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Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem. am.  n.14 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./dic. 2006

 

ARTÍCULOS

Imágenes postconquista y etnogénesis en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Argentina. Hipótesis de trabajo arqueológico

Mariel Alejandra López *

* Arqueóloga. Investigadora Adjunta de CONICET. Sección Arqueología del Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. E-mail: marielarqueologia@yahoo.com.ar

RESUMEN

Actualmente, y desde el punto de vista arqueológico, es poco lo que se conoce sobre el momento de contacto entre españoles e indígenas en la Quebrada de Humahuaca. La excepción es la esporádica mención de elementos de la cultura material europea, o sus representaciones rupestres, hallados fundamentalmente en sitios prehispánicos.
A partir de investigaciones contemporáneas y estudios basados en material de colecciones y/o excavaciones pertenecientes al período que va desde los primeros contactos hispano-indígenas a la implementación del sistema colonial en la región han surgido nuevas hipótesis e interpretaciones arqueológicas. Estas últimas junto con los aportes realizados por la Historia, la Etnohistoria y la Historia del Arte andinos brindan nuevos planteos sobre objetos identificados arqueológicamente como arte mobiliar y el posible significado de sus representaciones de acuerdo con los contextos de uso, o función, determinados por los registros arqueológicos y el estudio de la crónica de la época.

Palabras clave: Imágenes posconquista; Etnogénesis; Representaciones figurativas; Quebrada de Humahuaca.

ABSTRACT

Currently, and from the standpoint of Archaeology, very little is known about the contact situation between indigenous and Hispanic people in Quebrada de Humahuaca. However the occasional mention of some objects belonging to the European material culture or their rock art, found mainly in indigenous pre-Hispanic sites is an exception. Based on contemporary research and studies of collections and/or archaeological remains of the period embracing the first contact situations until the establishment of the colonial system in the region new hypothesis and archaeological interpretations appeared. These together with approaches coming from Andean History, Ethnohistory and Art History have opened new lines of research regarding objects identified as mobile art and the meaning of their representations according to specific contexts of use proposed by archaeological records and documentary sources.

Key words: Posconquest images; Ethnogenesis; Abstracts representations; Humahuaca region.

INTRODUCCIÓN

Este artículo presenta una propuesta de trabajo que toma en cuenta distintos tipos de datos referidos al momento de contacto en la Quebrada de Humahuaca, enfatizando el análisis de la cultura material desde la Arqueología Histórica. Esta propuesta se diferencia de otras líneas de investigación llevadas a cabo en esta región para el mismo momento.

En efecto, los estudios sobre el momento de contacto entre españoles e indígenas en la Quebrada de Humahuaca, principalmente en las dos últimas décadas, han sido realizados desde distintas disciplinas. Por una parte, disciplinas tales como la Antropología (Ferreiro 1999), la Historia (Graña 2001; Martínez Cereceda 1995) o, la disciplina que más ha investigado en la región, la Etnohistoria (Gentile 1988, 1995; Lorandi 1984; Sánchez y Sica 1990, 1991; Sica y Sánchez 1992; Zanolli 1995a y 1995b, 2000, 2005; Zanolli y Lorandi 1996), se han basado en fuentes documentales que brindan un cúmulo de datos referidos, fundamentalmente, a cuestiones político administrativas. Por otra parte otras disciplinas han realizado estudios más focalizados en la cultura material tal es el caso de la Historia del Arte y de la Arqueología Histórica.

En este sentido a partir de la Historia del Arte se han realizado estudios en la región logrando interesantes e importantes avances en cuanto al análisis, no solo contextual sino también científico, de algunos objetos (Seldes et al. 1999, 2002; Siracusano 2005). Sin embargo, estos trabajos han estado referidos, exclusivamente al arte mobiliar vinculado con la Arqueología de lo europeo (Funari 2001); es decir con estructuras arquitectónicas o bienes materiales de tipología europea. Además, los trabajos generales ya clásicos de la Historia del Arte andino plantean fenómenos de fusión de elementos, lo que ha llevado a hablar de arte mestizo (Gisbert 1980) o de fenómenos de apropiación no solo de objetos sino, de nuevas identidades (Cummins 1991, 1994, 1998). Con respecto a la Arqueología Histórica en la Quebrada de Humahuaca existen todavía escasas contribuciones, entre ellas cabe mencionar los datos aportados por distintas investigaciones arqueológicas que han hallado, dentro de proyectos generales, correlatos materiales de ocupaciones correspondientes al momento de contacto. Este es el caso de sitios tales como La Falda de Tilcara (Bordach et al. 1998; Rivolta y Nielsen 1996-1998; Mendonça, Bordach y Grosso 2003) o del Proyecto Pintoscayoc (Hernández Llosas 1991, 1998, 2006). En otros casos, existen esporádicas menciones de elementos de la cultura material europea provenientes de sitios indígenas tales como La Huerta (Debenedetti 1917/18; Raffino 1993; Palma 1998). Otro tipo de vestigio que da cuenta de este momento es el Arte Rupestre, del cual se conocen en la literatura arqueológica del área varios casos; por ejemplo, Pintoscayoc 1, Inca Cueva 1, Huachichocana V, Cerro Pircado, Sapagua, entre los principales (Hernández Llosas 2001).

La diferencia entre las investigaciones mencionadas y la aquí planteada es que en este proyecto de investigación, como se dijo anteriormente, se aplica una propuesta de trabajo que toma en cuenta todo los tipos de datos1 referidos al momento de contacto. A partir de allí se intenta plantear nuevas hipótesis vinculadas tanto a la funcionalidad como a la significación de los objetos hallados en contextos arqueológicos, y su papel dentro del nuevo estado de situación, teniendo en cuenta el proceso de etnogénesis2 que estaría ocurriendo por entonces. Esto ha sido denominado, en trabajos anteriores, el camino hacia “el principio de un nuevo modo de ser andino”3 (López 2004).

Este trabajo, se refiere, en particular, al análisis de casos vinculados con un tipo de cultura material producida entre los siglos XVI y XVII: la cerámica hallada en contextos indígenas. Este tipo de objeto es estudiado aquí desde dos tipos de fuentes, arqueológicas y documentales, analizando no solo sus aspectos tecnológicos sino también sus representaciones plásticas y, específicamente buscando, desde las fuentes tanto arqueológicas como documentales, datos sobre los contextos funcionales de la cerámica para este rango temporal.

