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Análisis filosófico

versión On-line ISSN 1851-9636

Anal. filos. vol.30 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires nov. 2010

 

ARTÍCULOS

El argumento modal de Moore contra el escepticismo1

Javier Vilanova Arias

Universidad Complutense de Madrid
vilanova@filos.ucm.es

Resumen

Se describen cuatro argumentos de George E. Moore en su debate contra el escepticismo (autoreferencia, sentido común, modal y elección racional) y se examina el sentido y valor filosófico del tercero de ellos. El argumento modal detecta una falacia de ambigüedad cometida por el escéptico en el uso de la palabra "posible", oscilando entre tres pares de cualificaciones de posibilidad: in sensu diviso-in sensu composito, para cada una posible-posible todas, y fuerte-débil. Sobre la base de este argumento se propone una lectura externista del último Moore.

PALABRAS CLAVE: George E. Moore; Escepticismo; Modalidades.

Abstract

We describe four arguments from George E. Moore against the sceptic: self-reference, common sense, rational choice and modal arguments. The modal argument accuses the sceptic of committing a fallacy of ambiguity. By analysing this argument, we extract an important lesson from Moore for contemporary epistemology.

KEY WORDS: George E. Moore; Scepticism; Modalities.

1. Introducción. Argumentos escépticos

El propósito de este trabajo es clarificar el sentido y examinar el valor filosófico de uno de los varios argumentos que a lo largo de su vida y obra G. E. Moore dirigió contra las tesis escépticas. El que llamaré argumento modal, contrariamente a lo que ocurre con otros logros en la réplica mooreana, ha despertado hasta ahora escasa atención por parte de comentadores y estudiosos de su obra.2 La oscuridad (e incluso la confusión) con que Moore lo expresó, y el hecho de que en su formulación aparezca fundido con otros argumentos, pueden ser las causas de este olvido. En mi opinión, esta situación es lamentable, ya que este argumento es una de las contribuciones más originales del maestro de Cambridge al debate sobre la fundamentación del conocimiento, y un punto de referencia fundamental para entender su posición al respecto (más externista y menos ingenua de lo que los comentarios de Wittgenstein y Malcolm nos permiten presumir). Sin embargo, me apresuraré a aclarar que mi objetivo principal no será tanto el de obtener una interpretación fiel del pensamiento de Moore como el de rastrear sus palabras en la esperanza de llegar a reconstruir un argumento que echo en falta en las discusiones actuales en torno a la fundamentación del conocimiento.
Como es bien sabido, bajo el rotulo "escepticismo" se agrupan en realidad diferentes tesis y actitudes. La tesis escéptica que discutiremos aquí es la que dice que no es posible conocer con certeza ninguna proposición que verse sobre el mundo externo a nuestra mente (entre ellas, la que dice que existe un mundo externo a nuestra mente). Muchos de los argumentos esgrimidos para defender esta tesis siguen una u otra de las vías recogidas en los siguientes esquemas argumentales:

(P) Argumento de la posibilidad (fuerte).
(P.1) Sean cuales sean mis evidencias para creer p, esas evidencias son compatibles con no p.
(P.2) Si mis evidencias para creer p son compatibles con no p, entonces no sé con certeza que p.
Por lo tanto.
(P.3) No sé con certeza que p.

(C) Argumento de la circularidad (fuerte).
(C.1) Si intento justificar la reglas epistémicas que dan lugar a mi creencia de que p, caigo en una regresión infinita o en un círculo vicioso.
(C.2) Si no puedo justificar mis reglas epistémicas sin caer en regresión infinita o círculo vicioso, entonces no sé con certeza que p.
Por lo tanto.
(C.3) No sé con certeza que p.

Algunos comentarios terminológicos ayudarán a precisar el sentido de estos argumentos. Aclaremos para empezar que, al menos en el sentido en que yo uso estos términos, una creencia sobre el mundo externo se basa en la posesión de una o varias evidencias (un dato sensorial, el resultado de un experimento, una observación, etc...). Además, cuando esa evidencia es un fundamento racional para la creencia de p, entonces es una justificación de p. Sólo si la creencia, además de verdadera, es justificada, constituye un conocimiento (decimos que la creencia de p es verdadera si p es verdadero). Por otro lado, una regla epistémica es la que nos dice que cierta evidencia es una justificación. Así pues, la expresión "justificar mis reglas epistémicas" debe entenderse como sinónimo de "proporcionar una justificación de que mis evidencias para creer p son justificaciones para creer p".
Además, que p y q sean compatibles quiere decir que es posible que ambas se den a la vez. Por lo tanto, la expresión "mis evidencias son compatibles con no p" debe entenderse como sinónimo de "es posible que se den las evidencias de que dispongo para justificar mi creencia de que p y que la proposición p sea falsa".
De este modo, podemos parafrasear el argumento de la posibilidad del siguiente modo:

(P) Argumento de la posibilidad (fuerte).
(P.1) Sean cual sean mi evidencias para creer p, es posible que se den esas evidencias y p sea falso.
(P.2) Si es posible que se den mis evidencias para creer p y p sea falso, entonces no sé con certeza que p.

Por lo tanto.
(P.3) No sé con certeza que p.

Existe también una versión "débil" de dicho argumento en la que sustituimos la expresión "saber con certeza que" por la expresión "saber que". Por ejemplo:

(P) Argumento de la posibilidad (débil).
(P.1) Sean cuales sean mi evidencias para creer p, esas evidencias son compatibles con no p.
(P.2) Si mis evidencias para creer p son compatibles con no p, entonces no sé que p.
Por lo tanto.
(P.3) No sé que p.

No siempre está claro en la literatura cuál es la versión del argumento de la que se está hablando, si la versión débil o la versión fuerte que hemos expuesto previamente. Desde luego, si uno mantiene una concepción del conocimiento como la de Descartes, para la que sólo hay conocimiento si hay certeza, tal distinción no es importante, pero en el caso de Moore, como en el de casi todos los epistemólogos contemporáneos, no es así. Desde luego, es más fácil rebatir la versión débil que la fuerte, y gran parte del trabajo epistemológico contemporáneo se centra en este frente. Como se verá, Moore intenta desmontar la versión fuerte del argumento de la posibilidad, por lo cual nos encontramos ante un proyecto inusitadamente ambicioso, y, quizás, un tanto anticuado. En el apartado 6 de este trabajo proponemos una re-escritura del argumento de Moore más próxima a los debates actuales.
Por último, señalaré que aparte de la plausibilidad que el argumento P tiene por sí solo, también ha sido utilizado, en ocasiones, como apoyo para la primera premisa de P: dado que cada evidencia que ofrezcamos como justificación para nuestras reglas epistémicas es compatible con el hecho de que la creencia obtenida tras la aplicación de la regla no sea verdadera, entonces la regla no queda justificada, lo que hace necesario dar un paso más en la regresión infinita. En consecuencia, el valor que tendría cualquier éxito a la hora de restar fuerza o plausibilidad al argumento de la posibilidad sería, por decirlo así, doble.

