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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.10  Rosario dic. 2006

 

POLÍTICAS DE LA HISTORIA

ENTREVISTA: Carlos Martínez Shaw y la historia marítima total

 

José Antonio Martínez Torres
Profesor en la UNED
almasit@hotmail.com

 

Carlos Martínez Shaw es uno de los principales impulsores de la historia marítima del Antiguo Régimen en España. Buen conocedor de las preocupaciones temáticas y metodológicas de la escuela de los Annales, sus investigaciones sobre el comercio catalán con América durante los siglos XVII y XVIII, inspiradas en el magisterio de Pierre Vilar, desmontaron el tópico de la exclusión de Cataluña con anterioridad a la autorización de Carlos III. Nacido en Sevilla en 1945, Carlos Martínez Shaw ha sido Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona (1984-1993) y Presidente del desaparecido Centro de Estudios de Historia Moderna "Pierre Vilar" (1984-1994). Desde 1993 es Catedrático de Historia Moderna en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Madrid), donde compagina la docencia con la dirección de una serie de proyectos sobre el comercio exterior español durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Está vinculado como redactor o asesor a numerosas revistas de historia y cultura, entre las que sobresalen Hispania, L´Avenç, Drassana, Revista de Historia Social, Cuadernos de Historia de España (Buenos Aires) y Secuencia (México). Pertenece a las Reales Sociedades Bascongada y Matritense de Amigos del País. Es redactor de la History of Mankind publicada por la UNESCO. Colaborador asiduo de El País y El Periódico de Cataluña, en cuyas páginas se ocupa de la crítica de libros de historia moderna y de literatura asiática. Experto en la cultura oriental de la Edad Moderna, la ha divulgado entre el público hispano en una serie de importantes exposiciones de carácter nacional e internacional comisariadas junto a Marina Alfonso Mola, profesora de Historia Moderna en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Madrid). Profesor invitado en varias universidades europeas y americanas, en su amplia producción bibliográfica como autor y editor destacan los siguientes títulos: Cataluña en la Carrera de Indias, 1680-1756 (Crítica, Barcelona, 1981), Spanish Pacific. From Magallanes to Malaspina (Lunwerg, Barcelona, 1988), Séville XVIe siècle, de Colom à don Quichotte (Autrement, París, 1992), La emigración española a América, 1492-1824 (Archivo de Indianos, Oviedo, 1992), El Derecho y el Mar en la España Moderna (Universidad de Granada, Granada, 1995), Historia de Asia en la Edad Moderna (Arco/Libros, Madrid, 1996), Europa y los Nuevos Mundos, siglos XV-XVIII (Síntesis, Madrid, 1996), El galeón de Manila (Ministerio de Educación Cultura y Deporte, Sevilla, 2000), Oriente en Palacio (El Viso, Madrid, 2003) y El sistema atlántico español, siglos XVII-XIX (Marcial Pons, Madrid, 2004).

El comercio catalán y la polémica del libre comercio

P: Vd. empezó estudiando el comercio catalán indirecto de los siglos XVII y XVIII, ¿dónde arranca la motivación por este estudio? ¿En qué punto se encontraba dicha temática cuando Vd. desarrollaba su investigación? ¿Qué lecturas y qué documentos le inspiraron? ¿Cuáles fueron los resultados obtenidos? ¿Qué sabemos hoy del tráfico no privilegiado del periodo 1756-1778, "continuación lógica y necesaria", según sus propias palabras, de Cataluña en la Carrera de Indias?