TECNOLOGÍA CERÁMICA. METODOLOGÍA Y REPRESENTACIONES ASOCIADAS A LOS SIGLOS XVI Y XVII EN LA QUEBRADA DE HUMAHUACA

En recientes trabajos, producto de las nuevas investigaciones que se han encarado en la región (Hernández Llosas en prensa; López 2004, 2005a, 2005b, 2006a, 2006c, 2007), y desde la perspectiva de la Arqueología Histórica4 se sostiene que el contacto debió haberse manifestado en diversos tipos de sitios arqueológicos y bajo distintas modalidades, todas visibles en la cultura material. En este sentido se ha planteado un enfoque de trabajo que analiza el proceso de etnogénesis desde la Arqueología; es decir basado en el estudio de la cultura material. Para ello se parte del supuesto que el fenómeno de contacto generó un nuevo modo de ser andino visible materialmente (López 2005b). Así este estudio propone una mirada centrada en la investigación histórica y contextual de cada uno de los casos de estudio en particular. Esto permite observar el proceso de etnogénesis no solo desde las representaciones plásticas en sí mismas sino, también, desde otros aspectos tales como la tecnología, los contextos de uso y función y el estudio de la significación para los distintos actores sociales involucrados. Esto es posible de realizar a partir de la utilización de distintos métodos de análisis (Reycraft 2005).

A su vez, dentro de esta propuesta se tienen en cuenta aspectos hasta ahora, poco explorados en la investigación de este tema y período para la Quebrada de Humahuaca. Uno de estos aspectos es el “Paisaje”, entendiendo como tal al paisaje construido culturalmente (ver por ejemplo Tilley 1994; Bradley 2002). Se considera aquí que el paisaje andino indígena al momento de la conquista jugó un papel fundamental en todos los procesos sociales desencadenados por entonces, condicionando la vida de tal modo que ya no es posible hablar de sincretismo -como lo hacen los Historiadores de la Iglesiani tampoco de fusión de elementos -como expresan los Historiadores del Artesino más bien de superposición o yuxtaposición (ver: Rice 1998 para Arqueología).

Otro aspecto considerado aquí es la importancia de aplicar un tipo particular de análisis a los objetos de arte mobiliar hallados en contextos arqueológicos. Esto exige la realización de un estudio histórico y contextual de cada uno de los casos ya que si bien la región de la Quebrada de Humahuaca se enmarca en la macro-región del virreinato del Perú o de Charcas colonial, no es posible siempre, y en todos los casos, trasladar el modelo central de manera completa a esta región en estudio -aunque hay excepciones. Esta región,además de ser marginal ha presentado peculiaridades que la vuelven, algunas veces, materialmente distinta del resto del Noroeste Argentino.

Finalmente la perspectiva planteada en este trabajo pretende aportar una nueva forma de abordar el fenómeno del contacto en la Quebrada de Humahuaca, desde la mirada de la Arqueología. Esto implica estudiar el registro arqueológico no solamente como una simple vía de contrastación de los datos o resultados de investigación obtenidos por las otras disciplinas anteriormente mencionadas, sino como un aporte en sí mismo para el conocimiento de este tema.

A continuación se presenta el análisis de cerámica proveniente de los siguientes sitios: Los Amarillos, Pucará de Yacoraite, Pucará de Tilcara, La Huerta y Pucará de Volcán. Los primeros cuatro situados en el sector medio de la Quebrada de Humahuaca y el último en el sector sur (figura 1). Con respecto a los materiales analizados para cada uno de los tres primeros sitios se trata de materiales de colección, producto de las excavaciones realizadas a comienzos del siglo XX, así como de materiale bibliográfico publicado hasta la actualidad. Con relación al sitio La Huerta, donde he participado de varias de sus excavaciones, he podido analizar tanto los materiales de colección y bibliográfico como los materiales de las excavaciones contemporáneas. Finalmente, en cuanto al pucará de Volcán se ha trabajado exclusivamente con material bibliográfico sobre los datos publicados hasta la actualidad.


Figura 1
. Ubicación de la Quebrada de Humahuaca en el Noroeste Argentino con detalle de las localidades más importantes y los sitios arqueológicos más conocidos.

Lo interesante de considerar estos casos de estudio es que, pese a la limitación marcada anteriormente con respecto a la traslación de modelos explicativos, los sitios localizados en el sector medio de la Quebrada de Humahuaca, considerados por los arqueólogos de la región como de primer nivel por su complejidad interna durante la ocupación incaica podrían haber configurado un circuito de distribución de bienes de tipo “dendrítico”, tal como fue sugerido por el modelo basado en explicaciones sociopolíticas de D’Altroy para los Andes Centrales (D’Altroy 1993/98: 95).

La aplicación de este modelo de distribución en el sector medio de la Quebrada de Humahuaca ya fue sugerida en otro trabajo (López 2006b) para el caso de la distribución de ciertos tipos cerámicos. Esto podría explicar entonces, tal como se verá luego, que piezas casi idénticas sean halladas recurrentemente en contextos de élites de estos sitios.

Con posterioridad a este planteo, Nielsen (2005) se refirió a este fenómeno de conexión entre los sitios de mayor jerarquía en la Quebrada de Huamahuaca como a un proceso de desarrollo previo al de la ocupación incaica y que podría ser explicado, en cambio, basándose en un modelo corporativo de organización social. A partir de este modelo se asumió que la organización social de estos poblados tendría un ejercicio del poder político regulado y que restringiría la acumulación económica de bienes por parte de individuos o linajes particulares permitiendo, en cambio, la acumulación de capital social y simbólico. Como consecuencia de esto, la verdadera riqueza de individuos tales como los jefes étnicos residiría no tanto en los bienes que poseían, sino en la magnitud de la red redistributiva que articulaban.

El sitio La Huerta, situado en la quebrada homónima y en la margen occidental de la Quebrada de Humahuaca, es uno de los sitios que la literatura arqueológica diferencia de los pukara identificándolo como el tradicional pueblo viejo o antigal; es decir, como un sitio localizado en emplazamientos sobreelevados o pedemontanos (Raffino 1993: 37) pero sin características defensivas.

De acuerdo con las excavaciones realizadas en este sitio, La Huerta tuvo una ocupación desde el 1150 + 80 AP (LATYR LP-165, publicado en Raffino 1993: 37) hasta el 210 + 50 AP (LATYR LP-1016, comunicación personal de Palma 2004).

De este sitio se ha analizado, para el momento de interés y con particular detalle un tipo de pieza cerámica novedoso (Foto 1) hallado en un contexto doméstico. El contexto de hallazgo mostraba indicios de influencia Inka. De dicho contexto se obtuvieron una serie de fechados radiocarbónicos que van desde el 770 + 50 AP (CAIS-UGA-7348) hasta el 210 + 50 AP (LATYR LP-1016. Comunicación personal de Palma 2004) que permiten suponer una continuidad de uso hasta los momentos de contacto.


Foto 1
. Fragmentos de una fuente con asas Inka Provincial hallado en el sitio La Huerta, Recinto 293, Quebrada de Humahuaca. En primer plano a la izquierda puede observarse la representación de un topo o alfiler incaico con reticulado interior junto con elementos de diseños característicos de los momentos de ocupación conocidos tradicionalmente como Tardío o de Desarrollos Regionales.

