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Anclajes

versión On-line ISSN 1851-4669

Anclajes vol.15 no.1 Santa Rosa ene./jun. 2011

 

ARTÍCULOS

Minorías sociales y heterogeneidad: José Martí y la inmigración europea

 

Ariela Schnirmajer

Universidad de Buenos Aires
arielas@gmail.com

 


Resumen: El artículo analiza las concepciones de José Martí en torno al fenómeno inmigratorio en los Estados Unidos a fines del siglo XIX, problemática central en el mundo occidental de la época. Se atiende a la particular visión martiana respecto de las minorías sociales y de la heterogeneidad en sus Escenas norteamericanas, y especialmente a aquellas centradas en el mundo del trabajo. Se focaliza en la última crónica publicada en La Nación de Buenos Aires, "El asesinato de los italianos", en la que se advierten las estrategias narrativas, descriptivas y argumentativas empleadas por el cronista para denunciar un hecho xenófobo. Asimismo, en el trabajo se indaga en la compleja integración de los trabajadores chinos a la sociedad norteamericana y en el caleidoscopio de imágenes que aporta el cronista en torno a este grupo inmigratorio, visión orientada a desanudar prejuicios sociales y culturales. Se leen las preocupaciones martianas en torno a las minorías en los Estados Unidos en consonancia con la heterogénea composición social del contexto cubano en el marco colonial finisecular.

Palabras clave: José Martí; Escenas Norteamericanas; Minorías sociales; Inmigración europea; Crónica.

Social Minorities and Heterogeneity: José Marti and the European Immigration

Abstract: The article analyzes Jose Marti's conceptions around the immigration phenomenon in the United States in the late 19th century, a central problem in the Western World at the time. It deals with Marti's particular vision of social minorities and heterogeneity in his North American Scenes, specially those scenes centered in the labor world. It focuses on the last chronicle published in La Nación Buenos Aires newspaper -The Italians' Murder-, in which it is possible to notice the narrative, descriptive and argumentative strategies used by the journalist to report a xenophobic event. Likewise, this piece of work examines the complex integration of Chinese workers into the North American society and the kaleidoscope of images that the writer provides of the migratory group; such a vision is oriented to untie social and cultural prejudices. Marti's concerns around minorities in the United States are read in accordance with the heterogeneous social composition of Cuban context in the colonial framework at the turn of the century.

Keywords: José Martí; Escenas Norteamericanas; Social minorities; European immigration; Chronicle.


 

Los inmigrantes en las Escenas norteamericanas

¿Quién dijera que los periódicos mismos norteamericanos, los más notables y típicos, están llenos de extranjeros?
Martí OC, t. 8: 384

