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Prohistoria

On-line version ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.16  Rosario July/Dec. 2011

 

POLÍTICAS DE LA HISTORIA

Estados Penal y Deudor del Neoliberalismo
Especificando el neoliberalismo

 

John L. Campbell;
Traducción: Diego P. Roldán

Dartmouth College, EEUU e International Center for Business and Politics, Copenhagen Business School, Dinamarca
john.l.campbell@dartmouth.edu

 

El audaz intento de Loïc Wacquant de ofrecer una nueva descripción del Estado neoliberal está lleno de ideas -muchas de las cuales puedo compartir. Pero el propósito de este ensayo es plantear cuestiones acerca de sus argumentos y, en algunos casos, impulsarlos en nuevas direcciones. Comienzo con una breve descripción de su esquema del Estado neoliberal con el fin de esclarecer cuáles son, desde mi punto de vista, las partes más importantes de su argumento. Luego, dirijo una serie de comentarios y preguntas al respecto. En la medida en que su teoría se enfoca en la relación del Estado neoliberal con las clases bajas, comienzo discutiendo esa relación y su análisis del Estado penal, que él sostiene como un apéndice fundamental del más general Estado neoliberal. Esto es seguido por una discusión sobre el Estado neoliberal relacionado con las clases medias y altas.1 Aquí introduzco el concepto de Estado deudor, otro apéndice el Estado neoliberal, pero que Wacquant pasa por alto a pesar de que ha tenido un impacto dramático en el comportamiento de la clase media y posiblemente haber contribuido a sembrar las semillas de la desaparición definitiva del Estado neoliberal en sí mismo. Gran parte de esta discusión se centra en los Estados Unidos debido a que él lo considera el bastión del neoliberalismo. Concluyo con un comentario sobre su tendencia a sobre-generalizar acerca del Estado neoliberal y la omisión de los diferentes efectos que el neoliberalismo ha tenido en distintos países.

El Estado neoliberal de Wacquant

Mucha gente, incluido Wacquant, ven la caída del modelo fordista-keynesiano de medidos de los años 1970s. como el comienzo del ascenso del neoliberalismo. Competencia económica internacional incrementándose, mercados y precios volviéndose más volátiles. En respuesta, las empresas buscaron formas de ser más flexibles mediante la reducción de personal y confiar más en los eventuales, a tiempo parcial, y la mano de obra barata -que se encuentra en el extranjero a través de la desterritorialización. Los Estados se vieron presionados a reducir los impuestos y regulaciones sobre las empresas con el fin de permitirles el ambiente que necesitaban para ser más flexibles y competitivas. Y todo esto fue acompañado por un ataque Estado de Bienestar que fue visto como algo tan generoso como para socavar la amenaza de desempleo y, por tanto, crear incentivos perversos para los trabajadores que los llevaron a ser menos productivos de lo que podían ser.
Wacquant argumenta que varias consecuencias surgieron de todo esto. La primera fue el desarrollo del Estado workfare neoliberal que fortaleció los requisitos de trabajo, limitó los beneficios del bienestar y redujo su duración. En Estados Unidos esto fue epitomizado por las reformas del bienestar bajo la administración Clinton en 1996. La segunda fue el rejuvenecimiento del Estado penal, que trató de contener las consecuencias sociales imprevistas de esto. Es decir, como oportunidades de trabajo y asistencia social se acabaron, la delincuencia se convirtió en una alternativa más tentadora, hecho que condujo al crecimiento de las tasas de encarcelamiento y a una expansión del Estado penal. Esto representó una re-vinculación de las políticas del bienestar y las penales. El blanco de estas nuevas políticas, por supuesto, fue la clase más baja que cargó sobre los hombros el trabajo eventual, el desempleo, el subempleo, el bienestar limitado, y a su vez un mayor compromiso con la actividad criminal con el fin de ganarse la vida. En tercer lugar, en el nivel cultural se produjo el desarrollo de la pornografía de la ley y el orden. Esto ha implicado la mayor representación de la actividad penal en el cine y la televisión con el objetivo principal, según Wacquant, de que se la muestre ritualmente, supuestamente para recordar a los ciudadanos las sanciones relacionadas con la delincuencia. La lección es que si se involucra en el crimen usted puede escapar, pero finalmente será llevado ante la justicia por el largo brazo de la ley.
En suma, hemos sido testigos de la doble regulación de la clase social más baja a través del matrimonio de la política social y penal en la parte inferior de la cada vez más polarizada estructura de clases -una innovación estructural más obvia y rápida en los Estados Unidos, pero también en el progreso de todas las sociedades avanzadas que han sido expuestas a lo que Wacquant describe como una presión implacable para ajustarse al modelo estadounidense. Por lo tanto, él dice que tenemos que ampliar la definición del Estado neoliberal para incluir cuatro partes: 1- económico desregulación; 2- la descentralización del Estado de bienestar, la retracción y recomposición, 3- aparición de un aparato penal expansivo, intrusivo y proactivo y 4- el desarrollo del tropo cultural de la responsabilidad individual, que predica que su suerte en el mundo depende de usted y no del Estado. Contrariamente a la retórica neoliberal vemos ahora un estado centauro, como lo llama Wacquant, que es liberal en la parte superior de las clases alta y media, pero paternalista en la parte inferior de la clase baja. ¿Qué ocurre con todo esto?