A partir de revisiones que realicé en colecciones depositadas en el Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (MET), este tipo de pieza también fue hallado en excavaciones de comienzos del s. XX en otros de los sitios de la Quebrada de Humahuaca mencionados anteriormente, con ejemplares casi idénticos o mellizos al aquí descrito. Tal el caso de las piezas halladas en el Pucará de Yacoraite, sitio conglomerado y defensivo ubicado en la quebrada homónima sobre la vertiente oriental de la Quebrada troncal, y en el Pucará de Tilcara que con características similares al anterior se halla localizado sobre la vertiente occidental de la Quebrada de Humahuaca (fotos 2 y 3).


Foto 2
. Fuente con asas del sitio Pucará de Tilcara. Pieza de colección (MET Nª 8741) restaurada por la conservadora G. Amirati en el Museo Etnográfico J. B. Ambrosetti de la Facultad de Filosofía y Letra de la Universidad de Buenos Aires. Esta pieza, como las otras piezas de colección que se mencionan en este artículo se encontraban sin estudiar debido a que, halladas en forma fragmentaria (tal como consta en los asientos del Catálogo de comienzos del siglo XX), fueron así guardadas hasta su hallazgo producto de la investigación realizada para mi tesis doctoral. En dicha búsqueda debo agradecer tanto a G. Amirati como a L. Pereyra Domingorena.


Foto 3
. Detalle de la pieza anterior donde puede verse la representación del alfiler incaico.

Este tipo de pieza cerámica consiste en grandes fuentes con asas y con diseños internos realizados en negro sobre rojo, distribuidos en un patrón espacial siempre cuatripartito. Los elementos de diseño son predominantemente geométricos y de amplio uso local -como círculos concéntricos, “v” adosadas por sus extremos superiores a una línea perimetral del bordey han sido también recurrentemente utilizados para el mayor lapso de ocupación característico de este tipo de sitios indígenas, lapso conocido como Tardío o de Desarrollos Regionales (ca. 1000-1400 d. C).

Sin embargo, los ejemplares aquí aludidos se distinguen del resto, anteriores cronológicamente hablando y más pequeños pero de forma y características técnicas similares, por la aparición de un nuevo elemento de diseño representativo, se trata de la representación figurativa de un topo o alfiler incaico.

Tradicionalmente este tipo de fuentes, sin la representación del alfiler incaico, fue considerado como perteneciente al Período Agroalfarero Tardío y también, y particularmente, al Período Inca. Tal es el caso de las comparaciones que han podido realizarse con los materiales provenientes del sitio Los Amarillos.

En este sentido, a partir de lo publicado de las excavaciones de Nielsen en el sector central y ceremonial del sitio Los Amarillos, sitio localizado sobre la Quebrada de Yacoraite, ha podido observarse este tipo de pieza pero sin la representación de alfileres o topos. Este autor adscribe los ejemplares de este tipo como piezas con decoración tardía y en uso durante la presencia incaica en la Quebrada de Humahuaca, ya que sería una forma vinculada con los convites ceremoniales auspiciados por el Inka o, por lo menos en este caso, con los sectores de élite, prestigio y con cierto ejercicio de poder que se encontraría a su servicio (Nielsen 2005).

El nuevo elemento decorativo que aparece en determinado momento en este tipo de piezas, el topo o alfiler incaico, fue un adorno de vestir valiosamente utilizado por las mujeres del Inka, las Coyas, pero también fue apreciado y utilizado por mujeres de otros sectores sociales. Sin embargo este tipo de adorno, confeccionado en distintas materias primas -como cobre, plata, bronce y huesoha sido hallado en La Huerta en contextos siempre asociados a individuos presuntamente de élite.

En los contextos funerarios de La Huerta identificados como de élite según Raffino y Palma Raffino 1993: 113-114), han sido hallados topos de bronce y plata en las estructuras funerarias o Tumbas Nº 93 y Nº 94 que se ubican precisamente en el sector central del sitio el cual, además, se identifica con arquitectura incaica. También se hallaron topos de plata y bronce en la Tumba Nº 88 que se ubica a un costado de una pequeña kallanca.

El único dato respecto a un topo de hueso en este sitio arqueológico es el proporcionado por Debenedetti en su libreta de campo (Debenedetti 1917/18) y proviene del Recinto 308 -domésticoasociado al Recinto 293 -patio de usos múltiplesdonde se halló un ejemplar del tipo de pieza cerámica en cuestión y que, de acuerdo con los análisis contextuales, formaría parte de la vivienda de individuos de relativa importancia social, tal vez al servicio del líder o de la élite del sitio.

A partir de extensivos análisis arqueométricos (López 2007) llevados a cabo sobre este último ejemplar cerámico recuperado en excavaciones contemporáneas del sitio La Huerta, y de la comparación con ejemplares casi idénticos hallados en otros sitios del sector medio de la Quebrada de Humahuaca ha podido observarse que estos últimos guardarían las mismas características tecnológicas5

Se trata entonces de un tipo de pieza cerámica inicialmente identificada como Inka Provincial que, además de presentar ciertas innovaciones tecnológicas, es de mayores proporciones que formas similares y anteriores utilizadas para el servicio de alimentos.

Las diferencias más importantes encontradas respecto a las piezas anteriores, cronológicamente hablando son:

a) El uso de un tipo particular de pigmento negro para realizar los diseños, que corresponde al manganeso, mineral que si bien se encuentra disponible en muchos sitios de la Quebrada de Humahuaca y ya había sido utilizado para algunas pinturas rupestres en Inca Cueva no aparece en los análisis realizados previamente sobre piezas de la región decoradas en negro sobre rojo -para más detalles tecnológicos y para observar la importancia que implica el uso de este pigmento en la simplificación de la cocción de piezas bicolores ver: López 2007).

b) La aparición de la representación de un alfiler incaico o topo o topu.

¿Quiénes habrían sido los usuarios de esas grandes fuentes? De acuerdo con el análisis de la información contextual de uso y funcionamiento de este tipo de pieza en contexto doméstico, una primera aproximación a esta pregunta indicaría que fueron, muy posiblemente, los mismos actores sociales quienes, durante los primeros momentos de contacto con el español en la Quebrada de Humahuaca, actuaron no solo como nexo de las poblaciones locales con el Inka sino también entre este y los españoles. Me estoy refiriendo más específicamente a los personajes conocidos generalmente en la bibliografía arqueológica como curacas o caciques o jefes étnicos.

En el sector meridional de la Quebrada de Humahuaca y en colecciones que también se hallan vinculadas a sitios con ocupación incaica, existen otros interesantes casos para observar y analizar más detenidamente, se trata de algunos tipos de piezas cerámicas provenientes del sitio Pucará de Volcán.

