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Prohistoria

On-line version ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.17  Rosario Jan./Jun. 2012

 

RESEÑAS

Sansón Corbo, Tomás El espacio historiográfico rioplatense y sus dinámicas (siglo XIX),Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 2011, 223 pp. - ISBN 978-987-1245-97-0, por Liliana Brezzo (UCA-CONICET, Rosario)

La crisis de la prosperidad uruguaya en la década de 1960, entre cuyos componentes estuvieron la contracción económica, el déficit presupuestal del Estado, la inflación, la conflictividad social, el gobierno autoritario de Jorge Pacheco Areco y las contradicciones internas en los partidos promovió, como contracara, un momento de florecimiento cultural. Delimitado por el esfuerzo de identificar los problemas estructurales del país y de plantear soluciones, en esos años de interrogantes y de búsqueda surgió lo que se denominaría, en ese país, una "Nueva Historia". Espoleada por la recepción de las tendencias que definían su práctica, especialmente en Europa, desde finales de la Segunda Guerra Mundial, como la escuela de Annales, la historia marxista y la escuela de Bielefeld, la novedad se dio de la mano, a su vez, de la profesionalización de la historia, en el sentido de "desplazar a los aficionados" en la escritura sobre el pasado nacionaly que tuvo, entre sus principales impulsores, a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República, fundadaen 1945 y al Instituto de Profesores Artigas, fundado en 1949. Asimismo, la nueva estación historiográfica se alimentó, en forma exógena, en la década de 1950, con la presencia y el impulso de los argentinos José Luis Romero1yEmilio Ravignani, quienes asumieron un compromiso destacable en la puesta en marcha de la Licenciatura en Historia en la universidad uruguaya. Poco después,Juan Oddone y Benjamín Nahum se contarían entre los primeros egresados de la carrera. Y Junto a Nelson de la Torre, Julio Rodríguez y Lucía Salatonificaron los estudios y la producción histórica en los sesenta.
Estas referencias sirven para poner de manifiesto las influencias mutuas que han existido entre historiadores e historiografías uruguaya y argentina. Tal constatación _junto a otras pruebas empíricas_condujo a Tomás Sansón Corbo, docente en régimen de dedicación total en la Universidad de la República (Uruguay), a cargo de la cátedra de Historia de la Historiografía, a recoger en este libro los avances de un proyecto de investigación sobrela dinámica de esos vínculosen el espacio rioplatense decimonónico. La temática ha sido, hasta el presente, poco frecuentada en Uruguay _aun destacando los trabajos pioneros de Juan Oddone y Carlos Zubillaga_debido, según se señala en el capítulo introductorio, "a una perspectiva estrechamente nacionalista, incapaz de estudiarse en perspectiva regional"; en cambio,ha sido más atendida en Argentina, donde programas de investigación promovieron diálogos y estudios compartidos que han tenido como corolario obras colectivas más o menos recientes.2
Tras la introducción, Sansón Corbo acomete la exposición del trabajo en tres partes o bloques que responden, a su vez, a las dimensiones desde las que analiza las tramas del relacionamiento intelectual. En primer lugar expone la colaboración y el intercambio epistolar y bibliográfico entre letrados argentinos y uruguayos dedicados a la escritura del pasado. En la segunda parte se detiene a analizar las polémicas en las cuales se enfrentaron concepciones de la historia y métodos divergentes. Y en último lugar trabaja sobre las acciones ligadas a la trasposición pedagógica de la historia investigada en historia enseñada en una y otra orilla del Río de la Plata.