Las clases bajas y el Estado penal

Para comenzar la naturaleza del Estado penal es más compleja de lo que Wacquant reconoce. Funcionalmente hablando, es más que un mecanismo de control diseñado para garantizar la paz social en las calles. También puede ser visto como una forma incipiente de la política activa del mercado laboral destinada a captar un exceso de mano de obra que de otro modo podrían ser desempleados. Después de todo, un gran número de las personas que residen en cárceles y prisiones de los Estados Unidos de hoy, son jóvenes, sin educación, hombres de clase baja, a menudo de color, que probablemente estuvieran entre las filas de los desempleados si no estuvieran en la cárcel. En efecto, si estos hombres no hubiesen estado encarcelados, entonces la tasa de desempleo de Estados Unidos en la década de 1990 hubiera sido hasta dos puntos más alta.2 Esto no quiere decir que el desarrollo de las cárceles estatales fue diseñado deliberadamente para reducir las tasas de desempleo. Sin embargo, tuvo ese efecto.
Por otra parte, el Estado Penal refleja el neoliberalismo en dos aspectos importantes. Por un lado, el sistema penitenciario se ha privatizado cada vez más en la medida en que el Estado ha desplazado parte de la responsabilidad de alojar prisioneros del sector público al sector privado -a veces como una deliberada estrategia de revitalización.3 Por ejemplo, Correction Corporation of America (en adelante, CCA), fundada en 1983, ahora posee y mantiene más de 66 cárceles en todo Estados Unidos, aloja unos 75 mil reclusos y emplea 17 mil profesionales penales.4 Esto se ha convertido en un negocio lucrativo. El precio de las acciones de CCA, el líder de la industria, subió de 8 dólares por acción en 1992 a cerca de 30 dólares en 2000. Otra empresa de gestión de prisiones, Wackenhout Corrections Corporation, disfrutó de una tasa media de ganancias de la inversión del 18% a finales de 1990 y fue calificado por la revista Forbes como una de las 200 mejores pequeñas empresas del país. En 1999 había sólo cinco prisiones de gestión privada en el país, que alojaban cerca de 2000 reclusos. En el año 2000, a cargo de casi 20 empresas privadas había más de 100 cárceles con cerca de 62 mil reclusos.5 Para ser claro, aunque el número de establecimientos privados aumentó a más de 415 entre 2000 y 2005 y representó casi todo el aumento en instalaciones correccionales durante esos años, todavía hay muchos más de instalaciones bajo gestión pública: 1406 en 2005.6 Sin embargo, una tendencia hacia la privatización es evidente. En este sentido, el sistema penitenciario es un ejemplo del Estado Centauro de Wacquant: por un lado, se castiga a las clases bajas, que pueblan las cárceles, por otro lado, los beneficios de la clase alta, que es propietaria de las cárceles, y emplea a la clase media, que ejecuta los castigos.
El sistema carcelario también refleja la tendencia hacia la desterritorialización que también está asociada al neoliberalismo. Por un lado hay mucha desterritorialización de los procesos a otros Estados de la Unión. Por ejemplo, en 2007 el Departamento de Justicia Penal envió 11.720 presos y en libertad condicional a los servicios de fuera del estado para recibir 6.326 de otros estados.7 Las prisiones poco a poco van convirtiéndose en una fuente de mano de obra barata para algunas corporaciones de EEUU que trabajan subcontratar a los reclusos.8 En 1979, el Congreso aprobó la ley de mejoramiento del Sistema de Justicia, que despejó el camino para que los reclusos fueran empleados por las empresas privadas mientras cumplen sus condenas. Sin embargo, los sindicatos y otros grupos contrarios a esta legislación presionan para incluir restricciones, tales como los requisitos que las empresas paguen los salarios dominantes y beneficios comparables a los del mercado local y que ofrezcan garantías por escrito de que los trabajadores no presos no serán desplazados por el trabajo de los internos. Como resultado, sólo una pequeña fracción de los reclusos ha sido contratada por empresas privadas hasta el momento. Pero, una vez más, la tendencia ha sido puesta en marcha.9
Sin embargo, más allá de estas observaciones preliminares se esconden tres más graves objeciones sobre el argumento de Wacquant respecto a la situación penal. En primer lugar, su análisis es muy estrcturalista. Casi suena como si el sistema penal fuera una respuesta institucional necesariamente funcional para el ascenso del neoliberalismo. Esto, por supuesto, no cuadra bien con su observación de que las tasas de encarcelamiento son mucho menores en los países avanzados que no sean Estados Unidos, lo que sugiere que puede haber algo más que este imperativo estructural -al menos el supuesto de que otros países también han sucumbido a las presiones neoliberales del Estado de Workfare. El problema es su teoría carece de un análisis político.
