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Prohistoria

versão On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.15  Rosario jan./jun. 2011

 

ARTÍCULOS

El espacio público como lugar de legitimación política: sobre las disputas entre Emilio Civit y José Lencinas, Mendoza 1910 y 1918

 

Cecilia Raffa

Investigadora en el INCIHUSA-CONICET (Mendoza, Argentina)
craffa@mendoza-conicet.gob.ar

 


Resumen

En la ciudad existen una serie de procesos que comunican determinadas "visiones de mundo" a través del ejercicio de funciones organizativas y mediadoras en la arquitectura, la disposición y función de los espacios públicos, en las relaciones entre las personas y esos espacios, o entre los actores sociales y los modos de comunicarse entre éstos. Trabajaremos en este caso, sobre la relación entre un conjunto de representaciones que el campo político despliega sobre el espacio urbano. Nos centraremos en analizar cómo la ciudad se transforma a partir de ocupaciones simbólicas del espacio urbano, en el escenario de la disputa política de dos agentes opositores dentro de ese campo en Mendoza: Emilio Civit y José Lencinas, entre 1910 y 1918 aproximadamente. Veremos cómo la ideología como una de las condicionantes de producción de representaciones sociales, incide y hace variar las relaciones entre espacio y sociedad.

Palabras clave: Campo político; Espacio público; Representaciones; Ideología; Historia cultural

Abstract

In the city there are a number of processes that communicate certain "world views" through the exercise of organizational and mediators in the architecture, layout and function of public spaces, as between such persons and spaces, or between social actors and ways of communicating between them. Work on the relationship between a set of representations that the political displays on the urban space. We will focus on analyzing how the city is transformed from a series of symbolic occupations of urban space on the stage of the political dispute of two opponents in this field in Mendoza: Emilio Civit and Jose Lencinas, between 1910 and 1918 approximately. We will see how the ideology to be one of the conditions of production of social representations, and made an impact in their dealings between space and society.

Key Words: Political displays; Representations; Public space; Ideology; Cultural history


 

Ciudad, Estado y comunicación

Los agentes del campo político que se ocuparon de la organización de la Nación Argentina, tuvieron a su cargo las funciones políticas, económicas, militares y religiosas entre fines del siglo XIX y principios del XX. Ese conjunto de agentes fue portador de un importante capital simbólico en el que se combinaron particularmente poder económico y poder político, manejado a partir de la influencia de las corrientes de pensamiento y culturales europeas con base en el liberalismo. Tuvieron la responsabilidad del manejo del Estado hasta avanzada la segunda década del siglo XX, favoreciendo la vinculación del país principalmente con la economía británica. Se plantearon como meta el mantenimiento de la paz interior y el crecimiento económico, promoviendo los derechos civiles, pero con un sistema político restrictivo basado en el gobierno de los notables.

Cuando aquellos agentes del campo político, pasaron a formar parte del campo burocrático, comenzaron a manejar a través del marco que el Estado impone a las prácticas, la posibilidad real de instaurar e inculcar formas materiales y simbólicas, categorías de percepción, de entendimiento y de la memoria1 basadas en sus propias visiones de mundo. Esas representaciones vehiculizaron y fueron a su vez movilizadas por un proyecto político centrado en el orden constitucional como instrumento de la organización política; en el desarrollo económico; en la concepción de Nación moderna, homogénea y civilizada; en la incorporación del capital y la tecnología; en la unificación del mercado interno y en la inserción en el mercado mundial.

La ciudad fue receptora de esas visiones de mundo, a través de una serie de procesos que las comunicaron por medio de la arquitectura, la disposición y función de los espacios públicos y en la interacción entre las personas y esos espacios.

Proponemos observar la relación entre el conjunto de representaciones2 que el campo político desplegó sobre el espacio urbano en el caso de Mendoza. Nos centraremos en analizar cómo la ciudad se transformó en el escenario de la disputa política de dos opositores políticos a nivel provincial: Emilio Civit y José Lencinas, entre 1910 y 1918 aproximadamente.

A esos procesos llegamos a través de lo que hoy constituyen para nosotros fuentes documentales: los álbumes conmemorativos y las crónicas publicadas en diarios y periódicos locales. Son estas fuentes3 como medios de difusión de ideologías4 y prácticas, las que nos permitirán leer cómo las representaciones participaron en la construcción de espacialidades y en la reestructuración de las relaciones socio-espaciales.

El espacio público mendocino como tablado de la contienda política

Emilio Civit y José Lencinas, eclipsan con sus acciones el campo político en Mendoza5 entre 1890 y 1920. Símbolos de corrientes contrapuestas de pensamiento, cada uno encarnó valores que orientaron opiniones y accionares diferentes de acuerdo a su capital de popularidad,6 factor que dependió tanto del número de personas que se reconocieron en el programa de cada partido, como con el candidato en cuestión. Pero también la posición de cada uno en el espacio social, fue consecuencia de sus prácticas sociales y de su vida cotidiana. Fueron las propias prácticas culturales las que los llevaron a elegir determinados contactos y a tomar determinadas posiciones, atraídos siempre por circunstancias semejantes a las suyas.

En Civit y Lencinas, encontramos enfrentadas dos realidades políticas y sociales, que aunque con matices, implicaron formas distintas de acción. Por un lado el liberalismo conservador y la oligarquía, por el otro el radicalismo y la democracia popular. Ambos provocaron marcados efectos en el campo político, imponiendo cada uno a su tiempo, también como estrategia de posicionamiento al interior del espacio social, ciertos temas de discusión y determinadas ideas rectoras.

Siguiendo el proyecto modernizador de la generación del '80, Emilio Civit7 profesó las ideas del liberalismo positivista. Creía en el progreso, pero no en la democracia. Consideraba que la legitimidad no la daba el sufragio popular, sino la inteligencia y la propiedad.

El 5 de marzo de 1907 se hizo cargo por segunda vez de la gobernación. Su gestión permitió, que la provincia llegara al Centenario con un importante grado de transformación. Pero además, el período tuvo también como característica conservadora, un clima tenso y por momentos violento: el aparato policial de Civit ejerció una fuerte represión al servicio de su Gobierno.8

La gestión de Civit, concluyó en marzo de 1910. El mantenimiento de capital político de Civit, que dependía tanto del partido como de sus electores, fue disminuyendo hasta prácticamente desaparecer.9 Mientras esto ocurría, Lencinas iba aumentando su capital de popularidad, lo que lo lleva al triunfo electoral de 1918.

El perfil del gobierno lencinista fue diferente. Lencinas10 no trabajó sobre la ciudad, sus acciones de gobierno se orientaron a la acción social concentrándose en la mejora de las condiciones básicas de trabajo. Su popularidad fue su principal capital simbólico.

El énfasis de este gobierno no estuvo puesto en las obras sino en la concepción del rol del Estado: mientras los conservadores entendían al Estado como instrumento al servicio de una clase en vías de consolidación y como medio para asegurar la reproducción de las relaciones de producción; los lencinistas, lo concebían como un instrumento para el cambio social, aunque también dependían de él para reproducir ciertas situaciones que le permitieran mantenerse en el poder.

