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Estudios de filosofía práctica e historia de las ideas

versión On-line ISSN 1851-9490

Estud. filos. práct. hist. ideas vol.12 no.1 Mendoza jun. 2010

 

COMENTARIOS DE LIBROS

Kohan, Walter Omar. Sócrates: el enigma de enseñar.
Buenos Aires, Editorial Biblos, 2009. (129 p.) ISBN 978-950-786-711-8

Mariana Alvarado*
Instituto de Filosofía Argentina y Americana,  Facultad de Filosofía y Letras, UNCuyo -  CONICET

Corrían los años 80 cuando Walter Omar Kohan iniciaba su carrera de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Presentaba, entonces, su primer trabajo final en la cátedra de "Introducción a la Filosofía Antigua" que según él podría haberse denominado "Introducción a Sócrates y Platón". Un dato significativo para quien no sólo trabajó la ética socrática sino que además concluyó su proceso de formación de posgrado a finales de los 90 con un trabajo titulado Pensando la filosofía en la educación de los niños. Tesis en la que Sócrates recibía un lugar preferencial como paradigma de un ejercicio filosófico que contribuía a la formación crítica y dialógica de la infancia. Un recorrido que más tarde lo llevaría a concentrar sus estudios en la relación entre filosofía y educación para explorar como educador-moderador diferentes formas de experiencias filosóficas con infantes y como formador de formadores el valor político de esa práctica.

Aquel inicio en el grado y aquel final en el posgrado no sólo delatan razones biográficas por las que Kohan explicita haber sido seducido por la figura socrática sino que además acusan un modo de entrar en relación con la filosofía que atraviesa de principio a fin su ingreso en el filosofar. El trabajo que aquí comentamos fue escrito en la continuidad de su tarea de formación post-doctoral durante su estadía en la Universidad de París VIII entre 2006 y 2007 cuando desarrollaba la nota de síntesis para la obtención del diploma de Habilitation à Diriger des Recherches que defendió ante un jurado conformado por Stéphane Douailler, Jacques Rancière, Hubert Vincent, Laurence Cornu y Alain Vergnioux.

Aquella estadía se traduce con este libro en una pregunta aparentemente superficial, tonta, insignificante. Una pregunta que acusa de oídos sordos en tiempos en los que lo que todo el mundo piensa o presupone se ha vuelto contra la vida. ¿Es posible que existan maestros? y casi sin rodeos inmediatamente responde por aquella maestra dedicada que enseñó a leer en primer grado, el profesor que influyó en la secundaria para definir una carrera, por los maestros reconocidos históricamente Sócrates, maestro de Platón; Simón Rodríguez, maestro de Bolívar; Sarmiento, maestro de todos los argentinos entre los que podríamos instalar la diferencia de un  Francisco Giner de los Ríos en relación a Lorenzo Luzuriaga, o de Pedro Scalabrini como maestro de Carlos Norberto Vergara, etc.

Pero estas respuestas no alcanzan a sortear la sospecha que esa pregunta supone. Kohan pregunta de nuevo ¿es posible que existan maestros en verdad? Claro que sí, podríamos responder con él. Sin embargo ese "en verdad" incluido en su sospecha instala la cuestión del poder con la que la pregunta adquiere una radicalidad inadvertida en su primera formulación. Lo que pregunta entonces es si ha existido un maestro con todas las letras en el ejercicio del poder pedagógico y, de un modo más general si es posible ser maestro de verdad en el ejercicio del poder docente o dicho de otro modo si se puede encontrar una política deseable al pensar las relaciones entre quien dice ocupar el lugar de quien enseña y quien está puesto en el de quien aprende.

Sócrates: el enigma de enseñar despliega esa pregunta a través de una persona de un maestro reconocido por cualquier historia de las ideas pedagógicas: Sócrates. No se trata de pensar cómo enseñar y aprender; si son políticamente correctas estas prácticas o aquellas otras, si son más verdaderas las dialógicas, donde la palabra es más compartida, que otras tradicionales, en las que el profesor prioriza el habla y los alumnos escuchan. Lo que interesa considerar atraviesa diferentes modalidades, está un poco "antes", de alguna forma, y las distintas estrategias pedagógicas la suponen: ¿es posible afirmar una política -sugestiva, potente, jovial- al ocupar el lugar del maestro?

Los sentidos políticos de la vocación educativa de la filosofía se exponen en torno a la figura enigmática y paradójica de Sócrates. La puesta en práctica de la filosofía con pretensiones educativas se presenta en términos políticos y con Sócrates de forma enigmática y paradójica.