Todo el tema de la delincuencia, al menos en los Estados Unidos, se ha utilizado para movilizar votantes a partir de la década de 1960 como parte de una estrategia política deliberada para ganar las elecciones. Fue iniciado por la derecha del sur durante los años 1960s., refinado en los años de Nixon, pero luego rápidamente aceptada por muchos políticos de izquierda también. De hecho, la campaña sobre la plataforma de la ley y el orden se convirtió en parte integral de muchas campañas políticas mucho antes del ascenso del neoliberalismo.10 Por ejemplo, las políticas electoralistas motivaron al gobernador Nelson Rockefeller de Nueva York para dar paso en 1973 a las llamadas Leyes Rockefeller de Drogas que establecen duras penas de prisión obligatoria por posesión o venta ilegal de drogas. Fue un movimiento político que llamó tanto la atención nacional y, eventualmente, ayudó a impulsar a Rockefeller a la vicepresidencia de los Estados Unidos. Asimismo, incrementó significativamente la población penal del Estado de Nueva York.11 El punto es que el impulso detrás del ascenso del Estado penal tuvo por lo menos tanto que ver con la política electoral como con la satisfacción de las necesidades estructurales del neoliberalismo.
Además, ha habido resistencia política al ascenso del Estado penal, que en ocasiones ha tenido éxito. Entre 2005 y 2007 alrededor del 24% de todos los reclusos de las presiones federales y estatales estaban cumpliendo condena por delitos relacionados con las drogas. Más de la mitad de todos los presos federales estaban haciéndolo12 tal vez tanto como 20% de estas personas habían sido condenadas por delitos relacionados con la posesión y venta de marihuana -no por drogas duras como la heroína o la cocaína.13 La preocupación por encerrar a la gente por delitos vinculados a la marihuana ha provocado un movimiento en el nivel nacional por la despenalización de la marihuana para usos recreativos y médicos. Comenzando en 1973, 12 estados redujeron las penas por posesión y uso de marihuana al igual que varias ciudades. Cabe destacar que, en 1977, la legislatura del Estado de Nueva York eliminó marihuana como una droga cubierta por las Leyes Rockefeller de Drogas en 1979, lo que facilitó otros aspectos de estas leyes.14 Más recientemente, los votantes de Massachusetts aprobaron un referéndum popular, que entró en vigor en enero de 2009, la despenalización de la posesión de una onza o menos de mariguana u otras drogas relacionadas, tales como el hachís y el aceite de hachís. Aunque los efectos de la despenalización son objeto de acalorados debates, el impulso detrás de este movimiento es muy transparente. La mayoría de los partidarios creen que la despenalización ahorraría miles de millones de dólares anualmente en los gastos de la justicia penal para hacer cumplir las leyes sobre la marihuana y reducir la población carcelaria quizá hasta en un 7%.15
Que el ascenso del estado penal ha sido contestado no debería ser sorprendente. Después de todo, el neoliberalismo en sí mismo ha sido impugnado. Por ejemplo, las revueltas francesas durante el verano de 2006 impidieron la promulgación de políticas neoliberales de mercado para las personas que recién ingresan en el mercado laboral -políticas que hubieran hecho más fácil para los empleadores contratar y despedir a los trabajadores nuevos. Los esfuerzos por imponer el bienestar neoliberal y las reformas del mercado de trabajo también ya se han bloqueado o retrasado en otros lugares, de hecho el neoliberalismo no ha llegado a dominar un buen número de países de todo el mundo16 -un punto al que volveremos más adelante. Incluso en los Estados Unidos la reciente elección de Barak Obama como presidente se lee en muchos sectores como un repudio político del neoliberalismo. En otras palabras no hay en él nada inevitable, no existen imperativos funcionales que demande. Y no hay nada que decir sobre la evolución hacia un Estado Penal en algunos países que no pueden o no quieren invertir.
La segunda cuestión que me preocupa sobre el argumento de Wacquant implica su análisis de la cultura. Argumenta que el aumento de la pornografía de la ley y el orden es un medio cultural ideado para recordarle a la gente que con el tiempo serán llevados ante la justicia si violan la ley. El sugiere que la evidencia de esta afirmación es la proliferación de la delincuencia en la televisión y en el cine. ¿Pero qué causó esta proliferación después de todo? Para empezar, el público televidente ha sido expuesto a programas y películas con mensajes fuertes contra la delincuencia durante décadas antes de la aparición del neoliberalismo. Recuerdo las viejas películas de gangsters desde los años 1930s. y 1940s. protagonizadas por James Cagney y Edward G. Robinson, entre otros. Y programas de televisión durante los años 1950s., 1960s. y principios de los 1970s. como Dragnet, Manix, The Untouchables, y HawaiiFive-O estaban llenas de mensajes morales claros que nos recuerda que los infractores de la ley eran canallas que serían capturados y castigados. Lo mismo se puede decir para el género del western en la televisión y en las películas de la misma época donde ladrones de banco, asesinos, ladrones de ganado, y los ladrones de caballos son casi siempre detenidos o abatidos a tiros por las fuerzas de la ley y el orden. Entonces, ¿hay realmente alguna cosa nueva en todo esto?