Este sitio se encuentra localizado en altura en un cono suspendido y transversal a la Quebrada de Humahuaca en su sector meridional y se diferencia de los sitios anteriores debido a que el medioambiente en este sector de la quebrada troncal es más húmedo y está en un ecotono que facilita el acceso a recursos provenientes tanto de prepuna como de valles orientales (Garay de Fumagalli 1998: 132). El Pucará de Volcán, área residencial aglomerada en altura, se encuentra actualmente estudiado por Cremonte y otros investigadores (sobre cerámica ver específicamente Cremonte, Ortiz y Delgado 1997; Cremonte y Solís 1998; Ortiz y Delgado 2002). De acuerdo con los fechados vinculados a los niveles de excavación con cerámica su ocupación iría desde el 860 + 70 AP (LATYR LP-801) al 440 + 60 AP (LATIR LP-808), lo cual refleja una continuidad de ocupación desde los comienzos del Período Tardío o de Desarrollos Regionales hasta el Incaico (Cremonte y Solís 1998: 165-167). Incluso, de acuerdo con fechados aún no publicados su ocupación continuaría, tal vez, hasta la época del contacto Hispano-indígena -comunicación personal de Cremonte 2004-.

Al igual que otros sitios de la Quebrada de Humahuaca, el pucará de Volcán posee una colección de referencia obtenida en otra época y que comprende piezas cerámicas completas aunque, en este caso, descontextualizadas ya que se carece de datos de excavación, tales como los que se suelen conservar en libretas de campo antiguas. Dicha colección conservada en museo habría sido también, de acuerdo con las prácticas de la época, obtenida de contextos funerarios. Lo interesante es que en la misma, de acuerdo con las publicaciones que se han realizado hasta la fecha, es posible observar algunas piezas cerámicas, esencialmente pucos, que según las clasificaciones morfológicas-estilísticas y las interpretaciones publicadas presentan nuevos diseños geométricos que, por el momento, fueron denominados como excepcionales. Estas piezas que, en algunos casos, han sido vinculadas a lo incaico debido a la representación interior de, por ejemplo, ajedrezados han sido también publicadas en un primer momento como piezas “únicas” (Cremonte, Ortiz y Delgado 1997: 20, figura 4) y posteriormente como “variedades decorativas” observables tanto en este sitio como en el Pucará de Tilcara, sitio con el cual fue comparada la muestra (Ortiz y Delgado 2002: 174, figura 3).

A este tipo de diseño se suma un diseño perimetral zigzagueante o estrellado y concéntrico que, en distintas variedades, puede verse en las clasificaciones anteriores pero en el último de los trabajos mencionados (Ortiz y Delgado 2002) también aparece descrito como “atributos decorativos poco frecuentes en la Quebrada de Humahuaca” y discriminado sobre otro tipo de piezas. Se trataría de pucos muy profundos o fuentes (Ortiz y Delgado 2002: 175, figura 4).

Este último tipo de diseño o atributo estilístico, estrellado o zigzag, aunque aparentemente geométrico fue interpretado en un trabajo anterior a este (López 2005a) como un caso en el que podría observarse la representación de algún elemento alóctono.

En este sentido, se consideró que dicho diseño podía asimilarse a la vista en sección de las cuentas de vidrio europeas conocidas como Aggri Perlen halladas en algunos sitios de la Quebrada de Humahuaca, en particular el de La Huerta6 y en el cementerio hispano-indígena de La Falda, sitio localizado en las márgenes del pueblo de Tilcara (ver por ejemplo Bordach et al. 1998; Mendonça, Bordach y Grosso 2003; Rivolta y Nielsen 1996-1998).

En este último sitio, los contextos son todos pertenecientes a personajes de prestigio y/o poder. Allí han sido enterrados, en algunos casos, no solo con este tipo de cuentas de vidrio sino también junto con vestimentas de origen europeo lo que, según los documentos, constituiría claramente una prerrogativa que usufructuaron ciertos individuos de élite.

LAS REPRESENTACIONES O ICONOGRAFÍA INKA EN QUEBRADA DE HUMAHUACA Y LA PERSPECTIVA DE LA ARQUEOLOGÍA HISTÓRICA

Desde la arqueología, se ha sostenido tradicionalmente que lo característico de las decoraciones o representaciones incaicas en la cerámica llamada Inka Provincial, hallada en sitios arqueológicos del Noroeste Argentino (NOA), son los elementos de tipo geométrico y, por lo tanto, abstractos. No obstante algunas piezas han mostrado cierta figuración, en particular de tipo zoomorfa, tal es el caso de las representaciones de llamitas estilizadas y los apéndices en forma de cabeza y cola de pato observadas en algunos pucos.

En el caso particular de la Quebrada de Humahuaca, el llamado grupo cerámico Inka Provincial se caracteriza por presentar, además, piezas que reproducen nuevas formas -por ejemplo aribaloidescon decoración geométrica o abstracta local aunque compuesta de forma distinta a la que combina las clásicas decoraciones quebradeñas. Así, en estas piezas podemos observar lo que algunos investigadores han llamado motivos en banderines, moños o clepsidras.

Dentro de la Arqueología Histórica, se adopta una nueva perspectiva teórica, el Procesualismo histórico. A pesar de su nombre está encuadrado dentro del Postprocesualismo, el cual no se vincularía tanto con una arqueología de lo europeo, como han planteado algunos autores que trabajan en Sudamérica (Funari 2001) sino con una arqueología de los procesos históricos (Pauketat 2001: 73-75), lo que implica un desarrollo teórico más amplio pero también más específico y contextualizado, especialmente en los sitios indígenas.

Esta perspectiva teórica se encuentra vinculada con una serie de desarrollos sociológicos y antropológicos centrados, precisamente, en el estudio de los cambios tecnológicos, tema que comenzó a plantearse tanto en estudios de tipo regionales como en estudios de caso o históricamente basados o documentados.

Asimismo y para el estudio de la cultura material en particular, lo que en arqueología denominamos tecnologías, este marco teórico es compatible con el planteo de Lemonnier, para quien las elecciones tecnológicas dependen tanto de las opciones físicas como sociales de los actores (citado en Loney 2000: 648-650). También es compatible con la perspectiva de análisis de la Historia del Arte andino (Cummins 1998), dentro de la cual es posible plantear distintos fenómenos de resignificación de los objetos y/o sus representaciones, de acuerdo con el contexto histórico particular en el que se efectúa este encuentro entre culturas y/o sociedades, tal podría ser el caso de la Quebrada de Humahuaca para el momento del contacto hispano-indígena.

A partir de estos conocimientos previos y de la postura teórica adoptada entre las diversas hipótesis que se derivan de esta investigación preliminar se sostiene que fue muy probablemente desde los primeros momentos del contacto operado entre los españoles y los locales que comenzaron a llevarse a cabo importantes modificaciones en la cultura material. Además, se sostiene que estas modificaciones irían más allá de la simple anexión de bienes por intercambio de presentes y/o de elementos representativos, tal como lo vienen sosteniendo historiadores y etnohistoriadores.

Además, de acuerdo con este análisis y el estudio de los contextos de los sitios mencionados como casos, se sostiene que estos cambios son los que habrían operado en el interior de las sociedades indígenas o locales. Por ello estos cambios son, además, los que nos permitirían aproximarnos al tema de la resistencia frente al español desde una perspectiva, hasta el momento, no investigada para esta región: la perspectiva de la cultura material y su significación.

