SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.12El rostro en el espejo: Ezequiel Martínez Estrada y el símil de una (auto) figuraciónSergio Ramírez: lo moderno entre la ciencia, el periodismo y la literatura índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Bookmark


Anclajes

versión On-line ISSN 1851-4669

Anclajes vol.12  Santa Rosa jul./dic. 2008

 

ARTÍCULOS

Textos inaugurales: Los relatos de los viajeros patagónicos

Enriqueta Morillas

Universidad Nacional del Comahue
[ emorilla@neunet.com.ar ]

Resumen: El corpus de los textos que son objeto de nuestra atención corresponden a las etapas del Descubrimiento y de la Conquista hasta fines del siglo XVIII, entre los que se destacan los de eminente valor narrativo. En este sentido, importa el valor otorgado a los mismos por tratarse más de relatos que de crónicas y por haberlas escrito muchos de sus autores obligados por la Corona de Castilla. Estos se hallaron con la dificultad lingüística de transmitir la experiencia de un mundo totalmente desconocido (ignoto) a lo que hay que agregar que lo hicieron con una visión o conciencia falsa que los llevaba a una particular selección de lo observable. En el caso de los Conquistadores, cabe agregar que, situados en los inicios de la modernidad, el señalado desplazamiento del informe al relato supone una mayor cabida de la subjetividad. Es así como en el siglo XVII predominan las historias particulares en lugar de las generales, naturales y morales, constituyéndose en el ejemplo acabado los Comentarios reales del Inca Gracilaso de la Vega: allí tiene lugar el nacimiento del cuento literario y otros géneros breves como la tradición. Estas modalidades del relato aparecerán a lo largo de los siglos siguientes conformando una corriente sólida para el americanismo literario.
En relación con la literatura de la Patagonia, nos detendremos en el período 1870-1914, aproximadamente, momento en que se realiza el proceso de afianzamiento de la "Argentina moderna", buscando poner de relieve los aspectos formales de los textos y la comprensión de los orígenes de lo considerado como propio. Esto supone la dificultad de advertir la construcción de una identidad patagónica ante el contraste de los enunciados eurocéntricos y la oscilante visión o representaciones de lo Otro y del Otro.

Palabras clave: Crónicas y literatura de viajes de la Patagonia; Subjetividad; Eurocentrismo; Otredad.

Inaugural Texts: Patagonian Travellers' Tales

Abstract: Ezequiel Martínez Estrada gives shape to the profile of a past life that seems strange to him, which consolidates in the necessary denial of a trajectory delineated in his writings, influenced by the distance that interposes from the duplicity of a self that is unknown and in which the manifestations of a multiple memory interfere.
The reconstruction of his personal history operates with the convincing support of the opposite desire, and with the feeling of restlessness that pushes him to reflect on his personal history with the purpose of recognizing his distinctive condition, which exceeds the possibility of what he can narrate.
The particular configuration of the characters in the story "No me olvides" (1956) provides them with particular features that separate them from the tipification of his conventions so as to adopt characters that single those peculiar traits out in the frame of representations that move away from what one expects. The figure of the double self polarizes the visible circumstances which are not detachable from his inwardness. The manifestation of his intimate life intwines tightly with his selfconfiguration as an intellectual; the representations he unfolds in his essays are projected in a piece of writing that reinforces the legitimization of the value of truth in his own assertions. Such assumptions will be analyzed in the story mentioned above.

Key Words: Ezequiel Martínez Estrada; Autobiography; Narrative; Construction; Introspection.