Incluso si es cierto que ha habido una proliferación de este tipo de cultura Ley y Orden para medios de comunicación durante la era neoliberal. ¿es necesariamente causado por el auge del neoliberalismo como una advertencia intencional a la clase baja para que se comporten adecuadamente? ¿O era simplemente debido al número cada vez mayor de medios de comunicación que necesita el producto al mercado? A partir de fines de la década de 1970 empezamos a ver el desarrollo de la televisión por cable y satélite y una explosión en el número de canales que requieren programación. Durante los años 1950s. y 1960s., los estadounidenses vieron los programas en tres cadenas de televisión y tal vez en unos pocos canales locales. En 1995, alrededor de dos tercios de los hogares con televisión estaban suscriptos a un paquete de cable que ofrece entre treinta y cuarenta canales.17 También asistimos al desarrollo del VHS y el DVD, así como al lanzamiento de más y más películas de éxito. Y a medida que los mercados europeos e internacionales comenzaron a abrirse a la televisión americana y a los productos de su cine, Hollywood se centró más en la fórmula de las películas de acción -incluyendo películas sobre crímenes- porque estaban en gran parte desprovistas de diálogo sutil que no puede traducirse bien en los mercados de lengua extranjera.18 Se podría argumentar que la proliferación de la pornografía de la Ley y el Orden fue más una respuesta a la demanda del mercado que una necesidad de controlar el comportamiento de la clase baja.
Por otra parte, Wacquant no proporciona ninguna información acerca de quién consume en realidad este tipo de programación y cuál es el significado que le atribuyen. Sospecho que no es sólo la clase baja la que mira la pornografía de la ley y el orden. Incluso si el mensaje deseado de la programación como es advertir a la gente sobre los riesgos de realizar actividades delictivas, no es claro para mí que este mensaje se reciba siempre. Por un lado, la línea entre los buenos y los malos, que fue bastante obvia en el cine y la televisión durante la década del 1950 y comienzos de la de 1960 se ha difuminado haciendo a sus mensajes morales ambiguos. El popular Harry el Sucio de Clint Eastwood, por ejemplo, retrata a un detective de la policía que era capaz de violar la ley. Por otra parte, algunas formas culturales hoy en día ensalzan la delincuencia. Debe tenerse en cuenta la popularidad del género del gangsta de la cultura,19 como la música rap y los videos juegos gansta y otros similares. Este género surgió en la década de 1980 y ha causado gran preocupación entre los críticos de la clase media tanto de la izquierda como de la derecha que lo acusan de glorificar cosas como la violencia, la violación, las pandillas callejeras, tiroteos y el tráfico de drogas -precisamente el tipo de comportamiento que la pornografía de la ley y el orden suponen que aborrecen. Por lo tanto, cómo se interpreta la pornografía de la Ley y el Orden es una cuestión que tiene mucho en disputa y ahora existe un género anti la ley y el orden que posiblemente lo haga retroceder.
Mi tercera objeción se refiere a los militares. Si queremos analizar el sistema penal como un apéndice del Estado neoliberal, entonces también debe considerarse a las fuerzas armadas ya que juegan un papel funcional similar en el control de las consecuencias asociadas con la disminución de las oportunidades de empleo.20 Los Estados Unidos cambiaron todas las fuerzas armadas voluntarias después de la guerra de Vietnam -casi al mismo tiempo que el neoliberalismo comenzó a surgir y el mercado laboral de EEUU comenzó el ajuste. Desde el final del proyecto, los militares han montado los esfuerzos de reclutamiento de alta visibilidad para atraer a la gente de la clase inferior para alistarse. Prometen dinero para la universidad después del alta, y capacitación mientras están sirviendo que puede reforzar sus posibilidades de conseguir un buen trabajo una vez que regresen al mercado laboral civil. Los estudios sugieren que este tipo de incentivos han sido eficaces en el fomento de inscripciones.21
Sin embargo, es aún más interesante que la calidad de estos reclutas mejorara con la llegada del neoliberalismo. Los servicios armados definen como de "alta calidad" a reclutas con un diploma de escuela secundaria o equivalente y que tengan una calificación superior del 50% en el Examen de las Fuerzas Armadas. Todas las ramas del servicio han experimentado fuertes aumentos de reclutas de alta calidad dentro del porcentaje total de reclutas entre 1976-1992. Por ejemplo, alrededor del 20% de los reclutas del ejército fueron de alta calidad en el inicio de este período, pero se elevó a cerca del 75% al final del período. De acuerdo con el Departamento de Defensa, los fuertes aumentos en los reclutas de alta calidad corresponden a los períodos de aumento del desempleo juvenil.22
Esto sugiere que a medida que las oportunidades de empleo relativamente poco calificados y mal remunerados disminuyen en el mercado de trabajo, más personas acudieron a los militares. En otras palabras, no sólo el sistema penal, sino también las fuerzas armadas cumplieron una función cada vez más importante para la gestión de la mano de obra excedente generada por el auge del neoliberalismo. En este sentido, los sistemas penales y militares son dos caras de una misma moneda.
No quiero decir tampoco que los militares hayan sido deliberadamente designados para ayudar a controlar las consecuencias del neoliberalismo o que eran una parte funcional necesaria del programa neoliberal. Como es el caso del Estado penal, a pesar de que las fuerzas armadas ahora pueden ayudar a eliminar las personas en riesgo de desempleo del mercado laboral y de otro tipo de control de la clase baja, no había nada estructuralmente inevitable o cómplice en todo esto.

