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Prohistoria

versión On-line ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.17  Rosario ene./jun.. 2012

 

ARTÍCULOS

La CGT de los Argentinos, un proyecto trunco de renovación sindical (1968-1969)

Diego Castelfranco

Universidad Torcuato di Tella
dcastelfranco@gmail.com

 


Resumen

Este artículo indaga sobre los principales factores y características que definieron la creación de la CGT de los Argentinos, en marzo de 1968, y su evolución hasta el momento en que los últimos sindicatos que la integraban fueron intervenidos y se vio virtualmente disuelta, en junio de 1969. Se afirma que la CGTA actuó en cierto modo como precursora de los movimientos más radicalizados que se volverían centrales en los años siguientes, pero que no logró llevar adelante su proyecto de forma efectiva como consecuencia de sus propias contradicciones internas.

Palabras Clave: CGT de los Argentinos; Sindicalismo; Década del '60; Revolución Argentina

Abstract

This article studies the main factors and characteristics that defined the creation of the CGT de los Argentinos, in march 1968, and it's evolution until the moment in which the last unions that supported it were intervened and it was thus virtually dissolved, in june 1969. The article tries to show that the CGTA acted in a certain way as a precursor of the more radicalized movements that would gain a central relevance in the following years, but that it wasn't able to effectively pursue its project as a consequence of its own internal contradictions.

Keywords: CGT de los Argentinos; Trade unions, 60's; Revolución Argentina


 

En los últimos tiempos el campo historiográfico argentino se vio renovado por el surgimiento de diversos trabajos sobre la "nueva izquierda" de la década del '70 y, en general, sobre la conflictividad social y política propia de ese período. En la mayor parte de las ocasiones, sin embargo, se prestó más atención _particularmente en lo referido al ámbito sindical- a los hechos ocurridos luego del cordobazo, considerado con probable corrección un hito simbólico y material que abrió el camino hacia la apertura de nuevos frentes de lucha contra el régimen de Onganía. Menos atención le fue otorgada a muchos de los acontecimientos previos a tal evento, que jugaron un papel necesariamente importante en la demarcación de las líneas que serían álgidamente recorridas y reformuladas en los años siguientes. Este es el caso de la CGT de los Argentinos que, a pesar de representar una experiencia de combatividad sindical con un nivel de conocimiento relativamente alto, no concitó un interés muy profundo en los analistas de este período.
El presente trabajo se propone, entonces, indagar sobre el nacimiento, desarrollo y desaparición de la CGTA, que tuvo un funcionamiento efectivo entre marzo de 1968, cuando se le dio vida en el Congreso Normalizador "Amado Olmos" de la CGT, y junio de 1969, momento en que sus principales dirigentes fueron encarcelados y los últimos gremios que le eran fieles fueron intervenidos, conduciendo a su virtual desaparición. Más allá de su corta duración, el estudio de esta organización sindical puede ayudar a iluminar algunas temas que atraviesan el período: particularmente en lo referido a las modificaciones que comenzaron a experimentar las formas de protesta social durante la Revolución Argentina, que con su instrumentación de un Estado autoritario, de alto contenido represivo, produjo cambios sustanciales tanto en las viejas prácticas sindicales como en las formas y contenidos de las luchas sociales y políticas en general. 
Como objetivo más específico, este artículo busca interrogar a la experiencia de la CGT de los Argentinos en cuanto eje de una reestructuración gremial de carácter innovador pero marcada al mismo tiempo por un conjunto de elementos de carácter ambivalente. La pregunta que se pretende responder es, a partir de ello, cuál fue el papel jugado por la CGTA en la constitución de los nuevos lineamientos gremiales que impugnarían con vehemencia a las dirigencias "burocratizadas" y propiciarían, alternativamente, el desarrollo de organizaciones más horizontales y con direcciones más descentralizadas. Es pertinente preguntarse si la formación de esta confederación obrera de carácter combativo respondió a un reacomodamiento coyuntural del tablero sindical, o si logró convertirse en una alternativa sólida a las viejas prácticas que fueron objeto constante de sus críticas. Siendo la respuesta a esta pregunta probablemente mucho más compleja que lineal, en este trabajo se prestará atención a tres elementos que en buena medida marcaron el funcionamiento de la central sindical: su conformación y los factores que la propiciaron; su discurso y su funcionamiento institucional efectivo; y, finalmente, los motivos que condujeron a su temprana decadencia.
Como respuesta a estos puntos se intentará mostrar que, desde el momento mismo de su constitución, la CGTA se vio marcada por un conjunto de contradicciones que obstaculizaron su desarrollo. Una cuestión fundamental, en este sentido, fue aquella generada por el heterogéneo perfil de sus integrantes, muchos de los cuales se plegaron a dicho proyecto como consecuencia de la difícil coyuntura que se desenvolvía ante ellos: a pesar de esto, la central obrera enarboló desde un primer momento la voluntad de construir un nuevo sindicalismo mucho más inorgánico y que tuviera su apoyo en la acción autónoma de las bases, lo cual no fue apoyado con igual entusiasmo por todos sus adherentes. Esta convocatoria, en adición a lo anterior, no tuvo una repercusión suficientemente honda entre las masas trabajadoras en un año, 1968, durante el cual primó todavía una tendencia importante hacia la desmovilización1. Al mismo tiempo, cuando dicha circunstancia cambió en el año siguiente y los conflictos comenzaron a adoptar un cariz mucho más masivo, se demostró la dificultad de la central para encauzar las oleadas de descontento: dado su fuerte basamento institucional _a pesar de la radicalidad anti-institucional de su discurso-, no logró sobrevivir a la clausura de los sindicatos que la componían y rápidamente se disgregó. Estos puntos permiten identificar a la CGT de los Argentinos como una especie de bisagra que, apuntando su mano hacia los rumbos que más tarde cobrarían una importancia capital en los modos de llevar adelante el conflicto social, fue incapaz de transitar ella misma dichos caminos como consecuencia del lastre representado por sus propias contradicciones y de una coyuntura mayormente desfavorable.

Breve comentario bibliográfico

Resulta quizá llamativa la escasa producción bibliográfica abocada al estudio de la CGTA. La mayor parte de lo escrito sobre el tema se compone de breves comentarios dispersos en obras que desarrollan una mirada más global sobre la actividad sindical y política del período. No puede resultar extraño, por lo tanto, que ideas bastante contradictorias hayan sido vertidas con relación a esta experiencia, abarcando un espectro que se extiende desde aquellos que señalan a la central obrera como fuertemente marcada por el antiburocratismo y el anticapitalismo2 hasta quienes sostienen que presentó ambiciones bastante limitadas, puesto que nunca intentó desbordar los planteos del peronismo combativo ni pretendió reorganizar a los trabajadores de manera democrática3.
Resulta inevitable, sin embargo,  hacer referencia a un trabajo académico que sí intentó analizar de un modo integral la experiencia de la CGTA: el artículo "La voluntad organizada. La CGT de los Argentinos, una experiencia de radicalización sindical", de Alberto Bozza4. Dicho texto, retomando algunas discusiones referidas a la central obrera, intenta refutar los dictámenes que la definen como una experiencia fallida o irrelevante y signada por un accionar mayormente declamativo. Bozza destaca tres puntos, que serán analizados en el presente artículo, con que apunta a sustraer a la CGTA de ese conjunto de críticas: en primer lugar, señala que su surgimiento no respondió unilateralmente al mandato de Perón, como sostienen algunos autores, sino que estuvo anclado en la compleja realidad política y sindical imperante en el país; en segundo lugar, impugna los planteos que denuncian la semejanza de las prácticas de los gremios ligados a la CGTA con la de aquellos vinculados al vandorismo, sosteniendo que "las demandas de democratización sindical se abrieron paso y progresaron en diverso ritmo en los gremios existentes"5, y que es necesario llevar adelante un análisis muy sutil para examinar un tema tan complejo como el de la democracia sindical; por último, Bozza rechaza las visiones que acusan a la organización sindical de haber tenido una participación más declamativa y "formal" que efectiva, proponiendo extender la noción de participación en los conflictos gremiales más allá de su dirección orgánica e institucional a través del secretariado de un gremio.
Aunque la formulación de estos puntos resulta sin dudas interesante, y más adelante en este atrabajo se intentará dilucidar su pertinencia, parecen ser olvidados en el desarrollo del artículo de Bozza, prestándosele mayor atención a otras cuestiones más descriptivas y generales. En este sentido, la mayor parte del texto apunta a delinear los principales ejes discursivos del periódico de la CGTA y a describir la dinámica de la conflictividad cordobesa que desembocaría en el cordobazo6. También se dedican algunas líneas a analizar la vinculación de la central obrera con el movimiento estudiantil y con diversos actores tales como los sacerdotes del tercer mundo y diferentes artistas que acompañaron la experiencia. En cualquier caso, los tres puntos iniciales antes mencionados no son analizados con mayor profundidad, lo que deja abierto el interrogante acerca del papel jugado por ellos en el proceso de construcción de la CGT de los Argentinos. Al mismo tiempo, posiblemente resulte adecuado matizar y profundizar la conclusión de que "La unificación de distintas vertientes de la protesta social contra la dictadura, convocando a sectores medios _estudiantes, técnicos, profesionales, intelectuales, artistas, clérigos combativos-, contribuyó decisivamente al desarrollo del proceso de contestación anticapitalista que se desplegó en los primeros años de la década del setenta"7.

