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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.10  Rosario dic. 2006

 

RESEÑAS

ALONSO GARCÍA, David Una corte en construcción. Madrid en la Hacienda Real de Castilla (1517-1556), Miño y Dávila, Buenos Aires, 2005, 230 pp. ISBN 84-95294-67-2

 

El estudio de un sector reducido de la Hacienda Real -la organización en Madrid del encabezamiento de las alcabalas pagadas al rey- le permite a David Alonso García analizar la evolución de la relación entre el rey y una oligarquía local y, a través de ella, las modalidades concretas del ejercicio del poder Real en un territorio.
Como lo anuncia su título, este libro asocia armoniosamente historia política e historia financiera. Defiende una tesis contraria a la idea dominante: para el autor, Madrid no estaba tan lejos de proyectos de Corte antes del año 1561, en que Felipe II sedentarizó su Corte en la villa.
Dos argumentos se desarrollan en los 7 capítulos. En primer lugar, que Madrid era un centro financiero mucho antes de 1561. La aspiración (no satisfecha nunca) de la villa a convertirse en feria de pagos, la presencia de numerosos banqueros y cambistas españoles -o italianos naturalizados-, los vínculos comprobados entre hombres de negocios madrileños y redes de banca internacional -en particular los mercaderes genoveses y alemanes- revelan un dinamismo financiero que no esperó al año 1561 para florecer. Por otra parte, Madrid ocupaba un espacio notable en la Hacienda Real. El encabezamiento de las alcabalas por la villa, para la misma aglomeración y una parte variable de su tierra, desde fines del siglo XV, le valía al rey ingresos regulares. Éstos servían de situado firme a una deuda consolidada (constituida de juros) en ligero aumento al filo del reinado. Por ello, la participación directa de grandes financieros del rey, como sus tesoreros generales, en la cobranza de las alcabalas de Madrid, no era una casualidad.
Como corolario, y segundo argumento, la sedentarización de la Corte no metamorfoseó a Madrid, haciendo de un pueblo agrícola un gran centro financiero y administrativo de un día para otro. Se estableció, en cambio, una relación política privilegiada entre la villa y el rey Carlos V mucho antes de 1561. Esto se tradujo en el ámbito fiscal por la constante negociación de las modalidades de administración de la alcabala. Por cierto, los actores desarrollaban aquí discursos opuestos y complementarios. El Monarca pretendía conceder graciosamente a la villa la autorización de encabezarse, para hacer justicia a sus vasallos y protegerlos contra los odiados arrendadores de impuestos, y esperaba de Madrid manifestaciones concretas de su agradecimiento. Los regidores, al contrario, consideraban que la licencia para encabezarse era la recompensa legítima de los servicios prestados al Rey, en particular la acogida dada a la Corte. Pero en ambos casos, se trataba de intercambiar favores y servicios. La primera merced del Rey fue la presencia frecuente de la Corte, que le valió a Madrid ingresos fiscales más elevados y un crecimiento demográfico nada desdeñable. La relación política que se establecía con el Rey pasaba por individuos. El autor demuestra que si se pueden distinguir dos, e incluso tres, interlocutores en la negociación de la alcabala -la Monarquía y la villa o la Monarquía, la villa y los hombres de negocios-, los grupos estaban imbricados, los intereses mezclados. Así, varios regidores estaban interesados -directamente o a través de parientes y asociados- en la Hacienda del Rey y de la villa. Otros, o los mismos, combinaban oficios reales, hasta la cúpula de la administración, y oficios municipales. Si David Alonso no pretende describir las redes de forma exhaustiva, pone de relieve el papel de varios grupos familiares, algunos de los cuales hicieron largas carreras al servicio de la Monarquía. A este respecto, uno puede lamentar que el libro no comporte un índice patronímico que hubiera sido útil a los investigadores interesados en el periodo.
