SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.16La adhesión subjetiva a la barbarieLo más profundo es la piel: Empirismo y estructura índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Artigo

Indicadores

  • Não possue artigos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • Em processo de indexaçãoCitado por Google
  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO
  • Em processo de indexaçãoSimilares em Google

Bookmark


Prohistoria

versão On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.16  Rosario jul./dez. 2011

 

POLÍTICAS DE LA HISTORIA

Neoliberalismo Zombie y el Estado ambidiestro

 

Jamie Peck;
Traducción: Cecilia M. Pascual

University of British Columbia, Canada
jamie.peck@ubc.ca

 

Entre los múltiples objetivos de las entrevistas orientadoras por Pierre Bourdieu en el monumental análisis del sufrimiento social en la Francia desindustrializada de los años 1980s., una de las más memorables fue con el Director de una escuela en un vecindario recientemente redesignado como una "zona de educación prioritaria". Quien estresado manifestó que efectivamente se les negó su "vocación", el director asediado se quejó de que las escuelas de la zona deprimida de la ciudad se convirtieron en las más peligrosas, "...tratadas como una estación policial mientras su propio rol fue degradado al de una especie de comisario un mantenedor del orden, obligado a adoptar tácticas de mano dura"1. En opinión de Borudieu, estos trabajadores de la primera línea, diariamente confrontados con las secuelas de la inseguridad social y la retirada del Estado de Bienestar, tienen razones de sobra para "...sentirse abandonados sino repudiados completamente en sus esfuerzos para lidiar con el sufrimiento moral y material que es la única consecuencia cierta de esta Realpolitik económicamente legitimada."2 Si la neoliberalización para Bourdieu implica la traducción contradictoria de una austera visión utópica de un programa político, conducido y consolidado por la maquinaria racionalizadora del mercado, los trabajadores sociales, los maestros de escuela y los burócratas de bajo nivel constituyeron en ese momento un movimiento de cooperación. De hecho, Bourdieu especulaba que esta clase lumpen de burócratas estatales incluso pudiera acabar con la insurrección contra los racionalizadores económicos, los nuevos mandarines de la racionalidad del mercado y sus ayudas tecnocráticas, debedlo a que "...la mano izquierda del Estado tiene el sentido que la mano derecha no conoce o peor no quiere conocer lo que la mano izquierda hace".3
En su provocativa intervención Wacquant4 extiende y argumenta el análisis de Bourdieu en el contexto de la coyuntura de "capitalismo tardío". Él describe una marcada evolución histórica, más allá de la configuración de los años 1980s. capturada vívidamente por Bourdieu y sus colegas (grupo de investigación que incluía al mismo Wacquant,5 donde las luchas intestinas al interior del aparato del Estado cobraron la forma de una contienda asimétrica entre este brazo izquierdo "acaparador de ministerios [...] rastro dentro del Estado de las luchas sociales del pasado"6 y los agentes del brazo derecho, aquellos concentrados en la austeridad, la privatización, la desregulación y la mercantilización. La lectura de Wacquant sobre esta última configuración,7 que caracteriza como una "innovación institucional genuina", implica cuatro tendencias interrelacionadas. Primero, el abultado complejo carcelario asume nuevos y decisivos roles junto con las múltiples funciones "económicas" del Estado, que se transforma claramente en un brazo derecho musculado (y masculinizado), el ala autoritaria del Estado neoliberal. Segundo, las funciones residuales del brazo izquierdo (o del Estado social) han sido profundamente transformadas a través de lógicas workfare de modificación de las conductas individuales y subordinación al mercado. Tercero, las innovaciones en el arte de gobernar contemporáneo se reflejan en la relación ambidiestra, cada vez más complicada, entre las alas autoritaria y asistencial del Estado, entre las cuales se ejerce cada vez más presión en los dilemas regulatorios de la flexibilización laboral y la marginalidad social avanzada. Y cuarto, este acoplamiento sin precedentes históricos, que quizá sea pertinente caracterizar como una simbiosis antes que como una unidad institucional e ideológica, no se registra solamente en los altos escalones del Estado, sino también a través del conjunto de lógicas y dinámicas de regulación del nivel "más bajo", especialmente en las áreas deprimidas de las ciudades.