¿Qué política se afirma para el pensamiento cuando la filosofía se presenta en situación educativa? ¿Qué fuerzas, espacios, poderes del pensamiento pueden ejercerse en la relación entre quien enseña y quien aprende filosofía? Centrar este problema en la figura de Sócrates significa, tal como lo propone Kohan, desplegar esa pregunta en otras ¿qué fuerzas son las que Sócrates dispone para el pensamiento de sus interlocutores en las conversaciones que lleva a cabo con jóvenes y adultos de Atenas? ¿Qué permite y qué impide pensar? ¿Qué transmite y cómo lo hace? ¿Qué circuitos recorre para ello? ¿Qué efectos provoca en el pensar de sus interlocutores, en su relación con lo que piensan, en su manera de considerarse sujetos pensantes? ¿Qué sabe y qué ignora al ocupar un lugar con efectos pedagógicos? ¿De qué manera y para qué se sitúa a la filosofía en ese espacio? ¿En qué medida sus intervenciones permiten o dificultan pensar la transformación de los modos de vida individuales y colectivos?

No se trata de un trabajo sobre las ideas políticas de Sócrates ni tampoco de lo que él pensaba sobre la política. No se trata del modo de ejercer el poder que Sócrates y sus interlocutores habitaron al entrar en relación. El lector no encontrará en este libro una exposición sobre los efectos políticos de una posición como la que ocupa Sócrates al ejercer la palabra con otros. El punto de partida es una paradoja que se presenta en toda relación pedagógica que pretenda afirmar su dimensión filosófica.

Kohan piensa en/con/desde una figura de la que sólo se conservan los testimonios indirectos del discípulo desobediente Platón, del comediógrafo adversario Aristófanes, del cronista historiador Jenofonte, de Aristóteles entre otros. Aún así el libro no tiene pretensiones historiográficas se instala más acá del "Sócrates histórico" y más allá de la "cuestión socrática". Sin negar interés o valor a otros testimonios, sin despreciar el trabajo de la tradición hermenéutica sino concentrando la atención en elementos afirmados para el problema que le ocupa polemiza con lecturas filosóficas sobre Sócrates que han dejado una marca en la historia de las ideas filosóficas sobre la educación pero también con los presupuestos y el sentido que acompañan esas lecturas.

Leer este libro posibilita de algún modo pensar en su escritura como un diálogo de/en/entre otras lecturas-escrituras en el interior de una escritura. Una escritura que implica bajo la apariencia de una línea de palabras, repeticiones, parodias, ficciones, ecos, máscaras de otras escrituras. Una escritura paradójica en tanto que versa de algún modo sobre la no-escritura. Una escritura que lee en lo no escrito un infinito de escrituras sobre la ausencia de escritura propiamente socrática. En todos los casos se trata de lecturas controvertidas, potentes, filosóficas. Los conceptos y autores trabajados en el libro dan una composición lo suficientemente suculenta para abrir aún más el problema del que se ocupa el texto. Lecturas que atienden diversas dimensiones de la intervención socrática: metafísico-religiosa (ironía), ético-estética (cuidado), cultural-ética (vida), política (igualdad, diferencia), que refuerzan el valor y el sentido del enigma socrático.

Así, es posible encontrar a Sócrates pero también a otros Sócrates. De algunos entre muchos que habitan el campo filosófico surge en la travesía otro Sócrates, más aún, varios Sócrates y quizá uno más entre aquellos y estos.

El texto presenta la dupla Kierkegaard-Foucault y Nietzsche-Rancière para instalar la cuestión de si es ¿Es necesario defender a Sócrates? o ¿Es necesario atacar a Sócrates? En cada una de estas partes, en cada una de esta dupla, Kohan invitará a leer a Lisis, la Apología, Cármines, Menón, Eutifrón, Alcibíades y Laques en el Sócrates irónico de Kierkegaard, en el Sócrates del arte de existir de Foucault, en el Sócrates de Jenofonte que despierta la furia de Nietzsche contra el socratismo, en la incapacidad de escucha que Rancière denuncia en Sócrates.

En una primera parte S. Kierkegaard y las clases que en 1984 Michel Foucault ofreció en el Collage de France encuentran en Sócrates al precursor del proyecto filosófico que cada uno ha pensado para sí. En la segunda parte y frente al discurso dominante en pedagogía que hace del ateniense una especie de héroe filosófico, Rancière lo sitúa, al contrario como el más peligroso de los embrutecedores en la medida que esconde bajo una máscara emancipadora su pasión desigualitaria. Con Nietzsche se instala todo lo que el propio proyecto filosófico no debe seguir. 

