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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.15  Rosario ene./jun. 2011

 

RESEÑAS

Baeza, Brígida Fronteras e identidades en Patagonia central (1885-2007), Prohistoria Ediciones, Rosario, 2009, 260 p., ISBN 978-987-1304-38-7.

 

Brígida Baeza nos introduce con este libro en el análisis del proceso de fronterización en Patagonia Central a través de la comparación de los pasos fronterizos de Futaleufú y Coyhaique en el período comprendido entre 1885 y 2007. Desde una perspectiva que involucra la larga duración la autora propone conocer y comprender una configuración fronteriza particular así como los cambios y continuidades en los aspectos identitarios de los habitantes fronterizos. Para lo cual considera indispensable contemplar tanto las políticas desplegadas por los respectivos Estados nacionales como las prácticas sociales de los diversos pobladores locales, en tanto agentes constituyentes del proceso mencionado. Como estrategia metodológica adopta los aportes provenientes de la vinculación entre antropología e historia. De este modo combina el trabajo de la etnografía para acercarse a los sentidos de pertenencia y las representaciones de los habitantes y la investigación archivística de los historiadores para la reconstrucción del proceso histórico. Utiliza entonces los registros obtenidos de la narración oral y la observación de acciones rituales, como los documentos de archivos oficiales nacionales, provinciales y municipales y la consulta de diarios y bibliotecas de ambos países.
Para resaltar los rasgos de particularidad que adquiere la relación entre estructura y agencia en espacios fronterizos y comprender las características que adquieren la construcción de identidades y representaciones sociales en el marco de sus respectivos Estados nacionales propone un análisis comparado de los pasos fronterizos mencionados, que comprenden del lado chileno las localidades de Futaleufú (X Región) y Coyhaique (XI Región) y del lado argentino las de Trevelín y Río Mayo (Provincia de Chubut).
A lo largo de la investigación establece cortes temporales determinados por configuraciones dominantes que se corresponden con cada uno de los capítulos en que se encuentra organizado el libro.
El capítulo inicial, "La etapa fundacional (1885-1955)", está delimitado por el proceso de incorporación de los territorios patagónicos que emprenden tanto el Estado chileno como el argentino y adquirió particularidades en cada caso. La ocupación estatal de estas tierras marcó solo el inicio de un proceso lento de consolidación de la presencia estatal en Patagonia, con la fundación de las primeras localidades. Para ambos Estados constituía una tarea prioritaria delimitar y fortalecer fronteras territoriales y simbólicas que permitieran diferenciarse del país vecino y, a su vez, definir un tipo particular de nacionalidad, desplazando formas de sociabilidad y cultura que no se correspondían con los intereses dominantes. Para tal fin las elites gobernantes implementaron distintas estrategias que debieron contemplar las características particulares de este espacio fronterizo, como ser la debilidad de la escasa presencia estatal y la diversidad de la población. En este contexto, analiza cómo, desde posiciones socialmente legitimadas, funcionarios, docentes y periodistas operaron como productores identitarios al generar conocimientos y construir representaciones que contribuyeron a delimitar fronteras. Los inspectores de tierras, en tanto funcionarios enviados por los gobiernos para informar sobre la situación de la ocupación de las mismas, operaron como productores de discursos legitimadores. Propusieron con sus informes y opiniones sobre los distintos grupos diversas representaciones de los habitantes de la frontera a la vez que reprodujeron el discurso oficial. Desde su lugar, las instituciones escolares entendidas como espacios de homogenización de las poblaciones fronterizas incidieron en la imposición de valores y costumbres para lograr la integración de los ciudadanos a la nación. Por lo tanto, el docente era considerado un representante del Estado en la frontera, portador del orden y la moral. Por su parte, la prensa gráfica considerada ya no como fuente sino como productora de narraciones identitarias y mediadora entre el poder político y la sociedad realizó diagnósticos y propuso soluciones a través de las noticias publicadas. Otro aspecto tenido en cuenta es la formación de una memoria histórica