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Análisis filosófico

versión On-line ISSN 1851-9636

Anal. filos. vol.31 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires mayo 2011

 

RESEÑAS

 

Patricia Brunsteins, La psicología folk. Teorías, prácticas y perspectivas; Ediciones del signo, 2010, 254 pp.

La aparición de "La psicología folk. Teorías, prácticas y perspectivas", de Patricia Brunsteins, llena un vacío en la filosofía argentina e iberoamericana, que no ha producido demasiados textos sobre Psicología de Sentido Común. Si bien esta área de estudios ha sido una de las más ricas en discusiones e investigaciones de los últimos 30 años, los trabajos y contribuciones en español al respecto no acompañaron la profusa bibliografía editada en inglés, a excepción de algunos escritos y compilaciones sobre el tema que realizó uno de sus principales estudiosos en la región, Eduardo Rabossi, y a las contribuciones de Diana Pérez, Cristina González y la misma Brunsteins. En este sentido, el texto cumple un importante papel al exponer e iluminar cuáles fueron los debates producidos en esta área de la Filosofía de la Mente desde comienzos de la década del 80, cuando el interés por la manera en que se atribuyen estados mentales pasó del campo de la primatología al de la filosofía y la psicología. Además de presentar en detalle los puntos centrales del debate, la autora realiza un análisis crítico de los principales modelos propuestos y también da espacio a contribuciones menos transitadas en los textos tradicionales.
La manera en que la autora estructura casi un cuarto de siglo de disputas es a través de la propuesta de Alvin Goldman en Liasons (1992) de distinguir entre tres teorías diferentes a la hora de interpretar las actitudes proposicionales: las teorías psicológicas del sentido común, las teorías de la simulación y las teorías de la racionalidad o la caridad. Éste será el eje a través del cual se analizarán a los distintos aportes y posturas en filosofía y psicología y sus contribuciones teóricas y empíricas.
Así, el primer y segundo capítulo del libro están dedicados a analizar las ideas de los teóricos de la teoría y los problemas que esta concepción acarrea. Desde finales de la década del 80, Allison Gopnik y Henry Wellman trabajaron en modelos para entender la atribución de estados mentales en la explicación y predicción de la conducta ajena y propia a partir de una teoría implícita presente en todos los adultos normales y que es adquirida en los primeros años de vida. Si bien existen innegables atractivos en estas ideas, los inconvenientes y obstáculos a los que se enfrenta son numerosos y graves. El libro los plantea alrededor de la noción misma de "teoría" que se maneja en este campo y en qué sentido puede arribarse a una caracterización de este concepto que sea útil a los propósitos de la psicología folk y a la vez interesante para dar cuenta de su estructura.
En los dos capítulos siguientes se reconstruyen las principales versiones de la postura simulacionista –propuestas por Robert Gordon y el mismo Goldman– y las versiones híbridas de Jane Heal y Josef Perner. A partir de la distinción entre estas diferentes posiciones, se analizan sus respectivos inconvenientes. Brunsteins dedica un amplio espacio para exponer los problemas de prescindir de un cuerpo teórico y de un marco de trabajo a la hora de llevar adelante una simulación. Los inconvenientes que encuentra están relacionados con cuestiones teóricas de la simulación mental y con la evidencia empírica que suele mencionarse en este campo como una fortaleza de cara a los embates de la Teoría de la Teoría.
En el quinto y sexto capítulo del libro se aborda la cuestión de las perspectivas en la atribución de estados mentales, una faceta de los estudios de Psicología de Sentido Común que rara vez es distinguida al confrontar las dos estrategias expuestas en las páginas anteriores y cuyos enfrentamientos se extendieron a lo largo de la década del 90. Aquí Brunsteins diferencia entre aquellos que creen que se accede a la propia mente y a la ajena de un solo modo ya que la auto-atribución intencional no tiene nada de particular (lo que ella denomina Tesis A) y los que, en cambio, sostienen que ambos accesos están gobernados por mecanismos de diversa índole y alcance (Tesis B). Es a la luz de esta distinción que realiza un meditado análisis, que culmina con la redefinición por parte de Brunsteins de ambos enfoques de modo tal que las tesis puedan coexistir de modo no problemático sin entrar en colisión.
