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Estudios de filosofía práctica e historia de las ideas

versión On-line ISSN 1851-9490

Estud. filos. práct. hist. ideas  n.9 Mendoza ene./dic. 2007

 

La proliferación de discursos en los estudios de género1

The proliferation of discourses in gender studies

Susanna Rance*
CIDES-UMSA
Centro de Postgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés

Resumen
Como docente de Estudios de Género, la autora observó un desfase entre el florecimiento de diversidades sexuales y genéricas, y la persistencia en cursos académicos de esquemas binarios y biologistas. Utilizó el mapeo gráfico para contrastar diferentes enfoques incluyendo las masculinidades, sociología del sexo/género y estudios del Internet. La proliferación de discursos propugnada por Foucault y Butler tiene la potencialidad para subvertir la hegemonía de cualquier corriente -como la historiación feminista o Mujeres en el Desarrollo- como puerta de entrada obligatoria para la materia. Desde un enfoque postmoderno, el método permite abrir el paso desde los Estudios de la Mujer hacia nuevos temas y sujet@s en los Estudios de Género.

Palabras clave: Estudios de Género; Teorías de Género; Discurso; Postmodernismo.

Abstract
As teacher of Gender Studies, the author observed a gap between the flourishing of sexual and gender diversity, and the persistence in academic courses of binary, biologically-based models. She graphically mapped different approaches including masculinities, the sociology of sex/gender, and Internet studies. The proliferation of discourses proposed by Foucault and Butler has the potential to subvert the hegemony claimed by any current -such as the history of feminism or Women in Development- as obligatory entry-point to this area of study. From a postmodern perspective, the method opens up the field from Women's Studies to new themes and subjects of Gender Studies.

Key words: Gender Studies; Gender Theories; Discourse; Postmodernism.

En caso de ser cierto, como piensan muchos, que los estudios feministas han propuesto nuevas formas de pensar la cultura, el lenguaje, la moralidad o el conocimiento mismo, sería oportuno y necesario intentar una comprensión más precisa del marco epistemológico y de los fundamentos críticos de los estudios feministas. Pero si por el contrario, como sostienen algunos críticos del feminismo, es cierto que la teoría feminista ha llegado a un impase, particularmente en lo que se refiere al problema del esencialismo (la idea de una feminidad innata, de una naturaleza esencial de la mujer, definida ya desde el punto de vista biológico, ya desde el filosófico) o si más aún, es cierto que el pensamiento feminista se encuentra estancado en el debate entre culturalismo y biologicismo, entonces resulta de vital importancia que echemos un vistazo a la habitación y nos preguntemos si existen acaso nuevas caras, alguna perspectiva diferente, cualquier alternativa posible para abrirnos paso a través de la teoría. (Teresa de Lauretis 1991[1986]: 166, el destacado es mío).

En el año 2001 recibí la invitación del CIDES-UMSA2  para dar un módulo sobre Teorías de Género en una serie de cursos de formación en diferentes universidades estatales de Bolivia.

De pronto tuve que poner nombres y apellidos al malestar que sentía ante la temática. Recogí la propuesta lanzada por Teresa de Lauretis hace dos décadas3 y eché un vistazo a la habitación. ¿Nuevas caras? ¿Alguna perspectiva diferente? ¿Abrirnos paso a través de la teoría? Recordé otros dos textos que usaron metáforas de encierre y ruptura para plantear la insuficiencia de las categorías teóricas de su época: la "filtración por los bordes" de la estratificación de género4 nombrada por Harriet Whitehead (1981:111) y "Diferencia sexual ¿una jaula demasiado estrecha o un atajo demasiado fácil?" de Chiara Saraceno (1990)5. A inicios del tercer milenio, ¿qué problema veía en los cánones de los postgrados desde un enfoque postmodernista? ¿Cómo, en un módulo introductorio de 10 horas, dar cuenta de la pluralidad de voces y entradas posibles a los estudios de género? En este trabajo discutiré mi aplicación de una estrategia de proliferación de discursos para responder a estas preguntas y desafíos.

Ruptura con los códigos binarios

El problema, tal como lo definí en ese momento, tenía que ver con el desfase que observaba entre el florecimiento de diversidades sexuales y genéricas en Bolivia e internacionalmente, y la persistencia en los talleres y cursos feministas de una teorización que ataba el género a dos tipos de cuerpo biológico. Reproduzco como ejemplo (Figura 1) una lámina de un módulo de capacitación sobre Género y Feminismo (Machicao et al. 2001: 1-3).


