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versión On-line ISSN 1851-4669

Anclajes vol.12  Santa Rosa jul./dic. 2008

 

ARTÍCULOS

Sergio Ramírez: lo moderno entre la ciencia, el periodismo y la literatura

Diana Irma Moro

UNLPam
[ morodiana@cpenet.com.ar ]

Resumen: Qué significa ser modernos en Centroamérica constituye, quizás, una pregunta clave para interrogar -al menos, en parte- la obra del escritor nicaragüense Sergio Ramírez (1942). "Félis concóloris" (Cuentos, 1963) y el ensayo Balcanes y volcanes (Berlín, 1973) son los textos elegidos para ese objetivo. La relación entre literatura y periodismo, la acción ordenadora de la ciencia, la reflexión sobre el lenguaje formulan los topoi específicos que permiten vislumbrar un intento de caracterizar el área centroamericana, en general, y Nicaragua, en particular, según criterios epistemológicos definidores de lo moderno frente a lo premoderno o no-moderno.

Palabras claves: Nicaragua; Literatura; Lenguaje; Ciencia; Periodismo.

Sergio Ramírez: The Modern Among science, Journalism and Literature

Abstract: What does "to be modern" mean in Central America? That seeems to be the key question -at least, part of it- to problematize the work of Nicaraguan writer Sergio Ramírez (19 ). "Félis concóloris" (Short Stories 1963) and the essay "Balcanes y volcanes" (Berlin 1973) are the texts chosen to fulfil that goal. The relationship between literature and journalism, the ordering action of science, and the reflection over language, all come to formulate the specific topoi that will enable us to glimpse a possible approach to the Central American region, in general, and Nicaragua, in particular, according to epistemological criteria that will define modern as opposite to pre-modern and non-modern.

Key words: Nicaragua; Literature; Language; Science; Journalism.