De las crónicas de Indias a los relatos de viajes del siglo XIX

Estimadas por los historiadores de la literatura hispanoamericana por su "fuerza literaria" (Anderson Imbert 1967), nos parece oportuno recordar que estos textos inaugurales tienen en común el hecho de que se refieren al descubrimiento y la conquista de las denominadas inicialmente "Indias" y más tarde "Nuevo Mundo". Es un amplio corpus que abarca los escritos hasta fines del siglo XVIII. Desde luego, en las denominadas crónicas en sentido amplio descuellan las que tienen un marcado carácter "textual" -de alto valor en la memoria colectiva y en la organización de la cultura-, distintas por su direccionalidad de aquellas otras que tienden más bien a documentar que a relatar.
Crónicas y cronistas indianos conforman sus escritos modelándolos como "textos" y "tipos discursivos" que en realidad designan más bien a las historias que a las crónicas propiamente dichas. Esto ocurre porque sólo más tarde serán recuperados por la cultura por la importancia del hecho que narran. También nos parece útil puntualizar que si toman la forma de cartas escritas con la obligación de informar a la corona y se nos presentan como relaciones o relatos, integran la historia literaria y la de la historiografía; no lo es tanto por su intención sino por esa recuperación. Con esto tiene que ver el cambio epistemológico en virtud del cual se recuperan, es decir, se toman "del pasado aquellos textos que muestran desde la perspectiva de la recepción ciertas propiedades historiográficas o literarias" (Walter Mignolo 1982: 59).
Desde nuestra perspectiva actual resulta especialmente destacable el hecho de que Cristóbal Colón, Hernán Cortés y la serie de conquistadores del territorio que finalmente se denominó América, en su gran mayoría, escribieron obligadamente, por orden y mandato de su Majestad Imperial. Debían informar acerca del territorio y de las "gentes" que en las islas y en tierra firme hallaran y de la calidad que son. A Colón, por ejemplo, se le exige "facer memoria" "para que de todo nos traigas entera relación" (Carta del cuarto viaje, citado por Mignolo 1982: 59). El Diario de navegación del almirante presenta al mismo tiempo la modalidad discursiva del diario y también la de la carta, ya que él mismo lo indica y su lectura lo corrobora: "y para esto pensé de escribir muy puntualmente todo este viaje de día en día todo lo que yo hiciese y viese y pasase como adelante se verá" (Colón 1985: 73).
Conceptualmente, las tierras descubiertas no son conocidas, no han sido vistas antes y por lo tanto son ignotas (O'Gorman 1958); América es un objeto "silencioso" y la dificultad estribará puntualmente en la referencia, en el compromiso de los significantes con los significados que alteran las nociones transmitidas por la lengua, apreciable en la conformación de estos textos. El desplazamiento lingüístico es tan inevitable como el conceptual y el epistemológico, pues la incorporación de estas "Indias" al "Mundo Conocido" altera necesariamente la cosmovisión al cambiar la Historia.
Al recuperar estos textos la cuestión del género se torna relevante para su lectura. Mucho se ha dicho al respecto: así como Colón intentaba llevar a cabo su obligado informe, Bartolomé de Las Casas incorpora el Diario a sus escritos al dar forma a su Historia de las Indias. Es interesante contraponer la visión de Enrique Anderson Imbert a la de otros historiadores de la Literatura Hispanoamericana: "...en el fondo de los pasajes más vívidos de Colón no había una visión directa de América, sino el reflejo, como de nubes de un lago quieto, de figuras literarias tradicionales" (Anderson Imbert 1967: 16). La visión de Colón no es tanto la propia como la que establece una tradición, que actúa como ideología o conciencia falsa, que viene desde atrás para llevarlo a seleccionar lo observable y encorsetarlo, reduciéndolo "a los cuatro elementos del paisaje culto de los trovadores y de la lírica y la novela italianas... que aún sigue siendo el paisaje ideal de aquella época, probablemente no sin sugerir consciente o inconscientemente un color paradisíaco" (Palm 1948: 147). Lo que los historiadores de la literatura advierten, claro está, es que la monótona descripción que repite notas acerca del agua, árbol, brisa y canto de pájaros no parece ser enteramente literaria. No se trata, entonces, de imágenes elaboradas en las cuales el discurso es la viva expresión de la literariedad, sino simples expresiones cognitivas.
No retomaremos la polémica acerca de la frontera entre estas dos dimensiones del análisis sobre las que tanto se ha dicho ya, sino solamente sus aspectos conceptuales. Admitimos, sí, que es apropiado trabajar con estos conceptos en la medida en que siguen resultando útiles para la compleja convivencia de la historia y la ficción en los textos americanos. Este saber es, si no provisional, útil herramienta para encarar la cuestión siempre compleja de los géneros. Son, esta frontera y la que delata la convivencia de la historia y la ficción, las que invariablemente hallamos en las crónicas y en textos posteriores que dan cuenta de nuevos descubrimientos, conquista y población de América, durante los siglos XVII y XIX, como los que hacia el siglo XVIII los revisan desde la óptica de la Ilustración.
Colón introduce posteriormente su visión cosmográfica que hace hincapié en la esfericidad de la Tierra y la convicción de hallarse ante las puertas del Paraíso; también da cabida a sus preocupaciones personales propias del sujeto superado por el peso de la empresa y su dilema entre la fama y la gloria. Como él, los conquistadores del siglo XVI viven en la frontera de dos épocas. Empresarios y aventureros, la modernidad los instala en América para conquistarla; su discurso delata un imaginario en el cual los tópicos de la tradición aparecen con mayor o menor intensidad y las confrontaciones y comparaciones abundan para dar cuenta si no del nuevo objeto, sí del giro de la Historia. El lenguaje no puede transformarse sin sufrir cambios estentóreos o silenciosos. La memoria da lugar a formaciones genéricas que modifican y trastocan modelos, sometidos a los estremecimientos de la historia.
Es así como los textos del descubrimiento y la conquista irán cambiando con el tiempo en el cual se escriben. Cuando la denominación "Indias" entra en litigio es el momento en el que las cartas ya son publicadas. En particular, trae consecuencias la de Américo Vespucio, "Mundus Novus", la cual cambia el concepto y no solamente el nombre del continente. El sujeto observador no se sitúa en un primer plano, sus cartas no están dirigidas sino a sus amigos "doctos" y no cae sobre sus espaldas toda la enorme responsabilidad de la empresa. Al publicarse esta carta se expande la evidencia de que nuevas tierras, las del Nuevo Mundo, constituyen la cuarta parte del globo terrestre.
Otro capítulo de la historiografía indiana genera nuevos escritos: el de la colonización. En el epistolario de Hernán Cortés hallamos nuevamente las expresiones "carta" y "relación". Su educación demuestra que en Salamanca adquirió "las nociones de gramática, retórica, sintaxis, de la poética y la dialéctica". El arte de la relación puede advertirse en el cuidadoso escrito que muestra su dominio de la actividad verbal y su utilización de los recursos de la lengua. Las cartas de Pedro Mártir de Anglería, las cuales no sólo muestran la importancia de informar, sino también la de difundir y divulgar, como también la finalidad humanista de aguzar "el ingenio, amplía y robustece la memoria y suministra abundancia de palabras y de sentencias" (citado por Mignolo 1982: 69). Formar una cultura letrada -la humanista que, como vemos, excede ya con un salto considerable al objetivo de informar- será el empeño de muchos, siendo el Inca Garcilaso de la Vega la mayor figura de la serie.
Con respecto al uso de los términos crónica e historia, no es inútil recordar que durante los siglos XVI y XVII prevaleció el de Tácito: anales se refiere a lo pasado, historia a lo presente: la historia natural implica la ausencia del tiempo. Crónica se usa para el informe de lo pasado y lo presente, enfatizando el tiempo de lo relatado. Pedro Cieza de León nos ha recordado que Cicerón llamó escriptura a la historia: "Y así llamó a la escriptura Cicerón testigo de los tiempos, maestra de la vida, luz de la verdad" (Cieza de León 1986: 6). En el Prólogo a su Historia de las Indias, el Padre Bartolomé de Las Casas observa que procura poner los fundamentos y asignar las causas, con lo cual busca los motivos de los historiadores, sus propósitos de fama y de gloria, su servidumbre con los poderosos y el rescate del olvido (Mignolo 1982: 76).
No es mi propósito someter al lector a un esforzado recuento de expresiones como éstas, sino señalar algunas que aparecen en los proemios o prólogos o declaraciones de intención que preceden los tratados. De allí que siga la síntesis de Walter Mignolo que puede orientar las lecturas directas de estos textos, tarea que requiere de un minucioso trabajo. Aquí quiero llamar la atención sobre la condición de relato que necesariamente adquieren las crónicas al aproximarse a la historia hasta confundirse con ella; "del seco informe temporal" pasamos a un relato cuyas significaciones son ampliables también a la perspectiva ideológica, a las valoraciones y, en la medida en que la modernidad se afianza, darán mayor cabida a la subjetividad.
En el siglo XVII, cuando el interés se desplaza hacia las historias particulares sustituyendo así a las generales, naturales y morales, el relato también ha de detenerse en la ponderación de los medios empleados para la recuperación de las finalidades y propósitos; la coherencia y el orden de los tiempos es también de radical importancia para el Inca. Pero, además, pone el acento en la distinción de la verdad que conlleva la historia frente a las fábulas o ficciones, entre los libros "de verdad" y los libros "de ficción".
Se ha señalado que en los Comentarios el Inca Garcilaso interrumpe el relato para el descanso del lector, suspendiendo el hilo riguroso del recuento y comentario de los acontecimientos -con descripciones de la sociedad incaica y su organización social, que quiere preservar- y marcadores de frase que muestran aspectos fácticos. A tal punto interesan estos capítulos para la organización de los Comentarios que suelen leerse desprendidos del texto, pues muestran detenidamente aspectos relativos a la agricultura , bajo el magisterio de Manco Capac o el de Mama Ocllo sobre el hilado y el tejido, enseñanzas básicas de la sociedad que construyeron. Asimismo, las obsesiones personales que nos remiten a Atahualpa, último de los Incas, emergen a lo largo de todo el relato. Algunos historiadores de la literatura han visto en estas descripciones, anécdotas y cuadros de costumbres su tendencia a conformar relatos breves y hasta sitúan en ellas el nacimiento del cuento hispanoamericano, cuya importancia axial ha sido considerada en la segunda mitad del siglo XX. Hasta puede hablarse del surgimiento de una modalidad propia del relato breve: la tradición, cuya índole participará de la forma del cuento con rasgos de la novela histórica y descripciones que se abren al cuadro de costumbres.
Es este un libro de elevada elaboración, ya que los Comentarios Reales de los Incas rebosan no solamente de los saberes y la escritura pulida del humanismo, sino que se plantea en toda su dimensión el problema de las fronteras culturales -es verdaderamente un libro mestizo- y la convivencia de los géneros. Más allá de las especificidades que atañen a las modalidades narrativas, importa destacar la pervivencia de estas formaciones como modelos que la larga búsqueda del americanismo literario considera básicos para una diferenciación y definición propias. Por otra parte, introduce nociones acerca de la producción del relato -el escribiente y el informante que posee la historia- las cuales siguen alimentando la crítica que hoy por hoy todavía reconocemos como válida para analizar la conformación de los textos.
En el Río de la Plata cobran especial importancia el Viaje al Río de la Plata de Ulrico Schmidel (1567), los Comentarios a los Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1555), cuya autoría pertenece a Pero Hernández. Asimismo, el poema Argentina de Martín del Barco Centenera (1602) y la Argentina manuscrita de Ruy Díaz de Guzmán (1612). Todos estos textos serán sometidos a la observación minuciosa de Félix de Azara en el siglo XVIII en su Relato y descripción del Paraguay y del Río de la Plata (1847). Éste nos interesó especialmente porque incide en la demarcación de las fabulaciones y la historia, con una mentalidad racionalista crítica (Morillas 2002).