2. Los argumentos de Moore

A parte de las páginas dedicadas al tema en las conferencias de Cambridge de 1911 (publicadas como Moore 1953) George E. Moore consagró cuatro de sus no muchos escritos al tema de la certeza y la refutación del escepticismo: "A Defence of Common Sense" (1925), "Proof of an External World" (1939), "Four forms of Scepticism" (1940) y "Certainty" (1941).3 En estas obras, Moore re-introduce en la filosofía analítica del siglo XX el problema del escepticismo, desde una perspectiva novedosa y en varios respectos adversa al positivismo que en aquellos años, de la mano de autores como el Wittgenstein del Tractatus, Russell o Carnap, constituía la "ortodoxia" en el seno de la Filosofía Analítica (más en 1925 que en 1944, por supuesto). Esta "novedad" radica en gran parte en la introducción de consideraciones que prefiguran o acompañan el giro pragmático que de la mano de Wittgenstein y Austin se iba a consolidar en los años cuarenta: la reivindicación del lenguaje ordinario, la defensa del sentido común, y la reivindicación de la importancia de las circunstancias que acompañan a la proferencia de un enunciado.4
Empero, la riqueza de tales escritos no se agota en este carácter anticipatorio. Hay al menos cuatro argumentos contra las tesis escépticas que Moore formula de una forma más o menos acabada en ellos, y a los que llamaré:

(1) Argumento de la autoreferencia.
(2) Argumento del sentido común.
(3) Argumento modal.
(4) Argumento de la elección racional.

Debo advertir que el orden en que los he enumerado no corresponde al orden temporal en que Moore los ha enunciado. De hecho, todos ellos aparecen bosquejados en Moore 1953, y repetidos en distintas versiones a lo largo de los escritos posteriores. Corresponde al orden dialéctico en que deben ser colocados como pasos argumentativos en una estrategia de refutación global. Si bien nuestro foco de atención es el argumento modal, describiré a grandes rasgos los otros tres argumentos.
Básicamente, el argumento de la autoreferencia consiste en señalar una paradoja en la posición del escéptico: el escéptico afirma que no sabemos nada acerca del mundo externo, pero al hacer esto está afirmando que hay al menos algo que él sabe en torno al mundo externo, a saber, que no sabe nada sobre él. Este argumento no es, en absoluto, novedoso. Ya Aristóteles en la Metafísica ensaya una estrategia análoga para aquellos que se atreven a negar la validez del principio de no contradicción. La originalidad de Moore consiste en la formulación de una versión "pragmática" del argumento, que retomará Wittgenstein en "On Certainty", y que tiene en cuenta no sólo las proposiciones proferidas por el escéptico, sino también las proferencias mismas, las circunstancias y el hablante.5
En cualquier caso, el argumento de la autoreferencia no es un comodín que nos asegure la baza frente al escéptico. En efecto, el principal propósito del escéptico es minar la confianza en nuestras creencias sobre el mundo externo, y no asentar ninguna tesis propia. El escéptico, pues, puede contraatacar "comiéndose" la paradoja y aceptando que él, al igual que nosotros, no puede llevar a cabo ninguna afirmación de conocimiento.
El argumento del sentido común consiste en derivar alguna proposición en torno al mundo externo desde proposiciones del sentido común (o, en alguna versión, de alguna proposición tal que el sentido común nos dice que la evidencia que tenemos para creerla es una buena justificación). Las proposiciones del sentido común, así como las proposiciones que el sentido común exige aceptar de manera inmediata en una situación determinada, son, según Moore, sabidas con certeza y no requieren una prueba. La célebre prueba del mundo externo de Moore (1939) puede parafrasearse así:

(Ma) Argumento de la mano.
(Ma1) Aquí está mi mano.
(Ma2) Una mano sólo existe en un mundo externo.
(Ma3) Por lo tanto, existe un mundo externo.

Hay, al menos, dos problemas que envuelven en sospechas a este argumento. El primero tiene que ver con el hecho de que Moore defiende que sabe la premisa (Ma1) pero sin saber cómo la sabe. Esto no debe entenderse como una boutade por parte de Moore sino como una consecuencia de su peculiar fundacionalismo: la evidencia de que dispone para creer "aquí hay una mano" es por un lado el contenido estrecho de una percepción sensorial y por otro lado la red de creencias del sentido común (que es la que le hace obtener la creencia de que aquí está mi mano después de la percepción sensorial), y tanto una como otra son inexpresables para Moore.6 En cualquier caso, Moore se niega a dar una prueba o aportar evidencias para (Ma1), lo que parece abocar a una falacia de "apellatio ad ignorantia".7 El segundo problema tiene que ver con el hecho de que, aun cuando aceptemos la premisa (Ma1) sin una prueba al respecto, Moore podría estar cometiendo un tipo de circularidad viciosa, a la que llamaré "circularidad de supuestos", y que definimos así: llegar como conclusión a una proposición que es supuesto para aceptar como justificación de una o varias de las premisas las evidencias de que disponemos para ellas.8
El cuarto argumento, el que llamo argumento de la elección racional, puede verse como una solución a los problemas que plantea el anterior (problemas que, en todo caso, Moore nunca llegó a reconocer plenamente), y ciertamente todo indica que Moore llegó a él a partir de una reconsideración de argumentos como Ma.
En efecto, hacia el final de Moore (1940), y en respuesta al gambito del "escéptico" Russell de "An Outline of Philosophy", Moore propone sustituir el argumento Mano de 1939 por un argumento inductivo con una infinidad de premisas que irían recogiendo todas nuestras experiencias sensoriales pasadas. Podría parecer que, con este movimiento, Moore ha concedido demasiado al escéptico, ya que tradicionalmente los argumentos inductivos son considerados como incapaces de conferir certeza a la conclusión (en muchas definiciones "eso" es precisamente lo que diferencia los argumentos inductivos de los deductivos). Sin embargo, Moore defiende una tesis contraria:

"I am inclined to think that what 'is based' on an analogical or inductive argument, in the sense in which my knowledge or belief that this is a pencil is so, may nevertheless be certain knowledge and not merely more or less probable belief" (Moore 1959, p. 226).

La idea de Moore es la de obligar al escéptico a aportar alguna evidencia a favor de la siguiente tesis:

Tesis a: Los argumentos inductivos nunca pueden conferir certeza a la conclusión.

En la medida en que el escéptico no proporcione tales evidencias, Moore considera más racional atenerse a la siguiente tesis, para la cual sí posee evidencias:

Tesis b: He llegado a saber con certeza proposiciones en torno al mundo externo mediante argumentos inductivos.