Los orígenes de la CGT de los Argentinos

Es necesario pensar el surgimiento de la CGT de los Argentinos en el contexto de la fuerte racionalización económica impulsada por el gobierno de Juan Carlos Onganía, y de la incapacidad del vandorismo y sus aliados para hacer frente a tal embestida. Tras la llegada de Adalbert Krieger Vasena al Ministerio de Economía y Trabajo en enero de 1967, luego de un período inicial marcada por cierta incertidumbre en la relación entre el régimen y los gremios, se inició una etapa de fuerte confrontación entre ellos. Ante la situación mucho más difícil que se abría para los trabajadores, desde la CGT se elaboró un Plan de Acción que, comenzando con diferentes medidas de agitación y esclarecimiento, debía concluir con dos huelgas nacionales los días 1 y 21 de marzo. La respuesta del gobierno fue enérgica e intransigente, congelando fondos sindicales y retirando la personería gremial de algunos sindicatos. En este contexto, luego de que el paro del 1º de marzo no tuviera un acatamiento particularmente elevado, el Consejo Directivo de la CGT decidió concluir con la protesta, a la vez que algunos de sus miembros renunciaron. Como dice Juan Carlos Torre, "El colapso de la política consistente en golpear primero para negociar después, frente a un gobierno capaz de absorber los golpes y de ningún modo dispuesto a la negociación, desencadenó una grave crisis de liderazgo en los ámbitos sindicales"8.
La derrota del Plan de Lucha que la CGT llevó adelante a principios de 1967 sumió a la central obrera en una profunda crisis interna. Fue sólo después de este fracaso que Krieger Vasena consideró oportuno promulgar la ley que congelaba los salarios por casi dos años, negándole a los sindicatos la herramienta fundamental de la negociación colectiva9. Ante este panorama hondamente adverso "...se planteó la necesidad de una sucesión que permitiera continuar los contactos con el gobierno y que, a la vez, no arriesgara a los líderes de primera línea durante un período que preveía difícil. Así surge la Comisión Delegada de 20 miembros, con la tarea de suavizar la transición hacia tiempos mejores..."10.
Constituido ese cuerpo provisorio, sin embargo, quedaba abierta la esencial tarea de establecer la fecha y las condiciones en que se llevaría adelante un congreso que normalizara a la Confederación. Esto resultaba particularmente complicado, puesto que para ese momento ya había empezado a cobrar fuerza la división del movimiento sindical en tres diferentes agrupamientos, que se diferenciaban en torno a la cuestión de cómo encarar las relaciones con el gobierno y, más inmediatamente, que manifestaban serias discrepancias con respecto al carácter que debería presentar el congreso normalizador. Escribía Primera Plana que, faltando poco menos de un mes para la inauguración de la asamblea, el movimiento sindical manifestaba la existencia de dos núcleos antagónicos e irreconciliables: el "gremialismo de participación", por un lado, que sostenía una posición adicta al gobierno y proclive a evitar la asamblea para esperar a tiempos más favorables; y, del lado contrario, los "opositores", que bregaban por llevar adelante el congreso a cualquier precio para armar un frente de lucha contra Onganía, incorporando a los gremios intervenidos. Sobre el filo de ambas vertientes se encontraba el "Consejo de los 20", sin presentar una definición clara en ninguna dirección11.
Frente a este panorama, la posición del gobierno consistía en simplemente hacer lo posible porque el congreso fuera pospuesto indefinidamente o, en su defecto, que luego de ser convocado pasara a cuarto intermedio por algunos meses, durante los cuales el ministro de trabajo Rubens San Sebastián "normalizaría" alguno de los gremios intervenidos, favoreciendo el entronizamiento de dirigentes que fueran de su gusto. De esa forma, cuando la reunión confederal finalmente se llevara a cabo, los gremios adictos al régimen partirían de una mejor posición para imponer sus decisiones12. Como consecuencia de todo esto, se llegó al 28 de marzo, día de inicio del congreso, en medio de un panorama sumamente confuso: los opositores pugnaban por la realización del congreso a toda costa e incorporando a los gremios intervenidos, el delegado de Perón Bernardo Alberte defendía una central sindical "de resistencia", San Sebastián bregaba por el aplazamiento del encuentro y los dirigentes sindicales más poderosos -entre ellos Vandor, de la UOM, Alonso, del Vestido, y March, de Comercio- se inclinaban por construir una Central reconocida por el gobierno, para poder negociar con él13. El mismo Perón, por otro lado, dio su apoyo a Raimundo Ongaro _que se encontraba a la cabeza del gremio gráfico y sería el futuro secretario general de la CGTA- para que construyera una central obrera combativa, en una reunión de la que también participó Rodolfo Walsh.
A pesar del aval explícito que el general exiliado dio a Ongaro, hasta el último momento Vandor y quienes estaban junto a él utilizaron todos los medios a su alcance para convencer a los gremios intervenidos de que no participaran de las votaciones, lo cual permitiría al congreso desarrollarse dentro de la legalidad y no ser impugnado por el gobierno. Incluso, según se afirma en Primera Plana, durante algunos momentos todo pareció indicar que Alonso había convencido a los delegados de la intervenida Unión Ferroviaria _gremio de suma importancia, dada su cantidad de afiliados- de abstenerse de intervenir en la toma de decisiones del Congreso14.
Sin embargo, finalmente no se pudo evitar la participación de las entidades sancionadas, con Lorenzo Pepe, secretario adjunto de la UF, descollando entre los integrantes del congreso15. Luego de una larga serie de marchas y contramarchas, en que los gremios ligados a Vandor intentaron descalificar la participación de los gremios intervenidos por medio de argucias legales _sabiendo que su participación implicaría el no reconocimiento del régimen-, los delegados de dichas organizaciones abandonaron el cónclave, dejando el campo abierto para la elección de un Consejo Directivo de corte netamente opositor16.
Puede observarse, a partir de todo esto, el fuerte momento de crisis que estaba atravesando el campo sindical al momento de crearse la CGT de los Argentinos. La constitución de la nueva central obrera, en gran parte como consecuencia de dicho escenario, se vio marcada por la notoria heterogeneidad de sus integrantes. Por un lado se encontraban los principales impulsores del proyecto, en general fuertemente vinculados a la izquierda peronista _o clasista, en el caso de Tosco- y que se convirtieron en las cabezas más visibles de la organización. Entre ellos se puede citar a Raimundo Ongaro -con su particular postura peronista-católica-, Ricardo de Luca, Julio Guillán, Jorge Di Pascuale _los tres contando con una tradición de militancia en organizaciones peronistas de izquierda como el Movimiento Revolucionario Peronista y la Confederación de Agrupaciones Peronistas Ortodoxas- y el propio Agustín Tosco _secretario general de Luz y Fuerza en Córdoba. Es posible que dichas figuras, conjuntamente con intelectuales como Rodolfo Walsh o curas tercermundistas que se acercaron a la Central, manifestaran una convicción profunda en su contienda contra el burocratismo vandorista y su búsqueda de una renovación sindical anclada en la participación de las bases17. Es también probable, sin embargo, que gran parte de los dirigentes que adhirieron a la CGTA lo hicieran más por las dificultades coyunturales que estaban atravesando que por una profunda convicción en su programa. Pueden encontrarse muchos ejemplos, en este sentido, de la ambigüedad con que algunos de los dirigentes formalmente adheridos a ella le ofrecieron su apoyo.
Un caso de este tipo de actitudes puede observarse, por ejemplo, en el accionar vacilante de los delegados de la Unión Ferroviaria frente al congreso que debía decidir el futuro de la CGT. Hasta último momento Lorenzo Pepe, secretario general adjunto de la UF, sostuvo tratativas con Alonso negociando su no participación en el cónclave confederal, lo que hubiera inclinado la balanza en favor de éste y de Vandor. También resulta llamativo que Antonio Scipione, secretario general del sindicato, participara del Consejo Directivo elegido por la CGT en octubre de 1966, adoptando una posición muy conciliadora con el flamante régimen de Onganía18. Por último, Scipione es acusado por el periódico La Verdad de haber concertado en julio de 1968 una reunión con el general opositor Candido López, considerado una potencial figura para la realización de un golpe de estado contra Onganía19. Aunque es difícil conocer los pormenores del encuentro, el hecho mismo de que ocurriera conduce a la idea de que el secretario general de la UF mantenía sus opciones abiertas más allá del programa basado en la "rebelión de las bases". Es razonable suponer que la principal razón por la que los dirigentes de la UF se plegaron al Congreso de marzo fuera la impotencia a que los relegó la intervención del gremio y el consiguiente cese de sus funciones legales al frente del mismo.
Una situación semejante se dio también en otros gremios, como UPCN. Su secretario general Saturnino Soto, "vandorista notorio", dio su "inopinado apoyo" a la facción combativa de Ongaro, en opinión de Primera Plana como consecuencia del fantasma de la racionalización que sobrevolaba el gremio20. Este mismo dirigente había sido el primer sindicalista en otorgar su apoyo a Onganía luego del golpe del 28 de junio, alegando que UPCN "comparte el enunciado de la proclama de las Fuerzas Armadas y desea fervientemente el reencuentro del pueblo argentino en un clima de armonía y paz cristiana"21. Teniendo en cuenta dichos antecedentes, no sorprende que Soto haya aprovechado el llamado de Perón a la unidad en agosto de 1968 para velozmente impugnar la actuación del secretario adjunto Amancio Pafundi, que representaba al gremio dentro de la CGTA22, y expulsarlo del sindicato.
Otro de los gremios importantes que se unieron a esta Central, La Fraternidad, también parece haberse encontrado en una posición muy incómoda en cuanto a su compromiso con ella. Inmediatamente después del Congreso el secretario general Ángel Bono intentó rever la decisión de marchar junto a Ongaro, pero no logró obtener el apoyo suficiente dentro del sindicato para hacerlo23. Luego de eso, los dirigentes de esta organización protagonizaron una serie de coqueteos con la CGT de Azopardo, alejándose progresivamente de la CGTA. El 11 de diciembre de 1968, por ejemplo, acudieron a una reunión convocada por el "vandorismo" que pretendía configurar un frente unido para lograr que se convocaran nuevamente las paritarias24. Del mismo modo, Melgarejo, un directivo del gremio que ya había declarado en uno de los encuentros del Comité Central Confederal que su gremio no estaba en condiciones de llevar adelante medidas de fuerza importantes25, acudió en febrero de 1969 a una reunión que distintos gremialistas "participacionistas" sostuvieron con Onganía, a la vez que firmó un comunicado impulsado desde el "vandorismo"26.
Por último se puede hacer una breve referencia al último sindicato "grande" que actuó dentro de la CGTA, el de los trabajadores del estado. Aunque éste se mantuvo con la Central casi hasta que sus últimas organizaciones fueron intervenidas, en junio de 1969, las lecturas realizadas parecen sugerir a que su relación con ella fue muy distante, casi fantasmal; de hecho, la entidad prácticamente nunca es nombrada en el periódico CGT, y tampoco en las otras publicaciones que tratan el tema. Esto permite pensar que su compromiso con la CGT de los Argentinos no fue tampoco particularmente fuerte.
Todos los gremios más importantes que acompañaron a la CGTA, entonces, demostraron vacilaciones en su compromiso con ésta, lo que hace dudar que sus líderes hubieran realmente deseado desatar un proceso efectivo de "rebelión de las bases", que podría haber puesto en peligro sus propios puestos. Según Rubén Zorrilla, de los 561.000 afiliados que pudo reunir la nueva Confederación en el momento de su nacimiento, 443.000 pertenecían a los gremios de ATE, UPCN, UF, Municipales27, Telefónicos y La Fraternidad, que en su gran mayoría presentaron las ambigüedades antes destacadas28. Éste debe ser un primer factor de reflexión con respecto al análisis de las formas de lucha impulsadas por la CGTA y su posicionamiento frente a los cambios que estaban ocurriendo en la sociedad: difícilmente estos dirigentes hayan procurado implementar medidas de acción "radicales", puesto que en último término eso podría haber actuado contra su misma base de poder. No es irrazonable pensar, por lo tanto, que sólo adhirieron a esta Central más combativa frente a los enormes problemas que estaban enfrentando, con un gobierno que tenía como objetivo "racionalizar" de forma violenta la economía, y que cuando lograron encontrar una mejor manera de presionar contra dichas medidas simplemente se retiraron.
Como puede verse, entonces, la CGT de los Argentinos nació marcada por una fuerte cisura interna. Por un lado se ubicaron los dirigentes que, encabezando el organismo, estaban muy involucrados con el proyecto de conformar una central obrera combativa que permitiera una renovación de las prácticas sindicales; entre ellos se puede contar a Raimundo Ongaro (obreros gráficos), Ricardo de Luca (navales), Jorge di Pascuale y Alfredo Ferraresi (farmacia), Julio Guillán "telefónicos", Agustín Tosco (Luz y Fuerza de Córdoba) y Rodolfo Walsh (que a pesar de ser externo al mundo sindical tuvo una fuerte impronta en la composición del órgano de prensa de la CGTA). Estas figuras tenían, en general, una vinculación histórica con el peronismo de izquierda o al menos una estrecha cercanía ideológica con él, lo que quizá ayude a explicar su mayor intransigencia. Por el otro lado puede observarse a un conjunto de dirigentes cuyo nivel de involucramiento con los proyectos de la organización resulta mucho más bajo, y que no tardaron demasiado tiempo en abandonarla cuando la situación comenzó a tornarse adversa29. Estos eran quienes estaban al frente de los sindicatos más grandes, proporcionando la mayor cantidad de afiliados; la falta de un sólido compromiso de estos dirigentes con la central obrera, por lo tanto, no podía más que redundar en una fuerte merma en su capacidad de acción.