Identidad y alteridad en los relatos de los viajeros patagónicos del siglo XIX

Es así como, al estudiar la literatura de viajes del siglo XIX en la Patagonia, apreciamos que se renuevan muchos de los problemas que planteó el estudio de las crónicas de Indias, cuya complejidad delata las tensiones de este avanzado momento de la modernidad. Su lectura nos muestra el horizonte imaginario en el cual descuellan los nuevos aspectos que trae consigo la visión naturalista ilustrada. Los textos resultan elaborados por la continua contraposición entre la buscada objetividad y la inevitable subjetividad, la historia y la ficción. Los viajeros de la Patagonia no ocultan los intereses concretos ni la ideología, dando cuenta de los arduos intentos, de las dificultades de la empresa y al relatar y describir la región contribuyen a perfilar la identidad cultural de estas tierras que integran en la serie. La observación puntual, la memoria y la subjetividad se entretejen para proporcionar la fisonomía de la región, en un amplio corpus en el que pueden señalarse núcleos constantes.
Existe ya una considerable bibliografía crítica referida al estudio de las crónicas del descubrimiento, conquista y colonización americanas durante los siglos XVI y XVII. Aun cuando en los últimos años se han publicado y reeditado muchos relatos de viajes realizados durante el siglo XIX, hay pocos estudios críticos referidos al tema, entre los que nos ha guiado el de Adolfo Prieto, Los viajeros ingleses y la emergencia de la literatura argentina (1820-1850)1.
Si bien nos centramos en el período 1870-1914, aproximadamente, y de preferencia en la región del valle inferior del Río Negro, este recorte no excluye la lectura de antecedentes reconocidos como el de Antonio Pigafetta, Primer viaje alrededor del mundo (1550), que inicia la literatura de viajes por la Patagonia en el siglo XVI. Son los relatos del siglo XVIII y XIX los que nos permiten una mayor comprensión y contextualización del género. Ricardo Cicerchia (1998) en sus trabajos sobre la Patagonia referidos a la narrativa de viaje y la construcción de la modernidad, observa que los viajeros ilustrados plasmaron en su escritura tres aspectos: la legitimación ideológica del dominio imperial, el subjetivismo de la observación basada en la experiencia personal del que escribe para un público metropolitano y la propuesta de nuevos conocimientos científicos que parten de los empíricos. Estas premisas y otras aportaciones, como las de Mary Louise Pratt y las de Jean Franco (2001), entre otros autores, consideradas para el análisis de los textos de viajeros extranjeros y argentinos, nos animaron al contrastar la ideología y el imaginario que los conforma, tanto como el acceso a los entrecruzamientos culturales que se manifiestan. Dicho en otros términos, los registros de la palabra acusan y delatan al narrador, su punto de vista, su selección de los hechos, el modo de contar.
Así como las crónicas son los primeros escritos americanos, y en ellos se ha indagado en los aspectos formales y buscado la comprensión de los orígenes de lo que llega a distinguirse como propio, procuramos hacerlo también con los primeros textos de la Patagonia. Los problemas surgen de la inevitable consideración de la construcción de la identidad patagónica a través de los relatos. Hay en ellos una convivencia palpable de los ancilares enunciados eurocéntricos -colonialistas o sencillamente dependientes- y las oscilaciones en la visión y las versiones o representaciones del Otro y de lo otro.
En el tiempo considerado cobran singular interés los autores argentinos comprometidos en el proyecto nacional. Advertimos el desplazamiento en el imaginario de los viajeros argentinos, construido a partir de la doble referencialidad: la de la propia experiencia y la de las lecturas de los textos anteriores, con los que dialogan para ratificar, rectificar, polemizar y reelaborar el imaginario inicial.
Es preciso poner de relieve las motivaciones de los viajes a la Patagonia. Así como durante los siglos XVI y XVII delatan su época -con su empresa basada en el comercio de los primeros tiempos de la modernidad y la "evangelización" impuesta a los nativos para otorgarle homogeneidad al reino de ultramar y mantener la hegemonía- en los viajes de los europeos a la Patagonia hay además un nuevo interés destacable. En el XVIII y el XIX aparece un importante imperativo: álbumes y cartas promueven las actividades científicas de clasificar, medir, experimentar. Desde el libro señero de Alexander von Humboldt Voyage aux regions equinoxiales du nouveaux continent (1811-1834)2 se suceden otros que igualmente narran las expediciones científicas apelando otra vez a las formas textuales de los diarios de viajes, relatos, tratados. La literatura de viajes se revitaliza. Desde luego, y no podría ser de otra manera, en plena modernidad racionalista el auge de las ciencias otorga primacía al discurso científico y al relato de estas exploraciones. Puede apreciarse la edición y difusión de este tipo de literatura y también que ella se halla en relación con un mercado editorial ávido y atento a estas comunicaciones y fabulaciones. El gusto por lo legendario, las dimensiones colosales del espacio americano, la difusión de las leyendas de la ciudad de los Césares y de Trapalanda renuevan la propensión a la aventura y vuelven a nutrir los mitos surgidos de la construcción imaginaria de la épica americana, la revitalización de mundos lejanos y próximos.
No olvidamos y no nos parece ocioso insistir en el hecho de que la proliferación de los relatos de imaginación conforma la contra-cara del Siglo de las Luces, lo cual se expresa claramente en los trabajos de los investigadores del período. Como lo hemos visto en otras ocasiones, recordamos que los mismos lectores han de quejarse del excesivo racionalismo que amenaza con dejar en el pasado los antiguos relatos y leyendas que nutren la fantasía y dan cabida a los prodigios de la imaginación (Trançón 1997: 21). Las tendencias al realismo de la narración no impiden una copiosa literatura que potencia las aventuras y sucesos inverosímiles para las mentes completamente inclinadas ante la Diosa Razón, como la llamara críticamente Alejo Carpentier, especialmente en su novela El siglo de las luces. También es bueno recordar que las estéticas y movimientos realistas signan la época por su extensión y predominio, pero ello no excluye la expresión de las otras estéticas. En el caso de la literatura escrita en América, pensamos en Henríquez Ureña y su teoría de las corrientes literarias que atraviesan nuestra historia y aglutinan las formaciones genéricas (Henríquez Ureña 1949).
Una revisión minuciosa de los escritos en lengua española descubre estos asertos. En el poema El Bernardo de Bernardo de Balbuena (1609)3, uno de los cinco grandes poemas épicos americanos, encontramos lo que la crítica llamara "épica fantástica", siendo el prólogo de este texto uno de los más interesantes, ya que exalta la fantasía y considera que la poesía (literatura) no es sino "parto dichoso de la imaginativa". Si bien hemos mencionado un poema barroco, en el cual los contrastes y proliferaciones permiten y facilitan la expresión de la imaginación, antes de la organizada sociedad virreinal -en la que tienen cabida las instituciones culturales, las polémicas y los juegos literarios de las academias-, en las mismas crónicas, cartas y relaciones que se suceden a partir del descubrimiento irrumpe también para otorgar interés y espesor al relato. No solamente muestran la propensión hacia la configuración de una temprana poética del lector, de la cual dan cuenta los numerosos prólogos y declaraciones de intención de la escritura. Hasta en el extraordinario relato de Bernal Díaz del Castillo, la primera visión de la ciudad del México precolombino suscita la comparación con "las ciudades que aparecen en la obra de Amadís". Como lo destaca muy bien Irving Leonard en Los libros del conquistador (1953) las representaciones mentales de los duros conquistadores muestran su formación, sus lecturas, la fantasía y el horizonte imaginario de su época.
Es evidente que siguen la vieja tradición del contar de los poemas clásicos, los medievales, el romancero y las diferentes formaciones de la épica en prosa y en verso de una rica tradición cultural que no cesa de renovarse. El hecho americano, lo acaecido en América, cambia necesariamente la imago mundi y las representaciones sufren desplazamientos, se transforman, reeditan y renuevan de centuria en centuria y atraviesan en toda su extensión las textualizaciones de la modernidad. Por otra parte, como lo expresará Adofo Bioy Casares al promediar el siglo XX, los prodigios y las apariciones ya están en los libros sagrados, como la Biblia y el Zend Avesta (1940; Morillas 1991). Es imposible pensar la cultura sin tener en cuenta la fantasía y el imaginario; la dimensión simbólica de los acontecimientos le otorga las significaciones que contribuyen a nutrir el acervo de las mitologías.
En nuestros estudios de la corriente fantástica y de imaginación hemos comprobado en numerosas ocasiones que son una suerte de contrapunto de los textos realistas, naturalistas y cientificistas, en las diversas épocas, advirtiendo lo que los estudiosos del historicismo como Wölfflin (1915) y entre nosotros -en sus numerosos trabajos sobre Historia de la Literatura Hispanoamericana- Angel Rama (1984) y Emir Rodríguez Monegal (1968) afirmaron en su día. Sabemos, hoy por hoy, cuán hegemónico y hasta tirano ha sido el realismo durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX al proponerse como canónico de la literatura en lengua española, sosteniendo la premisa increíble para los lectores actuales de que la "fantasía" y los "delirios de imaginación" son patrimonio cultural exclusivo de los países del norte de esta civilización.
En verdad, los textos hablan por sí mismos. Su lectura y revisión crítica muestra que en todos los tramos de nuestra historia literaria, el gótico, el barroco, el romanticismo, el expresionismo, el surrealismo, configuran una corriente tan sólida e interesante como lo es la que hallamos en el realismo y el naturalismo. Por otra parte, si de formaciones genéricas se trata -entendiendo que éstas van ligadas indisolublemente a las estructuras del pensamiento y la expresión (Gutiérrez Girardot 1991)-, es interesante observar que no se producen solamente en los últimos tiempos ni son únicamente de extracción metropolitana. Están presentes desde los comienzos para exaltar la desmesura americana y la necesidad de confrontarla con las tradiciones lingüísticas y literarias peninsulares y europeas.