Entonces, no se trata del caso en el que el brazo derecho del Estado es ignorante, indiferente y/o activamente antipático respecto a lo que el brazo izquierdo hace, en el forma originalmente sugerida por Bourdieu y refiriendo al mandamiento bíblico que constituye su metáfora corporal (Si das limosna no dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace tu mano derecha, Mateo 6:3). Actualmente, Wacquant insiste en que las manos izquierda y derecha del Estado están trabajando de manera funcional y organizativamente complementaria, para crear nuevas formas activo-punitivas de gobernar en el contexto contradictorio de un "capitalismo desregulado". Además, esto no es simplemente un neoconservadurismo genérico sino un proyecto neoliberal especifico, que tiene las mismas posibilidades de ser defendido por los políticos de la (centro) izquierda que por los de la derecha. De hecho, esta dinámica transformativa en la gestión de la marginalidad social quizá avance más rápido y más lejos que bajo la "tercera vía", ya que aparentemente estaría menos constreñida por formas doctrinarias de antiestatismo. Ronald Reagan pudo traernos benéficos recortes y la metáfora tóxica de la "reina de la asistencia", pero fue Bill Clinton quien asumió la promesa de "poner fin a la asistencia como la conocemos". El belicoso ministro de Margaret Thatcher, Norman Tebbit pudo haber dado conferencias a los desempleados para que "agarren sus bicicletas" y busquen trabajo, pero fueron las políticas de workfare de Tony Blair que en última instancia se refirió no solo metafóricamente a las bicicletas sino al bienestar en un marco inequívoco de "empuje".8
La invocación de Wacquant es sobre el neoliberalismo como "causa fundamental" de la deriva social hacia formas penales de gestión de la pobreza y el posterior aumento del "complejo carcelario-asistencial", con razón llama la atención sobre el carácter evolutivo de los procesos de neoliberalización, aunque sin dudas algunos se molesten a causa de la funcionalidad del conjunto regulador resultante. Es evidente que los principios del neoliberalismo no se grabaron como los mandamientos de la política en tablas de piedra del Mont Pelerin, Hayek mismo insistió en que el neoliberalismo debe ser un credo flexible.9 En el largo y sinuoso camino de su inicial (re)articulación como un proyecto ideológico, a través de sus encuentros con diversas formas del Estado y por fuera de él en las últimas tres décadas, el neoliberalismo ha demostrado notables capacidades. Su lógica destructiva y creativa puede haber sido inicialmente animada por la guerra de múltiples frentes contra el Estado social, los derechos sociales y los colectivos sociales -lo cual puede haber sido visto como una fase de "retroceso" del neoliberalismo-,10 pero el proyecto ha sido transformado debido a la proliferación de los retos en la gestión de costes y las contradicciones de las primeras olas de neoliberalización.