Figura 1 - Mujeres al Timón en Bolivia (Machicao et al. 2001) Módulo I: Género y Feminismo, Lámina 3

En el mismo año, ya se declaraba en Bolivia la invención genérica al estilo de Judith Butler (2001 [1999]). Belén Leandrez Moreno de la Unión de Travestis de Santa Cruz de la Sierra habló en un taller de su autocreación en una situación que la llevaba a transitar entre dos maneras de ser en diferentes espacios y momentos:

No sé lo que soy. Soy una persona creada. Vivo oprimida en mi casa (me mantienen). Cuando estoy de mujer, soy yo. Esa es mi identidad. No quiero ser una mariquita quebrada. Para eso... ¡vístese de mujer! Todo el mundo aprende a ser de dos maneras diferentes.

Butler (2001 [1999]:33) cuestiona la noción de las "mujeres" como sujeto esencial del feminismo. Si se desliga el género socialmente construido de un sexo fijo, la categoría "mujeres" se expande más allá de los subconjuntos de "biomujeres" (mujeres biológicas) o "mujeres legales" (poseedoras de documentos de identidad femeninos)6 para abarcar a las transexuales, transgéneros, travestis, mujeres genéricas7 y otras mujeres voluntarias. ¿Quiénes son las mujeres reales, quiénes representan mejor el prototipo femenino? Responde Diane Elam (1994:50)8: "[P]odríamos decir que los cuerpos generizados son como actores/as en una obra de teatro sin guión, tratando desesperadamente de imitar una vida que nadie jamás haya llevado". Siguiendo la metáfora teatral, cuando se me pidió escribir un artículo para un suplemento feminista sobre "salud de las mujeres", respondí con otro titulado "Jugando a ser... mujer en el tercer milenio" (Rance 1999).

En el taller "¿Mujeres o Trans? La Inserción de las Transexuales en el Movimiento Feminista"9, Kim Pérez F.-Figares (2000)10 declaró que las transexuales han tenido que "romper radicalmente con el código de género". Sus genéros reconstruidos, dijo, pueden parecer tan borrosos "como una isla en la niebla... pero hay tal isla". Pérez sostuvo, además, que los géneros dinámicos no corresponden sólo a personas que deliberadamente interpelan la norma binaria: "¡Toda persona es un poco trans!".

Al encontrarme en La Paz en el año 2000 con las drag queens de la Familia Galón11, vi plasmadas en carne, esponjas, tacos y pelucas las teorías performativas de Judith Butler. La deconstrucción en vivo del género "natur al" provocó una pregunta: más allá de Freud ("¿Qué quiere una mujer?") y de Simone de Beauvoir ("¿Qué es una mujer?"): "¿Quiénes quieren ser mujeres?".

La autobiografía intelectual como punto de partida

En 2001, las "nuevas caras" buscadas por Teresa de Lauretis apenas se asomaban por las puertas de los postgrados bolivianos. Los cursos y talleres de género -en su gran mayoría por, para, sobre y entre biomujeres- eran espacios automarginados de las diversidades proclamadas y reconocidas en los medios de comunicación nacionales e internacionales. Viví una tensión creciente entre mis afinidades activistas y el entorno académico. ¿Qué podía significar "abrirnos paso" si el "nos" de las biomujeres ya no era mi nosotr@s? ¿Abrir paso adónde y con quiénes, si la disidencia postfeminista llevaba olor a traición en lo que seguían siendo, en los hechos, estudios "de la mujer"? La caja negra del feminismo -la existencia de dos sexos biológicos con rasgos inmutables y tendencias universales- fue trasladada como un bagaje obligatorio que tapaba la puerta de los estudios de género.

Al visualizar un módulo renovado de Teorías de Género me resistí, sobre todo, a reproducir la referencia persistente a hechos históricos nefastos de opresión a las mujeres, construidas ellas de modo esencialista como portadoras natas de privilegio epistémico y víctimas inocentes del maltrato a manos de otros igualmente homogeneizados. Criticando la "misandría" de una serie de autoras, Raquel Osborne (1993:105) concluye: "Un mecanismo común a todas ellas es el de contar la historia como una sucesión de horrores perpetrados contra las mujeres, omitiendo todo otro dato que no coincida con esta versión de los hechos".

