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Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem. am.  no.18-2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./dic. 2010

 

RESEÑAS

Grosso, José Luís. 2008. Indios Muertos, Negros Invisibles: Hegemonía, Identidad y Añoranza. Córdoba. Encuentro Grupo Editor. 252 p.

Malena Castilla

Estudiante avanzada de la Carrera de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (FF y L, UBA), Argentina.

Este libro, producto de la Tesis Doctoral de José Luis Grosso defendida en la Universidad de Brasilia, constituye un análisis histórico-antropológico sobre el proceso de conformación de identidades en la provincia de Santiago del Estero. El autor se propone dar cuenta del proceso de invisibilización y exclusión de la población indígena y negra del actual territorio de la provincia de Santiago del Estero desde el período colonial hasta la actualidad.

Grosso considera a la "invisibilización" como el resultado de la creación de una identidad provincial homogénea. Este proceso, sin embargo, se inicia con la llegada de los españoles a la región y se torna evidente en los primeros censos borbónicos, a partir de la utilización de categorías como, "zambos", "mulatos" y "criollos", que subsumen en ellas otras identidades. A lo largo de los siglos, esta práctica de negación hegemónica implantada por un modelo dominante como fue el colonial continuó dando sus frutos durante el proceso de consolidación del Estado Nación en la Argentina. Así, presidentes como Mitre, Sarmiento y Avellaneda establecieron los ejes de una política "civilizada" contra el "salvajismo indígena", generando prácticas como matanzas y hambrunas que dieron como resultado una disminución de la población indígena del área en muy poco tiempo. Según el autor, lo indígena fue excluido y fragmentado por la guerra, y la nueva paz social terminó por invisibilizarlo y sepultarlo bajo el nuevo modelo de ciudadanía.

Ahora bien, Grosso afirma que los indios no están muertos y los negros no son invisibles. Tal fue el modelo que se quiso implementar pero que no logró llevarse a cabo en su totalidad, ya que hoy en día muchos fenómenos sociales dan cuenta de estas identidades negadas. El autor sostiene que es a partir de la lengua quichua y de la religión popular que estas identidades diversas sobreviven y emergen. Basa su análisis en fuentes del Museo Histórico y el Archivo Histórico de la Provincia de Santiago del Estero y del Archivo General de la Nación, así como en trabajos de campo realizados en distintas localidades de la provincia entre 1887 y 1997. El libro se encuentra dividido en cuatro capítulos que resumiremos a continuación.

En el primer capítulo: "La episteme nacional recubre las relaciones coloniales: La argentinización de los santiagueños", se intenta dar cuenta de las condiciones del proceso de homogenización e invisibilización, partiendo de la situación de los indígenas en relación al Estado-nación y para identificar luego sus raíces en las características de las relaciones coloniales en la región. Demuestra así cómo se gestó y fortaleció una identidad nacional a partir de una política de "des-etnización", desde la diferenciación y la exclusión. El autor habla de "episteme nacional" para referirse a las categorías que hicieron posible el modelo de ciudadanía nacional, como por ejemplo ciudad/desierto- civilización/barbarie, instrumentos que al no ser cuestionados terminaron por volverse ejes absolutos. En este capítulo el autor recurre al análisis de los censos borbónicos realizados desde 1778 para demostrar su tesis, mostrando cómo las uniones entre indígenas e integrantes de la colonia fue gestando una población mestiza que favoreció la creación de categorías que homogeneizaron a la población y excluyeron a los indígenas y negros.

En contraste con este primer capítulo, donde se enfatiza el análisis estadístico de los censos, en las siguientes secciones el autor utiliza un recurso metodológico diferente. Se basa en fuentes históricas tales como poemas, canciones, como también la realización de entrevistas. En el segundo capítulo: "Los inconstantes cursos del habla: bilingüismo quichua-español", el autor sostiene que el uso de la lengua quichua en la actualidad guarda estrechos vínculos con la visibilidad de la condición indígena en Santiago del Estero. A la vez que el hablar esta lengua da cuenta de este vínculo histórico, también significa ser humillados socialmente; es por ello que se prefiere negar su conocimiento, distanciándose así de esta identidad. Según Grosso, el miedo a hablar quichua se relaciona al miedo a ser considerado "indio". Sin embargo, "la táctica bilingüe" utilizada por sus habitantes es constante y se refleja tanto en zambas, coplas, poemas como en el habla cotidiana.