R: La primera inspiración para Cataluña en la Carrera de Indias vino de mi asistencia en Sevilla, en 1967, a uno de los coloquios internacionales de historia marítima que habían nacido en París en 1956. Entonces, tuve ocasión de escuchar a diversos profesores que trataban sobre esos temas, y fundamentalmente a Valentín Vázquez de Prada, que habló de "los caminos de Cataluña en el comercio americano" y de la falta de un trabajo sistemático sobre esta cuestión. Por ello, cuando me trasladé a Barcelona, a los pocos meses después del coloquio, recurrí al doctor Valentín Vázquez de Prada para que me dirigiera la tesis doctoral sobre ese tema donde faltaba esa investigación concreta.
La base fundamental de mi investigación fue el libro de Pierre Vilar, Cataluña en la España Moderna (1962), y el resto de su obra empírica y teórica. Para realizar el estudio de ese comercio indirecto me basé en la documentación que se custodia en el Archivo General de Indias y en toda una serie de archivos catalanes, no sólo de Barcelona, sino también de algunas de las ciudades más implicadas en el comercio colonial: Arenys, Canet, Mataró, etc.
Lo que salió a la luz fue el esfuerzo de Cataluña por encontrar una vía fácil para el comercio con América, del que había quedado excluida, no por ninguna argumentación legal sino por la incapacidad de integrarse en ese pesado instrumento del comercio que fue el "sistema de flotas y galeones". Con la recuperación de Cataluña a finales del siglo XVII, la burguesía catalana intentó paliar su incapacidad de crear instrumentos comerciales haciendo uso del "sistema de registros sueltos", implantado fortuitamente a partir de la guerra contra Inglaterra en 1739, y montando todo un aparato de penetración mercantil en los puertos andaluces y americanos.
Efectivamente, hoy día los trabajos sobre el comercio de Cataluña con América no están terminados. Si bien se ha cubierto la etapa del libre comercio a través de los trabajos de José María Delgado y de John Fisher, todavía está pendiente de estudio el periodo de 1756 a 1778; sólo se ha hecho el comercio privilegiado gracias al libro de José María Oliva. No obstante, el comercio no privilegiado, que siguió en paralelo a la Compañía de Barcelona, efectivamente falta por hacer. Para esa investigación no he encontrado ningún colaborador. Existe la documentación, basta con ir de nuevo al Archivo General de Indias para encontrar los registros de los barcos.

P: ¿En qué medida el comercio colonial hispano pudo proporcionar motores capaces de iniciar, acelerar o simplemente apoyar una revolución industrial?

R: Responder a esta pregunta implica teorizar sobre los orígenes de la revolución industrial: orígenes internos a través de la tesis de Maurice Dobb, orígenes externos a través de la tesis de Paul Sweezy. En fin, es un debate tan extenso que una respuesta unívoca no existe. Lo único que puede decirse es que los beneficios del comercio colonial no fueron capaces por sí solos de generar una revolución industrial.
Nosotros, deslumbrados en un primer momento por el comercio colonial, pensamos que el comercio ultramarino superaba al resto de los sectores comerciales. Sin embargo, hoy estamos en condiciones de afirmar que no: el desarrollo del comercio colonial no sólo no condenó al olvido a otros comercios sino que los potenció. Este sería el caso del comercio en el Mediterráneo durante el siglo XVIII, que se vio fortalecido por la expansión generalizada de Cataluña.

P: ¿Qué significó realmente el libre comercio?

R: La valoración del libre comercio también ha dado lugar a un amplio debate historiográfico. José María Delgado, en los trabajos que ha dedicado a esta cuestión, ha tratado de minusvalorar el papel del libre comercio en el desarrollo de los últimos años de la vida económica catalana. Josep Fontana, en sus explicaciones, también ha recogido esta idea y la ha potenciado. Yo siempre he detectado en estas tesis no un respeto estricto a lo que los documentos dicen, sino una óptica nacionalista catalana que tiende a rebajar todos los logros de la dinastía borbónica. Y en este caso concreto, a minusvalorar una medida política como el libre comercio, que representó para Cataluña el fin de todas las barreras que el comercio catalán había ido encontrando a lo largo de su historia. El "sistema de registros sueltos" significó saltar una barrera, la concesión de la Compañía de Barcelona (1756) significó saltar otra, la libertad del comercio de Barlovento hizo saltar muchas otras y, finalmente, el libre comercio (1778) las hizo saltar todas. Todo esto tuvo una repercusión indudable en Cataluña, y los datos, los datos estrictos, lo único que avalan es que el comercio colonial catalán sufrió un incremento extraordinario a lo largo del periodo de vigencia del libre comercio.