La "lucha" entre Civit, Lencinas y sus representaciones, se dio a propósito de las elecciones provinciales de 1918. Civitistas y lencinistas utilizaron en sus campañas y en sus gobernaciones, una serie de "símbolos políticos", aquellos que a pequeña escala produjeron significados particulares para los miembros de un grupo determinado dentro del campo político (el opositor) y que marcaron posiciones en el espacio social, al tiempo que incidieron en los imaginarios respecto de la ciudad.11 Para la difusión de esas representaciones específicas, estos agentes del campo político pusieron en práctica, como estrategia, una serie de mecanismos de comunicación. Esas formas de comunicar y entender la ciudad están directamente relacionadas a la ideología que las genera: con Civit veremos el predominio del pragmatismo; con Lencinas, la preeminencia del simbolismo.

El Álbum Argentino, la ciudad y la re- presentación de Civit.

Civit, preparó durante el último año de su gobierno, un álbum conteniendo el compendio del progreso que había adquirido Mendoza durante su mandato como gobernador y su paso por los ministerios provincial y nacional. Este sumario, tenía como objetivo participar como álbum provincial en la Exposición Nacional por los festejos por el Centenario, pero un marcado distanciamiento con su sucesor Rufino Ortega (h),12 hizo que ese álbum que en realidad era un autohomenaje, quedara "vedado" a la vista de los asistentes a la exposición. Ante la inminente negativa de que ese registro visual representase a la provincia, Civit lo edita antes de terminar su mandato bajo el nombre de Álbum Argentino Gloriandus. Provincia de Mendoza, su vida, su trabajo, su progreso.

El álbum es la muestra de cómo un proyecto político e ideológico encontró en la ciudad su máxima expresión. Este registro funciona como medio propagador de acciones "modernas" que denotan el pensamiento que las impulsa, al tiempo que alimenta imaginarios respecto del espacio urbano y sus hacedores. Así, el significado formal del espacio urbano, refleja tanto los objetivos de quienes lo idean (encargándolo o proyectándolo), como los valores corrientes en determinados núcleos sociales: no puede explicarse plenamente si no es también en referencia a los grupos que lo han producido.

Civit utilizó la ciudad como un verdadero sistema/medio de comunicación. A partir de haber concentrado el poder rodeado de una selecta minoría, decidió qué y cómo se construía en la urbe. Son rasgos progresistas los que sustentan el proceder civitista y es a través de la Obra Pública, que ese progreso se puso de manifiesto.

Compuesto por varios apartados, el álbum tiene entre sus primeras páginas las principales características históricas, geográficas y demográficas de la provincia. La Agricultura, la Industria y el Comercio también tienen su espacio en la publicación, siempre en aras de mostrar la gestión de Civit como punto de inflexión para el progreso mendocino. Contiene también, una reseña del período gubernativo y el discurso que pronunció Civit al jurar en el cargo. Esto, dice su editor, ya que sólo "después de realizada la obra se puede apreciar mejor a sus ejecutores (...)".13 Por eso se incorporaron también los proyectos de ley propuestos en el momento de la asunción: "para que estime con elevada justicia al juzgar la magnitud de la obra realizada si sus promesas formuladas entonces han sido o no cumplidas (...)".14

La imagen de Mendoza que se retrató fue la de progreso técnico y económico: industrias, sedes bancarias, hospitales dotados de los últimos avances en medicina y el ferrocarril urbano y de montaña, forman parte del "paisaje" del álbum.

La profusión de obra pública concretada o en formato de proyecto, es lo más destacado de este registro. Su ejecución estuvo a cargo de la sociedad Gire-Molina Civit, integrantes del escogido grupo que rodeaba al mandatario y al cual le confiaba acciones específicas.

Más allá de las relaciones familiares, la especialización en el uso del cemento armado y en sistemas antisísmicos, convirtió a Molina Civit en una persona de consulta obligada en toda importante obra pública nacional que fuera a emplazarse en área sísmica.15 Gire por su parte, manejaba las últimas tendencias de la arquitectura europea que se difundieron en la Argentina a través de profesionales extranjeros contratados como él o de argentinos formados en la École des Beaux Arts, y que sirvieron para materializar los ideales de progreso y europeización pregonados por el grupo dirigente: eclecticismos y revivals históricos coronan estilísticamente los ejemplos construidos y los proyectos que contiene el Argentino.

El poder político se rodeó por un lado, de agentes del campo técnico que sin ocupar lugares centrales al interior del campo, contaban con las suficientes vinculaciones políticas y familiares y con determinadas características profesionales como para formar parte de importantes emprendimientos. Recíprocamente a esos agentes del campo técnico, aquellas vinculaciones les facilitaron su incorporación como funcionarios del gobierno y su conexión con la elite, lo que trajo aparejado un importante número de encargos por contratación privada.

Pero también, el campo político supo vincularse a agentes que sí ocuparon posiciones centrales dentro del campo técnico, y cuya participación llevaría no sólo a una buena resolución de los proyectos planteados sino que además dotaría de cierto prestigio y respaldo a la obra y por añadidura a su ideólogo: Civit. Este fue el particular caso de la contratación de Charles Thays, director de Paseos de la Capital Federal, quien diseñó el Parque del Oeste, proyecto impulsado por Civit en 1896, mientras era ministro provincial, y del higienista Emilio Coni, llamado por el gobierno provincial para realizar el 1º Censo de Población y Vivienda, conocido luego como Informe Coni.

¿Qué Mendoza está representada en el Argentino? La Mendoza moderna, del progreso material, fueron el sector de la ciudad habitado por la elite y sus espacios públicos los que tuvieron lugar en el álbum. Del antiguo centro poblacional que sucumbió ante el terremoto de 1861, sólo aparecen imágenes de las Ruinas del otrora Templo Jesuita y de la Necrópolis como señal tal vez, de la postura civitista de decidido abandono de lo tradicional y de ataque a lo hispánico- católico. Ese abandono incluyó a la antigua plaza colonial que ni siquiera se menciona, y que por ese entonces seguía haciendo las veces de corral del ganado que llegaba al matadero, que desde 1887 funcionaba frente a ella, en el solar del antiguo cabildo.

En la Ciudad Nueva, Civit previó construir los principales edificios. Ese fue el sitio donde se levantaron las residencias de las familias más tradicionales, entre ellas la propia. Fue ese sector dominante de la población que vivía a lo largo de la calle San Nicolás o en los alrededores de la Plaza Independencia, el que contó primeramente con servicios como la electricidad y el equipamiento de los baños, avance éste que cambió las prácticas higiénicas en aquellos tiempos.

Pese a que el único espacio público que tuvo peso en la publicación fue el Parque del Oeste, obra máxima de Civit, la plaza Independencia siguió manteniendo su importancia relativa como centro de la ciudad moderna. Probablemente fue la renegada tradición colonial de la plaza como centro de la vida urbana la que siguió jalonando las representaciones sobre el espacio público, o la preferencia que Civit tenía por el paseo en el cual realizaba sus caminatas y que según las crónicas opositoras de la época era utilizado como "extensión" de su propia casa. Posiblemente ese uso particular del espacio, llevó a que se intentara, como en ocasiones anteriores, levantar en torno de la plaza Independencia los principales edificios de gobierno, con el fin de organizar funcionalmente el paseo dándole carácter de centro político- administrativo de la ciudad.

Dentro de los espacios públicos incluidos en álbum está el Parque del Oeste. Obra que formó parte del gesto civilizador que caracterizó a los personajes de la generación del '80, y que significó materializar la domesticación racional de la aridez mendocina, oponiendo al desierto un ordenado bosque artificial. Para cuando el álbum se editó el paseo estaba prácticamente concluido para deleite de la alta sociedad que repetía el ritual del encuentro social en los quioscos de música, para "ver y ser visto".