Entiende Kohan que esas cuatro lecturas pueden contraponerse. Lecturas enfrentadas en las que hay más de una política de pensamiento afirmada por Sócrates. Mientras en una ve abrirse con Sócrates un espacio deseable en el pensamiento en tanto que reviste caracteres positivos para sí y para los otros cuando se trata de pensar su proyección educativa, la otra, no puede ver en Sócrates sino las marcas de un largo camino en el que la filosofía se travestirá de antipolítica, de antidemocracia, de antiigualdad.

Reconfigura los términos de una discusión en la que construye, de-construye y re-construye una tradición de lectura y escritura. No es la reconstrucción de una figura o de un pensamiento lo que está en juego en su trabajo ni la producción de verdad sobre ellos sino más bien la posibilidad de encontrar elementos para nombrar un problema a partir de una figura. Como pocos nos enseña, nos permite aprender -con lecturas que en su escritura se tensionan con extravagancia irresoluble- un modo de vincularnos con lo que leemos, un modo de enfrentarnos a las razones que nos llevan a elegir determinado texto y a los sentidos con/en los que leemos a Sócrates en particular y a un filósofo en general, un modo incluso de situarnos en el afecto y en la  afección que su propia escritura afirma.

Todo lo cual dispone el lugar para que en un nuevo exegeta, Jacques Derrida, de acogida a la aporía, al enigma, a la antinomia. El filósofo argelino invierte la relación entre Sócrates y Platón a partir de una tarjeta postal medieval en la que Platón dicta y Sócrates escribe. Walter O. Kohan la elige como tapa y epílogo de su libro.

El testimonio de Derrida sobre Sócrates está diseminado en varios textos. Uno de ellos forma parte de un proyecto de pensar el psicoanálisis freudiano teorizándolo a partir de la lógica del postear, de la destinación. Allí, señala Kohan, reúne una serie de cartas personales, escritas entre 1977 y 1979, y publicadas en 1980 bajo el título La Carte postale. Entre ellas aparece una tarjeta postal del siglo XIII, obra de Matthew Paris, monje medieval, que Derrida encontró en la Biblioteca Bodleiana de Oxford. "La tarjeta muestra a Sócrates sentado, agachado, y a Platón detrás, más pequeño, casi en el aire, apoyado en un solo pie, con el dedo índice hacia arriba, justamente indicando, dando una orden, señalando el camino. Sócrates, sentado delante de Platón, está preparándose, mojando su pluma de tinta, en la pose de quien va a comenzar a escribir, tal vez lo que Platón le dicte. Debajo de la pierna derecha de Sócrates asoma una espada: es el pene caliente de Platón que atraviesa la silla y a Sócrates (...)"

La postal hace delirar obscenamente a Derrida. Encanta la lectura de Kohan. Afecta definitivamente al lector. Mas que por lo que ella muestra, por todo lo que ella deja encontrar: el negativo de una fotografía que esperó siglos para ser revelada. Una tarjeta que realizaría un sueño, ¿el de Platón? y una pesadilla, ¿la nuestra?

Al terminar de leer el libro quizá estemos en mejores condiciones de pensar las preguntas que dieron lugar a este comentario y que animan la articulación de las voces que Sócrates: el enigma de enseñar hace escuchar: ¿existen los maestros? ¿es posible ser un maestro de verdad? ¿para qué ejercer el poder de/al/para enseñar (y aprender) filosofía? Kohan invita con estas preguntas a un recorrido iniciado en Infancia. Entre Educaçâo e Filosofia (Belo Horizonte: Autêntica, 2003) y en Infancia, política y pensamiento (Bs. As.: del estante, 2007) cuyos ecos se anticiparon en la revisión crítica del proyecto de filosofía para niños que tuvo lugar en Filosofia para crianças (RJ: Vozes, 2000) y Filosofía con niños (Bs. As.: Novedades Educativas: 2000) entre otros libros. Se trata nada más y nada menos de un trabajo descolonizador del pensamiento consigo mismo. 

La autora

*Mariana Alvarado es Profesora de Grado Universitario en Filosofía (FFyL, UNCuyo), Especialista en Constructivismo y Educación (FLACSO), Diplomada en Cultura y Comunicación, (FCPyS, UNCuyo), Doctoranda por la UNCuyo, Becaria de CONICET con sede de trabajo en el Instituto de Filosofía Argentina y Americana, UNCuyo. Es Miembro del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de Filosofía en la Escuela (CIIFE), UNCuyo. Su área de investigación gira en torno a los vínculos entre filosofía y educación y se sitúa en los discursos pedagógicos de fines del siglo XIX y principios del siglo XX en la República Argentina. Tiene trabajos publicados como capítulos de libros y en revistas especializadas, entre ellos: Educación Alternativa. En Biagini, Hugo y Arturo A. Roig (dir.). 2009. Diccionario del pensamiento alternativo, tomo II. En línea en:  http://www.cecies.org/articulo.asp?id=235