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Estudios de filosofía práctica e historia de las ideas

versión On-line ISSN 1851-9490

Estud. filos. práct. hist. ideas  n.9 Mendoza ene./dic. 2007

 

Alejandro Korn en la revista Nosotros. Lecciones del pasado, aportes al presente. Homenaje en el 70 aniversario de su fallecimiento (1860-1936)

Alejandro Korn in "Nosotros" magazine. Lectures from the past, contributions to the present. (Homage in the 70th anniversary of his decease)

Clara Alicia Jalif de Bertranou*
UNCuyo - CONICET

Resumen
En sus más de tres décadas de vida, la revista argentina mensual Nosotros (1907-1943) publicó páginas de la intelectualidad nacional y continental más destacada. A través de ella se logra un registro importante de las inquietudes que atravesaron medio siglo en materia de letras, arte, historia, filosofía y ciencias sociales. Alejandro Korn (1860-1936) no fue un colaborador permanente, pero ocasionalmente dejó muestras de su pensamiento con su sello en materia de ideas, posturas personales y evaluaciones del acontecer intelectual. Esas contribuciones cubren un arco temporal que va desde 1913 hasta 1931 y se refieren a distintos temas, de variado tenor, pero presentan algunas constantes en las que se advierten las líneas directrices de su pensamiento, atravesadas por el fondo ético que imprimió a su trabajo profesional como médico y como intelectual en materia filosófica, preocupado siempre por la construcción de la nacionalidad.

Palabras clave: Alejandro Korn; Nosotros; Eticidad; Libertad creadora; Sujeto histórico.

Abstract
In its more than three decades of life the monthly Argentine magazine "Nosotros" (1907-1943) published the most outstanding intellectual thinking of the country and the continent. Through it there is an important record of interests and concerns regarding literature, arts, history, philosophy, and social sciences in Argentina along half a century. Alejandro Korn (1860-1936) was not a permanent contributor, but he did occasionally leave his mark as regards ideas, personal stand, and evaluation of the intellectual activity. Those contributions span from 1913 through 1931 and comprise varied issues with constants which evidence his thought, and with the ethic background of all his work as a medic and as an intellectual, always concerned with the construction of nationality.

Key words: Alejandro Korn; Nosotros; Ethics; Creativity Freedom; Historical Subject.

I. ¿Por qué Alejandro Korn?

Ante la declinación del espíritu de voluntad nacional en el fin del siglo concluido y a propósito del aniversario de su fallecimiento, nos ha parecido oportuno referirnos a algunas de las lecciones del viejo maestro de juventudes, con valores que imaginamos aún vigentes para la vida práctica. ¿Cuál es la imagen de la Argentina que se desprende de algunos textos, con aportes significativos para la personalidad nacional que diseñó? Comenzamos el nuevo siglo a punto de la disolución social y ante las puertas del Bicentenario por cumplir, ¿puede concedérsele a las palabras de Alejandro Korn una proyección temporal que, a pesar de los años, conservan frescura para fortalecer nuestras ideas? ¿Es extemporáneo pensar que aún tienen fuerza de manantial en el que se pueda beber una savia nutriente para el presente?

Cada escrito de Korn tiene un mensaje claro, diáfano, llevado hasta la sinceridad extrema. Dentro de la mejor tradición romántica, toma la posta del intelectual que debe contribuir desde su lugar de trabajo —el gabinete médico, la función pública, la docencia— a la construcción de una nación en marcha decidida hacia la constitución plena. Cuando en "Nuevas Bases" planteó que a un país que había producido riqueza tocábale distribuirla, quiso decir que un país con pobres es un pobre país.

En tiempos en que el fenómeno de la globalización parece irreversible, con su carga ideológica, los claros puntos de vista de Korn pueden darles energía a los argentinos para resolver los problemas del acontecer. El avasallamiento de lo que se denomina "pensamiento único" le habría horrorizado. La sola "unicidad" que habría aceptado sería la libertad creadora porque creyó en ella con absoluta convicción. Con la misma convicción con la que pensó la educación asentada en altos valores y con fuerza emancipatoria.

II. Korn y Nosotros

En sus treinta y seis años de vida, la revista mensual Nosotros (1907-1943) publicó páginas de la intelectualidad nacional y continental más destacadas. Se podría decir que a través de ella se logra un registro casi único de las inquietudes que atravesaron la primera mitad del siglo XX en materia de letras, arte, historia, filosofía y ciencias sociales. Congregó a escritores provenientes de distintas áreas de formación académica y autodidactas, fundamentalmente residentes en Buenos Aires, pero también en otros países de América, que trasuntan redes tejidas al calor de la preocupación por las labores culturales, desde políticas de difusión de ideas, sentimientos, opiniones, expansión del saber y juicios críticos, con sentido plural. Se trataba, en palabras de Roberto Giusti —uno de sus creadores, junto a Alfredo Bianchi— de una "política de puertas abiertas"1.

Alejandro Korn no fue un colaborador permanente de la Revista, pero ocasionalmente dejó muestras de su pensamiento en materia de ideas, posturas personales y evaluaciones del acontecer intelectual. Participó en once oportunidades, a veces con el pseudónimo "W. W.", y de esos registros, sólo tres fueron recogidos en la primera edición de sus Obras2. Con su formación de médico psiquiatra y lecturas filosóficas, su primera contribución se produce en 1913, cuando ya era profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires desde 1909. Se trata de un comentario a la aparición del libro Palingenesia, obra poética de Oscar Tiberio, pseudónimo de Roberto S. Bordenave3. Firma él también bajo pseudónimo. Su comentario comienza por el aspecto editorial del libro, "opulento y suntuoso como una matrona ataviada", que contrasta con la "humilde" edición, "en papel de estraza y renglones oblicuos", de poesías de Ricardo Gutiérrez que tiene también a la vista sobre su mesa de trabajo. Internado en su contenido, Korn alaba composiciones, celebra hallazgos de estrofas magistrales, logros del poeta, pero al mismo tiempo ridiculiza comparaciones del autor, obligado a veces a hacer "tercetos con baratijas" apelando a contradicciones visibles. La garra del escritor se desvanece a los ojos del crítico porque ha superpuesto a sus virtudes, influencias perniciosas en lugar de beber en su propia copa: "Es la influencia del pseudo-modernismo que contamina a nuestra juventud y aún hace presa, como en este caso, en espíritus con vocación más alta". No es que el modernismo como tal carezca de valor en tanto ha venido a universalizarse en la cultura de "los países civilizados" para emancipar a los espíritus de reglas y normas petrificadas, nos dice Korn. Es un modo de la libre expansión de la individualidad acorde con la palingenesia humana, pero si ha venido para adoptar nuevos "moldes amanerados" e imponer "sutilezas bizantinas", carece "de objeto y de dignidad". El renacimiento de los seres después de la muerte aparente o real, tal la palingenesia, no se dará por vía de la imitación que perturba inteligencias robustas. Es por ello que Korn confía en que el autor dará otra palingenesia que sea a la vez una palinodia, es decir una retractación pública de las opiniones que ha expresado anteriormente.

Su formación intelectual le permite desplazarse con comodidad entre el aprendizaje dado por la profesión y la vocación irrenunciable4. No tardaría en escribir nuevamente allí, a propósito de la segunda encuesta lanzada por Nosotros que inquiría "¿Cuál es el valor del Martín Fierro?", a tres meses de haber enviado su primera contribución. Por circunstancias de tiempo o de organización de la Revista, su nombre invita a asociarlo, de algún modo, a Manuel Ugarte, pues la respuesta de Korn está en las páginas siguientes. Decía Ugarte con sincera convicción: "Creo que la obra de Hernández es nuestro gran poema nacional. Demás está decir que no lo considero una realización definitiva de la literatura del mundo, pero, a mi juicio, se trata de un alto antecedente, de un luminoso origen dentro de lo que empieza a ser y será cada vez más directamente 'nuestra literatura'. Al arte del reflejo, —de corte clásico, romántico, parnasiano, decadente, según las épocas,— tenía que substituirse aquí un arte nacido de nuestra historia, nuestras costumbres y nuestro ambiente. Martín Fierro fue en aquellos años, que, dada la rapidez de nuestra evolución, podemos llamar remotos, el presentismo selvático de la necesidad confusa que todos sintieron después. [...]. Martín Fierro fue, en realidad, la primera semilla de arte que echó raíces en nuestro territorio. Lo anterior, como casi todo lo que vino después, cabe en un título: efímeras flores. La parte genial dentro de la figura literaria de Hernández, estriba en que comprendió y se entregó a su sinceridad. En lo que se refiere a la técnica fue rudimentario. Pero es el padre indiscutible de la naciente literatura [...]. Hoy no hago más que ratificar mis convicciones y añadir el testimonio de mi admiración hacia el autor de Martín Fierro"5.

