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Análisis filosófico

versión On-line ISSN 1851-9636

Anal. filos. v.29 n.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires mayo 2009

 

IN MEMORIAM

Gregorio Klimovsky: saber y compromiso

Cecilia Hidalgo

El 19 de abril falleció Gregorio Klimovsky, miembro fundador de SADAF, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, integrante de la CONADEP y actor fundamental del mundo académico y de la cultura argentina de los últimos cincuenta años. Su gran presencia, su inmensa inteligencia, su integridad, su compromiso con el saber, las personas y las instituciones han dejado una marca imborrable en quienes lo conocieron, asistieron a sus clases y conferencias, leyeron sus textos o siguieron su actuación pública. Es imposible pensar en él sin celebrar una vida y personalidad tan excepcionales y fecundas. Su recuerdo luminoso mitiga en parte la tristeza porque ya no estará entre nosotros "dando cátedra" o polemizando, siempre atento a las ideas del otro. Ya no lo veremos rodeado de libros y hermosas plantas en su casa o sentado en primera fila en todos los encuentros académicos. Ya no nos hará reír -por momentos a carcajadas- con su humor y su ironía. Pero lo que Klimovsky ha construido sigue en pie -como SADAF- y su ejemplo de saber y compromiso latirá por siempre dentro de nosotros.
Klimovsky nunca fue un pensador unilateral o ultraespecializado: formado en el campo de las matemáticas, se interesó tempranamente por la estructura del conocimiento científico y por la actividad científica en general, sin distinción de áreas disciplinarias. Sus vastos intereses por la filosofía, la ciencia, el arte, la política y la condición humana justifican la idea de que vivió "diversas existencias", con que dio título a su autobiografía. Era precisamente tal amplitud de intereses cognoscitivos y existenciales, lo que le permitió tender tantos puentes y crear tantos lazos insospechados entre unos campos del conocimiento y otros. Las oportunidades de promover la crítica, de escuchar y responder, como algo distinto al mero "tolerar" el disenso, se veían altamente potenciadas por el tipo de saber que él corporizaba. Klimovsky podía fácilmente trazar analogías esclarecedoras con lo ocurrido en otros campos disciplinarios, o aún de la cultura o el arte en general, y conmover con ello las creencias más arraigadas en su audiencia. La profundidad de su saber sorprendía siempre, no importa cuánto nos hubiéramos acostumbrado a sus intervenciones.
El ejemplo de su perspectiva con respecto a la naturaleza de las ciencias sociales, área en la que tuve el honor de trabajar a su lado, es ilustrativa de este punto. Con muchos exilios académicos en su haber, entre los que se destaca su alejamiento de la UBA posterior a la Noche de los Bastones Largos, asumió la titularidad de la Cátedra de Epistemología de las Ciencias Sociales en la UBA en 1984, al recuperarse la vida en democracia. Desde la década del '60 ya era reconocido por su familiarización con la sociología de Gino Germani y su tratamiento epistemológico del psicoanálisis. En estos campos había mostrado una estrategia de comprensión y respeto por la investigación social, pero a un tiempo de crítica e identificación de sus principales dificultades. Si bien afirmaba el carácter sui generis de las ciencias sociales, sostenía a un tiempo que metodológicamente ello no impedía que combinaran enfoques corrientes en las ciencias más consolidadas, naturales y aún formales. Su análisis de la situación implicaba no solo tender el puente -relativamente transitado- de familiarizar a los científicos sociales con aquellos métodos. En un segundo gesto articulador Klimovsky no cerraba su argumentación con conclusiones apodícticas o recomendaciones automáticas, por el contrario, solía poner en evidencia las objeciones fundamentales y adelantaba la búsqueda de nuevas respuestas plausibles, valorizando la especificidad de los estudios humanos.
En su tratamiento de teorías sociales específicas, por ejemplo, las producidas en el campo del psicoanálisis, esta estrategia analítica se hace patente. Los métodos conocidos en las ciencias consolidadas se hacen reconocibles en su análisis de la obra de Freud, pero no se constituyen en lechos de Procusto que ciegan ante especificidades argumentativas y explicativas. Por el contrario, se erigen en marco de referencia sobre el que la especificidad del psicoanálisis se pone de relieve, para llegar a conmover eventualmente la concepción de partida acerca de los métodos de la ciencia.
