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Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem. am.  n.18-2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./jun. 2010

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

Metales, textilería y cerámica. Tres líneas de análisis para pensar una vinculación entre los habitantes de la llanura santiagueña y el tawantinsuyu

Metals, textiles and ceramics: three lines of analysis to suggest a relationship between santiago del estero plain inhabitants and tawantinsuyu

Constanza Taboada* Carlos I. Angiorama**

* Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/ Instituto de Arqueología y Museo, Universidad Nacional de Tucumán. E-mail: constanzataboada@gmail.com
** Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/ Instituto de Arqueología y Museo, Universidad Nacional de Tucumán. E-mail: carlosangiorama@gmail.com

Resumen

Este artículo parte de un trabajo anterior (Angiorama y Taboada 2008) llevado adelante con la finalidad de explicar la presencia y distribución de objetos metálicos con características valliserranas e incaicas en la actual provincia de Santiago de Estero (Argentina). En esta oportunidad avanzamos en nuestra investigación incorporando y analizando información acerca de otras dos tecnofacturas que se muestran como relevantes para el tema abordado: la textilería y la cerámica. Nuestros estudios nos indican que habría existido algún tipo de vínculo entre el Tawantinsuyu y ciertos grupos que habitaban el Salado Medio. En base a nuestros análisis proponemos que esta relación habría adoptado la forma de algún tipo de alianza entre el Imperio y las comunidades locales.

Palabras claves: Santiago del Estero; Incas; Metales; Textiles.

Abstract

This paper is based on a previous study (Angiorama y Taboada 2008) which was carried on in order to explain the existence and distribution of metal objects and valliserranas features in the province of Santiago del Estero. Now we incorporate and analyse relevant information about textiles and ceramics. Our research shows that some kind of relationship could have existed between Tawantinsuyu and certain groups from the Salado Medio. We suggest that this connection would have adopted some kind of alliance between the Empire and the local communities.

Key words: Santiago del Estero; Incas; Metals; Textiles.

Introducción

Recientemente hemos planteado la hipótesis que la mayor parte de los objetos metálicos arqueológicos hallados en Santiago del Estero debieron llegar a esta zona como resultado de un vínculo establecido entre el Tawantinsuyu y las poblaciones tardías asentadas en un sector particular de la llanura santiagueña, en la zona del Río Salado Medio (Angiorama y Taboada 2008). Esta hipótesis cuestiona las propuestas más clásicas acerca de la expansión incaica por la región, las cuales han sostenido que los incas no llegaron a Santiago del Estero. A pesar de que hay autores que han puesto de manifiesto ciertos indicios incaicos hallados en el área (Gramajo de Martínez Moreno 1982), e incluso planteos explícitos (Lorandi 1980, 1984), la historia local no se ha apropiado de estas propuestas. Nosotros, analizando nuevos indicadores, propusimos que algunos grupos asentados en el centro de la llanura santiagueña sí mantuvieron contacto con los incas. Este trabajo surgió a partir de las preguntas suscitadas por la presencia y distribución de 148 objetos de metal de características valliserranas e incaicas recuperado en un sector muy reducido del área central de la llanura santiagueña, en la zona del Río Salado Medio, en los alrededores de las localidades de Averías e Icaño (Departamento Avellaneda). Este planteo fue sostenido, además de los indicadores arqueológicos, por información histórica. En el mismo artículo (Angiorama y Taboada 2008) hicimos un primer avance en señalar también algunas características particulares que presentan las evidencias vinculadas a la producción textil en el área de concentración de los objetos de metal. Advertimos allí que existía una particular concentración y asociación contextual, espacial y temporal entre los objetos de metal y algunos indicadores de producción textil de la zona, y nos preguntábamos si esto no constituía un elemento más a favor de una vinculación con el Incario.

En el trabajo que presentamos ahora analizamos en mayor profundidad estas ideas. Para ello sumamos el análisis de cerámica e indicadores de producción textil desde diferentes perspectivas (tecnológicas, morfológicas, funcionales, estilísticas, espaciales, etc.), y analizamos los posibles mecanismos responsables de la situación arqueológica detectada. En este último sentido, realizamos, además, un ensayo de contraposición con las lecturas etnohistóricas posibles de realizar a partir de la idea generalizada sobre la avidez por los metales de los pueblos de tierras bajas.

Cabe señalar que este trabajo se basa casi exclusivamente en el análisis de información bibliográfica e histórica y de material arqueológico de colecciones, dadas las restricciones actuales para llevar adelante excavaciones en Santiago del Estero. En este sentido, el objetivo fue buscar una metodología de abordaje para avanzar en el conocimiento de los procesos regionales aún bajo tales condiciones. Ello implica, obligadamente, limitaciones en las propuestas y planteos desarrollados y en la posibilidad de presentar mayores o mejores evidencias para sostenerlas. Aún así, consideramos que el intento y el método resultaron eficientes para plantear otras miradas a la arqueología santiagueña.

Los metales

En primer lugar se hace necesario retomar el análisis sobre los objetos de metal desarrollado en detalle y extensión en el artículo referido, ya que son estos materiales los que innegablemente presentan características incaicas, y su filiación, y su presencia y distribución acotada constituyen los ejes en relación a los cuales se analizan aquí los otros indicadores.

Según los resultados de nuestro estudio bibliográfico, se han publicado 148 objetos metálicos procedentes de lo que hoy es la provincia de Santiago del Estero. Estos fueron recuperados, en su mayor parte, durante la primera mitad del siglo XX por los hermanos Wagner y por Pedersen, y fueron tema de gran controversia (Angiorama y Taboada 2008; Martínez, Taboada y Auat 2003). Se trata de un variado conjunto de piezas (hachas, topus, placas, lauraques, tokis, tumis, campanillas, entre otros), la mayoría de las cuales presentan indudables características valliserranas o incaicas (figura 1). De 120 de estas evidencias conocemos los sitios o parajes de origen. Los materiales proceden de sólo diecisiete de los aproximadamente 200 sitios conocidos y trabajados en la historia de la arqueología de Santiago del Estero (figura 2). De éstos, tres se encuentran en la cuenca del río Dulce y catorce, o sea la gran mayoría, sobre la zona de influencia del río Salado. Este hecho resulta sumamente interesante si tenemos en cuenta que diversos y amplios sectores de la Provincia, tanto de la cuenca del río Dulce como del Salado, fueron intensamente explotados arqueológicamente hasta mediados del siglo pasado por varios investigadores con diferentes intereses y metodologías, y a partir de la segunda mitad del siglo también bajo un mayor control científico. Pero además, de los catorce ubicados sobre la zona de influencia del Salado, nueve se hallan concentrados en un área de apenas 15 km de diámetro localizada en las cercanías de Icaño y Averías (Departamento Avellaneda, a 180 km de Santiago del Estero), y dos de ellos, Averías y Sequía Vieja, concentran el 68 % del total de los objetos.


