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Anclajes

versión On-line ISSN 1851-4669

Anclajes vol.15 no.2 Santa Rosa jul./nov. 2011

 

RESEÑAS

Mapa de una pasión caribeña. Lecturas sobre Edgardo Rodríguez Juliá
Carolina Sancholuz
Buenos Aires: Dunken, 2010, 363 páginas.

 

¿Cómo se indaga "una pasión caribeña" en sus complejas y variadas inflexiones históricas, sociales y culturales? ¿Desde qué coordenadas interpretativas es posible delimitar una cartografía sobre la literatura anclada en el Caribe a la vez que proyectada específicamente hacia el espesor de la identidad puertorriqueña a partir del recorrido de las obras del escritor insular Edgardo Rodríguez Juliá? Mapa de una pasión caribeña. Lecturas sobre Edgardo Rodríguez Juliá de la Doctora en Letras, docente e investigadora Carolina Sancholuz, despliega un profundo y pormenorizado análisis crítico sobre las diversas manifestaciones culturales y literarias del Caribe, en particular de Puerto Rico, desde una perspectiva abarcadora, relacional y diacrónica. Este mapeo, dinámico en su enfoque, precisamente asume el dinamismo que caracteriza a su objeto de indagación: el texto dividido en tres secciones convoca al lector a atravesar un itinerario modulado por un triple movimiento.
Como punto de partida, en  la primera parte la autora nos introduce en la revisión y análisis general sobre la configuración literaria caribeña atendiendo a su contexto cultural e histórico a partir de la consideración de tres perspectivas: Les discours antillais (1981) de Édouard Glissant, La isla que se repite. El Caribe y la perspectiva posmoderna (1989) de Antonio Benítez Rojo y El archipiélago de fronteras externas (2002) de Ana Pizarro. En la línea de estas lecturas críticas puestas en diálogo, Sancholuz articula y enfatiza ejes comunes que caracterizan al área caribeña pensando también el lugar que ocupa Puerto Rico en ella. Ámbito caracterizado por complejas y heterogéneas construcciones de identidades al estar sesgado por aspectos como la ineludible historia de colonialismo y esclavitud, economía de plantación, cruces étnicos, sincretismos religiosos, plurilingüismos, diásporas y migraciones, entre otros. Asimismo, desde el examen de la historia colonial del país, se aborda y transita el problema constante de la conformación de la identidad nacional puertorriqueña tal como se construye en los principales ensayos de distintos autores del siglo XX y XXI (Antonio Pedreira, René Marqués, José Luis González y Arcadio Díaz Quiñones). En especial, la autora exhibe qué continuidades, alcances y replanteos en torno a las metáforas privilegiadas de la insularidad y de la nación como gran familia pueden observarse en las producciones de estos intelectuales y el modo en que responden simbólicamente a determinadas coyunturas históricas y políticas de la isla.
En la segunda parte, Sancholuz se centra en el análisis de las obras, que abarcan distintas modalidades de género (crónicas, ensayos y novelas), de Edgardo Rodríguez Juliá. Este segundo y detallado movimiento nos sumerge en la manera en que el escritor puertorriqueño configura en sus textos las "ficciones de puertorriqueñidad" (132) en términos problematizadores de la concepción de la nación homogénea forjada por gran parte de la tradición literaria anterior en la isla. Carolina Sancholuz examina las posibilidades pero también los límites de esta concepción a partir del análisis de tópicos recurrentes presentes en las obras del autor. Entre ellos, cabe mencionar la mirada como elemento no sólo axiomático sino además permanente que permite al escritor entramar la voz autorial y aprehender las manifestaciones culturales populares de la sociedad puertorriqueña (en especial los sectores negros, mulatos y proletarios). Procedimientos narrativos, además, enmarcados por un peculiar hibridismo textual en sus crónicas de actualidad. Crónicas donde también se exploran temáticamente diferentes manifestaciones de violencia (rebeliones nacionalistas, represiones, la pérdida y el desarraigo, desplazamientos, la fugacidad del tiempo, entre otros temas) que proponen un modo alternativo de pensar lo nacional insular a partir de la conjunción entre memoria personal del autor y memoria colectiva. Ambas memorias se encuentran transidas de tensiones y contradicciones en cuyos intersticios el pasado remite al presente y viceversa. Movimiento pendular analizado como una interrogación irresuelta sobre la condición puertorriqueña. Así, la autora trabaja las formas que adopta la identidad nacional de Puerto Rico en la narrativa de Rodríguez Juliá también en un corpus de novelas que recrean el marco histórico del siglo XVIII en la isla: La renuncia del héroe Baltasar (1974),  La noche oscura del Niño Avilés (1984), El camino de Yyaloide (1994)y el ensayo Campeche o los diablejos de la melancolía (1986). En especial se indaga la manera en que el escritor puertorriqueño propone el siglo XVIII como un posible origen fundacional de la nación no exento de conflictos sociales y étnicos. En el desarrollo ficcional y ensayístico de estas tensiones adquieren un particular peso los aportes históricos de los sectores afropuertorriqueños en la conformación cultural e histórica del país. El tópico de artificio barroco, la impostura, lo apócrifo, los anacronismos, la mirada, la proliferación y desmesura, el múltiple registro de voces enunciadoras, la coexistencia de espacios utópicos y sus lugares reversos son algunos de los ejes analizados de modo riguroso por la autora. Núcleos desde donde siempre emerge la pregunta sobre las características de Puerto Rico como nación marcada por la imposibilidad de una utópica reconciliación de grupos sociales y étnicos antagónicos "donde cualquier atisbo de heterogeneidad integradora se malogra mediante la represión sangrienta y la violencia" (346).
La tercera parte del ensayo se presenta como un breve cierre conclusivo que, recursivamente en su movimiento, vuelve al punto de partida: la relación entre Caribe y Puerto Rico. Sancholuz aborda la cuestión del lugar y la figuración del Caribe a partir del análisis de las crónicas y ensayos incluidos en el texto Caribeños (2002) de Rodríguez Juliá. Allí, la autora indaga y sostiene que la materialidad de lo caribeño, lejos de instituirse como espacio armónico, subraya en cambio sus desajustes y tensiones dinámicas. Se trata de un "Caribe múltiple y desgarrado" (362) con sus alteridades, su compartida historia de colonización y esclavitud, su compleja red de utopías y heterotopías, sus problemas sociales y étnicos, su diversidad lingüística y cultural.
Mapa de una pasión caribeña. Lecturas sobre Edgardo Rodríguez Juliá de Carolina Sancholuz constituye así un valioso aporte a los estudios latinoamericanos y caribeños al analizar con profundidad y método la producción literaria de un importante escritor puertorriqueño contemporáneo. Desde su análisis crítico y coincidiendo con el escritor, la autora también esclarece aquella pregunta recurrente que Rodríguez Juliá plasma simbólicamente en sus obras: cobra contornos nítidos que la latitud Caribe traza "un mapa en movimiento" (357) donde late de modo permanente "una pasión caribeña": la sostenida interrogación sobre la identidad puertorriqueña.

Julieta Novau
Universidad Nacional de La Plata