El álbum se complementa con una serie de secciones destinadas al cumplimiento de compromisos sociales y políticos. Los funcionarios públicos que acompañaron a Civit durante su mandato, los poderosos del comercio, la industria y la agricultura mendocina que brindaron apoyo a su candidatura a gobernador y las damas de la sociedad mendocina encargadas de la beneficencia participan del Argentino. Incluso la Iglesia Católica está incluida. A pesar que en 1883 Civit, fuertemente anticlerical, defendió la ley de enseñanza laica, en 1909 incorpora a la Iglesia y su accionar en la publicación. Esto marca otra de las características de este político: el eclecticismo como forma de pensamiento y acción.

El Argentino fue además del autohomenaje que Civit se realizó, una forma de dejar constancia para la posteridad de los rasgos de la clase gobernante en su conjunto y del grupo social que apoyó este proyecto y colaboró en su ejecución: la elite mendocina oficialista. Civit se muestra como el "gran actor político"16 dirigiendo lo real a partir de lo imaginario: se centra en determinadas escenas exaltándolas, a través de la manipulación de símbolos para convertirse él mismo en espectáculo.

En lo que respecta a las características formales, el álbum fue un registro de "concepción moderna" así lo demuestra la profusa utilización de fotografías, hecho que no era común en Mendoza ni siquiera en los periódicos locales, donde comienzan a incluirse avanzada la década del '20 y en muy contadas notas. Es también novedoso el uso de la fotografía como estrategia comunicativa de asociación, debido a que se remite desde el texto a las imágenes gráficas ya sea del edificio construido o de su proyecto: los textos de carácter descriptivo, van narrando las características formales del proyecto y las ventajas que traerá a la población el emprendimiento en cuestión. La fotografía, como texto visual válido para el discurso histórico, muestra en el álbum un único aspecto de una determinada realidad17 (muy propia de un recorte espacio-temporal), pero también es "documento con autoría" no sólo mecánica sino cultural y estética de su autor (fotógrafo oficial) y por traslación de quien la encargó (Civit): es la represen­tación construida según la visión de quien tuvo el poder de decidir que la imagen fuera ésa y no otra.

La idea central a comunicar en el álbum es presentar y representar a una provincia, pero particularmente a una ciudad capital modernizada, lo que podría leerse como un rasgo centralista propio de la elite oligárquica, como legado del gobierno civitista. A partir de la minuciosa descripción que contiene el álbum de todo lo acontecido durante el mandato de Civit, hay también una búsqueda de "ordenar y comunicar" ese legado, manipulando símbolos y generando una serie de imágenes que incidirán directamente en el espacio de la ciudad. Con Civit, la ciudad se convirtió en objetivo político. Fue soporte simbólico, cultural y material, artefacto histórico en el que anidaron ideas y proyectos. La ciudad retratada es la ciudad que utiliza la elite18 (incluidos los sectores opositores a Civit), la dotada de servicios, de espacios públicos modernos, de calles adoquinadas e iluminadas y de los mejores ejemplos arquitectónicos.

La publicación estaba dirigida particularmente a los grupos de elite que eran en definitiva, quienes entenderían la magnitud de lo realizado, teniendo en cuenta el contacto directo con las modernas ciudades europeas que la oligarquía local o nacional podía haber tenido.

Un papel similar cumplió la prensa oficialista que no cesó de elogiar las acciones del gobernador alimentando imaginarios respecto de él y la ciudad, aunque los destinatarios de las representaciones construidas y difundidas en estos medios pertenecieron a dos sectores. El primero, los grupos locales opositores a Civit dentro del campo político, el segundo y aunque probablemente como consecuencia de las notificaciones que se hacían al primero a través de los diarios, los ciudadanos comunes.

Ante las críticas continuas que el gobernador y sus decisiones de gobierno recibían de parte del grupo opositor, la prensa oficialista decía: "El sencillo lugareño ha sentido sublevarse su ser ante la mole de fierro que arrastra el tren de sus vagones, y la ha condenado con espanto, mientras tal vez acaricia con más fe que nunca el lomo de su viejo caballo, o contempla el rudo maderamen del humilde carro que le sirve para el transporte. La superstición de lo desconocido domina el espíritu; se prefiere pues lo que se conoce como obra ruda de nuestras manos. Las conquistas de la civilización, lo que es nuestra posesión, lo que ayer era un problema, todo ha pasado por ese momento de resistencia, de crisis, pero se ha triunfado al fin".19

Las imágenes proyectadas en el texto a partir de metáforas y alegorías, buscaban simultáneamente disipar el fantasma del progreso al que el ciudadano común temía y acallar críticas opositoras.

Sin embargo, la prensa opositora bastión de la lucha intraoligárquica,20 no cesó su batalla contra las representaciones que el poder oficial pretendía instalar: buscó a través de su lenguaje constituir determinados imaginarios, aún ironizando trató de instalar ideas respecto de hechos y actores, o de modificar las existentes como forma de difundir representaciones y crear imaginarios. Ya en esta época los periódicos habían dejado de ser meros lugares de publicación de noticias, para convertirse en portadores y guías de opinión pública y por lo tanto medio de lucha política. Fue la prensa opositora, la que le recordaba al gobierno permanentemente que había una importante porción de ciudad de la que no se ocupaba: "Si fuésemos a presentar a Mendoza en las condiciones que quiere dejarla el señor gobernador Civit, podríamos compararla con una joven de elegante sombrero a la moda, abundancia de postizos y afeites en la cabeza y rostro y el resto del cuerpo cubierto de lienzo sucio y remendado, con los pies descalzos y los brazos mustios y colgantes sobre su desecho cuerpo".21 En este caso la cabeza de la señorita correspondería a la Ciudad Nueva y el cuerpo al Barrio de las Ruinas, inmerso en paupérrimas condiciones de habitabilidad.

"La plaza del pueblo": el lencinismo y sus formas de apropiación espacial22

A la publicidad civitista y al uso elitista del espacio público al que acabamos de referirnos, Lencinas, opuso un uso masivo real y simbólico, del espacio público23 concibiendo por éste no sólo los ámbitos abiertos, sino también los cerrados de los edificios de gobierno. La espacialidad, como espacio socialmente construido, comenzó a partir de su asunción como gobernador a variar: las nuevas representaciones en torno del espacio urbano, que fueron producto de la nueva ideología dominante, se convirtieron en productoras de nuevos significados y en orientadoras de nuevas prácticas sociales. Sirvieron como ejes estructurantes de mentalidades y procesos de integración o desintegración social, de acuerdo al cristal político con que se mire.

En la Historia Cultural Urbana mendocina, el espacio público tuvo una marcada significación política. La Mendoza moderna, comandada por agentes liberales del campo político y proyectada por la elite como espacio propio, tenía sus espacios públicos vedados al uso popular.

Ese uso preferencial estuvo dado por una serie de imaginarios asociados al origen de la Ciudad Nueva: la elite liberal era el grupo que se jactaba de haber fundado la Mendoza moderna, dándole forma material. Era este grupo entonces el que podía tomar la ciudad y disponer de ella (de hecho lo hacía) y por extensión de sus espacios.