P: Los clásicos trabajos de Earl J. Hamilton y Pierre Chaunu mostraron una relación muy estrecha entre la metrópoli y sus colonias, y dieron por sentado que los ritmos coyunturales de éstas determinaban los del resto de los territorios que componían la Monarquía hispánica en la Edad Moderna. Tal visión, a pesar de haber sido cuestionada por los trabajos de Michel Morineau, John TePaske-Herbert S. Klein y Carmen Yuste, todavía sigue pesando mucho historiográficamente. ¿A qué cree Vd. que es debido?

R: Parafraseando a Fernand Braudel, yo diría que las mentalidades son "prisiones de larga duración". Cuesta mucho trabajo que las investigaciones se abran camino dentro de los paradigmas dominantes de la interpretación historiográfica. A eso obedece el que se sigan manteniendo toda una serie de trabajos ya muy clásicos como el de Hamilton, que es del año 1934, y que tenga que ser siempre el punto de partida para la discusión historiográfica. Pero en cualquier caso, lo que sí se puede decir es que hay como mínimo dos planos en los que tendríamos que reflexionar y debatir.
En primer lugar, habría que reflexionar sobre el papel del sector del comercio colonial dentro de la composición del Producto Nacional Bruto. ¿Qué supuso? Si se pudiera reducir a un término estadístico, ¿qué implicaba? Es muy difícil responder a estas cuestiones, ya que entre otros muchos factores hay que tener en consideración los papeles dinamizadores de los impactos metálicos. Leandro Prados de la Escosura, en dos ensayos complejos, difíciles, pero desde luego desarrollados con mucha inteligencia, ha intentado dar una respuesta a tales preguntas.1 En su opinión, hay que relativizar el papel que la historiografía ha dado a la pérdida de las colonias, ya que ningún sector de la economía española, ni siquiera el más dañado, se vio afectado sino en modestos porcentajes.
Hay que tomar estas elucubraciones con mucha cautela. No obstante, son una idea para reflexionar. En una economía altamente feudalizada, como era la economía española de los siglos XVI y XVII, hay que pensar que una parte importante de la economía no se veía afectada por los flujos del oro y la plata. Además, hay que tener en cuenta que una buena parte de este metal apenas llegaba a España ya salía de ella para pagar la política exterior española. Hasta tal punto esto era así que un historiador norteamericano, Dennis Flynn, ha dicho que el oro y la plata sirvieron esencialmente para pagar la política imperial y el patrimonio artístico de España.
En segundo lugar, habría que seguir reflexionando sobre el significado de la "decadencia española". Durante los siglos XVI, XVII y XVIII España fue un imperio universal repartido por los cinco continentes. Con los medios de la época, mantener el imperio más grande de toda la historia universal fue una empresa colosal y tuvo enemigos colosales. Fue un verdadero milagro mantener esta estructura imperial durante tanto tiempo. Es cierto que hay una "decadencia española" en el siglo XVII. No obstante, esta "decadencia española" del siglo XVII no impide que España siga siendo una potencia de primera magnitud en la centuria siguiente. En el siglo XVIII, cuando se habla de las grandes potencias, uno todavía se está refiriendo a Inglaterra, Francia, Holanda y España. Esas eran las grandes potencias. Nadie deja de tener presente el papel que desempeñó España en las guerras internacionales. España fue decisiva en conflictos internacionales tan trascendentales como la Guerra de los Siete Años (1756-1763) o la independencia de las Trece Colonias (1776-1783).

La historia marítima "total" y el pacífico español

P: Del comercio indirecto a la emigración española a América pasando por las pesquerías, la legislación, la cultura marítima, etc., ¿cómo explica todos estos cambios? Estamos ante cuestiones que convergen dentro de una historia marítima que pretende ser "total" en el sentido que le dieron Lucien Febvre, Marc Bloch, Fernand Braudel y Pierre Vilar. ¿Qué diferencia a la forma de hacer historia marítima de antes de 1956 -celebración en París del Primer Coloquio Internacional de Historia Marítima dirigido por Michel Mollat du Jourdin- con la que se practica hoy, casi cincuenta años después? ¿Qué campos requieren un mayor estudio?