La CGTA y su frustrado proyecto de renovación sindical

El periódico CGT, órgano de prensa de la organización, se convirtió en el medio a través del cual los personajes más involucrados con el proyecto renovador de la CGTA difundieron sus ideas.  Bajo la dirección de Raimundo Ongaro y Rodolfo Walsh, la publicación se ocupó de un amplio conjunto de temas y bregó continuamente por la construcción de un nuevo sindicalismo, combativo y libre del yugo burocrático. Siguiendo a Cristina Viano, que estudió el discurso emanado desde CGT,  son tres los ejes principales que estructuran los contenidos del periódico: la lucha contra los monopolios extranjeros, contra la dictadura y contra la burocracia30. La publicación proponía un conjunto de líneas de acción para combatir contra esas fuerzas, entre las que se destacan la formación de un gran movimiento multisectorial que se enfrentara a la dictadura, el llamado a que los gremios abandonaran su mirada excesivamente economicista, y la apelación a las bases sindicales para que se hicieran cargo de la lucha contra las "dirigencias traidoras" y construyeran desde abajo un nuevo sindicalismo que aniquilara los procesos de burocratización. En particular este último punto se convirtió en un emblema de la Central, que realizó una convocatoria constante a la "rebelión de las bases" destinada a barrer con los dirigentes corruptos y "entreguistas". Según se afirmaba en CGT, en una propuesta para rearticular su esquema organizativo:

"Si no hay solución por arriba, tiene que haberla por abajo. Eso obliga al trabajo incesante en la base, la organización implacable, extirpar para siempre de nuestras filas la tibieza, la incapacidad y la burocracia. Si no hay solución por arriba, significa que no debemos confiar en las elecciones fraudulentas que otorga un régimen fraudulento; ni en los arreglos con la secretaría de trabajo; ni en laudos que siempre nos perjudicarán; ni en convenios infinitamente postergados.
No esperamos la legalidad, porque no habrá legalidad: habrá fraude. No esperemos la conciliación, porque no habrá conciliación: habrá palos, congelamientos, intervenciones.

[...] Una movilización general en cada agrupación opositora a las camarillas, una batalla en cada comisión interna, una asamblea en cada fábrica31.

