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Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem. am.  n.16-2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./dic. 2008

 

RESEÑAS

Rojas, José Luis de. 2008. La Etnohistoria de América. Los indígenas, protagonistas de su historia. Colección Paradigma Indicial - Serie Historia Americana. Editorial SB. I44 pp. ISBN 978-978-1256-23-5.

Horacio Miguel Hernán Zapata

Escuela de Historia - Centro Interdisciplinarios de Estudios Sociales (CIESo), Facultad de Humanidades y Artes - Universidad Nacional de Rosario. E-mail: horazapatajotinsky@hotmail.com

El libro que presenta José Luis de Rojas ofrece un recorrido teórico y metodológico por el circuito de la construcción de la etnohistoria como un campo de investigación, ahondando en el análisis de los tópicos involucrados directamente en esta cuestión. En este sentido, La Etnohistoria de América... avanza en varios ejes problemáticos: el objeto, la historia de su constitución, los métodos y las fuentes a emplear, entre otros. Ciertamente no es el primer esfuerzo en esta dirección, otros investigadores han ensayado reflexiones en tal sentido. Por lo que el libro que se reseña debe inscribirse en una larga secuencia de esfuerzos dirigidos a exponer y difundir los conceptos, la metodología y los problemas de la disciplina etnohistórica, retomando una preocupación de diversos autores. Al mismo tiempo, reviste características propias que lo hacen sustancialmente diferente y lo convierten en una novedad bibliográfica.

La obra está dividida en siete capítulos. El primero de ellos se inicia con la ubicación de la etnohistoria en el contexto de las ciencias humanas y con la presentación de algunos criterios que el autor considera adecuados para definir las distintas metodologías y disciplinas. El segundo capítulo se ocupa de las diferentes definiciones de etnohistoria, profundizando en los supuestos subyacentes, posibilidades y límites de cada una de ellas. Se presenta también un breve panorama de las relaciones de la etnohistoria con las demás disciplinas, que no se limita únicamente a hacer un balance positivo de los dos campos de los que parece desprenderse, la historia y la antropología, sino que realiza una evaluación crítica, alimentando el ejercicio prospectivo de la discusión en torno a la renovación de la etnohistoria a partir de otras disciplinas igualmente significativas que se han transformado en interlocutoras. El capítulo tres se aboca al problema de la documentación, la labor que ésta requiere, sus formas de expresión-presentación y la estrecha vinculación que se genera con la definición del campo. En esta misma línea, el capítulo cuatro muestra la especificidad del "taller del etnohistoriador" en contraste con la labor desempeñada por otros cientistas sociales. El trabajo prosigue con el análisis de la "América Indígena" en los capítulos cinco y seis: mientras que en el primero de ellos se establecen las relaciones con la etnohistoria y sus múltiples conceptualizaciones, el segundo presenta un conjunto de ejemplos basados en trabajos concretos, elegidos por su estrecha comunión con las problemáticas que plantea el oficio y que han sido objeto de reflexión a lo largo de las páginas precedentes. Finalmente, el capítulo siete ofrece un sugerente balance, a partir del cual se brindan algunas propuestas para pensar a la etnohistoria. Por ejemplo, propone reflexionar sobre la implementación de distintas herramientas metodológicas en función de un programa de preguntas a las fuentes que permita recuperar e interpretar el protagonismo de los actores quienes, al configurar sus tramas sociales, sus prácticas y representaciones, se constituían a sí mismos.

Se trata de un texto que si bien adopta el protocolo de un manual que se ocupa de introducir directamente a los lectores en los conceptos, resultados, modelos, teorías, categorías y temáticas de la etnohistoria, lo hace posicionándose abiertamente por una etnohistoria más densa y más profunda, y, al mismo tiempo, más difícil y compleja. Una etnohistoria que puede aportar al estudio de los tiempos prehispánicos en los Andes y Mesoamérica definiendo, básicamente, cómo desentrañar la intencionalidad de las fuentes o qué hacer con los numerosos textos que el desciframiento de la escritura maya ha suministrado con los avances producidos a partir de la década de 1980. Una etnohistoria del período colonial en donde los indígenas sean activos protagonistas de su historia, ya se trate de los que vivían al margen de la sociedad o en el interior de la misma, ocupando espacios que hasta ahora no se habían valorado; y, a la vez, una etnohistoria que se reivindique como abierta y vasta en la definición de su objeto, sus fuentes, sus técnicas, sus modelos y sus paradigmas más esenciales. De esta manera, extendería su utilidad al estudio de las poblaciones indígenas de otras partes del mundo e, incluso, al de los grupos que vivían en el interior de las sociedades europeas occidentales o al de las llamadas sociedades "prehistóricas", cuyo análisis presenta muchos puntos en común con la investigación de los pueblos originarios americanos.

Se plantea así una ciencia etnohistórica capaz de analizar y reconstruir las lógicas de organización social y cultural de los grupos étnicos que entran en contacto con los europeos; privilegiando las cuestiones historiográficas y epistemológicas que resultan del contacto e interacción entre las ideas europeas y no-europeas del pasado; examinando y discutiendo la interpretación de la historia social y cultural de los grupos no europeos a partir de metodologías filológicas, lingüísticas y etnológicas; releyendo problemas considerados como "antropológicos" -estructuras simbólicas, prácticas rituales, relaciones de parentesco, etnogénesis- a la luz de la consideración histórica de fuentes escritas. Pero, por sobre todo, que pueda brindar herramientas para situarnos críticamente frente al presente -convulsionado por los choques culturales y los enfrentamientos étnico-religiosos-  y, también, frente al futuro.

Se destaca asimismo el tratamiento de los problemas epistemológicos, teóricos y metodológicos generales de la etnohistoria con una intención pedagógica, que busca promover en el lector una actitud no sólo de reflexión sino también de aprendizaje en el modo de abordar y pensar, suministrando observaciones prácticas acerca de cómo organizar y llevar a cabo una investigación de tal índole. En el texto prima la advertencia de no convertir estas propuestas e ideas en tesis y recetas simples, sino que al reformularlas, conjuguen rigurosidad científica y lectura amena, ilustrando los planteos con ejemplos, desmenuzándolos con más detalle y re-traduciéndolos a un lenguaje más cercano y asequible a un público más amplio.

El libro invita, así, a abrir el espacio crítico y contribuye a crear las condiciones para la formación de etnohistoriadores, presentando de un modo accesible un conjunto de ideas y propuestas, complejas y elaboradas, de lo que debería ser y es en verdad la etnohistoria. Todo lo cual redunda en un cuadro de gran utilidad para los estudiantes que se forman en una disciplina que no deja de ampliarse, redefinirse y transformarse permanentemente. El texto es, pues, la síntesis de una obra de un especialista capaz de dialogar tanto con un lector especializado como con un público más amplio. El desafío ahora es para el lector.