La clase media y el Estado deudor

El análisis de Wacquant del Estado neoliberal se centra en gran medida en sus ramificaciones hacia la clase baja. Pero, ¿qué ocurre con la clase media? Sin lugar a dudas, no debemos asumir que la clase media, como la clase alta, se beneficia del neoliberalismo. Por otra parte, los cambios importantes en el Estado se han dirigido también a controlar el comportamiento de la clase media.
Como es bien sabido, el estancamiento de los salarios desde la década de 1970 ha invadido tanto a la clase media como a las clases bajas. Desde 1947 hasta 1973, el ingreso medio familiar ajustado a la inflación aumentó en los Estados Unidos un promedio de 2,8% anual. Después de eso, sin embargo, se redujo drásticamente. De 1973 a 1979 la tasa media de crecimiento anual fue del 1%, desde 1979 a 1989 fue del 0,6 %, y entre 1989 y 2000 fue del 0,9%, aunque desde 1995 a 2000 fue del 2,3%. De 2000 a 2003 disminuyó en un 0,9%.23 Esto hizo cada vez más difícil para las familias mantener el nivel de vida que la generación de sus padres había disfrutado. Como resultado, más miembros de la familia fueron a trabajar. El porcentaje de familias de clase media con ambos conyugues asalariados se elevó considerablemente. En 1949 un 20% de las mujeres de estas familias trabajaba, pero para 1996 esta cifra aumentó a un 68%.24 Y a partir de 1979 hasta 2000 la combinación anual de horas trabajadas por esposo y esposas de la clase media aumentó en más del 18%.25
El crecimiento de los ingresos para muchas familias de clase media habría sido mucho más lento y en muchos casos declinó durante la década de 1990, esto no regía para las esposas que trabajaban más horas. Todo esto ha contribuido al aumento de la desigualdad de ingresos a partir de la década de 1970.26
Las razones de estos cambios en el crecimiento de los salarios, la participación en la fuerza laboral y la desigualdad son complejas y no nos ocuparemos de ellas aquí.27 Lo importante es cómo las familias de clase media trataron de mejorar su situación -pidieron dinero prestado. La deuda familiar creció de poco menos de 80% de la renta disponible en 1986 a 140% en 2007. Gran parte de este incremento obedeció al aumento de la deuda hipotecaria, pero los préstamos para otros fines también fueron significativos. Los observadores han concluido que el aumento de la deuda se contrajo para compensar la disminución de las remuneraciones medias reales. No es sorprendente su coincidencia con un descenso del ahorro familiar. En Estados Unidos el ahorro neto como porcentaje del ingreso nacional bruto se redujo de cerca del 11% en 1974 a cerca del 1% en 2003.28 Estas son las cifras globales para todas las clases agregadas. Sin embargo, en aspectos importantes esta carga se redujo de manera desproporcionada en la clase media. Por ejemplo, entre todos los hogares que entre 1992 y 2001 tuvieron ingresos entre 40.000 dólares y 90.000 dólares son los que tienen el más alto nivel de servicio de deuda en su ingreso familiar. Su servicio de deuda fue también el de más rápido crecimiento entre todos los grupos entre los que se discrimina el ingreso familiar. Por supuesto, los hogares con ingresos más bajos eran más propensos a pagar sus cuentas tarde y tienen niveles de deuda que representan una dificultad real, es decir, con pagos de servicio de la deuda equivalente al 40% o más de su ingreso familiar. Sin embargo, las familias de clase media no eran inmunes a estos males.29 Pero, por qué las familias estadounidenses pueden pedir prestado tanto dinero cuando, dado sus ingresos cada vez más débiles y el ahorro de los flujos, sus capacidades para pagar esa deuda parecen ser cada vez más tenues. La respuesta es que el crédito barato estuvo realmente disponible. Cinco decisiones de gobierno fueron importantes para facilitar esto. Primero, la desregulación de la industria bancaria al comienzo de los tempranos 1980s. Esto permitió que los bancos se muevan a través de los Estados permitiéndoles cobrar mayores tasas de interés sobre los préstamos de varios tipos. A su vez, esta competencia ha desencadenado entre los gobiernos estables el relajamiento de sus leyes contra la usura a riesgo de perder el negocio bancario y los bancos se han trasladado a estados con mayores límites para las tasas. Los préstamos se hicieron más rentables y entonces los bancos comenzaron a ofrecer más y más crédito, a menudo en formas nuevas y riesgosas como dar tarjetas de crédito para estudiantes universitarios.30
En segundo lugar, los cambios en la regulación de valores abrieron nuevos mercados de crédito. La US Securities and Exchange Comission (en adelante, SEC) emitió regulaciones que fomentaron el desarrollo en la década de 1990 de los mercados de valores respaldados por activos (por sus siglas en inglés, ABS). El ABS implica la agrupación, suscripción y venta de préstamos (por ejemplo, hipotecas, la deuda de tarjeta de crédito, préstamos estudiantiles y de automóviles, etc.) y otras cuentas por cobrar como garantía. Alrededor del 70% de este mercado, que estaba compuesto por 6,6 trillones de dólares de valor negociable en 2002, consta de valores respaldados por hipotecas emitidas principalmente por los prestamistas respaldados, en particular, por el gobierno, especialmente Fannie Mae y Freddie Mac antes de que fueran tomadas por el gobierno federal en 2008. Una parte importante de la deuda involucra a las tarjetas de crédito. La titularización de la deuda de tarjetas de créditos a través del respaldo de ABS se introdujo a mediados de la década de 1980 por Banc One Corporation y sentó las bases de lo que hoy es un mercado de 400 mil millones de dólares de ABS en la deuda de tarjetas de crédito. El desarrollo de los mercados de ABS ha contribuido directamente a la explosión de la deuda de los consumidores en los Estado Unidos. La emisión de hipotecas y otros préstamos se hicieron más atractivos, ya que los operadores podían comprar y vender paquetes de estos valores en formas que pudieran ser muy rentables. A su vez, esto creó incentivos para que los prestamistas pusieran a disposición más crédito para quienes desearan pedir prestado -incluso si los prestatarios estaban dispuestos a asumir más deuda que la que financieramente hubiera sido prudente para ellos. En algunos casos, los prestamistas hicieron lo imposible para ampliar su crédito, por ejemplo, ofreciendo tasas de interés muy bajas para el primero y segundo año del préstamo. Y los consumidores mordieron el anzuelo a fin de tomar préstamos como una manera de compensar sus ingresos y ahorros tambaleantes. Por ejemplo, entre 1989 y 2001 la deuda de tarjeta de crédito promedio por hogar en EEUU se duplicó de 4000 dólares a 8000 dólares.31