Figura 1. Algunas de las piezas de metal recuperadas en Santiago del Estero (tomadas de González 1992; Gramajo de Martínez Moreno 1979; Mayer 1986; Pedersen 1952; Reichlen 1940; Wagner y Righetti 1946). Los objetos no han sido ilustrados a una única escala porque algunas de las piezas no cuentan con esa información en las publicaciones originales.


Figura 2. Mapa de Santiago del Estero con la ubicación aproximada de los sitios/ lugares donde se hallaron objetos de metal. Se indica entre paréntesis la cantidad de objetos recuperados en cada uno de ellos. La x indica un lote de objetos de cantidad desconocida. El mapa de Santiago del Estero reproducido en menor tamaño muestra, como referencia comparativa, la ubicación y distribución de algunos de los aproximadamente 200 sitios arqueológicos trabajados en la provincia. El cuadrado en el mapa pequeño señala el área en la que se localizan los sitios arqueológicos que concentran la mayoría de los objetos metálicos.

Teniendo en cuenta la falta de información temporal para la mayoría de las piezas halladas, hemos asignado una cronología tentativa a los objetos en base fundamentalmente a criterios morfológicos, tecnológicos y estilísticos. Como resultado, hemos clasificado tentativamente 41 objetos como de época prehispánica tardía preincaica, 39 de época inca y diecinueve de época colonial. A su vez, tres objetos han sido considerados como tardíos/incas y uno inca/colonial, por no haberse podido realizar una determinación más específica. Se apartan de esta ubicación cronológica prehispánica tardía y/o inca seis hallazgos asignables a los Períodos Temprano y Medio. Finalmente, hemos preferido no efectuar una determinación cronológica de los restantes 31 objetos por tratarse de piezas que no presentan rasgos diagnósticos y que ostentan una gran antigüedad en el Noroeste Argentino (NOA) sin haber sufrido cambios significativos (tales como cinceles y punzones) (ver detalles en Angiorama y Taboada 2008).

Como dijimos, sólo seis objetos podrían ser asignados a los Períodos Temprano y Medio. Resulta evidente, entonces, que los objetos metálicos asignables a esta época son sumamente escasos, tanto con relación a los vinculados a momentos tardíos, como en relación con los numerosos sitios con contextos aparentemente tempranos y medios o medios-tardíos trabajados en diversos sectores de Santiago. Pero la situación se presenta diferente para época prehispánica tardía e inca. La gran mayoría de los objetos metálicos hallados en Santiago se remonta a estos momentos y su hallazgo se restringe a un sector muy acotado. Según lo que aportaron las amplias y muy distribuidas excavaciones realizadas a lo largo de la historia de la arqueología de la Provincia, resulta evidente que no todos, ni siquiera la mayoría de los habitantes del Santiago de aquella época tuvieron acceso a piezas de metal, sino tan sólo una minoría o algún grupo en particular instalado en la zona del Río Salado Medio cercana a Averías.

De hecho, en la zona del Río Dulce se ha hallado sólo un objeto (colonial) en Manogasta (Wagner y Righetti 1946) y un conjunto de piezas de metal procedente de un único contexto1, de asociación confusa, ubicado en Sabagasta (Serrano 1938). A esta escasa cantidad de objetos procedentes de la cuenca del Río Dulce, se suma el hecho que en ninguno de los casos se trataría de contextos prehispánicos. Si bien la zona del Dulce fue menos trabajada en magnitud que la del Salado, fueron varios los investigadores que excavaron en el área, abarcando además varias localidades y sitios desde principios del siglo hasta la actualidad. Por ejemplo, von Hauenschild (1949) señala haber excavado en la zona hasta fines de la década de 1940, durante dieciocho años, habiendo exhumado cerca de 500 urnas funerarias de doce yacimientos arqueológicos diferentes. No encontró ni un solo objeto metálico. Al menos excavaron en la zona quince investigadores sobre más de 40 sitios arqueológicos distribuidos a lo largo del Dulce, desde Termas de Río Hondo al oeste, hasta el límite con Córdoba al sur. Resulta significativo, entonces, que con la magnitud de la ocupación prehispánica y colonial que señalan los documentos históricos para el área, y con la escala de las investigaciones realizadas en la zona, no haya casi ningún registro de metales en la misma. Tampoco se han reportado hallazgos en la zona serrana limítrofe con Catamarca.

Considerando ahora los objetos recuperados en la cuenca del Río Salado, hay que decir que el 93 % de los objetos fueron hallados en una zona muy acotada del Salado Medio, en un área de no más de 15 km de diámetro. Es más, el 68 % de las piezas proceden de tan sólo dos localidades muy cercanas entre sí: Sequía Vieja y Averías. Si bien es cierto que el área en cuestión fue la más trabajada por los hermanos Wagner, éstos también realizaron enormes excavaciones en otros lugares de la provincia, como en los grandes asentamientos de Llajta Mauca y Represas de los Indios, en los cuales aparentemente no hallaron ni un sólo objeto de metal. También ciertas zonas del Salado y del Chaco santiagueño localizadas más al norte fueron trabajadas, en este caso por von Hauenschild y Reichlen, sin que se hayan reportado allí hallazgos de metal, con la excepción de un único fragmento de un objeto indeterminable (Reichlen 1940).

Ahora bien, la pregunta en cuestión era: ¿cómo explicar la presencia de estos objetos metálicos de características valliserranas e incaicas en Santiago y su acotada distribución? Hemos descartado la posible fabricación local de las piezas por diversos motivos, como las escasísimas evidencias de fundición halladas en los sitios de Santiago -tan sólo el dato aislado de un fragmento de escoria y una gota metálica incrustada en un fragmento de crisol-, la ausencia de minerales metalíferos en los lugares excavados y de yacimientos de cobre, estaño y plata en la región, la falta de evidencias de la existencia de una tradición de producción metalúrgica local previa a época prehispánica tardía o inca -que es de cuando datan la mayoría de los objetos hallados-, la ausencia en el Salado Medio de ocupación española importante y estable hasta fines del siglo XVII, o más tarde aún, entre otros motivos (Angiorama y Taboada 2008).

