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Prohistoria

versão On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.16  Rosario jul./dez. 2011

 

RESEÑAS

Bisso, Andrés Sociabilidad, política y movilización. Cuatro recorridos bonaerenses (1932-1943), CEDINCI-Editorial Buenos Libros, Buenos Aires, 2009, 188 pp. - ISBN 978-978-22176-5.

 

Tres temas explorados por la historia social y política argentina encuentran en las páginas del tercer libro de Andrés Bisso un fecundo punto de confluencia y diálogo. A través de una secuencia de expediciones al interior bonaerense, a veces acrecentadas en dificultades y pormenores por anaqueles inalcanzables y polvorientos o por escaleras endebles y traidoras, el historiador platense recupera fragmentos del pasado social, político y cultural del interior provincial en los años 1930s.
Entre la sociabilidad relajada y el protocolo civilizatorio, a caballo del desenfreno festivo y las disciplinas del orden regular, a medio camino de la adhesión política y la resaca post-celebración, persiguiendo los vínculos silenciosos, y a veces también silenciados, que ligan a la vida cotidiana con lo político, se ubica el laboratorio historiográfico de este libro tan provisional en sus conclusiones como innovador en sus puntos de partida. En parte, podemos leer Sociabilidad, política y movilización... como si fuera el diario de exploraciones sucesivas que rectifican con cada capítulo el rumbo de la investigación. Son esas búsquedas un poco a tientas las que multiplican los escenarios y los contextos sobre los que se encastran las piezas exhumadas con paciente laboriosidad en archivos recónditos y aparentemente anodinos del interior bonaerense. Una de las mayores virtudes de esta colección de cuatro estudios, a veces opacada por las reiteradas disculpas del autor, es su naturaleza abiertamente experimental. Una escritura desplegada en capas superpuestas y móviles dibuja una imagen miscelánea y heterodoxa de la cultura política y la sociedad bonaerense durante el apogeo de los gobiernos conservadores.
Casi pasadas por alto por otras historiografías, algunas preguntas fundamentales para la reconstrucción del pasado de la década de 1930, forman la columna vertebral de la propuesta de Bisso. ¿Cuál es el vínculo que establecen lo divertido y lo serio, la fiesta y lo político, el ocio y la prédica ideológica? ¿Cómo se construyen los usos de lo político respecto a los usos del tiempo libre? ¿Cuáles son las claves que configuran las condiciones de posibilidad de la movilización política y cómo esas condiciones se articulan con recursos sociales, materiales y simbólicos? ¿De qué manera se concatenan las innovaciones de la sociedad de masas y las formas de acción política?
Diseñado a partir de cuatro entradas, este mapa-libro sobre la cultura política bonaerense comienza su recorrido a través de las vicisitudes de las organizaciones antifascistas. Si bien se trata de un tema bien conocido por el autor, su aproximación difiere de investigaciones anteriores. Aquí, los esfuerzos se concentran en precisar las variaciones locales que experimentan las organizaciones, mostrando la emergencia de nexos torcidos, rizomáticos y la mayor parte del tiempo ingobernables para los dirigentes nacionales. La irradiación del antifascismo en una sociedad cada vez más compleja y tendencialmente masiva obligó a replantear la organización de actos y conferencias. Se colocó en relación de contigüidad e hibridación a los rutinarios mítines con las atracciones de la naciente sociedad de masas. El éxito en las labores de difusión del antifascismo desestabilizaba la unanimidad y producía adaptaciones contextuales que implicaban lecturas sesgadas y forzamientos de ocasión. Desviaciones locales que sólo pudieron ser parcialmente atenuadas con el lanzamiento de las líneas ideológicas directrices de los partidos socialista y comunista. En éste y en los restantes capítulos, Bisso muestra la proliferación de ensayos, acaso tan numerosos como estériles o inacabados, de la política partidaria e ideológica en pos de instrumentalizar la fiesta y la diversión como un vector capaz de inocular una determinada adhesión política.