Como se ve, un punto importante en el argumento de la elección racional consiste en comprometer al escéptico con una tesis modal (...nunca "puede" conferir...) que es muy distinta de (y más fuerte que) la tesis modal original de la premisa P1 en el argumento de la posibilidad. La idea subyacente es que el escéptico está utilizando de forma ambigua expresiones como "es posible que" o "es compatible con". Ésta es la esencia del argumento modal, el tercero de los argumentos de Moore contra el escepticismo, al que dedicamos a partir de ahora toda nuestra atención.

3. El argumento modal

Como acabamos de señalar, el argumento de la elección racional hace uso de una noción de posibilidad que no coincide con la noción estándar de posibilidad lógica. De hecho, gran parte de Moore (1940) está dedicado a un trabajo preparatorio de aclaración conceptual, y ya allí afirma que escépticos como Russell pueden estar abusando de la ambigüedad que afecta a nuestro uso de expresiones modales (Moore 1940, p. 205 y p. 220). Esta idea es la que Moore va a perseguir de nuevo en "Certainty", el último de sus escritos dedicados al diálogo con el escéptico. Éste es un texto extraordinariamente oscuro, confuso a veces y en todo momento alambicado. Gran parte de la confusión tiene que ver con los esfuerzos descomunales de Moore para distinguir entre distintas nociones de posibilidad, a las que Moore da distintos nombres y de las que da distintas caracterizaciones, sin que en ningún momento parezca llegar a tierra firme. Las dificultades de Moore son comprensibles si tenemos en cuenta que el desarrollo de la lógica modal estaba prácticamente por venir. En ese momento apenas si se disponía de la aportación seminal de C. I. Lewis y faltaba mucho para el desarrollo de la semántica de mundos posibles de Kripke que permitiría a autores como el mismo Kripke o Putnam hacer un uso extensivo de principios e intuiciones modales en sus investigaciones filosóficas, o a los recién citados y otros como Humberstone, Davies o Lewis hacer toda una serie de finas distinciones entre distintas nociones modales. Es precisamente desde la perspectiva que estos escritos y otros nos proporcionan en la actualidad como nos resultará más fácil "leer" a Moore y entender lo que trataba de decir. Eso es lo que ensayamos a continuación.
Hay al menos tres ambigüedades en el uso de la expresión "es posible" que en distintos momentos Moore considera como el origen de la falacia cometida por el escéptico, si bien el propio Moore falla en distinguirlas claramente: "posible in sensu diviso-posible in sensu composito", "posible todas-cada una posible", y "fuertemente posible-débilmente posible" (los términos son míos).
Según la primera ambigüedad, podemos conceder al escéptico que una proposición p que versa sobre el mundo externo y que es sabida podría haber sido falsa, pero aun no le habremos concedido que es posible al mismo tiempo que la proposición sea sabida y que sea falsa. La ambigüedad procede de la existencia de dos formas diferentes de entender la expresión "es posible" en el contexto de una frase, que Russell denominaba "ocurrencia primaria" y "ocurrencia secundaria", los filósofos medievales llamaban "de dicto" y "de re", y previamente se conocía con los nombres más aristotélicos de "in sensu composito" e "in sensu diviso", a través de ejemplos como el de las Refutaciones Sofísticas: El Hombre sentado puede andar. Esta dicotomía puede expresarse en lógica modal de enunciados con las fórmulas "(p&q)" y "p&q", aunque una formalización más adecuada se obtendría en lógica de predicados usando el descriptor definido, con "(PιxPx&QιxPx)" y "PιxPx & QιxPx"" para in sensu composito e in sensu diviso respectivamente. Aplicada al caso epistémico, siendo q la conjunción de todas las evidencias de que disponemos como justificación para saber que p, el escéptico usaría en la premisa P1 "es posible" como "q y es posible que no p", mientras que en la premisa P2 entendería "es posible" como "es posible q y no p a la vez". Esta ambigüedad se mantiene cuando en vez de una sola justificación, el sujeto posee distintas justificaciones J1, J2....Jn que apoyan su creencia de que p:

-In sensu diviso: (J1&J2&...Jn) &¬p
-In sensu composito: ((J1&J2&...Jn) & ¬p)

Moore expresa esta distinción de varias maneras a lo largo de sus escritos, ya sea mediante la expresión "the conjunction of." para dejar claro a qué se aplica el operador de posibilidad, o reservando la expresión "it may" para "in sensu composito".9 Efectuar la distinción es vital, porque sólo una vez disuelta la ambigüedad (a favor claro del "sensu composito") puede formularse el argumento modal de Moore, pero es demasiado pueril para que quepa pensar que todo el poder persuasivo del argumento del escéptico se base en ella. No obstante, Moore vuelve sobre ella una y otra vez a lo largo del texto y, lo que es peor, la solapa en muchas ocasiones con la ambigüedad débil-fuerte de la que hablamos a continuación, lo que sin duda ha contribuido a que esta última pasara desapercibida a los comentaristas contemporáneos y a que el texto no fuera lo suficientemente valorado.
Con respecto a la segunda ambigüedad, podemos conceder al escéptico que para cada una de las evidencias de que dispongo para creer que p, es posible que esa evidencia sea verdadera al mismo tiempo que p sea falsa, pero no le habremos concedido todavía que es posible que todas esas evidencias sean verdaderas y p falsa a la vez. Utilizando lógica de segundo orden, la ambigüedad estaría entre "q(¬p&q") y "(q (¬p&q))". En el caso epistémico, siendo el conjunto de los q el conjunto de los enunciados que describen mis evidencias para saber que p, en la premisa P1 el escéptico estaría usando "es posible" en el sentido de "es posible, para cada una de las evidencias Jn, que J sea verdadero y p falso al mismo tiempo", y en la premisa P2, como "es posible que la conjunción de todas las evidencias Jn sea verdadera al mismo tiempo que p es falso". Es decir:

-Para cada uno: ((J1&J2&...Jn) & ¬p)
-Para todos a la vez: (J1&¬p) & (J2&¬p)... & (Jn&¬p)

