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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.10  Rosario dic. 2006

 

RESEÑAS

DIEFENDORF, Barbara B. From Penitence to Charity. Pious Women and the Catholic Reformation in Paris, Oxford University Press, 2004, 340 pp. ISBN 0-19-509582-0.

 

La historiadora americana Barbara Diefendorf relata en este libro el despegue y la evolución de la pietas y de la caritas femeninas francesas en el siglo de los santos, con una mirada particularmente centrada en la ciudad de París.
En el centro de este estudio se ubican las fundaciones de conventos femeninos en Francia, entre 1600 y 1650. Contando los hechos y reconstruyendo los retratos de las mujeres que estuvieron en el origen de estas fundaciones conventuales y más tarde caritativas, la autora prueba que la gender history puede ser erudita, históricamente valiosa e interesante para comprender el Antiguo Régimen y sus prácticas sociales, y también relevante para todos los colegas, incluso para aquellos que parecen desinteresarse por este tipo de historiografía por meros prejuicios.
Este trabajo sobre la contra-reforma católica francesa en femenino pone el acento sobre dos puntos: primeramente, sobre una problemática historiográfica que ha considerado el rol jugado por las mujeres en la ofensiva católica postridentina como menor. La historiografía que estudió las fundaciones conventuales femeninas francesas ha continuado la línea de una literatura de época muy misógina, típica del siglo. Esta visión característica de una literatura del siglo XVII, mostraba a las mujeres devotas simplemente como obedientes de las perentorias órdenes de los clérigos, de sus confesores o sencillamente sumisas a las estrictas reglas de la vida monacal. Para la autora -que no esconde su insatisfacción con tal historiografía desde las primeras páginas de la introducción-, el rol jugado por las mujeres no solamente fue importante sino en muchos casos fundamental en el desarrollo de la religiosidad de comienzos del XVII.
La historiografía revisionista -como la define la autora, es decir, aquella que analiza los datos más allá de las tradiciones confesionales- se dedicó hasta ahora a minimizar la importancia del lugar ocupado por las mujeres en la Reforma Católica. A menudo, las mujeres que participaron fueron representadas como historias de vocaciones truncas, visión que no ha hecho sino reforzar la idea de que la Contra-Reforma Católica no sólo no estaba atenta a las iniciativas femeninas sino que, además, era salvajemente hostil a las mujeres mismas.
Diefendorf, pintando una serie de retratos de mujeres que trabajaron activamente en este sentido, demuestra que la reconquista postridentina, para Francia, fue el fruto de una vasta colaboración entre clérigos y laicos, pero sobre todo entre hombres y mujeres, en partes iguales. La autora pone el acento en el hecho de que no fue la Iglesia la que encaró la construcción de los conventos, sino que los mismos fueron levantados gracias a iniciativas de particulares que, en el caso parisino, fueron mujeres laicas, casi siempre esposas o viudas de ricos aristócratas y oficiales del rey.
Estas mujeres, hijas de la elite francesa de comienzos del XVII, tuvieron entonces un rol principal en la fundación y en la gestión de los conventos. Para el periodo en estudio, ellas encontraron impulso tanto en un ardor religioso, que las muestra como fundadoras pero también como religiosas y luego como administradoras, como en los clichés sociales que pretendían que una viuda, si no se consagraba a Dios, debía al menos operar a favor de los pobres. Así, ellas mostraban su moralidad a toda la sociedad.
El segundo punto sobre el cual Diefendorf basa su estudio está perfectamente resumido en el título de su libro: de la penitencia a la caridad. Reconstruyendo la evolución de la reconquista católica en femenino, la autora muestra los cambios en la espiritualidad francesa durante el periodo comprendido entre el fin de las guerras de la Liga Católica y la Fronda.
Esta evolución parte del análisis de que las primeras "devotas", como la bienaventurada Barbe Acarie, experimentaron sobre ellas mismas lo que fue, para Francia, una nueva forma de religiosidad que encontraba sus raíces en el fervor místico penitencial que las guerras de religión habían causado entre los católicos.
Esta espiritualidad, inclinada a la penitencia interior, era típica de los periodos agitados de la guerra civil y de religión mantenida en Francia a finales del siglo XVI, acompañada de la visión de un mundo en vías de hundirse en el pecado y la herejía. Frente a estos males, la respuesta de los católicos franceses había sido una investigación interiorizada de una relación mística con Dios, pero también prácticas penitenciales duras -para las mujeres siguiendo los ejemplos de Santa Catalina o Santa Teresa- a cumplir en privado con la disciplina o públicamente en procesiones penitenciales típicas del periodo de la Liga.
Estas formas de religiosidad, esencialmente medievales, con el desarrollo del siglo fueron progresivamente reemplazadas (aunque no completamente abandonadas) por una búsqueda no de mortificación de la carne sino de la caritas hacia los otros, en particular las mujeres.
Reconstruyendo este proceso, Diefendorf subraya la evolución que se operó en la religiosidad de lo que la historiografía ha denominado el partido de los devotos.
De un origen que encuentra sus raíces en una investigación interiorizada, fruto del periodo de guerras de religión y que es común a los católicos devotos (los liguistas) y a sus adversarios (los politiques) -fueran ellos hombres o mujeres-, Diefendorf logra desmontar la importancia de la predicación operada por San Francisco de Sales y San Vicente de Paul sobre este cambio que caracterizó particularmente los establecimientos y fundaciones de conventos femeninos hacia los años 1630s.
En esa época, durante la cual se sumaba a lo dicho la política del Cardenal de Richelieu, que no apreciaba las formas de vida religiosa que se autoexcluían del mundo, la religiosidad mística típica de las primeras fundaciones religiosas de comienzos de siglo fue reemplazada por el modelo de la caritas evangélica de Jesús (Mateo, 25, 40), ese que ayuda, enseña y es amigo de los pobres. Esta evolución fue de la mano de otra visión del mundo, de un cambio generacional, propio de la segunda generación de mujeres devotas, que no habían conocido las privaciones y horrores de la guerra civil y que no habían compartido con sus correligionarios esta onda de furor místico penitencial.
Barbara Diefendorf explica este cambio analizando particularmente las fundaciones de órdenes femeninas, sus estatutos y su presencia en el mundo hasta el periodo que sucedió a la Fronda (hacia 1650), cuando comenzó una nueva era de religiosidad católica y de ayuda a los indigentes diferente de las precedentes, ya que ella marcó el reclutamiento de hombres sobre un sector de ayuda a los más desfavorecidos, que habría contrariado particularmente a las órdenes femeninas.
En este sentido, la fundación del Hospital General en 1656, fruto de la voluntad de la Compañía del Santo Sacramento (una asociación religiosa católica únicamente masculina, pero donde dominaba el secreto) marcó no solamente el fin de una época de actividad de las mujeres sino también un cambio en el nivel de asistencia aportado a los débiles. La misma fue cada vez menos expresión de una compasión típicamente cristiana, convirtiéndose en una campaña para la reforma moral, dado que mendigos, vagabundos, prostitutas, niños abandonados y enfermos mentales comenzaron a ser reclutados en las calles para encerrarlos, incluso utilizando la fuerza si era necesario.

Por Marco Penzi (EHESS, París - prohistoria)