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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.12  Rosario  2009

 

RESEÑAS

TERNAVASIO, Marcela Gobernar la revolución. Poderes en disputa en el Río de la Plata, 1810-1816, Siglo XIX, Buenos Aires, 2007, 296 pp. ISBN 978-987-1220-96-0.

 

¿Qué avanzan los pueblos con sacudir el yugo opresor de un déspota, si van a caer en manos de otros tantos cuantos abusan de la libertad sin ley, y en consecuencia sin límites, que traten de dominarlos?". Fray Cayetano Rodríguez volcaba su reflexión en las páginas de El Redactor del Congreso unos pocos días después de declarada la independencia. Seis largos años habían pasado desde los sucesos de mayo hasta el corte definitivo de los vínculos políticos con la metrópoli; pero también, como se queja amargamente nuestro personaje, seis años en los que la elite política no había logrado resolver uno de los grandes dilemas abiertos con la Revolución: cómo controlar el nuevo poder surgido como resultado del quiebre colonial. Una preocupación que continuaba vigente y que, en el lapso transcurrido, había dado lugar a duros conflictos en torno a la forma de ejercer y limitar la autoridad política. De este problema irresuelto se ocupa Marcela Ternavasio en su libro Gobernar la revolución. Poderes en disputa en el Río de la Plata, 1810-1816.
El libro retoma el gran tema de la Revolución -que desde la aparición en los años 1970s. de Revolución y guerra de Halperin, se convirtió en unos de los tópicos más estudiados por la renovación de la historia política- pero para abordar un problema complejo y escasamente explorado hasta el momento: cómo pensar, en una revolución, un poder supremo pero a la vez limitado y por lo tanto en tensión con aquellos dispositivos utilizados para tal fin. La noción moderna de división de poderes, uno de dichos mecanismos, es tomado como objeto de estudio, ya que su derrotero en el proceso revolucionario se convierte en una excusa para observar la lógica de acción de los actores políticos en un período plagado de incertidumbres. De este modo, el mirador propuesto por la autora revela la importancia de la lógica institucional para entender algunos aspectos de las acciones emprendidas por aquellos hombres, en las que se expresan las disyuntivas vividas para dar respuesta a los desafíos impuestos por la crisis de la Monarquía española.
El trabajo se centra en la coyuntura 1810-1816, elección justificada por tratarse de un período caracterizado por las ambigüedades, debido a que el orden político surgido con la Revolución ya no se percibía como parte integrante de la Monarquía española pero todavía no se animaba a definir su nuevo estatuto jurídico. El principal escenario observado es la ciudad de Buenos Aires. Un escenario limitado pero problemático, debido a que sus órganos políticos buscaron extender su autoridad al resto del territorio del antiguo Virreinato del Río de la Plata. Aunque el espacio abordado puede parecer acotado, la autora inscribe constantemente su relato en el proceso hispanoamericano del que forma parte.
El libro está estructurado a partir de siete capítulos y un epílogo, en los que se combinan los ejes cronológico y temático; no pretende ofrecer una exposición lineal de los acontecimientos políticos, sino hacer visibles algunos dilemas de la gobernabilidad política revolucionaria, especialmente aquel de cómo gobernar el gobierno. El trabajo se sustenta en un sólido y muy variado trabajo de fuentes -debates de las asambleas constituyentes, actas capitulares, leyes y decretos, procesos judiciales, informes oficiales, correspondencias, memorias y autobiografías- las cuales, si bien han sido frecuentemente examinadas, son interrogadas desde una nueva óptica y en función de los intereses de la problemática estudiada.
En el marco de la crisis monárquica española precipitada por la invasión napoleónica en 1808, Ternavasio presenta de qué manera la incertidumbre provocada por la inédita vacatio regis derivó enel desafío de nombrar al heredero legítimo del rey ausente, no sólo en la Península, sino también en aquellas regiones declaradas insurgentes -por no aceptar a las autoridades sustitutas del rey, no participar del proceso constituyente y no aplicar la Constitución gaditana de 1812- entre ellas el Río de la Plata. El ex virreinato debió abocarse a la tarea de fundar un nuevo orden político, misión que supuso encontrar nuevas bases para su legitimación e instrumentos legales para evitar el ejercicio despótico del poder. Para la autora, si la legitimidad ponía en juego el tema de la representación política -y por lo tanto, el tema de las elecciones y el de la vinculación con los representados- proyectar un gobierno limitado debía afrontar otros obstáculos: organizar y distribuir el poder significaba marcar límites al accionar de la propia elite política.
La incorporación de la idea de fundar un orden político sobre la fórmula una función, un órgano para evitar el despotismo, fue gradual y coexistió con otras más antiguas procedentes de la tradición pactista castellana, como la autolimitación a través del poder colegiado o la utilización de viejos cuerpos como freno a la autoridad surgida con la Revolución -el Cabildo y la Audiencia. Aunque la adopción de la noción moderna de división de poderes fue un intento de resolver problemas de gobernabilidad y poner frenos a la arbitrariedad de la nueva autoridad política, pronto se convirtió en fuente de nuevas disputas. Ternavasio explica que los conflictos no encontraron solución no por la supuesta persistencia de la herencia colonial ni debido al fracaso de la aplicación de los nuevos lenguajes, sino porque la experiencia revolucionaria convirtió a los poderes en botines de la disputa y porque los múltiples significados que encerraba el principio de división de poderes ofrecía un amplio arco de alternativas.
Es importante recordar que la obra se centra en el debate sobre la división de poderes en la capital porteña, por lo que deja líneas abiertas de investigación en torno al alcance que dicha noción tuvo en las provincias, no sólo en la coyuntura abordada en el libro, sino también durante el período signado por la formación de unidades territoriales provinciales autónomas. El estudio de las percepciones en torno a las alternativas para distribuir el poder en cada una de las jurisdicciones, y su traducción en las ingenierías políticas y en los ensayos constitucionales provinciales previos a 1853, permitiría trazar un cuadro más acabado de los derroteros de la noción de división de poderes, pero también de otros dispositivos -como la representación política- sobre los que se trataba de fundar la nueva legalidad.
El trabajo ofrece un análisis minucioso del proceso combinado con una narrativa seductora, así como una interesante relación entre la dimensión de las ideas y la de las prácticas y las acciones. Gobernar la revolución propone aproximarse a la historia de la construcción del poder político de mediados del siglo XIX desde un ángulo inexplorado: al abordar la disputa de poderes nos permite penetrar en algunas dimensiones desde las cuales se transformaron las instituciones, las representaciones de lo político y las formas de gestionar el poder, complejizando notablemente las interpretaciones construidas en torno al período.

Por Irina Polastrelli
(UNR)