Estos imaginarios urbanos, se fueron consolidando a partir del discurso, pero principalmente de las prácticas sociales y las ideologías dominantes. Las imágenes mentales difundidas por la oligarquía fueron también parte de las representaciones del resto de la población, puesto que si bien no existía una prohibición explícita de que el pueblo transitara por las calles y utilizara las plazas y sobre todo el Parque del Oeste, éstos nacieron y permanecieron durante un largo tiempo como ámbitos exclusivos para la recreación y uso de selectos sectores sociales.

Cierto es también, que existieron determinadas características espaciales que incidieron en quiénes y cómo utilizaban el espacio público urbano. Por un lado estaba la ubicación de los distintos grupos sociales dentro de la trama urbana. Las clases acomodadas fueron desplazándose luego del terremoto paulatinamente hacia el oeste ocupando las zonas aledañas a las plazas de la Ciudad Nueva, principalmente la Independencia y la San Martín, y luego comenzaron a expandirse hacia el sector lindante con el Parque del Oeste, por lo que resultaba casi natural que fueran los espacios públicos de ese sector de la ciudad los que usaran para su recreación. En tanto, los grupos sociales con menos posibilidades de migrar dentro de la urbe, fueron delimitando su radio de acción a los espacios públicos cercanos a sus casas: la antigua plaza fundacional y en menor grado, la Alameda.

Otro de los factores que influyó en la utilización del Parque del Oeste fue su ubicación, puesto que en su primera época y ante la carencia de medios públicos de transporte que comunicaran la zona Este de la ciudad con el parque, era muy difícil para la mayoría de los pobladores poder acceder al paseo puesto que las distancias a cubrir eran importantes. En el caso de la plaza Independencia, seguramente fue limitante en su uso la presencia de un lago en el que se podía pasear en bote, esto debido a que el paseo en bote debió tener un costo monetario que no todos podían asumir. Reemplazado el lago por una fuente ornamental, los paseantes no podían refrescarse en ella, cosa que sí podían hacer por ejemplo en el Canal Zanjón, ubicado en las inmediaciones de la antigua plaza colonial, o en las acequias de la zona. Clara distinción entre zonas de una misma ciudad, pero sobre todo de los sitios destinados a las prácticas cultas e incultas.

Esta distancia que se había dado entre uno y otro sector en términos de espacio público exterior, también se hizo manifiesta en los espacios públicos interiores.

Algunas confiterías fueron símbolos de la disparidad social, económica y política existente. La Confitería Colón y La Cosechera, eran centros tradicionalmente conservadores, mientras que Los Veinte Billares y El Barquinazo, eran baluartes lencinistas.24

Mientras la sede del Comité radical hacía las veces de club social, centro efectivo de socialización y cooptación de votos, en la que en tiempo eleccionarios "el juego de taba y el vaso de vino",25 se convertían en pasatiempo obligado; los sectores de clase media y alta, se relacionaban en clubes privados como el Jockey Club, el Club Gimnasia y Esgrima y el Círculo Italiano, donde juego y bebida también eran comunes. De distintas maneras tanto el Comité como esos clubes, cumplían una función social y política importante y hasta similar, para grupos sociales y políticos antagónicos.26

Pero a medida que avanzó la segunda década del siglo XX, el uso del espacio público en Mendoza comenzó a generalizarse.

Las relaciones entre espacio y sociedad se fueron modificando, produciendo nuevos significados urbanos y orientando otras prácticas sociales. Con el cambio de gobierno, el espacio público urbano creado por y para la elite comenzó a cambiar su ambiente. El Lencinismo a través de actos de fuerte carga simbólica, ocupó masivamente los distintos espacios urbanos, ámbitos que pese a lo paradojal eran públicos y habían sido construidos a partir del presupuesto provincial, pero que sólo eran utilizados por la elite.

En tiempos previos al triunfo lencinista, las clases populares comenzaron a apropiarse de las calles: Lencinas, quien llegaba desde la capital nacional, fue recibido por una multitud, la mayoría de clase humilde, que le dio la bienvenida entusiasta en las calles de la ciudad. Lo cierto es que luego de la victoria de Yrigoyen en 1916 a nivel nacional, los conservadores veían comprometida su permanencia en el poder. Temían el avance de los sectores populares, pues esto acarrearía la pérdida de la larga lista de privilegios de los que habían gozado por décadas, entre ellos de su merecido derecho a la ciudad.

Durante toda la campaña existieron disputas retóricas y simbólicas de civitistas y lencinistas, enfocadas en ambos casos a enfrentar al adversario político, pero también a instalar determinadas representaciones sobre los votantes. Los civitistas, recitaban: "Cuando Civit gobernaba, se comía y se cenaba. Luego vino Rufinito y se comía poquito. Gobierno de Pancho Álvarez, flor de azucena, ni se come ni se cena. Y si gobierna Lencinas, ni habrá fuego en las cocinas".27

Buenos vs. malos, fue parte del argumento esgrimido por los lencinistas para atraer el voto popular, estrategia política que dio resultado: la difusión de este binomio fue tan efectiva que impactó sobre las mentalidades y sirvió para estructurar diversos aspectos de la vida colectiva como el uso del espacio, a quién se votaba, etc. Utilizaron lo imaginario como recurso, invocando un porvenir que traería consigo mejoras para la mayoría de la población.28

Sumado a esto, en noviembre de 1917, semanas antes de las elecciones provinciales, el presidente Yrigoyen, que apoyaba la candidatura de Lencinas, dispuso la intervención al gobierno conservador de Mendoza. Luego de una popular bienvenida en la Estación del Ferrocarril Pacífico, el comisionado designado, recibió de manos del Jefe de Policía (el gobernador Álvarez no estuvo en el acto) la transferencia del mando de la provincia. Ante el fervor popular lencinista por la llegada, la prensa conservadora llamó despectivamente "descamisados" a todos quienes habían ido entusiastamente a recibir al funcionario.29

Días después, y como otro ejemplo del conflicto político y espacial existente entre lencinistas y conservadores, el comisionado federal, decidió celebrar el año nuevo con una fiesta social. Para los grupos tradicionales esto significaba abrir sus salones a los yrigoyenistas, lo que por extensión implicaba compartir el ambiente con Lencinas y su "chusma". Fue el diario conservador El Régimen el que marceo efusivamente lo indignante de la acción: "No, la turba que ha invadido a Mendoza no saldrá de los estrechos límites de la Casa de Gobierno, de las municipalidades y de las policías de campaña. A los hogares, a los salones, no ha de entrar a asustar gente con alaridos de montonera y de suburbio".30

El domingo 20 de enero, se llevó a cabo la elección resultando electo como gobernador José N. Lencinas. Civit renunció como presidente del Partido Conservador.