Desde su exilio neoyorquino, José Martí (1880-1895) escribe crónicas para diversos diarios de América Latina, principalmente para La Nación de Buenos Aires (1882-1891), y publica sus entregas en La Opinión Nacional de Caracas (1881-1882) y en El Partido Liberal de México (1886-1892)1. Fueron ordenadas póstumamente bajo el título En los Estados Unidos. Escenas norteamericanas, y corresponden a los tomos 9, 10, 11 y 12 de sus Obras completas, edición empleada en este trabajo2.
Los inmigrantes pueblan las páginas de las Escenas norteamericanas. En el epígrafe que da comienzo a este artículo se valoran las innovaciones generadas por la heterogeneidad de procedencias en la prensa: "Lo que representa en el periódico americano color, movimiento, gracia, variedad y vida, está hecho por manos francesas, italianas, alemanas, inglesas: -o por una cohorte nueva y brillante de periodistas jóvenes [...] Y de la mezcla de los [...] espíritus [...] se está haciendo un periódico nuevo" (el énfasis nos pertenece) (Martí La América, t.8: 384). Recordemos la propia participación martiana en el periodismo norteamericano con sus crónicas para The Hour y The Sun y sus traducciones para la casa Appleton3.
Si la mixtura de aportes en el ámbito del periodismo ha redundado en una gran creatividad; en cambio, sus resultados en el mundo del trabajo urbano -la industria, el comercio o la construcción- despiertan incógnitas, para las que Martí ensaya respuestas provisorias. El cronista retrató la llegada masiva de italianos, irlandeses, chinos, alemanes, rusos y franceses a las costas norteamericanas. Guiado en buena medida por ciertos principios emersonianos sobre un hombre americano "adánico" opuesto al europeo, fatigado por el peso de los siglos, sus juicios van desde la advertencia de los problemas que supone la inmigración indiscriminada hasta la revisión de su conveniencia para los países americanos, dada la incompatibilidad de costumbres y rasgos culturales de la vieja Europa con la joven América. Así como la Europa arcaica podía venir en barcos, también podían arribar junto a ella ideas radicalizadas y violentas, amenazadoras para la concreción de la democracia de las nuevas repúblicas. De todos modos, mantuvo una mirada alerta frente a los odios raciales y a los acontecimientos xenófobos, implícita en "El asesinato de los italianos" así como en las crónicas referidas a los inmigrantes chinos (Martí OC, t.10: 301-10). Si bien atribuyó estas ideas generales a todos los grupos inmigratorios, en muchas oportunidades particularizó su visión respecto de las diferentes procedencias.
Su interés en los chinos obedece a la rareza y novedad que significa esta colectividad asiática, ajena al mundo americano. Es por ello su afición a narrar sus costumbres (incluye una boda y un funeral chinos), valorizar la laboriosidad y el modo de vivir austero de los chinos, al tiempo que se apiada de su sufrimiento cuando son víctimas del odio racial. Sin embargo ve que la persistencia en sus hábitos ancestrales dificulta su adaptación a la modernidad.
En las crónicas, los chinos ingresan con una impronta de exotismo -atractiva para el público-, que, en una segunda lectura el cronista revierte. La mirada martiana posee siempre una doble inflexión que, a la vez que considera los problemas para los Estados Unidos, ve su relación con la problemática cubana. En la compleja integración de los chinos lee las dificultades de la sociedad cubana con una composición poblacional heterogénea y está al tanto de la presencia de trabajadores chinos en condiciones de vida infrahumanas4:

A pesar del clamor hostil con que los inmigrantes europeos reciben a los chinos en California, a tal punto que es ya allí un grito de combate este grito: '¡Los chinos deben irse!', no cesan de ir inmigrantes de Oriente en todos los vapores que de China hacen el viaje a California, donde se les somete a toda clase de ridículas posturas y bochornosos exámenes, como único medio de hallar el opio que los inmigrantes astutos traen oculto entre sus anchos vestidos, o en la suela de sus gruesos zapatos, o en la cola de su larga cabellera. No hay vigilancia bastante para burlar la astucia de los chinos. Luego que han sido registrados, y que les han estrujado sus ropas, deshecho sus baúles, destrenzado sus cabellos y palpado su cuerpo, los marcan con una cruz de yeso, como hacen en las aduanas con los baúles, y son recibidos por una de las seis compañías de inmigración, que retiene al chino en su poder, y usa según contrato del producto de su trabajo, hasta que se resarce del dinero que ha gastado en su viaje, expresa Martí en1882. (OC, t.23: 180-181)

La imagen del inmigrante asiático se compone de fragmentos contradictorios: es víctima, lo cosifican, lo marcan, sufre múltiples atropellos, pero también es astuto, pues oculta opio, acción que en otra crónica ingresa con el calificativo de "chinos infectos" (Martí OC, t.9: 411). El fragmento está fechado en un año clave, 1882, cuando se impide la inmigración china a los Estados Unidos.
Martí advierte acerca de la persistencia de los asiáticos en sus costumbres ancestrales y su falta de adaptación a la modernidad, argumento esgrimido por el cronista para hacer frente al discurso xenófobo de la época y hacer efectiva la deseada integración, en la escritura de la crónica. De esta forma, en sus escritos distingue entre el chino ligado al tráfico del opio y el trabajador en la nueva sociedad: "Pero este pueblo, implacablemente sensato, estrujará de una puñada a esos gusanos que le andan en la entraña; y pondrá por su cabeza [...] a estos otros chinos avisados, aseados, ligeros, que toman, mientras barnizan cuellos y bruñen pecheras, lecciones de una maestra de leer" (Martí OC, t.9: 412). La integración no implica el olvido de las tradiciones, como puede verse en el relato de un casamiento chino. Pondera con admiración la ceremonia, el vestido de la novia, en un fragmento de verdadera prosa poemática:

Entra la novia. La asamblea se pone de pie en silencio. Sobre la seda roja, al pie del altar, se arrodilla, junto a Ynet, la linda flor de la China, una gola, una menudez, una avellana envuelta en sedas: seda la túnica encarnada, con listas de oro y florería, de seda azul: seda el manto de perlas, con grandes recamos de oro, y seda azul celeste las dos damas que aguardan de pie a los lados. (Martí OC, t.12: 64)

El vestido se transforma así en objeto de deseo y contrasta con la distancia y el desagrado que despierta el novio, Ynet Sing: "Ynet-Sing, el comerciante chino que se ha casado, sin dientes y sin espina dorsal, (con) una gentileza de dieciocho años que le ha venido de China" (Martí OC, t.12: 64).
El 29 de octubre de 1885 Martí publica una crónica referida al funeral del líder chino Li-In-Du, independentista que derrotó a Francia. En ella se advierten los conflictos que traía aparejado el colonialismo, un mundo próximo al de Martí. A través de la opinión general -se trata de una tercera persona impersonal- refracta su propia experiencia vital en la de Li-In-Du: "conmueven estos rebeldes que fundan [...] por todas partes hierve el mundo y padece el hombre, para asegurar la libertad" (Martí OC, t.12: 81). La crónica se aleja de la atemporalidad, al involucrarse en el difícil presente de los obreros chinos y la xenofobia: "lavar ropa y servir de comer [...] lo que por acá permiten a los chinos ocuparse. Porque si se ocupan en minas y ferrocarriles, como a fieras los persiguen, los echan de sus cabañas a balazos, y los queman vivos" (Martí OC, t.12: 77).
Más allá del intento por interiorizarse en la compleja y heterogénea cultura asiática, hay límites para la comprensión: "la música china, chillona y discorde, sin notas ni frases" (Martí OC, t.12: 82).

En relación con los inmigrantes irlandeses, ve en ellos la manipulación del voto a cambio de puestos públicos -muchos eran policías-, con consideraciones repetidas a lo largo de las Escenas norteamericanas:

Los de Irlanda no gustan de ir al campo, donde la riqueza es más fácil y pura [...] sino de quedarse en la ciudad, en cuartos infectos, o en chozas de madera [...] empleados en servicios ruines, o aspirando, cuando tienen más meollo, a que el pariente avecindado les saque un puesto de policía, si son mozos esbeltos, o de conserje o cosa tal (Martí OC, t.10: 111).