Una vez detectada esta ambigüedad pierde plausibilidad el recurso a errores de percepción pasados (espejismos, sueños, efectos ópticos, etc...) que hace el escéptico, sobre todo cuando las proposiciones presuntamente sabidas son, como las que elige Moore ("tengo una mano", "existe un mundo externo"), apoyadas por una gran cantidad de evidencias recogidas a lo largo de un extenso periodo de tiempo como lo es la propia vida. Pues si bien es posible imaginar para cada una de las percepciones que sirven de evidencias que podría tratarse de un error, es muy difícil idear cómo podrían haberlo sido todas ellas. La distinción es importante. En las conferencias de Cambridge 1911 ya se describe esta ambigüedad: "unless it is obvious that, in fact, I do not know of the evidence of a material object in any particular instance, no principle which asserts that I cannot know of the existence of anything except under conditions which are not fulfilled in the case of material objects, can be regarded as established" (Moore 1953, p. 142). Esta misma distinción está funcionando también en Moore (1940), cuando discute la "tercera forma" de escepticismo de Russell (que duda si existen otras personas, con mentes distintas de la mía y sus propias experiencias sensoriales), Moore distingue entre la "conclusión particular" del escéptico Russell de que para cada experiencia sensorial que nos indica que existe otra persona ésta podría ser errada, y la "conclusión general" que dice que todas las experiencias sensoriales que nos indican que existen otras mentes podrían estar erradas. En Moore (1941) esta distinción se efectúa haciendo recurso a la memoria, en la que están archivadas todas nuestras experiencias pasadas. Así, aquí Moore contrasta la posibilidad de que "all the sensory experiences I am having now should be mere dream-images" y la posibilidad de que "both that you should be having all the sensory experiences you are having, and also that you should remember what you do remember, and yet should be dreaming" (Moore 1941, p. 25010).
Llegamos, así, a la que me parece la distinción fundamental. Por un lado tenemos una noción de posibilidad débil,11 que Moore denomina "no autocontradictoria" y que caracteriza con locuciones inglesas con el verbo de la oración subordinada en subjuntivo como "it is possible that it should have been...", y una noción de posibilidad fuerte, que Moore denomina a veces "posibilidad lógica" y que caracteriza con locuciones inglesas con el verbo de la oración subordinada en indicativo como "it is possible that it is". Dos "peculariedades" en la forma de expresarse de Moore dificultan en este punto la inteligibilidad de su discurso (así como la insistencia ya antes mencionada en solapar la ambigüedad "in sensu diviso"-"in sensu composito" con la ambigüedad fuerte-débil). La primera es la elección del término "posibilidad lógica" para la noción de posibilidad fuerte. Actualmente la noción de posibilidad lógica es prácticamente de forma unánime considerada como la noción de posibilidad más débil (hay autores que consideran que nociones como la de metafísicamente necesario, matemáticamente necesario, o analíticamente necesario son tan débiles como ella, pero para nadie que yo conozca hay nociones más débiles) y ciertamente se identifica con la noción de "no lógicamente contradictorio" que es la que Moore simplifica como "no auto-contradictorio". Este uso, no obstante, no resultaba tan excéntrico en aquellos momentos, en los que de la mano de autores como Wittgenstein o el mismo Moore tendía a entenderse "lógicamente posible" como "permitido por la gramática de nuestro lenguaje", "no absurdo" o "admisible para el sentido común" (recordemos la paradoja de Moore como ejemplo de proposición no contradictoria lógicamente pero sí absurda) . La segunda peculariedad es, desde mi punto de vista, menos disculpable, y en gran medida responsable de algunos de los párrafos más oscuros del artículo: Moore se empeña en distinguir entre la expresión "it is logically possible that it is...", que tendría el sentido de posibilidad fuerte que venimos describiendo, y las expresiónes"it is logically possible" (aunque no siempre) y "it is logically possible that it should have been that ..." que serían simples sinónimos de "p no es autocontradictorio" (Moore dice que ambas expresiones se co-implican) y por lo tanto expresaría una posibilidad débil. El origen de esta "manía" de Moore sin duda tiene que ver con el hecho de que Moore es consciente que hay un uso lícito de "lógicamente posible" como sinónimo de "no autocontradictorio", de tal forma que para evitar tal uso utiliza una expresión como "es posible que ..." en la que puedan utilizarse tiempos verbales que separen unos usos de otros. Esto es lo que hace Moore con el modo indicativo y el modo subjuntivo, reservando el modo indicativo para la posibilidad fuerte y el modo subjuntivo para la posibilidad débil.
Apesar de estas oscuridades, hacia el final del artículo se ha llegado a trazar el sentido de esta tercera ambigüedad: podemos concederle al escéptico que mis evidencias son débilmente compatibles con no p (en la jerga de Moore, no es auto-contradictoria la conjunción de mis evidencias y no p), pero todavía no ha demostrado que mis evidencias son fuertemente compatibles con no p (en la jerga de Moore, es lógicamente posible que p sea falso y mis evidencias verdaderas a la vez).12 Formalmente:

-Fuertemente posible: f((J1&J2&... Jn) & ¬p)
-Débilmente posible: d((J1&J2&... Jn) &¬p)

En definitiva, el argumento modal es un contra-argumento al argumento de la posibilidad: para que la premisa P2 sea plausible, el sentido de "posible" debe ser el de posibilidad fuerte, "in sensu composito", y "posible-todas", pero cuando el escéptico intenta sentar P1 se desvía de esta interpretación de "posible" ya sea como posibilidad débil, como "in sensu diviso" o como "cada una posible" (o como todas ellas a la vez). Por lo tanto, el escéptico nunca tiene las premisas P1 y P2 a la vez, y no puede concluir P3.