Debemos pensar entonces la posible llegada de las piezas a Santiago desde otro lugar. Si bien la mayoría de los objetos presentan características valliserranas tardías e incaicas, debimos analizar también la posibilidad de que hayan arribado con los primeros españoles (Angiorama y Taboada 2008), como tradicionalmente se ha sostenido que arribó el quichua a Santiago del Estero (Bravo 1965; Larrouy 1914, entre otros). Sabemos que el territorio santiagueño fue tierra de temprano avance español en la región. Desde Santiago salieron las distintas "entradas" que dieron origen a diversas ciudades del antiguo Tucumán. Hacia 1550 se otorgaron las primeras encomiendas en la zona del Río Dulce, y allí se concentró la población española temprana del territorio y se instalaron varios pueblos de indios encomendados, bien registrados en los documentos de la época (Ottonello y Lorandi 1987; Palomeque 2005).

La situación sobre el Salado Medio de Santiago, donde se hallaron casi la totalidad de los objetos metálicos, era diferente. Palomeque (2005) señala precisamente que los primeros avances poblacionales hacia el Salado Medio tuvieron lugar recién una vez que se habría llegado a un marcado empobrecimiento del ambiente circundante al Río Dulce. Si bien los cursos superiores, tanto del Dulce como del Salado, constituyeron áreas nodales importantes y de asentamiento español estable temprano (con Ibatín y Esteco), la zona del Salado Medio que nos ocupa constituía, en los primeros tiempos de la Colonia, un área aún poco alterada. Aunque hay referencias de contacto temprano en la zona del Salado Medio, no parece haber asentamientos de estructura española más o menos importantes hasta época bastante avanzada. Los contactos fueron esporádicos y sin instalaciones duraderas. Si bien, al parecer, el primer encuentro entre europeos e indígenas pudo haber tenido lugar en el momento del regreso al Alto Perú de la expedición de Diego de Rojas -ya al mando de Heredia- en 1546, y hacia 1589 se menciona por primera vez la existencia de una única encomienda que agrupaba a las poblaciones indígenas de los alrededores de Icaño (Figueroa 1949), no encontramos referencia alguna de una instalación española temprana en la zona, ni nada indica que hubiera asentamientos españoles permanentes en aquella época en ese sector del Salado. Aunque hay evidencias arqueológicas de contacto e instalación española sobre, o especialmente en los alrededores de los asentamientos prehispánicos de esta zona, hasta ahora no se cuenta con información como para vincularlas a momentos bien tempranos de la Colonia. Por el contrario, asentamientos más estables, reorganizaciones espaciales y políticas con presencia española más fuerte y constante, e instituciones concretas, tales como una reducción jesuita, pueblos de indios, estancias familiares, obrajes y fortines estables recién aparecen en los documentos de forma bien clara a partir del siglo XVII, época demasiado tardía como para atribuir a la presencia de los objetos de metal considerados.

Por otro lado, tampoco hay referencias de otros tipos de objetos valliserranos tardíos ni de traslados de pobladores de los valles del NOA al Salado Medio en época colonial temprana que justificara la presencia allí de las piezas de metal en tiempos coloniales. Sí los hubo, en cambio, hacia el Dulce, una vez que fueron derrotados los últimos grupos de los Valles Calchaquíes. Testimonio de estos traslados serían, además de algunos documentos históricos y evidencias lingüísticas (Farberman 2002; von Hauenschild 1949), la cerámica santamariana que von Hauenschild registra en la cuenca del río Dulce, asociada a cerámica local y a objetos europeos. Pero este autor no reporta allí el hallazgo de objetos metálicos. Tampoco hay ninguna evidencia que permita plantear una posible apropiación por comercio o robo, por parte de grupos del Salado, de objetos de metal. Por el contrario, no sólo casi no hay otros objetos de metal sobre el Dulce, sino que además resultaría sumamente raro que estos pueblos valliserranos vencidos y trasladados tuvieran aún acceso o poseyeran bienes metálicos tan complejos y buscados por los conquistadores españoles.

En este contexto, también es poco probable que los objetos metálicos hallados en los sitios del Salado Medio hayan sido transportados hasta esa zona por obra de los españoles o por indígenas bajo su control. Como vimos, sobre el Salado Medio, y específicamente en las cercanías de Icaño y Averías, parece haber habido en época colonial temprana tan sólo una encomienda, y que por ciertas referencias históricas parece que el encomendero no lograba que los indígenas cumplieran con las obligaciones impuestas. Es poco probable que, en algunas de las pocas construcciones españolas que pudieron haberse levantado en la zona, haya habido una gran cantidad de objetos metálicos de raigambre andina. Pero además, si los objetos hubiesen sido hallados juntos o en grandes acumulaciones, en un contexto de asentamiento colonial, es probable que los excavadores lo hubiesen destacado, como lo han hecho en los dos únicos casos reportados de hallazgos en fosas comunales con arquitectura española asociada (en la zona del Dulce: Sabagasta y Siete Quebrachos. Reichlen 1940; Serrano 1938). De hecho, Pedersen (1952) no se plantea en ningún momento la posibilidad de vincular alguno -o el conjunto- de sus hallazgos a un momento de contacto español. En cambio, evalúa la posibilidad de un origen inca o "ándido", definiéndose por este último. Este punto es fundamental para descartar que los objetos recuperados por Pedersen provengan, al menos en su mayoría, de contextos con elementos españoles, pues hubiera llevado a este autor a plantear una cronología colonial. Por último hay que sumar un valioso y único dato sobre asociación referido por von Hauenschild que aporta a la idea de que los objetos estaban en contextos indígenas locales tardíos. Dice: "El señor Pedersen manifiesta en primer lugar que ha encontrado los objetos de metal conjuntamente con la alfarería polícroma2, lo que parece verosímil" (von Hauenschild 1949: 59).

El hecho que el 91 % de los objetos hallados en esta acotada zona del Río Salado Medio provenga de parajes (no de contextos específicos o sitios bien definidos) en los cuales se hallaron en ocasiones evidencias coloniales muebles, podría explicarse, si es que alguno de los elementos europeos fue hallado asociado a los prehispánicos (algo que no sabemos), por el prolongado período de contacto que tuvieron los habitantes originarios de la zona con los españoles hasta que sus tierras fueron efectivamente ocupadas. Si, por el contrario, los objetos europeos no han sido hallados asociados arqueológicamente a los prehispánicos, la situación podría explicarse porque en siglos posteriores esa zona se convirtió en un sector intensamente explotado y reocupado por los españoles. Los únicos tres lugares del Salado con objetos metálicos en los que se reportó arquitectura colonial, la que podría indicar un asentamiento y presencia española más fuerte, fueron Siete Quebrachos, Cañitas (en los que se halló sólo una pieza metálica en cada uno) y Averías (Reichlen 1940). Sin embargo, por Reichlen sabemos que el contexto colonial de Averías no contenía absolutamente "ningún resto de industria precolombina" (Reichlen 1940: 164). De esto se desprende que los objetos metálicos del sitio no han sido hallados en los contextos con arquitectura colonial. Es probable que ésta sea el resultado de ocupaciones posteriores, sobre los mismos asentamientos prehispánicos o sus alrededores inmediatos, no identificados claramente por los excavadores y referidos con un mismo nombre, el del paraje.