Por otra parte, y es importante, reconoce las fricciones entre los diversos grupos inmigratorios ("Irlandeses e italianos no se quieren bien: ni alemanes e irlandeses" Martí OC, t.10: 111) en una integración que se torna difícil.
Nos interesa tratar el asunto en "El asesinato de los italianos", crónica notable por la denuncia martiana de los prejuicios raciales que llevaron al linchamiento de habitantes italianos, si bien muchas de las consideraciones sobre este grupo las consigna Martí en el diario La América, del que llegó a ser su director en 1884. Se trata de un periódico neoyorquino que se hace eco de las necesidades de América Latina, pues contaba con anuncios de maquinaria exportable, y, de hecho, La Nación reproducía algunos de sus artículos.
La inmigración italiana interesa especialmente a Martí por su creciente presencia en la Argentina y se acerca a ella con sensibilidad de poeta más que de crítico social, mirada que no excluye la denuncia de xenofobia5.
En su manera de proceder, se nota el conocimiento que tenía Martí de la conformación del público porteño, en el cual seguramente se encontraban inmigrantes italianos. En este sentido, leemos sus consideraciones sobre sus aportes: "(...) ha(n) contribuido tanto a la mejora, embellecimiento y riqueza de Buenos Aires, llena hoy de actores, escritores, científicos e industriales italianos" (Martí OC, t.23: 224). Edmundo de Amicis y Giuseppe Carducci son tan conocidos y celebrados entre los argentinos, como el poderoso Olegario Andrade, y el elegante Guido Spano, en los círculos literarios de Italia" (Martí OC, t.23: 193). En La Opinión Nacional también insiste en las buenas relaciones entre la Argentina e Italia6.
En los Estados Unidos algunos italianos se dedicaron al trabajo en el campo, labor que el cronista valora por sobre los oficios en la ciudad. De acuerdo con esto, considera necesario estimular este grupo inmigratorio en la Argentina pues lo estima una raza afín, idea que se refleja al emplear el concepto de "raza" como equivalente al de nacionalidad. Reconoce que, cuando se quedan en las zonas urbanas, "se truecan [...] en tocadores de órgano, zapateros remendones, vendedores de frutas y limpiadores de botas, que son oficios que no ennoblecen grandemente a quien los ejerce, ni aprovechan a las tierras en que se practican" (Martí OC, t.23: 224).
Es oportuno, además, tener en cuenta la nota de Aníbal Latino en La Nación (Tipos y costumbres bonaerenses)para confrontar cómo concibe la inmigración uno de los redactores principales del diario, quien llegó a desempeñarse como jefe de redacción7. De todos modos, entendemos que la representación de los italianos en el periódico merece un desarrollo mayor que excede a esta sola referencia.
Sin dejar de considerar los antagonismos sociales generados en la sociedad norteamericana, para la misma época Aníbal Latino escribe: "en los argentinos, como en los extranjeros, [...] en las costumbres hay un nervio de honradez y de pureza digno de alabanza" (21). En "Un paseo por la ciudad" (Latino 9-36), recorre Buenos Aires mientras reflexiona sobre sus costumbres y su moralidad. Ve el afán de lucro, los vicios y el despilfarro en los ciudadanos locales mientras que los extranjeros traen valiosos hábitos de economía y de ahorro, separándose de la retícula que vincula a los extranjeros con la criminalidad.
Coincide con José Martí en la gravitación de los italianos en la Argentina: "constituyen la tercera parte de la población de Buenos Aires y explotan casi todo el comercio de menudeo, especialmente en el ramo de comestibles y bebidas" (Latino 28), aunque lamenta su falta de aspiraciones.
No obstante, con respecto a los modelos políticos argentinos, advertimos en la crítica de Aníbal Latino una fuerte impronta del tópico de época de lo latino y lo sajón. Desde su perspectiva, la Argentina debería dejar de mirar a los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, y volcarse al estudio de la historia de Francia y España, pueblos latinos. El pueblo argentino "no tiene semejanza alguna con el sajón, y por consiguiente necesita otras leyes, no puede vivir como aquel vive, ni está preparado a ser dirigido como lo es aquel" (Latino 284-5).

Ciudades: retazos ardientes, en una crónica de José Martí

la violencia es una escritura: es el trazo en su más profundo gesto. La escritura misma es violenta. Es justamente lo que hay de violencia en la escritura lo que la separa de la palabra, lo que revela en ella la fuerza de inscripción, la añadidura de un trazo irreversible.
Roland Barthes (193)