R: Hace ya bastantes años que di un salto desde una mera historia del comercio hacia la conceptualización de una verdadera economía marítima, donde el comercio por esta vía se unía a otras actividades complementarias que tenían lugar en las ciudades portuarias. Estas actividades eran la construcción naval, la pesca, el aprovechamiento de la sal, de las algas, etc. Progresivamente, he ido incorporando más cuestiones a este interés por unas economías muy en contacto con el mar. He llegado a pensar hasta en los molinos de marea movidos por la fuerza del mar o en la historia de los faros y las señales marítimas. Existe todo un mundo marítimo que ahora mismo está beneficiándose del exotismo del mar y de "la llamada del mar" que diría Josep Conrad. Pero dejando aparte la literatura, puede hacerse una conceptualización perfecta de lo que llamaríamos una historia marítima.
Una historia marítima es aquella que comprende todos los aspectos de la vida humana en conexión con el mar. Esta especificidad nació por influencia de la escuela de Annales y de los coloquios marítimos internacionales patrocinados por Michel Mollat du Jourdin. Empezó siendo una historia de la economía marítima, primero del tráfico comercial y luego de la construcción de los barcos y del transporte por vía marítima, estudiando no sólo las compañías para el comercio marítimo sino también las compañías para la construcción y la explotación del barco como medio de transporte. Más tarde, la historia marítima ya no sólo comprendía la economía marítima sino que también empezó a extenderse a una historia social. Al comienzo, esta historia social era la historia de los marineros, de la gente que vive del mar, de sus salarios, de sus huelgas, etc. Más allá, hay una historia institucional, que comprende el derecho marítimo, los consulados, las capitanías del puerto, las cofradías de marineros y pescadores, etc. Y finalmente hay otra historia más, la historia cultural del mar. El mar genera una cultura privativa que, en principio, es la cultura de los marineros. Marineros que tienen una religión sumamente supersticiosa; marineros que tienen una solidaridad de grupo muy fuerte porque están obligados a compartir un espacio muy estrecho; o marineros que se expresan a base de señales y golpes de silbato (el fragor del mar impide comunicar las órdenes de otro modo). En definitiva, que hay todo un mundo de los comportamientos en relación con el mar que está todavía por explorar y que lentamente se van incorporando a esta historia marítima "total" que es un ideal a cumplimentar.

P: Con demasiada frecuencia se atribuye, en no pocos libros de Historia, el descubrimiento de las islas del Pacífico a los ingleses en el siglo XVIII, y se olvida que marinos españoles como Ruy López de Villalobos o Andrés de Urdaneta navegaron por esas latitudes en el siglo XVI. ¿Qué explica esta falta de memoria histórica internacional?

R: La decadencia española de los siglos XIX y XX, en un momento en que se estaba construyendo la historiografía positivista y posteriormente la historia científica moderna, ha hecho que una gran parte de la historia de España haya quedado en bruma en los cenáculos internacionales. Esto no quiere decir que no haya habido historiadores españoles que hayan estudiado los descubrimientos del Pacífico. Sí que los ha habido, pero no han tenido proyección internacional. Todo esto ha hecho que la historiografía anglosajona haya sido la predominante a la hora de enfocar fenómenos de la historia universal en los que habían estado implicadas varias naciones. Se ha hecho, en cualquier caso, una interpretación sesgada de las hazañas de los holandeses, franceses e ingleses frente a los logros españoles. Esta situación se está corrigiendo no sólo por parte de la historiografía española actual, sino también incluso por parte de la historiografía de estos otros países. Señalaré algunos ejemplos.
Las exploraciones españolas en el Pacífico durante el siglo XVI son las únicas que realmente exploran la totalidad de este océano. Y lo exploran con casi dos siglos de anticipación a las exploraciones francesas, holandesas e inglesas. Estas exploraciones a veces han sido reivindicadas por historiadores que no pertenecen al ámbito hispano. Tal es el caso del australiano Oscar Spate, que ha llamado al periodo que fue de 1513 a 1607 la época del océano Pacífico como Spanish lake. ¿Por qué? Porque efectivamente ahí están las exploraciones de Ruy López de Villalobos, Andrés de Urdaneta y otras muchas más. Desde la gran vuelta al mundo de Magallanes-Elcano (1519-1522), hasta la última expedición de Pedro Fernández de Quirós (1605-1607), que llevó al desembarco en las islas de las Nuevas Hébridas, los españoles fueron los primeros en descubrir islas en la Micronesia, en la Melanesia y en la Polinesia. Es decir, los españoles fueron los primeros europeos en esas latitudes.
Otro ejemplo para insistir en esta falta de memoria histórica lo proporciona la reciente conmemoración del cuarto centenario de la llegada a Etiopía del padre Pedro Páez (1564-1622), que fue un jesuita español que evangelizó en Abisinia. Uno de sus logros fue la conversión al catolicismo de los emperadores Za-Dengel y Susenios. Todo esto también ha sido silenciado, bien por la historiografía portuguesa, que ha señalado con mucho énfasis que las misiones religiosas en Etiopía estaban exclusivamente bajo la órbita portuguesa, o bien por los historiadores ingleses, que atribuyeron a James Bruce uno de los grandes descubrimientos del padre Pedro Páez, el de las fuentes del Nilo azul.