Qué significa ser modernos en Centroamérica pareciera ser una pregunta que atraviesa, al menos en parte, la obra de Sergio Ramírez (1942 ), escritor nicaragüense. Los problemas tematizados en algunos de sus textos literarios y analizados en sus ensayos demuestran esa preocupación. La relación entre literatura y periodismo, la acción ordenadora de la ciencia, la reflexión sobre el lenguaje constituyen los topoi específicos que permiten vislumbrar un intento de caracterizar el área centroamericana, en general, y Nicaragua, en particular, según criterios epistemológicos definidores de lo moderno frente a lo premoderno o no-moderno.
El primero de los temas mencionados, el vínculo periodismo-literatura, ha sido, en la crítica cultural latinoamericana, un eje de análisis que ha consolidado argumentos sobre los cuales apoyar las tesis acerca de los rasgos de modernidad en la cultura y en la literatura de la región. En esa línea se pueden incluir, entre otros1, los ya clásicos trabajos de Ángel Rama quien señala el lapso que va desde 1870 a 1910 como el período de la modernización (4). Por primera vez, afirma Rama, los escritores encontraron en el periodismo una profesionalización y el desarrollo de éste permitió medir el crecimiento del público alfabeto. Así los elementos constituyentes de la tríada periodismo / público lector / literatura comenzaban a ser categorías que, combinadas entre sí de maneras diversas en un contexto de producción, circulación y consumo específico, permitieron organizar un orden probable de ciertos discursos.
La ciencia y el lenguaje constituyeron para el "proyecto de la modernidad" europea, dos pilares centrales desde finales del siglo dieciséis, según las periodizaciones más difundidas y convencionales. Desde fines del diecisiete, el denominador común en el pensamiento filosófico, la denominada "era de la razón", consistía en la posibilidad cierta de aprehender el mundo, sobre todo, después de las sucesivas y diferentes expediciones al "Nuevo Mundo". Se trataba de coleccionar, medir, calcular, ordenar y nombrar las especies, los accidentes geográficos, los minerales, las costumbres, los modos de vida2. Comenzaba a abandonarse la concepción ontológica del lenguaje y a configurarse sistemas de representación artificiales y arbitrarios en base a constantes y variaciones. Esos sistemas taxonómicos permitieron denominar y controlar aquello visible observado en la naturaleza.
No obstante, la concepción del lenguaje como sistema arbitrario y la lengua como objeto disciplinar separado de otros campos del saber no se consolidaron, sino hacia principios del siglo XX cuando Ferdinand de Saussure, al intentar desentrañar la verdadera naturaleza del signo y al proponer una definición binaria de éste, estableció el corte con el referente y produjo la ruptura de lo que Bachelard llamó el obstáculo epistemológico. Ello significa que, al romper con la idea de signo como una entidad unitaria, se enfrentó con una de las barreras que impedía el avance en términos científicos de la lingüística. Este quiebre no es menor porque, hacia mediados de siglo veinte en que la perspectiva saussuriana dominó gran parte del campo lingüístico europeo, tuvo su influencia en otras ciencias humanas y sociales. Emulación paradigmática puede considerarse la de la antropología, disciplina que, según Lévi-Strauss (1945) debía operar del mismo modo que la lingüística, es decir, buscar las oposiciones y las invariancias3. Este auge del estructuralismo alcanzó, aunque con otros debates y aportes que sería excesivo mencionar aquí, la década de 1960. Ese es el momento de producción del cuento que he de analizar, razón por la cual, constituye el marco en el cual se inscribiría la configuración del lenguaje como tema literario en este fragmento de la obra del escritor nicaragüense.
Se trata de "Félis concóloris", incluido en el volumen Cuentos, publicado en 19634. Allí se narra el regreso de un eminente lingüista, Alejandro Humberto Tiosca R., a su país natal, la utilización que hace la prensa de su llegada y las circunstancias por las cuales el personaje finalmente enloquece. Propongo confrontar las matrices referidas a lo moderno frente a lo no-moderno presentes tanto en el cuento como en el ensayo, Balcanes y volcanes (1973).
Desde el comienzo, el cuento abre por lo menos dos probables líneas de lectura: la acción ordenadora de la ciencia moderna y la construcción de imaginarios simbólicos generados a través de los discursos de los mass media. Ambas acciones tienen como denominador común el uso del lenguaje, por lo tanto éste constituye el tema aglutinador, que recorre y atraviesa el cuento. Además parece propiciarse en la intención de escritura, que el lenguaje en tanto objeto de reflexión, excede las disciplinas que de él se ocupan y pasa a formar parte del patrimonio de la literatura.
En relación con la primera línea de lectura, "Félis concóloris" es la denominación binominal linneana de un puma o gato salvaje, especie felina presente en gran parte del continente americano y de abundante presencia en la zona centroamericana. Resulta evidente el guiño naturalista desde el título mismo del cuento. Ese gesto continúa y se hace evidente en el nombre del protagonista, Alejandro Humberto, pues evoca el nombre del barón de Humboldt, Heinrich Alexander conocido como Alejandro Humberto von Humboldt. Además el personaje, "lexicólogo de fama internacional", se ocupa de "establecer un nuevo sistema de nomenclatura científica para los gatos" (Ramírez 1994: 26).
Respecto de la segunda línea de lectura, desde la primera oración: "El Nuevas para hoy, diario oficial de la República en la cual transcurre esta historia" (25), el cuento establece la relación periodismo-literatura y la silueta (visual) del texto refuerza esa relación y la expande al involucrar, en ella, a otros medios masivos. Se incluyen, con marcas tipográficas evidentes, textos provenientes del ámbito periodístico escrito (titulares de tapa, títulos de noticias, cables de agencias internacionales, fragmentos de entrevistas), de medios masivos orales (flashes informativos radiales), de divulgación (un artículo de diccionario), de encuestas públicas realizadas mediante urnas dispuestas a efectos de recabar la opinión del público, de cartas y radiogramas.
Los tres primeros párrafos del texto configuran un triángulo. Cada uno de ellos forma un vértice: el primero, la enunciación periodística, cuyo referente es precisamente la llegada de Tiosca al país; el segundo la recepción inicial, por parte de lectores especiales: "Ciertas personas, que leen con detenimiento y avidez"; el tercero, el espacio en el que transcurre la historia: un pequeño país donde la mayoría de los habitantes están mal alimentados. Ese triángulo evoca la tríada propuesta por Roman Jakobson para explicar el circuito de la comunicación: emisor-mensaje-receptor. Lo habitual hubiese sido que el referente del mensaje periodístico se centrara en los problemas sociales, económicos, políticos de ese pequeño país de la fábula, pero eso no sería motivo literario. Lo que convierte el contenido de las noticias en literatura es eso que está por fuera de la norma o de lo esperado por el sentido común. En esa línea de ruptura, pueden leerse los distintos fragmentos de géneros discursivos intercalados y el tema que estructura el relato consiste, desde el primer párrafo del texto, en cómo los medios masivos generan un fenómeno de paroxismo colectivo, de cuya exaltación, ni el encargado de contar la historia puede sustraerse completamente. La historia se construye desde y por los periódicos: "El Nuevas para hoy, diario oficial de la República en la cual trascurre esta historia, publicó de manera no muy principal la noticia" (25) de que el Dr. Tiosca haría su llegada al país y en la gacetilla se informaba que "era uno de los más eminentes lexicólogos del mundo" (25). El relato avanza con las sucesivas apariciones, en la prensa, de notas referidas a este personaje. La segunda noticia tiene mayor entidad, procede de un cable de una agencia internacional, fechado en Kioto, Japón, e informa que el Dr. Tiosca es el responsable de "un nuevo sistema de nomenclatura científica para los gatos" (26). Desde la primera mención en el diario "de manera no muy principal", las sucesivas apariciones en la prensa resultan cada vez más destacadas: "todos los periódicos imprimieron en rojo y a ocho columnas, y con gran alarde en el tamaño de los tipos usados" (30) que Tiosca había resultado merecedor de un premio por su labor científica.
Como consecuencia de la enunciación reiterada y cada vez más destacada del personaje en la prensa, la masividad de la recepción va in crescendo. Al comienzo se presenta un receptor inicial: el narrador, en primera, que se define como "esa clase de personas... las cuales se leen enteramente el periódico (internacionales, deportes, sociales, 'Aunque ud. no lo crea', 'Así va la ciencia' y hasta los avisos clasificados y los editoriales)" (27), es decir, un primer lector atento que percibió la noticia. A medida que la prensa reitera el nombre y agrega datos, cada vez con mayor insistencia y entidad gráfica, la masa de lectores comienza a interesarse en el Dr. Tiosca, como consecuencia de esa magnificación: "Ahora veía yo en periódicos, revistas, boletines de estado, magazines y escuchaba en las radiodifusoras, la noticia profusamente adornada y estirada" (30).
El narrador justifica su propio interés en esa nimiedad por ser un lector especial: "debo hacer la modesta aclaración de que soy un hombre de algunas inquietudes", pero se muestra extrañado por el interés masivo que despierta la llegada de Tiosca al país. Ese extrañamiento lo lleva a esbozar algunas hipótesis acerca de la situación:

Y seguramente algunos de sus conocedores ignoraban qué son las lenguas sepultas o lenguas muertas. Y cuando esta aureola irradia también para el pueblo, que aunque padece hambre tiene sus grandes ataques de histeria colectiva, llega a formarse una verdadera masa dura y estrepitosa en la cual se mezclan ya datos biográficos con leyendas, oficios y artes desempeñados con otros nuevos inventados y en fin el hombre es famoso enteramente, en abstracto, porque lo que hace o hizo quedó atrás, recluido por innecesario. El genio adquiere para la gente una nueva personalidad vacía por dentro pero fantásticamente colocada por fuera. Es así que A. H. Tiosca llegó a ser para la gente de mi país, lo que Carlos Gardel (al que nunca muchos escucharon cantar tangos), Lou Gehring o Babe Ruth (a los que nadie vio pegar un batazo jamás) o Juan Manuel Fangio (quien nunca cruzó una autopista en este suelo) (31).

Al narrador le es posible realizar este tipo de apreciaciones, explicar cómo esa entidad que denomina pueblo (luego cambia la denominación "pueblo" por "gente") resulta presa de mitos construidos desde los medios masivos de comunicación porque, desde el punto de vista del verosímil del relato se constituye en un lector de la letra chica de lo periódicos, es decir, en un lector ideológico que logra vincular el discurso con el poder; que puede desentrañar, en el orden del discurso, el sentido común que sustenta y legitima las relaciones de dominación. A pesar del tono de ingenuidad con que se presenta el narrador personaje, esa característica de lector-ideológico le permite desmenuzar el mecanismo de imposición, a través de la prensa, de mitos populares y de generación de una atracción para el pueblo, inútil en relación con los verdaderos problemas que esa misma gente padece. Esta consideración puede advertirse en el hecho de que el narrador personaje, además de lector ávido de periódicos y revistas, se define como un militante político y se devela como el escritor de la historia:

Y precisamente estaba redactando un discurso que sobre la mala distribución de la tierra iba a pronunciar ante un mitin de campesinos, cuando saqué con alguna violencia el papel donde lo escribía, para meter en mi máquina éste, en que pinto la historia de un señor que llega a su país, donde el 67% de la gente no goza del placer de leer y escribir, 71% tiene un ingreso anual de $93 y el 58% no tiene letrinas en su casa (26).