Las condiciones de vida social, política y económica de los inmigrantes europeos son preocupaciones centrales de José Martí en las Escenas norteamericanas. La presencia de una fuerte masa inmigratoria y las tensiones en su incorporación a la sociedad norteamericana tienen el tratamiento particular de un autor que comparte, en buena medida, la situación marginal de esos sujetos cuyo destino narra.
El desarraigo, la falta de pertenencia y la búsqueda de inclusión en la sociedad nacional y latinoamericana están muy presentes a lo largo de estas escenas, en las que se registra una progresiva intensificación del tema: "Algo falta, que refrene. En este pueblo de gente emigrada, falta el aire de la patria, que serena" (Martí OC, t.10: 226).
En "Las Grandes Huelgas en Estados Unidos", aparece el problema del desmedido aumento de la inmigración y la desocupación consecuente. Martí también señala los focos de violencia que genera la falta de una vivienda digna, el hambre y las condiciones de vida precaria. En estos casos, la justifica: "El siglo tiene las paredes carcomidas, como una marmita en que han hervido mucho los metales. Los trabajadores, martillo en mano, cuando no Winchester al hombro, han comenzado ya a palpar las hendiduras" (Martí OC, t.10: 411-16).
Comparte la idea de regular la inmigración y, a veces, algunos prejuicios de la época: "Importa mucho a los pueblos que se acrecen con la inmigración de Europa ver en qué ayuda y en qué daña la gente que inmigra, y de qué países va buena, y de cuál va mala" (Martí OC t.10: 451). Señala las dificultades y los prejuicios presentes en la incorporación del otro, del diferente. En "El asesinato de los italianos" se extrema en la xenofobia que culmina en la muerte8.
"Describir el suceso implica que ha sido objeto de escritura. ¿Cómo puede escribirse sobre un suceso?", se pregunta Barthes en "La escritura del suceso" (189). Como en toda descripción, esta es selectiva. Los párrafos, en la crónica tratada, se enlazan unos con otros, manteniendo una relación muy estrecha en su construcción verbal e ideológica. El cronista, desde el comienzo, pone de manifiesto su punto de vista, y, a partir de una muy firme toma de posición, organiza el texto. Encontramos puntos de concentración, tensión y aceleración en momentos precisos de alto dramatismo, que contrastan con párrafos de ritmo pausado. El sabio uso de algunos adjetivos y de sustantivos potencia la historia contada y confieren a la totalidad una significación corrosiva.
Las argumentaciones del narrador están fuertemente entrelazadas con el relato de los hechos. La matanza de los italianos se narra una y otra vez, y, en cada nuevo relato, analiza las causas y focaliza en escenas significativas para denunciar el odio racial. Asimismo, en las distintas modulaciones dramáticas en las que el texto refiere el homicidio, lo condena una y otra vez. Lo plantea como linchamiento, al ubicarlo en una dimensión en donde el placer se une a la sangre y la muerte, en la falta de respeto a la ley.
 El cronista basa sus juicios en el análisis de la sociedad de Nueva Orleans, a través del funcionamiento de la ley. Relacionados con ella, distingue tres grupos. El primero es el que está encargado de impartirla: el poder judicial, representado por el "jurado de norteamericanos". Abarca a magistrados, fiscales y defensores; el segundo sector es el de los políticos, aliado a las fuerzas del orden (la policía) y a grupos de poder económico; y el tercero, es el de las víctimas, los italianos.
El texto comienza por el final, por las consecuencias de la discriminación: el asesinato, una suerte de linchamiento, de italianos sospechosos del asesinato del jefe de policía Hennessy. Abogados y comerciantes, en connivencia con el poder económico, hacen justicia por sus propias manos, desoyendo al "jurado de norteamericanos", encargado de juzgar. Desde la primera línea, el cronista toma partido por el grupo minoritario y diferente, los italianos: "Y, desde hoy, nadie que sepa de piedad pondrá el pie en Nueva Orleans, sin horror". Define a los actores por rasgos físicos que condensan prejuicios raciales: "un grupo de homicidas", "de hombros fornidos y ojos azules", frente a "un italiano muerto", "de ojos negros" (Martí OC, t.12: 493).