La respuesta de Korn es más breve y vale la pena transcribirla íntegra. Se dirige directa y coloquialmente a la Dirección de la Revista, concretamente, a Giusti: "¡Alabado sea Dios, con que algo bueno vino de Galilea! Dejaremos de fijar los ojos en todos los rumbos del horizonte intelectual para saber cuál es la última moda literaria, la orientación mental que hemos de simular y el autor que se recomienda a nuestras aptitudes imitativas, según Tarde el atavismo más arraigado de la especie, por ser de origen algo remoto, quizás prehumano.

"¿Con que este hombre que obedeció a los impulsos más espontáneos de su alma, que clavó los ojos en la vida real de su pueblo, que hablaba el idioma de los humildes y de los ignorantes, que no tuvo ningún modelo y desconocía las reglas de la métrica castellana, ha escrito —por cierto sin sospecharlo— la epopeya nacional?

"No; no puede ser, eso no es argentino. ¿Acaso hemos de tener el valor de nuestros propios sentimientos y afecciones, hemos de pedir a nuestro ambiente la inspiración artística, hemos de descubrir una veta de nuestro genio nacional y un paisaje en nuestra llanura? Jamás; nosotros nos vestimos correctamente y pensamos modernamente y escribimos convencionalmente; nunca incurrimos en nada que sea agreste, individual o sincero. Celebramos puestas de sol tras las pirámides, describimos los almenados muros de un villorrio medioeval, cantamos erotismos faunescos y sentimientos que nunca fueron una emoción y hacemos literatura argentina.

"Pues bien, conviene que no nos molesten en tan plácida tarea, que al fin es inofensiva. Lugones no ha hecho obra buena al evocar el poema anacrónico de Martín Fierro, que hasta la fecha era el secreto de unos pocos y ahora corre el riesgo de ser la última novedad. Todo el gremio es capaz de acriollarse y abrirnos con un desborde de poesía gauchesca! Su afmo. Alejandro Korn"6.

Si bien escribe en un registro diferente a Ugarte, poseen elementos comunes atravesados por el reconocimiento de una literatura distintiva del carácter nacional, alejada de servilismos y elementos exóticos. El tono irónico y crítico de "aptitudes imitativas" muestra a Korn en observaciones constantes que desgranará en otros escritos, así como los reparos de orden social ante ciertas conductas emanadas de las elites dirigentes, intelectuales y políticas.

Estos aspectos señalados se advierten, junto a su preocupación por la Argentina, en la nota que escribió bajo el pseudónimo "W. W." con motivo de la visita a Buenos Aires de Teodoro Roosevelt (1858-1919), el 5 de noviembre de 19137. "Teddy", como titula su escrito, era ya ex presidente de Estados Unidos de Norteamérica, conocido como el político del big stick y responsable de una política expansionista. Siendo vicepresidente, llegó a la primera magistratura por el asesinato del presidente William Mac Kinley (1843-1901), quien había sido elegido en 1897 y reelegido en 19008. Durante la llamada "Guerra de los mil días" en Colombia "Teddy" apoyó la separación y constitución del estado de Panamá a los fines de asegurarse el control del futuro canal; en 1902 había obligado a las tropas alemanas a retirarse de las costas de Venezuela; y expandió las fronteras de su país en la delimitación de Canadá y Alaska. Reelegido en 1904, con la aplicación de la doctrina Monroe, proclamó que Estados Unidos se reservaba el derecho de mantener el "orden" en el hemisferio occidental. Entre 1905 y 1906 había dado paso a la militarización de la República Dominicana y de Cuba para controlar las finanzas de dichos países. Al momento de su visita acababa de perder las elecciones presidenciales frente al demócrata Woodrow Wilson, en 1912. Con estos antecedentes, se comprende que Korn no ahorre epítetos ni sarcasmos: "Y hemos tenido el gusto de verle. Ha cruzado nuestras calles en la actitud airosa del profesional, a todas las horas dispuesto a exhibirse a sus anchas entre la muchedumbre, tan ufano de las aclamaciones de la plebe desconocida como de haberle palmeado el káiser". Para el exitismo daba lo mismo. Había que dejar atrás las formas residuales del siglo XIX e ingresar en la modernización de la que el espíritu yankee era modelo. La visita era parte de un programa proselitista que Korn desprecia sin eufemismos en la figura del portador: "Y hemos tenido el placer de escucharle. Siempre verboso, surtido de lugares comunes, con el énfasis de la suficiencia burguesa, con el aplomo del advenedizo intelectual escanciaba su oratoria de plataforma de tren, listo para repetir el pregón en la próxima parada. Sin distinción aceptaba el halago y le retribuía con el elogio vulgar; enmudecía tan sólo en los sitios donde no se hablaba la jerga de la plaza o del mercado". Cáustico, observa Korn que habíamos "tenido la satisfacción de agasajarle", y tan luego con "viveza criolla", para no ser menos. Se habían dado cita "el representante burdo del alarde extraño" y "el exponente más gárrulo de la presunción nativa".

No hay halagos de ninguna naturaleza y si los dardos van para el oportunista representante de una "plebocracia", también se dirigen a la "pseudocracia" vernácula. Teddy "pudo ahorrarse el viaje" porque si ha venido "a disfrazar con divagaciones sobre la justicia y el derecho mezquinas concupiscencias, a justificar con el éxito toda ambición, a embaucar las multitudes con el velo de un redentor sin cruz, a hablar de trusts y de tretas", nada ignorábamos. Lo "tenemos en casa y en abundancia", afirma Korn. El tema de la "vulgaridad" y el materialismo de Estados Unidos estaban ya instalados no sólo en Hispanoamérica desde hacía décadas, con obras como Escenas norteamericanas, de José Martí, o Ariel, de José Enrique Rodó. Esas mismas impresiones las había tenido el sociólogo Max Weber (1864-1921) en su primer viaje al país del Norte y las expresaba el irlandés más famoso, Oscar Wilde (1856-1900), en alguna conferencia en pleno siglo XIX.

Dudas, perplejidades, temores y certezas ante una modernización que avanzaba, valores que resultaban desplazados, y la indudable visibilidad de las "masas" pujando por un lugar en la escena económica y sociopolítica, cuyos mejores ejemplos resultaban la sociedad norteamericana en un extremo y en el otro la Argentina ante el fenómeno inmigratorio. Korn continúa: "¿Era imprescindible venir a decirnos en tono paternal sensateces adocenadas con la infaltable recomendación de ser laboriosos y buenos y llamarle a esto escuela de energía? Cuánta bondad la de molestarse para declararnos emancipados de una tutela dativa, que nunca fue instituida con arreglo a derecho. Más vale lo que ha escuchado, que cuanto dejó, si es que sabe oír". La obviedad del mensaje "paternal" y "adocenado" provoca el enojo justificado de Korn, hijo de esforzados inmigrantes, en un país donde la afluencia de extranjeros engrosaba el duro trabajo cotidiano. Un indicador que desnuda la innecesariedad del consejo lanzado. Los hechos y la prédica constante de nuestro filósofo señalaban lo que era una realidad: la unidad del conocimiento y del obrar humanos merced al esfuerzo y la voluntad, donde jugaban las tres esferas que distinguió: el mundo objetivo, el mundo subjetivo y el mundo ideal. Nada había dejado el visitante, "corredor de baratijas", que hacía titilar "nuestra vanidad aldeana". Palabras estas que nos recuerdan famosas frases de Martí. La "personalidad nacional", que estaba aún por lograrse para Korn, la alcanzaríamos "sin necesidad de protectores oficiosos". Se alcanzaría "con el esfuerzo propio, dentro de una tradición hidalga, en marcha ascendente hacia la luz y la belleza, sobre las huellas de hombres de la talla de Emerson y de Sarmiento, no de histriones que bregan por los aplausos del día". Naturalmente, la mención de Ralph Waldo Emerson (1803-1882) no es casual. Su filosofía hablaba de una regeneración moral a partir de un sujeto individual, con una ética basada en la auto-confianza como expresión del sí mismo. Aspiraba a construir un mundo nuevo, que capturase el futuro sobre valores personales, de un modo activo, para subordinar el orden material, como superación de viejas tradiciones anglosajonas. Aspectos sobre los que no podía tener divergencias nuestro filósofo.