La alternativa más probable, entonces, es que los objetos hayan llegado al Salado Medio en época prehispánica tardía. En este sentido, es significativo que las características morfológicas y tecnológicas de la gran mayoría de las piezas sean claramente andinas. Las composiciones de los objetos responden también a los patrones típicos del NOA. Casi todos fueron confeccionados con bronce estañífero y unos pocos con cobre y plata (Pedersen 1952; Reichlen 1940). A ello se suman la referencia de que al menos los objetos recuperados por Pedersen se encontraron asociados a cerámica indígena local tardía, y la conclusión de Reichlen sobre el mismo tipo de asociación cerámica: "La civilización del tipo de Averías ha conocido la metalurgia de la plata, del cobre y del bronce, aportadas de la región andina de la Argentina y tal vez del altiplano boliviano" (Reichlen 1940: 220).

Ahora bien, proponer que los objetos pudieron haber arribado al Salado Medio en época prehispánica tardía presupone algún tipo de vínculo entre los grupos asentados en la región y los que habitaron el área valliserrana del NOA o los incas. De acuerdo a la información que hemos podido recopilar, en todos los casos los objetos que hemos asignado a época tardía del NOA se encontraron en los mismos lugares que las piezas de época inca. Es decir, no existe ningún lugar en la región en el que se hayan encontrado solamente objetos de raigambre tardía del NOA. En función de esto, es muy probable que ambos tipos de piezas (tardías del NOA e incaicas) hayan arribado juntas a los sitios del Salado Medio de Santiago, en época incaica.

El salado medio y el tawantinsuyu

Analizando las formas de expansión y asentamiento incaicos en otras regiones, cabrían varias maneras posibles de vinculación de los habitantes del Salado Medio con los incas que podrían dar cuenta de la presencia de los objetos metálicos allí. Una de ellas pudo haberse dado mediante la presencia efectiva de funcionarios o la construcción de asentamientos incaicos en la región, tal como se ha planteado que ha sido una de las estrategias aplicadas para diversas zonas de lo que algunos autores consideran como frontera oriental (Pärssinen y Siiriäinen 2003). Sin embargo, no contamos hasta el momento con ninguna evidencia arqueológica para sostener esta posibilidad. Nunca se han reportado objetos (salvo los metálicos), construcciones, ni contextos incaicos en la provincia, y nuestras observaciones en el área de hallazgos de los objetos de metal, y en particular en los dos sitios con mayor cantidad de ellos, tampoco mostraron ninguna evidencia de arquitectura ni de materiales de tradición incaica. Ya Reichlen (1940), el único investigador del que hay registro que llegó al norte de la provincia y del Salado, concluía lo mismo. Nuestras propias prospecciones en el extremo noreste de la provincia tampoco revelaron indicadores incaicos muebles ni inmuebles en esa zona (Taboada et al. 2007). Además de los objetos metálicos, el único otro indicio claro sobre una posible vinculación imperial con Santiago es el quichua, sobre el que sin embargo se ha postulado que pudo haber llegado tanto antes como después de la conquista española.

Esta ausencia de indicios concretos nos lleva a descartar, al menos por ahora, un asentamiento incaico en la zona, y a considerar otro tipo de vinculación política y social entre el Tawantinsuyu y ciertas poblaciones de la llanura santiagueña, tal como ya lo han hecho algunos investigadores basándose en otros indicadores y datos proporcionados por la arqueología, la etnohistoria y la lingüística (Christensen 1970; Di Lullo 1964; Lorandi 1980, 1984; Palomeque 2000, 2005; Pärssinen 2003). Ha sido fundamentalmente Lorandi, desde su particular experiencia en la arqueología de Santiago del Estero, y luego por su dedicación a la arqueología y etnohistoria inca, quien puso en juego los indicadores más claros para pensar esta posible relación. Su planteo se basó en la presencia en sitios de los valles centrales del NOA de cerámica con características típicas de la llanura santiagueña, pero de factura local (Yokavil), en asociación a cerámica incaica. La producción sería "valliserrana", pero la técnica y el estilo "santiagueños". Lorandi (1980) ha planteado en base a ello, y a otras evidencias, la posibilidad de que grupos de la llanura santiagueña hayan sido trasladados a los valles como mitimaes llevando consigo la tradición y técnica alfarera. Esto explicaría los procesos de salida de elementos "santiagueños" pero no aún los de entrada de elementos incaicos. En este otro sentido, la autora propone que quizás los incas, sin realizar una ocupación efectiva de la llanura, entablaron algún tipo de convenio sin tributo para el cuidado de la frontera oriental, y que la presencia del quichua en Santiago se explicaría mejor como una introducción por parte de los mitimaes que regresan a sus lugares de origen que como una introducción española usada para la evangelización (Lorandi 1980, 1984). También Palomeque (2000, 2005) ha sostenido que hubo alianzas y negociaciones previas a las llegadas de los españoles entre los grupos locales asentados en el territorio santiagueño ("las tierras bajas") y el imperio Inca. Ya Lorandi (1980) había planteado la posibilidad de algunos privilegios a cambio de servicios, entre ellos la excepción de tributo para los soldados y un estatus privilegiado para los prestatarios de ciertos servicios reconocidos como los artesanales -como podrían ser los ceramistas o tejedores- o administrativos. Cabe señalar, finalmente, que Pärssinen (2003) ha sostenido que es posible que los incas se hayan extendido mucho más al este que lo que tradicionalmente fue asumido para el NOA, precisamente hasta el sur de Santiago a través del río Salado, sin una frontera fija. Estas áreas fronterizas habrían pasado, según el autor, a integrar el imperio a través de pactos políticos confirmados por alianzas matrimoniales y dones.