Aparece un uso eficaz de los tiempos verbales: a la frase conclusiva y generalizadora "nadie que sepa de piedad pondrá el pie en Nueva Orleans, sin horror", le sucede el relato de la matanza, en presente. El cronista sumerge al lector en el crimen, como si recién se hubiera terminado de perpetrar: "Por acá y por allá [...] asoma y desaparece un grupo de homicidas, con el fusil al hombro. Por allí va otro grupo [...] con el revólver a la cadera". Los asesinos ocupan el primer plano. Concluye estas escenas en pretérito perfecto: "una hoja en la solapa, una hoja del árbol donde han ahorcado a un muerto, a un italiano muerto", que deja resonando el episodio (Martí OC, t.12: 493). Y enseguida el relato adquiere un movimiento vertiginoso. Martí cuenta, en una oración de quince renglones -una marca fuerte de su estilo-, sin darle resuello al lector, la connivencia entre el poder político y el poder judicial:           

Y pocas horas después de que el jurado de norteamericanos los absolvió, la junta de notables nombrada por el alcalde para ayudar al castigo del asesinato, la junta capitaneada por el cabecilla de un de los bandos políticos de la ciudad, convoca al motín a los ciudadanos, por llamamiento impreso y público, con un día de aviso, -los reúne y preside al pie de la estatua de Henry Clay, -ataca la cárcel de la parroquia, sin que le salga al paso la policía, salvo por nimia apariencia, ni la milicia, ni el alcalde, ni el gobernador, -derriba las puertas dóciles de la prisión, -se derrama, vitoreando, en los corredores, por donde huyen los italianos perseguidos, -machaca a culatazos la cabeza del caudillo político de los italianos, del banquero cónsul, cónsul de Bolivia, acusado de cómplice en una banda de asesinos, en una banda secreta de la Mafia, -y a tres, absueltos como el banquero, y a siete más, los asesina contra la pared, por los rincones, sobre el suelo, a quemarropa (Martí OC, t.12: 493) (el énfasis nos pertenece).           

Los verbos "ataca", "derriba", "machaca", "asesina", intensifican la rapidez, la violencia. Las puertas dóciles sintetizan la complicidad silenciosa entre poderes para perpetrar el motín. Esta noticia impregna a toda la comunidad de Nueva Orleans: "Al volver de la faena, los ciudadanos vitorean al abogado que presidió la matanza, y lo pasean en andas". "Faena" cobra dos sentidos: significa trabajo, pero también, en su uso coloquial, la matanza de un animal (Martí OC, t.12: 493).
El abogado, como un horrendo torero, luego de la matanza, es vitoreado y llevado en andas por los "ciudadanos". Martí destaca el modo en el cual el lector se enfrenta a la fiesta, donde el asesinato es espectáculo. Frente a tanta violencia y aceleración de la acción, el texto detiene de manera abrupta el ritmo mediante una sucesión de preguntas retóricas, donde despliega escenas pueblerinas, casi eglógicas, cuyas pequeñas fábulas muestran una sociedad que aparentemente ha aceptado la heterogeneidad: "¿Y ésas son las calles de casas floridas, con las enredaderas de ipomeas [...] y las mulatas de turbante y delantal sacando la cesta india de colorines al balcón calado, y la novia criolla?" (Martí OC, t.12: 494).
De inmediato, frente a esta sociedad ideal, se vuelve a relatar la matanza, deteniendo esta vez la atención en el italiano muerto; Bagnetto, y se insiste en la "fiesta": "un policía echa al aire su sombrero: de los balcones y las azoteas miran la escena con anteojos de teatro" (Martí OC, t.12: 494). También acentúa la brutalidad de la escena, al animalizar a los asesinos: "izan sobre una rama a Bagnetto, el italiano muerto; le picotean a balazos la cara" (Martí OC, t.12: 494).