En otras dos oportunidades Nosotros publicó palabras de Korn referidas a visitantes: en 1921 con motivo de la demostración ofrecida a Eugenio D´Ors (1882-1954)9 y, en 1929, ante la presencia de Hermann Keyserling (1880-1946)10, donde reflexiona sobre su visita cuando ya se ha ido. En el primer caso lo hizo en nombre de la Federación Universitaria Argentina y de las Federaciones de Córdoba y La Plata. Nada dice acerca de D´Ors o "Xenius", el presuntuoso pseudónimo del pensador catalán, que en latín significa regalo que se hace a los huéspedes u obsequio a los invitados al término de un banquete. Se estaba a muy pocos años de la Reforma Universitaria del '18 y Korn aprovechó su discurso para mostrar cuán cerca se sentía de la juventud. Era ya considerado un maestro, pero se coloca en un lugar de horizontalidad con esa juventud: "no me considero sino un estudiante [...] un mal estudiante, porque todavía no he logrado cumplir la honesta aspiración burguesa de reposar satisfecho en el seguro de mi posición acabada, sin dudas y sin problemas. No me distingo de mis representados, porque, como ellos, aún dudo, ignoro y hasta algunas veces, estudio". Esta actitud debe leerse a la luz de una pedagogía participativa, destinada a romper con tradiciones de cátedras asentadas en el patronazgo y con los vicios de una universidad que había entrado en crisis.

El profesionalismo vacío de aquella época, disfrazado incluso de los avances científicos al servicio de la comunidad, debía corregirse y subordinarse a "valores éticos y estéticos" en medio del "profesionalismo exclusivo de los intereses materiales". Se trataba del largo proceso de humanización en el que la universidad contribuiría "a formas de la convivencia nacional más saturadas de justicia". Era una alborada donde se había hecho "necesario perturbar la paz de los claustros con el estremecimiento histórico que anuncia una nueva época". Era el sentimiento, en fin, de quien fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires entre 1918 y 1921, en los precisos años en los que luego de la "acción demoledora", "la tarea de la reconstrucción", reclamaba un esfuerzo que era también su responsabilidad.

Las palabras referidas al escritor lituano Hermann Keyserling las firma Korn con su nombre. Son una evaluación del visitante cuando ha partido, como decimos, en su gira por Sudamérica, articulada en dos momentos: su juicio sobre el personaje, y las actitudes del público. Autor ya de diversas obras, para Korn  "el único tema de todas es el propio autor, que no habla de los hechos sino de sus reacciones ante los hechos": "Comparado con él —dice Korn— nuestro Sarmiento es un escritor objetivo". Sin embargo esa "posición egocéntrica" no le molesta a nuestro filósofo porque Keyserling es "una personalidad poderosa" e "interesante aún cuando nos refiere sus cuitas íntimas".

El pensamiento del visitante, influido por el espiritualismo oriental, tamizado por la cultura europea, en combinación con la apelación a las fuerzas del sentimiento, le resultan una "complicada idiosincrasia" de "exquisita sensibilidad estética", la de un artista. Sin embargo, detrás de tales aparejos encuentra "poca cosa". Veamos su apreciación: "La prosa bien estilizada de Keyserling oculta una ideología heterogénea, en la cual se acomodan como pueden antojos personales elevados a la categoría de dogmas, displicencias de gran señor, desconocimiento de las fuerzas vivas que informan el momento histórico, polarización simplista de los conceptos opuestos, reminiscencias románticas y desplantes ultrarealistas" [sic].

El juicio de Korn indica, como se ve, su rechazo de todo tipo de dogmas, la indiferencia y aspereza del "gran señor", y el desinterés por las coacciones del proceso histórico del escritor. Tema sobre el que elabora, si bien se recuerda, su teoría acerca de la libertad creadora, en 1922. Y añade como objeción de fondo que si Keyserling "desea exaltar la personalidad" apelando a la filosofía del Oriente, dada entre "los pueblos más rebañegos del orbe", no ha percibido "el aniquilamiento de la dignidad humana en el oriental" mediante "la negación de los valores personales".

Ante la vista de Korn el público ha creído que el visitante traía "en sus maletas, para repartirla como caramelos, la verdad revelada". Así nos dice: "Con la papanatería vernácula ha acudido, para llevarse cada uno su cartucho. Lo que ha recogido han sido decepciones". Se juega aquí la decepción del propio Korn, con su avidez de nuevos aprendizajes: "Entre Keyserling y nosotros media una profunda incomprensión". Pero se salva en el juicio último que nos da el cronista: "Solamente los pocos desinteresados obtuvieron el goce estético de escuchar de viva voz a un hombre excepcional, cuyos libros ya conocían y apreciaban". Había publicado hasta el momento Prolegómenos a la filosofía de la naturaleza (1910), Relaciones internas entre los problemas culturales de oriente y occidente (1913), Diario de viaje de un filósofo (1919) y El hombre y la tierra (1928). Resultado del viaje emprendido a nuestras naciones será su escrito Meditaciones sudamericanas (1932), en el que volcó una visión determinista y prejuiciosa de hombres y mujeres americanos, fruto de vagas y totalizantes observaciones. Años después, escribieron en una línea semejante, autores argentinos, aunque ya teníamos nuestro propio antecedente en Carlos Octavio Bunge, por citar al más emblemático.

En julio de 1916 Korn vuelve a publicar bajo el pseudónimo "W. W.". Nosotros guarda el anonimato de quien escribe y en nota al pie dice tratarse de un "docto catedrático de las Universidades de Buenos Aires y La Plata, que junta al amor y cultivo de la ciencia, una inteligente pasión, rara en estas tierras, por los estudios filosóficos. Es un hombre de gabinete, que rompe su fecundo silencio para levantar la voz en defensa de Pablo Groussac"11. Esta vez lo hace para referirse al intelectual francés a propósito de un artículo del diplomático e historiador Roberto Levillier (1886-1969), aparecido en junio de ese mismo año. Levillier había sido criticado acerbamente como historiógrafo por Groussac, con su habitual estilo mordaz. El hecho suscitó una airada e indignada respuesta de Levillier que tituló "El aspecto moral en la obra del señor Pablo Groussac": "Si desde el comienzo de su carrera no hubiese sufrido nadie sus ataques, sin repudiarlos con valentía y señalar altivamente las miserias que suelen encubrir; si, atento a la curva de su vida pública, se hubiese fustigado sus injustas inquinas; el mal gusto de sus sátiras; llevado a la opinión el fariseísmo de sus imputaciones; su egoísmo de voluntario recluso y su abstención consciente del magisterio y de toda obra de cultura pública; las artimañas y supercherías de sus críticas; sus implacables rencores, saciándose más allá de la muerte en mezquinas venganzas; hubiese caducado su virulenta mordacidad en el vacío enorme de la indiferencia y del desprecio"12. Este es el tenor de la extensa nota que finaliza con las palabras que le dan título: "La muerte misma no hará sino agravar el aspecto moral de su obra: nos reserva las maldades atroces de sus memorias póstumas"13.

Groussac era a un tiempo apreciado y temido. Amigo del poder, intentaba en un juego de espejos, a través de la pluma, tomar distancia, bajo la forma del polemista intolerante, fustigador y desdeñoso.

Korn considera que las palabras de Levillier han sido más que nada expresión de un "alivio puramente subjetivo", de tipo psicológico, para degradar a Groussac, sin discutir su obra en sus aspectos literarios, científicos y metodológicos, como tampoco en su influencia sobre "la intelectualidad argentina", a quien "tanto debe la cultura nacional": "De los que viven, a ninguno más por cierto"14. Pero la alabanza a Groussac surge por sobre todo de la crítica al medio cultural e intelectual en el que vino a insertarse, viciado de "medianía", diletantismo, de dobles discursos inmersos en los corrillos de malicia cínica y motes hirientes, pero expresados públicamente en una "compostura aparente" con "el elogio insípido". Para Korn, Groussac ha venido a sentar cátedra frente a "nuestra incurable negligencia, refractaria a la disciplina del trabajo", con lo cual al interés informativo de sus publicaciones, ha añadido algo mayor: "Su influencia educadora, pues nos predica el amor a la pulcritud y la aversión al chapuceo". Es aquí donde advierte el carácter ético del francés en tanto "acción creadora" contra "la mentira política, social, histórica, literaria, que infecta nuestra vida nacional". Más aún, "A la calamidad hispano-americana del pseudo culto de los próceres, ha opuesto un concepto más alto del proceso histórico, que, al fin, obedece a motivos humanos y no ha de ser un pretexto para declamaciones pueriles"15. Por todo ello y m ás aún, para Korn "Será el maestro, pese a quienes lo renieguen". Y aquí es preciso situar la valoración en clave deontológica que realiza Korn si tenemos en cuenta la dimensión que alcanzó en su pensamiento la "actividad ética" como liberación del impulso instintivo por sobre nuestras condiciones de animalidad, en marcha ascendente hacia la autarquía y el dominio de nuestros propios actos en el plano de la praxis, según lo expresara, por ejemplo, en su Axiología, en 1930. En esta obra refuerza su idea de que ante los conflictos entre tendencias discordes, si la voluntad se sobrepone al egoísmo natural, estamos ante un acto ético. Este acto supone el sobrepasarse en esas fuerzas diluyentes de las buenas acciones para constituir actos heroicos, aunque desafíen la moral vigente16.