En tercer lugar, una vez que el mercado de ABS comenzó a florecer, el gobierno decidió no regularlo. Los ABS son derivados financieros, es decir, instrumentos financieros cuyo valor se deriva del valor de otra cosa. El valor de los derivados, por ejemplo un paquete de hipotecas, se deriva del valor estimado del grupo de valores que la constituyen. A medida que la complejidad de estos instrumentos creció, también lo hizo la dificultad de evaluar los riesgos implicados en ellos. Por ello, en 2003 el multimillonario Warren Buffett los describió como armas financieras de destrucción masiva. Y es por eso que algunas personas pidieron una regulación más estricta del mercado de los ABS.
Durante la década de 1990, el Jefe de Commodities Futures Trading Comission propuso que estos derivados deberían ser regulados, por ejemplo, que los bancos emisores de ABS requerían mantener suficientes reservas de efectivo para evitar pérdidas que podrían sufrir si las hipotecas que habían agrupado, comprado y vendido cayeran en cesación de pagos en grandes cantidades. Esto habría atenuado la avidez de los prestamistas dejando menos crédito a disposición de los consumidores, porque habrían requerido esos activos para la capitalización de sus instituciones financieras. Pero la idea no prosperó, ya que se topó con la fuerte oposición de la Reserva Federal de Alan Greenspan, el presidente de SEC Arthur Levitt, y el Secretario del Tesoro Robert Rubin, quien advirtió a todos que la regulación podía socavar la eficiencia con la que él creía que estos nuevo, emocionantes y cada vez más lucrativos mercados operaban.32 Finalmente, en los últimos días de la administración Clinton, el Congreso aprobó la Commodity Futures Modernization Act, que oficialmente adelantó fondos derivados de la supervisión del gobierno. Se excluyen también de la regulación del SEC cierto tipo de crédito de intercambios incobrables y se garantizan estatalmente los ABS. Sin este respaldo, los compradores de ABS potenciales hubieran sido probablemente muchos menos. Así que la decisión de no regular los fondos derivados ha hecho aún más fácil para las empresas emitir dichos canjes y ha contribuido al crecimiento del mercado de ABS. Todo esto significa que el crédito fluye de manera más continua y más fácilmente a la clase media.
En cuarto lugar, la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés muy bajas a raíz de la caída en la bola producida en 2001 de las empresas punto-com y la recesión posterior por el recorte de la tasa de fondos federales al 1%, dejándolos allí durante un año y luego aumentándolos sólo muy tibiamente. Así como los consumidores están cada vez más presentes en los mercados de créditos para ayudar a mantener su nivel de vida, el precio del crédito se mantuvo especialmente bajo. En ninguna parte fue esto más evidente que en el mercado de la vivienda, donde las tasas hipotecarias fueron muy bajas. Cuando se combina con las hipotecas convencionales, tales como hipotecas de alto riesgo -así llamadas porque se hacen a prestatarios con malos antecedentes crediticios- el gobierno, en efecto sedujo a las familias para incurrir en más endeudamiento.
En quinto lugar, el mercado de las hipotecas de alto riesgo se disparó después de 2004 porque los dos gigantes hipotecarios respaldados por el gobierno, Fannie Mae y Freddie Mac, comenzaron a comprar grandes franjas de las hipotecas de alto riesgos. Fanni y Freddi lo hicieron en respuesta a la presión política de Washington, donde los políticos querían ampliar la financiación "asequible" de viviendas de clase media. Fannie y Freddie se inclinaron a comprar hipotecas de alto riesgo creando incentivos adicionales para los prestamistas hipotecarios porque éstos sabían que podían dar la vuelta y vender las hipotecas a Fannie y Freddie. Esto en combinación con bajas tasas de interés contribuyó a un mercado de la vivienda en expansión, el aumento del valor de la propiedad, y una burbuja inmobiliaria que finalmente estalló en 2008, cuando la Fed comenzó a subir las tasas de interés con el fin de controlar la inflación -un movimiento que de pronto levantó hipotecas de alto riesgo ajustables a las tasas de interés a un punto en el que muchos dueños de casas ya no podrían darse el lujo de pagar y enfrentarían la ejecución hipotecaria.33 Esto, por supuesto, provocó una crisis financiera mundial en septiembre de 2008.
¿Qué lecciones debemos extraer de todo esto? Podemos definir al Estado neoliberal en términos de políticas no sólo dirigidas a la clase baja, como lo hace Wacquant, sino también a la clase media. Si podemos hablar del desarrollo del Estado penal neoliberal, también podemos hablar de lo que podríamos llamar el Estado deudor neoliberal. Ambos surgieron como resultado del aumento de las políticas neoliberales. Y ambos han tenido efectos perjudiciales en sus respectivos objetivos: aumentar las tasas de encarcelamiento entre la clase baja y el aumento de las tasas de endeudamiento -y recientemente, la ejecución hipotecaria de la vivienda- entre la clase media. Dicho de otra forma, desde mediados de la década de 1970 la responsabilidad de estimular la economía comenzó a alejarse del gasto público al estilo keynesiano al gasto financiado con deuda de los consumidores -un cambio que fue impulsado por la espectacular expansión de los mercados del crédito privado con el apoyo de varias políticas del gobierno. Por supuesto, esto es coherente con el neoliberalismo en la medida en que el papel del Estado en la economía se reduzca a favor de las fuerzas del mercado.
Vale la pena señalar que la disponibilidad de capital de los países con grandes ahorros en el extranjero, especialmente China, ayudó a poner más presión a la baja de las tasas de interés y contribuyeron a la disponibilidad de crédito barato en los Estados Unidos. El papel que la política de EEUU jugó en el presente para aliviar las restricciones sobre los flujos de capital trasnacional no fue desdeñable. Tampoco lo fue la posición hegemónica financiera de los Estados Unidos, lo que le permitió a los mercados internacionales de capital endeudarse fuertemente, gracias al hecho de que el dólar estadounidense ha sido la moneda de reserva del mundo desde la segunda guerra.