La voz enunciadora construye una imagen de escritor comprometido con las injusticias sociales, de escritor militante y establece la primera separación entre periodismo y literatura, en tanto que evidencia su intención de denunciar los mecanismos de manipulación, no sólo de la opinión del público, sino del interés y de la movilización populares.
El narrador, político y escritor, percibe, a regañadientes, su propia participación en ese interés creciente por la llegada del científico: "Y aunque no acepto que entré en la marea terrible de delirio por su persona participé con casi toda la gente de la común felicidad de ser un compatriota suyo" (32). Debido a esa cercanía, puede contar la magnífica recepción al personaje, organizada por el gobierno, en el aeropuerto de la ciudad. Todos acudieron: periodistas, industriales, políticos, funcionarios; "líderes políticos radicales de izquierda y derecha acusaban haber entrado en la euforia" (33). A partir de ese momento, parece retornar la calma, el lingüista se hallaba alojado en un hotel de las montañas y la prensa había retornado a sus cauces habituales: "inundaciones en el sur del país, un conato de revuelta en un cuartel militar (contra los cálculos de paz del gobierno) y la muerte desastrosa de un jugador de béisbol" (34). Sin embargo, aparece un nuevo hecho periodístico: un corresponsal de una revista científico literaria extranjera realiza una entrevista con el Señor Tiosca -se intercala en el cuento el fragmento pertinente- en la cual anuncia: "Voy a inventar LA PALABRA MÁS BELLA DEL IDIOMA..." (36). Podría suponerse una nueva operación de prensa organizada por el poder para diluir los problemas que aquejaban al país que, de manera insistente, el narrador describe. Sin embargo, el relato ofrece un nuevo giro. Por un lado, la mirada extrañada y distanciada del narrador que le permitía analizar el fenómeno como una manipulación periodística, muda a una integración acrítica a ese fenómeno paroxístico:

Me tiré de la cama directamente a mi radiorreceptor, a escuchar... la nueva gran palabra, saboreada como un caramelo en la boca de los locutores, pronunciada con un tono melifluo... deletreada, hecha a verso, dicha a coro... Es lo mismo. Que se invente una nueva palabra, que estalle una revolución (39).

