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Prohistoria

versão On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.16  Rosario jul./dez. 2011

 

RESEÑAS

Millar Carvacho, René Santidad, Falsa Santidad y Posesiones Demoníacas en Perú y Chile Siglos XVI y XVII, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2009, 451 pp. - ISBN 978-956-14-1102-9.

 

El historiador chileno René Millar Carvacho reúne una serie de artículos publicados previamente por separado. En su portada se presenta la Muerte de Santa Rosa de Lima de Laureano Dávila, pintor ecuatoriano dieciochesco, sugiriendo que fue la santa limeña un modelo en el cual se reflejó cada uno de los personajes trabajados en el libro.
El Prefacio a cargo de Samuel Fernández Eyzaguirre reflexiona sobre el lugar de Dios en la historia. Según el presbítero, el mayor desafío al analizar el fenómeno religioso es la diferenciación entre elementos reales e imaginarios. Para él, los máximos logros del autor serían: una densa comprensión del siglo XVII y la formulación de inquietudes que trascienden el cientificismo.
Como Introducción, el autor señala diversas vías para la búsqueda de la perfección espiritual en un tiempo particular. La multiplicidad de condiciones para la santidad es planteada como ejercicio heroico de las virtudes cristianas prescrito por el catolicismo post tridentino. Esta pluralidad critica al planteo de Peter Burke para quien la santidad es fruto de una relación conflictiva entre culto "oficial" y periferia: la complejidad de la santidad se encontraría sujeta a los avatares de la Iglesia, no pudiendo explicarse el fenómeno por cualidad subjetiva alguna.1
La postulación de una persona como santo debía corresponderse con una vida transida en fama de santidad: el parámetro era dispuesto según las imágenes contemporáneas del fenómeno. El enfoque sincrónico y la mirada social amplia son herramientas del autor para desenvolver sus relatos. 
La santidad fingida estaba determinada por el marco social que rodeaba a estos personajes sujetos a dones sobrenaturales y oraciones contemplativas. Las disputas por el sentido de Dios y el afán por aspirar a la santidad en una sociedad extasiada podían convertir al sujeto en cuestión en potencial fabulador de sus aptitudes.
La tercera parte atiende dos casos, uno individual y otro colectivo, de Posesión Demoníaca. Allí se percibe el recorrido religioso europeo de la Modernidad cuando el demonio y sus manifestaciones eran un problema tangible. Las posesiones colectivas en conventos fueron replicadas en América: la repetición en lugares distantes (Loudun; Madrid; Trujillo, Perú) quiebra los intentos de explicaciones monocausales.
Heurísticamente, la obra se apoya en documentos inquisitoriales incluidos en los procesos de consagración y escritos dedicados a los santos como Vidas o hagiografías. Al respecto, resulta axiomático insistir en la fragmentación informativa de estos textos en función de las asimetrías existentes entre acusador y acusado o confesor y discípulo.    
En Rosa de Santa María. Génesis de su santidad y primera hagiografíaaparece otra Idée- Force: la vida del santo podía resultar casi tan importante como las circunstancias que rodeaban su muerte. El ideario religioso contrarreformista evaluaba el deceso como un momento para el cual era preciso alistarse toda una vida. A pesar de la fama retraída de la santa, su entorno confiaba en su santificación aún antes de iniciado el proceso oficial basándose en las visiones de una asistente al velorio. Como anexo se presenta un documento inédito: una breve hagiografía anónima escrita por un domínico presuntamente a la semana de la muerte de la santa en 1617.
El capítulo Construcción, imagen y función social de un Venerable del Barroco Peruano hace énfasis en la vida de Fr. Pedro de Urraca (1583- 1657) a la luz de los cambios en el sentido religioso post Trento. La Vida dedicada al santo correspondía a un modelo medieval de santidad arraigado en América, el santo milagrero de experiencias asombrosas resultaba inaccesible a la población. La alternativa, más humana, con ejercicio heroico de sus virtudes, aparecía cercana al fiel. Según el autor, las hagiografías alentaban la confirmación oficial de la santidad y condicionaban el relato de los testigos en los procesos, reconfigurando el recuerdo colectivo del personaje.
La influencia que el documento escrito ejerce sobre la actuación colectiva requeriría una obra en sí misma. Sin embargo, la problemática se cuela en un caso del siglo XVII. En Contrapuntos hagiográficos sobre el Venerable Fr. Pedro de Urraca (Jadraque 1583- Lima 1657), Millar Carvacho dio cuenta de las demandas sociales que debían satisfacer las hagiografías. Tratándose de idearios sociales distantes, estos relatos no pretendían ser explicativos como apologéticos. Su estructura y el contenido estaban determinados por la burocracia vaticana a través de la Sagrada Congregación de Ritos. Estos textos ocultaban fragmentos de la relación director espiritual-almas devotas: detrás del anhelo de inmortalizar un sujeto como santo existía el deseo de fama del autor de la pieza o de la orden religiosa a la que pertenecía. Las Vidas intentaban encauzar institucionalmente un fervor social no siempre discreto. La búsqueda de públicos no limitados al ordo eclesiástico era otro objetivo. Por esto, se asoció a las hagiografías con la génesis de una identidad criolla en América.