Podemos apreciar, mediante su análisis, cómo se desmontan en la crónica los discursos del poder, la doxa y los prejuicios raciales y culturales: "Los italianos riñen entre sí, como los bandos de Kansas, que en medio siglo no ha podido poner en paz ningún gobernador" (Martí OC, t.12: 495). Martí deja en evidencia la arbitrariedad de este juicio y se opone a las concepciones deterministas que promovieron la discriminación, a fines de siglo. Se desprende de la cita que los italianos comparten este comportamiento -la riña- con el resto de la humanidad. La dirigencia política se vale de viejos prejuicios para incitar a la multitud al asesinato. Asimismo, pone de manifiesto el trasfondo político del episodio: el progresivo poder que la comunidad italiana fue adquiriendo por medio del voto es una de las causas reales de la masacre.
Martí reconoce el posible enardecimiento colectivo, aunque descubre el móvil político que hay detrás del fenómeno, de esta manera se distancia de las visiones de la época que le adjudicaban a las masas una irracionalidad inmanente. Se detiene en el relato de la instigación y desmitifica la identificación de los italianos con la Mafia: "Y el policía apuró la persecución, hasta conseguir un denunciante italiano, que amaneció cadáver, y proclamar que sabía ya cuanto había que saber de una sociedad de asesinos [...] y que tenía a mano 'la prueba plena de la Mafia espantosa, de sus sentencias de muerte, de sus millares de sicarios'" (Martí OC, t.12: 495).
El narrador funda su posición en citas provenientes de diversas fuentes, como en este caso que, mediante las comillas, establece distancia respecto de la instancia enunciativa con la cual no se identifica. Demuestra fidelidad en la transcripción de la fuente, mas se separa ideológicamente de ella. Repite el relato del motín, pero en esta oportunidad focaliza la atención en el llamamiento y el poder de los políticos para avivar a las masas: "Cundió el convite impreso" (el énfasis nos pertenece) (Martí OC, t.12: 497). Este término tiene dos sentidos: en la primera acepción alude a un banquete o comida a la que uno es invitado, y, en otra, en tanto "mojiganga que recorre las calles anunciando la fiesta", el vocablo mojiganga se refiere a una fiesta pública y popular con disfraces ridículos. Ambos significados conjugan la idea de situación gozosa, placentera, y enfatizan en el texto la connotación del motín como fiesta, espectáculo, goce. Esta idea es reforzada en el desenlace de la crónica, al relacionarse de nuevo la matanza con el espectáculo: "Mientras ingresan a la cárcel, la multitud aguarda en la plaza: que nos lo traigan! Que nos los maten aquí afuera! Y estaba llena la plaza, las calles todas de los alrededores [...] Había mujeres y niños". "De las azoteas y balcones miraba la gente, con anteojos de teatro". El texto culmina con la imagen del comienzo: dejan a Bagnetto, "colgando de una rama del árbol" (Martí OC, t.12: 499).
Si retomamos la pregunta que formulamos con anterioridad, y que fue señalada por Roland Barthes: ¿Cómo puede escribirse sobre un suceso?, en este caso, le respondimos con la descripción de los distintos procedimientos utilizados por el cronista para desmontar los prejuicios que circulaban en la época.
En enero de 1888, más de tres años antes de que apareciera la crónica de los inmigrantes italianos, se publica en La Nación otra crónica de Martí, titulada "Un drama terrible". En ella, ya se enunciaba la desilusión de los inmigrantes al ver la repetición, en Norteamérica, de los conflictos vividos en Europa. Jeffreys-Jones (225) registra el clima de fricciones entre los nativos y los inmigrantes:

la reacción del obrero americano frente a la tensión social fue racista e imperialista. Su racismo radicaba menos en la insistencia de los intelectuales contemporáneos en las virtudes "anglosajonas" que en su búsqueda de una víctima propiciatoria. Prácticamente ninguno de los grupos étnicos identificables escapó a la persecución.

Martí es consciente de lo que sucede, pero de todas maneras combate con energía la intolerancia, para lo que propone la igualdad del hombre en las distintas experiencias sociales y culturales. Esta crónica es una prueba de ello.

Notas

1 Según Ibrahim Hidalgo Paz, se conocen colaboraciones de Martí en El Partido Liberal hasta 1892 recopiladas por Ernesto Mejía Sánchez.

2 José Martí, "En los Estados Unidos. Escenas norteamericanas" Obras completas, 27 tomos, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1975. Conforman los volúmenes de Escenas norteamericanas la mayoría de las crónicas publicadas en los diarios La Nación de Buenos Aires, La Opinión Nacional de Caracas, El Partido Liberal de México, La Opinión Pública de Montevideo y La Pluma de Bogotá. Ladenominación Escenas norteamericanas fue propuesta por Martí en una última carta dirigida a su albacea literario Gonzalo de Quesada y Aróstegui, el 1º de abril de 1895, y luego conocida como "Testamento literario" (Martí OC, t.9: 25-28).