Por otro lado, el nuevo giro está dado por el desenlace: la nueva palabra no ha de oírse porque Tiosca se ha vuelto loco. Otra noticia intercalada informa ahora que "El Dr. Tiosca fue internado en un sanatorio mental... perdió repentinamente la razón". Dice la crónica que se dedicaba a recortar letras de los periódicos, a arrugar y a romper diccionarios y que le había dicho a su secretario: "'he allí la labor', le dijo, 'Se las serviremos a ellos cuando lleguen aquí, en finos platos de porcelana. Esta palabra mía no será la más bella, pero sí la más deliciosa. Ya verás, ya verás'" y exclamaba: "Deuteronomio no es una comida, no es una bebida, deuteronomio es la tela con que me hice dos corbatas" (41). El narrador en el antepenúltimo párrafo del cuento agrega que Tiosca "permanece en un sanatorio mental licuando letras, lo que según él dará 'una deliciosa pasta para untarse con mermelada en el pan del desayuno'" (41).
El cuento articula dos partes en las cuales se expresan dos tipos de locura; la primera, denunciada por el narrador, creada por los medios masivos de comunicación: "el pueblo, que aunque padece hambre tiene sus grandes ataques de histeria colectiva" (31) y amparada por el gobierno: "Satisfecho el Estado por el olvido que estaba surgiendo" (32) consiste en nublar la realidad social y política y construir un referente heroico: un científico nacido en el país con reconocimiento internacional. Aspecto que el propio narrador reconoce como válido. Ese referente se construye sobre una necesidad del imaginario popular de contar con un capital cultural reconocido fuera del país. Los medios modernos de circulación de la información logran el cometido y la literatura se encarga de desocultar esa operación ideológica. Así como el narrador/escritor de la historia se comporta con una función ideologizante5, la literatura, en tanto modo discursivo diferenciado del periodismo, se ocupa de correrle el velo a la maniobra manipuladora. Este espacio propio de la literatura es explicitado por el narrador/escritor quien se presenta separado del público como colectivo acrítico: "Pero la llegada de este señor aporta a la historia un matiz especial, ya que de él dependió el hecho singular que me animó a abandonar la redacción de mi discurso político, para escribirla" (35). Se refiere a la llegada del corresponsal que realiza y publica la última entrevista con Tiosca, en la que el científico anuncia que se dedicará a inventar la palabra más bella del idioma y es en relación con ese hecho que necesita remitir a la situación de enunciación propia para configurar el espacio de la literatura separado del espacio del periodismo. El plano de lo deseable, de aquello que no puede ser analizado ni comprendido por el imperio de la razón constituye tema para la literatura, al tiempo que le es propia la función develadora y desocultante.
El segundo tipo de locura, en cambio, se ubica en otro plano; más bien interpela, interroga las actitudes frente al lenguaje mismo. El vínculo que establece el personaje de Ramírez con el lenguaje constituye una regresión premoderna y es anticientífico porque confunde la palabra y la cosa; evoca las consideraciones foucaultianas respecto a que el lenguaje hasta el siglo dieciséis, en la cultura europea, no era un sistema arbitrario. Tiosca al igual que Don Quijote, personaje paradigmático de la considerada primera novela moderna, se vuelve loco debido a los libros, no de caballería como aquel sino a la lectura de los de las disciplinas (modernas) del lenguaje: lexicografía, gramatología, dialectología. Michel Foucault señala que precisamente El Quijote es la primera obra moderna porque en ella el lenguaje rompe su viejo parentesco con las cosas y agrega: "El loco, entendido no como enfermo, sino como desviación constituida y sustentada, como función cultural indispensable, se ha convertido, en la cultura occidental, en el hombre de las semejanzas salvajes" (55). En el cuento de Ramírez el tropo de la locura tiene otras aristas: habría una fascinación por el significante, en eso de encontrar la palabra más bella del idioma cuya belleza no radicaría en el significado pues podía servir para ponerle nombre a un restaurante o a un hijo, poco importaba. La ciencia, no la fantasía, es lo que le produce la alienación al personaje. Aunque también Tiosca se comporta como el hombre de las semejanzas salvajes: "Deuteronomio no es una comida, ni una bebida, es una tela" y su esquizofrenia lo lleva a confundir los sentidos, confunde el gusto y la visión o el oído; las palabras serán para degustar, no para ver u oír. Este comportamiento anticientífico del personaje en su trato con el lenguaje lo vincula con la literatura: "desviación constituida y sustentada, como función cultural indispensable" (Foucault 2003: 55) que promueve el orden tranquilizador de las utopías, por eso esa esquizofrenia, sugerida desde el mismo momento en que anuncia su cometido: encontrar la palabra más bella del idioma, se colectiviza; lo que se colectiviza es el deseo de creer en algo: el anuncio de una palabra o de una revolución. Lo deseable, aquello que constituye la utopía, ordena el discurso y el razonamiento. Para el público, que apenas entiende el metalenguaje propio de las disciplinas lingüísticas, la palabra espera ser escuchada, pronunciada, no escrita, ni leída. "El entrelazamiento del lenguaje y las cosas, en un espacio común, supone un privilegio de la escritura", dice Foucault (2003: 46). En este aspecto residiría lo premoderno, no del personaje, sino del público.
El personaje, un científico centroamericano, con vocación humboldtiana -retomo la primera línea de lectura esbozada arriba- sigue reinventando el mundo, en el sentido en que Mary Louise Pratt estudia y analiza la obra del naturalista. Le adjudica al viaje y a la producción escrita de Humboldt la capacidad de establecer "los lineamientos para la reinvención ideológica de América del Sur que tuvo lugar a ambos lados del Atlántico durante las trascendentales primeras décadas del siglo XIX" (198). Tiosca se ocupa de establecer nomenclaturas científicas para animales desde el otro lado del Atlántico -y del Pacífico, el primer cable procede de Japón- y llega a su país natal (algún pequeño país de Centroamérica, que bien puede ser Nicaragua, cuyo espacio geográfico se encuentra limitado por el Pacífico y por el Atlántico, hacia el Oeste y hacia el Este, respectivamente) a inventar la palabra más bella del idioma. Frente a esta circunstancia del relato, no podemos menos que recuperar otra característica de Humboldt, reconocida por sus comentaristas: la vocación literaria. En el mismo trabajo citado, Pratt considera que fue a través de sus escritos no especializados, y no por sus tratados científicos, que obtuvo la buscada resonancia en la imaginación tanto de Europa como de América y califica a esos escritos no especializados como "audaces experimentos discursivos" (213).
En la construcción del personaje de Ramírez, con pinceladas humboldtianas, en el contexto de enunciación de mediados del siglo veinte, momento en el cual se reconocen separados los espacios de la ciencia y de la literatura, podría interpretarse una tensión entre esos campos respecto del carácter innovador del lenguaje y, por lo tanto, generador de rasgos modernizadores. El personaje aísla, separa al extremo la palabra de su referente, actúa como creador literario, como experimentador del lenguaje, no como lingüista; en ese sentido es anticientífico, según el modo de proceder de la ciencia en el momento de escritura del cuento. En esa acción se hallaría una clave probable de interpretación que permite pensar en una de las líneas de pensamiento presente en la cosmovisión humboldtiana, el concepto de lo sublime kantiano6. Del mismo modo que Humboldt resuelve el paradójico sentimiento de placer y displacer; la insuficiencia de la razón para aprehender la magnificencia de la naturaleza americana y la imposibilidad de revelar "las fuerzas ocultas" que, en su concepto, hacían funcionar la naturaleza, mediante la audacia discursiva, mediante cierta disonancia con los estilos al uso de los relatos de viajes y de los informes científicos, Tiosca, incapaz de esa osadía, se ve presa de la alienación y se vuelve esquizofrénico.
En la construcción de un lenguaje literario se hallaría la verdadera modernidad para Ramírez7. Modernidad apenas en ciernes, en Centroamérica, en la década de 1960, época de desarrollo de la historia narrada y, a juzgar por el año de publicación, momento también de su escritura.
Esta conclusión, encuentra sustento en Balcanes y volcanes8, ensayo del mismo autor, fechado en 1973, en Berlín. Allí, valora, en relación con la creación literaria, tres momentos en la historia de Centroamérica. El primero, el modernismo, en particular la obra de Rubén Darío9, aunque entiende -para lo cual se apoya en el libro de Ángel Rama, Rubén Darío y el modernismo- que las condiciones de posibilidad del modernismo no existían en Centroamérica, como el "ambiente cosmopolita", por ejemplo. Sí valora en Darío la capacidad para la creación de un nuevo lenguaje poético. "Una de las rupturas más importantes realizadas por Darío había sido la de incorporar a la poesía las formas de expresión periodística, convirtiendo a la prosa diaria y dinámica de los acontecimientos, en una fuente lírica" (Ramírez 1985: 60).
El segundo momento literario que promueve la novedad en el plano del lenguaje es la vanguardia -Salomón de la Selva, José Coronel Urtecho- que se oponen a ese modernismo que "había rebotado" en Centroamérica y que se había convertido en el estilo oficial.