Producida la muerte de Groussac el 27 de junio de 1929, Korn publicó en Nosotros un capítulo inédito de su libro Influencias filosóficas en la evolución nacional, levemente adecuado al momento, para referirse a la labor del francés. La Revista le dedicó el volumen extraordinario con las más diversas firmas, entre ellas las de Luis Berisso, Jorge Luis Borges, Rómulo Carbia, Ramón Cárcano, Alberto Gerchunoff, Roberto Giusti, Ricardo Levene, Alfonso Reyes, José Luis Romero y Emilio Zuccarini, entre otros. El escrito de Korn es el único en el volumen dedicado al pensamiento de Groussac en la sección de Nosotros destinada a este propósito. Aparece allí la conocida distinción de tres generaciones: los proscriptos, la generación de Caseros, y la generación del ochenta. La trascripción del texto de Influencias filosóficas es a partir de las referencias a la segunda generación, aquella que, desprovista de ideales nuevos, se limitó "a explayar conceptos ya triviales que teóricamente nadie negaba"17, pues "Padecía el tedio de toda disquisición abstracta"18. Encerrados en la palabra banal, a juicio de Korn "llevaron, casi a sabiendas, al pueblo argentino a su más profunda crisis moral". Al extenderse sobre el panorama del momento es donde viene a resaltar la inserción de Groussac, "un cuerpo extraño", de especial personalidad, "de otra estirpe", en un medio superficial, donde opone a la "falacia corriente", "la solidez de su pensamiento", "la pulcritud de su prosa" y "su incorruptible probidad intelectual"19.

No es el momento de extenderse sobre el clásico libro de Korn, pero señalemos que aquellos valores que advirtió en Groussac como indicadores paradigmáticos del proceso de afirmación de la personalidad son ejes sobre los que gira, en una constante, el pensamiento del viejo maestro argentino. Señaló aciertos, dudas, críticas al medio socio-intelectual, oscilaciones entre el pesimismo y el optimismo, un trasfondo de positivismo sin encasillamientos ni simplismos, y aspectos afirmativos que conducían a la libertad, entre otros: heroísmo íntimo, que sin alardes, puede desplegarse en la esfera más humilde. A todo este tipo de actos les confiere el valor de ser éticos, aún cuando desafiasen la moral instituida, con lo cual viene a poner en tela de juicio el plano de las costumbres y los dictados de "legados" perniciosos. Marcó así los rasgos con los que el mismo Korn se sentía reconocido. Otorgándole la palabra al propio Groussac, no dudó en transcribirlo extensamente. Tal era la afinidad que lo unía, pero como el intelectual francés, en diversas ocasiones dejó basculando la frase escéptica para terminar la nota elogiosa: "Huelga agregar que esta voz se perdió en el vacío. El reino del positivismo aún no había terminado"20. Cabe colegir que no se refería Korn sólo al positivismo como tal, sino también al ideal de una cultura superior que impregnara la vida nacional como meta todavía no lograda.

A la luz de lo que se sabe de Groussac, nuestro filósofo fue extremadamente benévolo con el personaje, quien, si bien gravitó profundamente en la cultura del país, más que un servidor público del Estado argentino, se asumió a sí mismo como dueño del recinto que cobijaba los libros de la Nación, y de sus órganos de publicación que creó, La Bibliotecay los Anales de la Biblioteca. Posición sobre la que cimentó su prestigio y atalaya desde la que entabló innumerables polémicas.

En dos oportunidades aparecieron en la Revista notas necrológicas firmadas por Korn: sobre Amado Nervo (1870-1919)21 y José Ingenieros (1877-1925)22. El escritor mexicano, amigo de Rubén Darío y modernista como él, convivió en París dentro de su círculo. Entre ambos sostuvieron una enriquecedora relación. Muerto Darío, en Hispanoamérica Nervo pasó a ser el mejor poeta lírico. Sus lazos con la Argentina se establecieron no sólo por la circulación de sus obras, sino también porque desde su residencia en Madrid fue colaborador frecuente de La Nación. Con una vasta obra y un gran reconocimiento fue nombrado ministro plenipotenciario extraordinario ante la Argentina y el Uruguay. Llegó a Buenos Aires el 14 de marzo de 1919 orlado por la fama, pero enfermo. Murió en Montevideo el 24 de mayo de ese mismo año cuando presidía el Congreso Americano del Niño. Nosotros le dedicó todo el volumen del mes de junio de ese año con contribuciones de escritores argentinos y uruguayos, en su casi totalidad. No faltó la nota escrita desde Montevideo por el peruano Víctor Andrés Belaúnde. Una parte importante rindió el homenaje con poesías, como fue el caso de Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou. Otros destacaron la función diplomática. El análisis de sus poemas, de sus libros en general, y del misticismo fueron tópicos de inspiración para muchos. No todas las palabras resultaron complacientes al momento de tratar el trasfondo filosófico del escritor y su actitud ante la vida. En este registro lo hicieron al menos Korn, Alfredo Colmo y Víctor Mercante. Una vez más Korn objeta y celebra desde su posición intelectual. Inicia su homenaje con una frase que lapida el resto: Nervo "Padecía del mal metafísico". Ese mal marca en su obra "la sinuosa huella de su afán filosófico", pero deja también lecciones que no escamotea al momento de señalarlas.

Korn, quien incursionó en la poesía, la considera melliza de la filosofía, pues ambas se internan en los laberintos del alma aunque con distintas herramientas. Bajo la forma artística y con "emotividad estética", el poeta oculta un pensamiento filosófico. Y así es también en Amado Nervo, cuyas palabras —a veces sin disfraces y otras elípticamente—, trasuntan "la sensación del misterio" y "la ofrenda metafísica", cuajada no en un sistema, sino en una actitud: la del idealismo subjetivo con la impronta "Nada se plasma fuera de ti". Posición que no respondía simplemente a un ornamento estético, sino que abrevaba en su "modalidad filosófica", señalada por el mismo Nervo y explicitada por Korn: "los idealistas románticos, Schopenhauer de primera mano, Schelling al través de sus continuadores y plagiadores. Bergson entre los contemporáneos. La vieja sabiduría del Indostán [...] y sobre todo los místicos sin distinción de países y de tiempo"23. Desde esta perspectiva, para Korn el resultado fue que Nervo, así como "se sustrajo al demonio de toda escuela, tampoco recayó en ningún dogmatismo arcaico"24. Aspecto que aprecia en aras de la libertad del pensamiento. En sintonía con su propio credo, Korn destaca que el poeta mexicano, como el viejo Platón y como Tolstoy, había subordinado "los valores estéticos a los morales". El arte de la palabra poética debía ser "solamente el vehículo del bien"25.

Dispuesto a ejercitar la acción educadora, Korn toma de Nervo lo positivo y lo negativo. El "credo idealista", la afirmación de la "libertad espiritual", "la conciencia de la dignidad humana" ante la rémora del "materialismo positivista", asentado en una finalidad "económica y sensual", le resultan aspectos edificantes para el ámbito hispano-parlante. No obstante, como hombre de acción, rechaza la actitud pasiva de quien mira el acontecer del mundo sin intervenir: "Su evangelio, grato al alma femenina, es de resignada mansedumbre, no de fortaleza y vigor"26. Y renglones más adelante expresa clara y rotundamente lo que del escritor modernista no acepta porque "la blanda resignación" no puede ser "el ideal de las nuevas generaciones". Consciente de la importancia de sus ideas indica: "Toda posición negativa es estéril y malsana, la virtud se ejercita en la contienda [,] no en el refugio claustral. Buena falta nos hace un idealismo con una ética, pero afirmativa"27. Cierra la nota dejando caer el elogio sobre el poeta muerto y un desprecio sobre sus epígonos: "Honrémosle; no así a sus imitadores. La hombría altiva y serena de Nervo se vuelve una mueca postiza en la grey simiesca de los nervoides"28.

Expresamos en párrafos anteriores que Alfredo Colmo escribió también sobre el poeta bajo el título "La filosofía de Amado Nervo"29. En franco rechazo de sus posiciones y actitudes, no hay elogios de ninguna naturaleza. Si en Lucrecio había "vastedad", "creación" y "genial intuición", todo eso en Nervo era "restricción, imitación o adopción y aplicación pura". El enclaustramiento interior del poeta instando a la "inercia o a la indiferencia" frente a los problemas del mundo, el desdeño por la risa y la "tristeza" como principio de la vida, la huída del mundo, le parecen a Colmo un acto de demencia o, por lo menos, una evasión de las responsabilidades de orden familiar, cívico y social, propias de quien no sabe lo que dice: "...quien así filosofa o enseña, filosofa mal o enseña peor"30.