Esto le permite abrir el juego y exponer en el capítulo séptimo la perspectiva de segunda persona, presentada como una especificación de la primera tesis a partir de los desarrollos de Antoni Gomila Benejam y Carolina Scotto. Se trata de una atractiva opción para salir de ciertos atolladeros a los que se enfrentan los modelos tradicionales en sus discusiones, pero Brunsteins se muestra cautelosa a la hora de poner demasiadas expectativas en esta opción. De hecho, ella acepta que este enfoque es prometedor, aunque siempre como un complemento de la primera y la tercera persona y nunca como una opción única o excluyente.
Finalmente, el libro termina con la exploración de la última postura que originalmente propuso Goldman: las teorías de racionalidad o caridad. Esta opción, sin embargo, es rechazada por pecar de exceso. La racionalidad es mucho más que una estrategia de atribución mental ya que acompaña numerosos procesos mentales y puede ser acoplada a los otros dos modelos.
El recorrido de estos ocho capítulos lleva a Brunsteins a desechar por inadecuado el esquema tripartito de Goldman, tanto porque no abarca el espectro completo de estrategias posibles como porque al introducir a la racionalidad trae un elemento que excede, a las claras, el rol que pretende darle en la Psicología de Sentido Común. De este modo, en La psicología folk...se rechazan tres supuestos compartidos por la mayoría de los autores analizados. En primer término, niega que las distintas estrategias de atribución mental sean las únicas maneras de dar cuenta de los procesos de atribución o que sean excluyentes, ya que es plausible –e incluso esperable– que un mismo sujeto eche mano a distintos modos de atribución de acuerdo a las circunstancias a las que se enfrente. En segundo lugar, socava la pretensión de independencia de estas estrategias, demostrando que comparten bases comunes que vuelve borroso el límite entre la teoría de la teoría, la teoría de la simulación y las teorías que suponen la racionalidad. Finalmente, sostiene que no tiene sentido esperar que todos los casos de explicación de una conducta puedan ser abarcados por una sola estrategia, ya que la diversidad de situaciones y estados mentales es tal que vuelve improbable que un único esquema pueda ser exhaustivo.
La postura de Brunsteins, entonces, es abogar por un modelo mixto en el que las tres estrategias principales no se encuentran en compartimentos separados y aislados, sino que se contempla la posibilidad de que haya atribuciones en las que se parta de una base teórica, otras a partir de habilidades como la simulación y otras en que se tomen en cuenta criterios para una "buena teoría de la racionalidad", una opción que no ha tenido la suficiente atención por parte de los estudiosos. Esta heterogeneidad a la hora de abordar a la psicología folk no es sino el reflejo de la heterogeneidad que la autora ve no sólo en la Psicología de Sentido Común, sino también en los tipos de estados mentales a atribuir: la teoría de la teoría resulta más conveniente para las actitudes proposicionales, mientras que la simulación parece mejor para los estados mentales como las sensaciones y las emociones, aunque no se trata de modos excluyentes.
La psicología folk. Teorías, prácticas y perspectivas, se erige de este modo como una obra bienvenida y necesaria, que resume en poco más de 250 páginas un intenso y complejo debate. Quizás por cuestiones de espacio o por el recorte temporal que elige la autora, en sus páginas no hay referencias a las neuronas espejo, a las contribuciones de corte modularista o a los aportes surgidos desde la cognición social y el narrativismo. Pero más allá de esto, se trata de un libro que invita a especialistas en Filosofía de la Mente y a filósofos en general a seguir indagando sobre el tema y a reconocer los límites y alcances de las propuestas más importantes.

(Tomás Balmaceda)