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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.10  Rosario dic. 2006

 

RESEÑAS

EDOUARD, Sylvène L’empire imaginaire de Philippe II. Pouvoir des images et discours du pouvoir sous les Habsbourg d’Espagne au XVIe siècle, Honoré Champion, Paris, 2005, 416 pp. ISBN 2-7453-1229-4.

 

Contrariamente a lo que sugiere su título completo, el libro de Sylvène Edouard se ocupa del imaginario político del reinado de Felipe II, mientras que el simbolismo imperial de Carlos V sólo es considerado como punto de partida de la evolución del discurso político del Rey Prudente.
El libro, fruto de una tesis doctoral, moviliza una multiplicidad de fuentes: relaciones coetáneas, relatos de entradas regias, pinturas, grabados, discursos políticos, sermones, tratados literarios, relatos historiográficos, etc.
De hecho, trata de reproducir, para la España del siglo XVI, los análisis que varios autores han realizado para Francia en la misma época. A causa de la amplitud del tema y de la investigación requerida, el trabajo propuesto es realmente enorme.
El análisis de lo que la autora define como una enseñanza del imaginario, constituye el hilo conductor que la lleva desde los primeros años públicos de Felipe II hasta sus días finales.
Esta enseñanza muestra a un Felipe representado bajo varias formas: el "aventurero" de las entradas y de los juegos de batalla simulados (típicos de las fiestas renacentistas) de los primeros años, pasando por el rey (no emperador) hasta llegar al rey-prelado, prácticamente oculto a los ojos de sus súbditos de finales del XVI.
El trabajo es admirable por el conjunto de fuentes movilizadas, pero, desgraciadamente, falta una conexión evidente entre un capítulo y el otro. Cada uno contiene cierta visión explicativa del tema que no es uniforme y parece ser un desenvolvimiento aislado de un aspecto dado de la representación del imaginario monárquico español. El sutil hilo que los unía es, seguramente, muy precioso, se diría casi brocado, digno de las mejores sedas del Renacimiento, pero en el conjunto de la obra falta el paciente trabajo de costura que da cuerpo a una pieza inestimable.
Al margen de esta crítica, el libro de Sylvène Edouard analiza el largo recorrido de la representación del simbolismo monárquico español bajo Felipe II. En su juventud, se representaba como caballero aventurero a través de sus magníficas entradas (el viaje acometido a los Países Bajos en 1548-49 y las ceremonias de las entradas por el joven príncipe son detalladamente descriptas) exhibiendo a sus súbditos, de esta manera, las calidades que habían hecho de sí un buen soberano.
El desarrollo sucesivo de la educación monárquica muestra que estos juegos representativos fueron sustituidos por los retratos oficiales, ya no de un joven príncipe sino de un nuevo rey, los cuales proponían al espectador una imagen del soberano basada, esta vez, sobre la responsabilidad y confianza que la función monárquica debía inspirar a sus súbditos. Este estilo era la expresión de una nueva majestad Real. Los retratos servían, hacia los años 1550s., para inaugurar una nueva era de la vida de Felipe pero también de la representación.
El libro prosigue estudiando las sucesivas etapas del imaginario Real, que ha debido suplir una falta de Imperio de Felipe frente a su padre, Carlos V. De esta manera, la herencia simbólica, evocada en la imagen de las dos columnas, está llamada a callar según la situación histórica y los acontecimientos y los proyectos políticos de la Monarquía. Así, al imaginario troyano (de origen borgoñón) y a la legitimidad romana de los ancestros Habsburgo, poco a poco se impuso otro simbolismo más centrado sobre el mito providencialista y milenarista de origen medieval de la Monarquía española.
La autora lee la utilización simbólica en torno de la imagen de Felipe II ante todo como la de un rey providencial en la lucha contra la herejía y los musulmanes (españoles y no españoles), que tuvo su apogeo con la Santa Liga de 1571 -la cual, desde luego, no fue la última cruzada de la cristiandad contra los turcos, como afirma la autora en la p. 146.
Siempre procediendo por etapas, según la sucesión temporal de los acontecimientos, Edouard muestra los diversos cambios operados en el discurso simbólico: también el rey mesiánico de la revuelta de los moriscos dejaría lugar a un rey Salomón que era al mismo tiempo virtuoso, sabio, lúcido y reformador de la Iglesia -a través de la contra-reforma.
Según la interpretación de la autora, este viaje en el imaginario termina en el Escorial, donde el soberano ya no era un rey-guerrero sino una suerte de rey-pontífice, que tendía a alejarse cada vez más del mundo hasta devenir invisible,para acceder al Reino de Dios al término de su viaje terrenal.
Felipe II, como un ave fénix -símbolo utilizado después de la muerte del rey- renacería en un antiguo esplendor para ser acogido en el Reino de los Cielos.
El recorrido y el tema analizado en este libro son importantes y ameritan largamente estudios ulteriores que puedan verificar o modificar las tesis de la autora. Pero, dada la dificultad del objeto y del arco temporal analizado, este trabajo debe considerarse como pionero en un nuevo espacio de investigación. La amplitud de la tarea propuesta está probablemente entre las fuentes de los defectos que el libro contiene. El lector se percatará de que el relato de los hechos es casi siempre muy resumido, impidiendo prácticamente toda posibilidad de comprensión histórica, pero también, me parece, de contestación a las tesis de la autora.
Para tomar un ejemplo, Felipe II parece ser un rey devoto, incluso penitente, antes que un rey-pontífice que demanda perdón de sus pecados según un ritual ya conocido desde la Edad Media, y del cual los últimos años de Carlos V son una demostración evidente.
De otra parte, sería interesante analizar el simbolismo monárquico de Felipe II también a través de sus incongruencias, así como mediante la herencia dejada al sucesor de la Casa de Austria. Pero será éste el trabajo de otros. Otros que, sin duda, podrán utilizar el apreciable esfuerzo capitalizado en L’empire imaginaire de Philippe II.

Por Marco Penzi (EHESS, París - prohistoria)