El capítulo cuarto remite al caso de Pedro de Bardeci, lego franciscano que reunía las condiciones necesarias para ser declarado santo aunque hasta el día de hoy no fue confirmado como tal. Otra rareza resulta que haya sido uno de los pocos candidatos chilenos al altar. Además de la vida virtuosa, la formalidad burocrática celaba por los recuerdos en común que estas personas generaban pero el culto a Fr. Pedro se mantuvo en un círculo privado. La aparición de otras devociones populares (Santa Rosa) en el Virreinato o la falta de compromiso de la orden franciscana habrían sido factores para aquel fracaso. 
La segunda parte se inicia con el capítulo Falsa Santidad e Inquisición. Los Procesos a las Visionarias limeñas. En él, M. Carvacho superpuso la labor inquisitorial y la posible herejía alumbrada de aquellas. La condena recibida en Europa, motivó a que América reflejara idénticos temores: para 1620 maduró la persecución a estas mujeres (de distinto rango social) por su comunicación fraudulenta con la divinidad y engaño a su Iglesia. Los escritos de las implicadas olían a protestantismo por su fondo de compromiso individual con la religión. De nuevo, la relación confesor-devoto estaba atravesada por lecturas y modelos históricos de santidad. El impacto provocado por Rosa generó reacciones que extremaron la santidad, apareciendo registros imitativos que convertían a ésta en una ficción socialmente creída aunque sospechada.
Misticismo en la Lima de Santa Rosa. Entre la autenticidad y la mitomanía. El doctor Castillo y Jerónima de San Franciscoconstituye el capitulo sexto. El autor enfatiza el contexto social y religioso para entender ambas figuras y sus imputaciones. Por un lado, un teólogo especializado en misticismo que reinterpretó los escritos de Santa Teresa, y uno de los máximos promotores de la beatificación de S. Rosa. Por otro, una simple mujer que vivió en fama de virtud hasta su muerte. Las diferencias existentes se borran ante la investigación inquisitorial por un posible brote herético. También se demuestran los desfasajes internos de la Compañía de Jesús, vista como "cómplice" del fenómeno místico en América, a contramarcha de lo preconizado en Europa donde castigaba dicho acceso espiritual.
El caso de María Pizarro inicia la tercera parte. En una sociedad creyente en la personificación del demonio como realidad, la joven de conocimientos teológicos nulos y cierto desequilibrio mental, amplió su condición de posesa con los sermones y la iconografía de las iglesias. La lucha de ángeles y demonios por su alma remite a la necesidad de acosos demoníacos como llave para la salvación. Este caso indica los trastornos de una ciudad cambiante tras la instalación jesuita en 1568, la asunción del Virrey Toledo (1569), y la implantación del Tribunal del Santo Oficio (1571).   
El último capítulo Cultura libresca y posesión demoníaca. Las monjas de Santa Clara. Trujillo-Perú (1674- 1681)aborda la posesión demoníaca colectivamente. El autor entrecruza estudios de historia cultural sobre libros con un caso específico donde la cultura libresca incidió en brotes demoníacos que permearon la relación entre confesor y discípula. El tema, no puede permanecer aislado en un capítulo y se filtra en los demás con total pertinencia.
El libro posee ilustraciones de los personajes tratados que permiten dar una perspectiva del mundo colonial andino y su vida religiosa. No menos gráficas resultan las explicaciones de los procesos oficiales de santificación. Esta descripción intenta acercar la obra a un público vasto sin desdeñar de la academia pues entre la amplia bibliografía citada se incluyen producciones de universidades norteamericanas, europeas y de América Latina; entremezclando obras clásicas y otras más recientes.
La santidad, monopolizada por la nobleza, atravesó a la sociedad americana. Las órdenes religiosas, trataron de encauzar desbordes sociales; llegando incluso, a oponerse entre ellas. Estas dominaban la escritura de experiencias socialmente edificantes: el texto estimulaba la memoria colectiva por el recuerdo del santo. A su vez, el confesor oscilaba entre la religión del corazón, íntima; y la necesidad de exteriorizar sentimientos. La obra de Millar Carvacho abarca un proceso inestable, de proyección de las furias que trastornaban a Europa, un periodo de configuración de aspectos religiosos peculiares, forjando la paradoja de un diablo que forzó la extinción de la sociedad diseñada por los primeros conquistadores.
En Santidad, falsa santidad y posesiones demoníacas en Perú y Chile. Siglos XVI y XVII los designios de la acción divina en la historia no serían un problema terminal sino un punto de partida.La obra es imprescindible para asir distintos vértices religiosos de América colonial como aspectos poco profanos que hacen a las contradicciones de nuestro continente.

Por Roberto Antonio Sánchez (UBA)

Notas

1. BURKE, Peter La cultura popular en la Europa moderna, Alianza, Madrid, 1996.         [ Links ]