4. Posibilidad lógica y posibilidad natural

Ya he dicho que, de las tres ambigüedades detectadas por Moore, la más interesante a mi juicio es la que hay entre posibilidad fuerte y posibilidad débil. La noción de posibilidad débil que maneja Moore es clara: no auto-contradictoriedad. Esta noción se corresponde con lo que habitualmente llamamos "posibilidad lógica", así que me olvidaré del uso especial que hace Moore de estas palabras (donde "posibilidad lógica", no lo olvidemos corresponde a la "posibilidad fuerte") y a partir de ahora identificaré la "posibilidad débil" con la "posibilidad lógica" definida así: p es lógicamente posible si y sólo si p no viola ninguna de las leyes de la lógica.
Pero, ¿qué pasa con la noción de posibilidad fuerte? Bien, lo cierto es que Moore no dice prácticamente nada en torno a ella, salvo que no es la auto-contradictoriedad (de hecho, como ya se ha dicho, probablemente no llegara a distinguirla bien de la posibilidad débil in sensu composito), así que en este apartado haré una propuesta que me parece plausible y coherente con el planteamiento de Moore, bien entendido, claro está, que no se trata tanto de una exégesis del texto sino de una propuesta personal y que Moore no debe ser "culpado" si resulta extravagante o desencaminada.
Para dar con ella, volvamos sobre el argumento modal y veamos qué moraleja en torno al status de nuestro conocimiento podemos extraer de él. En la premisa P1 del argumento de la posibilidad aparece una noción de "compatible" derivada de la noción de posibilidad lógica: es débil o lógicamente posible que yo haya seguido tales y tales reglas epistémicas, haya obtenido tales y tales evidencias para creer p, y sin embargo p sea falso. Esto es algo que Moore concede al escéptico, como hemos dicho, pero este hecho no es suficiente para poner en cuestión nuestras reglas epistémicas. En efecto, la cuestión no es si es posible lógicamente el error. El error es siempre lógicamente posible, ya que lo único que es lógicamente imposible son cosas como "p y no p" o "p y q implica p". Por ello, decir que es lógicamente posible el error es tan trivial como decir que "p y no p" es imposible, o que "p o no p" es necesario, y completamente irrelevante cuando discutimos un problema epistemológico (como es irrelevante, por ejemplo, afirmar que es lógicamente posible que un móvil supere la velocidad de la luz cuando discutimos problemas de física). Lo que hay que dirimir, la cuestión importante en epistemología, es si nuestras maneras de relacionarnos causal y perceptivamente con nuestro entorno junto con las maneras en que las cosas ocurren en nuestro entorno (las leyes físicas) y las maneras en que discurren nuestros propios procesos mentales, abren o no un ámbito de posibilidades en el que sean cuales sean mis reglas epistémicas, mis datos sensoriales y mi forma de procesarlos hay siempre una situación en que se da el error (en que p es falso). Dicho de otro modo, si definimos "p es naturalmente posible" como "p no viola ninguna de las leyes naturales de nuestro mundo",13 entonces la cuestión a dirimir es si es naturalmente posible que yo disponga de ciertas evidencias que apoyan mi creencia de que p siendo p falso.
Aunque Moore no menciona en ningún momento nada como las leyes naturales o la posibilidad natural, lo cierto es que bien podría haber tenido algo así en la cabeza cuando al examinar en Moore (1941) la tesis escéptica de que toda mi experiencia sensorial podría ser un sueño, hace la observación de que el escéptico debería probar que es posible que un sueño produjera una experiencia sensorial idéntica a la que yo tengo en el momento presente y recuerdos de experiencias sensoriales pasadas idénticos a los recuerdos que albergo en mi memoria. En efecto, esta posibilidad tiene que ver con las leyes naturales del mundo real, que son a su vez las que delimitan cómo pueden ser los sueños, cómo pueden ser las experiencias perceptivas, etc... Éste es un punto que se descuida muchas veces en las discusiones en torno a experimentos mentales del tipo "brain-in-a-vat" o "Matrix", con la consecuencia de que se asume demasiado rápidamente que estos peculiares productos de nuestra especulación constituyen una amenaza real para nuestras convicciones de sentido común. Y es que el escéptico debería probar que un sueño puede producir toda su rica experiencia personal pasada, o que un ordenador sería capaz de producir el mundo de Matrix o cuando menos las señales sensoriales virtuales requeridas para engañar al cerebro en la vasija de Putnam. Entiéndaseme que cuando digo "podría" no quiero decir "es lógicamente posible que" sino "es naturalmente posible que". Por lo que a mi respecta, no tengo dudas de que pueda ser "lógicamente posible" pero me resulta mucho más difícil llegar a imaginar que sea naturalmente factible, sobre todo teniendo en cuenta la abundancia, variedad, viveza, complejidad y asombrosa armonía de toda mi experiencia sensorial de muchos años. Tal vez sería naturalmente posible que un genio maligno o un dios las produjera, pero ocurre que también tengo serias dudas de que sea naturalmente posible que existan dioses o genios malignos.
En resumen, el argumento modal de Moore consiste en detectar una falacia de ambigüedad en el argumento P: el escéptico estaría usando "posible" en dos sentidos distintos en la premisa P1 y en la premisa P2. Dicho en mis propios términos (distintos recordemos que los de Moore), en la premisa P1 "es posible que" quiere decir "es posible lógicamente": no es contradictorio desde un punto de vista lógico la conjunción de no p y los enunciados que describen mis evidencias. En la P2 "es posible" quiere decir "es naturalmente posible": las leyes naturales de nuestro mundo permitirían una situación en que se diera el contenido estrecho de las percepciones que constituyen nuestras evidencias sin que se hubiera dado p. Como hemos dicho, a esta ambigüedad se uniría la tendencia del escéptico a usar "es posible" in sensu diviso y como "para cada uno posible" en la premisa P1, y como "posible para todos" y in sensu composito en la premisa P2, lo que haría todavía más persuasivo el argumento P al impedirnos detectar con claridad la falacia cometida.

5. El lugar de argumento modal en la filosofía de Moore

Creo que, si mi exégesis no está demasiado alejada de lo que Moore tenía en la cabeza cuando escribió estos textos, aporta una nueva luz sobre su teoría del conocimiento que tal vez obligue a replantearnos la imagen que tenemos de ella. Wittgenstein y Malcolm han trasmitido una imagen de Moore como internista, según la cual Moore estaría declarando que él sabe cosas como que tiene una mano delante de sus ojos o que no está soñando gracias a una propiedad interna de sus estados mentales. Esta propiedad se identifica con una certidumbre subjetiva, cierta impresión de evidencia que acompañaría a algunas percepciones sensoriales, muy similar a la "percepción clara y distinta" de Descartes, que por lo tanto sería inexpresable mediante el lenguaje, y de ahí que, según estos autores, Moore se negara a dar una prueba al respecto. Es cierto que Moore (1953), Moore (1925) y en menor medida Moore (1939) pueden ajustarse a esta imagen internista de Moore, pero pienso que Moore (1940) y (1941) se ajustan más a una lectura externista.14
Lo característico de las epistemologías externistas es considerar que lo que hace de una evidencia una justificación es la existencia de una relación natural entre la creencia y el estado de cosas que hace verdadero el contenido proposicional de la creencia. En Amstrong (1973) esta relación se explica en términos causales, mientras que en Nozick (1981) se caracteriza a través de condicionales subjuntivos. Otra forma de caracterizar esta relación creencia-estado de cosas necesaria para el conocimiento se da a través de una teoría de la percepción: si nuestro aparato sensorial sirve de vínculo causal entre estados de cosas y creencias, de tal modo que un estado de cosas determina un dato sensorial que a su vez determina una creencia, entonces podemos hablar de genuino conocimiento. Así, para los filósofos estoicos, esta relación consistía en que la creencia es "impresa" en el alma por la naturaleza. Pues bien, en sus trabajos sobre la teoría de la percepción Moore aparece empeñado en defender la aptitud de nuestro aparato sensorial para cumplir de mediador entre mundo y sujeto. Para ello, Moore insiste en el hecho de que la experiencia sensorial es experiencia de objetos, y no meramente de cualidades (percibimos objetos, no fenómenos), lo que a su vez proporciona "objetividad" a los datos de los sentidos, en la medida en que son neutrales respecto a nuestras creencias y pre-concepciones, y en la medida en que están causados por los objetos en el espacio físico. Sin entrar ahora a fondo en la teoría de la percepción de Moore (ni a su evolución desde un realismo directo a un realismo indirecto) sí señalaré que son los datos de los sentidos, en tanto que distintos de los objetos físicos pero también de los estados mentales, los que constituyen el eslabón de la cadena que relaciona mundo y sujeto, objetos y creencias. En Moore (1914) esto le llevará.0. a la postura extrema de defender que los datos de los sentidos pueden existir incluso aunque no sean aprehendidos por ningún sujeto:

"the visual sensibles which I directly apprehend in looking at this paper still exist unchanged when I merely alter the position of my body by turning away my head or closing my eyes, provided that the physical conditions outside my body remain unchanged" (Moore 1914, p. 181).