Sin embargo, al analizar lo efectivamente actuado por la combativa confederación sindical, puede observarse que sus acciones se encontraron muy alejadas de lo expresado en algunos puntos de su discurso. Resulta interesante que las áreas en que la actuación de la CGTA se mostró más débil o infructuosa fueron aquellas ligadas a los asuntos propiamente sindicales, como su búsqueda de fogonear la acción de las bases o su participación en diferentes conflictos, mientras que se mostró quizá más efectiva en cuanto centro aglutinador de distintos sectores opuestos a la dictadura, como los curas tercermundistas, distintos intelectuales y artistas y, muy en particular, el movimiento estudiantil. Es posible que esto se debiera a la profunda división que recorría a la Central, con los dirigentes a cargo de los sindicatos más poderosos manifestando un compromiso menos fuerte _lo que habría mermado su capacidad de acción en el plano estrictamente sindical- y con aquellos fuertemente involucrados con la experiencia de radicalización, abiertos a la creación de un frente policlasista para enfrentarse a la dictadura, recibiendo el apoyo en gran medida inorgánico de los distintos sectores que estaban también enfrentados a ella.
Indagar sobre el proceso de "rebelión de las bases" augurado por la CGT de los Argentinos puede ayudar a iluminar las dificultades a las que se debió enfrentar dicha entidad en su búsqueda de reorganizar el campo sindical y destruir a las dirigencias consideradas "traidoras". Como antes se expuso, esta convocatoria se convirtió en un cimiento muy importante del discurso de la Central; ya en el Programa del 1º de mayo, donde se formularon las líneas básicas que definirían su accionar, esto se expresa de modo contundente cuando se afirma que "Las direcciones indignas deben ser barridas desde las bases. En cada comisión interna, cada gremio, cada federación, cada regional, los trabajadores deben asumir su responsabilidad histórica hasta que no quede un vestigio de colaboracionismo ni participacionismo"32. Sin embargo, a pesar de las encendidas palabras lanzadas con relación a este tema, las prácticas efectivas llevadas adelantes para favorecer la acción de las bases revistieron una envergadura mucho más parca.
La línea de acción más importante que desde la Central se intentó seguir para llevar adelante este proceso fue la de convocar a reuniones de agrupaciones opositoras de los gremios que no habían adherido a la CGTA, a lo que en diferentes ocasiones se hace referencia como la encarnación misma del proceso de "rebelión de las bases"33. Sería difícil afirmar, sin embargo, que a partir de tales encuentros se realizaron grandes avances en la coordinación de las bases sindicales y su acción. De hecho, retomando una crítica planteada por el Partido Comunista (Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria), estos eventos parecen haber tenido una dimensión mucho más deliberativa que práctica34, y es difícil encontrar que se propusieran medidas concretas para acrecentar la influencia de la CGTA en espacios como las comisiones base. La estrategia que se proponía desde la Central consistía, por el contrario, en la unificación de las agrupaciones y listas opositoras con el fin de ganar los gremios y derrotar a las direcciones "traidoras" a través de las elecciones internas, lo que demuestra una cierta confianza en la posibilidad de obtener "legalmente" la dirección de estos35. Luego de los comicios en que Adolfo Cavalli, por ejemplo, casi perdió el control de su gremio, y en las que las listas opositoras enarbolaron acusaciones de fraude, se afirmaba desde CGT que "El fraude que denunciamos en las elecciones de petroleros no habría sido posible si en vez de varias listas opositoras se hubiera presentado una"36. La Central adoptó una posición muy parecida frente a otros comicios gremiales importantes, como los del SOMU (obreros marítimos)37, de empleados de comercio38 y Luz y Fuerza39.
Resulta difícil obviar la enorme discrepancia entre el discurso expuesto desde el periódico CGT y las acciones que efectivamente fueron propiciadas. A pesar de desplegar un proyecto casi explícitamente anti-institucional, que desconfiaba de la legalidad en que debía moverse el sindicalismo y apuntaba a una acción más autónoma e inorgánica de las bases, la principal acción destinada a apuntalar la "rebelión de las bases" estuvo más centrada en buscar la victoria sobre las listas opositoras en las elecciones gremiales. Y con respecto a las reuniones de agrupaciones opositoras al vandorismo y al participacionismo, éstas no cumplieron un papel muy significativo en la coordinación de sus actividades, y es razonable suponer que poseyeron un papel más simbólico que práctico. De forma quizá ilustrativa, uno de los asistentes a estos encuentros se quejaba del poco espacio de que disponían los representantes de estas agrupaciones para hacerse oír:

"Nuestra opinión es que debe haber una mesa formada por representantes de agrupaciones que junto con el secretario de la CGT dirija sus actividades. No se puede hablar de las bases y convocarlas esta noche acá para darles un reto. Aquí no se escucha, compañeros. Yo vine acá y hablé con el compañero De Luca, y las tres veces tuve que hablar a la disparada porque no hay tiempo para atender"40.

Esta expresión de descontento, manifestada por el representante de la agrupación del hielo, llama la atención sobre la ausencia de un espacio de acción concreto para quienes supuestamente debían cargar sobre sus hombros con el peso de la "rebelión de las bases". Las críticas emanadas de la izquierda sobre la falta de contacto entre la dirección de la CGT de los Argentinos y la acción de las bases apuntan en esta misma dirección y son constantes. Puede citarse, por ejemplo, el análisis realizado por Política Obrera sobre la CGTA a raíz de su actuación en la Intersindical de Morón: acusa a la Central de manifestar una completa pasividad y falta apoyo a la agrupación Vanguardia Metalúrgica, que se había hecho cargo de ese espacio e intentaba llevar adelante una extendida campaña de agitación en las fábricas41. Los propios integrantes de Vanguardia Metalúrgica emitieron un comunicado acusando de Ricardo De Luca, representante de la CGTA, de amenazarlos con la expulsión si no actuaban de acuerdo a lo emanado desde la Central42.
Aunque los ejemplos anteriores señalan una cierta distancia entre un discurso estructurado a partir de la acción de las bases y el modo en que la central obrera llevó adelante sus prácticas, resulta también necesario indagar sobre lo actuado por la organización al verse enfrentada a conflictos gremiales efectivos; este es, de hecho, uno de los puntos centrales si se pretende analizar cuán cercanamente marchó con respecto a las líneas de acción defendidas en su programa. Las formulaciones de los grupos de izquierda, que son quienes demostraron un mayor interés en este tema, apuntan en múltiples ocasiones a subrayar cierta falta de compromiso con los movimientos surgidos "desde abajo". Resulta interesante, en esta línea, hacer referencia a los planteos del PC a través de su periódico Nuestra Palabra, puesto que dicha fuerza se encontraba aliada a la CGTA:

"En general las acciones propiciadas por la CGT de los argentinos, pese a la combatividad exteriorizada por los trabajadores, han adolecido de fallas esenciales de organización, de un defectuoso nivel de preparación, que ha atentado contra su potencialidad y eficacia. Esto ha sido fruto, fundamentalmente, del escaso acceso que las masas han tenido en la organización de estas medidas, por lo común delegadas en grupos de activistas que por mejor inspirados que hayan estado no pueden ni podrán reemplazar jamás el papel que les cabe a los grandes sectores obreros en aquella organización"43.

En Nueva Hora y La Verdad, por su parte, se critica constantemente el hecho de que los activistas de la CGTA no bajaran a las fábricas y entraran en contacto con las bases. En el periódico del PC (CNRR) se afirma, luego de los actos del 28 de junio, que "Conspicuos dirigentes de Paseo Colón son responsables de no haber llevado la discusión del 28 a las fábricas y talleres"44. En cuanto al PRT La Verdad, éste sostuvo desde un comienzo que la ruptura sindical respondió exclusivamente a conflictos inter-burocráticos, por lo que sus reproches en ese sentido son constantes y más duros45. Es particularmente notable una carta abierta que dicha agrupación escribe a Ongaro, con respecto al paro de la empresa gráfica Fabril Financiera en enero de 1969. En ésta afirman que "...para que esta lucha trascendental se gane, hay que cambiar los métodos usados hasta ahora: las reuniones entre dirigentes no bastan; hay que apelar honesta, franca y decididamente a las bases"46. Este conflicto resulta de considerable interés, puesto que en él estuvo directamente el gremio de los gráficos, del que Ongaro era secretario general. Incluso en este caso, sin embargo, la Central parece haber sido incapaz de organizar efectivamente el conflicto. En la misma edición antes citada se afirma que

"La política criminal de no organizar a los activistas y de no hacer funcionar el tan cacareado Fondo de Huelga, para que estos se puedan mover, ha impedido que se aprovechen muchos compañeros que estarían dispuestos a activar a fondo por el conflicto, ya que la inmensa mayoría de ellos han debido buscarse changas que le permiten subsistir"47.