Desde el primer día de gobierno, quedó manifiesto que la administración de Lencinas se distinguiría a las prácticas del pasado reciente. Ese mismo día, 6 de marzo de 1918, se abrieron las puertas de la Casa de Gobierno para que todos pudieran visitarla, además de celebrar un banquete popular en la plaza Independencia, acto provocador, puesto que esta plaza-parque constituía el paseo favorito del ex gobernador Civit: "... ese mismo día Lencinas hace abrir las puertas de la casa de gobierno para que el público pueda conocerla por dentro y ordena la realización de un banquete popular en la plaza Independencia..."31

El gobierno lencinista siguió organizando festivales populares en distintos espacios públicos, tal fue el caso de la conmemoración de la Batalla de Maipú en la que Lencinas ofreció nuevamente un banquete popular esta vez en el Parque del Oeste, paseo oligárquico por excelencia. Al respecto el periódico oficialista La Montaña, titulaba la nota En el Parque San Martín: "El banquete popular servido en las avenidas del parque y que figura como 3º número del programa, revistió todos los contornos de un verdadero acto democrático y patriótico. "Hemos almorzado con el Gobernador y sus ministros", decía el pueblo al retirarse. Y en verdad así era. El dr. Lencinas que ama sobre todas las cosas a esa "chusma de alpargata", con quienes sobrelleva tantos sinsabores y amarguras se sentía feliz al compartir con ellos la tradicional carne con cuero. Este acto tan simpático del gobernador ha merecido el aplauso de propios y extraños. La concurrencia se retiró altamente satisfecha vivando al Gobernador y sus ministros".32

El poder político utiliza así los festejos y conmemoraciones para señalar su asunción a la historia y exponer los valores que promueve. A partir de actos simbólicos como estos, gobernante y gobernados se vinculan y se reúnen en una aparente igualdad, que busca mostrar al poder político como "emanación"33 del pueblo, logrando una identificación directa entre representante y representados como estrategia de legitimación.

En esta línea de acción, el gobierno lencinista buscó ese acercamiento con el pueblo, a través de la descentralizaron de determinados festejos al resto de los departamentos donde la distribución oficial de alimentos y ropa era seguida por bailes organizados por las autoridades locales. Se impulsaron así nuevas representaciones a través de la manipulación y el ordenamiento de determinados símbolos: se desplazó el centralismo oficial que había primado durante el civitismo, sólo preocupado por lo urbano, para acentuar el interés lencinista por el territorio provincial, otro rasgo populista que le permitió al partido gobernante reunir más adeptos entre la población.

Lo que Lencinas hace en la ciudad capital, no es ocuparse del espacio público de la Ciudad Vieja sitio donde las clases bajas habitan (lo que harán sus sucesores), sino que trae a la "chusma" y le permite usar el espacio de la Ciudad Nueva, tantos años limitado al uso exclusivo de los conservadores. Es ahora la elite la que se repliega a sus casas o a los salones privados para reunirse. Cambian los actores sociales en el espacio público moderno mendocino. Sin dudas hay un trasfondo ideológico tendiente a la reivindicación de las clases populares en sus actos, pero también existe claro, un interés de expandir su figura en el espacio de la ciudad: la presencia de las clases populares en las calles, las plazas o el parque, era por extensión su presencia. De esta manera Lencinas hegemonizaba también el imaginario social. Igual objetivo había perseguido Civit, pero con otras estrategias.

Estas acciones con fuerte carga simbólica sirvieron para introducir imaginarios portadores de valores distintos a los vigentes hasta ese momento y modelar conductas individuales y colectivas, apoyados en la ideología lencinista. El dispositivo imaginario, aseguraba así a este grupo social emergente una forma común de interpretación de las múltiples experiencias individuales, la codificación de anhelos y la fusión de los recuerdos y las representaciones del pasado cercano o lejano.34

Fue un período de fortalecimiento de la conciencia colectiva que se dio, como señalamos, a partir de la marcada identificación del pueblo con el dirigente. El radicalismo local fue diluyéndose para dar paso a un movimiento de masas: el lencinismo.

Esta nueva identidad popular de buena parte de la comunidad mendocina, identificaba a los adversarios del partido como adversarios de la provincia. Los lencinistas los persiguieron en todos los espacios posibles, el espacio urbano fue uno de ellos, pues entendían que esa conducta era un deber para con el movimiento. Se puso en marcha un fuerte aparato represivo (tal como lo había hecho Civit) para quienes se oponían al gobierno.35

En términos generales, la política lencinista respecto de la obra pública fue casi inexistente, sólo llegaron a inaugurarse algunos hospitales. Diarios como Los Andes y El Socialista, hacían permanentemente alusión al mal estado de los caminos y la deficiente administración pública.36

Si existieron una serie de refuncionalizaciones espaciales de la antigua plaza colonial y su entorno encaradas por las gestiones lencinistas a partir de 1920. Las ruinas del antiguo Templo Jesuita que funcionaban como pintoresco lugar para el paseo dominical, asumieron una función social al convertirse parte de ellas en un dispensario para obreros. Casi simultáneamente la Plaza Pedro del Castillo, fue cedida a la Liga Mendocina de Foot- Ball por 5 años, por lo que la antigua plaza colonial empezó a ser conocida como Stadium Pedro del Castillo, denominación con la que cargó hasta la década del '30 época, en la que el campo político se interesa por su recuperación.

Las prácticas del lencinismo sobre el espacio público siguieron alimentando imaginarios hasta los años '30. Tal como había pasado con la oligarquía, el lencinismo también se instala en el poder con una sucesión de gobernantes entre los que están Carlos Lencinas y Alejandro Orfila, quien realiza uno de los más simbólicos actos "conservadores" sobre la plaza Independencia: comienza a construir en su centro un imponente Palacio de Gobierno (1927).

En tanto, una serie de acciones impulsadas desde lo político, pero seguramente también "solicitadas" desde la sociedad, siguen paulatinamente democratizando el principal paseo de los mendocinos: el Parque San Martín. Entre 1919 y 1924 se construyó en la margen Este del lago, la Rosaleda, paseo de jardinería a la moda francesa adecuado al uso popular por su carácter peatonal al que además desde 1925, se podía llegar fácilmente debido a la prolongación de la línea de tranvías eléctricos desde el centro de la ciudad. La gradual apropiación por parte de los sectores populares del espacio del parque avanza al otorgarse, también en la década del ´20, cesiones a dos clubes que introdujeron la práctica del fútbol: Gimnasia y Esgrima e Independiente Rivadavia.

Sobre los grupos sociales, las prácticas y el espacio urbano

Las características de los proyectos y acciones de Civit y Lencinas sobre el espacio de la ciudad están fuertemente marcadas por sus grupos sociales de pertenencia. Ese pertenecer, hace que todas las prácticas y las obras de un mismo agente estén armonizadas entre sí y objetivamente orquestadas con las de todos los miembros de la misma clase. Hablar de grupos sociales, implica reconocer una serie de semejanzas entre los sistemas de disposiciones de los individuos que comparten similares condiciones de vida. En ese sentido, el habitus de clase como disposición durable y común en ese grupo, es la "forma incorporada de la condición de clase y de los condicionamientos que esta condición impone".37

Sin llegar a caracterizar la problemática de las clases sociales en Mendoza, nos pareció propicio hacer algunas referencias a la relación que existe entre las prácticas de los agentes de un mismo grupo social y el uso del espacio urbano.

Quienes forman un mismo grupo social, poseen condiciones de existencia homogénea que producen condicionamientos y sistemas de disposiciones, que engendran prácticas semejantes y un conjunto de propiedades comunes, propiedades objetivadas, a veces garantizadas jurídicamente (la posesión de bienes) o incorporadas, como los habitus.38 A partir de esta definición, puede concluirse que todas las propiedades incorporadas u objetivadas que están vinculadas a los agentes, constituyen factores explicativos de las prácticas y de los modos de relación de estos grupos con otros en el espacio social general, e incluso que son factores explicativos de la pertenencia de los agentes a determinados campos, en este caso el político.

Si nos detenemos en las prácticas relacionadas a la porción de la clase alta mendocina representada en la figura de Civit (los grupos sociales aún cuando comparten diversas características no son monolíticos), podemos distinguir algunas particularidades que han podido ser documentadas por la visibilidad que la "alta sociedad" de principios de siglo XX, tuvo en la vida urbana y social.