Que Moore veía una clara conexión entre su teoría de la percepción y el problema de la fundamentación del conocimiento queda claro en Moore (1925), en el que gran parte del texto está dedicado a problemas asociados a la teoría de la percepción. Más cauto que en (1914), Moore no intentará defender la teoría del realismo directo allí defendida, pero sí se preocupa por dejar claro en que sentido los datos de los sentidos, correctamente interpretados, pueden ser considerados como representativos de las objetos percibidos: "when I am said to 'perceive' it that I 'perceive' it means that I perceive something which is (in a suitable sense) representative ot it, namely, a certain part of it". No quiero decir, con esto, que Moore llegara a dar una solución satisfactoria al problema de la fundamentación del conocimiento desde su teoría de la percepción (de hecho, en mi opinión la teoría de la percepción de Moore dista de ser satisfactoria), sino que si Moore ligaba ambas cuestiones, es porque pensaba que sólo si nuestro sistema perceptivo producía un nexo causal entre creencia y estado de cosas podía hablarse de genuina justificación para las creencias.
Así pues, la reticencia de Moore a aportar una prueba de que sabe que tiene una mano delante de los ojos o de que existen otras mentes no se debe a que la justificación de que sus evidencias son justificaciones sea una impresión subjetiva e incomunicable.15 Se debe al hecho de que esa justificación tiene que ver con propiedades de nuestro sistema perceptivo que no pueden ser dirimidas a priori, y que son las discutidas en sus escritos sobre la percepción. En el caso de los enunciados del sentido común uno podría pensar que Moore puede exhibir argumentos analógicos o inductivos como el descrito en Moore (1940). Pero esto no es posible por dos razones. Primero, porque es materialmente imposible reconstruir un argumento tan enormemente complejo, que posee innumerables premisas las cuales recogen percepciones sensoriales obtenidas a lo largo de toda su vida, y que se desarrolla a través de innumerables pasos inferenciales en los que se van extrayendo regularidades, se detecta cómo unas percepciones sensoriales confirman a otras, y se van descartando hipótesis explicativas como las del sueño. Segundo, porque por lo que venimos diciendo Moore no tiene pruebas de que sea (naturalmente) necesario que la conclusión sea verdadera cuando lo son las premisas.
De ahí también la declaración de Moore de que no sabe con certeza que P1 una vez desambiguada, declaración que desmiente la imagen internista de Moore: la autoridad que el Moore internista extraería de la propiedad de certidumbre de algunos de sus estados mentales debería ser suficiente para descartar P1. Pero si Moore se declara humildemente ignorante del valor de verdad de P1 es porque éste depende no sólo de propiedades internas de sus estados mentales, sino también de propiedades de cosas externas a su mente que son agentes causales de tales estados mentales (en tanto que son origen de las percepciones). El valor de verdad de P1 tiene que ver, por lo tanto, con las leyes naturales de nuestro mundo, con cómo es nuestro universo y cómo estamos integrados nosotros en él. Intentar establecer la negación de P1, pues, involucra evidencia empírica, y aquí aparece el problema de circularidad que plantea el argumento C, para el que Moore no tiene solución y en el que no desea entrar. Moore declara en Moore (1941) como ya lo había hecho en Moore (1940) que no sabe que tal cosa sea cierta. En efecto, es característico de las soluciones externistas como las de Armstrong o la de Nozick al problema de la fundamentación del conocimiento el no ofrecer pruebas de que efectivamente nuestras evidencias son justificaciones sino sólo de que, si se da la relación natural adecuada entre creencias y estados de cosas, entonces nuestras evidencias son justificaciones. Consecuencia de esto es el rechazo de la regla KK (Si sé que p entonces sé que sé que p), ya que para el externista alguien puede saber algo si su aparato sensorial funciona adecuadamente incluso cuando él no sabe que su aparato sensorial funciona adecuadamente. Moore rechaza también el principio KK al afirmar repetidamente en sus escritos que sabe enunciados sobre el mundo externo pero que no puede dar pruebas de que los sabe. Pero además, Moore da un paso más con respecto a estas soluciones al presentar su argumento de elección racional, el cual ofrece una legitimación para aceptar P1, es decir, para aceptar que se da la relación natural adecuada entre creencias y estados de cosas.
Veamos cómo entra en juego el argumento de la elección racional. El único apoyo que Moore puede proporcionar para P1 proviene de argumentos analógicos o inductivos como los de Moore (1940). Dado un argumento inductivo de este tipo, Moore afirma que si es imposible naturalmente que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa al mismo tiempo, entonces sabe con certeza la conclusión. Pero Moore no puede probar que su argumento inductivo tiene dicha propiedad, así que no puede probar que sabe con certeza P1. Lo único que sabe es que, si no sabe con certeza P1, entonces no sabe nada en absoluto. Así que Moore opta por certificar modestamente que simplemente es más racional aceptar que sabe con certeza P1 que rechazarlo, lo que equivale a certificar que es más racional aceptar la tesis b que la tesis a enunciadas en el apartado 3 de este trabajo.16
Pienso que de las consideraciones anteriores surge una imagen del pensamiento de Moore muy distinta a la heredada desde Witgenstein y Malcolm, un Moore más externista y menos ingenuo que, en mi opinión, representa una posición muy solida en el debate escepticismo-realismo.17 Siendo honesto, no estoy del todo seguro de que "mi" Moore se corresponda con el auténtico. Probablemente el auténtico Moore, en sus escritos finales, estuviera él mismo indeciso (y tal vez confuso) sobre el dilema internismo-externismo aquí planteado. Pero de lo que si estoy seguro es que "este" Moore, el que me ha parecido reconocer en los enmarañadas líneas de "Certainty", merece jugar un papel protagonista en las discusiones actuales en torno a la fundamentación del conocimiento.

