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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.14  Rosario jul./dic. 2010

 

RESEÑAS

Dahlinger, James H. Etienne Pasquier on Ethics and History, Peter Lang, New York-Bern, 2007, 147 pp. ISBN 978-0-8204-9547-7.

Etienne Pasquier (1529-1615) era un abogado y magistrado de éxito, historiador, poeta y hombre fiel de Enrique III cuando debió abandonar París tras el levantamiento de la Liga Católica. Luego, como otros parlamentarios parisinos, se alineó con Enrique IV, según un esquema de fidelidad dinástica y la explicación más corriente, que ve en la defensa del Reino contra los extranjeros (España) la razón de la defensa de los derechos del protestante Enrique de Navarra (futuro Enrique IV). Pasquier es conocido por ser "el" defensor de las libertades galicanas, el acusador de los jesuitas en 1564 e incluso en 1594. Fue un humanista brillante que dejó incluso una importante recopilación de sus propias cartas publicadas cuando aún vivía. Sintéticamente, un personaje completo, complejo y muy estudiado.
James H. Dahlinger nos ofrece en su libro un retrato innovador del Pasquier autor. Muchos han estudiado al Pasquier historiador, subrayando la importancia historiográfica de sus Recherches de la France, publicadas entre 1561 y 1621 (fecha en la que se publicó, póstumamente, el volumen X): George Huppert, Donald Kelley y Dorothy Thickett, por nombrar algunos. Otros prefirieron estudiar en Pasquier al defensor de las libertades de la Iglesia galicana como expresión misma de la idea que animaba el partido de los Políticos que se alineó con Enrique IV. Para Dahlinger, y aquí reside la novedad del libro, Pasquier fue ciertamente un historiador brillante, un abogado de éxito pero, sobre todo, fue un moralista.
El autor explica su concepción analizando la obra del Pasquier humanista en su totalidad. El abogado de éxito, que devino uno símbolo de la clase parlamentaria, mucho antes de la publicación del libro que le dedicó su amigo y jurista Antoine Loisel (Pasquier ou dialogue des avocats du Parlement de Paris, 1652), desde los inicios de su larga carrera de autor quiso ofrecer a sus contemporáneos un discurso moral capaz de mostrar al rey de Francia, como a la nobleza y a los magistrados, la justa forma de comportarse durante los períodos difíciles como los de las Guerras de Religión francesas.
En este libro, ese es el prisma a través del cual se estudia la obra de Pasquier: a la par de Pour parler du Prince (1561), texto que pertenece a la larga tradición de los Specula Principum, toda la obra del jurista e historiador francés, siguiendo la concepción del autor de Etienne Pasquier on Ethics and History, estaría dedicada por lo tanto a dar consejos morales a sus lectores. Dahlinger sostiene que a partir del ejemplo de Budé y de Erasmo, Pasquier extrae la siguiente lección: solamente a través de una utilización de la materia histórica capaz de explicar el tiempo presente a través de los ejemplos del pasado se podría formar o enseñar al Príncipe (y a los lectores) el arte de gobernar, pero también la forma de comportarse en las dificultades presentes de aquel fin del siglo XVI, tan turbulento en política como en religión.
La "construcción" intelectual que el autor de este libro elabora mostrando cómo se "puede" también leer a Pasquier, parece mantener su curso. Pasquier, hombre de su tiempo y atravesado por los problemas político-religiosos de su siglo, fue implicado en diversas cuestiones jurídicas, polémicas y políticas. Un personaje muy complejo: fustigador del italianismo de la corte, de los historiadores italianos como Giovio, muy dado a recordar las gloria romanas contra los bárbaros (esto es, los franceses) invasores de Italia en la primera mitad del siglo XVI; defensor de la memoria de los galeses contra la muy mala descripción hecha de estos pueblos por los escritores romanos; acusador de los jesuitas fieles al Papa que llevaban una "novedad" en la enseñanza perjudicando los derechos de la Universidad de París (de allí los dos procesos contra la Societas Jesu en 1564 y 1594); defensor de los derechos al reino de Enrique de Navarra en tiempos de la explosiva situación de guerra civil; moralista que publicó una recopilación de sus propias cartas; abogado de éxito, pero también poeta. Etienne Pasquier es entonces una figura que se presta a una teoría "global" de su carrera y de sus escritos. La idea de un Pasquier moralista está en la base de este libro bien estructurado, aunque ciertos pasajes debieran basarse sobre argumentos más consistentes que los simples títulos de los capítulos y de la interacción entre las palabras utilizadas (en las Recherches) para convencer plenamente al lector de un fin moral en el interior de la historia y el discurso y método historiográfico que Pasquier utiliza para su libro.
Incluso si ciertos puntos ameritarían profundizarse, la idea de un Pasquier "moralista" que utiliza las fuentes históricas de las que dispone para fundar sus ideas morales y éticas sigue siendo convincente. Como sostiene Dahlinger, Pasquier utiliza classical commonplaces, consejos para el rey que son bien conocidos, sugerencias de gobernar con la ayuda de los Parlamentos (más que de los Estados) que si se piensa que las enunciaba un jurista del Parlamento de París, tienen un sentido moral para sus hijos, a quienes iban dirigidas muchas de las cartas contenidas en las compilaciones. Claro que, es necesario decirlo, el Pasquier moralista no era en absoluto un innovador.
Habría que verificar, con el auxilio de pruebas concretas, si el conjunto de la teoría expresada por Dahlinger corresponde exactamente a la idea que el mismo Pasquier tenía o si el abogado moralista no es más que una construcción intelectual del autor del libro que se reseña, quien asocia a Pasquier con esta figura después de haber tenido ante sus ojos la producción de toda una vida. Paralelamente, las referencias a los trabajos de Erasmo y de Budé ameritarían una investigación más fina para constatar concretamente que fueron los ejemplos sobre los cuales se funda la construcción moralista de la obra de Pasquier, tal como lo sostiene Dahlinger en las páginas iniciales.
El libro de Dahlinger, sin embargo, aporta una nueva visión del ilustre jurista historiador: visión innovadora e interesante que hace pensar al lector, lo cual no siempre sucede con los libros de historia.

Por Marco Penzi (Centre de Recherche Historique, EHESS, París)