Dentro de este esquema no es ilógico pensar que los objetos metálicos valliserranos e incaicos hallados en Santiago pudieron haber jugado el papel de dones, por ejemplo, en reciprocidad por servicios artesanales de mitimaes trasladados a los valles o por alianzas políticas. En este sentido, es notorio que la gran mayoría de los objetos hallados en el Salado Medio no son piezas simples sino "bienes especiales", tales como placas, tokis, hachas, topus, mazas estrelladas, etc. (74 piezas versus 39). Obviamente, el resto de los objetos (tales como cinceles, punzones, agujas, etc.) también pudieron haber jugado como regalos igualmente valiosos para pueblos que carecían de esta materia prima y tecnología. Es más, se trata en general de piezas complejas de gran tamaño que requirieron la inversión de una gran cantidad de metal y trabajo. Es sabido también que en el NOA los incas continuaron produciendo ciertos tipos de objetos metálicos de raigambre local por la gran importancia política y simbólica que éstos detentaban, por ejemplo en Rincón Chico, en el Valle Calchaquí (González 2004). A ello se suma que, al menos para los objetos recuperados por Pedersen, que son algunos de los más grandes y de mayor complejidad tecnológica y morfológica, cabe la posibilidad de que hayan sido recuperados en contextos de ofrenda como son los funerarios (Angiorama y Taboada 2008).

En este sentido, objetos metálicos complejos, con un alto valor simbólico en el NOA, fabricados con materias primas ausentes en la región, y mediante técnicas de las que no tenemos evidencias que los habitantes de Santiago hayan practicado, resultarían bienes sumamente apreciados como regalos especiales. De hecho, los metales han sido elementos muy importantes en el intercambio de dones establecido entre el Imperio y los grupos asentados en las tierras bajas de Sudamérica, carentes de estos bienes tan preciados. En general, la avidez de los pueblos de tierras bajas por apropiarse de metales parece haber sido una constante y bien pudieron jugar un papel estratégico en el intercambio simbólico y en el reforzamiento de alianzas. Que Abreu3, en sus ordenanzas de 1576, prohíba explícitamente a los encomenderos apropiarse específicamente de los objetos de cobre de los indígenas de su jurisdicción (Levillier 1920), demuestra la gran importancia que todavía entonces tenían estos bienes para los habitantes de la mesopotamia santiagueña.

Pero hay otros elementos más que planteamos podrían apoyar la idea de una vinculación efectiva de algunos grupos del Salado Medio con el Imperio: las evidencias de práctica textil y la cerámica.

La textilería

Al realizar el análisis detallado de los objetos arqueológicos de metal recuperados en Santiago detectamos que existía una notable coincidencia: en la zona donde se encontró la gran mayoría de los objetos de metal se habían recuperado grandes cantidades de torteros. En especial en Averías, de donde proceden gran parte de los objetos metálicos recuperados, Reichlen recogió más de 300 de estos implementos concluyendo que allí "el tejido debió ser practicado en gran escala" (Reichlen 1940: 160, traducción Martínez). Allí se encontraron también algunos fragmentos de tejido polícromo, muy fino y complejo, hoy perdidos. A estos datos se sumaba que los torteros hallados en contextos Averías eran mucho más abundantes y diferentes a los hallados en contextos Sunchituyoj, de época en parte más temprana. A partir de ello consideramos conveniente ahondar en la problemática textil.

La textilería santiagueña es una producción típica que hoy caracteriza a la región y varios son los estudios que se han realizado sobre ella. Sin embargo, en la casi absoluta totalidad de los casos éstos se han centrado en las prácticas y obrajes coloniales, o en la producción textil artesanal actual (por ejemplo, Carballo y Paz 2005; Di Lullo 1980; Doucet 1990; Farberman 2002; Garavaglia 1986; Gramajo de Martínez Moreno 1969; Llamazares y Martínez Sarasola 2002). Poco sabemos, en cambio, sobre la textilería prehispánica. Resulta extraño que con el desarrollo que ha tenido el estudio del tema para época colonial no se haya hasta ahora indagado en sus posibles raíces locales prehispánicas ni en las diversas problemáticas que se abren de su consideración, tales como el desarrollo histórico de la textilería en la región, las variantes espaciales, temporales y culturales, la escala de producción, las materias primas utilizadas o las técnicas trabajadas, todo lo cual tiene que ver con la compresión de los procesos históricos más generales ocurridos en la región y su vinculación con el gran desarrollo colonial local de la textilería.

Si bien las evidencias arqueológicas directas de la práctica textil son, por razones de preservación, sumamente escasas en la región, hay una gran variedad y cantidad de evidencias indirectas que permiten no sólo aseverar la producción textil prehispánica en la misma, sino también afirmar el potencial de su análisis. Entre las evidencias directas se pueden mencionar muy pocos hallazgos de textiles. Estos parecen reducirse a un fragmento recuperado por los hermanos Wagner que fue analizado por D' Harcourt (1932) y a algunos fragmentos recuperados por Reichlen (1940). En todos los casos se trata de pequeñas porciones muy deterioradas y recuperadas en contextos funerarios. A ello se suman algunas referencias de improntas textiles o de cestas y redes sobre fondos y paredes de vasijas (Lorandi 1967, 1974; Lorandi y Carrió 1975; Reichlen 1940, entre otros). Sí existen, en cambio, numerosos instrumentos arqueológicos vinculados a la producción textil, lo que permite afirmar la producción en la propia región. Se trata, sobre todo, de una enorme cantidad de objetos de cerámica, piedra y hueso que han sido considerados como torteros para el hilado. En 1946 se decía que hasta ese momento se habían exhumado 13.300 "fusaiolas"4, de las cuales 8.300 estaban decoradas con grabados (Wagner y Righetti 1946) (figura 3). La cifra es realmente impactante y, aunque no hay en ella una discriminación temporal, espacial ni contextual, refleja indudablemente que si dichos objetos eran usados para el hilado, tal como se supone, ésta práctica habría estado muy bien desarrollada en la zona. Además se ha recuperado una gran cantidad de instrumentos de hueso, algunos de los cuales bien podrían haber servido para usos vinculados a la producción textil, tales como agujas y espátulas (Lorandi 1967; Reichlen 1940; Rusconi 1933, entre otros). Por último, cabe mencionar la aparente disponibilidad en el pasado tanto de fibras de origen vegetal (por ejemplo algodón) como animal, que los documentos coloniales señalan se tejían en Santiago. Incluso, a pesar de las limitaciones del ambiente, según la bibliografía se habría recuperado restos arqueofaunísticos de guanaco, llama y alpaca (Kraglievich y Rusconi 1931; Lorandi y Lovera 1972; Rusconi y Kraglievich 1934, Wagner y Wagner 1936, entre otros), y algunas citas de cronistas señalan la cría de ovejas del Perú en Santiago. De hecho, en razón de esta problemática, recientemente hemos planteado una investigación específica que apunta a avanzar en profundidad, entre otros, en los aspectos tecnológicos y de materias primas señalados (López Campeny y Taboada 2009)5. Este análisis minucioso y detallado nos permitirá en el futuro ajustar también los planteos que esbozamos aquí.