P: Entre 1565 y 1815 el galeón de Manila vinculó el eje Veracruz-Acapulco-Manila-Sevilla. Es cierto que en la historia de esta vasta y exótica ruta hubo naufragios, muertes y hasta alguna que otra captura; no obstante, nadie puede dudar de la existencia de un importante trasiego de mercancías e ideas. En fin, ¿qué aportó exactamente el galeón de Manila a la sociedad española y americana del Antiguo Régimen? ¿Cuánto queda hoy de la mixtura cultural de antaño?

R: El galeón de Manila fue una vía comercial de primera importancia para un tráfico que, desde el punto de vista de las mercancías, era un tráfico sencillo. Fundamentalmente lo que iba hacia Manila era plata, porque había una gran demanda de ella en ese área del "Pacífico de los ibéricos". Por otra parte, lo que llegaba en sentido inverso eran sobre todo sederías y porcelanas, que eran las dos grandes estrellas de este comercio. Naturalmente también se transportaban especias y lacas japonesas. Todas estas mercancías se distribuyeron por todo el Imperio español en América gracias a los mercaderes que, desde Oaxaca o ciudad de México, acudían a la feria de Acapulco. Eso hacía que, desde Lima hasta Santa Fe de Nuevo México, se encontraran sedas o porcelanas chinas en lugares muy remotos. Ahora bien, el comercio del galeón no llegaba con facilidad hasta Sevilla en los siglos XVI y XVII. Las mercancías orientales en el puerto de Sevilla eran más bien escasas porque la mayor parte se quedaba en México. Nada más hay que ver los museos y conventos españoles comparados con los museos y conventos mexicanos. Allí, en México, uno puede encontrar sedas, mantones, biombos, colchas, porcelanas, tibores, etc. En España es muy difícil encontrar estos productos chinos procedentes de la ruta del Galeón. Hay, y tenemos constancia de ello, pero no en las mismas proporciones que en México.
Naturalmente, también hay una reexportación de lo que se había exportado desde España a América. Es decir, por la interposición mexicana hay una exportación de la lengua castellana, de la religión católica, de la arquitectura, de la iconografía y hasta de la cocina. En el siglo XX la ausencia de España en Filipinas y la larga ocupación por parte de los Estados Unidos ha contribuido a la paulatina desaparición del legado hispano. No obstante, todavía se conserva en los idiomas locales (muchos de ellos contienen palabras castellanas), en la religión (Filipinas es el único país asiático con mayoría católica entre su población), en la gastronomía, etc.

La historia de la España moderna: maestros y enseñanza

P: A lo largo de su carrera docente e investigadora Vd. ha tenido la suerte de conocer a muchos historiadores, ¿quiénes le han dejado una huella más profunda en el terreno profesional y personal?