Tensiones de la modernidad: La Patagonia y la literatura de viajes en el siglo XIX

En el caso de los viajeros argentinos del siglo XIX, cuyo imaginario fue expandido en buena medida por sus lecturas previas, es interesante advertir que elaboran textos cuya índole es francamente dialógica en relación con los anteriores. Se hallan comprometidos con la "Argentina Moderna" y algunos participan de las numerosas exploraciones científicas. Van a llevar a cabo el recuento y reconocimiento físico, biológico y humano para consolidar el proceso de construcción del proyecto del programa nacional, tal y como fuera articulado. Por otra parte, en este período se ha producido lo que Eric Hobsbawm (1987) denomina el inicio del proceso de 'integración capitalista' con el reparto imperial de las tierras del globo y la integración de la economía monopolista que se establece como rectificación a los postulados librecambistas del liberalismo. Aun cuando en principio quede fuera del reparto, esta realidad económica planificada condiciona nuestra periferia. De manera similar, en esta línea de apreciación se sitúan, entre otros, los trabajos difundidos por Mary Louise Pratt (1997) y los que le siguen en el tiempo a propósito de los viajeros en el siglo XIX. Todos nos parecen de utilidad; también cabe señalar la coincidencia de apreciación en los historiadores actuales. Las tierras fértiles, la gran variedad de climas templados, acabarán siendo valoradas por estas y otras aptitudes, que tienen en cuenta los grandes recursos naturales de las llanuras dilatadas que se extienden más allá de la pampa húmeda.
Entre 1870 y las primeras décadas del siglo XX la Patagonia adquiere un protagonismo que se evidencia en los acontecimientos históricos que enmarcan la "conquista del desierto": el conflicto limítrofe con Chile, la peculiar convivencia de los funcionarios del Estado-Nación en la línea de los fortines y los caciques de las distintas tribus originarias, sus negocios y confrontaciones. La práctica del cautiverio de los hombres y mujeres que sigue a los ataques sorpresivos, los "malones" y las extorsiones, la venta de ganado robado que llevan a Chile de contrabando y la "ración" que reciben del Estado-Nación se generalizan a lo largo del siglo XIX. El caballo proporciona al aborigen un medio de movilidad extraordinario para sus desplazamientos. El indio nómada presenta así no pocas "dificultades" para los colonos y habitantes de los fortines.
La profusión de relatos de viaje que acompaña estos hechos permite pensar que esta región fue y continúa siendo un lugar de ricas significaciones. En este sentido, las representaciones de la Patagonia en los textos de los viajeros del citado período se nos presentan como relato de un tiempo histórico de gran impulso, de grandes contradicciones y de un optimismo singular. En este tramo de nuestra historia, generador de grandes emprendimientos públicos y privados, la región situada al Sur del continente, visualizada como "tierra adentro", "desierto" y "frontera interior" pretende ser transformada en lugar para el desarrollo.
En general, la Patagonia como objeto cultural puede delimitarse por las tensiones que la sitúan entre diferentes conceptos. Como se sabe, la identidad americana suele precisarse considerando las tensiones específicas en los ejes que vinculan la región con el mundo, la unidad y la diversidad, la emergencia de la otredad. Estas tensiones diversas y encontradas convergen y establecen un nuevo contrapunto con los viajeros argentinos, de cuya índole nos ocupamos al analizar sus textos (Cfr. Actas de las Primeras Jornadas de la Literatura Argentina en la Patagonia 2004). Apreciamos que en los relatos de viaje la región es considerada como una nueva incitación por la cual se convierte en ámbito que permite renovados bríos: aparece nuevamente el héroe intrépido y se tiende a apreciarla por sus aptitudes, a través de una cadena conceptual que acaba visualizándola como región de posibilidades.
Estas significaciones se nos aparecen en los tópicos emergentes de la "Patagonia, tierra maldita" -estéril, desértica, inhóspita-, "Patagonia, tierra de la fantasía, de la invención, de la quimera", la legendaria ciudad de los Césares, la búsqueda de El Dorado que resurge de la historia y la tradición oral desde los tiempos de la conquista, etc. Por otra parte, aflora la "Patagonia, tierra del progreso" -organización racional del gobierno, desarrollo de las ciudades, difusión de la educación, etc. Esta última imagen se relaciona íntimamente con la literatura de la Generación del 80, la cual atiende al progreso deseado, la "civilización", el crecimiento de la Argentina. En este sentido es importante destacar que las innovaciones técnicas -los buques, vapores, el ferrocarril- asumen un carácter movilizador similar al que se atribuyó en épocas anteriores a El Dorado, a la Sierra de la Plata y a la Ciudad de los Césares. No nos cabe duda al respecto: se trata del mito de la modernización, que nos lleva ya hacia el vertiginoso siglo XX. Los hombres del 80 siguen el impulso de una convicción férrea, valga la expresión, ya definitivamente consolidada y que tiene su base en la modernización que traen consigo los nuevos tiempos, cuya aptitud es la de crecer vertiginosamente con los avances de la ciencia y de la técnica. Se piensa en esta concepción básica pero limitada de progreso como la garantía del porvenir de la Patagonia, cuya concreción ha de producirse en un futuro no muy lejano.
En el curso de nuestra investigación "Relatos de viajes, crónicas, memorias y otros escritos de la literatura de la Patagonia (1870-1914)"4 , se nos impuso la necesidad de identificar a los autores y textos relevantes para el estudio de la identidad patagónica, atender a la mirada y la intencionalidad de los viajeros en la región, como también destacar las oscilaciones en la construcción de la identidad. Retenemos la afirmación bachtiniana de que la descripción y la interpretación de lo observado y descripto son operaciones básicas para advertir y precisar la cultura, entendiendo que el viajero cumple esta función de un modo altamente estimable y también sui generis. Así como las largas descripciones propician y preparan el encuentro con el Otro, en el ámbito de esa otra naturaleza y ambiente singular, lo Otro natural y la consiguiente interpretación han de permitir el dialogismo aun cuando se parta de lo visual o de lo meramente gestual. Los lenguajes se potencian para la expresión de lo diferente. Nos hallamos muy específicamente en la 'zona de contacto' que Mary Louise Pratt (1997) refiere situándolo entre dos sujetos históricos muy diferentes que no se habían relacionado hasta ese momento5.
El análisis de lo textos de los viajeros muestra las constantes que delatan su valor ideológico y estético y asimismo pone al descubierto las tensiones de la pluralidad: se sitúan en el difícil espacio en el cual conviven liberalismo y positivismo, conservadurismo, actitudes progresistas y reaccionarias. Tienen la aptitud de ofrecer al lector, en un abanico ampliable, su entrecruzamiento. Al mismo tiempo que se renuevan el neoclasicismo y el romanticismo estéticos, el espiritualismo, el materialismo cientificista y el realismo originan otras modalidades narrativas las cuales convergen y se entrelazan en la trama textual.
En estos relatos de viajes contrastan las distintas perspectivas: la Patagonia como frontera geográfica y cultural potencialmente productiva, la naturaleza incitadora, el paisaje. Sometida a la observación científica por la formación o el cometido del escritor, suele cambiar en parte la visión que desborda la pretendida objetividad inicial. De allí el "romanticismo" de ciertos pasajes, la persistencia de la visión científica como también la de antiguos escritos de cuño romántico y sus influjos, y otras formas de la subjetividad. En contacto con el ámbito patagónico, el imaginario de los escritores viajeros sufre modificaciones, lo cual hubimos de apreciar en los conquistadores del siglo XVI.
Así como ocurriera con las crónicas, en su conjunto el corpus que vamos examinando tiene una indiscutible "fuerza literaria" y se nos muestra también abarcador de los textos inaugurales que se refieren al "descubrimiento" (en verdad, a la mayor atención, disminución de la preterición, exploración) y al poblamiento de la Patagonia. Es un amplio corpus que se continúa en los escritos que se suceden hasta la actualidad. Queremos señalar su carácter textual -de alto valor en la memoria colectiva y en la organización de la cultura- y el hecho de que se orientan en su mayoría tanto a documentar como a relatar.
Hemos destacado la perspectiva de la narración: la índole y la permanencia del viaje ilustrado en el interior de lo que se escribe estrictamente en el período considerado. En el curso de su producción los relatos cobran forma con la absorción del viaje de los científicos y su discurso más ceñido a los diferentes aspectos que procuran describir, a lo cual ha de sumarse la nueva perspectiva que desde las últimas décadas del siglo XIX transforma notablemente el Estado, sus miras y sus empresas. En pleno auge de la integración monopolista imperial, Argentina logra consolidar un modelo que se dio en denominar "de la Argentina moderna", atendiendo a la nuevas creaciones tecnológicas impulsadas por el positivismo y a la "puesta en marcha del progreso". Estos proyectos habrían de transformar también el orden institucional y renovar profundamente el medio urbano y el rural.
Hemos tenido en cuenta, inicialmente, los textos del corpus que, por su calidad y su representatividad, nos permiten el deslinde de las diferentes perspectivas. Tratamos de indicar los rasgos relevantes para la literatura y, específicamente, la caracterización de las diferentes modalidades genéricas que modelan y dan forma al relato de los viajes. Estas producciones contribuyen esencialmente a la configuración del imaginario que le otorga fisonomía a la Región Patagónica en el período considerado.
En términos generales, es aceptable la consideración de tres versiones del territorio patagónico: la primera, del viajero extranjero, del naturalista en general, que pretende diseñar a partir de un modelo conocido la imagen del ambiente natural y humano. También se tiene en cuenta otra, la de la voz de los colonos extranjeros "abandonados" en la Patagonia, a la sazón vista como el desierto, la esterilidad, la imposibilidad de recuperar el espacio propio. La tercera proviene de la mirada del viajero nativo que caracteriza al período considerado, quien ve en la región un futuro posible, un futuro previsible para ese progreso que la consolidación de la Nación exige.
En su célebre Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, Charles Darwin relata su navegación a bordo del "Beagle, navío de S. M.", con el capitán Fitz Roy, a quien ofreciera sus servicios como "hombre de ciencia" (Darwin 1998: 9)6. Tenía por entonces -1831- veintidós años y en él trata de una expedición alrededor del mundo que duraría cinco años. Este Diario publicado a su regreso en Inglaterra fue objeto de numerosas ediciones, pues se considera que, por las ideas que transmite para los principios universales de la ciencia, tiene consecuencias que lo trascienden como tal. Se ocupa de los mamíferos fósiles, de los mamíferos vivientes, de los reptiles, de las aves, de los peces, sus costumbres y áreas o ámbitos geográficos. Son los requerimientos de la Historia Natural los que lo guían, y así lo manifiesta en el Prefacio de 1845.
No obstante lo dicho, Charles Darwin no elude observaciones respecto de los colonos ingleses, españoles y también portugueses y franceses. Como es habitual en estos viajes, llega al Río de la Plata a través de Brasil y en cada lugar en el cual se detiene da cuenta en un relato fluido, minucioso y ameno, de las costumbres y actitudes de sus habitantes. Al igual que los primeros expedicionarios, se regocija con la buena comida y no deja de testimoniar el mutuo asombro entre los que provienen del otro lado del Atlántico y los que ya se hallan arraigados en estas latitudes, sobre los cuales no tiene una mirada parcial, pues advierte y critica muchos de sus rasgos y maneras de proceder en sus vidas cotidianas. En general, Darwin aprecia altamente la naturaleza que estudia minuciosamente, pero también observa con un grado de verismo destacable las costumbres, y su testimonio sigue siendo importante para nuestra intrahistoria, para la historia de nuestra vida cotidiana. Lo pintoresco es exaltado y puesto de manifiesto sin ambages. Se diría un inglés de buena voluntad, un verdadero naturalista, capaz de sentir lo natural en todas sus magnitudes, sin escatimar asombro, aprecio, valoración, comparaciones, de manera que las descripciones se recortan en un relato cuya ilación lo torna atractivo. En 1833 el Beagle zarpó de Maldonado rumbo a la desembocadura del Río Negro el día 3 de agosto. Así define su posición:

Este es el río más importante de toda la línea de la costa, entre el estrecho de Magallanes y el Plata... Hace unos cincuenta años, bajo el antiguo dominio español, se estableció aquí una pequeña colonia, y ella es, a la fecha en que escribo, la posición más meridional (41º de latitud) de la costa este de América habitada por el hombre civilizado (81).

Este hombre civilizado es el colono, cualquiera sea su procedencia -española, inglesa, lusitana-, pero de ninguna de las maneras el aborigen de estas tierras. En el gran valle hay "hermosas estancias que pocos años antes habían sido destruidas por los indios. Varios fueron los ataques que hubieron de sufrir" (81).

...los indios eran araucanos, del Sur de Chile, en número de varios centenares y muy disciplinados... aparecieron en dos cuerpos, en una montaña vecina;... avanzaron desnudos a la carga... La única arma del indio es un bambú muy largo, o chuzo, adornado con plumas de avestruz, y que lleva en el extremo la punta de una pica. El hombre que me hacía el relato parecía recordar con horror el oscilar de esos chuzos al acercarse (82).

...llegaron a la cerca misma del corral, pero con gran sorpresa hallaron los troncos de la empalizada unidos entre sí por clavos de hierro en vez de correas... Esto fue lo que salvó la vida a los cristianos (82).

...Un segundo ataque... con mayor rapidez aún. El cañón estuvo a cargo de un francés que era hombre de gran sangre fría; aguardó a que los indios estuvieran bien cerca, y entonces barrió con metralla toda la línea de asaltantes, dejando tendidos a 29 de ellos, y como es de suponer, un golpe de tal naturaleza puso inmediatamente en fuga a toda la tropa enemiga (82).

No se nos escapa la fecha en la cual Darwin recoge este breve relato de un colono; es el año de la campaña del desierto de Juan Manuel de Rosas. Lo destacamos, resaltando algunas significativas expresiones de su autor, que no admiten dudas acerca de su visión del problema. Tampoco podemos ignorar la nítida "clasificación" que opone civilizado y cristiano a indio destructor y asaltante. El ángulo de visión, la perspectiva, resultan claramente definidos. Carmen de Patagones, por entonces llamada de una u otra forma, el Carmen o bien Patagones, con unos pocos centenares de habitantes admite la presencia y residencia de "muchos indios de pura sangre", como la tribu del cacique Lucani, malviviendo de la venta de los caballos "viejos e inservibles" que les entrega el gobierno local, ganándose la vida con estas ventas y también con los aparejos que fabrican; son tenidos por "civilizados", "...pero lo que han podido perder en salvajismo queda contrarrestado por su absoluta inmoralidad" (82).

Sin embargo, algunos de estos jóvenes progresan; van cobrando amor al trabajo... una cuadrilla de ellos salió con una expedición a pescar focas y se portó muy bien. Ahora disfrutan del producto de su trabajo haciendo trajes elegantes y limpios y pasando el tiempo en completa ociosidad. Era admirable el gusto que mostraban en el traje: si hubiera sido posible convertir a uno de estos jóvenes indios en una estatua de bronce, su vestimenta hubiera podido mostrarse como modelo de gracia y perfección (83).