La Clase alta y el estado neoliberal

El argumento de Wacquant es correcto cuando afirma que bajo el neoliberalismo hemos sido testigos del desarrollo de un Estado centauro que es liberal en la parte superior de las clases alta y media, pero paternalista en la parte inferior de la clase baja. Pero que el liberalismo no ha servido a la clase media de la misma forma que a la clase alta, también es cierto. En este sentido, deben hacerse dos puntualizaciones rápidas. En primer lugar, como el neoliberalismo se desarrolló en los Estados Unidos, beneficios económicos desproporcionados se han distribuido de manera desproporcionada en la parte superior del 20% de la sociedad y no en la clase media. Este hecho se refleja en el aumento del endeudamiento de la clase media y también en el aumento de la desigualdad. En 1970, la quinta parte de todas las familias recibieron un 43% de todos los ingresos familiares, pero en 2001 esta cifra había aumentado al 50%. Al mismo tiempo, la cuota media de ingresos se redujo de alrededor del 17% al 14%. De hecho, la proporción de los ingresos de cada uno de la parte inferior de cuatro quintas partes de la distribución del ingreso ha disminuido desde la década de 1970.34
En segundo lugar, al menos una parte de esto se debe a la política del gobierno, no al funcionamiento de los mercados libres y sin trabas de por sí. En particular, la clase alta tiene numerosas exenciones fiscales que han contribuido a esa redistribución de los ingresos. Algunos han llamado a esto Estado de bienestar oculto para los miembros más ricos de la sociedad.35 En particular, los recortes fiscales de la administración Bush en 2003 fueron fuertemente sesgados a favor de los más ricos, del 20% de las familias con mayores ingresos estos afectaron sólo al 1% de la parte superior.36 Esto no es sorprendente en la medida en que el código tributario está lleno de lagunas y excepciones que suelen ser escritos en la ley en respuesta a la normalidad política de Washington, que se conducen con frecuencia por el dinero y el cabildeo. Estos recursos son, por supuesto, los que quedan en gran medida en poder de la clase alta de EEUU.37

Sobregeneralizando el Estado neoliberal

Mi último punto implica la tendencia de Wacquant a generalizar demasiado sobre el Estado neoliberal. Hay que tener cuidado de no sobre-generalizar acerca de la propagación del neoliberalismo en todos los países y por ende sobre el surgimiento de Estados Penales, la difusión de la pornografía de la ley y el orden y similares. Hay importantes diferencias entre los países respecto a cómo el neoliberalismo ha sido adoptado y a cómo se lo ha manejado.38 La mayor parte del tiempo Wacquant habla sobre el neoliberalismo como el surgimiento de una forma pot-fordista y post-keynesiana de la producción sin tener en cuenta la variación entre los países. Para ser justos, reconoce las diferencias en las tasas de encarcelamiento entre los países y que estos tienden a ser mayores en los países que han cedido ante la presión para adoptar el modelo neoliberal estadounidense. Pero el sentido general de su argumento es mucho menos sensible a estas diferencias entre países. Se trata de un problema, porque incluso los Estados que han sido controlados por los gobiernos conservadores que abrazan el neoliberalismo no siempre han adoptado las reformas neoliberales en la práctica. Por ejemplo, un partido neoliberal auto-confeso de Dinamarca ha gobernado como el socio principal de un gobierno de coalición de dos partidos en los últimos ocho años. Sin embargo, sólo ha participado marginalmente en las reformas de su Estado de bienestar ampliado -no se transforma en el tipo de Estado workfare que describe Wacquant, ni nada comparado con en el desarrollo del Estado penal que se encuentran en los Estados Unidos.39
Es interesante, por supuesto, que Estados Unidos siempre ha sido más neoliberal que la mayoría de los países avanzados. Y son los países anglosajones los que más han abrazado el neoliberalismo y la pérdida de varios elementos de la socialdemocracia continental, mientras que países europeos como Alemania, Italia y España continúan siendo demócratacristianos, los países escandinavos siguen siendo socialdemócratas, y países de Asia Oriental como Japón y Corea del Sur poseen una orientación mucho más estatalista.40
De modo que debemos tener cuidado de pintar con un pincel teórico demasiado grueso cuando se habla de neoliberalismo en diferentes países. El problema del exceso de generalización a menudo ha sido evidente en las discusiones sobre el capitalismo que hacen hincapié en sus tendencias estructurales. Funcionalismo estructural, teoría de la modernización, la teoría neo-marxista, y algunas versiones recientes de la teoría de la globalización coinciden en ver que las fuerzas estructurales más o menos inevitablemente presionan a los países hacia un conjunto común de las instituciones políticas y económicas a través del tiempo.41 El estructuralismo en el argumento de Wacquant -un estructuralismo basado en su análisis a veces bastante abstracto de la desaparición de la forma fordista-keynesiana de producción y su sustitución por una igualmente abstracta forma neoliberal- le hace caer en la misma trampa. En otras palabras, el fenómeno en el que Wacquant se centra, sobre todo el argumento del Estado penal como un apéndice importante para el Estado neoliberal más general, puede ser más particular a los Estados Unidos que lo que su marco teórico nos permite ver. Por otra parte, podemos estar asistiendo a una nueva retirada del estado neoliberal en los EEUU.
Después de todo, desde la crisis financiera que golpeó en septiembre de 2008, la administración Bush firmemente neoliberal, así como la nueva administración de Obama han retornado al Estado keynesiano con una venganza, planea gastar más de 1,4 billones de dólares para rescatar al sector financiero y relanzar la economía. En efecto, a la luz de este movimiento nació una broma popular que afirma que Bush asumió el cargo como un conservador social, pero lo dejó como un conservador socialista. Así, los días del Estado neoliberal, incluso en EEUU pueden estar desapareciendo en gran medida debido a las consecuencias no deseadas de las políticas anteriormente descritas, que engendraron el surgimiento del Estado deudor y la crisis financiera.