Esta elite, estaba constituida por un grupo de agentes que compartían ciertos rasgos sociales, sobre todo en lo referente a sus orígenes familiares, pero también tenían en común un conjunto de pautas culturales, de ritos y pasatiempos y ámbitos e instancias de sociabilidad con pretensiones de exclusividad.39

Esos usos y costumbres adoptados por la alta sociedad mendocina, fueron importados del exterior específicamente desde Europa vía Buenos Aires. Esa tendencia europeista, que se da paralelamente en el estilo de vida de las elites latinoamericanas tiene en principio dos razones. La primera está dada por las estrechas relaciones económicas que nos unían al Viejo Mundo entre fines del siglo XIX y principios del XX. Pero también, con una serie de circunstancias locales caracterizadas por el abandono del criollismo y el paso al cosmopolitismo, en todos los órdenes de la cultura y por la fuerte intención de distinción en una sociedad que aumentaba considerablemente su tamaño a partir del crecimiento demográfico producido por la inmigración.

En este contexto no bastó sólo con la distinción social, la ciudad como ámbito de lo cotidiano y de consumo, se transformó en un espacio diferenciador de grupos y potenciador de prácticas. La elite no sólo debía diferenciarse del pueblo sino también de los advenedizos, aquellos inmigrantes y criollos beneficiados por la movilidad social que pese a tener una importante posición económica, no formaron necesariamente parte del selecto grupo.

La elite mendocina de principios de siglo tuvo un peso funcional en la estructura de clases. Su condición estuvo definida tanto por la posesión de determinados bienes como en la posibilidad de manejarlos. En nuestro caso, el capital económico y el cultural constituyeron principios fundamentales de la estructuración del espacio social de la Mendoza de principios de siglo XX.

La elite que tuvo a Civit como referente, estaba conformada además por otros agentes del campo político, por profesionales, industriales e incluso por agentes del campo religioso.40 Fue un círculo social cerrado con pautas y modos de acción determinados que se relacionó en y con el espacio de la ciudad de una forma particular.

Estos agentes compartieron espacios públicos de recreación como las plazas Independencia, Cobo y el Parque del Oeste, tres sitios donde la alta sociedad podía asistir a los conciertos de las Bandas de Música. También se encontraron en clubes urbanos o en las graderías del Club de Regatas en el lago del Parque. Incluso sus viviendas estaban ubicadas en áreas delimitadas cercanas a la Ciudad Nueva: el núcleo de mayor densidad de clase alta se asentó en la zona cercana a la manzana nordeste de la plaza Independencia y otro porcentaje de gente adinerada lo había hecho a los costados de la Av. San Martín.41

Las tertulias en el Teatro Municipal y los corsos de flores que se realizaban en la calle Sarmiento, en las cuadras que van desde la Av. San Martín hasta la plaza Independencia, eran también una reunión social "para las gentes acomodadas".42 La moda de concurrir a los centros termales de montaña estaba igualmente generalizada entre la clase alta.

Ser miembro de este grupo social, significaba además haber recibido educación refinada, tener una parentela poderosa vinculada al gobierno y una holgada posición económica. Para mantener ese capital y en cierta forma no mezclarse con el resto de la población, los matrimonios se concertaban entre los integrantes del mismo grupo.43

A partir de estas características, no es difícil poder relacionar todas las prácticas civitistas, con su grupo de pertenencia. Casado con la hija de Tiburcio Benegas, estudiante de Derecho en la UBA, impulsor de la construcción del entonces Parque del Oeste, paseo inspirado en los parques parisinos, Civit gobernó rodeado por agentes integrantes de su mismo grupo social, que compartían sus habitus de clase: representantes del comercio, la industria y la agricultura mendocina.

Ahora bien, cuando la acumulación de ciertas formas de capital esta controlada (especialmente el capital económico y también el cultural), existe en la sociedad otro principio de diferenciación, otro capital cuya distribución genera diferencias entre los agentes : el capital político, y aquí nos referimos específicamente a Lencinas.

Lencinas que había nacido en el seno de una familia de agricultores, no era parte de la clase popular, sin embargo las acciones que propulsó durante su gobierno se identificaron directamente con este sector de la sociedad. Un origen similar tuvieron otros integrantes del lencinismo, que aunque de buena posición económica, eran inmigrantes que se convirtieron en industriales, como Bautista Gargantini, empresario vitivinícola que fue vicegobernador en la gestión de Carlos W. Lencinas.44 O hijos de intelectuales como el caso del Arq. Raúl álvarez, hijo del político Agustín álvarez, uno de los técnicos que se relacionó con el lencinismo participando de la obra pública del período 1918-1927.45

¿Cuál fue el factor común de este grupo? Indudablemente la ideología, fue el elemento que hacía que diversos actores compartieran una porción común del espacio social. Si bien las estructura objetivas organizan el mundo social, las percepciones, representaciones y visiones que los agentes tienen de ese mundo y por las cuales también luchan, son también parte constitutiva de los grupos sociales y el espacio social general. En el caso particular del lencinismo, no había dentro de sus integrantes principales representantes del pueblo, todos eran actores dotados de cierto capital que luchaban por la reivindicación social por convicción política más que por pertenencia.

Las prácticas sociales que llevaron a cabo dependieron también de las posibilidades específicas que poseyeron, posibilidades relacionadas con el volumen y la estructura de su capital y con los habitus incorporados.46 En este sentido Lencinas y sus seguidores, entendieron que el mundo social no era igualmente posible para todos: en la práctica política y en la ciudad existían para estos sectores, índices de lo accesible y de lo inaccesible, de lo "para nosotros" y de lo "no para nosotros", división fundamental y reconocida, que los llevó una vez en el poder, a tratar de ser visualizados dentro del espacio social general. Por eso comenzaron a ocupar/apropiarse de sitios de la ciudad, como el Parque y las plazas, que antes les estaban simbólica y realmente vedados.

Compartieron incluso con la elite, algunos espacios sociales que funcionaron como un límite móvil para ambos grupos. Por un lado estaban los bodegones en los que se celebraban las fiestas patrias, en ellos los más ricos se divertían mirando cómo de entretenía la "chinada".47 Por el otro, los grandes corsos de carnaval, cuyo recorrido se hacía entre las calles Sarmiento y Godoy Cruz. En esta fiesta de carácter social y popular, las familias concurrían a los palcos ubicados sobre los puentes, la banda de música de la policía amenizaba con música alegre y una serie de carros y coches desfilaban por la calle San Martín "adornados y bulliciosos". Sin embargo esta fiesta también tenía su momento exclusivo, cuando luego del corso en clubes, casas particulares y en fincas cercanas a la ciudad, se organizaban bailes de disfraces.

En sus prácticas los agentes de uno y otro grupo, tuvieron en cuenta el sistema de posibilidades e imposibilidades objetivas que definían el porvenir colectivo de la clase. Armaron estrategias en defensa de los intereses ligados a las posiciones que individual o grupalmente ocupaban.

En todo este juego de las prácticas sociales y urbanas, jugaron un importante papel las trayectorias y los habitus incorporados; las visiones de mundo y las ideologías que las alimentaron. Todos estos son los factores que permiten entender la relación entre el grupo social, el agente en cuestión, sus prácticas y el espacio urbano.