Korn, que era un buen observador, pero también un protagonista del acontecer nacional, juega en cada instancia de escritor su preceptística como marco ordenador de los planos discursivos, expresados elegantemente, pero sin ambages. A la muerte de José Ingenieros, ocurrida en Buenos Aires el 31 de octubre de 1925, Nosotros le dedicó completo el volumen de diciembre de ese mismo año. Escribieron, entre otros, Miguel de Unamuno, Antonio Segarra, Ernesto Quesada, Roberto J. Payró, Augusto Bunge, Carlos Sánchez Viamonte, Alfredo Colmo, Roberto Giusti, Gregorio Bermann y Luis Reissig. Ante su ataúd, Korn habló en representación de la Facultad de Filosofía y Letras, cuyas palabras publicó la Revista. Lo hizo "con la emoción íntima de una vieja amistad y del compañerismo ante esta alevosía del destino"31. Destacó su "compleja personalidad" y el despliegue de sus múltiples intereses intelectuales, en los que sobresalía la dedicación amorosa "al pensamiento filosófico contemporáneo".

En brevísimas palabras señala el itinerario intelectual de Ingenieros, venido de las "entrañas del siglo XIX" con la superación de la "sugestión romántica" y la convicción de que la investigación y el experimento conducirían a la "solución científica". Dio así a su filosofía "la estructura de las ciencias naturales", aún cuando sus anhelos habían ido más allá del restringido campo. Tuvo para Korn el mérito de integrar "la evolución secular del pensamiento humano con un momento nuevo, con una visión fecunda cuyo rastro no se ha de borrar". Entrevé, de este modo, su importancia en la cultura filosófica nacional y avizora el renovado interés por Ingenieros que se prolonga hasta nuestros días.

Cabe destacar sobre estos aspectos que el mismo Korn compartió, de algún modo, el concepto de ciencia sostenido por Ingenieros. No hay que olvidar que para el viejo maestro ciencia es "la interpretación matemática de la realidad objetiva", es decir, el saber cuantitativo y métrico de la realidad, pues su objeto de estudio es aquello dado en el espacio y el tiempo, por lo que el saber físico-matemático resultaba ser el paradigma científico: "el capital más saneado de la cultura, la creación más alta de la inteligencia humana", como lo expresa en sus Apuntes filosóficos32. No obstante, en "Incipit vita nova", escrito de 1918, y seguramente conmovido por los horrores de la I Guerra, no dudó en destacar el "desastre" del progreso científico y técnico, de allí la necesidad de subordinarlo a un principio superior, ético. Cuestión que por lo demás, tampoco negó Ingenieros.

Ante la irreversibilidad expresa sincera consternación, pues toda vez que escribió sobre el colega, aun con las diferencias que expuso en escritos posteriores, lo hizo con respeto. En su balance manifiesta cuánto había significado Ingenieros y cuán decisiva había sido la influencia generacional, "que lo tuvo por maestro". La muerte lo arrebataba prematuramente, antes de dar para Korn el "fruto más sazonado", pero agrega que nadie podría "hablar de una obra trunca". Asumiendo la gravedad del momento, finaliza con palabras que la historia intelectual de la nación no ha desmentido: "La obra realizada por Ingenieros, testimonio de su abnegada laboriosidad, es sobrada para su gloria y constituye el aporte más valioso del pensamiento argentino al pensamiento filosófico de su tiempo"33.

En 1927, con motivo de los veinte años de Nosotros, Korn vuelve a publicar en un volumen doble, con un total de quinientas páginas, dedicado al desenvolvimiento de la cultura argentina. Titula su colaboración "Filosofía argentina"34. Sabe que es provocador con el epígrafe hasta imaginar la sonrisa del lector, pero está dispuesto a defender sus convicciones y a mostrar fundadamente el ángulo de su pensamiento. Supone la pregunta de un interlocutor sorprendido: "¿Desde cuándo tenemos filosofía argentina? ¿Acaso tenemos filósofos?". Korn da una respuesta bajo forma de otra pregunta que encierra la afirmación: no puede concebirse una "colectividad humana [...] que desarrolle su acción sin poseer algunas ideas generales".  Esas ideas implícitas indican una "posición filosófica" que la Argentina nunca ha dejado de poseer. Inmediatamente viene la coloración espacio-temporal: "la supuesta verdad absoluta cada época histórica y cada región geográfica la enuncian de distinto modo" por lo que cabe inferir las particularidades de su locación. Y esa locación se inserta, para Korn, en la cultura de Occidente, de donde hemos recibido las influencias filosóficas para animarlas con cuño personal: "no es nuestra voluntad ser un conglomerado inorgánico de metecos. [...] No podemos renunciar al derecho de discutir las diversas influencias que llegan hasta nosotros, ni el derecho de adaptarlas a nuestro medio; no renunciamos tampoco a la esperanza de ser una unidad, y no un cero dentro de la cultura universal".

Hay por lo menos tres aspectos que deseamos destacar en estas palabras: 1. El hecho de no ser "metecos" implica aquí, como en la acepción griega, no ser extranjeros en relación con nuestra tierra, ni tampoco advenedizos habitantes de un suelo. 2. La voluntad de ocupar un lugar en la cultura universal, que no por universal habría de perder su singularidad. 3. La concepción antropológica del ser humano como sujeto activo, aun ante las influencias, un hecho por demás inevitable en cualquier cultura, cuya traslación ha implicado la discusión y la adaptación. La idea nos recuerda, ya en el ámbito latinoamericano, que décadas más tarde, Leopoldo Zea elaboró sus trabajos sobre el positivismo en México a la luz de similares consideraciones.

Pero volviendo a Korn, se puede constatar que sus tomas de posición estaban bien asentadas desde el inicio de su recorrido intelectual, inescindible de una conciencia social, cuyas raíces se hunden en el romanticismo, más específicamente, en el propio Alberdi, a quien por lo demás nunca dejó de nombrar. Y en su visión de la historia nacional lima las asperezas aun a riesgo de disolver los conflictos que se sucedieron después de Caseros hasta el nuevo siglo: "En toda esta época ninguna discrepancia ideológica ha dividido al pueblo argentino. Nuestras luchas fueron meras reyertas".

El sello de continuidad que advierte es el positivismo argentino. Así, con el gentilicio,  vigente ya con los proscriptos, de "origen  autóctono", "expresión de una voluntad colectiva" a la que considera "la creación más auténtica del espíritu argentino". A los ojos de Korn, aunque no logró articularse como sistema filosófico, se entendió que había que promover todo lo "positivo" para el anhelado progreso. En la dilución de la  historia real, con sus conflictos, contiendas y divisiones, se podría decir que Korn construye una suerte de mito de cohesión nacional: la afirmación de lo positivo como marcha voluntaria en el tiempo. Cuando Ricaurte Soler escribió su libro El positivismo argentino remitió a una tesis similar, pero enraizándola todavía más atrás en la historia, con la presencia de la Ideología y del romanticismo, como antecedentes del cientificismo filosófico y de la sociología positiva35.

A veces se ha indicado que Korn habría cometido un anacronismo al hablar de "positivismo" si se tiene en cuenta el positivismo europeo, con la figura precursora de Saint Simon, y luego con Comte, Stuart Mill y Spencer. Si bien Korn redactó escritos bajo la categoría de "influencias", no lo hizo desde una mirada determinista para la conformación del pensamiento nacional. A ello debe añadirse, como decíamos antes, que puso un gentilicio con sentido fuerte e inequívocamente referido a una voluntad de autoafirmación para la organización social, cultural y jurídica que nos debíamos. Para él esa "positividad" era ya un hecho cuando llegaron las ideas europeas de lo que conocemos como positivismo en sentido amplio. Cuando éste arribó en años finiseculares, para Korn añadimos pecaminosamente un "traje postizo", con "ausencia de una creación original", tanto en el plano intelectual, como docente. Un caso que menciona es el de los pedagogos normalistas formados en Paraná, a quienes llama "alberdistas de segunda mano": "se imaginan ser discípulos de Comte, sin sospechar el irreductible antagonismo entre las doctrinas del maestro y nuestro ambiente liberal e individualista". El desajuste no meditado en la adopción comtiana se da para Korn entre los "fundamentos autoritarios de la sociocracia", los componentes "místicos de la religión de la Humanidad", la "negación de los derechos individuales" y el fondo ideológico de un país que ya tenía sus tradiciones. Pero, fiel a su estilo y pensamiento, Korn procede dialécticamente oponiendo a un rasgo afirmativo uno negativo, y, finalmente, un tercer rasgo, de índole afirmativo, en una suerte de espiral superadora: "No obstante, esta doctrina híbrida fue fecunda; por intermedio del magisterio normalista logró divulgar, en ambientes inaccesibles de otro modo, la posición agnóstica y el concepto de la filosofía como síntesis de las ciencias naturales...". Y remata el párrafo: "...no hemos de desconocer la gravedad de semejante mudanza para un pueblo de habla española", donde la palabra "gravedad" indica profundidad, gravitación, hendidura, por lo menos.