En el tercer capítulo del libro, "Fragmentos indios en la escenografía de la muerte", el autor analiza el pasado indígena en Santiago a partir de las visitas a diversas localidades en las que se han descubierto yacimientos arqueológicos. Analiza la relación entre los habitantes de estas localidades y aquellas poblaciones pasadas, de cuya existencia hablan los cementerios. No se reconoce según el autor, una descendencia directa de éstos: "para la gente son todos 'indios', 'los indios muertos'" (p.141). No obstante, la población actual realiza fiestas, encuentros y rituales que dan cuenta de un respeto hacia esos indios que allí supieron vivir. Uno de estos rituales que el autor analiza en este capítulo son las "alumbradas".

En el último capítulo: "Indios y negros entre santos y salamancas", se ofrece una recopilación de rituales y fiestas de los santos que contienen elementos de la población indígena y negra que aún hoy los habitantes santiagueños siguen realizando. En esta parte del libro el autor, continúa la línea que analiza en el capítulo anterior, donde describe el "ritual de alumbrar" y los "velorios" -que asocian a indios muertos, "muertos con poder" y santos- y otros rituales y mitos extendidos en la región, en los que encuentra otros modos de conexión con esta población indígena "invisible". Este es el caso del mito de la Cruz del Señor de los Milagros de Mailín, el culto a San Esteban –llamado el "santo indio"- y a Santa Bárbara, la Purísima de Tuama, santos que fueron "indianizados". El análisis se extiende también al mito-ritual de "la Salamanca", asociado al africano "mandinga", llamado en occidente "diablo", o "supay" en quichua, vinculado en la zona a San Miguel de Añatuya, que es un diablo negro. A partir básicamente de entrevistas realizadas en el campo el autor identifica la forma y componentes de esta religión "popular", proponiendo que la misma se vincula a una lucha simbólica dentro de las representaciones eclesiásticas locales, tanto en términos lingüísticos como en iconográficos. En relación a estos dos componentes, el autor sostiene que si el indio se encuentra negado, sobre el componente negro pesa una doble negación, ya que ni siquiera se cuenta con la "muda materialidad " de los huesos y las tinajas de esos indios que ya "están muertos". Grosso remite esta diferencia a la jerarquía de las castas, existente durante la colonia, por la que los "negros" estaban por debajo de los "indios" Así, "lo negro" subyace a la desaparición de "lo indio", es lo que primero "desaparece", ya que es la primera alteridad. En otras palabras, lo negro es lo primero que se niega. Así, el diablo "San Miguel de Añatuyo" es una de las pocas manifestaciones de "lo negro" en el espacio santiagueño. El autor afirma que "en la Mesopotamia santiagueña, lo 'indio' aflora en una meseta de fragmentos mucho menos profunda que la infernalidad de lo negro. Estableciendo algunas homologías estructurales: lo 'indio' se manifiesta en las fiestas de los santos, en un tiempo y un espacio canónico, un tiempo previsible, recurrente, consagrado y un espacio sacralizado por la iglesia; lo 'negro' se esconde en las salamancas, en un tiempo-espacio satanizados, un tiempo imprevisible, aleatorio, profano, y un espacio subterráneo, infernal, ambiguo no admitido" (p. 234).

Consideramos que el aporte sustancial del autor en este libro es su planteo de la identidad "santiagueña" no como el producto de una "mezcla", ni de una "combinación" de componentes indígenas, negros y españoles, sino como resultado de una lucha social y simbólica, en la que las políticas etnocidas no lograron borrar las diferencias y tradiciones de los "otros" no deseados. Es en este sentido un gran aporte a los escasos estudios históricos y antropológicos realizados hasta el momento sobre este aspecto de la población de Santiago del Estero, sino también para valorización e inclusión de las poblaciones que aún viven allí y son actores protagónicos en esta historia.