Desde esta perspectiva teórica y desde un nuevo acercamiento a la cultura material es que nos permitimos plantear que el comienzo de la aparición de algunos elementos, tanto figurativos como geométricos, en la cerámica reconocida como Inka Provincial remitiría a objetos o referentes reales de la cultura material relacionados tanto con la etnicidad incaica como con la española para momentos de contacto.

Para ejemplificar lo anterior puede volverse al caso del sitio La Huerta, donde, tal como se mencionó anteriormente, el trabajo de análisis arqueométrico de un ejemplar cerámico que hasta el momento seguimos llamando Inka Provincial -a falta de un mejor nombrepermitió observar que entre los elementos de diseño locales se encontraba la figura de un topo o alfiler incaico.

Su localización en un recinto doméstico, más precisamente en un patio de actividades múltiples de un sector sin arquitectura incaica, permitiría plantear como hipótesis, que deberá seguir siendo contrastada con otras líneas de evidencia producto de futuras excavaciones, la importancia del uso simbólico del topo o tupu dentro de un sector de consumo que aunque no pertenecería a la élite -esto no es del todo claro aún-, muy probablemente estuviera al servicio de ella o, mejor aún, tratando de identificarse con ella.

De hecho, la presencia dentro de los elementos de diseño de este tipo de pieza cerámica de un topo incaico puede asociarse claramente con el uso simbólico que este tipo de objetos pudo tener en esos momentos y, tal vez, en momentos algo posteriores de pleno contacto con el español. Algo similar habría ocurrido con otros elementos incaicos de uso masculino que simbolizaban poder y prestigio, tales como la túnica ajedrezada o unku militar incaico, otro tipo de objeto utilizado como vestimenta y que podría haber operado como referente real de los diseños ajedrezados anteriormente mencionados, y que se repetirían no solo en sitios como el pucará de Volcán y pucará de Tilcara sino también en otros sitios de la Quebrada de Humahuaca.

Este último tipo de diseño en damero, ha sido claramente representado en el arte rupestre de Jujuy, en sitios como Rinconada donde aparecen los dameros en unkus. En relación con esta representación, si bien generalmente se sigue interpretando que estaría vinculada cronológicamente al momento de ocupación incaica del Noroeste Argentino (Ruiz y Albeck 2005), no se descarta que pudiera tratarse de representaciones posteriores al encuentro con el español. De ser así se estaría frente a la presencia de un manifiesto cambio en los modos de representación plástica, algo consistente con los resultados de otros estudios realizados desde la Historia del Arte, por ejemplo, en vasos keros coloniales donde se representan figuradamente mitos incaicos (Gisbert 1980).

De hecho, para algunos investigadores la representación de este tipo de elementos de diseño, junto con otros también vinculados a los sectores de poder y/o élites incaicas -como por ejemplo la tiana o silla baja, los mismos vasos de madera o keros, entre otroshabría funcionado, de acuerdo con los estudios realizados por Cummins (1998: 101) sobre las imágenes del mundo post-conquista, como símbolo ideográfico en los reclamos de privilegios coloniales de los kuraka o caciques (López 2005a).

ALGUNAS DE LAS CARACTERÍSTICAS EN EL PROCESO DE HISPANIZACIÓN QUE PODRÍAN HABERSE DADO EN LA QUEBRADA DE HUMAHUACA

Entre las características usuales, generalmente descritas por la Historia, la Etnohistoria y la Historia del Arte, en el proceso de hispanización de los jefes étnicos se menciona:
1- su conversión al cristianismo
2- la adopción o uso de la vestimenta de los conquistadores
3- la adopción de un nombre cristiano
4- la adopción del título de don

Refiriéndonos exclusivamente a aquellas características directamente observables en la cultura material, es interesante destacar la perspectiva de Bunster (2001: 90) para quien, si bien la adopción indígena de la vestimenta del español puede considerarse como una manera de exhibir la aculturación, los españoles, según fuera su función, adoptaron dos posturas muy distintas frente a los jefes étnicos:

1- El español común lo consideraba como un indio más, un salvaje, una persona inferior.

2- Las autoridades españolas, en cambio, solían darle un tratamiento jerárquico en su carácter de aliado o indio amigo, otorgándole no solo una serie de bienes materiales -y esto es precisamente lo que se viene rastreando en documentos, especialmente en los de origen eclesiásticosino también lo que Bunster llama la “consagración suprema” que era darles el escudo de armas -aunque no existen aún evidencias sobre este último tipo de objetos en la Quebrada de Humahuaca-.

Según esta autora (Bunster 2001: 90), el otorgamiento de insignias heráldicas y de vestimenta sean símbolos exteriores y visibles que servían como medio para que el español del común entendiera el lugar social del indio de élite o, según mi opinión, el nuevo rol que le era asignado a ese indígena. También señala que la diferencia entre ambos era que mientras al escudo de armas lo otorgaba una autoridad superior, el uso de la vestimenta española era un acto de “voluntad individual no formal” para ello no era necesario el permiso real. Aunque, tal como se ha mencionado anteriormente, otros autores han señalado que el vestir prendas de español era prerrogativa de algunos personajes indígenas, generalmente jefes étnicos y tal vez otros miembros de la élite.

Asimismo, cuando los curacas o jefes étnicos a la usanza de los españoles pedían mercedes y herencia a cambio de sus servicios, y/o del de sus antepasados, se trataba de beneficios en la esfera política y económica pero también en la esfera simbólica. Según algunos autores (Adanaqué Velásquez 2000; Bunster 2001) fue bastante común dentro del área andina, incluido nuestro NOA, el pedido de autorización para vestir el hábito de San Francisco, de Santiago o el uso de espada y partesana7.

El hábito de Santiago significaba prestigio y méritos adquiridos en campañas al servicio del monarca ya que era la vestimenta de una orden militar; lo segundo, el uso de espada y partesana significaba la ejecución de la justicia ya que eran instrumentos que la Corona otorgaba a los funcionarios burocráticos para el ejercicio del poder (Bunster 2001: 91-92).

En este contexto histórico, algunos de los más recientes hallazgos en Quebrada de Humahuaca en un cementerio hispano-indígena conocido como La Falda en Tilcara estarían corroborando, sin lugar a dudas, la posición privilegiada que algunos personajes indígenas con prestigio y/o poder ocupaban en momentos donde seguramente la presencia del español era más efectiva. Ese es el caso, de “El joven señor de La Falda” cuyos restos aparecen en este cementerio indígena fuera del ámbito de los antigales o pukarás y claramente asociado a la época de pleno contacto (Bordach et al. 1998). Este individuo lucía ropa española junto a un ajuar y ofrenda distintivamente indígena.

Dentro de este contexto interesa ahondar sobre los aspectos simbólicos que ciertos objetos concretos y sus representaciones como elementos figurativos, debieron operar sobre la cultura material indígena o local complementándola y/o resignificándola para las comunidades indígenas o locales.