La diferencia entre un modernismo adocenado y reiterativo y la nueva poesía nicaragüense que se inicia con Salomón de la Selva podría inicialmente fijarse a través del hecho de que aquel escoge como manera de realización el producto final de una etapa de la poesía dariana que había sido experimental y ésta más bien la actitud misma de experimentación permanente y libertad; aquel permanece fiel a las formas del lenguaje logradas y las patenta; y esta lo que hace es correr libremente en los cauces de posibilidad de un nuevo lenguaje (59-60).

El tercero, nombrado y valorado desde esa perspectiva, es la narrativa de Miguel Ángel Asturias. Con El señor presidente, la renovación es más temática que formal, dice, porque con ella, se inicia la novela política que era, hasta ese momento, territorio inexplorado. Sin embargo, para el autor, no es esa la mayor ruptura:

la ruptura operada por él en la narrativa centroamericana habrá de producirse, con Hombres de maíz: una ruptura desde el lenguaje, que ya no ocupa la función de ser instrumento de colonización interna, de despojo folklórico, de suplantación, de acercamiento paternal y romántico, sino una reivindicación del hombre y no en cuanto indio, dando pulimiento a ese lenguaje hasta tornarlo mágico. Es acto de ruptura porque la aprehensión de la realidad desde el origen de las palabras es menos fácil, que utilizando las formas coloquiales, la recreación de costumbres, para duplicarlas; será todo un planteamiento de lo americano y de lo vernáculo, pero verbal, no temático, igual que Darío había podido entender antes que la socorrida universalidad americana no estaba en los ríos, las selvas... sino en las posibilidades de invención de un lenguaje americano (90).