3 Entre 1882 y 1886, Martí tradujo al español Antigüedades griegas, de J. F. Mahaffy; Antigüedades romanas, de A. S. Wilkins; Nociones de lógica de W. Stanley Jevons; y Misterio, de Hugo Conway. Tradujo estas obras para Appleton.

4 Sobre los inmigrantes chinos en Cuba, que trabajaban en las plantaciones de azúcar, en condición de servidumbre y explotación extremas, véase Moreno Fraginals (118-144).

5 "Tienen de árabe y bohemio, y parece que acaban de salir del seno de la naturaleza. Se encienden súbitamente, al amor o a la cólera, como un montón de paja: y su fuego se extingue con igual presteza. Dados de naturaleza a lo irreal y maravilloso, y a lo vasto y libre, prefieren los ejercicios ambulantes y de ruin producto que les aseguran el ejercicio de sí, que otros oficios mayores que les rindan beneficios que acaso no ansían, por tener ellos a suficiente fortuna la libertad de sus actos y pensamientos, y el señorío de una mujer. Pero estas romancescas cualidades que a los ojos un pensador clemente son su excusa, a los ojos de un economista, o fundador de Estado, son su culpa" (Martí, t. 8: 377). Esta crónica transforma a los inmigrantes italianos en "poéticos trabajadores".

6 El cronista resalta la colaboración de Buenos Aires con los expedicionarios italianos a la Antártida.

7 José Ceppi, de origen italiano, emplea el seudónimo de "Aníbal Latino" (1853-1939). Ingresó en La Nación tras un paso por varios diarios y se desempeñó como redactor, secretario, vicedirector y director suplente (9/8/1884 - 26/12/1888, 8/1/1889 hasta 1893). Publicó sus crónicas diarias en libros, entre los que se destacan: Tipos y costumbres bonaerenses (1885), Cuadros sudamericanos (1886), Gentes y países de Italia (1902), entre otros.

8 Publicada en La Nación de Buenos Aires el 20 de mayo de 1891.
El análisis de Julio Ramosde la última crónica de Martí en La Nación (1891), "El asesinato de los italianos" -"Armed-mobs shoot down mafia´s tools"- como reescritura de un reportaje en el New York Herald el 15 de marzo de 1891- , permite descubrir en el discurso informativo de la crónica la riqueza de la literatura. Gracias al aporte de Mary´s W. George, coordinadora de la biblioteca de Princeton University, pudimos tomar contacto con ese material.
Otro material útil, menos conocido en torno a la "sobreescritura" de sus crónicas  y que tiene como sustrato los periódicos norteamericanos, es el de Kessel Schwartz sobre el asesinato del presidente James Garfield ("José Martí" 335-342; "A Source" 133-153).

Obras citadas

1. BARTHES, Roland. "La escritura del suceso". El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura. Buenos Aires: Paidós, 1984. 189-195.         [ Links ]

2. HIDALGO PAZ, Ibrahim. José Martí. Cronología 1853-1895. La Habana: Centro de  Estudios Martianos, 1992.         [ Links ]

3. JEFFREYS-JONES, Rhodri. "Las consecuencias sociales de la industrialización. El imperialismo y la Primera Guerra Mundial, 1890-1920". En Los Estados Unidos de América, Historia Universal Siglo XXI, Vol. 30. Willi Paul Adams, comp. Madrid: Siglo XXI, 1974. 215-256.         [ Links ]

4. LATINO, Aníbal. Tipos y costumbres bonaerenses. Buenos Aires: Hyspamérica, 1985.         [ Links ]

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6. MORENO FRAGINALS, Manuel. "Migraciones asiáticas a Cuba: 1849-1959". La historia como arma, y otros estudios sobre esclavos, ingenios y plantaciones. Barcelona: Crítica, 1999. 118-44.         [ Links ]

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Fecha de recepción: 11/02/2009
Fecha de aceptación: 06/04/2010