Ante el dilema de replantear la docencia de teorías de género, recordé un relato de Luisa Muraro (1994) en un capítulo titulado "La dificultad de comenzar". Cuando ella estudiaba lingüística, encontró que una exploración filosófica trazada desde el principio de la disciplina no daba frutos para su búsqueda de comprensión. Un profesor le comentó:

Debería comenzar por los trabajos más recientes, luego ya descubrirá los inicios, si llega a verlos". Yo sólo me había dedicado a estudiar a Saussure con la idea de que, remontándome a los orígenes, comprendería el resto. Más aún: sabría el resto. Al escuchar aquellas palabras, que contradecían una convicción que tenía como obvia, y demostraban su absoluta no obviedad, quedé desconcertada. Pero más me desconcertó advertir, como un relámpago, su extremo acierto, que en aquel momento apenas alcancé a intuir y que mi consejero sin duda estaba lejos de suponer. En negativo, mi percepción tenía, más o menos, la siguiente forma: comienzo desde el principio porque no sé comenzar desde donde estoy y esto porque no estoy en ninguna parte. (Muraro 1994:8, el destacado es mío.)

Me enfrenté, entonces, a la necesidad de situarme. ¿Dónde estaba yo en cuanto a las teorías de género? La propuesta recogida por Muraro, de autoubicarse y comenzar por los trabajos más recientes, era coherente con la "autobiografía intelectual" propugnada por Liz Stanley y Sue Wise (1993:189) como demostración transparente del proceso de construcción del conocimiento. Este "proyecto epistemológico radical" (Stanley 1996: 47) proporciona

un enfoque que se ocupa de hacer explícitos los procesos a través de los cuales se llega a la comprensión y a las conclusiones. Tal enfoque rechaza el mito clave fundacionalista de la observadora/investigadora desinteresada; en cambio postula un sujeto que experimenta y comprende al centro de la vida intelectual e investigativa, un sujeto cuyos procesos de razonamiento ontológicamente basados proporcionan los fundamentos para las afirmaciones del conocimiento y por lo tanto, para todo empeño epistemológico12.

Mi exploración autobiográfica fue alentada por la indicación del CIDES-UMSA de que cada docente priorizara su propio perspectiva con plena libertad de cátedra. Ya que en diez horas no podría exponer las teorías de género con amplitud, me daría licencia para graficar algunos enfoques que me habían influido en el tiempo. El método del mapeo constituiría un aporte teórico y metodológico para estimular la búsqueda de cada estudiante.

El mapeo de enfoques de género

Elaboré mi mapa teórico (Figura 2) como un círculo que graficaba las relaciones de cercanía y lejanía entre siete corrientes, autoras/es y textos que habían sido influyentes en mi abordaje del género. Hubo una cierta secuencia temporal en mi apropiación de las fuentes -yendo en el sentido de las manecillas del reloj desde Margaret Mead hasta Sherry Turkle- pero el mapa también tenía un sentido sincrónico porque todos los enfoques señalados seguían contribuyendo a mi comprensión de la temática.


Figura 2 - Mapa de enfoques de género, S. Rance, 2001

Utilicé los textos aludidos -cada uno cristalizado en un extracto de dos o tres párrafos que repartí para el trabajo grupal en aula- para ejemplificar diversos discursos sobre el género. El mapa representaba las relaciones y diferencias entre ellos. Sobre esta base presenté un esquema (Figura 3) contrastando el tipo de pregunta teórica planteada por cada autor/a, texto y enfoque.


Figura 3 - Tendencias y momentos en los estudios de género: preguntas planteadas

La proliferación discursiva como estrategia de subversión

Al armar el mapa, se me ocurrió que el gráfico resultante constituía una aplicación de la proliferación de discursos nombrada como táctica epistémica por Paul Feyerabend (2002 [1975]: 26), Michel Foucault (1993) y Judith Butler (1996, 2001 [1999]). En su Teoría Anarquista del Conocimiento, Feyerabend (2002 [1975]:25-26) defiende un "principio de proliferación" como parte del empirismo crítico. Justifica la proliferación en nombre de una perspectiva humanitaria y una metodología pluralista en la docencia, capaz de fomentar la libertad de creación artística para "descubrir y quizás incluso cambiar las propiedades del mundo en que vivimos". Como bases de su método, Feyerabend (Ibid.:27-39) cita el principio de John Stuart Mill (1963:249) -"La unidad de opinión no es deseable, salvo que resulte de la más libre y completa comparación de opiniones opuestas, y la diversidad no es un mal, sino un bien"- y la propuesta de Hegel (Wissenschaft der Logik II:211 y II:53) de visibilizar las contradicciones internas, movimientos y relaciones entre diferentes conceptos.