Aunque, indudablemente, estas fuentes de la izquierda deben ser tomadas con mucha cautela, y es posible que en ocasiones sus críticas a la CGT de los Argentinos hayan sido injustas, hay dos puntos que quizá otorguen mayor legitimidad a estos planteos: en primer lugar, el hecho de que un variado conjunto de fuerzas realice comentarios muy semejantes entre sí sobre este tema, incluyendo entre ellas al PC que era un aliado de la Central; en segundo lugar, resulta también notable que no puede encontrarse información que desmienta estas acusaciones en el periódico CGT, lo que genera dudas sobre la efectividad de las prácticas sindicales del organismo.

Recapitulando lo dicho en esta sección, no es difícil observar la gran brecha que medió entre las prácticas sindicales concretas de la CGT de los Argentinos y los principales postulados de su discurso. Los esfuerzos realizados para llevar adelante la "rebelión de las bases", eje fundamental de la línea de acción planteada por la Central, se mostraron reducidos y mayormente inefectivos. Sumado a ello, la CGTA tampoco demostró una gran capacidad para involucrarse en los conflictos que se desarrollaron en el período y para facilitar su desarrollo; de hecho, como se vio en el caso de la huelga en Fabril Financiera antes mencionada, su accionar recibió diferentes críticas que apuntaban a denunciar su ineficacia. Puede argumentarse, a partir de todo esto, que los éxitos cosechados por la CGT de los Argentinos en el terreno gremial fueron magros, no logrando ni llevar adelante su plan de estímulo a la acción de las bases ni, de un modo más "convencional", expandir su influencia sobre distintos gremios o liderando conflictos exitosos. Recuperando un punto anterior, los integrantes de la CGTA no manifestaban un monolítico compromiso con los objetivos que ésta perseguía, lo que debe haber actuado en contra de su capacidad de acción en el plano sindical; en adición a esto, los sindicatos de mayor peso que acompañaron a la Central fueron aquellos que demostraron mayores dudas en sus relaciones con ella _puede pensarse en los casos de UPCN, con un ex-aliado vandorista como secretario general que difícilmente pudiera entusiasmarse demasiado con una apelación a la "rebelión de las masas", de La Fraternidad, con las actitudes ambivalentes que antes se expusieron, y de la Unión Ferroviaria, que incluso se encontraba intervenida. Los recursos y apoyos gremiales con los que contaba el ala más radicalizada de la CGTA para llevar adelante sus planteos eran, por lo tanto, enormemente limitados, a lo que se sumó el hecho de que, hasta 1969, primó una cierta tendencia a la desmovilización entre los sectores obreros. Los dirigentes de la nueva confederación sindical, entonces, debieron enfrentarse a un gran número de obstáculos que no lograron sortear con éxito, lo cual quizá ayude a explicar por qué el periódico CGT se encontró tan alejado en sus planteos con respecto a las prácticas concretas del organismo. Citando a Primera Plana, que hacía un análisis en cierta medida similar al que aquí se expone: "Quizá no, pero en la pobreza de los rebeldes está su propia debilidad: sin medios para ganar prosélitos en los cuadros inferiores del sindicalismo, sin fuerzas (porque Ongaro acaudilla sindicatos pequeños) para conmover al gobierno con violentas huelgas, la CGT opositora depende de un milagro"48.

La CGT de los Argentinos y el éxito de la apelación multisectorial

Es interesante que, a pesar de haber conseguido escasos avances en el área sindical, la CGTA fue relativamente efectiva en su convocatoria multisectorial, que se convirtió en otro de los pilares de su proyecto. Ya en el Programa del 1º de Mayo se realizó un llamado amplio a distintos grupos para que participaran de la lucha antidictatorial, incluyendo a empresarios nacionales, pequeños comerciantes e industriales, universitarios, intelectuales y artistas, militares, estudiantes y religiosos de todas las creencias49. La naciente central obrera desplegó un discurso que propiciaba enfáticamente la acción "popular" como la mejor alternativa para luchar contra el régimen de Onganía. En un número de CGT, por ejemplo, afirmaba que:

"Aislados en el lugar y el tiempo, los trabajadores siempre serán desalojados de las fábricas que ocupen; los estudiantes de la facultad que tomen; los inquilinos de sus propias casas; el pequeño comerciante de su propio negocio.
Pero no sucederá lo mismo si un gran movimiento de inteligencia colectiva coordina las rebeldías populares; si los sectores afectados extraen la lección de sus derrotas y aprenden a golpear todos juntos al mismo tiempo en el mismo lugar.
El barrio, el pueblo, la zona, con sus problemas concretos, constituyen el terreno más adecuado para esa lucha común. Sin renunciar a las manifestaciones masivas que sintetizan la rebeldía general, debemos concentrar nuestros esfuerzos en esos núcleos básicos de la comunidad, organizar allí las protestas conjuntas"50.

Y la línea de acción concreta, a partir de todo esto, consistía en que:

"Cada local sindical debe convertirse en el centro de las reivindicaciones no sólo sindicales de su barrio, su pueblo o su zona: el lugar donde se coordina la acción de los trabajadores, estudiantes, intelectuales, militantes políticos, sacerdotes, pequeños comerciantes"51.

Un lugar sin dudas razonable para iniciar la indagación sobre los resultados de esta amplia convocatoria es el de la relación entre la CGTA y el movimiento estudiantil. Los militantes universitarios, altamente movilizados durante el gobierno de Arturo Illia, se vieron enfrentados al fuerte avance represivo de la Revolución Argentina sobre las esferas académicas y culturales, respondiendo a los objetivos proclamados por Onganía de consolidar los valores espirituales y morales que eran patrimonio de la civilización "occidental y cristiana". Los estudiantes se opusieron activamente a las medidas del gobierno en pos de limitar la autonomía de las universidades nacionales, llevando a cabo diferentes manifestaciones de repudio que tuvieron como resultado la intervención de casi todas estas instituciones52. Según afirma Mónica Gordillo, "A partir de la lucha por la recuperación de los centros de estudiantes, iniciada luego de 1966, comenzó a perfilarse la necesidad de un cambio del sistema y de la unidad con el resto de los sectores populares"53. Es muy posible que los estudiantes hayan contemplado a la CGT de los Argentinos como un vehículo a través del cual podrían integrarse de un modo más coherente a las luchas "populares", lo que en parte se demuestra observando el pleno apoyo que las organizaciones universitarias más importantes _la FUA, dominada por comunistas disidentes, el Frente Estudiantil Nacional y la Liga Humanista- otorgaron a la central obrera, constituyendo de hecho la columna vertebral de la mayoría de las marchas convocadas por ésta. Con respecto a la movilización del 28 de junio, por ejemplo, en la que la CGTA alcanzó su mayor nivel de convocatoria, la revista 7 Días afirma que los dirigentes de Paseo Colón "...reconocieron en privado que casi el 80 por ciento de los audaces que desafiaron al temible despliegue policial fueron en su mayor parte estudiantes y activistas de izquierda"54.
La CGT de los Argentinos, entonces, logró un muy alto nivel de acercamiento y coordinación con los estudiantes, conformando una unión que, a pesar de no ser por completo novedosa, posiblemente nunca se había desarrollado de un modo tan amplio. Este estrechamiento de lazos se vio impulsado mientras la central obrera perdía posiciones en el mundo sindical; hablando sobre la actitud adoptada por Ongaro de no someterse a la orden de Perón para la unificación de los sindicatos peronistas, con Vandor a la cabeza del nuevo proyecto, en Primera Plana se afirmaba que "...todos los gremios importantes que lo circuían se apartaron, por temor a Perón, de la CGT 'rebelde', que quedó reducida a unas pocas entidades y al creciente sector juvenil: comandos, ateneos, juntas"55. Para la jornada de lucha convocada para el 10 de diciembre de 1968, por ejemplo, la Central fue incapaz de conseguir la participación de los obreros, lo que obligó a Ongaro a viajar a Córdoba para intentar "encender el espíritu de esa ciudad". Todo lo que logró fue reunir pequeñas manifestaciones de estudiantes que recorrieron el centro de Córdoba y no tardaron en ser dispersadas56. Esto también puede ayudar a explicar cómo en marzo de 1969, ya habiendo sido abandonada por la mayoría de los gremios "grandes" que habían adherido a ella en un primer momento, en CGT podía leerse que:

"...el Consejo Directivo resolvió fortalecer los vínculos de la CGT de los Argentinos con las agrupaciones estudiantiles, claramente definidas en el apoyo al movimiento obrero representado por esta Confederación y su programa, con las que se mantendrá un contacto más estrecho y orgánico"57.