Los cimientos de una sociedad de masas se excavaron durante los años 1930s. Esas formas, prácticas y experiencias se caracterizaron por la atracción y la espectacularidad. El fútbol, las apuestas, el consumo de alcohol, los bailes, los banquetes, los agasajos y los carnavales fueron reproducidos en una escala hasta entonces desconocida. Frente a estos nuevos pasatiempos, la cultura política antifascista mostró una posición ambigua. Por una parte, trató de subsumirlos en la lógica partidaria y emplearlos como atracción politizadora, por otra receló de su capacidad latente para imponer la gramática de la fiesta a lo político. Los partidos socialista y comunista exigían la disciplina en muchas facetas de la vida cotidiana de sus adherentes, incluso la familia, el amor y la amistad quedaban subordinados a sus redes institucionales. El fútbol podía concientizar si era practicado con medida y sistema, sin fomentar la alienación brutalizada del hincha y del juego callejero. En tiempos de guerra, los carnavales debían suspenderse, la tragedia y la fiesta eran inconmensurables, su simultaneidad, aún distanciada por miles de kilómetros, resultaba intolerable para los adversarios de los gobiernos conservadores. Tanto unos como otros coincidieron en que los bailes debían mantenerse en el terreno de las buenas costumbres, aunque los conservadores para impugnar la obscenidad moderna de las reuniones danzantes remontaron su ataque hasta la Revolución Francesa. Socialistas y conservadores se trenzaron en un debate periodístico donde bailes y elecciones, inmoralidad y fraude formaron metáforas que tendían a la politización de la vida cotidiana. Prodigios en la condena de conductas licenciosas y campeones en regresiones civilizatorias, como la restauración de las corridas taurinas, los conservadores apoyaron casi con la misma convicción el fraude electoral y la moralización social. Entretanto, los socialistas condenaron los banquetes políticos de los conservadores por orgiásticos, excesivos y venales.
En el campo de una pedagogía de las diversiones, la prensa facciosa del interior bonaerense cumplió un papel capital: contener los potenciales desordenes. El enemigo de esta cruzada civilizatoria era la incultura, un conjunto de prácticas y valores que desbarataban las cadenas de orden y regularidad urbanas. Conservadores y socialistas convergían en la necesidad de impartir patrones civilizatorios para orientar la diversión. Los desfiles de los Boys Scouts y el tiro al blanco de los reservistas, prácticas encaminadas a la nacionalización de las masas, los encontraron más cerca de lo que unas valoraciones ideológicas descontextualizadas pudieran presumir. El estudio de los carnavales bonaerenses y sus regulaciones, impuestas por comisiones organizadoras, atendieron a ciertas necesidades económicas y a algunas tendencias políticas de los municipios. En esta aproximación, las carnestolendas se revelan como fiestas menos neutrales y más conectadas con la cotidianeidad política de lo que han supuesto los análisis clásicos. Política y carnaval se exhiben íntimamente entrelazados tanto en la tolerancia a ciertas faltas como en la definición de los recorridos del corso. Proverbialmente desoídas, las interdicciones sobre el juego con agua y el piropo indecoroso se reiteraron, dejando al descubierto la inoperancia del encausamiento de la diversión.
La última aproximación escudriña el mundo de la belleza. Al margen del campo de los análisis de género, se detiene en la elección de reinas plebeyas durante las fiestas del interior de la provincia de Buenos Aires. Acaso sea en esas páginas donde el razonamiento por analogía que conduce parte del estudio se haga más visible. Bisso coloca en pie de igualdad analítico a las elecciones de las reinas de la belleza con las elecciones políticas, logrando mostrar la expresión recíproca de un mundo en el otro y la inexistencia de tabiques insalvables. El historiador construye un observatorio extraordinario para internarse en el análisis minucioso de las representaciones políticas en el ámbito popular. Estudia el sistema y las prácticas electorales que rigen la coronación de las reinas de la belleza y los contrasta con las formas que adoptaban las elecciones fraudulentas orquestadas por los conservadores.
Sociabilidad, política y movilización... está destinado a explorar vínculos allí donde se creyó que no los había, a desnaturalizar por medio de una minuciosa arqueología el proceso de las escisiones purificadas que recortan a lo político y lo cotidiano como campos autónomos y desconectados, como si se tratara de realidades paralelas e irreconciliables. Un entramado de viajes, pesquisas y aproximaciones sucesivas intenta atar cabos sueltos, construir puentes para unir tierras discontinuas, ensaya ponerle palabras y producir sentido sobre la secreta relación que existió entre los bailes, el fútbol, los carnavales, las ferias al aire libre, las apuestas, los concursos de belleza, los excesos del cuerpo y las más solemnes, idealistas, elocuentes y heroicas declaraciones políticas que seamos capaces imaginar.

Por Diego P. Roldán (prohistoria)