Estas observaciones de Darwin propenden al verismo, con una clara visión utilitaria que hace del trabajo industrioso un valor incuestionable, básico para la noción de progreso. Cuando confrontamos este texto con las ideas de Sarmiento y la generación del 37 vemos que ya se halla en sintonía con el modelo civilizador anglosajón. También comprobamos la propensión al costumbrismo del diario de viajes y en el caso de Charles Darwin, su indiscutible literariedad. Pródigo en imágenes, abunda en argumentos, al tiempo que analiza, clasifica y ejemplifica. No para mientes en desenvolver a través del relato una mentalidad que se quiere progresista, en la cual el "salvaje" puede ser integrado al modelo civilizador si cambia sus costumbres Las valoraciones se suceden una tras otra, impregnando el relato que por momentos, como en el episodio que hemos referido, se torna novelesco.
El "extraordinario espectáculo" que ofrece la llanura patagónica alberga nuevos episodios, como el de las salinas en tiempo de cosecha, con el relato de la extracción de la sal por parte de la población reunida en las márgenes del río; los cristales de yeso reciben el nombre de "padres de la sal" y los de sulfato de sodio "madre de la sal"; los gauchos "aseguran que estas sales progenitoras se presentan siempre en las orillas de las salinas cuando el agua empieza a evaporarse". Así se suceden los gusanos anélidos que viven en la sal, y los flamencos, conformando un micromundo en el cual se desarrollan en todo su esplendor los seres orgánicos. Las referencias a gauchos, a indios y a colonos son frecuentes, y hasta aparece una semblanza de Rosas tratada de un modo similar al de la novela histórica, pues relata anécdotas que perfilan su carácter, como también el de otros estancieros de la llanura bonaerense y la patagónica.
En Orellie-Antoine de Tounnens hallamos los intereses de un sujeto que puede también inscribirse en esta primera visión. No se trata, en este caso, de la empresa de un imperio europeo, sino del intento individual de Orellie de establecer un reino en la Patagonia, según sus afirmaciones para dar fin a las guerras entre pueblos indígenas que no lograban una convivencia pacífica. Para el hombre europeo América representa una alternativa a la decadencia del Viejo Mundo. Sin embargo, para Orellie es necesario mantener algunos vínculos con la que representara su modelo de civilización: la lengua y las tradiciones educativas, la legislación, son rasgos de la cultura francesa que cree necesario imponer en el nuevo territorio (Vitarelli 2007). Los escritos de Orellie, como el Journal La couronne d'acier (Société Bretonne des études Patagoniques 2000), muestran un complejo entramado de ideas y de creencias que diseñan la utopía del Reino de la Araucanía, y un proyecto definido y pormenorizado para consolidarlo.
En el colono hallamos otra problemática. El espacio no es caracterizado por un sujeto que pretende dar sentido a su tránsito sino por quien ha viajado para ser arrojado aquí y debe sobrevivir en este "desierto". La supervivencia impone la necesidad de reorganizar el espacio para hacerlo soportable, siempre en consonancia con la memoria que el colono tiene de su lugar de origen. Sus testimonios, sus diarios, sus cartas y álbumes, muchos de los cuales están siendo exhumados en estos tiempos, dan cuenta de una operación de comparación constante con la tierra natal; como si la Patagonia fuese un espacio no integrado, separado por una frontera casi abismal en su percepción del mundo. Sin embargo, si bien parece prevalecer la convicción de la casi imposibilidad de convivir aquí con los naturales de la tierra, su visión de los nativos es diferente a la de los viajeros científicos. Son observados, pero no tipologizados ni caracterizados en bloque y su cultura es aprovechada para hallar en ella modos de supervivencia; sus tradiciones van a ser asimiladas por los colonos, sus hijos y nietos, constituyéndose así un perfil étnico-cultural muy heterogéneo. Hay mestizaje de culturas, o hibridación, pero no esterilidad. El aprendizaje se incorpora a las prácticas de la región y consigue perpetuarse.
William Henry Hudson posee una sensibilidad romántica que se inscribe en la tradición americanista de la literatura, logrando unir la observación científica al sentimiento y las sensaciones que se suscitan en Días de ocio en la Patagonia (1893). A través del oído clasifica y vivifica las sensaciones componiendo un melodioso concierto de las aves, a las cuales ha seguido en sus migraciones. A través de la vista, la llanura patagónica, sus pastos, sus moradores del reino animal, vegetal y humano experimentan una decantada elaboración literaria, pródiga en imágenes, comparaciones y constantes apelaciones al lector. Las sensaciones, organizadas por la percepción, se sitúan de manera continuada por encima del relato de aventuras, de matriz romántica también, lleno de peripecias casi inverosímiles. Incluye numerosos episodios, que pueden desgajarse y ser contados nuevamente; en todos ellos no deja de enfocar la Naturaleza y su trascendencia, las especies animales, sobre todo los pájaros y otras aves, las vegetales y todo cuanto concierne al suelo. La difícil convivencia de los colonos con algunas tribus indígenas muestra más bien la hibridación del territorio patagónico. Hay coexistencia, la integración aparece implícita en la colonización que sigue su marcha a través de las nuevas poblaciones. El Carmen viene a ser el centro de los acontecimientos históricos y en ella tienen lugar los episodios narrados. Un nuevo modo de perfilar la mentalidad del indígena resulta aquí explicado no solamente a través de las costumbres del "salvaje", sino que indaga en su pensamiento, vinculado a los antiguos Incas, sus descendientes y pobladores de la región andina y cordillerana. Como si el Sur fuese una de las estribaciones de la gran civilización del Perú (Morillas 2003: 467-464 y 2007). Es así como Hudson logra comunicar a su viaje la transfiguración de la Patagonia, a cuyo conocimiento accede también por el ejercicio meditado y constante de los otros sentidos, sobre todo el de la vista. De los cinco sentidos, el oído y la vista constituyen los superiores, los que conforman las representaciones mentales. Hudson elabora un verdadero tratado de las sensaciones y su percepción sensible como modo de conocimiento directo de la Naturaleza, a cuyo través accede al conocimiento. Mirar lo que otros no vieron tiene, por entonces, no poco mérito, pues su pormenorizada narración da paso a la exaltación y al gozo de estas tierras, incorporándolas al concierto universal con una conciencia clara de que se trata de la periferia apenas considerada. El haber planteado la Patagonia como problema tiene también su importancia: desde el pensamiento, sugiere una modalidad propia del indígena diferente de la europea. Discrepa de manera sistemática con Darwin y otros viajeros y filósofos dotados de "ojos imperiales" que se quedan a medias en sus indagaciones, condicionadas por intereses ajenos. En sus taxonomías, Hudson completa los datos de Darwin y los amplía, de manera tal que en este Diario incluye un tratado de la fauna animal y vegetal. También es preciso recordar que la ornitología es la motivación científica que lo trae a la Patagonia a la cual llega siguiendo las migraciones de las aves, su infancia en las lagunas de Chascomús y su estrecho contacto con la tierra que lo vio nacer. Este texto lo adscribe al proyecto del 80 como científico y a Argentina como viajero nativo, hijo de colonos norteamericanos. En la Literatura Argentina pertenece, sin duda, a la segunda generación romántica y constituye el texto de mayor importancia escrito más tarde, en Londres, dadas su literariedad, sus aportaciones y su capacidad para advertir la problemática de la Patagonia. Define su posición en el proyecto nacional, apoyándose en consideraciones propias de la generación del 37. Pero el libro de Hudson elabora, fundamentalmente, el elogio de la Patagonia a través de la percepción sensible; de esta manera el viaje lo es también el de su transfiguración.
Los trabajos críticos que estudiaran a nuestros viajeros nativos han quedado en la caracterización biográfica de sus proyectos. La actualidad de sus investigaciones, las del perito Francisco Pascasio Moreno, en particular, obliga a dirigir la mirada sobre sus propuestas de desarrollo, sobre la reflexión política acerca del reparto de tierras, sobre la cartografía regional, entre otros aportes singulares. Resulta significativo el tratamiento entusiasta que da al tendido de las redes ferroviarias: hay una doble intención en este símbolo del progreso decimonónico: la posibilidad de cambiar la relación del hombre con el territorio y con la sociedad, a la vez que la función fundamental en la unión de localidades, regiones, océanos. Dos intenciones pueden verse en su proyecto, una económica y otra turística. La visión transformadora del ámbito natural se inscribe en el proyecto político que guía su escritura pero deja lugar a la narración de peripecias personales. A través de ellas da paso a la elaboración de núcleos narrativos donde la tensión de las escenas presentadas genera la intriga propia de los relatos de aventuras.
La consideración del indígena merecerá un recorrido más puntual, ya que oscila entre la visión paisajística -que inscribe al indio en la escena exótica- de los viajeros extranjeros y la imagen de la amenaza al proyecto de Nación.
En Apuntes preliminares sobre una excursión al Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz (1999), Moreno recupera las voces de los informes preparados por las diferentes comisiones -que se habían diseñado para realizar el "inventario patagónico"- y compone un texto polifónico. Moreno recorre el río Santa Cruz, desde su desembocadura en el Atlántico hasta sus nacientes en la cordillera de los Andes. Llega así a los lagos Argentino y San Martín, a los cuales bautiza con esos nombres, y al lago Viedma. En la superficie del texto pueden distinguirse secuencias de descripción árida, emanada de la voz de los informantes y propia de las cartas geográficas, y otras en las que su voz deja aflorar los sentimientos exaltados ante las bellezas naturales, dando paso a descripciones acordes con la poética romántica. Queda pendiente el análisis de esa alternancia entre rasgos románticos y realistas, propia de algunos escritores de la generación del 80.
Es interesante la discrepancia y la tendencia dialógica de Luis Jorge Fontana, Gobernador de Chubut, con la Patagonia de Francisco Pascasio Moreno, Ramón Lista y sus predecesores como George Musters y los colonos galeses. En Viaje de exploración de la Patagonia Austral (1876)7, aprecia su valor literario, pero no el científico, entendiendo por tal lo medido y plasmado en las cartas geográficas . Las descripciones procuran un ajuste del mismo tenor. Pero también Fontana es parcial cuando se limita al Chubut transitado de este a oeste, recalando en la región patagónica central y cordillerana, mas no en la austral, con un afán de administración que lo adscribe directamente a Roca y a su ideología. Tampoco puede evitar episodios misteriosos o que incitan a la aventura, cuya inclusión nos remite al mismo Musters y a Moreno -captura de Martín Platero-. Si bien acaba con el mito de 'Patagonia tierra maldita', instala el del progreso sin dejar de tratar también el de la tierra encantada. La dimensión geográfica, unida al nacionalismo militar, político y económico-administrativo prevalecen, sosteniendo un proyecto que diverge de lo conseguido a lo largo de un siglo de desarrollo desparejo, inconexo, incompleto.
Entre los viajeros nativos, es necesario distinguir las obras de los científicos de las que emprendieran otros con el objeto de ofrecer una versión pública del territorio, que se caracterizaron por sus indagaciones periodísticas. Contemporáneamente a los textos del Perito Moreno, Payró, Eizaguirre y Popper inauguran un diálogo con el público de la prensa diaria (La Nación, La Prensa, El Nacional), consecuente con los aspectos ideológico-políticos del viaje nativo, con un proyecto personal de apropiación discursiva del territorio patagónico. El viaje toma la forma del artículo de periódico y su particularidad genérica es que se elabora al tiempo que el territorio va configurándose. En estos escritos el paisaje es atravesado por la mirada organizadora del viajero entretejido por las versiones de otros que le sirven de fuentes. El diálogo y la confrontación con los textos extranjeros cobra un sentido particular, ya que el periodista también busca sus propias fuentes en los pobladores, los periódicos y los políticos que actúan en la región. En La Australia Argentina: Excursión periodística a las costas patagónicas, Tierra del Fuego e Isla de los Estados, Roberto Payró (1898) recoge los artículos publicados en La Nación. Es la visión de un periodista maduro que se detiene en la fisonomía de los habitantes, pero también de las poblaciones y su desarrollo y crecimiento urbano. Da cuenta de los modos de vida, de la supervivencia del indígena y la implantación de los emigrados. Advierte en la pormenorizada información su visión de la Patagonia como tierra de progreso, aun cuando deja constancia crítica del aislamiento en que se halla la Región con relación al Estado Nacional y su escaso o nulo interés en la implementación de políticas adecuadas. La idealización del territorio quiere ocultar esa transformación efectiva, los deliberados obstáculos que frenan su desarrollo. Payró es un fuerte crítico del proyecto de la apropiación militar y la simbólica, que se lleva a cabo con el envío de científicos argentinos -Moreno, Holmberg, Ameghino, Ramos Mejía, Lista, entre otros- como de los extranjeros cuyas expediciones financiara el estado Nacional -Onelli, Burmestein, Berg-, en la medida en que estas expediciones no se siguen de un desarrollo planificado de la región. Aquí la periferia se convierte en objeto de discrepancia y surge una nueva propuesta al interesarse Roberto Payró de manera realista por el presente y su proyección hacia un futuro real, antes que simbólico y utópico.
En la mayor parte de los escritores nativos es importante advertir el debate con los autores precedentes, sobre todo los extranjeros. Son especialmente cuidadosos al corregir los errores de apreciación y la mirada interesada de los que claramente se inscriben en un proyecto "imperial". Se reconocen como autores periféricos -en relación con el reparto de tierras que caracteriza este período de la historia, el de 1870-1914- que procuran contribuir a la construcción de un proyecto nacional; de allí la marcada disensión, fructífera para el relato de viajes en la medida en que explora y revela aspectos significativos de la vida en la Patagonia. Este debate intelectual sugiere la necesidad de un examen pormenorizado que se extiende al pensamiento, la literatura y la política nacional, que oriente la investigación hacia nuevos aspectos que hemos ido destacando puntualmente.
Son muchos los problemas que emergen de los textos que tratan sobre la región patagónica. De allí que hayamos señalado algunos que nos parecen importantes. Queda la tarea pendiente de profundizar, en otros textos del corpus, los relativos a la identidad y la alteridad, junto a los que hemos procurado señalar. Resulta un tanto ocioso decir que no nos cabe duda que este corpus literario tiene muchos aspectos en común con la literatura de viajes en general. Sin embargo, esto no nos impide insistir en los específicos de los viajeros y sus textos en este Sur del mundo. Su proliferación y la riqueza de sus significaciones parece indicar a todas luces el interés económico, social, histórico y estético de la Patagonia.