En este extenso artículo dentro del positivismo argentino la única figura a la que se refiere expresamente es a Ingenieros. No es una casualidad. Mientras los demás le parecían epígonos y aunque toma distancia y hay juicios críticos respecto del credo filosófico, se complace en recalcar sus valores personales, que coinciden con los que el mismo Korn aprecia en el ser humano: "claridad de espíritu", "sensibilidad estética", "luchador infatigable", "voluntad de trabajo", "abnegación", y "amplitud de espíritu". Con su muerte concluía una "orientación filosófica", mas no "los múltiples impulsos de su fecunda labor". Que sólo destaque a Ingenieros podría indicarnos, además de lo dicho, que del amplio movimiento del fin de siglo el resto se pierde anónimamente en el concierto de voces, con un valor menor y que, dentro de ese conjunto, sólo él amerita palabras especiales.

La emergencia del nuevo siglo trae para Korn un cambio que se expresa primero en el plano literario con una "revolución estética, violenta y abigarrada", de difícil detección de su "unidad esencial". Evalúa que aun cuando no se lo podía sospechar, tuvo la fuerza de la "intensa emoción espiritual, marcó también una nueva orientación filosófica". Pese a la resistencia de los "viejos hábitos mentales", la certeza de la necesidad de "una cultura más elevada y espiritual abrió el camino para labrar nuevos rumbos en la intelectualidad, ante la cual el cronista declara: "esta reseña la escribe un testigo que no aspira al premio de la imparcialidad".

Las tomas de posición muy conscientemente tomadas, le permiten a Korn expresar referencias a la visita de Ortega y Gasset en 1916 y a la de D´Ors en 1920, como el conocimiento de Spengler y Freud que fue adquiriendo la Argentina. La presencia de Ortega es vista como un "acontecimiento" en "nuestra cultura filosófica": "Autodidactos y diletantes tuvimos la ocasión de escuchar la palabra de un maestro" que nos despertó "del letargo dogmático" y acrecentó la dedicación al estudio, incitándonos "a extremar el esfuerzo propio". A juicio de Korn, si se lo había visto regresar con pena por nuestra parte, se tenía la esperanza de que no tardaría en "darnos un concepto propio de la filosofía contemporánea", pero "en vez de filosofía, nos ha dado literatura". Para nuestras necesidades, quizá no las de España, Korn nos dice que "Habríamos preferido una vigorosa visión sintética, cimentada en tres o cuatro ideas directoras". A los problemas había que hallarles solución y no perderse en el arte de la palabra. Algo semejante a lo que observa de D´Ors, como vemos. La reflexión remite nuevamente a nuestro medio: "Si poco sacó a luz, no se ha de atribuir a torpeza del operador; faltaba la gravidez. [...]. El afán de las conclusiones concretas, tangibles y vertebradas, es señal, sin duda, de una cultura poco refinada. Pero así es la nuestra".

Al hilo de la revisión, dedica unos párrafos a dos "ráfagas" pasajeras: Spengler y Freud. El primero le resulta un "agorero fatalista" que ni siquiera en su "propio pueblo agobiado por la derrota" de la I Guerra Mundial ha sido tomado seriamente. El eco despertado entre nosotros no tiene, a los ojos de Korn, ninguna "atinencia con los destinos de un pueblo nuevo". Sin dudas, para el filósofo argentino a un pueblo nuevo no se avenía un discurso que hablaba del ocaso civilizatorio de Occidente. En el caso de Freud, para Korn, sin mengua de sus aportes en la investigación, el destacar la importancia de la sexualidad como si constituyera una novedad le parecía algo risueño, "como si fuera una novedad". Platón, Pascal, Darwin ya se habían ocupado, de lo cual no se desprende que "se debe alimentar a la bestezuela".

Dos "engendros efímeros" han pasado también por nuestro ambiente cultural: el esoterismo teosófico y el pensamiento oriental, pero para Korn "la angustia metafísica y el anhelo místico del alma humana...no se satisfacen por caminos extraviados" y no duda en afirmar la superioridad de la cultura occidental: de optar por la oriental "iríamos a pura pérdida", según su juicio: "...el quietismo negativo es una posición reñida con nuestra manera de ser y para el pueblo americano la más burda de todas". Se detiene luego en aquellos que nos "han emancipado del cientificismo dogmático cuando no ingenuo": escritores como Unamuno, Romain Rolland, Bernard Shaw, entre otros, con más presencia que los "filósofos de escuela", y los epistemólogos franceses como Meyerson y Poincaré por haber delimitado los esquemas científicos y resguardado "la autonomía de la personalidad" con sus ansias de libertad. Lugar "decisivo" le atribuye en este sentido a Bergson, Croce y Gentile, especialmente al primero por ser la "autoridad más alta" que ha llegado a nuestro ambiente en los inaugurales años del siglo XX. Con todo, observa Korn que a su dimensión teórica le ha faltado la elaboración de una ética para la resolución de los problemas prácticos, además de objetar aspectos discutibles como una delimitación no clara entre "el conocimiento real y la visión metafísica", la de otorgarle a la "intuición mística capacidad cognoscitiva y la interpretación cartesiana de la actividad espiritual", como los "resabios naturalistas" que enlazan la ciencia y la filosofía. Una vez más reafirma el valor de la acción y la tendencia a la praxis, que cree ver también en Bergson.

De la filosofía norteamericana le parecen aprovechables, desde su mirada siempre situada y en función de aportes para nuestra cosecha intelectual, el pragmatismo de James, las ideas de Dewey y las formulaciones de Emerson y Royce. Sostiene que es una necesidad buscar "allí una inspiración filosófica": "Los elementos útiles de aquella civilización, cuya grandeza sería ridículo desconocer, Sarmiento nos la impuso. Con eso basta", remata Korn. El principio de autoridad que otorga a Alberdi es también extensivo a Sarmiento, por su condición de constructor de la nación.

En cuanto a la filosofía alemana, observa que poco sabemos en profundidad y apenas estamos anoticiados de algunos filósofos o de movimientos más nuevos. En su opinión, sólo a Francisco Romero le cree capaz de internarse en esos laberintos, pero en su balance la personalidad más atrayente es Dilthey. En general el resto, desde Bolzano y Brentano, continuando con Meinong, Husserl y Scheler, son para Korn reacciones de la Alemania católica frente al "exclusivo predominio de la cultura protestante". "Desabridos frutos de cátedra", en contraposición a Nietzsche, que póstumamente comenzaba a ser valorado y cuya "orientación axiológica" le parece eficaz.

A pesar de la declinación del positivismo, Korn no avizora el emplazamiento de una orientación "de igual arraigo", por lo que evalúa el momento como una transición donde en todo caso reina el desconcierto. Si bien la creación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1896 había sido en materia de estudios filosóficos "la mejor obra de la generación del ochenta", el incremento de estos estudios no es para él todavía un fruto maduro.

El año del Centenario marca la pulsión de un nuevo período pero de su heterogeneidad aún no puede surgir una visión que unifique lo acontecido. Korn percibe "una estridente discrepancia entre 'los postulados' y los hechos, entre la talla de los histriones y el drama que trajinan". No obstante, nada conmueve "la afirmación optimista del porvenir". Igual desproporción evalúa entre la Reforma Universitaria y "las energías en tendencias divergentes" sin cuajar aún en 1927 en "una obra orgánica": "Sólo la voluntad define las soluciones y fija los valores, no la dialéctica inagotable del debate. La voluntad fue deficiente", nos dice. Estas palabras son valiosas si se tiene en cuenta que están expresadas por un protagonista fundamental de aquellos días, además de indicar que el debate requiere un punto de quiebre para dar paso a las concreciones.

Componente del paisaje intelectual lo había sido también "un modesto episodio filosófico" en 1917: el Colegio Novecentista. Se acertaba en la reacción antipositivsta, sin saber con qué sustituirlo, "víctimas de la más sabrosa anarquía". Sin embargo, para Korn, les correspondió "un triunfo póstumo, pues sin sospecharlo fueron la avanzada aventurera de un ejército en marcha".