Conclusiones

En suma, Wacquant tiene un argumento provocativo e interesante. Ha visto algunas cosas que son muy importantes y que los científicos sociales deben tomar más en serio. Su argumento me ha hecho considerar si podría haber cambios asociados con el Estado neoliberal que implican perversamente no sólo a la clase baja, sino también a la clase media. Sin embargo, sospecho que se ha sobre-generalizado su argumento porque su análisis se lanzó sobre todo a un nivel que es demasiado teórico y abstracto para manejar las diferencias políticas e institucionales que los países exhiben como marcas características generales del post-fordismo y el post-keynesianismo. Por ello, su argumento tiene más sentido en los Estados Unidos, que es más bien excepcional, tanto política como institucionalmente.

Notas

1. En la medida en que Wacquant se refeire a cómo se ven afectados los pobres por el Estado neoliberal parece definir a la clase en términos de ingreso. Por lo tanto, voy a hacer lo mismo.

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19. Estilo violento de la juventud en las zonas menos favorecidas de la juventud.

20. Existe un paralelismo sociológico entre las prisiones y los cuarteles. Ambos son lo que Goffman llama instituciones totales que ejercen un control extremo sobre sus reclusos a menudo a través de duros programas de resocialización, diseñados para hacer que se comporten de manera socialmente aceptable. GOFFMAN, Erving Asylums: Essays on the Social Situation of Mental Patients and Other Inmates, Penguin, New York, 1961. (trad. cast. Internados. Ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales, Amorrortu, Buenos Aires, 1974).         [ Links ]

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29. MISHEL, Lawrence; BERNSTEIN, Jared y ALLEGRETTO, Sylvia The State of Working..., cit., pp. 301-307.

30. LEICHT, Kevin T. y FITZGERALD, Scott T. Postindustrial Peasants..., cit., en especial capítulo 4.

31. LEICHT, Kevin T. y FITZGERALD, Scott T. Postindustrial Peasants..., cit., en especial capítulo 5.

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34. LEICHT, Kevin T. y FITZGERALD, Scott T. Postindustrial Peasants..., cit., p. 53.

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38. Lo mismo ocurre en los Estados nacionales. Algunas estados de los EEUU son mucho menos neoliberales que otros. El Departamento de Defensa, por ejemplo, gastó miles de millones de dólares en subsidios de investigación y desarrollo en diversas industrias desde principios de 1980. El gobierno federal tiene también desde hace tiempo la agricultura subvencionada. Y los gobiernos estatales a menudo se involucran en proyectos de política industrial (por ejemplo, WHITFORD, Josh The New Old Economy, Oxford University Press, New York, 2005).         [ Links ] Todos estos son ejemplos de los tipos de intervención del Estado que se supone que son un anatema para los neoliberales. HALL, Peter A. y SOSKICE, David (eds.) Varieties of Capitalism Oxford University Press, New York, 2001;         [ Links ] CAMPBELL, John L. Institutional Change..., cit., esp. cap. 5.; HANCKE, Bob; RHODES, Martin y THATCHER, Mark (eds.) Beyond Varieties of Capitalism, Oxford University Press, New York, 2007.         [ Links ]

39. CAMPBELL, John L. y PEDERSEN, Ove K. "The Varieties of Capitalism and Hybrid Success: Denmark in the Global Economy", en Comparative Political Studies, núm.40, vol. 3, 2007, pp. 307-332.         [ Links ]

40. CAMPBELL, John L.; HOLLINGSWORTH, J. Rogers y LINDBERG, Leon (eds.) Governance of the American Economy, Cambridge University Press, New York, 1991.         [ Links ]

41. CAMPBELL, John L. Institutional Change..., cit.