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Prohistoria

On-line version ISSN 1851-9504

Prohistoria vol.17  Rosario Jan./Jun. 2012

 

RESEÑAS

Daniel Kersffeld, Rusos y rojos. Judíos comunistas en los tiempos de la Comintern, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2012, 240 p. - ISBN 978-987-614-361-5, por Augusto Piemonte (UBA/CONICET)

El politólogo Daniel Kersffeld es un investigador avezado en la interpretación de las formas de recepción y apropiación del marxismo en América Latina. En su más reciente libro, Rusos y rojos. Judíos comunistas en los tiempos de la Comintern, se dedica a recomponer el entramado de relaciones que signaron las prácticas políticas emprendidas por los judíos comunistas de Argentina y del resto de Latinoamérica a partir de la recuperación de sus integraciones en los partidos comunistas nacionales y de la formación y el desarrollo de sus organizaciones específicas. El desafío planteado es tan atractivo como necesario, pues se trata de desentrañar un aspecto central -el de la conjugación del activismo político con la realización del credo religioso- en la dinámica de los mecanismos de participación política de aquel sector social que, en momentos trascendentales para la vida de las más altas instituciones democráticas nacionales - consolidación, transformación e interrupción-, era destinatario de un doble factor de estigmatización: los judíos que adherían a las causas defendidas por el comunismo.
Como parte del proceso recientemente abierto en torno de la rehabilitación de una historia largamente olvidada tanto por la historiografía académica como por la propia memoria de la colectividad judía, el historiador Ariel Svarch sostenía en su tesis de licenciatura que la participación del grupo judío en el Partido Comunista Argentino (PCA) "sobresalió tanto por su presencia numérica y su capacidad de propaganda, como por ser el único grupo idiomático que tuvo éxito en crear una red cultural y escolar exitosa y -más allá de los allanamientos y las clausuras- longeva"1. Pese a la importancia de su número y la eficiencia de las acciones realizadas, los activistas judeocomunistas no resultaron merecedores de la atención de los investigadores. El estudio de Kersffeld se inscribe, por lo tanto, dentro de este marco destinado al rescate de aquellas voces y acciones correspondientes a un actor social particular que fue durante mucho tiempo negado por la sociedad argentina -pero también por la sociedad latinoamericana en general- y que se reveló hábil a la hora de conformar una tradición de intervención política y de lucha gremial propia.
En torno de este objetivo general, el libro reconoce un propósito específico. Antes de entrar de lleno en el análisis de los diversos nudos problemáticos implicados en la realización de la tarea asumida, el autor anticipa que se tratará de un estudio en torno de la estructuración de los partidos comunistas latinoamericanos y de sus agrupamientos subsidiarios, y de la interacción con ellos de un grupo limitado de cuadros adscriptos a la confesión judía,  a los fines de hallar la naturaleza constitutiva de una virtual "identidad judeocomunista latinoamericana". No obstante, se hace constar que la principal herramienta heurística con la que se habrá de acometer dicha tarea será la extraordinaria y extensa colección microfilmada que documenta la correspondencia mantenida entre el PCA y la Comintern entre los años 1921 y 1940, originalmente perteneciente al Instituto de Marxismo-Leninismo dependiente del Comité Central del ex Partido Comunista de la Unión Soviética. De esta manera, el lector puede hacerse ya a la idea de que en realidad el ensayo versará principalmente sobre la reconstrucción de una "identidad judeocomunista argentina", antes que de una identidad de comprobada raigambre latinoamericana. Aunque el PCA se halló involucrado, en su calidad de primer partido comunista de América Latina, en la conformación y estabilización de varios de sus homólogos de la región, las informaciones correspondientes a estos últimos aparecerá en gran parte atravesada por -y en gran parte limitada a- los contactos mantenidos con los delegados ocasionales de los comunismos argentino y cominternista. De hecho, se advierte en el desarrollo de la investigación una situación de desbalance en favor de aquellas expresiones propias del judeocomunismo plasmadas en el escenario sociopolítico argentino. Es por eso que dos de los cuatro capítulos en que se organiza la exposición argumental del libro indagan sobre las experiencias registradas en el caso particularizado de la Argentina. Esta predilección no es tendenciosa, sino que encuentra su justificación en el hecho de que se trata del país latinoamericano que recibió el mayor número de militantes judeocomunistas provenientes del extranjero, tratándose primeramente de agitadores rusos y ucranianos que escapaban de la represión zarista.