Notas

1 Véanse, al respecto, los trabajos de Mary Louise Pratt (1997), Silvia Estela Casini (2000) y Facchinetti et al. (1997).

2 Humboldt (1991) Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.

3 El Bernardo de Balbuena no es fácilmente asequible más que en la edición de Cayetano Rosell (1851).

4 Proyecto de Investigación de la Universidad Nacional del Comahue, dirigido por Enriqueta Morillas Ventura.

5 Asimismo, consideramos las formulaciones antropológicas desde Melville Herkovitz (1948) Claude Lévi-Strauss (1973), en primer término. Tienen interés indudable los trabajos de Fredric Jameson (1989), Raymond Williams (2001) y de Néstor García Canclini y sus estudios sobre las culturas híbridas (2001), Todorov (2003), y los trabajos críticos que vinculan la serie literaria con la histórica, los cuales nos ayudan en la indagación de este singular encuentro en los momentos de consolidación del proyecto del 80. Nociones como la de imaginario social, identidad, intertextualidad, género discursivo, memoria, dialogismo, narratividad, cultura, alteridad y ajenidad son especialmente oportunas y se avienen bien con parte de los planteamientos de los estudiosos de la literatura de viajes, quienes la sitúan como género no canónico que combina varias formaciones genéricas. Es claramente notoria la doble perspectiva de los viajeros (extranjeros/argentinos) como la dimensión que otorgan los relatos a las cuestiones relativas la identidad y alteridad en la literatura.

6 La edición de Elefante Blanco (Buenos Aires 1998) selecciona solamente "las etapas del viaje vinculadas con los territorios sudamericanos". Dada la importancia que en esta selección adquiere la región patagónica, la hemos utilizado por su asequibilidad.

7 Viaje a la Patagonia Austral, editado por el autor en 1876, narra las vicisitudes de un viaje que reconoce como ilustres antecesores a Charles Darwin en la expedición comandada por Fitz Roy, de 1833, y a George C. Musters, en 1870.

Referencias bibliográficas

1. AAVV. Actas de las Primeras Jornadas de Literatura Argentina en la Patagonia. Formato CD. Neuquén: UNCo., 2004.         [ Links ]

2. ANDERSON IMBERT, Enrique. Historia de la Literatura Hispanoamericana. México: F.C.E., 1967.         [ Links ]

3. AZARA, Félix de. Relato y descripción del Paraguay y del Río de la Plata. Madrid: s/d, 1847.         [ Links ]

4. BAJTÍN, Mijaíl M. "El problema del contenido, el material y la forma en la creación literaria". Teoría y estética de la novela. Helena S. Kriúkova y V. Cazcarra. Trads. Madrid: Taurus, 1989: 13-75.         [ Links ]

5. BAJTÍN, Mijaíl M. Le principe dialogique. París: du Seuil, 1981.         [ Links ]

6. BAJTÍN, Mijaíl M. "La palabra en la novela". Teoría y estética de la novela. Helena S. Kriúkova y V. Cazcarra. Trads. Madrid: Taurus, 1989: 77-236.         [ Links ]

7. BAJTÍN, Mijaíl M. "Ensayo de análisis filosófico". Estética de la creación verbal. Tatiana Bubnova. Trad. México: Siglo XXI, 1982: 294-323.         [ Links ]