como mecanismo necesario en la conformación de un nosotros en oposición a otros. La celebración de actos oficiales y escolares, la elaboración de símbolos y canciones así como la conmemoración de fechas patrias contribuyeron a la elaboración de representaciones colectivas para fortalecer una identidad nacional que superara otras identificaciones. Por último, centra su atención en los frecuentes hechos delictivos atribuidos a la falta de control por los Estados pero que debieran ser entendidos según la autora en el marco de una forma de vida particular en la frontera, caracterizada por la debilidad de la presencia estatal y las posibilidades que brindaba este espacio poroso para pasar de uno a otro lado. Las acciones policiales que muchas veces emprendían de forma conjunta los Estados se orientaba a la necesidad de regular y controlar el comportamiento de los habitantes fronterizos.
En la tarea de argentinizar y chilenizar a la población nativa y a inmigrantes, los resultados no fueron efectivos ni rápidos ya que tanto las políticas desplegadas como los discursos elaborados fueron apropiados y resignificados por los distintos grupos de formas diversas. El período se caracterizó entonces por el predominio de una frontera porosa e inestable que funcionaba como zona de contacto y condicionaba prácticas y porque, a pesar de que ambos Estados combatieron distintos tipos de alteridades, compartieron un mismo proyecto homogenizador.
El capítulo II, "Nación y regionalismo (1950-1982)", se inicia con las reformas institucionales que implicaron la creación de la Administración General de Aysen y la transformación del Territorio nacional del Chubut en Provincia y termina en 1982 con el inicio de la finalización de los regímenes autoritarios. A raíz de estos cambios institucionales se redefinieron políticas estatales en las que provincia y región así como comunas y municipios se posicionaron como constructores de identificaciones, sin dejar de revalorizar contenidos nacionales. De esta manera, el fortalecimiento de adscripciones regionales / provinciales no significó el abandono de marcos nacionales, sino que se lo resignificó a partir de parámetros locales. El análisis incluye la forma en que participaron los habitantes chilenos y argentinos de las proyecciones que los involucraban y como se produjo un reacomodamiento simbólico de los distintos grupos sociales. También resalta que en este período se fortaleció particularmente la imagen del país vecino como enemigo y, luego del conflicto entre los dos países en 1978, se intentó imponer una frontera muro/ cerrada con diversos resultados en cada una de las localidades consideradas.
En el tercer y último capítulo, "La integración fronteriza (1982/2007)", la autora analiza en primer lugar, la manera en que impactó el proceso de globalización y los proyectos de integración regional en ambos pasos fronterizos a partir de los procesos de redemocratización de ambos Estados. El proceso de integración de estos espacios, promovidos por organismos nacionales e internacionales, no está exento de dificultades. Ya que se encuentran vigentes varios problemas para establecer políticas comunes a pesar de los intentos de integración. Continúan presentes formalidades institucionales, determinadas representaciones del país vecino, mecanismos de control fronterizo. Además, los proyectos de ambos estados difieren de las visiones y las dificultades que experimentan los actores de la frontera. En una segunda instancia considera las características actuales que asume la constitución de la memoria local, pensando este proceso de memorización como una instancia de construcción identitaria que permite definirse como grupo y ante otros. Finalmente elige los discursos provenientes del ámbito radiofónico, literario, de la prensa y escolar para indagar una vez más sobre como se producen y reproducen representaciones de la frontera. En este período apelando tanto a marcos nacionales - regionales como locales, muchas veces contradictorios.
A lo largo del extenso período analizado la autora logra mostrarnos, sin abandonar las premisas propuestas en una primera instancia, la complejidad inherente a los procesos de fronterización y la formación de identidades, destacando las particularidades del espacio elegido. Por eso considero que la mirada propuesta por Brígida Baeza enriquece notablemente los estudios sobre frontera y el libro constituye una referencia obligada para los interesados en esta temática.

Por Romina B. Zampa (UNR)