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Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem. am.  no.18-2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./dic. 2010

 

RESEÑAS

Valko, Marcelo. 2010. Pedagogía de la Desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible. Buenos Aires, Ediciones Madres de Plaza de Mayo. 413 p.

María Sol Ottini

Estudiante avanzada de la Carrera de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (FF y L, UBA), Argentina.

Marcelo Valko es psicólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires y se dedica a la investigación antropológica. En Pedagogía de la Desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible, su última publicación nos propone una revisión histórica del drama sufrido por los pueblos originarios de Argentina luego de las campañas militares propugnadas por los mismos próceres que nuestra "historia oficial" ensalza una y otra vez en sus "proféticas campañas". El autor plantea que desde los inicios de la conquista de América se viene realizando un genocidio no reconocido, del cual esta publicación se ocupará del último cuarto del siglo XIX en el actual territorio argentino. La "pedagogía de la desmemoria" refiere a la larga construcción de un imaginario que se forma a partir de un doble movimiento de invisibilización de los hechos y glorificación de sus victimarios, que amputa nuestra memoria y tergiversa los hechos históricos, convirtiendo en héroes personajes que propiciaron numerosas atrocidades y abusos. El libro se propone construir otra narrativa, desenmascarando la que estamos acostumbrados a escuchar, a partir de una visión crítica que nace de principios éticos que no encuentran límites temporales. Desarrolla este propósito a lo largo del análisis de numerosas fuentes históricas, muchas referidas a publicaciones periodísticas del período. Su intención es la de sacar a la luz hechos que permitan proponer a los lectores una mirada diferente sobre la construcción de la identidad argentina y sus orígenes. A lo largo de estas páginas, las imágenes de una "Argentina granero del mundo, blanca, culta y europea" se contraponen con aquellas que nos muestran los destinos que debieron sufrir los habitantes indígenas de estas tierras, que no tenían lugar dentro del proyecto económico de las elites porteñas.

El libro comienza con un prólogo en el que Osvaldo Bayer nos insta a recuperar la memoria sobre lo acaecido en esta época, desmitificando los discursos oficiales que justifican las atrocidades que sufrieron los pueblos originarios. Nos propone seguir en la línea del autor, investigando sin escandalizarnos por la caída de "héroes nacionales", en la renuncia a aceptar una historia que justifica la aniquilación del "otro", con el telón de fondo de intereses políticos y económicos mezquinos.

El autor analiza la construcción de un imaginario sobre los indígenas recorriendo los más variados discursos –desde filosóficos y científicos hasta de la literatura, el periodismo y la política- en los que reconoce la gestación de una imagen acerca del indio que sirve como cobertura ideológica a las prácticas genocidas descriptas a lo largo de esta obra. Los enemigos cargan con diferencias que anulan su humanidad, en contra de un "nosotros" que se exhibe como fuente de la civilización. Los indios son los ladrones, delincuentes, salvajes, enemigos "anacrónicos" de la modernidad. Analiza estos discursos tanto en la prosa de Sarmiento como en los textos escolares que justifican el "éxito" de la campaña de Roca frente a la eliminación de los indios.

Distanciándose de las definiciones que pretenden encuadrar a los genocidios dentro de parámetros precisos, que excluyen matanzas no sistematizadas, propone basarse en la definición del brasilero Orlando Villas Boas, que no implica sólo la matanza en su definición de genocidio, sino que hace hincapié en la estructura de exclusión y desarraigo que aniquila culturas en pos del "desarrollo". Al separase de los llamados "cadaverólogos" que teorizan sobre los muertos, propone una narrativa menos interesada en definiciones formales ofreciendo una visión quizás menos académica aunque fuertemente sostenida en la búsqueda y lectura de fuentes.

Se refiere a la zanja del Ministro de Guerra Alsina como la concreción de la ya tan sedimentada oposición entre el "nosotros civilizado" y el "ellos bárbaro", demarcando en el territorio el límite ya instalado en el imaginario social. Roca, sucesor de Alsina, comenzará a trabajar en la campaña al desierto, reorientando la política anterior. La coyuntura económica necesitaba de su accionar, el sector agroganadero favorecido por la expansión de las exportaciones necesitaba de más tierras, aquellas que los "ociosos indios" no hacían producir con la racionalidad económica que exigían los tiempos que corrían. Con la ayuda del telégrafo y del fúsilRemington, el ejército avanza sobre la frontera, mientras crecen los precios de las tierras indígenas. Entre las imágenes que se suceden al leer estos capítulos, encontramos la matanza del hermano de Roca, Rudecindo, a la delegación de ranqueles que llega a Villa Mercedes para dialogar con las autoridades, así como la captura y humillación pública del cacique Pincén.