Aunque el recorte temporal indicado en el título de la obra consiste en el período en que operó la Comintern como "partido revolucionario del proletariado mundial", es decir, entre 1919 y 1943, lo cierto es que el trabajo se remonta hasta los sucesos políticos más salientes del último tercio del siglo XVIII en la Rusia imperial bajo el propósito de rastrear el germen del judeocomunismo primigenio. No obstante, el aumento de las actividades gremiales y políticas efectivamente cobró especial visibilidad tras el triunfo de la revolución de febrero de 1917. Esto mismo fue lo que ocurrió en la Argentina, resultando de su onda expansiva que las fuerzas de la reacción incrementaron de forma inusitada como respuesta su discriminación basada en identificaciones político-religiosas durante la Semana Trágica de enero de 1919. En otras palabras, cuando tiene lugar la fundación en Moscú de la Comintern, a comienzos de marzo de aquel año, la persecución de los "rusojudíos maximalistas" se halla en plena efervescencia. El cúmulo de nuevas organizaciones propiamente judías que por entonces emergen, identificadas con la doctrina revolucionaria marxista y localizadas preponderantemente en Buenos Aires, son repuestas por Kersffeld en su fuerza numérica, en su funcionalidad y en su gravitación social. Por el contrario, las actividades de las comunidades de judíos comunistas en el resto de los países latinoamericanos quedan reducidas a un breve mosaico expositivo concerniente a las acciones centrales de algunos de sus dirigentes y organizaciones más salientes, sin que se establezcan conexiones integrales que apoyen la búsqueda de una única identidad judeocomunista para la totalidad del subcontinente.
De todos modos, y pese a esta deficiencia, Daniel Kersffeld consigue realizar una contribución fundamental a la exploración del complejo de relaciones existentes entre la Comintern y el comunismo argentino al señalar en forma explicita, por ejemplo, la no-denuncia por parte de los judíos comunistas miembros del PCA de los vejámenes a que eran condenados los miembros de su comunidad en la Alemania nazi desde mediados de los años '30. Y es que la defensa de la Segunda República española primero y el pacto acordado entre Ribbentrop y Molotov después, dictaminaron cuál era el orden de prioridades dispuesto entonces por la Comintern y avalado desde Moscú. Los judeocomunistas argentinos respondieron a cada una de estas coyunturas creando la Comisión Israelita de Ayuda a España, en el primer caso, y adhiriendo, en el último, a la comprensión de que en la Segunda Guerra Mundial se estaba consumando una guerra interimperialista en la que era imperativo mantener la neutralidad. De este modo, el libro de Kersffeld tiene el gran mérito de aportar al conocimiento de una temática que, como tantas otras vinculadas al movimiento comunista latinoamericano en general y en su relación con la Unión Soviética en particular, aun hoy constituye un espacio colmando de agujeros negros dentro el campo historiográfico. En este sentido, y como parte de un proceso de largo aliento en el que se inscriben los trabajos de un número de investigadores cada vez mayor, esta obra constituye un intento certero por revertir esta situación de desconocimiento acerca de un fenómeno tan relevante como lo fue el incremento de la gravitación política y social que experimentó el comunismo en los años correspondientes a la existencia de la Comintern.
Es destacable, asimismo, la intención del autor de poner sus ideas y hallazgos al alcance de un público amplio, no necesariamente académico y mucho menos versado en las cuestiones atendidas en sus páginas. Las citas eruditas permanecen ausentes en su relato. Esta se convierte en una estrategia de comunicación muy atinada a los fines de barrer definitivamente con el injusto olvido. La apuesta a favor de la importancia de la divulgación de la historia bien fundada y oportunamente documentada conforma otro punto a resaltar en un trabajo que, dada su dimensión problemática acotada, podría resultar a primera vista de escaso interés general. Pero, muy por el contrario, se trata de una historia amplia compuesta por una constelación de historias individuales que fueron forjadas en la pasión revolucionaria, y es por ello que resultará muy difícil al lector acercarse a este libro sin sentirse interpelado.

Notas

1 SVARCH, Ariel El comunista sobre el tejado. Historia de la militancia comunista en la calle judía (Buenos Aires, 1920-1950), Tesis de Licenciatura, inédita, Buenos Aires, Universidad Torcuato Di Tella, 2005, p. 2.         [ Links ]