Klimovsky fue un polemista y un crítico excepcional. Sabía escuchar, captar el núcleo problemático de cualquier posición y orientar la discusión hacia lo nodal. Sabía al propio tiempo rescatar lo valioso e interesante de las ideas vertidas en libros, artículos o ponencias, por insostenibles que parecieran. El esfuerzo por contestar las objeciones o intentar superarlas le parecía redundaba en clarificación conceptual, una producción científica más sutil y próxima a estándares intelectuales rigurosos. En este punto se ubicaba siempre más cerca de los científicos que de la especulación filosófica normativa. Y si bien buscaba que el reconocimiento de dificultades no implicara renegar de la tradición científica heredada, instaba a la creatividad e innovación tanto científica como filosófica.
Adiferencia de quienes lo consideran clásico por su adhesión general al método hipotético deductivo y su idea de que los practicantes de diversas disciplinas científicas comparten preocupaciones y orientaciones racionales básicas, entiendo que, al menos en lo que atañe a las ciencias sociales y en la manera como orientó las investigaciones bajo su dirección, a lo largo de los años fue el portavoz de rumbos de apertura metodológica. Así, por ejemplo, los equipos de investigación que dirigió junto a Félix G. Schuster en la Facultad de Filosofía de la UBA se dedicaron a cuestiones poco exploradas en su momento, en particular, el descubrimiento, la creatividad y la naturaleza de la idealización y la modelización científicas. En igual sentido aperturista y renovador, en el momento de la constitución del campo de las ciencias sociales en Argentina, su idea del método cuestionó la mirada estrecha de los enfoques estadísticos germanianos. Para Klimovsky el empleo de las matemáticas en el ámbito de lo social excedía en mucho ese campo (había sistemas axiomáticos, topología, descripciones estructurales como recursos disponibles en otras ciencias). Y como es bien sabido, su dedicación al psicoanálisis fue en su momento altamente heterodoxa. Cuando los textos metodológicos principales se dedicaban casi enteramente a la descripción científica (recolección y sistematización de datos, testeo de generalizaciones empíricas), sus clases y luego sus escritos giraban alrededor de la problemática de la explicación de lo social. Cuando la palabra "predicción" era usada con exceso de confianza cientificista, recurría a la malévola apelación popperiana de "profecía"... y viceversa, si las capacidades proyectivas o anticipatorias del conocimiento eran negadas a priori.
Creía profundamente en el valor social de la ciencia como algo distinto de la mera opinión y el sentido común. Creía que el enfoque científico de lo social no solo era posible sino fundamental para acercarnos al logro de una sociedad más equitativa y eficaz. Defendió el valor de las utopías. Creía en la razón y en la solidaridad, en la capacidad de dialogar y llegar a acuerdos para la acción a través del debate de ideas. Comprometió su mente y su cuerpo en los encuentros con otras personas,  haciéndolos únicos porque él estaba ahí, con su fortaleza física e integridad intelectual, viajando, interviniendo, participando, apoyando actividades en la Argentina toda. Nunca buscó poder y fue proverbial su respeto por la autonomía de quienes lo rodeaban, alentando a la búsqueda de caminos propios. No tenía conciencia plena de su estatura y solo en forma tardía, a través de la mirada de los otros, comenzó a entender que era para muchísimas personas de varias generaciones un modelo, o quizá mejor, la personificación de una utopía...
Klimovsky, que siempre apuntó la mirada más allá de modas y requerimientos de coyuntura, nos enseñó el valor de la ciencia porque sí, por "el orgullo del espíritu humano" decía, y hasta por la belleza de sus construcciones, teorías, modelos y explicaciones. En nuestros días, cuando la valoración de la ciencia es ambivalente (o bien se la ensalza por sus derivaciones tecnológicas o directamente se la cuestiona y deja de vérsela como una actividad de la que tengamos que orgullecernos), Gregorio Klimovsky quedará para siempre como ejemplo del maestro que desplegó ante nuestros ojos la significatividad ética y social del conocimiento, su sentido y su belleza.