El "espacio historiográfico rioplatense", matriz primordial del cual emergerían los campos historiográficos uruguayo y argentino tuvo, según pruebas disponibles, como punto de partida, la comunidad académica constituida en torno alInstituto Histórico y Geográfico del Uruguay, fundado en Montevideo, en 1843, por letrados orientales y emigrados argentinos opositores al gobierno de Juan Manuel de Rosas. Y, si bien desapareció rápidamente, esa institución constituyó un emergente significativo de la necesidad de jerarquizar y organización los estudios históricos. Poco después, a partir de 1850, comenzaron a gestarse las condiciones necesarias para el surgimiento y desarrollo de dos historiografías nacionales en las que se destacaron, nítidamente, Bartolomé Mitre (1821-1906), Vicente Fidel López (1815-1903), Andrés Lamas (1817-1891) y Francisco Bauzá (1849-1899).
Para la segunda mitad del siglo XIX, la correspondencia constituía un medio privilegiado para profundizar el intercambio intelectual. Utilizando los valiosos fondos de carácter epistolar que existen en Montevideo y en Buenos Aires, se destaca, en la primera parte de la obra, el análisis de la relación epistolar entre Bartolomé Mitre y Andrés Lamas. La minuciosidad del estudio permite al autor mostrar cómo las necesidades heurísticas impulsaban la cooperación mutua y el intercambio de libros: Lamas aparece, por ejemplo, para Mitre, como su principal proveedor de obras relacionadas con la historia brasileña. La inclusión recíproca en instituciones académicas vinculadas con la historia constituyó, asimismo,una vía utilizada para proyectarse en otros medios y para conseguir documentos. Y tanto uno como otro coincidieron en los intentos por abrir posibilidades de relacionamiento con otras personalidades conexas al espacio rioplatense como, por ejemplo, con el presidente de Paraguay, Carlos Antonio López, a quien Lamas obsequió libros y solicitó materiales histórico-geográficos de ese país para enriquecer su colección.
Las Historias y las historiografías de Uruguay y Argentina se vieron íntimamente relacionadas hasta la guerra de la Triple Alianza (1864-1870) cuando, consumada la balcanización platense, comenzó la efectiva "nacionalización" de los destinos de cada Estado y la fragmentación de aquel espacio historiográfico que habilitaría la conformación de los respectivos campos.Para Uruguay, el imperativo de afirmar su viabilidad, como entidad independiente, frente a cuestionamientos endógenos y exógenos, como así también la definición de las fronteras terrestres debía acompañarse con la creación de un pasado común. En ese contexto, el discurso histórico de Francisco Bauzá fue definitivo. Elaboró, en la Historia de la dominación española en Uruguay (1880-1882) un esquema creíble sobre los orígenes y la emergencia de la nueva nación que quedó cimentado en el imaginario social. Según éste, el Uruguay estaba destinado por la Providencia para ser un territorio libre (los charrúas serían los primitivos uruguayos), una tendencia que se afirmó en el coloniaje y se transformó en sentimiento nacional a partir de 1811; la Revolución oriental no fue solamente una insurrección emancipadora, sino además un movimiento de corte autonomista y republicano que enfrentó al centralismo porteño. En esta línea, José Artigas se transformará en héroe epónimo, indiscutido y transpartidario y presidiría el panteón secular uruguayo, aunque, claro está, luego de estar en el centro de resonantes intercambios dialécticos.
Para dar cuenta de esa transformación, en la segunda parte del libro el autor examina y cotejalas polémicas historiográficas protagonizadas, en la década de 1880, por Mitre y López en Argentina y por Francisco Berra (1844-1906) y Carlos María Ramírez (1847-1898) en Uruguay. La síntesis de las posturas de los argentinos se ve enriquecida mediante la comparación con las sostenidas por los letrados uruguayos, cuyo centro fue José Artigas. Francisco Berra se había transformado en los años que mediaron entre la segunda (1874) y la tercera (1881) edición de su obra, el Bosquejo histórico de la República Oriental del Uruguay, en una personalidad reconocida. Más, cuando apareció esta última entrega, Carlos