SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.16Neoliberalismo Zombie y el Estado ambidiestroStrix Hispánica: Demonología cristiana y cultura folklórica en la España moderna índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Bookmark


Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.16  Rosario jul./dic. 2011

 

POLÍTICAS DE LA HISTORIA

Lo más profundo es la piel
Empirismo y estructura

 

Mariana Valverde;
Traducción: Diego P. Roldán

University of Toronto, Canada
m.valverde@utoronto.ca

 

La conocida obra de Loïc Wacquant sobre la pobreza urbana y la criminalización ha sido muy influyente en los círculos de izquierda, y ha sido leída por activistas quizá tanto como por estudiosos. Personalmente me entusiasma saber que la audiencia para un análisis de izquierda no es tan pequeña como lo sugieren los gurús de los medios de comunicación. Y dada la nueva popularidad de la economía keynesiana desde la última crisis mundial, Wacquant puede encontrar una audiencia aún más grande.
Como alguien cuyos años de formación los pasó en la izquierda socialista-feminista de mediados y fines de los años 1970s., y que se ha mantenido a la izquierda de todas las opciones sociales neolaboristas, me siento muy complacida con la popularidad del análisis de Wacquant. Sin embargo, mientras que políticamente él y yo estamos del mismo lado, teórica y metodológicamente existen grandes diferencias entre su enfoque y el mío, diferencias que son, quizás, de cierto interés general. De hecho, una muy buena manera de comenzar un debate, es manifestar que una de las principales diferencias entre el enfoque de Wacquant y el mío es que ya no creo (al igual que Althusser, el feminismo de la segunda ola y Bourdieu) que las diferencias teóricas son necesariamente indicativas o tienen conexión directa con las diferencias políticas. Una cosa que he aprendido -de los muertos de fin de 1980, de los debates sobre "epistemología feminista" tanto como de Nietzsche- es que los proyectos políticos exitosos son la mayoría de las veces coaliciones pragmáticas entre personas que quieren las mismas cosas, pero que no tienen necesariamente una visión común o una metodología común (lo que los científicos sociales llaman punto de vista). El debate en el que aparece este comentario es por tanto una buena oportunidad para explorar las diferencias de base filosófica que, contrariamente a las visiones de los años 1970s. sobre la "praxis", tienen muy pocos o ningún efecto político.
La propuesta clave de Wacquant es "reintegrar" a la criminología el estudio de la política social y el bienestar social. Estoy totalmente de acuerdo en que no es útil considerar a la política de la justicia penal como un campo independiente de la actividad gubernamental (como la mayoría de la criminología convencional lo hace).
Después de todo, los mismos políticos que aprueban la legislación de la ley y el orden también han instituido las más rigurosas medidas de asistencia social. Más significativamente, como Katherine Beckett y otros académicos estadounidenses han mostrado, los estados que tienen los mejores sistemas de bienestar también tienen las menores tasas de encarcelamiento, y viceversa, lo que sugiere que la relación entre la ley y el orden y las políticas neoliberales contra el bienestar es significativa.
Sin embargo, mientras que Wacquant utiliza datos sobre la relación entre el aumento del encarcelamiento y la disminución del apoyo a la asistencia social para argumentar que existe una estrategia global por parte del "Estado", o lo que él llama "el Leviatán neoliberal", encuentro al "renacimeinto del Leviatán" problemático. Las correlaciones desplegadas por Wacquant muestran, de hecho las relaciones, incluso las relaciones estructurales: pero no prueban necesariamente que existe una estrategia unificada o un solo actor colectivo, un estratega.
Entonces, Wacquant podría responder que de ninguna manera el postula la existencia de cualquier actor colectivo, ya que, a lo largo de la línea marcada por Pierre Bourdieu, no se centra en "el Estado", como tal, sino más bien en ciertos campos -el campo burocrático por ejemplo, o las interacciones entre el capital político y el económico. Es cierto que la perspectiva de los "campos" es un modelo más dinámico de la formación del Estado que los modelos más unificados desarrollados por Althusser y por científicos y políticos marxistas- igual que las ideas de Bourdieu sobre la importancia de determinados tipos de capital cultural permiten un análisis más dinámico y específico sobre la formación de clases que el del marxismo tradicional.
Sin embargo, desde una perspectiva nietzscheano/foucaultiana, se diría que la postulación de campos (sobre todo uno tan amorfo y mal definido como "el campo burocrático") existe un privilegio de los parámetros estructurales todavía. En consecuencia, en particular las actividades de gobierno y las tecnologías específicas que lo rigen tienden a ser consideradas como secundarias, como en la superficie, como las modificaciones locales que rara vez afectan a la base estructural de la configuración. Qué leyes específicas llevan al aumento de la población carcelaria, o qué sucede realmente en las cárceles, o si los jueces están perdiendo su independencia, o cómo se está midiendo y gestionando el "riesgo" criminal son preguntas que no tienen relevancia teórica central en este marco.
Pero, ¿son estas preguntas las únicas teóricamente interesantes? Aquellos de nosotros que están más influidos por Nietzsche que por la sociología dirían que lo que los marxistas gustan de llamar "el Estado" sólo existe como siempre cambiante y frágil espacio específico producto de la actividad del gobierno. La aplicación del "estilo de pensamiento" nietzscheano (posiblemente inspirada por Deleuze tanto como por Foucault) implica una revisión "del Estado" (y "del campo burocrático") como efectos de gobierno -y más concretamente como efectos de prácticas particulares que deben ser descritas en su especificidad. Desde esta perspectiva, sería verdaderamente importante saber si, por ejemplo, los reclusos de las cárceles de EEUU están sujetos a los regímenes religiosos comunes en los centros penitenciarios del siglo XIX en lugar de ser simplemente almacenados, cómo son gobernados los presos importa más que cuántos de ellos hay.
