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Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem. am.  n.14 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./dic. 2006

 

RESEÑAS Y NOTAS

Homenaje al maestro John Murra. 1916-2006

Ana María Lorandi*

Me han solicitado que cumpla con el triste deber de escribir este homenaje dedicado a John Murra, quien fue mi apreciado maestro y amigo, y que falleció el 16 de octubre de 2006 a la edad de 90 años. Las huellas de su obra quedarán inscriptas en la historia de los Andes pero también de toda América. Hemos perdido a uno de los más grandes maestros, alguien que ha señalado a cuatro generaciones el camino para comprender a fondo las realidades, muchas veces dolorosas, de nuestra sociedad americana originaria.

Nació en Odessa, Ucrania, el 24 de agosto de 1916 con el nombre de Isak Lipschitz, nombre que cambió por el de John Víctor Murra cuando fue a residir en los Estados Unidos. Murra o Mura, significa moras negras, y fue su sobrenombre rumano a causa de sus incisivos ojos negros; Víctor señalaba su radicalismo político y John porque lo protegía de un cierto anonimato entre los americanos1. Los temores provocados por la revolución rusa de 1917 y la guerra civil que se desarrolló tras ella motivaron a su madre a huir hacia Rumania, país en el que pasó su infancia y adolescencia. Profundamente identificado con ese país, realizó allí sus primeros estudios. Desde muy joven hablaba ruso y rumano, francés, alemán e inglés.

En esos años adquiría preeminencia en Rumania la ultra–nacionalista y antisemítica Guardia de Hierro y el joven estudiante se afilió al partido comunista. Temiendo que lo encarcelaran, sus padres lo enviaron a los Estados Unidos donde residía un tío músico. Murra cursó Antropología en la Universidad de Chicago y pudo disfrutar de las enseñanzas del eminente antropólogo funcionalista Radcliffe-Brown quien le señaló el rumbo que posteriormente tendrían sus propias investigaciones sobre el mundo andino. El funcionalismo y el materialismo histórico se reflejan profundamente en su obra y siempre aconsejaría a sus estudiantes inspirarse en la antropología británica de la primera mitad del siglo XX.

Entre los años 1936 y 1939 Murra se incorporó al batallón 58 de las Brigadas Internacionales que luchaban en España contra la dictadura franquista. A causa de su dominio de varias lenguas fue convocado como traductor del Estado Mayor de las Brigadas. Ese período de su vida lo marcó profundamente y, en los últimos años, era su tema preferido de conversación. Reflejaba una experiencia que, en alguna medida, destruyó en parte sus ideales y convicciones por el comunismo al comprobar el cinismo de los líderes y las manipulaciones con los que se enfrentaba la guerra. Herido en combate atravesó los Pirineos y fue recluido, por un tiempo, en un campo de refugiados en las cercanías de Argèles en Francia. Su esposa, una joven militante con la que se había casado antes de partir hacia España, pudo obtener una visa y concretar su regreso a los Estados Unidos. Durante la época de la Segunda Guerra Mundial trabajó con Ruth Benedict y participó de una expedición arqueológica al Ecuador.

Por sus simpatías por el comunismo y su participación en la guerra de España fue víctima de la campaña anticomunista emprendida por el senador Mc Carthy, negándosele la obtención de la nacionalidad y la portación de pasaporte. Como él mismo expresa en el prólogo de la edición mexicana (1978) de su libro La organización económica del estado inca2  por varios años no pudo volver a los Andes, ante a estas circunstancia, no pudiendo ser arqueólogo, se convirtió en etnohistoriador.

El libro mencionado fue el tema de su Tesis de Doctorado defendida en 1955 y recién publicada, como se ha dicho, en español en 1978. El libro produjo un enorme impacto en los estudios andinos. Había circulado previamente en la versión de los microfilms de la universidad de Michigan y muchos jóvenes etnohistoriadores comenzaron a compartir el cambio de paradigma. Opuesto a la tesis de Luis Baudin sobre la concepción del estado inca como un estado socialista, Murra propone, en cambio, la originalidad de este imperio fuertemente centralizado pero operando en base a una maximización de los modelos políticos, económicos y sociales ya desarrollados por milenios en el mundo andino. No se ocupa de las dinastías reales del Cuzco y solo toca, tangencialmente, los aspectos simbólicos, focalizándose sobre el impacto que la estructura de poder tuvo sobre los grupos étnicos y en la manipulación del excedente productivo de estos últimos, así como en los cambios profundos que las migraciones forzadas de mitimaes y la aparición de la categoría de yanas, provocaron en el mapa etnográfico de la región.