Espacio público, comunicación y política

Incidiendo fuertemente en la relación espacio-comunicación- sociedad, los agentes del campo político actuantes en un período de intensos enfrentamientos entre facciones contrarias en Mendoza, se sirvieron de una serie de símbolos y actos en la búsqueda del reconocimiento social del poder simbólico que portaban. El objetivo de las luchas, en las que la ciudad cobró un importante papel fue el mantenimiento (en el caso de Civit) o el cambio (en el caso de Lencinas) de las relaciones de poder dentro del campo y en relación al espacio social en general, buscando deliberadamente llegar a la posición más importante: acceder a la gobernación de la provincia.

En sus discursos buscaron provocar la desacreditación personal del adversario político, a partir de la anulación de toda acción de ese oponente, ya sea en términos estrictamente políticos o en lo referido a las acciones frente a la urbe.

Civit construyó una serie de representaciones en torno de la ciudad moderna y a través de ella sobre sí mismo en el álbum, que se constituyó en una de las armas que utilizó para enfrentar la lucha de posiciones al interior del campo. Trató de sobresalir entre otros, acrecentando su capital político. Lencinas, utilizó ese espacio moderno gestado en tiempos de Civit para modificar las representaciones sobre aquél. Modificó el funcionamiento del espacio urbano, dotándolo de nuevas prácticas, nuevos actores y nuevos significados.

Lo político no desapareció, mutó sus formas y la ciudad fue receptora de esos cambios de representación. La ciudad como espacio material, se convirtió en el tablado de la contienda política: se materializaron las representaciones del grupo dirigente en la ciudad. Fueron el Estado y sus agentes políticos los que utilizaron los conocimientos técnicos, pero también la trayectoria de arquitectos, ingenieros, paisajistas e higienistas para legitimar las intervenciones sobre la ciudad y acrecentar su capital simbólico, su prestigio.

En este lapso de la Historia Cultural Urbana de Mendoza, el espacio público urbano actuó como un sistema que albergó imaginarios. Fue espacio para manifestaciones sociales, para la celebración del progreso y para la contienda política, manteniendo siempre un vínculo con los actos de representación social que le dieron forma.

Mendoza, diciembre de 2010

Notas

* Quiero hacer expreso agradecimiento a los colegas que se han expedido sobre este artículo como réferis anónimos, alimentando con sus sugerencias las indagaciones de este trabajo

1. Bourdieu, Pierre "Espíritus de Estado. Génesis y estructura del campo burocrático", en: Razones prácticas. Sobre la Teoría de la acción, Barcelona, Anagrama, 1999, p. 117.         [ Links ]

2. Las representaciones desempeñan un importante papel en la configuración de los grupos sociales, y especialmente en la conformación de su identidad. A las representaciones comunes a un grupo humano determinado, las denominamos "visión de mundo": esta noción permite articular, por un lado la significación de un sistema ideológico descrito en sí mismo, y por el otro, las condiciones socio-políticas que hacen que un grupo o una clase determinada, en un momento histórico dado, comparta más o menos, conscientemente o no, este sistema ideológico. Chartier, Roger El mundo como representación. Historia cultural entre práctica y representación, Gedisa, Barcelona, 2002, p. 27.         [ Links ]

3. El acceso a la prensa ha sido directo en algunos casos y en otros, a través de fuentes secundarias. Utilizamos, para complementar el análisis vincular entre lo político y lo urbano, una serie de fuentes secundarias y publicaciones que indagan sobre diversos aspectos de la historia política y social de Mendoza. En todos los casos los contenidos han sido reinterpretados a la luz de los objetivos de nuestro artículo.

4. La ideología es una de las condiciones de producción de representaciones sociales, como ellas es también una producción mental de origen social que surge del trasfondo cultural acumulado a lo largo de la historia. Cumple funciones pragmático-sociales, orientando la interpretación y construcción de la realidad y guiando conductas y relaciones sociales. Teniendo en cuenta esta definición, consideramos que tanto en el caso del civitismo como en el del lencinismo la ideología constituye un factor común. Araya Umaña, Sandra Las representaciones sociales. Ejes teóricos para su discusión, FLACSO, Costa Rica, 2002.         [ Links ]

5. Mendoza sufrió un temblor de tierra el 20 de marzo de 1861, que la destruyó completamente. El siniestro propició traslado de la ciudad capital hacia el oeste, a la entonces Hacienda de San Nicolás, que se convirtió en centro del nuevo trazado en damero, con una plaza central y cuatro plazas satelitales. Como parte de la estrategia de apropiación de esta porción de territorio, el campo político impulsó la construcción de los principales edificios públicos en torno de la nueva plaza central. El antiguo núcleo colonial comenzó a conocerse como "Barrio de las Ruinas" y el nuevo emplazamiento de la capital como "Ciudad Nueva", cuya planificación fue tomada como una posibilidad de "refundación", alimentada por los imaginarios que caracterizaron la sociedad moderna, el Estado moderno y la noción de país.

6. Bourdieu, Pierre Propos sur le champ politique, Presses de la Universidad de Lyon, Lyon, 2000.         [ Links ]

7. Emilio Civit nació en Mendoza en 1856. Estudió Derecho en la UBA. Alineado en las filas del Partido Autonomista Nacional fue Subsecretario de Hacienda de la Nación, Diputado y Senador Nacional. En 1895 es designado Ministro de Hacienda por el gobernador mendocino Francisco Moyano. Fue por primera vez gobernador de Mendoza en 1898, aunque estuvo en el cargo sólo algunos meses ya que asumió el mando del Ministerio de Obras Públicas de la Nación durante los 6 años de gobierno de Julio A. Roca. A fines de 1904, Civit volvió a Mendoza y en 1906 fue candidato a gobernador con el apoyo de los más poderosos representantes del comercio, la industria y la agricultura mendocina. Datos biográficos de Civit han sido extraídos de los trabajos de Pérez Guilhou, Dardo "Emilio Civit, el ultimo de los notables", en Ensayos sobre la historia política institucional de Mendoza, Senado de la Nación, Buenos Aires, 1997, p. 151-170 y Correas,         [ Links ] Jaime "Civit por amor al poder", en Historias de familias, Ed. Uno, Mendoza, s/f, tomo I, pp. 53- 63.         [ Links ]

8. Según Romero, el sistema político puesto en marcha a nivel nacional por los conservadores en la figura de Roca, y que consideramos a otra escala trae Civit a Mendoza, "apuntaba a las viejas tendencias del autoritarismo autóctono, pero que, contenido por el vigoroso freno del formalismo constitucional, conducía al mismo tiempo a una solemne afirmación del orden jurídico y a una constante y sistemática violación de sus principios por el fraude y la violencia". Romero, José Luis "La línea del liberalismo conservador", en Las ideas políticas en Argentina, FCE, Buenos Aires, 1998, p. 194.         [ Links ]

9. Nació en Mendoza el Partido Popular, que venció en las elecciones de 1913 a socialistas, radicales y liberales, quienes asociados llevaban la candidatura de Civit. Esta derrota hizo que el civitismo formara una alianza con el Partido Popular que fue el origen del Partido Conservador, cuna del actual Partido Demócrata. En las elecciones de 1918 Civit volvió a ser derrotado: Lencinas era el nuevo gobernador. Esto marcó el definitivo declinar político de Civit que murió en la provincia en 1920. Ver Correas, Jaime Civit por amor..., cit.

