.

  1. En primer lugar, el saludable espíritu crítico que anima los estados del arte incluidos en ambos libros. En este sentido, la discusión de la bibliografía no está pensada como un mero apéndice sino a partir de un planteo historiográfico. En otras palabras, las autoras contextualizan históricamente la producción académica y es en ese contexto que dialogan con ella. Se trata de un diálogo a menudo muy áspero, pero siempre está presente, y no sólo en los capítulos introductorios sino que recorre la totalidad de los textos. En otras palabras, las autoras no pretenden "fundar" un tema sino discutir frontalmente (y no con fantasmas) la literatura académica, incorporando o criticando los aportes de otros autores.
  2. En segundo término, se problematiza la definición de los sujetos que estudian, generalmente invisibilizados o subsumidos bajo rótulos tales como "grupos chaqueños", "pueblos chaqueños" o "guaycurúes". Y en este punto, Lucaioli y Nesis siguen caminos alternativos. Lucaioli no elude la difícil cuestión de la adscripción étnica y el farragoso análisis de las diversas denominaciones que recibieron los grupos abipones y mocovíes en las fuentes primarias y en la literatura histórica y antropológica. Los criterios exclusivamente lingüísticos no le alcanzan y bucea en las fuentes para identificar a sus sujetos y diferenciarlos de otros colectivos más abarcativos como el guaycurú. ¿Qué sujetos sociales adjudican un nombre? ¿Se trata de una autoidentificación? ¿Hasta dónde el ámbito geográfico ayuda a la identificación étnica tratándose de grupos tan móviles? ¿De qué manera esas denominaciones permanecen en el tiempo? Problematizar estos datos, que en general se asumen por dados, es uno de los aportes más interesantes del libro de Lucaioli. Nesis, por su parte, plantea la cuestión focalizando el espinoso problema de la identidad y pensándola en términos dialécticos, reconociendo los sucesivos procesos de mestizaje y etnogénesis que conllevaron cambios identitarios (la inclusión de un apartado sobre el cautiverio y el matrimonio está muy ligada a eso). En este sentido, la guerra, la antropofagia, los rituales son puertas de entrada válidas para ingresar al problema crucial de la autoidentificación de los grupos y de la definición de la alteridad.
  3. En tercer lugar, el regreso hacia tópicos clásicos de la literatura antropológica, sistemáticamente revisados a partir de una lectura con lupa de las fuentes históricas. Sin temerle al uso de modelos y a la comparación con otras áreas de frontera como la pampeano patagónica, Lucaioli y Nesis proponen rectificaciones o hipótesis alternativas para cada tema que afrontan. O bien, formulan preguntas que quedan abiertas a la espera de encontrar evidencia más contundente. El resultado es una reconstrucción más compleja de las estrategias de subsistencia de los grupos, de los patrones estacionales de movilidad, de las formas de apropiación de los recursos, del control exclusivo o compartido del territorio, de las relaciones interétnicas. No voy a enunciar las conclusiones a las que llegan a partir de sus relecturas de los materiales jesuíticos pero puedo anticipar que proponen hipótesis muy interesantes que alertan sobre un papel más importante del comercio y del intercambio en las estrategias de subsistencia, sobre transformaciones diferenciales en los dos grupos a partir de la adopción del caballo y que intentan explicar la guerra a partir de las lógicas complejas que incluyen un patrón de subsistencia  en que la caza y la recolección conviven con técnicas de almacenamiento de alimentos, intercambio comercial de bienes de muy diverso origen, saqueo y explotación de los diferentes ecosistemas presentes en el Chaco así como sobre las oportunidades de reunión y de alianza interétnica para una guerra concebida como empresa puntual.
  4. En cuarto lugar, considero contribuciones importantes las que examinan las estructuras políticas de mocovíes y abipones que nos permiten ver en los caciques, bien que con una autoridad "limitada a lo ejecutivo y a lo logístico" (Lucaioli), a las cabezas de unidades políticas muy dinámicas y presentes en la organización de la subsistencia y de la guerra. De esta forma, las autoras nos alejan de la idea esencialista del ethos guerrero, en parte responsable de dejar a estas sociedades indígenas fuera de la historia.
  5. Por último, quisiera detenerme un momento en el valor que le asignan las autoras a la instalación de las reducciones jesuíticas. Dejando de lado las aproximaciones recientes de Saeger y de Vitar, lo cierto es que el estudio de las reducciones jesuíticas en el Chaco ha quedado bastante relegado. En alguna medida, se debe a que, a diferencia de las misiones guaraníes, las del Chaco son la historia de un fracaso habida cuenta de la escasa estabilidad de los grupos reducidos y de la imposibilidad de las reducciones de financiarse. Pero en estos libros la política reduccional no se piensa en términos de éxito o fracaso sino atendiendo a la redefinición de las relaciones entre grupos reducidos y no reducidos y entre ambos y la sociedad hispano criolla. En efecto, siguiendo a Lucaioli y Nesis, la instalación de reducciones conllevaría cambios profundos. Muchas transformaciones antes adjudicadas a la adopción del caballo, al cambio ecológico y a dinámicas internas de los grupos indígenas, las autoras las atribuyen a la instalación de las reducciones. Éstas estarían funcionando como centros comerciales, como bastiones defensivos y su instalación es el producto de pactos entre las diversas cabeceras tucumanas y Santa Fe y, además de todo eso, cumplirían sus específicas funciones evangelizadoras y "didácticas" de "civilizar a los bárbaros". Para Nesis, desde la perspectiva indígena las misiones actúan como una suerte de "gran campamento base", integrando y modificando las prácticas tradicionales pero sin llegar a producir una ruptura radical. Así, la autora se separa con una postura alternativa de las que proclaman la "disgregación social" de los grupos reducidos (Susnik) o el pasaje de liderazgos a cacicazgos (Saeger). En suma, los cambios que Nesis detecta se operan en otras esferas. A nivel económico, porque las reducciones invitan a la producción de mercancías, algo inexistente antes. A nivel de la estratificación social, ya que el ganado se convierte en bien de prestigio y heredable, enriqueciendo a algunos caciques. Los liderazgos antiguos permanecen, ya que los jesuitas los legitiman en el afán de ser obedecidos y la construcción del poder y los mecanismos redistributivos y el reconocimiento de ese poder siguen las vías tradicionales pero la estructura social ya no es la misma. La homogeneidad, una vez más, se desdibuja. En el libro de Lucaioli, y en función del período abordado, las reducciones juegan un papel menos destacado. La hipótesis de una ampliación de los niveles de conflicto entre los grupos indígenas del Chaco, de la generación de nuevas tensiones y de la aceleración de procesos que ya estaban en acto -como el surgimiento de grupos más numerosos al mando de un número también mayor de caciques meritocráticos- hablan de estos enclaves misioneros como espacios plenamente integrados a  las políticas coloniales e interétnicas.

En fin, ésta es sólo una invitación a la lectura de dos libros importantes, muy osados y que deberían ser objeto de fértil debate. Esperamos la continuidad de estas investigaciones, ahora que las etnias chaqueñas nos resultan menos esquivas.

Judith Farberman

Universidad Nacional de Quilmes. CONICET. E-mail: jfarberman@unq.edu.ar