El neoliberalismo, en este sentido no es lo que solía ser (y nunca podrá ser lo que ha sido). Desde la desregulación dogmática a la re-regulación del mercado amigable, del ajuste estructural al buen gobierno, de los recortes presupuestarios a la regulación por auditoría, de la reducción de la asistencia a las políticas sociales activas, de la privatización a las asociaciones publicas-privadas, de la codicia buena a los negocios con moralidad... El despliegue del variado rostro del neoliberalismo, representa al mismo tiempo una profunda consolidación y una crisis de conducción impulsada por las reglas del mercado. Tal vez todavía siga bajo la guía de la oxidadas y viejas brújulas de Hayek, entrenado en la inalcanzable y (dura) utopía de una sociedad de libre mercado, pero el impulso de la vanguardia de la "revolución desde arriba", como la "convicción política" del "momento tatcherista" de confrontación sin concesiones, desde hace mucho tiempo ha dado paso a las búsquedas oportunistas para Die Neu Mitte (el nuevo centro), extinción de incendio, gestión de ensayo y error, delegado de la experimentación y el pragmático abrazo a lo que funciona. A menudo el neoliberalismo nuevo aprende (evoluciona) cometiendo errores, se encuentra inmerso en el desafío sin fin de la gestión de sus propias contradicciones, junto con las consecuencias sociales y económicas de la desregulación y de las malas intervenciones anteriores. Se producen errores pero se tiende a avanzar.
 Para toda la pureza ideológica de la retorica del libre mercado, para toda la lógica mecánica de la economía neoclásica, esto significa que la práctica del arte de gobernar neoliberal esta ineludible y profundamente signada por el compromiso, el cálculo y la contradicción. No existe un plan. No hay ni siquiera un mapa. Las crisis en sí no tienen porque ser fatales para este modelo mutable, mestizo de gobiernos para los cuales en un grado u otro el neoliberalismo ha sido siempre una criatura en crisis. Sin embargo, la explotación selectiva de las crisis de los sistemas keynesianos-bienestaristas, de desarrollo o el estado socialista es una cosa, y la respuesta a las propias crisis de elaboración del neoliberalismo es otra. Cada vez más, sin embargo ésta es la tarea indecorosa de las metástasis del neoliberalismo puestas en marcha ya sea como consecuencia, por ejemplo, de la crisis financiera asiática, el huracán Katrina o la desintegración reciente de los mercados de crédito. Cada uno de estos momentos es acompañado por intentos frenéticos para reiniciar (y a veces modificar) el régimen tambaleante de las reglas del mercado, pero cada uno de ellos son -visceral y estratégicamente, momentos políticos cuyos resultados no pueden predecirse.11 Es posible que algunos neoliberalismos 3.0 puedan neutralizar, desplazar o cambiar algunas de las tendencias de la crisis, pero estas nunca se resuelven de forma permanente. Cada nueva generación del Software del libre mercado, incluso en empaques diferentes, contiene errores nuevos, así como los defectos del diseño antiguo. Esto significa que lo que ocurre con el "gobierno neoliberal" actual, invariablemente muestra un móvil dinámico, cuando no turbulento. Se reanima tanto por contradicción como por convicción.
En este contexto, Wacquant productivamente pone su atención en la actual crisis de la flexibilidad laboral y la marginalidad social, que bajo condiciones de gobernabilidad neoliberal muestra claramente una historia distintiva. Ha habido de hecho una reconstrucción de raíces y ramas de lo que Claus Offe12 llamó "límite de las instituciones" del mercado laboral de bajos salarios a lo largo de las últimas tres décadas, que ha sido una zona de fracaso de las políticas seriadas, así como una innovación institucional insistente y una regulación inquieta. Sucesivas (y en algunos casos acumulativas), las olas de reforma -alcanzaron al régimen de workfare, la política carcelaria, la vivienda y los servicios de salud, la legislación inmigratoria, etc.- modificaron gradualmente las condiciones en los mercados contingentes de trabajo. En el proceso, se han forjado los nuevos contornos sociales de inclusión y exclusión y las nuevas normas de empleo y subempleo. Por un lado, estos mercados de trabajo realmente han sido mercantilizados en algunos aspectos. La fuerza de trabajo es cada vez más mercantilizada mientras que las formas de la competencia tienen una mirada cada vez más darwiniana. Pero, por otro lado, no es menos significativo que este mercado ha sido racialmente re-estratificado de manera que el sistema penitenciario y los regímenes de workfare proyectan sombras muy largas mientas que los nuevos "intermediarios", tales como agencias depredadoras de la colocación temporal, reforman activamente las reglas del juego.13
