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Prismas

versión On-line ISSN 1852-0499

Prismas vol.14 no.1 Bernal jun. 2010

 

RESEÑAS

Enzo Traverso,
A sangre y fuego. De la guerra civil europea, 1914-1945,
Buenos Aires, Prometeo, 2009, 296 páginas

Tal como gratamente viene sucediendo con gran parte de su obra, un nuevo libro de Enzo Traverso ha sido traducido al castellano.1 Publicado originalmente en el año 2007, A sangre y fuego indaga algunos de los rasgos sustanciales de la Europa del período enmarcado entre las dos guerras mundiales, etapa crítica y trágica jalonada por la conjunción de una compleja serie de conflictos de inusitada violencia, y en la cual se produjeron fenómenos como el horror de la muerte sistemática y el genocidio. Con la pericia y profundidad a que nos tiene acostumbrados, el historiador italiano radicado en Francia nos ofrece aquí un ensayo interpretativo en el cual prevalece el desarrollo argumentativo de ciertos ejes explicativos que, aunque siempre se intentan fundamentar históricamente, articulan un relato distante de una narración cronológica tradicional. Dividido en dos mitades de cuatro capítulos, el libro propone en su primera parte una discusión general sobre diversos aspectos cruciales del período que permitirían caracterizarlo como de "guerra civil", y en la segunda parte una exposición de algunas configuraciones clave del imaginario social, la cultura política y, con mayor detenimiento, ciertas representaciones presentes en la producción de intelectuales paradigmáticos como Ernst Jünger y Carl Schmitt desde la derecha, o León Trotsky y Walter Benjamin desde la izquierda, entre otros.
Probablemente la decisión de Traverso de utilizar el término de guerra civil para condensar la lógica del período se halle bajo la influencia del debate suscitado en Italia tras la publicación de un notable libro de Claudio Pavone sobre la resistencia durante la Segunda Guerra, libro en el cual se concebía a esta última como una conjunción entre guerra de liberación, guerra de clases y guerra civil.
2 Por otra parte, el autor presenta una amplia serie de antecedentes en tal línea de interpretación, procedentes incluso del mismo momento estudiado. No puede dejar de nombrar aquí el conocido trabajo de Ernst Nolte que sistematizó el uso de guerra civil a nivel europeo,3 aunque bolchevismo, México, FCE, 1994. destacando su distancia crítica con esa visión profundamente conservadora que intentaba explicar al nazismo en términos de mera reacción al bolchevismo. En este sentido, tal como lo había hecho en trabajos anteriores, Traverso polemiza con aquellas interpretaciones que intentaron igualar los demonios "negro" y "rojo" bajo el signo común del totalitarismo, reconociendo al mismo tiempo el carácter trágico de una revolución que resultó ser tanto un acto emancipador como origen de un régimen despótico.
Más allá de estos antecedentes, el autor apela en términos conceptuales a clásicos de la filosofía política como Hobbes y Schmitt y destaca que si la noción de guerra civil alude a un conflicto en el interior de una comunidad política que implica la ruptura del orden y la normatividad, también supone una oposición entre enemigos que colocan al otro en el lugar del no-derecho y, por tanto, lo vuelven posible objeto de destrucción. Se trata de una guerra fratricida en la cual la anomia jurídica tiene por contraparte una emotividad y compromiso extremos que conducen a una violencia desatada. Según Traverso, ésta ha sido precisamente una característica progresivamente profundizada durante el período estudiado, el cual se inicia con una guerra que estalla a la manera de un clásico conflicto interestatal pero rápidamente se transforma en una guerra total -desdibujándose las normas que protegían a la población civil- seguida por toda una oleada de revoluciones y crisis en el interior de diversos estados; luego la Guerra Civil Española oficia de preámbulo a una segunda conflagración continental y mundial en la cual se enfrentan visiones político- ideológicas opuestas y se producen escenarios de una extrema violencia, dando lugar a un contexto en que se producen por ejemplo las atrocidades del frente oriental o los genocidios gitano y judío. Para el autor, en fin, el concepto de guerra civil coloca en el centro de la reflexión histórica el vínculo entre la caída de una normatividad anteriormente operante en el espacio europeo4 y la emergencia de una violencia de niveles insospechados: "[La guerra civil] es siempre una mezcla de anomia jurídica y de plenitud pasional llevada al extremo, como si el vacío creado por la caída de las normas se llenara por un contenido emocional nuevo. El combate ya no es legitimado, y mucho menos regulado, por la ley, sino por convicciones éticas y políticas superiores que hace falta defender hasta el fin, de la forma más intransigente posible, al precio de la vida del enemigo -un enemigo cercano, conocido-, y si es necesario al precio del sacrificio de la propia vida. Los valores que ocupan este espacio anómico son, según el caso, los más nobles y los más abyectos, o a menudo una mezcla de ambos" (p. 77).
Es preciso aclarar que esta caracterización de ninguna manera pretende equiparar desde un ideal normativo retrospectivo a aquellas pasiones político-ideológicas que desataron una violencia extrema. Traverso critica explícitamente la anacrónica pretensión de comprender a la Europa de entreguerras a partir de categorías de la democracia liberal como si se tratara de valores atemporales. Por otra parte, destaca la relación entre tal operación y la tendencia a no distinguir entre los objetivos y las motivaciones de los diferentes actores políticos. Por el contrario, su interés es el de contribuir al rescate, con las críticas pertinentes, de una memoria del antifascismo que, al historizarlo, lo vuelva inteligible y reconozca la relevancia de su combate. Hacia el final de la introducción a su trabajo, incluso, explicita la existencia de un vínculo entre tal rescate y el de su propia experiencia política en cuanto miembro de la generación militante de los '60 y '70, en gran parte heredera del lenguaje y de imaginario revolucionario forjado durante aquel período de guerra civil.