Figura 3. Torteros para hilar hallados en Santiago del Estero (tomados de Wagner y Righetti 1946 y de Llamazares y Sarasola 2002).

Ahora bien, aunque algunos autores (Wagner y Wagner 1934; Wagner y Righetti 1946; Reichlen 1940) señalaron ciertas características y tendencias en relación a elementos vinculados al tejido (especialmente los torteros), fue Lorandi (1978) quien pudo sintetizar esta información sumándola a la generada por sus propios trabajos de campo, y plantear que en momentos tardíos (fase Oloma Bajada-Icaño, ubicada hacia 1350-1600 d. de C.) parece haber habido un auge de la industria textil en la región. A partir de esto, la autora se pregunta si dicho fenómeno no tendría conexión con la distribución de piezas cerámicas de estilo "santiagueño" en diversos valles de Catamarca y la Rioja.

La propuesta de Lorandi (1978) acerca de que en momentos prehispánicos tardíos se dio un auge de la producción textil deriva, especialmente, de la notable cantidad de torteros asociados a contextos tardíos. Al realizar nosotros una comparación con el resto de los indicadores directos e indirectos de textilería conocidos hasta ahora para la región, resulta claro que en ese momento tardío se produce un notable cambio en la práctica textil en la región con respecto a momentos anteriores, pero también respecto de distintas manifestaciones culturales arqueológicas. En primer lugar, cabe decir que esta gran cantidad de torteros aparece particularmente en contextos con cerámica Averías. Esto contrasta notablemente con los registros que hay para asociaciones con otros tipos de cerámica. Comparando con contextos con cerámica Sunchituyoj, se ha señalado que no sólo es evidente el aumento en las cantidades que aparecen asociados a cerámica Averías, sino también las diferencias en cuanto a los tipos de torteros, siendo los de contextos Sunchituyoj, además de muchos menos, más toscos y pesados. En contextos con cerámica Las Mercedes, Gómez (1966) señala explícitamente que no se han registrado torteros y que las evidencias de textilería se restringirían sólo a dos posibles impresiones sobre cerámica. Otros investigadores que han trabajado sobre contextos con cerámica Las Mercedes tampoco dan cuenta de indicadores directos o indirectos de esta práctica.

Las diferencias apuntadas tienen ciertas connotaciones cronológicas, pero quizás fundamentalmente socioculturales. Si bien el esquema clásico de la arqueología santiagueña ordenaba secuencialmente tres "culturas arqueológicas" (Las Mercedes como la más temprana, luego Sunchituyoj y finalmente Averías), este esquema ha sufrido profundos cambios. Lorandi (1974, 1978) demostró que si bien la cerámica Sunchituyoj aparece en momentos más tempranos que la Averías, luego perdura con ésta hasta momentos hispánicos. Por su parte, la cerámica Las Mercedes, si bien es la más temprana del territorio, también parece perdurar hasta momentos bastante tardíos (Togo 2007). En consecuencia, las diferencias señaladas en estos contextos, deben ser vistas no necesariamente como diferencias en un desarrollo histórico-cronológico de la práctica, sino también como diferencias notables (en la escala de producción y/o en la tecnología de producción) entre grupos humanos coexistentes en la región.

En consecuencia, no es que la producción textil (o hilado) haya necesariamente aumentado en los grupos tardíos usuarios de cerámica Averías, pero sí que en esos grupos, y en ese momento, pudo haberse producido algún cambio sustancial en esta práctica, por ejemplo a nivel tecnológico y reflejado en las importantes diferencias en los registros de torteros. Esta transformación es lo que nos interesa pues coincide temporal y espacialmente con otros cambios y asociaciones importantes que pueden observarse en el registro arqueológico. Uno de ellos es la entrada de los objetos metálicos valliserranos e incaicos a la región. Otro es el de la distribución de cierta cerámica de estilo "santiagueño" tipo Averías en los valles centrales del NOA, donde aparece particularmente asociada a contextos o materiales incaicos o coloniales. De hecho, la época prehispánica tardía es momento de importante interacción cultural de poblaciones y gente de la llanura santiagueña con la de los valles. Pero aparentemente no de toda, sino básicamente, o en mucho mayor medida y alcance, de gente que permite la movilización fundamentalmente de cerámica Averías. O sea, es posible que sea específicamente gente de la llanura (y quizás hasta particularmente la del Salado Medio) la que habría interactuado hacia afuera del actual territorio del actual Santiago posibilitando la movilidad y distribución de algunos bienes e ideas de su repertorio de uso y conocimiento (al menos en tiempos incaicos). Pero tan sólo de algunos de ello, y esto es lo interesante a destacar y seguir analizando, ya que, por ejemplo, en el NOA no hay una distribución ni similar ni cercana (en cantidad ni en ubicuidad) de la cerámica Sunchituyoj, que coexistía en Santiago con la Averías, incluso en los mismos sitios y contextos tardíos.

En síntesis, todo lo dicho hasta ahora está indicando que, en general, grupos tardíos que usan cerámica Averías, y en particular los asentados en el Salado Medio, habrían producido textiles -o al menos hilado- a gran escala. La variedad de tamaños y materias primas de los torteros apunta posiblemente a una diversidad de materias primas a hilar, y se destaca la increíble variedad de formas y diseños en la decoración. Aún cuando parte de los hallazgos pudieran ser coloniales, esta magnitud, variedad y distribución espacial no pueden dejar de pensarse sino sobre la base de un aprovechamiento de materias primas, destrezas, tradición, organización y localización preexistente a la intervención colonial.

Pero a la situación general expuesta podemos agregar aún otros indicadores quizás más específicos que nos llevan a considerar la posibilidad de que la práctica u organización textil "santiagueña" le deba algo al incario:

-la referencia de los primeros cronistas de que los indios de Santiago se "vestían como los del Perú" (Ottonello y Lorandi 1987).

-la observación de Reichlen de que "los tejidos producidos por estas poblaciones precolombinas [las de Santiago] se parecen mucho a los producidos por la industria textil de las regiones andinas del Nor-Oeste Argentino" (Reichlen 1940: 183).