Entre las tendencias más generalizadas, los derechos sociales o los "refugios" en el mercado de trabajo se han reducido al mínimo, ya que con los nuevos límites las instituciones buscan constantemente y con un propósito rotar a sus "clientes" a través de test de empleabilidad. Para todas sus funciones sociales distintivas y sus dinámicas institucionales las empresas de trabajo temporal hacen esto; los programas del Workfare hacen esto y la prisión también. No sólo reflejan al mercado sino que lo reelaboran. Wacquant se enfoca sobre las conexiones interinstitucionales, las homologías y las lógicas de una meta lógica que son características claves para el diagnóstico crítico de esta coyuntura de regulación neoliberal tardía, al menos como uno de sus sitios privilegiados de contradicción. El autor acierta al reservar un lugar especial al Workfare y a las prisiones en la gestión (cada vez más normalizada) de la inseguridad económica y la marginalidad social. Pero mi sensación es que quedan algunas cuestiones abiertas en torno a si es cierto que el acompañamiento institucional de la matriz es más o menos integrado. Los brazos izquierdo y derecho del Estado neoliberal pueden tener un control cada vez más difícil de todos los problemas de reglamentación de la flexibilidad de la mano de obra y la marginalidad social, pero esto no debe confundirse con una comprensión efectiva. Wacquant es perspicaz con respecto a esta cuestión. Mientras activa el argumento contundente según el cual la lógica funcional del prisonfare y workfare se han entrelazado cada vez más, de hecho se han complementado, ya que han coevolucionado con los mercados de trabajo flexible que no llegan a cubrir otros emergentes. La forma general del equilibrio de reglamentación queda en evidencia. Por separado como en conjunto estos dominios reguladores siguen estando "divididos" por profundas irregularidades, observando insuficiencias y construyendo desequilibrios".14 ¿Qué es entonces lo que sostiene esta forma perversa de convergencia de las peores prácticas, frente a tales contradicciones profundas y olas episódicas de resistencia e impugnación? Si el neoliberalismo fue de hecho la causa fundamental de estos desarrollos.15 ¿Podemos todavía atribuir el mismo tipo de potencia ideológica, política e institucional al manchado y profundamente desacreditado neoliberalismo, cuyos último ritos que recientemente han sido leídos por Naomi Klien, Eric Hobsbawm, y otros? ¿No es hora de pensar sobre la hegemonía neoliberal en tiempo pasado?
 En esta etapa, es imposible llegar a una conclusión definitiva, pero parece poco probable que el edificio normativo del neoliberalismo se derrumbe, in toto como una casa de naipes. Y no es por otra razón que el neoliberalismo no fue nunca una estructura monolítica en primer lugar.16 Podemos estar a salvo por un tiempo de la arrogancia de los fanáticos del mercado libre, pero la crisis actual también puede reforzar las supuestamente seguras manos de los pragmáticos tecnócratas, verdaderos herederos del despliegue neoliberal. La débil protesta de George W. Bush en vísperas de la cumbre del G20 sobre la crisis financiera global podría ser vista como una metáfora perfecta para la bancarrota del neoliberalismo recalcitrante. El centrismo pragmático del gobierno de Obama parece poco probable que signifique una ruptura con el neoliberalismo de negocios. Como últimamente se tomaron medidas sin precedente, "de emergencia", no sólo para reiniciar el sistema financiero, no obstante rápidamente se restauró el muro de rentabilidad de Wall Street mientras que el sistema de precarización del empleo ha sido rediseñado como un "indicador" rezagado.17