R: Me considero un privilegiado por haber tenido la ocasión de aprender de tantos sabios como se han cruzado en mi vida, a veces por circunstancias meramente azarosas. A eso quiero también añadir mi condición de "hombre esponja", de persona que siempre ha tenido los oídos abiertos a todo aquel que podía enseñarme algo. Por tanto, la nómina de todos mis maestros sería muy larga. Dicho esto, tengo que indicar, en primer lugar, a mi profesor en la Universidad de Sevilla, José Manuel Cuenca, que me enseñó los rudimentos del oficio de historiador. En segundo lugar, le debo la dirección de mi tesis doctoral en la Universidad de Barcelona a Valentín Vázquez de Prada, cuyo apoyo también fue decisivo. Quizás la influencia intelectual más grande que se haya ejercido sobre mi modo de entender la historia sea la de Pierre Vilar. Para mí, Pierre Vilar fue un padre intelectual. De Pierre Vilar conservo muchos momentos en la memoria, pero sobre todo conservo su permanente interés por la historia, su exigencia teórica y la generosidad de entregar su tiempo permanentemente a los jóvenes. He leído una y otra vez todos sus libros, algunos de ellos con verdadera delectación, como su último gran libro, las memorias que publicó primero en catalán y luego en castellano, Pensar históricamente (1997).
Finalmente, tengo que citar a don Antonio Domínguez Ortiz que ha sido, sin duda alguna, el maestro de todos los modernistas españoles. Yo también tuve la suerte de tener una relación privilegiada con él hasta los últimos días de su vida. De don Antonio aprendí esa voluntad de estar constantemente al servicio del trabajo. Don Antonio era un hombre de una cultura extraordinaria, un hombre de un saber historiográfico enorme y, al mismo tiempo, era la más modesta de las personas que uno cabe imaginar. Tenía la modestia del auténtico sabio.

P: Entre el 9 y el 13 de agosto del 2004 Vd. dirigió un importante seminario2 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander) cuyo objetivo era "reflexionar sobre casos que puedan ayudar en asuntos actuales de gobierno". Siguiendo con este análisis de actualidad, y haciéndome eco de aquellas personas que no pudieron asistir, ¿podría indicarnos por qué razón la palabra España se está convirtiendo en un tabú de difícil manejo para los historiadores españoles?

R: El seminario de Santander responde a un múltiple haz de intereses. Por una parte, al interés actual por encajar determinadas comunidades históricas dentro de España. Y, por otra parte, al interés que últimamente me lleva a intentar escribir una historia amplia del Imperio español durante la Edad Moderna. Allí se debatió sobre todas estas cuestiones. Los resultados no sé si fueron buenos o malos, pero a mí me dejaron muy satisfecho.
En cuanto al uso de la palabra España, he de decir que yo no tengo ningún problema en utilizar la palabra España. Para nada. España es mi país por encima de todo. España es una unidad constituida a través de los siglos, y si se quiere ser muy estricto, como mínimo a partir de finales del siglo XV. Lo único que ocurre es que hay unas sensibilidades nacionalistas, especialmente en Cataluña, que han preferido acentuar los elementos de desunión frente a los elementos de unión. En Cataluña existe esta sensibilidad desde el siglo XVII. Y a esta sensibilidad catalana se han unido, ya en pleno siglo XIX, la vasca y la gallega, esta última en mucha menor medida.
Pero además el uso de la palabra España se ha complicado por el secuestro del patriotismo español por parte de los vencedores de la Guerra Civil, por parte de los franquistas que utilizaron la consigna del restablecimiento del patriotismo español frente a los "rojos". Eso ha hecho que todos aquellos que se enfrentaban con la dictadura franquista tuvieran una tendencia a rechazar la palabra España. De hecho, actualmente también asistimos al secuestro del patriotismo español, cuando un partido político como el PP, que en cierto modo es heredero de muchas de las actitudes del viejo franquismo, acusa al PSOE de ser mal defensor de la unidad de España. En definitiva, hay que evitar la utilización partidista del concepto España. España es hoy una realidad de convivencia formada por más de cinco siglos de historia, y también es un valor patrimonial que entre todos tenemos obligación de conservar.