En cualquier caso, resulta indudable que la alianza forjada con los estudiantes se mostró fundamental para el sostenimiento de la CGT de los Argentinos _que llegó a ser llamada por la revista Siete Días Ilustrados la "CGT de los estudiantes". En este caso la apelación multisectorial propuesta por los dirigentes de la Central cosechó éxitos considerables, apelando a un movimiento universitario que buscaba nuevos canales para fortalecer su acercamiento a las luchas "populares".
Un ejemplo semejante puede encontrarse en la participación de otros dos grupos cuyo involucramiento con la CGTA fue también emblemático: los sacerdotes "tercermundistas" y diversos intelectuales y artistas. Con respecto a los primeros, según parece era muy grande la confusión en ese tiempo sobre qué margen de acción poseían los religiosos dentro de la CGTA. Citando un ejemplo particularmente irrisorio, Primera Plana escribe que:

"La semana pasada, los servicios oficiales de inteligencia llegaban a una conclusión desconcertante, casi risueña: según ellos, los disturbios obrero-estudiantiles del 28 de junio respondieron a una conjura católica; sacerdotes conciliares y jesuitas prestarían a la CGT de Paseo Colón el carácter subversivo que ostenta. Ellos, y no otros, tutelarían las acciones de Raimundo Ongaro, un linotipista de 43 años cuyos pregones mezclan la revolución social con el evangelio..."58.

Aunque el fragmento anterior plasme una opinión un tanto inverosímil por parte de los servicios de inteligencia, ilumina un elemento que puede ser relevante: Ongaro efectivamente profesaba una arraigada fe católica y poseía fuertes vinculaciones con distintos organismo relacionados con ese credo. En cualquier caso, esto podría explicar el espacio considerable que se otorgaba a los sacerdotes "del pueblo" dentro del periódico CGT, lo que puede ser observado en diferentes ediciones59. Incluso, en Primera Plana se afirma que dos clérigos _Oscar Varela y Alfredo Berenguer- eran los asesores más próximos a Ongaro60, lo cual implicaba que los católicos debían tener un peso nada desdeñable sobre la actuación de la Central. En ningún lugar, sin embargo, puede encontrarse información que apunte a la existencia de una vinculación más orgánica entre el movimiento de sacerdotes "tercermundistas" y la CGT de los Argentinos. Este hecho conduce a pensar que éstos no participaron de dicha experiencia como grupo, sino que algunos se sumaron a ella individualmente. Esta misma idea emana de una entrevista realizada a Alfredo Ferraresi, dirigente de la CGTA y del gremio de Farmacia. Ferraresi afirma que había una gran relación con estos religiosos, y que en todo conflicto o movilización siempre podían encontrar a alguno de ellos, luego de lo cual cita nombres de curas con los que se mantenía algún tipo de vinculación61. En cualquier caso, a pesar de que no existiera una vinculación "orgánica" entre el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y la CGT de los Argentinos, no deja de resultar llamativa la atracción que esta experiencia sindical generó sobre dicho grupo de religiosos, reforzando la noción de que la CGTA se convirtió en una suerte de núcleo para distintos sectores que, ajenos al movimiento obrero, buscaban nuevas maneras de luchar contra el régimen de Onganía.
La situación recién descrita es semejante a la de los intelectuales y artistas que adhirieron activamente al proyecto de la central obrera. Aunque no existiera ningún espacio "orgánico" que encuadrara su participación, resulta notable que la CGTA haya abierto sus puertas de par en par para el desarrollo de distintas experiencias artísticas y culturales. Sin dudas, como expresa Ferraresi, los objetivos básicos que se perseguían a través de dichas actividades eran difundir lo actuado por la Confederación y tratar de despertar el interés de la gente para conseguir su adhesión62. Esto posiblemente ayude a explicar la buena recepción que se dio a todos los intelectuales y artistas que intentaron prestar su ayuda, sin que mediaran desconfianzas ni recelos de ningún tipo. Según afirma el citado dirigente, Rodolfo Walsh y Ricardo Carpani se presentaron al local de la CGT de los Argentinos poco después de su creación y ofrecieron su apoyo, en calidad de militantes por la liberación nacional. Rápidamente se los incorporó a las filas de la Central, obteniendo Walsh la posición de coordinador del periódico junto a Ricardo De Luca y Raimundo Ongaro. Lo mismo ocurrió cuando Fernando Solanas y Octavio Getino inquirieron sobre la posibilidad de que la CGTA proyectara La hora de los hornos, y cuando un conjunto de artistas se ofreció a realizar una muestra informativa sobre la situación de Tucumán, que llamaron Tucumán Arde: siempre que resultara de algún modo útil a los fines de la Central o a sus planteos de "liberación nacional", la puerta era abierta a todo proyecto. Ferraresi expone esta idea en una entrevista que se le realizó años después:

"...hay que buscar la gente que está en eso...; él de eso haga lo que quiera....darle la libertad a la gente para que se exprese que eso...que eso era una de las cosas que nosotros teníamos, porque algunos venían algunos conmigo: che!! podemos hacer esto..Sí, pase..¿Hay que consultar?..No hay que consultar nada..Yo te digo que sí, cualquiera que decíamos que sí"63.

La apelación multisectorial de la CGTA, entonces, tuvo un éxito considerable al convocar a distintos sectores que se encontraban en la búsqueda de nuevos espacios para combatir al régimen de Onganía, tales como los estudiantes, los curas tercermundistas y un grupo de intelectuales y artistas. También es cierto, sin embargo, que otros proyectos que seguían esta misma línea resultaron mucho menos efectivos. Este fue el caso, particularmente, del intento de construir un Frente Civil de Resistencia, cuyo objetivo principal era nuclear a grupos políticos, y muy en particular a la UCRP y al justicialismo, lo cual permitiría sumar apoyos para fortalecer la presión ejercida sobre el gobierno64. El proyecto nació moribundo, puesto que a su bautismo no concurrieron ni Jerónimo Remorino, en ese momento delegado de Perón, ni Ricardo Balbín, titular de los radicales del pueblo. A pesar de las diversas excusas esgrimidas por éstos, la causa más inmediata para su ausencia consistió en, para el primero, el deseo de no agraviar a Vandor, con miras a un futuro plan más conciliador que pudiera incluirlo65, y, para el segundo, su expectativa de que pudiera llegar a desarrollarse un potencial movimiento golpista _a la vez que tanto Remorino como Balbín, según Primera Plana, estaban inquietos ante la posibilidad de verse envueltos en el proyecto excesivamente radicalizado de la CGTA66.
El fracaso del Frente Civil de Resistencia y el escaso éxito para afianzarse en los "núcleos básicos de la comunidad" demuestran que el proyecto de realizar una extensa convocatoria se enfrentó a límites importantes. Es posible pensar que la CGTA convocó de forma efectiva a los sectores que marchaban hacia nuevas formas de lucha ligadas, en términos amplios, a la "liberación nacional"67; por esa razón logró agrupar a los estudiantes, los curas tercermundistas y el grupo de intelectuales y artistas comprometidos con dicha causa, que buscaban nuevos espacios de participación y que probablemente vieran una alianza con sectores obreros como el modo más eficaz de contribuir a la lucha "popular". La negociación con los sectores políticos resultó, por otro lado, mucho más tortuosa, al no encontrarse éstos particularmente convencidos por el proyecto radical de la CGTA; esto se demostró en el estancamiento de las relaciones con la UCRP y en las complejas idas y venidas que caracterizaron al vínculo entre la central obrera y el peronismo.