10. José Néstor Lencinas, nació en San Carlos en 1859 y falleció en Mendoza en 1920. Fue uno de los fundadores del partido radical en 1891. Participó de las revoluciones radicales de 1893 y 1905, en la que logra tomar por un corto tiempo el poder como gobernador provisional de Mendoza. Fue electo gobernador de la provincia en 1918. Datos biográficos extraídos de: Rodríguez, Celso Lencinas y Cantoni. El populismo cuyano en tiempos de Yrigoyen, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, s/f, pp. 51-78; Olguín, Dardo Lencinas. El caudillo radical. Historia y mito, Ediciones Vendimiador, Mendoza, s/a, pp. 282-309 y LACOSTE, Pablo La Unión Cívica Radical en Mendoza y en la Argentina, 1890-1946, Ediciones Culturales, Mendoza, 1994.         [ Links ]

11. Los imaginarios urbanos son construcciones sociales, históricamente producidas, que se consolidan a partir del discurso, las prácticas sociales, las ideologías y los valores que circulan en una sociedad. En ellos se entrecruzan los usos del espacio y la construcción de la especialidad. Son las formas de simbolización con las cuales se habita la ciudad. Ulloa, Alejandro Globalización, ciudad y representaciones sociales. El caso de Cali, Univ. Pontificia Bolivariana, Colombia, 2000, pp. 143 y ss.         [ Links ]

12. PEREZ GUILHOU, Dardo Ensayos sobre la política..., cit.,pp. 151-170.

13. Gobierno de Mendoza Álbum Argentino Gloriandus. Provincia de Mendoza, su vida, su trabajo, su progreso, 1909, s/p.         [ Links ]

14. Gobierno de Mendoza Álbum Argentino..., cit.

15. Cirvini, Silvia "Molina Civit, Juan", en: Liernur, Jorge y Aliata, Fernando (dirs.) Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín, Buenos Aires, 2004, p. 157.         [ Links ]

16. BALANDIER, Georges El poder en escenas. De la representación del poder, al poder de la representación, Paidós, Barcelona, 1994, p. 17        [ Links ]

17. KOSSOY, Boris Fotografía e historia, De la mirada, Buenos Aires, 2001.         [ Links ]

18. Dentro de la clase alta, la elite se constituye como un grupo selecto en la vida social y política de Mendoza. Cuando hablamos de elite hacemos referencia a un círculo de gente que compartía ciertos rasgos sociales, sobre todo detentar roles u ocupar lugares destacados en los ámbitos económico, político y cultural en ese entonces, y pertenecer a las familias tradicionales mendocinas.

19. El Diario, 09/05/1897, citado en: Ponte, Ricardo La Fragilidad de la Memoria, Fund. CRICYT, Mendoza, 1997, p. 188.         [ Links ]

20. La prensa se convierte en el espacio central de la lucha (real y simbólica) entre los distintos bandos que conforman la elite política mendocina. De un lado se encuentra Civit y su aparato de gobierno, del otro Adolfo Calle y el diario Los Andes. Ponte, Ricardo La fragilidad..., cit.

21. Los Andes 30/12/1908

22. El término "pueblo" es utilizado en contraposición a elite en este artículo, identificándolo claramente con las clases bajas. Entendemos que lo popular esta vinculado en el momento que analizamos de la historia cultural a la "gente común", al poblador urbano que como tal no formaba parte de la clase alta mendocina y que además en el caso particular de Mendoza habitaba o bien el Barrio de las Ruinas o lo hacía en zonas periféricas respecto de la Ciudad Nueva.

23. El espacio público es un componente fundamental para la organización de la vida colectiva que posibilita el encuentro y el contacto, en ámbitos tangibles como la plaza o la calle, o intangibles como los imaginarios. Es el lugar donde se representa la sociedad y es un espacio representado por ella, que permite resignificar lo público y fortalecer identidades. Su naturaleza posibilita que podamos definirlo como espacio comunicacional y funcional, al ser simultáneamente soporte de simbologías y roles sociales. RAFFA, Cecilia La ciudad comunicada. Análisis de la incidencia de las representaciones políticas y técnicas en la conformación y permanencia de los imaginarios sobre el espacio público moderno: el caso de las plazas fundacionales (Mendoza 1910-1943), Tesis Doctoral inédita, Mendoza, FCPyS- UNCUYO, 2009.         [ Links ]

24. Entrevista con José H. Lencinas, citada por Rodríguez, Celso Lencinas y Cantoni..., cit., p. 61.

25. El comité tuvo una gran relevancia política y social como fenómeno institucional de la época. Rodríguez, Celso Lencinas y Cantoni..., cit., pp. 59-60.

26. Rodríguez, Celso Lencinas y Cantoni..., cit., pp. 59-60.

27. Rodríguez, Celso Lencinas y Cantoni..., cit., pp. 56-57.

28. BALANDIER, Georges El poder..., cit., p.19.

29. El Régimen, 29/11/1917.         [ Links ]

30. Citado por Rodríguez, Celso Lencinas y Cantoni..., cit., p. 62.

31. Los Andes, 6/03/1918.         [ Links ]

32. La Montaña, 6/04/1918.         [ Links ]

33. BALANDIER, Georges El poder..., cit., p. 23.

34. BACZKO, Bronislaw Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas, Nueva Visión, Buenos Aires, 1999.         [ Links ]

35. La Montaña, 6/04/ 1918, p. 12.         [ Links ]

36. A muchos de los altos dirigentes lencinistas incluso, se los acusaba de haberse enriquecido en su paso por el gobierno. La Montaña, 6/04/1918, p. 15.         [ Links ]

37. Bourdieu, Pierre La Distinción, Taurus, Madrid, 1996, p. 100.         [ Links ]

38. Bourdieu, Pierre La Distinción..., cit.

39. Un estudio sobre la alta sociedad porteña que ha servido como guía de este apartado es el de Losada, Leandro La alta sociedad de la Buenos Aires de la Belle époque, Siglo XXI, Buenos Aires, 2008.         [ Links ]

40. RAFFA, Cecilia La ciudad comunicada..., cit.

41. Sobre la movilidad de la sociedad mendocina recomendamos ver: Scobie, James "Consideraciones acerca de la atracción de la plaza en las ciudades provinciales argentinas, 1850-1900", en: AAVV De Historia e historiadores. Homenaje a José Luis Romero, S XXI, México, 1982, pp. 357-386.         [ Links ]

42. Aguirre Molina, Raúl Mendoza del 900. La ciudad desaparecida, Artes Gráficas Chiesino, Buenos Aires, 1966, p. 54.         [ Links ]

43. Mateu, Ana María y Dussel, Patricia La Gran Aldea Mendocina, Ed. Aguirre, Mendoza, 2005, p. 46.         [ Links ]

44. Lacoste, Pablo El Lencinismo..., cit., p. 13.

45. Cirvini, Silvia "La Sociedad Central de Arquitectos de Mendoza", en AAVV Sociedad Central de Arquitectos, 100 años de compromiso con el país 1886/1986, SCA, Buenos Aires, pp. 202-203.         [ Links ]

46. Bourdieu, Pierre El sentido práctico, Taurus, Madrid, 1991, p. 102.         [ Links ]

47. Mateu, Ana María y Dussel, Patricia La Gran..., cit., p. 47.

Recibido con pedido de publicación el 25/06/2010
Aceptado para su publicación el 27/08/2010
Versión definitiva recibida el 21/10/2010