P: En una serie de trabajos dedicados a la ilustración española Vd. ha afirmado que el movimiento ilustrado del reinado de Carlos III (1759-1788) tuvo su origen en el reinado de Felipe V (1700-1746), todavía muy desconocido en muchos aspectos. ¿Este germen no habría que buscarlo incluso en el reinado de Carlos II (1665-1700), momento en el que se dio una importante corriente científica de la mano de novatores tales como Juan de Cabriada, Vicente Mut o Juan Bautista Juanini?

R: En algún sentido los novatores que Vd. ha señalado son el elemento más pre-ilustrado que tenemos; lo que ocurre, es que este elemento estaba articulado con absoluta independencia del poder político. Es decir, que son pre-ilustrados en el sentido de una puesta al día de la ciencia española en paralelo con la ciencia moderna que se estaba haciendo en Europa. Desde ese punto de vista, prefiguraron algunas de las actitudes que luego se vieron en los ilustrados españoles del siglo XVIII. Ahora bien, si nosotros hablamos de una ilustración como una elaboración cultural e ideológica, que sirvió de base o de referente al despotismo ilustrado, no podemos retrotraernos al reinado de Carlos II. Hay que esperar a la primera mitad del siglo XVIII, con la llegada a España de Felipe V. Esto no significa en absoluto descalificar a los novatores ni nada por el estilo. Los novatores tienen un papel fundamental dentro de la historia de España desde que fijara en ellos su atención ese gran profesor que es José María López Piñero.

P: ¿Por qué razón la historia de España y la de América, unidas durante algo más de tres siglos, se estudian separadamente en las especialidades de historia moderna y contemporánea?

R: Hay que partir de una base: estudiar por separado la historia de España y la historia de la América española, con sus prolongaciones en Filipinas, es una aberración. No se puede entender una historia separada de la otra. La influencia de América en España fue decisiva durante los tres siglos del Antiguo Régimen, tanto desde el punto de vista de la llegada de las remesas de oro y plata, como desde el punto de vista de la emigración entre una y otra orilla. Son muchos los historiadores que tienen la pluma cansada de escribir en contra de esta separación; no obstante, hay que decir que en España prácticamente no se ha hecho nada por remediar esta situación. Es más, la historia de la América colonial está en retroceso dentro de las universidades españolas. Cada vez se habla menos de ella, cada vez cuesta más trabajo a nuestros colegas hispanoamericanos encontrar interlocutores con los que intercambiar puntos de vista.

P: Para concluir, ¿qué libros de historia le han influido más?

R: Los libros de historia que en mí ejercieron una mayor influencia cuando estudiaba la carrera en la Universidad de Sevilla fueron La Civilización del Renacimiento en Italia (1864) de Jacob Burckhardt, El otoño de la Edad Media (1919) de Johan Huizinga, La crisis de la conciencia europea (1939) de Paul Hazard y El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en tiempos de Felipe II (1949) de Fernand Braudel. Dos de ellos, los dos primeros, se los compré a los bouquinistes del Sena en mi primera salida a París. Todavía los conservo como oro en paño.
Nada más empezar el doctorado en la Universidad de Barcelona, Cataluña en la España Moderna (1962) de Pierre Vilar, se convirtió en mi libro de cabecera. Su lectura fue una auténtica revelación para mí. Desde entonces manifesté mi adhesión absoluta a la obra de Pierre Vilar. Finalmente, también ha ejercido una gran influencia sobre mí la obra historiográfica de Josep Fontana, desde su primer libro, La historia (1974), hasta el último, La historia de los hombres (2001).

 

Madrid, noviembre de 2004.

Notas

1 PRADOS de la ESCOSURA, Leandro De Imperio a nación. Crecimiento y atraso económico en España (1780-1930), Alianza, Madrid, 1988;         [ Links ] La independencia americana: consecuencias económicas, Alianza, Madrid, 1993.

2 Titulado "Reinos, Monarquía hispánica e Imperio español: las raíces del pluralismo".

Recibido con pedido de publicación el 18/11/2004
Aceptado para su publicación el 16/04/2005
Versión definitiva recibida el 22/08/2005