Pero la mayor parte de estas prácticas genocidas ocurrirán no en el campo de batalla, sino sobre los prisioneros. Estos plantean a la sociedad el debate de qué hacer con sus destinos, esperarán en campos de concentración su destino final. Muchos perecerán en los traslados o producto de las epidemias de viruela que azotaron al mayor campo de concentración, el de la Isla de Martín García, que recibirá a evangelizadores como Birot, quien llevará registro de defunciones y bautismos, documentación que arroja luz sobre estos hechos. Estos desterrados invisibles, tendrán diferentes destinos, como el servicio doméstico en casas de familias porteñas, el ejército o los ingenios azucareros, como mano de obra barata. El autor transcribe anuncios de la prensa acerca de las remesas de indios que llegaban a la ciudad para ser destinados a quienes los requerían. Algunos se presentaban a llevar esta "chusma", término que refería a los niños y mujeres, con cartas de recomendación. Desfilan imágenes que nos hacen preguntarnos quiénes eran los bárbaros, estas comunidades desterradas y ultrajadas de sus culturas; o aquellos que permitían la separación de familias, las muertes espantosas y las vidas explotadas para el enriquecimiento de los emprendimientos productivos de la época.

Valko realiza también un recorrido por la literatura del siglo XIX, en donde el emblema de la cautiva condensa la blancura de la "civilización", en contraste con el "salvajismo" del indio, patentado en su deseo erótico irrefrenable. Nos llama la atención sobre un punto interesante: estas imágenes no impidieron en su época el desinterés de las autoridades sobre las cautivas reales que serán confinadas, también, en la isla Martín García. Ello puede constatarse, según el autor, en las actas de bautismos y de defunción de la época. Otro aspecto resaltado por el autor es la intervención de la Iglesia en este proceso, a partir de la creación, en 1872, del Consejo de Conversión de los Indios. La iglesia arremete contra el último escondite de memoria de estos pueblos, anunciando en los diarios de la época las iglesias y las horas en dónde se harán bautismos masivos para todos aquellos que quieran llevar a los indios que tengan en su poder. También se acudirá a su ayuda para manejar la terrible situación en la Isla Martín García, que frente a la epidemia de viruela sobrepasaba hasta a los especialistas enviados a trabajar allí, como se puede ver en los relatos del doctor Sabino O´Donell.

El libro también nos provee de interesantes fuentes como el relato de un galés, que retrata lo que sin dudas es un campo de concentración en Valcheta, en donde se describe el tejido de alambre de púas que delimitaba el espacio que recorrían estos "nadies" en condiciones inhumanas pidiendo pan a los que pasaban. Esta reconstrucción, documentada en base a fuentes, se complementa con un apéndice en el que puede hallarse una selección de las publicaciones e imágenes que han servido de fuentes para esta investigación.

El libro de Marcelo Valko se propone ofrecer una narrativa diferente a la de la historia tradicional. Su prosa, que recorre esta etapa de nuestra historia desde la óptica de la ética y los derechos humanos, atrapa y a la vez indigna. Si bien encontramos autores que consideran anacrónico el uso del concepto de "genocidio" para analizar las prácticas del estado sobre la sociedad indígena de Pampa y Patagonia a fines del siglo XIX, considero legitima su aplicación en tanto otorga el valor necesario para juzgar este proceso histórico, permitiendo  recuperar una memoria que sea justa para con los pueblos originarios que hoy reclaman por sus derechos. Encontramos en Valko un autor que no se encasilla en discusiones teóricas sino que se esfuerza por dar visibilidad a acontecimientos con el objetivo de recuperar para nuestros muertos la dignidad que este genocidio bajo sus representaciones oficiales les negó.

Notas

1. Hugo Nario: Tata Dios, el mesías de la última montonera, Buenos Aires, Plus Ultra (1976),         [ Links ] Los crímenes de Tandil, 1872, Buenos Aires, CEAL (1983); Mesías y bandoleros pampeanos, Buenos Aires, Galerna (1993); Juan Carlos Torre: "Los crímenes de Tandil" en Todo es Historia 4, 1967: 4-40;         [ Links ] John Linch: Masacre en las pampas. La matanza de inmigrantes en Tandil, 1872. Buenos Aires, Emecé (2001).         [ Links ]