Esos tres momentos tienen, en el desarrollo argumental, mayor entidad y su descripción y valoración positiva se asienta en la construcción de un lenguaje americano. Si bien nombra otros autores de diferentes épocas a quienes considera literariamente valiosos, no se ocupa específicamente de ellos, apenas los menciona. La matriz que sustenta las consideraciones de Ramírez en Balcanes y volcanes, respecto de los autores mencionados, había sido configurada antes como tropo literario, como vimos en "Félis concóloris" y lo será luego en Castigo divino (1988), por ejemplo; en esa novela, el problema del lenguaje constituye uno de sus ejes temáticos.
La estructura argumental de Balcanes y volcanes se ordena dicotómicamente: lo moderno y lo antimoderno. La capacidad de construcción de un lenguaje literario constituye un rasgo para ubicar en la columna de la modernidad. Todo lo demás es atraso.
Ramírez caracteriza, en Balcanes y volcanes, la historia socio-cultural de Centroamérica. En esa caracterización se evidencia, según su perspectiva, que la modernización en esa subregión del continente no condujo a cambios estructurales. Si bien afirma que entre 1970 y 1890 se produjo la emergencia de una nueva clase y un flujo comercial, ese nuevo dominio político no tuvo efectos modernizadores y el intercambio comercial implicó la devolución de productos manufacturados, por parte de los países europeos: "desde los códigos napoleónicos y las ediciones de las ya viejas novelas de Sir Walter Scott, hasta los retretes de cadena" (24 ) y con ello se definía el gusto y se determinaba la actitud cultural de quienes tenían acceso a ellos. Mientras que la clase dominante se define por el gusto por lo extranjero:

[sin] capacidad generativa, de otro lado lo que podría llamarse cultura popular es un conjunto circunstancial y despoblado de elementos que provienen de una transmisión oral y por tanto analfabeta y que seguirán paralizados en su origen colonial de procedencia (43).

En relación a la década de 1960, señala que el modelo político imperante:

es a la vez un modelo de consumo y dentro de un rango de propagación que los medios de comunicación vuelven ilimitado, y que salvo las barreras lingüísticas indígenas, alcanzará a todos por igual... [la educación pública] es esa instrucción pública transmisora y depositaria de las tendencias estratificadas por la ideología de dominio...; y por otra parte, Selecciones Reader's Digest, la revista de mayor circulación en Centroamérica, las enciclopedias a plazos... ofrece una falsificación del lujo a medida (98).

En ese contexto, bien puede leerse la denuncia a la capacidad de manipulación de los medios masivos en "Félis concóloris", sobre todo si se tiene en cuenta que la historia narrada se sitúa a fines de la década de 1950 o principios de la de 1960, a juzgar por la única marca temporal que aparece en el cuento: "El diccionario era de 1950, por lo que imaginé que Tiosca debería tener ya muchas medallas, órdenes, diplomas y títulos más" (29).
Además, el rasgo modernizador que consiste en la separación de la literatura de otras funciones de la letra (la educación, el periodismo, el derecho) y, en consecuencia, la profesionalización del escritor, tampoco tienen lugar en Centroamérica:

El escritor no tiene más alternativa que la condena al rato libre, entre pacientes o escrituras públicas, deberes escolares, formularios aduaneros, con lo que las implicaciones pedagógicas o jurídicas de la literatura en sustitución de la disciplina literaria especializada que está dentro del reclamo de Darío... por encima de la cerril inspiración, pues el escritor quedará de bruces sobre aquel vacío y seguirá dándose silvestre (82-83).

Según lo expresado en el ensayo, en cuya construcción discursiva se evidencia una presencia autoral fuerte, sobre ninguno de los aspectos que aborda: acción política de la burguesía, papel de Centroamérica en la división internacional del trabajo, régimen de propiedad de la tierra, desarrollo urbano, entre otros, puede hablarse de modernidad en la región.
Los parámetros que le permiten a Ramírez caracterizar y definir qué se considera moderno en la región se consolidan a través del ideal de la Ilustración, ideal concebido y promovido en y desde Europa: el personaje del cuento pareciera una versión anacrónica y degradada de uno de los grandes "nombradores" de América. A su vez, aquellos rasgos culturales populares, apenas insinuados en Balcanes y volcanes, constituyen, según su visión, una rémora colonial que no se consolidan como elementos culturales valiosos por su lugar fuera de la letra. La construcción de un lenguaje literario como un único espacio posible para la configuración de una modernidad en la región implica una concepción de literatura en sentido tradicional y etimológico de la palabra: literatura igual letra.
Desde esta perspectiva cobra relevancia la figura de Humboldt como representante del ideal de la Ilustración que logró unificar en su accionar desde la práctica científica y desde el discurso, la síntesis de lo que luego serán, a partir del siglo diecinueve, los dos pilares en que se asienta la modernidad occidental: la ciencia y la literatura. Así como la antigua filología, aquella que permitía descifrar los jeroglíficos precristianos, producía los procedimientos para poner en orden, mediante la ciencia naturalista, lo conocido hasta el momento, los científicos naturalistas, Humboldt en particular, aunque otros científicos americanos hicieron lo mismo10, recurre a la literatura para expresar lo oculto, aquello imposible de codificar mediante el lenguaje de la ciencia. En ese recorrido, elige la figura de Humboldt como paradigma de una tensión que se actualiza en el contexto de escritura de los años sesenta. En esa intersección, en ese espacio intermedio, no armónico, sino pleno de tensiones, parece consolidarse para Ramírez, la verdadera modernidad.