Reflexiones finales

Luego de que Perón otorgara su apoyo al plan de reunificación gremial en agosto de 1968, manifestando un fuerte gesto de reconciliación hacia Vandor y sus aliados, la CGT de los Argentinos se sumergió en un gradual proceso de disolución durante el cual fue abandonada por la mayor parte de los gremios que habían adherido a ella. UPCN, Telefónicos, La Fraternidad, Calzado, Enfermeros, ATE y la Unión Ferroviaria se alejarían de la Central en los meses siguientes, dejando a la entidad casi huérfana en cuanto a apoyo sindical. Mientras avanzaba la deserción dentro de sus filas, también la capacidad de acción de la CGTA mermaba, como lo demuestra su pobre actuación en las dos huelgas más importantes que estallaron durante ese tiempo: la de los petroleros de Ensenada y la de la empresa gráfica Fabril Financiera. Sólo resurgiría, de forma efímera, luego de convocar junto a la CGT de Azopardo a la huelga que derivaría en el Cordobazo; de todas maneras, no actuó como un elemento central en estos procesos y su convocatoria fue más una excusa para permitir el estallido de fuerzas largamente contenidas que un motor efectivo de las mismas. Finalmente, el gobierno dictatorial acabó virtualmente con su existencia cuando, tomando como excusa la muerte de Vandor y desplegando una fuerte embestida represiva, intervino los últimos gremios que todavía adherían a la CGTA. Las últimas organizaciones que se mantuvieron de pie junto a la Central fueron Gráficos, Farmacia, Impositiva y Navales, todos ellos con un caudal relativamente reducido de afiliados.
Resulta llamativo cómo la mano de Perón parece encontrarse tanto detrás de la creación de la CGT de los Argentinos como de su declive: el general exiliado dio su bendición a Ongaro para que conformara una central obrera combativa antes de que se celebrara la asamblea que dio origen ala Central, y luego de que perdiera su favor ésta rápidamente entró en declive. Sin embargo, inferir a partir de esto que la CGTA no fue más que una emanación de la voluntad de Perón, completamente sometida a sus intereses, resultaría probablemente falaz. Este proyecto sindical presentó características mucho más complejas, atadas al inestable escenario social y político de la Argentina de aquellos años, y muy difícilmente su evolución haya respondido a los deseos del líder justicialista. Es mucho más razonable pensar, de hecho, que Perón movilizó sus apoyos de acuerdo al cambiante escenario que se presentaba ante él y que, por lo tanto, no fue él quien "creó" a la CGT de los Argentinos, sino que supo leer el humor social de esa coyuntura y apoyó el proyecto que en ese momento parecía más adecuado _esto sin olvidar, indudablemente, el hecho de que las opiniones del ex-presidente tenían un fuerte peso en sí mismas. Lo mismo cabe decir para el momento en que la confederación obrera perdió su favor: resultaba ya evidente que los esfuerzos realizados por ésta no estaban rindiendo frutos, y no tenía sentido apoyar un proyecto con logros escasos.
Descartando, entonces, que la evolución de la CGTA haya respondido al demiúrgico obrar de Perón, tiene sentido retomar el interrogante sobre cuáles fueron los factores más importantes que caracterizaron a esta experiencia. Sin dudas la CGT de los Argentinos fue una entidad compleja, marcada por un conjunto de contradicciones internas que hacen difícil delinear su perfil de un modo unívoco. En primer lugar como consecuencia de la profunda división que la recorría, entre aquellos que estaban comprometidos con un proceso radical de renovación sindical y quienes, incentivados por el apoyo de Perón, vieron en la combatividad del nuevo organismo un modo de lidiar con una coyuntura que se les presentaba sumamente adversa. En efecto, como antes se mencionó, luego de que Perón realizara el llamado a la unidad gremial, muchos de los sindicatos que habían adherido a la CGT de los Argentinos comenzaron a desertarla, abandonando también sus planteos en aras de un nuevo sindicalismo sostenido por las bases. Quienes se mantuvieron hasta el final, por otro lado, eran quienes desde un primer momento habían manifestado un mayor entusiasmo con el proyecto y que, sugestivamente, poseían una tradición de militancia en organizaciones peronistas de izquierda. En esta misma línea, también el discurso desplegada por la central obrera es muy similar al que sostuvo dicha corriente a lo largo de la década de 1960, aunque posiblemente radicalizando algunos puntos como la necesidad de construir desde las bases y la voluntad de crear un gran frente combativo y mulstisectorial.
La CGTA, por lo tanto, implicó un momento de fuerte recuperación para los adherentes al "peronismo de izquierda", que había sido en gran medida relegado luego del ascenso de Vandor y la re-institucionalización de la actividad sindical en los primeros años de la década del '60. Sin embargo, a pesar de su ambicioso proyecto de renovación sindical, las contradicciones internas de la organización y el apoyo en cierto modo oportunista de los gremios más poderosos que en un primer momento se plegaron a ella impidieron que éste pudiera desarrollarse con efectividad. Puede resultar iluminador, en ese sentido, observar el modo en que la CGTA fue mucho más efectiva en su apelación a otros actores que también se encontraban a la búsqueda de nuevos caminos de lucha _como los estudiantes, muy en particular, pero también grupos de intelectuales, artistas y curas tercermundistas- que dentro del propio universo sindical. Podría afirmarse, entonces, que la CGT de los Argentinos prefiguró algunas de las prácticas que en los años siguientes se tornarían más comunes, sobre todo en lo que respecta a la búsqueda de organizaciones menos verticalistas y con una mayor participación de las bases; sin embargo, como consecuencia de su propia dinámica y composición, la central obrera fue incapaz de canalizar estas nuevas experiencias de oposición a la dictadura y la mayor parte de su radicalización se redujo a las constantes proclamas lanzadas desde su periódico. Posiblemente el momento en que los últimos sindicatos que integraban la CGTA fueron intervenidos, en julio de 1969, resultara ya claro que serían otro tipo de organizaciones las más adecuadas para canalizar la nueva ola de conflictividad política y social que se esparciría a lo largo del país en los años siguientes.

Buenos Aires, abril de 2012

Notas

1 Aunque, como demuestra Alejandro Schneider, en el año 1968 se produjeron distintos conflictos laborales   _y algunos de ellos de envergadura nada desdeñable, como el de los petroleros de Ensenada durante los meses de septiembre a  noviembre-, que en gran parte actuaron como precursores y como "acumulación de experiencia" para  las luchas obreras de los años siguientes, puede afirmarse que estos se encontraron mucho más circunscriptos y se esparcieron menos explosivamente de lo que ocurriría en los años siguientes. Ver SCHNEIDER, Alejandro Los Compañeros. Trabajadores, Izquierda y Peronismo. 1955-1973, Imago Mundi, Buenos Aires, 2006, pp. 295-303         [ Links ]

2 ANZORENA, Oscar Tiempo de violencia y utopía: del golpe de Onganía (1966) al golpe de Videla (1976), Del Pensamiento Nacional, Buenos Aires, 1998, p. 39;         [ Links ] FERNANDEZ, Arturo Ideologías de los grupos dirigentes sindicales,  CEAL, Buenos Aires, 1986;         [ Links ] SAGEN GIL, Guillermo La CGT de los Argentinos en Rosario, 1968-1969 , Universidad Nacional de Rosario, Rosario, 2005        [ Links ]

3 SCHNEIDER, Alejandro Los Compañeros..., cit., pp. 291-292

4 BOZZA, Juan Alberto "La voluntad organizada. La CGT de los Argentinos, una experiencia de radicalización sindical", en Anuario del Instituto de Historia Argentina, Nº9, La Plata, 2009.         [ Links ] También se puede mencionar como un aporte relevante un artículo de María Cristina Viano en el que la autora se restringe, sin embargo, a analizar el discurso de la organización gremial. Ver VIANO, María Cristina "Recorriendo una experiencia político sindical desde su semanario: la CGT de los Argentinos", en Anuario, Nº 16, Escuela de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, 1993-1994.         [ Links ]

5 BOZZA, "La voluntad organizada...", cit., p. 183

6 Si bien es cierto que la CGTA tuvo cierta injerencia el desarrollo de las luchas cordobesas, no sería razonable olvidar que en gran medida el desarrollo de dicha experiencia se encontró asentado en las particulares condiciones manifestadas por la clase obrera de esa provincia; exagerar el impacto de un factor externo como la CGTA resultaría posiblemente inconducente.