6. El argumento modal y la epistemología contemporánea

En este último apartado quisiera explorar, aunque sea brevemente, el papel que argumentos similares al de Moore pueden jugar en los debates epistemológicos contemporáneos. Como ya se dijo en la introducción, la principal limitación del planteamiento de Moore a este respecto, a la que tal vez se deba la falta de atención prestada, es la fuerza de la tesis que Moore defiende: sé con certeza que p. Hoy en día la noción de un conocimiento infalible y no revisable, obtenido a través de la acumulación de evidencias, sufre un general descrédito, especialmente cuando hablamos de conocimiento en torno al mundo externo como en este caso. Desde la publicación de Wittgenstein (1969) es más habitual reservar la noción de certeza para proposiciones que configuran nuestro marco epistémico (las "proposiciones gramaticales" de Wittgenstein), y localizar la fuente de tal certeza más en la decisión de no ponerlas en duda que en respaldos obtenidos como resultados de investigaciones o recopilación de evidencias. Así pues, lo que discuten escépticos y realistas con respecto a proposiciones no gramaticales p (las que son "resultados" y no "presupuestos" de la investigación) no es si puedo saber con certeza que p, sino si puedo saber que p o, para ser más específicos (ya que obviamente no puedo saber que p cuando p es falsa) si puedo creer justificadamente que p.
Por lo tanto, es conveniente tomar en consideración la versión débil del argumento de la posibilidad como el objetivo del argumento modal, que propusimos en la introducción. O, para ser más claros, la siguiente versión, que intencionadamente evita la mención al valor de verdad de la proposición creída:

(J) Argumento de la posibilidad (para justificación).
(J.1) Sean cuales sean mi evidencias para creer p, esas evidencias son compatibles con no p.
(J.2) Si mis evidencias para creer p son compatibles con no p, entonces no creo justificadamente que p.
Por lo tanto
(J.3) No creo justificadamente que p.

En qué difieren creer justificadamente de creer injustificadamente, y qué condiciones ha de cumplir una justificación de naturaleza epistémica son, por supuesto, cuestiones sobre cuya respuesta difieren considerablemente los filósofos. En todo caso, y este punto es el que deseo enfatizar ahora, una vez que hemos eliminado la restricción mooreana de considerar sólo las justificaciones que confieren certeza, las ambigüedades de "es posible" que pueden ser explotadas en la argumentación escéptica son, todavía, mayores de las hasta ahora expuestas.
Me explicaré. Ya hemos visto cómo eligiendo distintos miembros de las dicotomías asociadas a "es posible" aparecían distintas versiones del argumento de la posibilidad (falaces cuando el sentido de "es posible" en la primera premisa es distinto al sentido que tiene en la segunda premisa). Pues bien, en el momento en que consideramos distintos tipos de justificación aparecen nuevos miembros para cada dicotomía (que ya no será una dicotomía sino una n-tupla). Por ejemplo, podemos considerar tipos de posibilidad distintos de la posibilidad lógica y la posibilidad natural. Dependiendo del contexto (del tipo de conocimiento discutido) podemos introducir o no consideraciones de índole fisiológica, tecnológica, histórico-geográfica, contextuales, etc... Por poner un ejemplo, cuando el escéptico propone un escenario tipo matrix o brain-in-a-vat podemos preguntar hasta que punto ese escenario es compatible no sólo con nuestras leyes físicas sino también con aspectos que tienen que ver con la arquitectura cognitiva del cerebro humano y nuestro sistema perceptivo o, incluso, con las limitaciones de las tecnologías de simulación artificial18. En mi opinión, una explicitación de en que sentido considera "posibles" tales escenarios quien propone tomarlos en cuenta en la discusión epistemológica sería muy beneficiosa para clarificar el debate.
Otra ambigüedad que se puede explotar más es la que hemos denominado "para todos a la vez-para cada uno". Dependiendo del estándar de justificación buscado (no es el mismo, por ejemplo, en una tertulia entre amigos que en un debate científico) el número de errores admisible en la recopilación de evidencias puede variar, con lo cual, al lado de "todos a la vez" y "cada uno independientemente" podemos introducir calificativos como "para varios a la vez", "para muchos a la vez", "para más de la mitad a la vez" y otros relevantes. Una vez más, el escéptico sería falaz considerando calificativos diferentes en la primera y en la segunda premisa del argumento, o, de otra manera, cuando adviertan una posibilidad de error no acorde con el estándar de justificación relevante en el contexto de discusión.
Desde luego, estas consideraciones tienen, en el contexto de este trabajo, un carácter meramente ilustrativo, y exigirían un tratamiento más extenso que, por evidentes limitaciones de espacio, es conveniente dejar para algún trabajo futuro. Por sugerir alguna otra vía de aplicación del argumento modal de Moore, en toda la discusión que ha dado lugar a las teorías disyuntivistas en epistemología, tiende a darse por sentado una tesis que el escéptico toma como premisa en su argumentación: a saber, que la percepción genuina y la ilusoria son indistinguibles para el sujeto que las experimenta. Esta noción de "indistinguibilidad" tiene una clara naturaleza modal, y puede explicarse en términos de posibilidad: "la percepción genuina es indistinguible de la percepción ilusoria" parece querer decir lo mismo que "es posible que experimente la misma percepción que tendría cuando percibiera verídicamente que p y que p sea falso"). Una vez más, cabe preguntarse qué noción de posibilidad es la relevante aquí, y sí, efectivamente, tal posibilidad es real. Pues, si no es así, podríamos ahorrarnos la parafernalia disyuntivista aceptando la posibilidad de espejismos e ilusiones perceptivas pero, eso sí, distinguibles (en algún sentido relevante) de las percepciones genuinas.
Pero hacer esto es, me parece, una empresa que requiere un artículo para sí sola.

Notas

1 Este trabajo ha sido llevado a cabo bajo el amparo de los proyectos de investigación HUM2006-04955 y FFI2008-03092 del Ministerio de Ciencia e Innovación de España así como el grupo de investigación Complutense-Comunidad de Madrid 930174. Versiones previas del trabajo han sido presentadas y discutidas en el Instituto de Filosofía de la Universidad Autónoma de México y en el Coloquio Compostelano de Filosofía Analítica, y discutidas con distintos miembros de los proyectos de investigación antes referidos. Quisiera agradecer a todos ellos, así como al anónimo árbitro de esta revista, por sus muchas sugerencias y magnífica ayuda.

2 Una excepción honrosa es la de Stroll (1994), para quien también el argumento ha sido "insufficiently appreciated in the contemporary literature" (Stroll 1994, p. 92).

3 Todos ellos recogidos en Moore (1959). Las fechas que proporciono, que serán las utilizadas en adelante para referirme a ellos, corresponden al momento de su elaboración, no de su publicación. Importantes son también las contestaciones de Moore a sus comentaristas incluidas en Schilpp (1942).

4 Esta lectura es la que secundan Malcolm, Ambrose, Clarke, Stroud o Stroll entre otros, si bien casi todos insisten en que Moore no consigue a la postre salir del marco "proposicionalista" de la vieja Filosofía Analítica.

5 Así, en Moore (1925), se habla de la alusión incoherente del escéptico a "otros filósofos" o a la especie humana, y en Moore (1941) se habla de la asunción implícita del escéptico de que no está soñando cuando profiere que él no sabe que no está soñando. Adviértase que, si bien la versión aristotélica del argumento de la auto-referencia sólo se puede utilizar contra una versión global del escepticismo, en las versiones pragmáticas las tesis escépticas locales también se ven afectadas. Así, el escéptico en torno a la existencia de otras mentes se contradecirá al dirigirse a los "otros filósofos", y el escéptico en torno al mundo externo será inconsistente al pretender "exteriorizar" sus pensamiento mediante actos de habla públicos. Véase Stroll (1994, cap. 8) para una discusión de las versiones mooreana y wittgensteiniana del argumento.