Además de ser profesor en Puerto Rico, en Vassar Collage, en University New York State y, en los últimos años hasta su jubilación, en Cornell University en los Estados Unidos, Murra se distinguió por ser un infatigable viajero, recorriendo y haciendo investigaciones en los países andinos. Es así como descubre la importancia etnográfica de las Visitas coloniales de las comunidades serranas y elabora su impactante modelo de “control vertical de distintos pisos ecológicos”3. El modelo demuestra que el ideal andino de autosuficiencia limitaba los intercambios comerciales, el cual era reemplazado por medio de la obtención de los recursos diferentes que cada medio natural permitía explotar. En todo caso se trataba de un intercambio interno a la comunidad, regido por las prácticas de reciprocidad entre los miembros del ayllu y de redistribución entre el cacique o curaca y sus sujetos. Aunque el modelo ha sufrido variaciones y se han comprobado prácticas alternativas en distintas subregiones del amplio espacio andino, se ha conservado como un sólido referente para comprender la dinámica económica y social de esas poblaciones. Además su práctica está aún vigente en muchas localidades serranas.

Sus prolongadas estadías en Perú lo llevaron a ser uno de los cofundadores del Instituto de Estudios Peruanos que ha albergado, hasta el presente, a muchos y notables investigadores, entre ellos su gran amiga María Rostworowski. Fue también muy impactante y profunda su amistad con el escritor y antropólogo José María Arguedas, cuyas cartas publicó hace unos pocos años4.

Yo siempre le decía a John Murra que tenía el perfil de un predicador. Recorría Latinoamérica presentando sus libros y modelos, contactando a los intelectuales de cada país y desarrollando un intenso intercambio con los estudiantes. Fue un MAESTRO con mayúsculas ya que provocó un profundo cambio en la forma de abordar a las sociedades indígenas. Impulsó una verdadera historia “desde abajo” analizando con gran sutileza las interrelaciones entre los nativos y sus autoridades, tanto las originarias, como las Incas del Cuzco y, posteriormente, con las españolas. Sus propuestas tuvieron siempre un debate, a veces explícito otras oculto, para diferenciar los Andes prehispánicos de Mesoamérica por un lado, del sistema colonial por el otro.

“Yo soy antropólogo porque me interesa una alternativa al mundo en que vivimos”5. Esta frase refleja con claridad meridiana su compromiso social y político y las alternativas de su vida y de su obra, también nos ilustra sobre una forma de lucha que en el largo plazo, tuvo efectos muy profundos en la conciencia de todos los oprimidos del mundo. Como militante joven fue a la guerra, utilizó el recurso de las armas. Como militante adulto apeló a la pluma y la palabra. Y hay que reconocer que esta última militancia ha dado frutos permanentes porque después de Murra todo ha sido diferente en los estudios andinos y americanos.

Podemos ver en qué medida se refleja esto en sus propias palabras, editadas por los colegas chilenos tras largas entrevistas. Se trata de un libro autobiográfico y referencial porque es el relato de un actor ubicado en el amplio escenario de la Antropología del siglo XX. Desde allí expresa las preocupaciones, riquezas y miserias de los antropólogos sus relaciones internas como profesionales y en sus visiones y acciones de y dentro del mundo. Murra ofrece en este libro un panorama esencial del mundo académico de su tiempo. Fue discípulo o compañero de las figuras más notables de la Antropología del siglo XX, la cual fue desde sus comienzos una disciplina con entidad universitaria y práctica profesional reconocida.

En el período posterior a su regreso de España, como él mismo dice, debió batallar para sobrevivir sin título de doctor y, para colmo, estaba sospechado y perseguido por el macartismo que le creaba dificultades para obtener la nacionalidad norteamericana. En esa época fue alternando la actividad de profesor con otros trabajos, en muchas ocasiones ayudado por los contactos que había atado por su participación en la guerra de España. Este no es un tema menor en la vida de John ni en la Antropología, sobre todo de los Estados Unidos y México, porque la red de excombatientes y exiliados españoles sirvió de contención y apoyo para sus miembros. Angel Palerm, entre otros, fue su aliado en México tanto para asuntos laborales como personales. Y México se constituye así en otro hito en la experiencia de Murra porque aunque nunca trabajó temas mexicanos, los conocía en detalle y esto le permitía triangular África con México y los Andes. Así logró dar ese vuelco substancial en la historia de los estudios andinos. He aquí la paradoja, uno de los mayores defensores del esencialismo andino fue, a la vez, alguien que pudo ver más allá de lo andino usando el método fundamental de la Antropología: el método comparativo. De África tomó la inspiración para comprender los reinos precapitalistas, de México el parámetro contrastador que le permitió marcar los rasgos identitarios básicos de lo andino por oposición.