Calibra el momento en el que escribe estas palabras  como una "contienda [filosófica] de fuerzas adversas entre sí, afanadas por imponernos su dominio". Ni compra ni préstamos de ideas que no se ajusten a la medida de nuestros requerimientos: "Tengamos ante todo la voluntad nacional, luego hallaremos fácilmente las ideas que las expresan".

Para concluir, bate sus últimas palabras contra la filosofía "que anonada la personalidad humana, [...] le niega el derecho de forjar sus valores y sus ideales y le prohíbe trascender con el pensamiento el límite de la existencia empírica". Rescata el valor de la ciencia al servicio del desarrollo material, para finalizar a la medida de su propia personalidad: "Y, puesto que argentino y libre son sinónimos, elevaremos la triple invocación de nuestro himno al concepto de la Libertad creadora"

La última contribución de Korn en la revista Nosotros —a pocos años de su muerte— es una carta abierta a Saúl Taborda (1884-1944), firmada en La Plata el 30 de marzo de 1931, titulada "Epístola antipedagógica"36. Alude a la reciente obra del pensador cordobés "Investigaciones pedagógicas", publicada en la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba en 193037. Firme en sus comentarios, pero amistoso, elogia y al mismo tiempo sienta sus discrepancias. El tono es personal, de modo que expresar sus opiniones es algo que el afecto le demanda, aunque su lectura no le resulte un esparcimiento ameno. No obstante, reconoce que se trata de una obra "seria, realmente seria": "Al fin acabo de pasar por percances más gordos, como ser la fenomenología de Husserl, la psicopatología de Scheler, la esenciología de Heidegger. Comparado con estas eclosiones del ingenio germánico, su libro es un edén", le dice. Percibe en la misma una "concepción orgánica", "riqueza de la información" y "madurez de pensamiento", lejos de "las enfáticas vacuidades de nuestros normalistas".

Antes de expresar sus discrepancias, Korn alude a sus propias fronteras: "carezco...del don de la abstracción. Soy un visual exagerado", asido a la tierra, no la planetaria, sino a la tierra argentina. El autor, en cambio, ha hecho sus meditaciones desde un concepto universal, con "prescindencia de las contingencias de tiempo y de lugar". Korn concibe a las ideas encarnadas en las realidades objetivas, "inmanentes a la áspera eficiencia de las cosas", por eso sin melindres expresa: "La perfección de los arquetipos me tiene sin cuidado". Si Taborda puede pensar una "teoría abstracta destinada a la salvación pedagógica de la Humanidad", él, Korn, tiene "la imagen de una miserable escuela allá en Chinchigasta". Razón para que exprese: "Lo que me separa de usted no es una discrepancia, es una incomprensión. Es la afirmación de una posición filosófica radicalmente distinta". Y es en función de esa posición que le formula tres observaciones a modo de ejemplos, donde toma citas de la obra para añadir sus puntos de vista.

Taborda plantea la afirmación de una actividad pedagógica regida "por leyes propias e inconfundibles". La cuestión de "leyes pedagógicas" espanta y sorprende a Korn como resabio del positivismo cientificista, pues se trataría de un proceso contrario al desarrollo de la personalidad, negada desde el inicio y un "conato de mecanización de la enseñanza". Aunque no es éste el propósito de Taborda, según lo entiende Korn, serviría a los normalistas para proclamar "las leyes eternas e inmutables de la Pedagogía", con el agravante de "que creerán que el arte pragmático de enseñar es una ciencia".

La segunda objeción viene a cuento de otra frase de Taborda, quien dice: "La situación argentina es de una posibilidad virginal ofrecida a la historia". La mención elegante de esta vacuidad es refutada por Korn con la afirmación exactamente opuesta: tenemos y muy arraigada, una tradición pedagógica, cuyo historial se remonta a los jesuitas, pasa por Alberdi y Sarmiento, y llega hasta la Escuela de Paraná. Aunque esta Escuela no satisfaga por su orientación y sea preciso superarla, era "de cepa nacional". No reconocer este pasado es para Korn "una falta de visión histórica" y una ingenuidad "negar su existencia".

Una última e interesante objeción realiza. Se refiere Taborda a la idea de una "Escuela única", "uniforme y obligatoria para todo el país". Korn filia esta idea como rasgo característico de la mentalidad latina apoyada en el racionalismo y en la confianza "en el valor infalible de las construcciones lógicas". El criterio, que le espanta, no se da, según su opinión, en los pueblos anglosajones y germánicos que "no padecen de semejante superstición" y aceptan la mayor "complejidad dentro de la unidad". Rechaza enfáticamente "un molde nacional único e implacable, impuesto por el criterio de la oligarquía que casualmente nos gobierna". Esta forma única le parece una coacción "al más argentino de todos los conceptos: al de la Libertad", que escribe con mayúscula. Completa su epístola con una disculpa por las reflexiones si "han resultado demasiado agresivas", le desea que publique prontamente la parte inédita, y alaba el tratamiento "con altura y reposo" de un asunto "tan apasionante".

Con esta última contribución se cierra el ciclo de Alejandro Korn en las páginas de la revista Nosotros, de la que también era lector atento, como lo atestiguan parte de sus cartas38.Se podría decir que desde su primera publicación se observa el andamiaje intelectual ya formado, expresado sin vacilaciones, con tópicos situados desde su peculiar mirada. Un pensamiento maduro, cuando ya ha abandonado el positivismo de su primera etapa y ocupa la cátedra universitaria. Toma siempre posición, no demora en devaneos retóricos, aunque su palabra es elegante, aún cuando dice durezas. Por momentos, cuando expresa el carácter nacional, es hiperbólico, pero no duda en fustigar los vicios argentinos cuando la ocasión lo permite. Hay un trasfondo permanente de la idea de libertad, de la cual hace ejercicio en sus mismos puntos de vista. En este respecto se advierte que más que una filosofía, de formas cerradas y sistemáticas, hay un filosofar. No hay compromisos espurios, ni con los seres humanos concretos, ni con ideas preconcebidas. Sus metas son siempre de carácter ético, conformes a la justicia social y al libre desarrollo de la personalidad. Cuando escribe la última contribución ya se ha alejado de la cátedra universitaria y participa de la creación del Colegio Libre de Estudios Superiores, como de la formación de la Sociedad Kantiana. Diversos e importantes fueron los cargos públicos que ocupó, pero esa madurez lo encamina a ingresar en 1930 al socialismo. Por sus ideales y principios filosóficos se sintió identificado con este partido político. Estaba ya en los años finales de su fecunda vida y aún seguía siendo un incansable batallador. Como expresara en una de esas cartas: "Lucho, luego soy"39. Había comenzado a escribir en Nosotros a los 53 años y dejaba su último rastro a los 71 años.  

Artículos de Alejandro Korn en la revista NOSOTROS

Palingenesia. Comentario por W. W. (pseudónimo de Alejandro Korn) al libro de Oscar Tiberio (pseudónimo de Roberto S. Bordenave).
Año 7, v. 10, nº 47, p. 72-76, marzo 1913.

Segunda encuesta de Nosotros, ¿Cuál es el valor del Martín Fierro?
Año 7, v. 11, nº 51, p. 82-83, julio 1913.

"Teddy" por W. W.
Año 7, v. 12, nº 56, p. 293-294, diciembre 1913.

"Groussac" por W. W.
Año 10, v. 23, nº 87, p. 31-34, julio 1916.
Incluido en Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949, p. 589-591.

 "Su filosofía"
Año 13, v. 32, nº 122, p. 232-235, junio-julio 1919.
Se refiere a Amado Nervo.

"La demostración a Eugenio D´Ors"
Año 15, v. 38, nº 147, p. 507-521, agosto 1921.
Incluido en Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949, p. 665-666, bajo el título "Contenido ideal de la Reforma".

"El sepelio de Ingenieros"
Año 19, v. 51, nº 199, p. 687-697, diciembre 1925.

"Filosofía argentina"
Año 21, v. 57, nº 219-220, p. 52-68, agosto-setiembre 1927.
Incluido en Obras. La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1938, t. 3, p. 259-280; Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949, p. 29-41.

"Hermann Keyserling"
Año 23, v. 64, nº 241, p. 370-372, junio 1929.
Incluido en Obras. La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1938, t. 2, p. 179-182; Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949, p. 394-396.

"Groussac"
Año 23, v. 65, nº 242, p. 47-54, julio 1929.
Este artículo era parte de Influencias filosóficas en la evolución nacional. Incluido en Obras. La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1938, t. 3, p. 219 y ss.; Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949, p.166 y ss.

"Epístola antipedagógica"
Año 25, v. 72, nº 264, p. 76-80, mayo 1931.
Incluido en Obras. La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1938, t. 2, p. 309-314; Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949, p. 646-649.

Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949, p. 646-649.