-las notables semejanzas entre los torteros hallados en Santiago y en el sitio tardío-incaico de La Paya (Salta)6 -aunque estos son de madera- (figura 4), uno de los pocos sitios del NOA de donde se ha reportado el hallazgo de grandes cantidades de torteros, y de donde proceden objetos incaicos de metal idénticos a los hallados en Santiago (Ambrosetti 1907) (figura 5).


Figura 4. Izquierda: torteros hallados en La Paya (Salta) (tomados de Ambrosetti 1907). Derecha: torteros hallados en Santiago del Estero (tomados de Llamazares y Sarasola 2002).


Figura 5. Izquierda: hacha metálica hallada en La Paya (Salta) (tomada de Ambrosetti1907).Derecha hacha metálica hallada en Santiago del Estero(tomada de Wagner y Righetti 1946).

-el hecho de que uno de los dos únicos datos disponibles de asociación de piezas metálicas con otros elementos refiere justamente su hallazgo junto a un tortero, y en la zona del Salado Medio (Wagner y Righetti 1946).

-la referencia de la utilización actual de ciertas técnicas incaicas en Santiago, como la técnica de tapiz inca (Corcuera 2005).

-la presencia en tejidos coloniales y actuales de Santiago de la representación de lo que podría interpretarse como la típica maza estrellada incaica (de la que se han hallado algunos ejemplares metálicos en el Salado Medio); interpretable también como la estrella de ocho puntas, de frecuente registro entre los diseños presentes en piezas textiles de cronología inca recuperadas en diferentes contextos arqueológicos del actual territorio peruano (López Campeny, comunicación personal 2008) (figura 6).


Figura 6. Izquierda: textil de Santiago del Estero que data de fines del siglo XVIII (tomadodeCarballoyPaz2005).Esquina superior derecha textil inca con estrellas de ocho puntas hallado en Perú. Esquina inferior derecha: mazas estrelladas metálicas halladas en Santiago del Estero (tomadas de Wagner y Righetti 1946).

-y, finalmente, una leyenda santiagueña que refiere que fue una princesa inca quien enseñó a tejer en Santiago (Llamazares y Martínez Sarasola 2002)7.

A partir de todo lo expuesto podemos pensar, entonces, que al interior de los grupos de la llanura se produjeron cambios en la producción textil a partir del contacto con los incas. Incluso, sobre la base del conjunto de elementos analizados, podemos empezar a pensar quizás incluso en un potencial aprovechamiento por parte del Imperio de las materias primas y destrezas locales, reflejado en una reorganización y explotación a mayor escala de las prácticas y actividades textiles locales tradicionales, y también en un interés o relación específica entre ciertos grupos del Salado Medio asentados en esta zona en particular y el Tawantinsuyu. Es relevante al respecto que esta área fue luego una de las zonas donde se instalaron los obrajes textiles coloniales, quizás utilizando y recuperando entonces una tradición local, pero también aprovechando una organización de producción que podemos pensar intervenida eficientemente por influencia incaica. De hecho, el tributo textil, antes más generalizado, a fines del siglo XVII se convirtió en una especialización de los pueblos de encomienda del Salado Medio (Farberman 2002). Esta fue una estrategia utilizada al menos en Perú: según Corcuera (2005) las grandes haciendas coloniales cercanas a Cusco reprodujeron un esquema similar al de los centros de producción prehispánica como forma de obtener una concentración de habilísimos tejedores y una producción textil de la más alta calidad.

La cerámica

Pero además del quichua, los metales y la textilería, contamos también con un indicador más de esta posible vinculación de los grupos asentados en el Salado Medio con el Tawantinsuyu: la cerámica. Si bien hasta el momento no se conoce que ningún objeto cerámico típicamente incaico se haya recuperado en Santiago del Estero, la distribución y características de la cerámica tardía "santiagueña" es otro indicador importante que estamos empezando a analizar en mayor profundidad. Como ya dijimos, ciertas variantes de la cerámica tardía Averías (o Yokavil) y Famabalasto se encuentran distribuidas por los valles del NOA, y en general asociada a contextos incaicos, así como a diferentes estilos cerámicos tardíos tales como Poma Negro sobre Rojo, La Paya Polícromo, Casa Morada Polícromo, Santa María, etc.

Sobre la base de esto y de otros estudios, un indicio que estamos empezando a seguir actualmente es el de las variantes estilísticas que presenta la cerámica tradicionalmente agrupada como Averías y su distribución dentro de Santiago y en el NOA. En primer lugar cabe mencionar que Bleiler (1948) señala que en general la cerámica del sur del Salado Medio de Santiago (la zona que nos interesa) presenta una distinción con respecto a la del norte del Salado Medio, y es que presenta mucha mayor proporción de color blanco en su decoración. De los varios estilos cerámicos que Bleiler definió, nos interesa uno particularmente, el Averías Polícromo, porque es el que el autor señala como poseedor de características compartidas o muy similares con el estilo distribuido en los valles (Yokavil Polícromo). Lo interesante para nuestro problema es que según el análisis de Bleiler (que hoy estamos revisando en profundidad), la cerámica de este estilo aparece con una presencia muy importante precisamente en los sitios o lugares donde se recuperaron los objetos de metal en Santiago: Averías, Tulip Loman, Mancapa y Cañitas, mientras que raramente aparecen en sitos de más al norte del Salado Medio (como Llajta Mauca y Represas de los Indios, por ejemplo)8. Esto resulta significativo porque, una vez más, encontramos una tendencia de asociación y distribución acotada a esta zona particular del Salado Medio, de ciertos indicadores que se despliegan en contextos incaicos de los valles del NOA, o son característicos de allí.

