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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.12  Rosario  2009

 

RESEÑAS

HERRERO, Fabián Movimientos de pueblo. La política en Buenos Aires luego de 1810, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2007, 256 pp. ISBN 978-987-1246-76-2.

 

El estudio de Fabián Herrero Movimientos de pueblo. La política en Buenos Aires luego de 1810 es el resultado de su tesis doctoral y se inserta dentro de una serie de investigaciones en la que el autor rastrea el derrotero de las diversas tendencias políticas federalistas en el territorio bonaerense posrevolucionario. Si con anterioridad Herrero nos había presentado la complejidad política de la Buenos Aires de 1816 a través de la facción confederal, en este caso prolonga su estudio hasta 1820 centrando su análisis en las expresiones federales y confederales en el marco de la dinámica político-facciosa, atendiendo a su dinámica y sus formas de expresión. Lo más interesante e importante de este trabajo es que recupera del olvido a los federales de Buenos Aires, activos participantes de la política de la época, condimentando la mirada usual que sobre el período tiene la historiografía. Para ello, Herrero analiza dos acontecimientos centrales que ayudan a comprender lo ocurrido: el movimiento de pueblo de junio de 1816 y el "golpe de estado federal" de octubre de 1820.
El libro comienza con una introducción en la cual se presentan y describen genéricamente las características de los movimientos de pueblo, a los que el autor define como "...un levantamiento armado que, a veces, logra reunir a importantes sectores de la sociedad (civiles y militares) y que tiene como uno de sus principales objetivos, aunque no el único, la destitución de las autoridades de poder" (p. 19).
Luego el texto se divide en dos partes, separadas a su vez en capítulos, en donde se analizan los dos sucesos antes mencionados. El libro se completa con una serie de cuadros que sirven de apoyatura al texto y un apéndice documental.
La primera parte, "Tendencia confederacionista en los días de la declaración de la Independencia Argentina", se divide en cinco capítulos. La definición de los integrantes del sector federalista porteño, su inserción dentro de la elite local, así como los argumentos que defendían, son analizados en los tres primeros capítulos. En el cuarto, Herrero rastrea las repercusiones del conflicto a través de la prensa y en el quinto observa las consecuencias que supuso para los federales la derrota y las posibilidades que tuvieron de reinsertarse en la política local.
Bajo el título "Ciudad tomada. El golpe militar de octubre de 1820" se inicia la segunda parte, que consta de seis capítulos. En esta sección Herrero describe el acontecimiento, determina cuál era el plan de los federales y las causas que los movieron a la acción, y analiza su composición, organización y oportunidades de victoria. También observa cuál fue la actitud centralista ante el golpe federal y frente a los derrotados.
El libro de Herrero busca mostrar cómo los movimientos de pueblo son una respuesta a los momentos de crisis institucional acaecidos en Buenos Aires. Estos movimientos saldrían en defensa de la soberanía de las provincias buscando romper el dominio centralista, por ello ocurrieron principalmente cuando se sucedieron derrotas militares a nivel nacional y se produjo una aguda crisis política en Buenos Aires.
Los movimientos de pueblo junto con el sistema de representación de elección indirecta conformaban los únicos mecanismos para acceder legítimamente al poder. El autor considera que la coexistencia de estos dos sistemas fue una de las principales causas de inestabilidad durante la primera década revolucionaria. Esta se generaba desde el momento en que un sector asumía legítimamente el poder por elecciones y el sector opositor podía deponerlo por la fuerza y establecerse también como autoridad legítima.
Estudio de Herrero sugiere que los movimientos de pueblo no eran sucesos espontáneos y desordenados sino que poseían una organización diseñada por sus líderes, miembros renombrados de la elite porteña. El movimiento de junio de 1816 fue encabezado por líderes militares como Manuel Dorrego y Miguel Soler, por el gobernador intendente Manuel Luis de Oliden y por el director interino Antonio González Balcarce. Mientras que el levantamiento de 1820 fue dirigido por Manuel Dorrego y Miguel Soler y contó con el apoyo político del Cabildo, de Hilarión de la Quintana y de los doctores Pedro José Agrelo y Bernardo Vélez, así como con el apoyo militar de Manuel Pagola y del general Lamadrid.
El levantamiento de junio de 1816 tuvo como principal reclamo que Buenos Aires se convirtiera en una provincia independiente y se instaurara en ella un gobierno federal. Y al hablar de federalismo, "...se refieren a una confederación: un gobierno general que reúna a los llamados Estados federados, que sólo dirija la guerra, la paz, las alianzas, los negocios exteriores" (p. 81). La oposición centralista, conformada por los integrantes del Cabildo y de la Junta de Observación, logró romper este empate de fuerzas al obtener el apoyo de Juan Ramón Balcarce, jefe de todos los ejércitos de la campaña de Buenos Aires y del Congreso reunido en esa fecha en Tucumán.
La lucha facciosa presente en este suceso "...desgarra el velo de la política porteña y deja ver claramente al mismo tiempo la fragilidad del poderío centralista y el enorme poder de reorganización de sus fuerzas para equilibrar las acciones primero, y, luego, para retomar nuevamente su dominio en la cima" (p. 61). La reacción centralista fue buscar la integración de los vencidos, corroborando la idea del peso que tenían los federales en la política de Buenos Aires y de su necesario apoyo para garantizar la estabilidad del nuevo orden.
Al analizar el levantamiento federal de octubre de 1820 Herrero afirma que se produjo porque "...dicho sector no estaba de acuerdo ni con la elección del nuevo mandatario provincial [Martín Rodríguez], ni tampoco con la Junta de Representantes que lo eligió" (p. 126). Entre los motivos de rechazo se menciona la posibilidad de que Rodríguez realizara reformas en las milicias del Cabildo, su falta de preocupación ante la amenaza portuguesa y su vinculación con el sector directorial. El plan consistía en derrocar al nuevo gobernador e imponer uno proveniente de las filas federales: Manuel Dorrego o Miguel Soler. Esto es lo que lleva a nuestro autor a calificar al hecho como golpe de Estado.
La posibilidad del triunfo federal se sustentaba en la intervención de Dorrego a favor del levantamiento. Pero si bien el apoyo del caudillo se produjo durante el comienzo del movimiento, en plena revolución su actitud no fue del todo transparente, restándole toda posibilidad de victoria.
Herrero vuelve a remarcar en los vencedores, al igual que en junio de 1816, una tendencia a la conciliación: "...en el horizonte político bonaerense no debe haber facciones, por el contrario, la unión de todos los porteños debe permitir la emergencia de un único partido del orden" (p. 174). Esta política de reconciliación respondería a la necesidad de apoyo de todos los sectores políticos para lograr un gobierno estable.
Por todo esto, podemos decir que Movimientos de pueblo de Fabián Herrero es un importante aporte historiográfico ya que matiza con eficacia la visión tradicional de la historia que asociaba exclusivamente los movimientos federales con los caudillos del interior y los contraponía a una Buenos Aires con un consolidado gobierno centralista en donde los federalistas no tenían una participación trascendente.

Por Pablo Cuadra Centeno
(UNMDP)