Butler (1996:319) explica así la operación subversiva de la proliferación leída por ella en la obra de Foucault:

La categoría de sexo pertenece a un modelo jurídico de poder que supone una oposición binaria entre los "sexos". La subversión de los opuestos binarios para Foucault no es resultado de su trascendencia, sino de su proliferación hasta un punto en que las oposiciones binarias dejen de tener sentido en un contexto en el que las diferencias múltiples, no restringidas a las diferencias binarias, abunden. Como estrategias para hacer difuso el antiguo juego de poder de opresor y oprimido Foucault parece sugerir la "proliferación" y la "asimilación". Su táctica, si se le puede llamar así, no es trascender las relaciones de poder, sino multiplicar sus diversas configuraciones de tal modo que el modelo jurídico de poder como opresión y regulación deje de ser hegemónico. Cuando los opresores mismos son oprimidos, y el oprimido desarrolla formas de poder alternativas, nos hallamos en presencia de una relación posmoderna de poder. Para Foucault esta interacción tiene como resultado valencias de poder nuevas y más complicadas, y el poder de la oposición binaria se hace difuso con la fuerza de la ambigüedad interna.

Butler (2001 [1999]:67) aplica este método a la problematización del género (Gender Trouble) "mediante la movilización, la subversión confusa y la proliferación precisamente de aquellas categorías constitutivas que intentan mantener el género en su lugar al aparecer como las ilusiones que fundan la identidad". Siguiendo esta corriente, me parecía que la "identidad" supuestamente unitaria de los estudios de género podía pluralizarse por efecto de la proliferación hasta disolverse en una ilusión. "El género" ya no contaría con un lugar y discurso legítimo sino con una multiplicidad de categorías constitutivas, ninguna de las cuales podría ostentar una representación de conjunto. No quedaría una historiación única (feminista) de las teorías de género sino un espacio abierto para la recreación e interrelacionamiento de enfoques diversos.

Propósitos y efectos del mapeo

Al presentar el esquema de siete miradas teóricas, tuve la intención de subvertir el vínculo acostumbrado entre los estudios de género, la ideología feminista como punto obligatorio de entrada y las biomujeres como sujetos y objetos ineludibles del análisis. Quise abrir espacios lúdicos de exploración del sexo/género con nuev@s sujet@s en ámbitos académicos y de transformación cultural.

Di espacios iguales en el mapa a diferentes entradas disciplinarias a los estudios de género. Desde mi propia lectura el círculo empezó con la antropología, la visión comparativa de Margaret Mead (1990 [1939]) que había encontrado en mi adolescencia. Terminó con una variante de los estudios culturales -el cambio de géneros virtuales en el Internet (Turkle 1997)- un "último grito" teórico que descubrí al actualizar mis fuentes bibliográficas. El método del mapeo tenía la potencialidad para relativizar el peso de cada esquema explicativo -ya no la teoría sino una teoría entre otras- y para cuestionar la autoridad de cualquiera de las metanarrativas. Señala Tim Jordan (1997:496):13 

[N]o es que las universalidades, totalidades, metanarrativas y demás no existan sino que hay muchas formas de cada una. (...) Los lados del debate entre modernistas y postmodernistas se revelan a la vez como acertados y erróneos. No se trata de una elección entre las dos posiciones sino de un reconocimiento de que las aseveraciones modernistas no tienen la autoridad que a menudo se atribuyen, y que las aseveraciones postmodernistas no nos llevan más allá de las categorías del modernismo. Más bien, lo que se tomaba por absoluto o universal bajo el modernismo se convierte en posiciones particulares bajo el postmodernismo; rapadas de su autoridad automática, pero aún activas.  

Pese a la aparente simetría de los siete enfoques presentados, su disposición en la página reafirmó -mediante la convención de lectura de arriba hacia abajo- el lugar de la sociología feminista como precursora importante de los estudios de género. Tampoco fue casual la alineación a la izquierda de los tres enfoques más asociados al constructivismo: antropología, estudios culturales y sociología del sexo-género. Coloqué juntos hacia la derecha los esquemas cuya aplicación teórica suele darse de manera más vertical: sociología feminista, estudios postcoloniales y Mujeres en el Desarrollo. El enfoque de las masculinidades se quedó en medio de ambos grupos por su aplicación alternante de los paradigmas crítico e interpretativo. A tiempo de reconocer mi deuda con todos los campos nombrados, identifiqué mi afiliación principal con las tendencias postmodernistas representadas por Butler (1996) y Turkle (1997).