Por otro lado hay que considerar las observaciones realizadas por Gramajo de Martínez Moreno (1982) sobre la similitud morfológica y las semejanzas en la concepción de ciertos platos tardíos "santiagueños" considerados del tipo Averías y los platos patos incaicos, interpretándolos como una reformulación local donde se ha reemplazado el "pato" por un búho o algún otro apéndice. Si bien hay diferencias importantes, es cierto que en su concepción general recuerdan a los platos patos incaicos. Y sobre lo dicho por la autora podemos destacar otros elementos que pueden ser significativos. Estos platos recuperados en Santiago presentan, además, una variante de la decoración pintada que es la misma que se utiliza en el otro tipo de piezas halladas en Santiago que tiene alguna semejanza morfológica con las piezas incaicas y que son los vasos altos (figura 7). Ambas formas son, además, poco frecuentes en la cerámica registrada hasta ahora en Santiago. Pero lo más significativo es que estos platos fueron clasificados dentro del estilo que Bleiler (1948) denominó Epiaverías, hasta ese momento registrado en forma exclusiva en el ya mencionado sitio Averías del Salado Medio. Más tarde también fue hallado en Icaño (en nuestra misma área acotada de interés), y justamente en un posible contexto de producción textil (Lorandi 1967, 1974). Este estilo es de hecho el más diferente dentro del conjunto que se ha agrupado bajo el nombre de cerámica Averías, se lo ha considerado de los más tardíos (incluso colonial), y no lo hemos hallado registrado en los valles. En razón de estas circunstancias y coincidencias de distribución y asociación resulta interesante ahora ahondar en la posibilidad de que fuera un estilo local, desarrollado tardíamente incorporando y reelaborando morfologías incaicas y valliserranas nuevas para la región, tras el contacto entre grupos de la llanura e incaicos. Concretamente, un estilo elaborado tardíamente por la gente del Salado Medio que ha estado en contacto con los incas y que ha recibido no sólo metales, sino también influencias cerámicas y quizás incluso nuevas pautas sobre producción textil.


Figura 7. Vaso y platos cerámicos de estilo Epiaverías hallados en Santiago del Estero (tomados de Wagner y Wagner 1934). Las piezas carecen de escala gráfica en la publicación original.

Consideraciones finales

Ahora bien, ¿cuáles habrían sido los mecanismos que pudieron configurar la situación arqueológica detectada? Volviendo a los metales, ya a principios del siglo XX Nordenskjöld (1917) y Métraux (1927) señalaron la "sed de metal" que evidenciaban los habitantes de las llanuras de Paraguay, norte de Argentina y oriente de Bolivia en épocas prehispánicas y colonial temprana. Es más, Métraux la señala como la causa principal de las migraciones guaraníes hacia el este.

Un estudio histórico reciente señala que el tráfico de bienes metálicos alcanzó una gran intensidad entre los pueblos del oriente boliviano, desde las últimas estribaciones de los Andes hasta El Pantanal (Combès 2008). En ciertos casos, el metal llegaba a las tierras bajas como regalo de los incas "para atraer vasallos o futuros vasallos" (Combès 2008: 62). En otros, por trueque "de mano en mano" entre los productores del metal, los pueblos intermedios y los grupos del extremo oriental de la zona de estudio. Combès ha detectado también que los chiriguanáes hacían pagar tributo a algunos de sus pueblos "vasallos", y que el metal era en ocasiones uno de los productos requeridos. Pero no siempre el metal circulaba de oeste a este de forma pacífica. Algunos grupos organizaban expediciones multiétnicas y belicosas para robar metal a los pueblos del occidente (inclusive a los incas). Esta intensa circulación de metal dio como resultado que casi todos los pueblos localizados entre las últimas estribaciones de los Andes y el Río Paraguay poseyeran algo de metal cuando los primeros europeos pasaron por allí.

Esta idea de la enorme avidez de los pueblos de las tierras bajas por apropiarse de metales, comprobada por Combès para el área por ella estudiada, fue muchas veces hecha extensiva para otras regiones, inclusive para las tierras bajas del NOA. Sin embargo, nuestros estudios en Santiago del Estero, nos indican que desde las evidencias arqueológicas no podemos reconstruir una situación de apropiación similar a la que muestra el oriente boliviano. Allí, repetimos, los diversos mecanismos y estrategias generaron una circulación del metal "de mano en mano", que hizo que prácticamente todos los pueblos poseyeran algo de metal. Desde un punto de vista arqueológico, sería esperable que las investigaciones de campo dieran como resultado el hallazgo de estos objetos a lo largo de toda la ruta. Esto no sucede en Santiago del Estero. Como ya lo señalamos, el metal se concentra en un área muy pequeña, localizada a más de 400 km de distancia de las fuentes del metal. De los mecanismos detectados por Combès, el único que podría dar cuenta de una distribución tan discontinua y circunscripta de las piezas metálicas es el que implica una relación directa entre los "señores verdaderos dueños del metal" -en nuestro caso los incas-, y los habitantes del Salado Medio.

Nuestra hipótesis privilegia más bien un vínculo a través de algún tipo de alianza (Angiorama y Taboada 2008). Para ello hemos puesto en juego, además del análisis especifico sobre las evidencias metálicas y sus posibles mecanismos de movilización, las probables influencias incaicas en producción textil y en la cerámica tardía del Salado Medio, dos elementos que no fueron objeto de interés particular de apropiación por parte de los pueblos de llanura, y que parecen aportar nuevas evidencias de este posible vínculo entre ciertos grupos de Santiago y el incario.

Agradecimientos

A Ana María Lorandi por su paciencia para responder nuestras preguntas sobre sus excavaciones en Santiago del Estero. A Silvia Palomeque, Ana María Presta y Roxana Boixadós por invitarnos a participar en el Simposio "Sociedades indígenas y sistemas de dominación desde una perspectiva etnohistórica. Desde el Tawantinsuyu hasta la crisis del sistema colonial español", desarrollado en el marco de las XII Jornadas Interescuelas. Departamentos de Historia, realizadas en San Carlos de Bariloche entre los días 28 y 31 de octubre de 2009. Esta investigación se enmarca en el Proyecto CIUNT 26-G402, Universidad Nacional de Tucumán.

Notas

1. No consideramos aquí tres piezas recuperadas por Togo (1999) en Rincón de Atacama (Termas de Río Hondo) por datar de épocas más tempranas, por lo que no interesan en nuestra discusión.

2. Correspondería a la cerámica local polícroma llamada Averías.

3. Agradecemos a Silvia Palomeque la búsqueda y referencia de este dato.

4. Término con que los Wagner designaban a los pesos para hilar. También se denomina tortero y muyuna.

5. Actualmente estamos profundizando, entre otros aspectos, el análisis sobre las variantes y posibilidades de uso de distintas fibras, naturaleza del hilo, tipos de tejidos y su vinculación a distintos tipos de torteros.

6. Existen también otros asentamientos de época inca en el NOA en los que se han hallado gran cantidad de torteros. Actualmente estamos avanzando en su comparación con los recuperados en Santiago.

7. Agradecemos a Sara López Campeny la comunicación de esta información.

8. Otro estilo muy difundido en los valles es el Yokavil Rojo sobre Blanco, que aunque aparentemente hallado con menos frecuencia en Santiago, y con algunas variantes más sencillas, lo encontramos también en nuestra zona de interés.

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Fecha de recepción: 14 de febrero de 2010.
Fecha de aceptación: 15 de abril de 2010.