Desde lo material esto implica comenzar a entender no solo las distintas miradas del español sino también las distintas miradas, y significaciones o resignificaciones, que habrían hecho las comunidades locales frente a la desigual apropiación de objetos e imágenes que llevado a cabo, al menos desde lo que ha podido observarse hasta el momento, por los miembros de élite de una parte y el resto de los actores sociales locales por la otra.

LAS CUENTAS AGGRI PERLEN

Los registros funerarios del sitio La Huerta asociados a la presencia de este tipo de cuentas de vidrio (fotos 4, 5 y 6) son escasos y pertenecen, como se mencionó anteriormente, exclusivamente a contextos materiales asociados a personajes de élite o con cierto prestigio y, además, seguramente poder.


Foto 4
. Detalle de cuentas de vidrio (MET Nº 25560) de sección estrellada conocidas técnicamente con el nombre de Aggri Perlen. Las mismas han sido halladas en un contexto funerario de La Huerta, Tumba nº 93, localizada en el Edificio B dentro el sector A de la planta del sitio, localización atribuida el sector de residencia de los miembros de la élite. De acuerdo con los datos proporcionados por Debenedetti en su libreta de campo y publicados por Palma (1998: 52), estas cuentas se encuentran asociadas a otras, probablemente de malaquita, 2 fragmentos de láminas de plata, una chinca no localizada, un tortero, "bastones" de madera no localizados y un puco Rojizo Pulido (MET Nº 25070). Este conjunto de bienes estaría asociado a 3 individuos adultos.


Foto 5. Detalle de otras cuentas asociadas (MET Nº 25560) en el mismo contexto que el anterior e identificadas como de malaquita y de vidrio. Entre estas últimas se destacan cuentas cilíndricas a rayas.


Foto 6. Vista en detalle del tipo de cuentas de vidrio cilíndricas y a rayas junto a cuenta de malaquita y Aggri Perlen (MET Nº 25560).

Aunque no podemos asegurar lo mismo con respecto a este tipo de cuentas presentes en otros sitios arqueológicos del NOA por carecer de la publicación de contextos detallados, es interesante observar que en algunos de los casos más conocidos para la región central del país, como por ejemplo los sitios trabajados por Lagiglia en la provincia de Mendoza, este tipo de cuentas también aparece en tumbas junto con objetos que han sido identificados como ajuar y ofrendatorio que, en algunos casos y de acuerdo con la información publicada, también podría suponerse como pertenecientes a personajes de élite.

Por ejemplo, en Barracas de Maipú aparecen estas cuentas combinadas con cuentas de vidrio azul marino alargadas junto con dos topos o tupus de cobre o aleación y varios alfileres de cobre. Lagiglia los vincula directamente con la cultura material de influencia incaica y piezas cerámicas de tipo indígena local.

Hallazgos similares ocurrieron en otro sitio dentro de la provincia de Mendoza que Lagiglia identifica como Cultura Viluco-Inka y/o Viluco Hispano-Indígena, en la zona de Aguas Amargas (Tunuyán) dentro del valle de Uco allí, en contextos también de tumbas se combinan elementos locales, incaicos e hispánicos y aparecieron numerosas cuentas de vidrio pequeñas de este tipo junto con algunos topos o tupus que se interpretan como de origen incaico. También aparece allí cerámica identificada como VilucoInka, cerámica colonial gruesa simplemente alisada pero vidriada y algunos fragmentos de hierro.

Según este autor allí también habría evidencias de lo que denominó “un contacto trascordillerano inicial” debido a la presencia de moluscos de la costa del Pacífico, elementos claramente asociadas con la “corriente imperial” incaica (Lagiglia 1983: 195).

Finalmente en la misma zona, Viluco, se destaca un sitio en el valle de Xaurua, anteriormente trabajado por Reed (1918), Boman (1920), Metraux (1929), Torres (1923), Rusconi (1938, 1962) y posteriormente analizado por Lagiglia -autores citados en Lagiglia 1983-. Aquí este tipo de cuenta aparece en dimensiones poco frecuentes, algo más de 5 cm de longitud -ver fotos en Lagiglia 1983: 200y asociada a cuentas de vidrio “fundido azul ultramar traslúcido”, cuentas de “vidrio verde turquesa” y algunas cuentas de “vidrio soplado” que ya habían sido descritas por Boman (1920) y Rusconi (1962) (citados por Lagiglia 1983: 195) junto a medallas religiosas fechadas entre 1513 y 1655 d.C.

Volviendo a La Huerta, el contexto particular en que las cuentas Aggri Perlen fueron halladas coincide con muchos de los elementos antes mencionados para los contextos de Mendoza. Por una parte, estas cuentas que al hilarse en collares pasaron a ser chaquiras españolas combinan este tipo de cuenta con cuentas de malaquita y de vidrio azul, y de acuerdo con los registros del MET serían cuentas prismáticas (fotos 7 y 8).


Foto 7
. Detalle de cuentas prismáticas de vidrio azul (MET Nº 25562). Las mismas han sido halladas en un contexto funerario de La Huerta, Tumba nº 89, localizada en el Edificio A dentro el sector A de la planta del sitio, localización atribuída al sector de residencia de los miembros de la élite. De acuerdo con los datos proporcionados por Debenedetti en su libreta de campo y publicados por Palma (1998: 52), estas cuentas se encuentran asociadas a un anillo de cobre y a dos individuos adultos y un juvenil.


Foto 8
. Detalle de las cuentas de la imagen anterior.

Por otra parte, estas cuentas también aparecen asociadas en contextos claramente funerarios con  topos o  tupus, siempre de metal -cobre, plata o bronce-, entre otros elementos asociados con los rituales de élites tales como fragmentos de valvas presuntamente provenientes del Océano Pacífico al igual que en los casos mencionados por Lagiglia. Tales son los casos de los hallazgos dentro de las tumbas registradas en edificios de construcción incaica, en el sector central de la planta urbana de La Huerta identificados como lugar de residencia de los individuos de mayor prestigio social y, tal vez, poder.

Asimismo, de acuerdo con los trabajos de campo del Dr. Raffino en el sitio ha sido recuperada cerámica, aunque en recolecciones de superficie de algunos recintos, identificada por él como “histórica” (Raffino 1993: 64,110).

Otro sitio donde aparece este tipo de cuentas, y sobre las cuales ya hizo referencia Tarragó (1984: 167), es el sitio conocido como Cachi Adentro, en el Valle Calchaquí, provincia de Salta. No me detendré sobre él en este trabajo pero cabe destacar que esta autora sostuvo que por sus características, tales como poseer cinco capas de vidrio de colores -azul, blanco, rojo, blanco y azuly la presencia de bordes facetados, estas cuentas habrían sido manufacturadas “sin duda” en los talleres venecianos. Esto puede vincularse con otro dato interesante, según ella este tipo de cuenta habría dejado de fabricarse en el siglo XVI “por la introducción de nuevos métodos de manufactura”. En este caso, también se da la asociación de este tipo de cuenta con objetos que poseen elementos de heráldica en, por ejemplo, una cucharita de plata (Tarragó 1984: 165).