Experiencias en aula

Inicié el primer módulo de Teorías de Género en la universidad estatal de Chuquisaca con un grupo de 50 participantes -45 biomujeres y 5 biohombres- la mayoría estudiantes o egresados/as de postgrados. El segundo curso se realizó con 15 docentes -13 biomujeres y 2 biohombres- en la universidad de Santa Cruz de la Sierra.

Presenté el mapa de los siete enfoques de género y para ilustrar cada uno, repartí un extracto emblemático del texto elegido. Luego presenté una serie de esquemas comparativos señalando para cada enfoque el tipo de pregunta planteada (Fig. 3), el propósito de la búsqueda de conocimiento, su construcción discursiva de algún elemento del género, el tipo de evidencia utilizada para sustentar su posición, y una crítica hecha a cada modelo. Muestro como ejemplo (Fig. 4) la comparación entre siete construcciones discursivas sobre el género.


Figura 4 - Tendencias y Momentos en los Estudios de Género: Construcciones Discursivas

En ambos cursos noté mayores niveles de conocimiento y aceptación del enfoque de Mujeres en el Desarrollo (MED) que sigue manteniendo un lugar privilegiado en los postgrados bolivianos. Este paradigma, impulsado internacionalmente a partir del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer, ha sido criticado desde las teorías postcolonial (Mohanty 1988) y postmoderna (Parpart 1996)14. El método del mapeo permitió colocar a Mujeres en el Desarrollo como una entrada posible pero no obligatoria a los estudios de género.

De los siete enfoques, dos fueron relativamente desconocidos: las masculinidades y la exploración virtual del género en el Internet. Ambos suscitaron interés, curiosidad y aportes a la discusión sobre vivencias propias y ajenas. A continuación (Fig. 5) presento un esquema comparativo que contrasta los discursos de cada corriente y las críticas hechas a ellas.


Figura 5 - Tendencias y Momentos en los Estudios de Género: Esquema Comparativo de Dos Enfoques

El mapa de enfoques de género -deliberadamente plano y no de excavación profunda- se abrió claramente a críticas de superficialidad y arbitrariedad. Algunas personas reclamaron la ausencia de profundización sobre los siete modelos presentados. Hubo una observación en cuanto a la orientación del curso -"más método que teoría"- hecho que asumo y avalo porque quise trasmitir una forma de trabajar el género más que un paradigma teórico en particular. Hubo algunas expresiones de rechazo a la noción de la construcción social del sexo, notándose el efecto desestabilizador del cuestionamiento al determinismo biológico.

Apuesta crítica de la proliferación de discursos

La elaboración del esquema del mapeo tuvo su origen en mi malestar ante la hegemonía modernista en los estudios de género y la búsqueda de "alguna perspectiva diferente, cualquier alternativa posible para abrirnos paso a través de la teoría" (de Lauretis 1991[1986]:166). El ejercicio de autobiografía intelectual (Stanley 1996:47) me permitió aclarar mi agenda postfeminista y abordar la docencia del módulo introductorio de Teorías de Género.

El relativismo metodológico del mapeo teórico se puso al servicio de una apuesta crítica (Collins 1983). La disposición simétrica de las siete entradas a los estudios de género constituyó un desafío a la enseñanza tradicional de "estudios de la mujer" por la vía única de la historiación feminista.

El interés en los estudios de género puede relacionarse con el placer intelectual y la transformación corporal, con motivaciones lúdicas y no sólo ideológicas. Puede ligarse al deseo de jugar, buscar afinidades y negociar los significados de sexualidades y géneros vividos en formas diversas. También puede ser estimulado por malestares e inquietudes masculinas ante las exigencias -reales o imaginadas- de un modelo hegemónico binario.

La apertura de los estudios de género a nuev@s sujet@s y teorías tiene la potencialidad para dinamizar los debates académicos e incrementar su impacto social, cultural y político. En la exploración de nuevos paradigmas, surgirá casi inevitablemente la referencia a precursoras feministas. Ellas serán encontradas en búsquedas tentativas en lugar de constituir los cimientos obligados de cualquier construcción nueva. De este modo seguiremos abriendo el paso desde los "estudios de la mujer" -con su supuesto de un sujeto biológicamente femenino y culturalmente subordinada- a los estudios de género como campo de interés potencial para cualquier persona y ámbito de reflexión.