María Ramírez, que estaba exiliado en Buenos Aires, redactó el Juicio crítico del Bosquejo Histórico de la República Oriental del Uruguay por el Dr. Francisco A. Berra para responder a los cargos formulados contra el candidato a prócer. Contra la "facundización", Ramírez pretendió "desbarbarizar" a Artigas y mostrarlo como adalid del republicanismo y la libertad. Berra lo refutó,en el mismo año 1882, con los Estudios históricos acerca de la República Oriental del Uruguay. Defensa documentada del Bosquejo histórico contra el Juicio crítico que le ha dedicado el Doctor Don Carlos María Ramírez, en el que ratificósus opiniones y contestó todas las objeciones de Ramírez, a quien presentó como absorbido por "el héroe" y creador de una historia patriotera.
De este modo, si hasta 1880 había predominado una visión unificada, hostil al caudillo, a partir del triunfo de Ramírez en la confrontación con Berra se produjo una verdadera "transmutación", unatransición cuyos extremos, según Juan Pivel Devoto, partieron en la "leyenda negra" y arribaron al "culto artiguista". La creación de un pasado digno exigía un padre fundador y la elección recayó en Artigas, candidato ideal para presidir el panteón uruguayo. De este modo, José Pedro Ramírez, su hermano Carlos María y otros intelectuales coetáneos adhirieron a un nuevo orden de ideas requerido por la patria en gestación.
La de Berra versus Ramírez fue, para el autor del libro que comento,una polémica intensa, "versión uruguaya del conflicto de tendencias historiográficas _ la filosofante representada por Berra y la erudita por Ramírez- que eran contrastadas contemporáneamente por Mitre y López en Argentina". Y sutardía realización sería un dato más que evidenciaría la morosa evolución de la disciplina en el área platense, en contraste con lo que se ha demostrado, por ejemplo, para el caso de Chile, en el que se han registrado debates desde 1840. Sin embargo, los de Argentina y de Uruguay pueden ser considerados, a su vez, como precoces si se los compara con Paraguay, donde la primera polémica sobre el pasado se desenvolvería recién entre 1902 y 1903.3
En la tercera parte se estudia, en base a una selección representativa, la masificación e imposición de los postulados y axiomas nacionalistas de carácter pretérito a través de los manuales de historia utilizados en los sistemas educativos de Argentina y de Uruguay,cuyo cerno fundamental de la trama, en la casi totalidad de los manuales, lo constituye el período de luchas por la independenciaentre1811 y 1830.
Este trabajo que, como se adelantara al comienzo, puede muy bien ser caracterizado como un work in progress, pone de manifiesto lo atractivo y necesario que resultan este tipo de estudios sobre el relacionamiento intelectual y los mecanismos de intercambio entre los estudiosos del pasado en el Río de la Plata y constituye una apreciable oportunidad para avanzar en el conocimiento del proceso por el cual la historia alcanzó aquí su status epistemológico.

Notas

1 Presencia y empeños de Romero en Uruguay que, en parte, se recogen en la obra que acaba de editarse: ROMERO, José Luis El gran teatro del mundo. Historias de la historia, Emecé, Buenos Aires, 2012.         [ Links ]

2 Entre las que destacan PAGANO, Nora, RODRÍGUEZ, Martha La historiografía rioplatense en la posguerra, La Colmena, Buenos Aires, 2001 y DEVOTO,         [ Links ] Fernando, PAGANO, Nora La historiografía académica y la historiografía militante en Argentina y Uruguay, Biblos, Buenos Aires, 2004.         [ Links ]

3 Estoy pensando, para el caso de Chile, en el estudio de WASSERMAN, Fabio Entre Clío y la Polis. Conocimiento histórico y representaciones del pasado en el Río de la Plata (1830-1860), Teseo, Buenos Aires, 2008.         [ Links ] Sobre el Paraguay hemos producido un análisis sobre la primera disputa historiográfica en BREZZO, Liliana M.,Polémica sobre la historia del Paraguay, Tiempo de Historia, Asunción, 2008.         [ Links ]