Desde nuestra perspectiva teórica, es indudable que las cuentas de vidrio fueron de origen alóctono, es decir extra-sitio arqueológico. Sin embargo, deberíamos encarar algún tipo de análisis arqueométrico para poder determinar con precisión las características de su manufactura como su probable lugar de origen.

A MODO DE CONCLUSIÓN ABIERTA O DISCUSIÓN

Si se analiza el contexto no solo arqueológico sino también social e histórico de estos hallazgos, tanto para Mendoza, los de Salta como la Quebrada de Humahuaca, la aparición conjunta de cuentas de vidrio junto con medallas de uso religioso, como ocurre en Mendoza, podría explicar, en gran medida, no solo una de las posibles vías de ingreso de este tipo de objetos de origen y tipología europea dentro de la cultura material indígena. También podría explicarse no solo qué habría ingresado sino también la forma de ingreso, muy probablemente, formando rosarios en manos de actores sociales vinculados a la Iglesia. Esta hipótesis no es nueva y ya ha sido postulada en el siglo pasado por algunos investigadores del NOA (ver por ejemplo las referencias sobre trabajos de Debenedetti 1921 y Johansson 1996 citadas resumidamente en un trabajo más reciente por González 2004:368).

Los religiosos fueron quienes, al igual que algunos de los personajes militares o de la administración española, trataron con los jefes étnicos, oficiaron de verdaderas bisagras o articuladores con las comunidades indígenas, especialmente durante los primeros contactos.

En este sentido, el hallazgo de cuentas de vidrio, aisladas o combinadas con cuentas de otros tipos, no implicaría una presencia necesariamente efectiva del español en estos ámbitos; es decir en los sitios indígenas propiamente dichos. Este tipo de objetos de origen europeo en sitios indígenas más bien estaría haciendo referencia a esos primeros encuentros, cuando se intercambiaban presentes -abalorios, baratijas, etc.con los jefes étnicos o caciques. Este proceso podría haber sido efectuado tanto por el encomendero o el español de la administración española posteriormente o, en el caso de la Quebrada de Humahuaca, según pienso, por los jesuitas. Un ejemplo de esto último puede observarse en el caso del ingreso y avance de los jesuitas desde Quebrada de Humahuaca hacia el Chaco en la documentación correspondiente a las primeras décadas del siglo XVII, reunida y publicada por el jesuita Lozano ([ 1733] 1941).

Esto también es explicado desde los documentos jesuitas que refieren a la logística implementada en América a través de la Primera Monumenta Peruana, volumen que reúne una serie de documentos más tempranos aún (entre 1565 y 1575 d. C) y en donde puede verse, además, que en un mapa del siglo XVI levantado por los jesuitas Humahuaca ya era representado como misión de indios infieles (figura 2).


Figura 2
. Mapa con las “Fundaciones de la Compañía de Jesús en la Provincia del Perú. Siglo XVI”. En: Monumenta Peruana, Vol I: 69.

Con posterioridad y más avanzado el colonialismo pero haciendo referencia a la permanencia de este tipo de estrategias operadas durante esos primeros contactos entre español e indígena, Penhos desde una perspectiva de la Historia del Arte cercana a la Arqueología del Paisaje, señala claramente que en los avances los jesuitas desde la Quebrada de Humahuaca hacia el Chaco para colonizar ese paisaje, no solamente plantaban sus cruces también llevaban consigo medallas, estampas y rosarios para regalar exclusivamente a los caciques o jefes étnicos y para ganarse, de ese modo, su confianza y garantizar su entrada y permanencia antes que para evangelizarlos (Penhos 2004).

Con respecto al tema de la presencia de cuentas de vidrio en los registros arqueológicos es de destacar que los rosarios realizados con cuentas de vidrio formaron parte de la imaginería que identificaba a los indios cristianos dentro de ese mundo postconquista dividido. Un ejemplo de ello es la imagen de Guamán Poma (figura 3).


Figura 3
. Los indios cristianos según Guamán Poma de Ayala [ c.1615]. En: Versión Internet del manuscrito original propiedad de la Kongelige Bibliotek. Gl. Kgl. 2232, 4º. Biblioteca Real de Dinamarca, Copenhague.

Por ello, no sería de extrañar que estos rosarios hubieran sido desmembrados, como parte del proceso de resignificación de la cultura material, formanse dos situaciones convergentes:

1- La conocida resistencia a la evangelización en la región andina en general y en el Tucumán colonial en particular y,

2- La persistencia en las idolatrías que existió en los ámbitos más privados o domésticos. Esto último puede ser constatado a partir de la insistencia sobre este tema en los documentos vinculados a la extirpación de idolatrías en el mundo andino (por ejemplo Villagómez [ 1649] 1919) y, para el caso de la cultura material en los estudios realizados a partir de los registros del sitio La Huerta, en el caso ejemplar de los contextos rituales de hallazgos de pares de vasos keros (López 2006c) y en el caso recientemente presentado respecto la persistencia en la práctica del entierro de niños en olla en contextos domésticos de sitios indígenas (López 2006a).

De este modo las cuentas de vidrio, así como otros elementos de origen europeo, pudieron circular como un bien no solo dentro de la esfera de lo ritual. Ello explicaría su aparición en contextos rituales tales como los funerarios, las ofrendas a wakas sagradas, entre otros, y también dentro del ámbito de lo doméstico como nuevo elemento de diseño.

Por lo antedicho se espera que en el futuro los estudios de etnicidad y etnogénesis a partir de la cultura material sean encarados mediante nuevas metodologías de estudio. Tal como sostiene Bawden (2005: 12-33) desde la Arqueología es preciso que tales metodologías ayuden a explicar estos procesos identificando, por un lado lo que formaría parte de la manipulación de un simbolismo colectivo y, por el otro lo que formaría parte de la adopción de motivos foráneos. Estos procesos yuxtapuestos serían característicos de períodos de estrés social y/o ambiental producto de los momentos de contacto.

En este sentido es también de esperar que la reevaluación futura de las imágenes o configuraciones de diseño que suelen darse en distintos tipos de soporte de arte mobiliar -cerámica, óseo, etc.o parietal -arte rupestrey que tradicionalmente, y por concepciones metodológicas previas, se identifican con el lapso de ocupación incaica en la región pueda aportar nuevos resultados con los cuales contrastar, aunque solo sea en parte, las hipótesis planteadas en este trabajo que recién se inicia.

En conclusión a partir de este abordaje, aún preliminar y estrictamente centrado en la cultura material cerámica, se plantea que en los procesos de etnogénesis ocurridos en la Quebrada de Humahuaca durante los contactos del indígena con el español los casos de representaciones figurativas o geométricas mencionados podrían tratarse de tipos de representaciones no solo vinculadas con lo incaico y con la categoría cerámica conocida como “Inka Provincial” sino que también podrían haber funcionando como imágenes post contacto durante los momentos posteriores al dominio europeo.