Del mismo modo, si las largas condenas son más un producto político de una lucha entre las legislaturas y el poder judicial que si el poder judicial está perdiendo la reflexividad de la conciencia social, esto también tiene una gran importancia para un cierto tipo de teoría más "bajada a tierra".
Desde el punto de vista genealógico las prácticas que rigen son las que necesitan ser estudiadas, ya que realmente existen, mientras que "el Estado" (o peor aún, el "neoliberalismo") no se encuentra en ningún lugar. Y mientras el análisis activado por la noción de Bourdieu de los campos no es en absoluto incompatible con el estudios de conjuntos ad hoc de varias prácticas de gobernabilidad de procedencia heterogénea, los dos "estilos de pensamiento" (el inspirado en Bourdieu versus el inspirado en Foucault) están más bien en desacuerdo uno con el otro.
Wacquant critica la afirmación de David Garland respecto a que los estados contemporáneos exhiben racionalidades contradictorias incluso en un dominio único (la justicia penal), para Wacquant como para su mentor Bourdieu, siempre hay un método para discernir cualquier tipo de locura gubernamental. Por supuesto, es posible para cualquier ser humano capaz de pensamiento abstracto decir que una abstracción, como el capital global o el neoliberalismo es lo que "está en el fondo de todo esto", y no sería incorrecto. Tal afirmación, sin embargo, borra las diferencias muy importantes por cierto que distinguen una batalla de otra, un estado de EEUU de otro, un nivel de gobierno de otro, una coyuntura política de otra.
En general, me parece que ha sido más fácil renunciar al reduccionismo de clase -para dar cabida no sólo a las cuestiones de género y raza, sino también a factores como el "capital cultural"- que cuestionar la lógica metodológica fundamental del marxismo, el "estilo de pensamiento" marxista. Déjenme darles un ejemplo del estilo de pensamiento marxista. A finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, yo y muchas de mis amigas feministas perdimos innumerables horas discutiendo si la relación entre el patriarcado y el capitalismo debe ser concebida como una doble hélice, como el ADN, o más bien como las capas de un pastel. (Me gustaría estar bromeando, pero no lo estoy). La doble hélice fue popular en mi pequeño rincón de la izquierda estructuralista. Pero entonces descubrimos la raza. Para algunos, eso significaba la adición de una tercera línea a la hélice. Pero para algunos de nosotros, el ir más allá de los dos factores estándar o campos condujo a un cuestionamiento profundo y total del modelo estructuralista, de la actitud que hizo de preguntas sobre "la" relación entre el patriarcado y el capitalismo en general, como las únicas buenas preguntas teóricas posibles.
La izquierda de los 1970 no carecía de teoría, todo fue sobreteorizado en aquellos días, en el sentido de una teoría abstracta, pero carecía de respeto con respecto a los análisis concretos de situaciones concretas. "Análisis concretos de situaciones concretas", irónicamente, fue una frase de Lenin -que por supuesto mi generación conocía. Pero lo que los post-leninistas hicieron fue llamar (abstracto) a los análisis concretos. De lo que no nos dimos cuenta -lo que no hemos comprendido aún- es que una vez rechazado el contenido del marxismo, el privilegio de las relaciones de producción, se debería cuestionar la forma, los hábitos lógicos del pensamiento marxista. Buscando la verdad "debajo" de los hechos reales, ya sean en las estructuras o en los campos, es una manera de continuar el camino del negocio de la teorización. Pero algunos de nosotros hemos decidido rechazar no sólo el contenido del marxismo y el feminismo estructuralista de la segunda ola, sino también su estilo de pensamiento. Algunos de nosotros preferimos decir, como Deleuze dijo al describir el método de Foucault, que "le plus, c'est profond la peau"1
Así, para volver a la justicia penal: se podría observar la proliferación de políticas que tienen alguna similitud y pasar a producir teoría como la que Bourdieu (y Marx) habilitaron. Pero también se podría observar que en cada situación particular, las causas de las constelaciones particulares de los eventos son únicas y requieren análisis históricos específicos. Similitudes y préstamos e influencias, por supuesto, existen: pero en mi opinión deben ser descubiertas empíricamente, no se supone que procedan del funcionamiento interno de abstracciones como el neoliberalismo.
El otro día tuve un sueño. Me imaginaba un día soleado en el que los nietzscheanos y los empiristas finalmente descubren que tienen un enemigo común, y así proceden a conspirar contra los teóricos. Este ataque conjunto no exige el fin de la teoría -sino más bien un alto al fuego teórico para permanecer expectantes hasta que no sepamos lo suficiente acerca de lo que realmente está sucediendo en una gran variedad de lugares diferentes. Durante el alto al fuego, todos estaremos obligados a hacer el trabajo intelectual, sin utilizar las siguientes armas prohibidas: "neoliberalismo", "Estado", "nuda vida", "estado de excepción", "disciplina", "gubernamentalidad" y "globalización". Y por supuesto, "Leviatán". Iba a agregar "capitalismo", pero ese término está hoy día infrautilizado, por eso no lo prohíbo.
Queda en manos del compromiso y la inteligencia de Wacquant, si es posible o no que él esté de acuerdo con mi propuesta de alto el fuego teórico.

Notas

1. Lo más profundo es la piel. Es una frase de Paul Valery, citada en Deleuze, Gilles Foucault, Continuum International Publishing Group, London & New York, 1990, 119. [trad. cast. DELEUZE, Gilles Foucault, Paidós, Buenos Aires, 1987.         [ Links ]]