Si uno considera que lo que el neoliberalismo ha sido realmente desde su nacimiento es un proyecto transnacional e ideológico, en París, desde hace 60 años en el coloquio Lippman hemos asistido al desarrollo evolutivo de las formas del arte de gobernar proliberales.18 El colapso del mercado que comenzó en 2008 solo podría conducir a nuevas rondas de re-regulación deficiente en pro del mercado en tanto implosión sistémica tipo caída del muro de Berlín. Los tecnócratas, sabemos, suelen trabajar en silencio. El lenguaje político de acompañamiento seguramente será más sombrío acerca de la determinación y el pragmatismo cauteloso en contraste con el creciente triunfalismo del mercado de las últimas tres décadas. ¡Prepárate entonces para la cuarta vía!
Neils Smith19 sin duda acierta cuando diagnostica que el neoliberalismo, canalizando la crítica de Habermas a la modernidad, esta "muerto pero dominante". Los intereses sociales que el proyecto neoliberal forjó para servir al capital corporativo, las elites financieras, los accionistas y los inversionistas trasnacionales pueden haber sido expulsados de la luz pública, pero al mismo tiempo han estado reafirmando sus intereses privilegiados con una audacia impresionante. En la incipiente política de rescate de EEUU, por ejemplo, las acciones más urgentes hasta la fecha se han preocupado por la salvación de los bancos en quiebra y las empresas mientras se intenta reafirmar la "confianza" en los mercados. Como contracara, Hobsbawm, Klein y muchos otros están discutiendo que se trata de una contundente, sino fatal acusación a la gobernabilidad neoliberal. Tal vez la ola haya dado vuelta. Pero también debemos recordar que si bien este complejo de torpes al mando del Estado puede haber creado algunos momentos difíciles para los creyentes dogmaticos en el guion del libre mercado, el activo (ab)uso del poder del estado es bastante coherente con el libro de jugadas neoliberales. Los intereses y las instituciones que fueron rescatados en el bienio 2008-2009 no cumplieron con las reglas del libre mercado.20 ¿Y podríamos preguntarnos qué está sucediendo realmente cuando el riesgo financiero está siendo socializado a una velocidad increíble y cuando las racionalidades de Wall Street y Washington se han suturado juntas como nunca antes?
 Por otra parte, no es casual el hecho que los problemas endémicos de la inseguridad socioeconómica, no sólo entre los más pobres sino cada vez más entre la clase obrera y media, sigan descaradamente sin resolverse. Peor aún, las exigencias macroeconómicas señalan que este podría no ser el momento para propiciar extensiones a los derechos de salud, la legislación de vivienda justa, la reforma fiscal redistributiva o los esfuerzos sistemáticos para combatir la pobreza. En su lugar, las respuestas más urgentes se centran en remendar el sistema de la economía por goteo con el fin de aislar el régimen financiero de futuros retrocesos. El esfuerzo de re-regulación sigue estando considerablemente preocupado por problemas del riesgo financiero y la histeria de los mercados. Mientras tanto, se espera que los portadores de riesgo social salgan adelante por sí mismos. A toda costa, sin embargo, tienen que seguir comprando.
 La explosión de las condiciones de la crisis, hay que recordar, ha sido un sello distintivo del gobierno neoliberal, aunque el patrón reciente de los acontecimientos parece cada vez más como una crisis normal. Pero una vez más, el proyecto cansado y desacreditado amenaza con sacudir el azar en adelante (o hacia adelante), es decir a menos que los bloques políticos de la oposición concertada a su paso y un programa político alternativo comiencen a llenar el vacío. Muerto pero dominante el neoliberalismo de hecho parece haber entrado en su fase zombie. Su cerebro al parecer hace mucho tiempo que dejó de funcionar, pero las extremidades se mueven todavía y muchos de sus reflejos defensivos parecen aún estar trabajando. Los muertos vivientes de la revolución del mercado libre continúan caminando por la tierra, aunque con cada resurrección de su marcha la falta de coordinación se hace cada vez más errática.