Notas

1 Nosotros. Revista mensual de letras, arte historia, filosofía y ciencias sociales. Buenos Aires, 1ª época: 1 de agosto de 1907/abril-diciembre de 1934. 2ª época: abril de 1936/diciembre de 1943. La revista tuvo entretanto algunas interrupciones más breves, entre mayo de 1910 y marzo de ; entre agosto y octubre de 1912; entre agosto de 1940 y mayo de 1941. Véase Elena Ardissone y Nélida Salvador (comps.), "Bibliografía de la revista Nosotros, 1907-1943", en Bibliografía argentina de artes y letras. Compilación especial nº 39-42. Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 1971, 700 p.
Para aspectos más amplios de la revista, remito a: Aurora Ravina, "Profesar el plural. Nosotros 1907-1934/1936-1943", separata de Cuando opinar es actuar. Revistas argentinas de siglo XX. Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1999, p. 57-91; "Nosotros: Opinión y debate sobre cultura y política. Entre la ley Sáenz Peña y la crisis de 1930", en: Clío. Revista del Comité Argentino de Ciencias Históricas, Buenos Aires, 1997, nº 4, p. 29-45; Nicolás Shumway, "Nosotros y el 'nosotros' de Nosotros", en: Saúl Sosnowski (ed.), La cultura de un siglo. América latina en sus revistas. Buenos Aires, Alianza, 1999, p. 165-180; Clara Alicia Jalif de Bertranou, "Diez años de la cultura argentina del Centenario a través de la revista Nosotros. Opiniones sobre la I Guerra", en: Clara Alicia Jalif de Bertranou (comp.), Argentina en el espejo. Sujeto, nación y existencia en el medio siglo (1900-1950). Mendoza, Argentina, EDIUNC, 2006, p. 223-242.
Alfredo Bianchi nació en Rosario, Argentina, el 6 de abril de 1882. Falleció el 23 de noviembre de 1942. Roberto Giusti nació en Lecce, Italia, el 10 de marzo de 1887. Tomó la ciudadanía argentina. Falleció en 1978.
En adelante toda anotación que remita a la Revista se hará sólo con los datos de impresión indispensables. En la transcripción de textos se respeta la ortografía y sintaxis original.
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2 Alejandro Korn, Obras. La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1938; Obras Completas. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1949. Al final incluimos la lista de las colaboraciones en Nosotros y demás detalles.  Confrontamos con ambas ediciones.         [ Links ]

3 W.W., a. 7, v. 10, nº 48, p. 72-76, marzo 1913.

4 Cf. Juan Carlos Torchia Estrada, Alejandro Korn: profesión y vocación. Col. Nuestra América. México, UNAM-CCYDEL, 1986.        [ Links ]

5 Encuesta "¿Cuál es el valor del Martín Fierro?".  Respuesta de Alejandro Korn en a. 7, v. 11, nº 51, p. 81-82, julio 1913.

6 Ibid., p. 82-83.

7 WW, "Teddy", a. 7, v. 12, nº 56, p. 293-294, dic. 1913.

8 William Mac Kinley fue un diputado republicano y gobernador del Estado de Ohio. Llegó a la presidencia apoyado por el grupo Hanna. Mediante una política proteccionista e imperialista, anexó las Islas de Hawai entre 1897 y 1898. El 19 de diciembre de 1897 anunció la intervención de EEUU en la guerra de Cuba contra España. Después de la guerra hispano-norteamericana, anexó Puerto Rico, Guam y Filipinas, en 1898. Entre 1898 y 1899 ocupó Cuba. Fue reelegido en 1900, pero murió asesinado por el anarquista I. Czologsz.

9 Bajo el título "La demostración a Eugenio D´Ors" se incluyen varios discursos, entre ellos el de Alejandro Korn, a. 15, v. 38, nº 147, p. 507-521, ag. 1921. 

10 Alejandro Korn, "Hermann Keyserling", a. 23, v. 64, nº 241, p. 370-372, jun. 1929.

11 WW., "Groussac", a. 10, v. 23, nº 87, p. 31-34, julio 1916.

12 Roberto Levillier, "El aspecto moral de la obra de Pablo Groussac", a. X, v. 22, nº 86, p. 285-303, junio 1916. La cita en p. 286.

13 Ibid.

14 W. W., "Groussac", p. 32.

15 Ibid., p. 33.

16 Alejandro Korn, Obras. La Plata, Universidad de La Plata, 1940, t. I, p. 121 y ss.         [ Links ]

17 W. W. "Groussac", p. 47.

18 Ibid., p. 48.

19 Ibid., p. 49.

20 Ibid., p. 54.

21 Alejandro Korn, "Su filosofía", a. 13, v. 12, nº 122, p. 232-235, jun.-jul. 1919.

22 Alejandro Korn, "El sepelio de Ingenieros", a. 19, v. 51, nº 199, p. 687-697, dic. 1925.

23 "Su filosofía", p. 233.

24 Ibid., p. 234.

25 Ibid.

26 Ibid. Nótese la equiparación de la mujer con la pasividad y la asignación de la acción y el vigor al hombre. En otras oportunidades Korn tendrá similares expresiones.

27 Ibid., p. 235.

28 Ibid.

29 Alfredo Colmo, "La filosofía de Amado Nervo", a. 13, v. 32, nº 122, p. 236-245, junio 1919.

30 Ibid., p. 237-238.

31 Alejandro Korn, "El sepelio de Ingenieros", p. 689.

32 Alejandro Korn, Apuntes filosóficos, en Obras, ed. cit., t. 1, c. XIV, p. 207-213.

33 Alejandro Korn, "El sepelio de Ingenieros", p. 690.

34 Alejandro Korn, "Filosofía argentina", a. 21, v. 57, nº 219-220, p. 52-68, ag.-set. 1927.

35 Ricaurte Soler, El positivismo argentino. Buenos Aires, Piados, 1968, p. 65.        [ Links ]

36 Alejandro Korn, "Epístola antipedagógica", a. 25, v. 72, nº 264, p. 76-80, mayo 1931.

37 Saúl Taborda, "Investigaciones pedagógicas. Bases y proposiciones para un sistema docente", en Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, v. 17, nº 3/4, p. 65-109, mayo-junio, 1930; nº 5/6, p. 128-174, julio-agosto, 1930; nº 7/9, p. 136-204, setiembre-octubre, 1930.  Investigaciones pedagógicas, I, 258 pp., sección Humanidades, Imprenta de la Universidad de Córdoba, 1932. Edición completa: Investigaciones pedagógicas., 4 tomos, 2 volúmenes, 389 y 418 pp. Prólogo de Santiago Montserrat. Córdoba, Ediciones Ateneo Filosófico de Córdoba, 1951. El último volumen es en realidad el primero que se publicó en su primera oportunidad. Los volúmenes I, II y III son efectivamente los últimos en publicarse, donde sus reflexiones corrigen algunas de sus primeras meditaciones.         [ Links ]

38 Véase "Apéndice Documental", en Torchia Estrada, op. cit., p. 225 y ss.

39 Ibid., p. 231.

La autora
Clara Alicia Jalif de Bertranou: Doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de Cuyo. Investigadora Independiente del CONICET en Historia de la Filosofía Argentina y Latinoamericana. Ejerce la titularidad de las cátedras de Historia de la Filosofía Argentina e Historia de la Filosofía Latinoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la mencionada universidad, donde es asimismo Directora del Instituto de Filosofía Argentina y Americana. Realizó estudios de postgrado en su universidad de origen y en la Universidad de California, EEUU. Ha sido becaria de diversas instituciones, entre ellas de la Organización de Estados Americanos-OEA. Es editora de Cuyo. Anuario de Filosofía Argentina y Americana. Autora y compiladora de libros, entre los que cabe mencionar: Pensamiento Latinoamericano (Mendoza, EDIUNC, 1991); Anverso y reverso de América Latina (Mendoza, EDIUNC, 1995); Semillas en el tiempo. El latinoamericanismo filosófico contemporáneo (Mendoza, EDIUNC, 2001); Francisco Bilbao y la experiencia libertaria de América (Mendoza, EDIUNC, 2003) y Argentina en el espejo. Sujeto, nación y existencia en el medio siglo (1900-1959) (Mendoza, EDIUNC, 2006). Más recientemente ha rescatado el texto de Luis José de la Peña, Lecciones de Filosofía, 1827 (Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, Instituto de Filosofía Argentina y Americana, 2006). Dicho texto agrega a la conocida trilogía del período de la Ideología (J. C. Lafinur, J. M. Fernández y D. Alcorta) este cuarto extenso manuscrito. También es autora de numerosos trabajos y ha participado en calidad de expositora y panelista en diversos congresos. Actualmente es Contributing Editor del Handbook of Latin American Studies, confeccionado por la Library of Congress, EEUU. Es directora de proyectos de investigación en su especialidad.