Un claro ejemplo de esto último podría ser el caso de la representación de un adorno de prestigio, como el topo, en un tipo de pieza cerámica destinada a los convites. En este caso, podría estar evidenciándose una nueva forma de ver las relaciones entre el indígena y el español. Relaciones donde no sería extraño se apelara a los símbolos de identidad de lo incaico y a imágenes de ello, como una estrategia de identificación con la pertenencia o membresía al grupo incaico.

Esto último podría relacionarse, a su vez, con los fenómenos de resistencia que comienzan a plantearse históricamente y, en este caso, materialmente, a partir del contacto entre diferentes mundos y la consecuente convivencia de objetos materiales de ambos grupos.

Estas nuevas imágenes -la del topo o tupu incaico, la de los estrellados concéntricos o zigzags y, en especial, la de los ajedrezadosdentro de contextos particulares donde, además se observan tradicionales elementos de prestigio y/o poder identificados con el Inka -topos, vinchas, piezas cerámicas Inka Provincialy el español -cuentas de vidrio de distintos tipos, ropas europeas-, estarían denotando el surgimiento de nuevos actores sociales, lo que algunos autores denominan etnogénesis (Bawden 2005) a través de una cultura material vinculada a ellos que, junto al fenómeno de la resistencia, articularía ambos mundos, cosmovisiones y esquemas de representación en un nuevo contexto histórico y, en este caso, arqueológico.

AGRADECIMIENTOS

Mi especial agradecimiento a mis directoras de beca postdoctoral CONICET, M. I. Hernández Llosas y A. M. Presta quienes, con su experiencia y desde distintas miradas, me ayudaron a emprender un nuevo proyecto centrado en la cultura material de la época del contacto y colonial. A la primera de ellas también le agradezco muchos de sus comentarios a una versión preliminar de este trabajo. También agradezco al Profesor Ch. Stanish quien gentilmente nos envió el material solicitado sobre etnogénesis y arqueología.

Extiendo el agradecimiento a quienes desde el Depósito arqueológico del Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras (MET) me permitieron evaluar piezas que forman parte de sus colecciones. Especialmente a Lucas Pereyra Domingorena y a G. Amirati quienes me ayudaron encontrar piezas “perdidas”. Al CONICET porque este estudio fue posible en el marco de una Beca postdoctoral.

Por último agradezco los comentarios anónimos de dos evaluadores que contribuyeron a aclarar y mejorar la versión original de este artículo.

 El análisis aquí presentado así como las hipótesis planteadas son, de mi exclusiva responsabilidad.

NOTAS

1 Es importante destacar aquí y, metodológicamente hablando, que en este trabajo se ha considerado como datos no solo a los que son producto de las investigaciones propias sino, también, a los resultados de otras investigaciones. En cuanto a estos últimos, es importante destacar que se examinan con distintos objetivos de investigación a los que los originaron y con el fin de plantear nuevas hipótesis abiertas a futuras contrastaciones.

2 Siguiendo a Bawden (2005) y desde un punto de vista estrictamente arqueológico, entiendo por etnogénesis un complejo proceso en el cual los nuevos grupos sociales conformados a partir del contacto no solo se identifican con su grupo de reproducción social sino, también, con un grupo de membresía. Además, desde la Arqueología este concepto implica el reconocimiento de los elementos materiales y simbólicos novedosos y con los cuales se identificarían esos nuevos grupos.

3 “El principio de un nuevo modo de ser andino”, título de mi trabajo postdoctoral, alude a un complejo de procesos que habrían afectado tanto a la población local como a la española, de modo que no solo se habrían visto afectadas las identidades centradas en los pueblos de indios luego del contacto (por ejemplo Zanolli 2005), sino también y por ejemplo, aquellos indígenas y europeos quienes habrían participado, de un modo u otro, de procesos de cambios, intercambios y de acomodación ideológica y material. Esto se basa, como fue dicho en la nota anterior, en la consideración de que la etnicidad puede ser vista no solo desde la pertenencia a un grupo de reproducción social sino también desde el punto de vista de la pertenencia a un grupo de membresía (Bawden 2005). En este último sentido y, en cuanto a los sitios indígenas conocidos por sus excavaciones, considero que el fenómeno del contacto entre culturas generó un nuevo modo de ser y habitar el espacio andino no necesariamente “visible” en los documentos históricos pero que sería posible de rastrear materialmente en, por ejemplo, sitios atípicos o nuevos como el conocido bajo el nombre de La Falda de Tilcara. En este sitio es posible observar, una serie de entierros de individuos considerados como pertenecientes a grupos de élites. Se trata de un espacio de cementerio alternativo al tradicional (dentro del sitio tipo indígena, pueblo viejo o antigal y pukara) y también alternativo al de tipología española (en las iglesias o en torno a ellas).

4 En este caso se adopta una perspectiva de la Arqueología Histórica que más que poner el acento en una arqueología de lo europeo (construcciones públicas, arte sacro, etc), pone el acento en una Arqueología de los Procesos Históricos (Pauketat 2001) que transcurrieron afectando a ambos “mundos” o cosmovisiones, es decir, tanto la indígena como la europea.

5 Esta observación se desprende de lo que ha podido ser analizado técnica y macroscópicamente en fragmentos del mismo tipo y en piezas remontadas a partir de este estudio provenientes, en este caso, de colecciones pertenecientes al Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires (MET). Tal como se menciona en el trabajo se trata de ejemplares de colección provenientes de distintos sitios arqueológicos del sector medio de la Quebrada de Humahuaca considerados, según los investigadores de la región, como sitios de primer nivel de complejidad. Los mismos se conservan bajo los siguientes números de registro:
8740 (Pukara de Tilcara, Expedición año 1908)
8741 (Pukara de Tilcara, Expedición año 1908)
7608 (Pukara de Tilcara, Expedición año 1910, “Casa 47”)
26280 (Yacoraite, Expedición año 1919, “Yacimiento 44”)
26281 (Yacoraite, Expedición año 1919, “Yacimiento 44”)
26261 (Yacoraite, Expedición 1919, “Yacimiento 36”)

6 En el sitio La Huerta este tipo de cuentas han sido halladas en un contexto funerario de élite, según las características mencionadas anteriormente. Se trata de la Tumba Nº 93. No obstante esta hipótesis, a partir de avances realizados desde el anterior trabajo (López 2005a) hasta la fecha, no se descartan otras posibles interpretaciones como, por ejemplo, la posibilidad de que estos motivos zigzagueantes se asemejen a la representación de diseños similares observables en la cerámica etnográfica chiriguana. Pero esta última hipótesis, aunque atractiva porque se vincularía también a procesos de contacto con otras poblaciones, aún se halla en discusión.

7 Partesana: especie de alabarda o lanza de hierro ancho.

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Fecha de recepción: 2 de marzo de 2006
Fecha de aceptación: 3 de agosto de 2006