8. BAJTÍN, Mijaíl M. "De los apuntes de 1970-1971". Estética de la creación verbal. Tatiana Bubnova. Trad. México: Siglo XXI, 1982: 354-380.         [ Links ]

9. BAJTÍN, Mijaíl M. "Hacia una metodología de las ciencias humanas". Estética de la creación verbal. Tatiana Bubnova. Trad. México: Siglo XXI, 1982: 381-396.         [ Links ]

10. BIOY CASARES, Adolfo. "Prólogo". Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Antología de la literatura fantástica. Buenos Aires: Sudamericana, 1940: 7-14.         [ Links ]

11. CASINI, Silvia Estela. "La fundación discursiva del espacio patagónico". Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades. N° 14. Chile: Universidad de Chile, 2000.         [ Links ]

12. CICERCHIA, Ricardo. Historia de la vida privada en la Argentina. Buenos Aires: Troquel, 1998.         [ Links ]

13. CIEZA DE LEÓN, Pedro. Crónica del Perú. Primera Parte. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1986.         [ Links ]

14. COLÓN, Cristóbal. Diario de a Bordo. Luis Arranz. Ed. Madrid: Historia 16, 1985.         [ Links ]

15. DARWIN, Charles. Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo. Buenos Aires: El Elefante Blanco, 1998.         [ Links ]

16. DE TOUNNENS, Orellie-Antoine. Cahier Orllien Bleu. Les Pendus et la Couronne D'Acier. Nº 1. Dinan: Société Bretonne des études Patagoniques, Editions Protésilas, 2000.         [ Links ]

17. FACCHINETTI, Graciela, Teresita ZAFFRANI y Silvina JENSEN. Historia, discurso e imaginario social. Temuco, Chile: Ediciones Universidad de la Frontera, 1997.         [ Links ]

18. FONTANA, Luis Jorge. Viaje a la Patagonia Austral. Buenos Aires: Talleres de La Tribuna Nacional 1886 . Edición facsimilar. Buenos Aires: Confluencia, 1999.         [ Links ]

19. FRANCO, Jean. Historia de la literatura hispanoamericana: a partir de la independencia. Carlos Pujol. Trad. Barcelona: Ariel, 2001.         [ Links ]

20. FRANCO, Jean. Decadencia y caída de la ciudad Letrada. Madrid: Debate, 2003.         [ Links ]

21. GARCÍA CANCLINI, Néstor. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Buenos Aires: Paidos, 2001.         [ Links ]

22. Grupo de Investigación de la Universidad Nacional del Comahue. "Relatos de viajes, crónicas, memorias y otros escritos de la literatura de la Patagonia (1870-1914)". Arrabal 5/6. España: Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos, Edición de la Universitat de Lleida (2007): 19-38.         [ Links ]

23. GUTIÉRREZ GIRARDOT, Rafael. "Literatura fantástica y modernidad". Enriqueta Morillas Ventura. Ed. El relato fantástico en España e Hispanoamérica. Madrid: Siruela, 1991: 27-36.         [ Links ]

24. HENRÍQUEZ UREÑA, Pedro. Las corrientes literarias en la América Hispánica. México: FCE, 1949.         [ Links ]

25. HERKOVITZ, Melville J. El Hombre y sus obras. México: FCE, 1987 (1948).         [ Links ]

26. HOBSBAWM, Eric. La era del Imperio, 1875-1914. Buenos Aires: Crítica Grijalbo Mondadori, 1987.         [ Links ]

27. HUDSON, William Henry. Días de ocio en la Patagonia. Buenos Aires: El Elefante Blanco, 1997 (1893).         [ Links ]

28. HUMBOLDT, Alexander von. Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Caracas: Monte Ávila, 1991. (Edición facsimilar del original francés, 1816-1826. Lisandro Alvarado, Eduardo Röhl y José Nucete-Sardi. Trads. París: Ministerio de Educación y Cultura, 1941-1942).         [ Links ]

29. JAMESON, Federic. Documentos de cultura. Documentos de barbarie. Madrid: Visor, 1989.         [ Links ]

30. JAMESON, Federic y Zizek SLAVOJ. Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires: Paidós, 1998.         [ Links ]

31. LEONARD, Irving. Los libros del conquistador. México: FCE, 1953.         [ Links ]

32. LÉVI-STRAUSS, Claude. Anthropologie Structurale (II). París: Plon, 1973.         [ Links ]

33. LÉVI-STRAUSS, Claude. El pensamiento salvaje. México: FCE, 1984.         [ Links ]

34. LÉVI-STRAUSS, Claude. "Las tres fuentes de la reflexión etnológica". José Llobera. Comp. La antropología como ciencia. Barcelona: Anagrama, 1988.         [ Links ]

35. MIGNOLO, Walter. "Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista". Luis Iñigo Madrigal. Coord. Historia de la literatura hispanoamericana. Tomo I: Época colonial. Madrid: Cátedra, 1982.         [ Links ]

36. MORENO, Francisco P. Apuntes preliminares sobre una excursión al Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Buenos Aires: El Elefante Blanco, 1999.         [ Links ]

37. MORILLAS, Enriqueta. Ed. "Poéticas del relato fantástico". El relato fantástico en España e Hispanoamérica. Madrid: Sociedad Estatal Vº Centenario, 1991: 93-103.         [ Links ]

38. MORILLAS, Enriqueta. "Fabulaciones en el Río de la Plata". Enriqueta Morillas Ventura. Ed. España y Argentina en sus relaciones literarias. Lérida, España: Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos/Universidad del Comahue, 2002.         [ Links ]

39. MORILLAS, Enriqueta. "Sensaciones y sensibilidad en Días de Ocio en la Patagonia". Actas del V Congreso Internacional de la AEELH. Eva Valcárcel. Ed. A Coruña: Universidade da Coruña, 2003.         [ Links ]

40. MORILLAS, Enriqueta. "Ojos que saben mirar". Revista Arrabal 5/6. Lérida, España: Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos, 2007.         [ Links ]

41. O´GORMAN, Edmundo. La invención de América. Investigación acerca de la estructura histórica del nuevo mundo y del sentido de su devenir. México: FCE, 1958.         [ Links ]

42. PALM, Erwin W. "España ante la realidad americana". Cuadernos Americanos. México (1948): 135-167.         [ Links ]

43. PAYRÓ, Roberto. La Australia Argentina: Excursión periodística a las costas patagónicas, Tierra del Fuego e Isla de los Estados. Buenos Aires: Hyspamerica, 1985 (1898).         [ Links ]

44. PRATT, Mary Louise. Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes, 1997.         [ Links ]

45. PRIETO, Adolfo. Los viajeros ingleses y la emergencia de la literatura argentina. 1820-1850. Buenos Aires: F.C.E, 2003.         [ Links ]

46. RAMA, Angel. Bibliografía sumaria. Angel Rama 1926-1983. Maryland, U.S.A.: College Park, 1984.         [ Links ]

47. RODRÍGUEZ MONEGAL, Emir. El arte de Narrar. Caracas: Monte Avila, 1968.         [ Links ]

48. ROSELL, Cayetano. Poemas épicos I. Biblioteca de Autores Españoles 17, 1851. (Reimpreso en Madrid: Atlas, 1945).         [ Links ]

49. SÁNZ, Carlos. Diario de Colón: Libro de la primera navegación y descubrimiento de las Indias. Folio 1. Madrid: Biblioteca Americana Vetustísima, 1962.         [ Links ]

50. TODOROV, Tzvetan. La conquista de América. El problema del otro. Buenos Aires: Siglo XXI, 2003.         [ Links ]

51. TRANÇON, María Montserrat. "El cuento fantástico en la prensa madrileña del XIX". Narrativa fantástica en el siglo XIX. Lleida, España: Milenio, 1997: 19-31.         [ Links ]

52. VITARELLI, María. "Una relectura de la empresa orelliana". Arrabal 5/6. España: Edición de la Universitat de Lleida, 2007.         [ Links ]

53. WILLIAMS, Raymond. Cultura y Sociedad. 1780-1950. De Coleridge a Orwell. Buenos Aires: Nueva Visión, 2001.         [ Links ]

54. WÖLFFLIN, Heinrich. Conceptos fundamentales en la historia del arte. Madrid: Espasa, 1970 (1915).         [ Links ]

Fecha de recepción: 29-08-07
Fecha de aprobación: 24-10-07