6 Volveremos sobre este punto en el parágrafo 5 de este trabajo.

7 Ésta es una de las acusaciones de Wittgenstein (1969): "...si él sabe algo, entonces la pregunta "¿cómo sabe?" debe ser susceptible de ser respondida" (parágrafo 550). Volveremos sobre este punto más tarde.

8 Véase Davies (2000) y Alston (1986) para una discusión de este tipo de circularidad, y Sosa (1997) para una discusión del problema en el contexto del argumento de Moore.

9 Moore introduce de forma expresa este uso:
"one, at least, of the ways in which we use the expressions of the form "it is possible that p" is such that the statement in question can not be true if the person who makes it knows for certain that p is false... ...it is an use in which what it expresses is often expressed instead by the use of the word "it may""(Moore 1941, p. 232).

10 Es curioso que Moore no tenga en cuenta aquí la posibilidad de extender las hipótesis escépticas a la memoria. Tal vez habrá que hacer responsable de ello, como mantiene Baldwin (1990, p. 300), a la tesis defendida en otras partes por Moore de que la memoria es conocimiento inmediato del pasado.

11 Un operador de posibilidad V es más débil que otro operador de posibilidad W si, para toda fórmula p, Wp implica Vp, y no es el caso que para toda fórmula p, Vp implica Wp. Análogamente, se dice que la noción de posibilidad expresada por "V" es más débil que la expresada por "W".

12 Hay que decir que hay algunas partes de Moore (1941) que no son compatibles con esta exégesis; especialmente el último párrafo del artículo, en la que vuelve a identificar "lógicamente posible" con "auto-contradictorio". Debemos tener en cuenta, en cualquier caso, que el texto es muy confuso y que, como el mismo Moore declara en el prólogo a Moore (1959), contiene "bad mistakes" (recordemos también que el editor señala en nota al final del artículo que Moore estaba particularmente insatisfecho con los cuatro últimos párrafos de "Certaintity", precisamente en los que se formula de manera expresa el argumento modal y precisamente en los que la terminología es más vacilante). A este respecto, estoy convencido de que cualquier exégesis que se haga dará lugar a contradicciones cuando se utilice para interpretar el texto. Entre ellas, señalaré la de Stroll (1994, pp. 42-44), quien distingue entre una noción de "posibilidad lógica" (no auto-contradictoriedad) y una noción de "posibilidad epistémica" (por todo lo que sé, podría ser que..."), de tal forma que el escéptico derivaría del hecho de que es posible lógicamente que p el hecho de que es posible epistémicamente que p, lo cual no es cierto evidentemente cuando sé que p. Como se ve, Stroll reduce la ambigüedad a la que aquí denominamos "in sensu diviso-in sensu composito". Como ya he dicho en el texto, esta distinción es demasiado pueril (y fácil de explicar) como para que Moore pueda considerar que toda la efectividad persuasoria del argumento escéptico descanse en ella. En concreto, esta exégesis no explica por qué, después de haber efectuado esta distinción de forma clara y sencilla en la página 232 de Moore (1941) (cuando define un uso especial de "it is possible" como "it may") Moore se embarca en una cadena de nuevos análisis para distinguir otros usos de "it is possible that" no sinónimos con "it is not self-contradictory" que le ocupará hasta prácticamente el final del artículo.

13 Dentro de las leyes naturales incluyo también las que tienen que ver con el funcionamiento de nuestro aparato sensorial y de nuestro cerebro. Me apresuraré a decir, para evitar que se entienda este paso como una naturalización cientificista de la epistemología, que ni yo ni Moore (por lo que yo sé) estamos diciendo que sean las ciencias (Física, o Biología, o Neurología...) las que tengan la única o tan siquiera la última palabra para determinar si es posible o no que se dé tal posibilidad natural, o que haya que preguntar a las ciencias si sabemos o no sabemos enunciados sobre el mundo externo. La discusión sobre si las ciencias tienen un acceso privilegiado a este respecto es distinta e independiente de lo que aquí se discute. También me apresuraré a señalar que al hablar del "mundo" o "la realidad" tampoco estoy dando por sentado que el mundo esté constituido por y sólo por entidades materiales, o que las únicas leyes naturales sean leyes físicas, ni nada parecido. Cuestiones como la conveniencia o no de adoptar posturas como el naturalismo o el reduccionismo fisicalista son ajenas a la que estamos discutiendo aquí.

14 Curiosamente, Thomas Baldwin (1990) adscribe a Moore (1940) y Moore (1941) una posición más internista que en escritos anteriores. Esta interpretación se apoya a su vez en una presunta deriva de Moore hacia el fenomenalismo (entender los datos de los sentidos como puramente fenoménicos, y no como productos directas o indirectas de los objetos), lo cual hace que Baldwin entienda la propuesta del argumento analógico o inductivo como una salida coherentista. Teniendo en cuenta que Moore no hace mención alguna al problema de la percepción en estos escritos, y que no dice nada que haga pensar que su teoría de la percepción ha variado desde Moore (1925), así como que hay otra forma de entender la propuesta del argumento analógico o inductivo a la luz de los argumentos de la elección racional y modal (la propuesta aquí), considero al menos tan plausible la interpretación externista como la internista de Baldwin.

15 Moore (1941) dedica varias páginas a distinguir entre una noción de certeza subjetiva ("I feel certain that...") que no elimina el error y es relativa a la persona que profiere el enunciado, y una noción de certeza objetiva ("It is certain that...") que claramente sí elimina el error y es absoluta, y deja claro que la noción de certeza sobre la que quiere hablar es la objetiva.

16 Esa solución "modesta" a las paradojas escépticas recuerda a la suministrada por Wright (2004), si bien la propuesta de Wright, mucho más elaborada, tiene un carácter más internista y peligrosamente próximo al instrumentalismo. Véase Vilanova (2008) para un examen crítico de la propuesta de Wright.

17 Es probable que asistamos aquí a una evolución del pensamiento de Moore, desde de un Moore más internista en (1925) a un Moore más externista en (1941). Según uno se concentre en unos u otros escritos obtiene una de las interpretaciones que aquí discuto.

18 Así Hookway (1990, p. 59 y ss.) afirma que alguien podría aducir que un tal cerebro en la cubeta como el de Putnam no podría existir porque algo tan diferente de un ser humano real no podría tener estados mentales del tipo de las creencias. La introducción por parte de Hookway de elementos que nos llevan más allá de la posibilidad lógica resulta clara: "there may be technological, physical and physiological limitations to the extent of the deception which the wicked scientist could induce".

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