Entre los principales aportes del libro se encuentra sin duda la brillante sistematización de las formas de violencia propias de la guerra civil europea. Traverso diferencia aquí entre una "violencia caliente" que se despliega bajo la forma de la transgresión, guardando parecidos con la fiesta, y una "violencia fría" propiamente moderna, sólo posible gracias a la existencia de un importante avance técnico. Siguiendo las ideas de Norbert Elias en torno al desarrollo de un proceso civilizatorio, la violencia caliente implicaría una clara regresión en tanto liberación de las pulsiones agresivas, pasando de ser medio instrumental a adquirir una dinámica propia, convirtiéndose en fin en sí misma, en venganza y crueldad. La violencia fría, en cambio, se imbrica con aquel proceso ya que supone fenómenos plenamente modernos como la monopolización de las armas, la racionalidad administrativa y productiva, la división del trabajo y la fragmentación de tareas, el autocontrol de las pulsiones, etc., dando por resultado una separación espacial entre ejecutores y víctimas y una declinación en la visibilidad de las consecuencias mediatas de los actos, y por tanto en la responsabilización de los agentes implicados. Ahora bien, lo específico de la guerra civil europea radica, según Traverso, en la conjunción entre esta violencia caliente "salvaje y ancestral" y la violencia fría plenamente moderna, "la tecnología de los bombardeos aéreos y el exterminio industrial en las cámaras". En este sentido, y a diferencia de lo esgrimido por Elias, fenómenos como el nazismo no pueden explicarse como una mera regresión civilizatoria, sino más bien, a la manera de Walter Benjamin, reconociendo el civilización y barbarie.
En términos políticoculturales, la época de la guerra civil europea presenta un panorama en el cual las opciones tienden a polarizarse y donde la actitud neutral o indiferente se va haciendo cada vez más difícil de sostener. En la segunda parte del libro, Traverso examina distintos aspectos de aquel universo, mostrando los posibles puntos de contacto pero también la enorme distancia existente entre los campos revolucionarios y contrarrevolucionarios. En una iluminadora sección recorre por ejemplo la relectura de Hobbes realizada por Carl Schmitt, Leo Strauss y Franz Neumann, destacando la similitud en su atención a ciertos tópicos de aquel autor clásico (el temor a la muerte, la oposición entre orden y anarquía) así como el contraste entre las conclusiones a que arriban. De igual modo, se subraya el trasfondo común que volvía posible el profundo interés e intención de diálogo (finalmente trunco) entre Walter Benjamin y el mismo Schmitt, pero también, como en el caso anterior, la irreductible diferencia entre el nihilismo mesiánico del primero y el decisionismo del segundo.
Al cierre del libro nos encontramos con un último capítulo en el cual Traverso discute ciertos aspectos del antifascismo. En primer lugar, su propósito es rebatir ciertas tesis de un tan difundido como poco juicioso libro de François Furet, en el cual prácticamente se asimila el antifascismo al comunismo.5 En segundo lugar, se propone explicar las dificultades por las cuales casi no existió una crítica al estalinismo desde el campo antifascista y, en vínculo con una investigación anterior, por qué el genocidio judío y gitano no ocupó, excepto pocas excepciones, un lugar central en la crítica inmediatamente posterior a la derrota del nazismo (anteriormente, en la misma línea, se enfatiza la relativamente escasa importancia que les cupo a los mismos en los juicios de Nüremberg). Se trata, en fin, de una revisión del pasado antifascista, pero alejada de los "revisionismos" en boga desde hace tiempo, que sin discriminar y con mirada poco histórica igualan todo movimiento revolucionario como "catástrofe humanitaria o ejemplo escalofriante de la maleficencia de las ideologías". Una memoria no amnésica implica en cambio, desde un punto de vista histórico, contextualizar las específicas formas de violencia y, desde el punto de vista político defendido por Traverso, ser tan (auto) crítico como comprometido, tal vez a la manera de Victor Serge (cuya mirada de la Revolución Rusa es revalorizada frente a la de Trotsky en algún pasaje). Sin dudas este importante texto, profundo y polémico, y tan riguroso como franco, invita a reflexionar en tal dirección.

Damián López

UBA / CONICET

Notas

1Un dato que demuestra el interés por la obra de Traverso es también que el libro reseñado haya sido simultáneamente editado en España (con la misma traducción) por Publicaciones de la Universidad de Valencia.

2Claudio Pavone, Una guerra civile. Saggio storico sulla moralitá nella Resistenza, Turín, Bollati Boringhieri, 1990.         [ Links ] Sobre la polémica y difusión de las tesis del libro puede verse Gabriele Ranzato, "El "descubrimiento" de la guerra civil", Ayer, Nº 22, Madrid, 1996, pp. 17-26.         [ Links ]

3Ernst Nolte, La guerra civil europea, 1917-1945. Nacionalsocialismo y bolchevismo, México, FCE, 1994.         [ Links ]

4Se trata de un conjunto de reglas e ideas sobre la "civilización" que pertenecen a los específicos espacio y tiempo europeos del siglo XIX y principios del XX. Por tanto, no incluían a otros espacios y, como enfatiza Traverso en un pasaje del libro, las masacres del colonialismo europeo, donde no se reconoce legitimidad alguna al rebelde indígena, constituyeron un modelo para las guerras totales del siglo XX.

5François Furet, El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista, México, FCE, 1995.         [ Links ]