Por supuesto, su aporte al mundo andino no se reduce a lo intelectual, a lo científico. John se involucró en el espacio andino considerándose parte del mismo. Hablaba de “nosotros” los andinos y le interesaban los muertos y los vivos, desde los campesinos hasta los intelectuales, desde los antropólogos hasta los artistas, y si no qué decir de la entrañable amistad que lo unió con José María Arguedas. Obtuvo becas para que muchos peruanos estudiaran en los Estados Unidos, para que se formasen y aprendiesen inglés y pudiesen leer lo que allí se producía. Pero no solo se preocupó por la gente sino que se interesó también en las instituciones y tuvo participación activa, como ya dijimos, en la creación del Instituto de Estudios Peruanos.

Así van pasando las instituciones por las que transcurrió su vida y los personajes con los que tuvo contacto, los peruanos, los americanos, los europeos, los africanos. Tenía un amigo, o conocido, en cada punto del globo siempre ligado a alguna faceta de la profesión, y producto de su gusto por los viajes y, por conocer a fondo a la gente. Gente a la que seducía, si estaba en vena, con un discurso atrapante donde la vida y la ciencia se mezclaban en una amalgama coherente, a veces dramática, a veces irónica. Lo he visto hablar delante de 200 o 300 estudiantes que lo escuchaban atraídos y compenetrados. Fue un verdadero comunicador mediático. Casi un pastor que conducía a su grey de antropólogos. Todo esto se refleja en esas entrevistas. Él lo sabía y pudo admitir tanto sus triunfos como sus fracasos. Reconocía sus méritos y sus límites.

Reconoció también otros aspectos que caracterizan su prédica y sus escritos: el énfasis en exagerar las diferencias. Por ejemplo, en el tema de la “verticalidad”. Fue muy claro, prefería “exagerar las diferencias para que se vea con claridad cuál es el logro andino” (Castro et al. 2000: 141). Esa “táctica” (concepto tan caro a Murra) le permitió transformar en modelos teóricos lo que en principio podría haber sido una simple casuística. O que con su análisis de la economía incaica sucediera lo mismo. Pero ha sido, justamente, esa “esencialidad”, esa conciente y premeditada exageración lo que permitió que esos modelos tuvieran una vida tan prolongada, más prolongada que la de cualquier modelo en las ciencias teóricas.

La historia de la vida de John Murra daría lugar para escribir páginas y páginas, reflexionar días y días. Es el paradigma del antiacademisismo. Es notable el espacio que deja a la duda, al manejo de las opciones, al azar, a los condicionantes externos en la construcción de un destino. Fue un rebelde desde su juventud en Rumania, casi un outsider hasta la mitad de su vida pero su influencia en el estudio de los estados precapitalistas ha tenido un peso difícilmente imitable. Solo un libro, un artículo y la edición de las Visitas han servido para revolucionar las investigaciones sobre el mundo andino; lo demás que ha publicado amplía, mejora, corrige lo ya escrito, o incursiona tímidamente en otros temas, que aunque importantes muchos de ellos, y por cierto también muy citados, no son substanciales en su producción. Solo con un libro, un artículo y la edición de documentos no hubiera pasado los ridículos controles académicos que ese mismo mundo académico se ha impuesto a sí mismo en la actualidad. Cuántos científicos de nuestro medio y del resto del planeta deberían leer estas entrevistas para aprender que los tiempos de reflexión y maduración son imprescindibles para garantizar un aporte realmente sólido y de larga duración. Es más, la primera edición de su artículo sobre verticalidad está incluida en un tomo de las Visitas de Ortiz de Zúñiga, y fue publicada por la provinciana Universidad de Huanuco que no contaba, por cierto, con sistema de referato alguno.

Muchas cosas nos enseñan la vida de John Murra y la obra de John Murra. Es un humanista que usa “tácticas” científicas, es un hombre comprometido con su tiempo, con la política, un hombre que supo respetar las diferencias, y hasta exagerarlas, pero al contrario de tantos otros que han utilizado el mismo recurso para estigmatizar a un pueblo, él lo hizo para acrecentar el valor, la originalidad y la identidad de la sociedad que primero solo decidió estudiar y luego lo sedujo hasta convertirlo en un andino más.

Debemos decirle adiós a John Murra aunque siempre estará presente entre nosotros. En Rumania lo sobrevive su hermana Ata a quien quería entrañablemente.

NOTAS

Universidad de Buenos Aires CONICET. E-mail: alorandi_2000@yahoo.com.ar

1 Información tomada de un obituario escrito por Olivia Harris en The Guardian News, Londres, 4 de noviembre de 2006.        [ Links ]

2 México, Siglo XXI.

3 Ensayo publicado en Formaciones económicas y políticas del Mundo Andino. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1975.        [ Links ]

4 Murra, John y Mercedes López-Baralt (eds.) 1996. Las cartas de Arguedas.  Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú.        [ Links ]

5 Castro, Victoria, Carlos Aldunate y Jorge Hidalgo 2000. Nispa Ninchis. Conversaciones con John Murra. Lima, Instituto de Estudios Peruanos / Institute for Andean Research. En este libro se ha incluido también una bibliografía completa de John Murra.        [ Links ]