Notas

1 También Julio Ramos, en Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX (1989) aborda esta relación en las últimas décadas del siglo XIX, específicamente cuáles son las condiciones que llevan a la literatura a depender del periodismo, cómo limita éste su autonomía y cómo la producción periodística, en particular la crónica, constituye un lugar para precisar la heterogeneidad del sujeto literario (83-84).

2 "La filología, que como ciencia metodológica de las sagradas escrituras estaba estrechamente emparentada con la criptología, ciencia de los métodos de desciframiento de los jeroglíficos precristianos, producía los procedimientos mnemotécnicos y las instrucciones necesarias para poner en orden unas enciclopedias que habían crecido hasta lo monstruoso y hacerlas, literalmente, transitables como bibliotecas. Los grandes naturalistas y viajeros del siglo XVIII acometieron la tarea de conservar aquel caudal que la ciencia moderna consiguió abarcar gracias al desarrollo de criterios funcionales de ordenación. Pues si en el siglo XVII coleccionar y glorificar eran una misma cosa, en el siglo XVIII se impuso la estructura formal de la ordenación alfabética, con la que el conocimiento de las especies y los géneros -piénsese en el Systema naturae de Carl Linneo (1735)- invalidó y sustituyó el conocimiento de lo individual" (Scholz 2002 y 2003: 3).

3 En 1945 Claude Lévi-Strauss publica en Antropología estructural el artículo "El análisis estructural en Lingüística y en Antropología" considerado un hito en la historia de la relaciones de la lingüística con otras ciencias en el campo de las humanidades.

4 Cito por la edición de Sergio Ramírez, Cuentos (1994). Esta edición incluye los volúmenes: Cuentos (1963); 5 cuentos (1964); De tropeles y tropelías (1973); Charles Atlas también muere (1976); Clave de sol (1993).

5 La función de la literatura en el proceso social, preocupación presente en otros textos de Ramírez, fue uno de los temas en debates durante la década de 1960 entre los escritores y críticos latinoamericanos. Por ejemplo Noé Jitrik, en 1966, manifestaba: "lo revolucionario de un escritor consiste en la iluminación crítica que del mundo hace mediante la palabra y no en el sistema de declaraciones que inventa..." (citado por Gilman 2003: 109).

6 Pratt señala: "La solución de Humboldt, en sus Views, fue fusionar la especificidad de la ciencia con la estética de lo sublime" (1997: 216).

7 Este aspecto también es así considerado por Leonel Delgado Aburto (2005).

8 En este texto, Ramírez analiza el proceso cultural de Centroamérica; toma como ejes de referencia aquellas épocas en que un modelo de dependencia hace crisis y es sustituido por otro, acarreando con ello, alteraciones en la estructura interna de dominación. Su punto de partida consiste en la ruptura de la unidad de comportamiento cultural impuesta por la colonia española; ruptura que se produce en la segunda mitad del siglo XIX. En ese período, comienzan las exportaciones del café y en la división internacional del trabajo, ese es el papel asignado a Centroamérica. Luego evalúa la nueva ruptura del modelo cultural europeo impuesto hasta ese momento mediante la imposición de un modelo norteamericano de cultura. El texto fue publicado junto a otros ensayos posteriores del autor por la editorial Nueva Nicaragua, en 1985. Cito por esa edición.

9 Respecto de Rubén Darío, Ramírez expresa: "Nacido en una oscura región del mundo que al incorporarse al mercado mundial no sufrió alteraciones internas de importancia ni vio la aparición de una burguesía nacional, Darío vendría a formar el coro de ángeles de lo que Engels llama primeros violines y que pueden surgir en los pueblos más atrasados; pero su significación transformadora no podría explicarse sin un desplazamiento hacia Chile o Argentina" (1985: 56).

10 Eduardo Ladislao Holmberg, en Argentina, por ejemplo, para quien la política no podía codificarse mediante el lenguaje científico, sí mediante la literatura.

Referencias bibliográficas

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Fecha de recepción: 03-09-07
Fecha de aprobación: 24-10-07