El conjunto de la demostración se basa en un análisis pormenorizado de las modalidades de cobranza de las alcabalas, las relaciones entre los oficiales del rey y los oficiales de la villa que participaban en ella, el monto de las rentas y su empleo. Esto da pie a puntualizaciones útiles. El análisis pone de relieve la multiplicidad de las cajas. Así, el encabezamiento de las alcabalas de Madrid se subdividía en una serie de ingresos que constituían los situados particulares de los juros vendidos o regalados por el rey. Se adivinan las consecuencias: era preciso tener buenas relaciones con el que pagaba efectivamente el juro, más que con el receptor de la villa, para gozar de pagos regulares, o tener suficientes informaciones sobre el detalle de las rentas que constituían las alcabalas para poder obtener la "mudanza" del juro hacia sus partes más rentables. Los miembros de la oligarquía y los financieros, claro está, tenían mejores oportunidades. Por otra parte, el análisis de las modalidades de la cobranza invita a matizar visiones excesivamente esquemáticas de las elecciones políticas que se hacen aquí. El lector puede verificar que cuando la alcabala se ponía en administración directa (la fieldad) -siempre debido a la ausencia de candidatos al arrendamiento o de contribuyentes dispuestos a encabezarse-, los individuos solicitados eran los mismos que intervenían en las formas de administración delegada. Lo cual diluye la frontera entre intereses privados y bien público. Por fin, la organización del control contable, la dinámica de los procesos contra eventuales fraudes y la negociación de las sentencias ocasionan reflexiones sugestivas, aunque el autor pudiera haberles dedicado más espacio.
Uno de los mayores aportes del libro es que evidencia el beneficio a la vez político y financiero que la villa sacaba de los impuestos del rey. Político, pues ella organizaba el encabezamiento, lo que le permitía favorecer a ciertos contribuyentes y ejercer su liberalidad al distribuir las responsabilidades. O sea, ganar en influencia. Esta actividad también le valía la gratitud del rey. A este respecto, David Alonso echa nueva luz sobre la conclusión de las Comunidades, al mostrar cómo la negociación financiera le permitió a Madrid obtener el perdón Real para algunos de sus vecinos, rebeldes, pero acomodados. Beneficio financiero, pues si Madrid no lograba obtener la perpetuidad del primer encabezamiento, el precio de éste se elevaba poco y parece evidente para todos que se hubiera pagado al rey una suma muy superior si se hubiera cobrado el precio legal de la alcabala, un 10% de los intercambios. Por otra parte, la villa llegó a controlar parte de las sobras del impuesto, la diferencia entre la suma pagada por los contribuyentes y la entregada al rey por el encabezamiento. Estas sobras eran suficientemente sustanciales como para suscitar un pleito entre los hombres de negocios que participaban en la cobranza y la villa en los años 1540s. Al final, la villa consiguió obtener que las sobras sirvieran para pagar las obras urbanísticas causadas por la presencia de la Corte. Inútil decir que provecho de la villa y provecho del rey se confunden aquí.
En suma, el primer argumento de la demostración es ampliamente ilustrado. Madrid, sin duda, era un centro financiero no desdeñable antes de 1561. El autor reconoce en su conclusión que esto no explica por qué la villa se convirtió en Corte permanente del rey, sino sólo porqué podía serlo. La Península Ibérica poseía, en efecto, plazas financieras más notables. En cuanto a la dinámica negociadora suscitada por las alcabalas, otras ciudades castellanas la pusieron en obra -incluso Madrid llegó a organizar acciones concertadas con otras ciudades, como Segovia. Así, la interpretación propuesta por Alonso García no excluye las explicaciones de la elección de Madrid que dieron otros autores. Pero para afinar las razones políticas y financieras que llevaron a Felipe II a convertirla en Corte permanente, sería deseable poder establecer comparaciones con otras ciudades estudiando su negociación fiscal con la Monarquía, así como reconstituir, si fuera posible, el punto de vista del entorno Real. Este libro es una excelente invitación a hacerlo.

Por Anne Dubet (Université Blaise Pascal - Clermont-Ferrand)