7 BOZZA, "La voluntad organizada...", cit., p. 208

8 TORRE, Juan Carlos El gigante invertebrado, Siglo XXI, Buenos Aires, 2004, p. 281        [ Links ]

9 ROTONDARO, Rubén Realidad y cambio en el sindicalismo, Pleamar, Buenos Aires, 1971, p. 330        [ Links ]

10 CGT, Nº1, 1 de mayo de 1968, p. 3        [ Links ]

11 Primera Plana, Nº 272, 12 de marzo de 1968, p. 15        [ Links ]

12 CGT, Nº1, 1 de mayo de 1968 y Primera Plana,         [ Links ] Nº 273, 19 de marzo de 1968        [ Links ]

13 Primera Plana, Nº 274, p. 14        [ Links ]

14 Primera Plana, Nº 275, p. 13        [ Links ]

15 Primera Plana, Nº 275, p. 13

16 Para un relato detallado de lo ocurrido en el Congreso Normalizador ver CGT, Nº 1, pp. 3 y 4

17 Gran parte del discurso de la CGTA, en línea con esto, es muy semejante al desplegado por los "duros" peronistas anteriores, con su fuerte énfasis en una crítica moral a la traición y corrupción de la burocracia sindical. Para profundizar en esto puede consultarse JAMES, Daniel, Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946-1976, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2006, pp. 272-282        [ Links ]

18 ROTONDARO, Rubén Realidad y cambio..., cit., p. 324

19 La Verdad, Nº 142, 8 de julio, p. 1        [ Links ]

20 Primera Plana, Nº 275, 2 de abril de 1968, p. 13        [ Links ]

21 SENEN GONZALEZ, Santiago El sindicalismo después de Perón , Galerna, Buenos Aires, 1971, p. 89        [ Links ]

22 CGT, Nº 28, 7 de noviembre de 1968, p. 1        [ Links ]

23 Primera Plana, Nº 276, 9 de abril de 1968, p. 13        [ Links ]

24 Primera Plana, Nº 312, 17 de diciembre de 1968, p. 15        [ Links ]

25 CGT, Nº 24, 10 de octubre de 1968, p. 4        [ Links ]

26 CGT, Nº 38, 6 de febrero de 1968, p. 1        [ Links ]

27 Con respecto a los municipales, la decisión de acompañar a la CGTA fue rápidamente impugnada por sus dirigentes y a los pocos días abandonaron la Central. ZORRILLA, Rubén Estructura y dinámica del sindicalismo argentino, La Pléyade, Buenos Aires, 1974, p. 177        [ Links ]

28 El caso de los telefónicos, en el que después se profundizará, resulta más complejo dado que su secretario general, Julio Guillán, debió separar al gremio de la CGTA contra su voluntad, ante lo expresado en una asamblea del sindicato.

29 Ver CGT, Nº 28, 7 de noviembre de 1968, p. 2 y Primera Plana,         [ Links ] Nº 342, 15 de julio de 1969, p. 12        [ Links ]

30 VIANO, María Cristina, "Recorriendo una experiencia...", cit., p.135

31 CGT, Nº 12, 18 de julio de 1968, p. 1.         [ Links ] El énfasis es de CGT.

32 "Programa del 1º de Mayo", en CGT, Nº1, 1 de mayo de 1968, p. 1        [ Links ]

33 Ver por ejemplo CGT, Nº 1, 1 de mayo de 1968, p. 4;         [ Links ] CGT, Nº 5, 30 de mayo de 1968, p. 3;         [ Links ] Primera Plana, Nº 280, 7 de mayo de 1968, p. 15        [ Links ]

34 Nueva Hora, Nº 7, 2º quincena de junio de 1968, p. 4        [ Links ]

35 Ver CGT, Nº 5, 30 de mayo de 1968, p. 3 y CGT,         [ Links ] Nº 6, 6 de junio de 1968, p. 2         [ Links ]

36 CGT, Nº 2, 9 de mayo de 1968, p. 1        [ Links ]

37 CGT, Nº 9, 27 de junio de 1968, p. 5        [ Links ]

38 CGT, Nº 27, 31 de octubre de 1968, p. 3        [ Links ]

39 CGT, Nº 33, 12 de diciembre de 1968, p. 3        [ Links ]

40 CGT, Nº 15, 6 de agosto de 1968, p. 4        [ Links ]

41 Política Obrera, Nº 38, 10 de octubre de 1968, p. 21        [ Links ]

42 Política Obrera, Nº 37, 30 de septiembre de 1968, p. 14        [ Links ]

43 Nuestra Palabra, Nº 946, 20 de agosto de 1968, p. 7        [ Links ]

44 Nueva Hora, Nº 8, º quincena de julio de 1968, p. 1        [ Links ]

45 Ver por ejemplo La Verdad, Nº 141, 1 de julio de 1968, p. 2;         [ Links ] La Verdad, Nº 170, 3 de marzo de 1969, p. 1;         [ Links ] La Verdad, Nº 186, 23 de junio de 1969, p. 2        [ Links ]

46 La Verdad, Nº 168, 10 de febrero de 1969, p. 3        [ Links ]

47 La Verdad, Nº 168, 10 de febrero de 1969, p. 1        [ Links ]

48 Primera Plana, Nº 276, 9 de abril, p. 276
Un tema que serí         [ Links ]a relevante estudiar para comprender más a fondo la experiencia de la CGTA es el de su relación con las entidades obreras regionales, que fueron uno de sus pilares más importantes. Entre las más destacadas que se puede citar se cuentan las de Córdoba, Rosario, Santa Fe, Tucumán, La Rioja, Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Paraná y Corrientes (puede verse una lista completa en CGT, Nº 18, 29 de agosto de 1968, p. 1). Sin dudas el lazo propiciado por la CGT de los Argentinos fue menos verticalista que aquel tradicionalmente desarrollado entre la CGT nacional y las regionales, pero un análisis adecuado de este punto requeriría una aproximación analítica que recupere el accionar de estos organismos y que, por tanto, excede los alcances de este trabajo.

49 "Programa del 1º de Mayo", en CGT, Nº1, 1 de mayo de 1968, p. 1        [ Links ]

50 CGT, Nº 14, 8 de agosto de 1968, p. 1        [ Links ]

51CGT, Nº 14, 8 de agosto de 1968, p. 1        [ Links ]

52 GORDILLO, Mónica "Protesta, rebelión y movilización: de la resistencia a la lucha armada, 1955-1973",  en Nueva Historia Argentina ,Tomo IX,  Sudamericana, Buenos Aires, 2002, p. 344        [ Links ]

53 GORDILLO, Mónica "Protesta, rebelión...", cit., p. 345

54 Siete Días Ilustrados, julio de 1968, en http://www.magicasruinas.com.ar/revdesto069.htm        [ Links ]

55 Primera Plana, Nº 336, 3 de junio, p. 15        [ Links ]

56 Primera Plana, Nº 312, 17 de diciembre de 1968, p. 14        [ Links ]

57 CGT, Nº 41, 27 de marzo de 1969, p. 2        [ Links ]

58 Primera Plana, Nº 289, 9 de julio de 1968, p. 22        [ Links ]

59 Ver por ejemplo CGT, Nº 4, 23 de mayo de 1968, p. 2;         [ Links ] CGT, Nº 14, 8 de agosto de 1968, p. 4;         [ Links ] CGT, Nº 33, 12 de diciembre, p. 4        [ Links ]

60 Primera Plana, Nº 289, 9 de julio de 1968, p. 22        [ Links ]

61 PEREYRA, Marcela Alejandra "Entrevista al dirigente sindical Alfredo Ferraresi", mayo de 1999, mimeo en Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina, pp. 19 y 20        [ Links ]

62 PEREYRA, Marcela Alejandra "Entrevista al dirigente sindical Alfredo Ferraresi", mayo de 1999, mimeo en Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina, p. 11        [ Links ]

63 PEREYRA, Marcela Alejandra "Entrevista al dirigente sindical Alfredo Ferraresi", mayo de 1999, mimeo en Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina, p. 16        [ Links ]

64 Primera Plana, Nº 288, 2 de julio de 1968, p. 15        [ Links ]

65 Primera Plana, Nº 294, 13 de agosto de 1968, p. 18        [ Links ]

66 Auto-referencia
Y, con respecto a otra línea fallida de esta apelación multisectorial, pueden también citarse los esfuerzos realizados por incorporar a los "núcleos básicos de la comunidad", en una búsqueda de territorializar los apoyos a la Central y las luchas contra la dictadura. Esto nunca excedió, sin embargo, la lectura de algunas proclamas en distintos barrios y la celebración de unas pocas asambleas que no tuvieron continuidad temporal.

67 Mónica Gordillo describe el concepto de "liberación nacional" como dotado de sentido dual, abarcando al mismo tiempo las ideas vinculadas a la lucha con el imperialismo y a la necesidad de afirmar el respeto y el bienestar de los sectores populares. Según la autora, esta noción cobraría una fuerza cada vez más importante a lo largo de la década del '60, hasta alcanzar su auge a comienzos de los 70's. Ver GORDILLO, Mónica "Protesta, rebelión...",cit., pp. 337-340 

Recibido con pedido de publicación el 15 de marzo de 2012
Aceptado para su publicación el 2 de agosto de 2012
Versión definitiva recibida el 19 de agosto de 2012