Notas

1. BALAZS, Gabrielle y SAYAD, Abdelmalek "La Violence de l'Institution", en Actes de la Recherche en Sciences Sociales, núm.90, 1991, p. 53;         [ Links ] BALAZS, Gabrielle y SAYAD, Abdelmalek "Institutional violence", en BOURDIEU, Pierre et al. The Weight of the World: Social Suffering in Contemporary Society, Polity, Cambridge, 1999, p. 493. (trad. cast. La miseria del mundo, FCE, Buenos Aires, 1999).         [ Links ]

2. BOURDIEU, Pierre et al. The Weight..., cit., p. 183.

3. BOURDIEU, Pierre "The Left Hand and the Right Hand of the State", en BOURDIEU, Pierre Acts of Resistance, Polity, Cambridge, 1999, p. 2.         [ Links ]

4. WACQUANT, Loïc Punishing the Poor: The Neoliberal Government of Insecurity, Duke University Press, Durham, NC, 2009. (trad. cast. Castigar a los pobres. Gedisa, Barcelona, 2010).         [ Links ]

5. BOURDIEU, Pierre et al. La Misére du Monde, Seuil, Paris, 1993.

6. BOURDIEU, Pierre "The Left Hand...", cit., p. 2.

7. WACQUANT, Loïc Punishing the Poor..., cit., p. 302.

8. PECK, Jaime Workfare States, Guilford, New York, 2001.         [ Links ]

9. HAYEK, Frederick The Road to Serfdom, IL: University of Chicago Press, Chicago, 1944 (trad. cast. Camino de servidumbre¸Alianza, Madrid, 1876);         [ Links ] Cfr. PECK, Jaime "Remaking Laissez-Faire", en Progress in Human Geography, núm.32, vol. 1, 2008, pp. 3-43.         [ Links ]

10. PECK, Jaime y TICKELL, Adam "Neoliberalizing Space", en Antipode, núm. 34, vol. 3, 2002, pp. 380-404.         [ Links ]

11. LEITNER, Helga; PECK, Jaime y SHEPPARD, Eric (eds.) Contesting Neoliberalism: Urban Frontiers, Guilford, New York, 2007.         [ Links ]

12. OFFE, Claus Disorganized Capitalism, Polity, Cambridge, 1985.         [ Links ]

13. PECK, Jaime y THEODORE, Nik "Contingent Chicago: Restructuring the Spaces of Temporary Labor", en International Journal of Urban and Regional Research, núm. 25, vol3, 2001, 471-496;         [ Links ] PECK, Jaime y THEODORE, Nik "Carceral Chicago: Making the Ex-offender Employability Crisis", en International Journal of Urban and Regional Research, núm.32, vol. 2, 2008, pp. 251-281.         [ Links ]; PECK, Jaime y THEODORE, Nik "Work First: Workfare and the Regulation of Contingent LabourMarkets", en Cambridge Journal of Economics, núm.24, vol. 1, 2000, pp. 119-138.         [ Links ]

14. WACQUANT, Loïc Punishing the Poor..., cit., p. 313.

15. WACQUANT, Loïc Punishing the Poor..., cit., p. 302.

16. PECK, Jaime; THEODORE, Nik y BRENNER, Neil "Postneoliberalismand itsmalcontents", en Antipode, núm.41, vol. 6, 2009, pp. 1236-1258.         [ Links ]

17. "President Bush Discusses Financial Markets and World Economy", en White House Press Release, 13/11/2008, Federal Information and News Dispatch.         [ Links ]

18. FOUCAULT, Michel The Birth of Biopolitics, Palgrave Basingstoke, 2008;         [ Links ] PECK, Jaime "Remaking Laissez-Faire...", cit.; MIROWSKI, Philip y PLEHWE, Dieter (eds.) The Road from Mont Pelerin: The Making of the Neoliberal Thought Collective, Harvard University Press, Cambridge, MA, 2009.         [ Links ]

19. SMITH, Neil "Neo-liberalism: Dead but Dominant", en Focaal, núm. 51, 2008, pp. 155-157.         [ Links ]

20. CHOMSKY, Noam Profit over People, Seven Stories Press, New York, 1998 (trad. cast. El beneficio es lo que cuenta, Crítica, Barcelona, 1999);         [ Links ] HENWOOD, David Wall Street, Verso, London, 1998.         [ Links ]