Notas

1  Este artículo tuvo su origen en la ponencia "Proliferación, subversión y nuev@s sujet@s en los estudios de género", presentada a la reunión sobre Género y Diferencia Sexual, Grupo de Trabajo de Género, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Buenos Aires, 27-29 de septiembre 2001. La autora agradece a María Alicia Gutiérrez y Alejandra Ciriza por los debates y discusiones sostenidas a partir de ese evento.

2  El CIDES-UMSA -Centro de Postgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz- inauguró una Maestría en Estudios de Género en 2001 sobre la base de su anterior programa de Especialización en Género y Desarrollo (1994-1999).

3  El texto "Estudios Feministas/Estudios Críticos: Problemas, Conceptos y Contextos" es la introducción al volumen compilado por Teresa de Lauretis en 1986, Feminist Studies, Critical Studies (Bloomington: University of Indiana Press). El libro es producto del coloquio "Estudios Feministas: Reconstituyendo el Conocimiento" realizado en abril de 1985 en el Centro de Estudios del Siglo XX de la Universidad de Wisconsin, Milwaukee. Tomo el epígrafe de la versión traducida y adaptada del texto, publicada en 1991 (ver Referencias).

4  "Gender stratification, which was strongly linked to the occupational specializations of the two sexes, had, shall we say, begun to leak around the edges" (Whitehead 1981:111).

5  Título del artículo que apareció en la revista Reti no. 5, octubre 1989 y que fue traducido del italiano y publicado en Debate Feminista 1(2):234-242, agosto 1990. Dice la autora: "Las siguientes notas se escribieron como 'apuntes de campo' en relación a dos hechos: un seminario que organicé para el 'Centro studi struttre di genere' del departamento de Política Social de la Universidad de Trento, sobre el tema 'Los sexos del derecho', y la institución de un grupo femenino-masculino referente al tema de la diferencia sexual, dependiente del Centro de Reforma del Estado (CRS), en particular el documento preparatorio, preparado por María Luisa Boccia".

6  Con otr@s activistas por las diversidades genéricas, en 2001 empezamos a hablar de "mujeres legales" para designar a las personas jurídicamente categorizadas bajo el sexo femenino, y de "biomujeres" para referirnos a la designación biomédica, el sexo social o sexo de origen.

7  Código utilizado en La Paz, Bolivia por un colectivo que agrupa a hombres genéricos y una mujer genérica: personas que optaron vivir en un género diferente a su género de origen.

8  La traducción es mía.

9  Jornadas Feministas de Córdoba, España, diciembre de 2000.

10 Presidenta de Identidad de Género, Granada. Las citas que siguen son de mis apuntes tomados en el Taller. La referencia de la ponencia figura en la bibliografía (Pérez F.-Figares 2000).

11 Conjunto de transformistas/drag queens de La Paz, Bolivia.

12 Traducción del inglés realizada para el CIDES-UMSA por Katy Oxton, 1996.

13 La traducción es mía.

14 Jane Parpart (1996:349) resume de esta manera el aporte del pensamiento postmoderno a la crítica de MED: "La atención a la diferencia, al lenguaje y a la resistencia proporciona nuevas visiones de la conducta de los pueblos del Tercer Mundo y socava la tendencia a aplicar irreflexivamente estándares occidentales a todas las sociedades del Tercer Mundo. La atención a la diferencia y a los múltiples sistemas de poder/conocimiento puede alentar la confianza en sí mismo y la fe en la propia capacidad de actuar. Corta a través de la arrogancia occidental respecto a la modernidad, venga del pensamiento ilustrado o del marxista, y proporciona la base intelectual de una nueva comprensión de la diversidad global."

La autora
Susanna Rance Ph.D., es socióloga. Nació en Londres, Inglaterra y vive en La Paz, Bolivia, desde 1980. Es docente-investigadora del CIDES-UMSA, el Postgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andres, La Paz, Bolivia. Realizó su doctorado en el Trinity College, Universidad de Dublin (2003) con una tesis sobre los discursos médicos en torno al aborto. Actualmente investiga las prácticas cambiantes respecto del aborto, y las tecnologías abortivas utilizadas y comercializadas en Madrid por mujeres inmigrantes de países andinos. Sus áreas de interés incluyen la educación médica, las metodologías cualitativas y participativas, y la reflexión-acción sobre ética en la investigación intercultural.

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