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Prismas

versión On-line ISSN 1852-0499

Prismas vol.14 no.1 Bernal jun. 2010

 

RESEÑAS

Rafael Rojas,
Las Repúblicas de Aire: Utopía y desencanto en la revolución de Hispanoamérica,
México, Taurus, 2009, 422 páginas

El presente volumen, ganador del premio al ensayo Isabel Polanco, expone una provocadora visión de los pensadores y los actores de las revoluciones hispanoamericanas desde la perspectiva de la historia intelectual. Rafael Rojas, conocido ya por su trabajo Tumbas sin sosiego, demuestra una vez más su habilidad para presentar de una manera creativa e innovadora a quienes ya han sido tratados con bastante frecuencia. El libro no es una prosopografía en el sentido clásico, a pesar de que aproxima a un grupo de hombres que encabezaron las guerras de independencia y formaron las nuevas repúblicas entre 1810 y 1830. Se trata en cambio de un esfuerzo por entender la manera de pensar y de operar de una generación, enfocándose en sus ideas y luego explorando la vigencia, no sólo de estas ideas sino también de los mecanismos utilizados para discutirlas y difundirlas. Si bien se trata según la primera línea de la introducción de "los dilemas intelectuales de los primeros republicanos de Hispanoamérica", el libro se extiende hasta lo que Rojas llama el "auge de ese primer republicanismo" a mediados del siglo XIX, e incluso hasta los inicios de la independencia cubana en el último tercio del siglo.
El ensayo se enmarca en la literatura reciente sobre republicanismo, siguiendo las ideas de Pocock. Como casi todos los trabajos sobre republicanismo -un tema sobre el cual Rojas editó en el 2002 un libro con José Antonio Aguilar-, se da por sentado que el término mismo no necesita ser discutido. Esta falta de discusión por un lado se suma a un uso amplio del término republicanismo, entendiéndolo a veces simplemente como un tipo de gobierno diferente al monarquismo, y otras muchas más bien como una manera de pensar, diferente al nacionalismo o al romanticismo utilizado generalmente para describir a los miembros de la generación estudiada. Es sin duda bienvenido el esfuerzo de Rojas por tratar de restituir a estos pensadores a su lugar histórico y entenderlos desde sus mismas lecturas y desde las realidades que les tocó vivir, en vez de verlos tan sólo como los símbolos fundadores de las naciones en que los convirtió la historiografía. Sin embargo, existe también un riesgo en el uso del término "republicano", en este sentido tan amplio, ya que se puede extender hasta abarcar prácticamente a todos los pensadores de ese tiempo, e incluso a aquellos que no fueron parte de la generación discutida pero utilizaron algunas de sus ideas.
El título del libro, una alusión a una frase muy conocida de Bolívar, presenta el dilema central de la obra y pone en relieve la precariedad sobre la que se construyeron las repúblicas en cuestión. El ensayo se enfoca en tres ejes de discusión: revolución y república, traducción y exilio, y utopía y desencanto. Cada uno de ellos es desarrollado con copiosos ejemplos sacados de las vidas de los pensadores, tanto de sus acciones como de sus escritos y lecturas, y viendo cómo cada uno de los exponentes encara las dificultades a las que se enfrenta en las cambiantes circunstancias en que les toca vivir. Rojas rescata el importante panamericanismo que los caracteriza y nos recuerda que se formaron en un espacio en el cual no existían naciones diferentes y que fueron ellos quienes estuvieron a cargo de imaginarlas.
Los primeros dos capítulos se detienen sobre el primer eje, comenzando con una exploración del tema de la frontera, cómo ésta debe establecerse y la manera en que, por su condición de vecindad con los Estados Unidos, la frontera queda en México. Rojas explora luego las tensiones en el paso de reino a república, pensando en los experimentos autonomistas, en los que una vez más México resulta paradigmático por su experiencia imperial. Es aquí donde se comienza a tratar uno de los temas más fascinantes del libro, el de la traducción, ya que no se trata únicamente de la traducción de los textos de un idioma a otro, sino también de la traducción de las ideas mismas a una realidad diferente. El tercer capítulo pasa ya más de lleno al tema de la traducción y ve además los mecanismos por los cuales las ideas llegan a traducirse y la importancia de las comunidades de exilio y las marcas permanentes de esta experiencia, como se ve en los casos que se contrastan de Fray Servando Teresa de Mier y Andrés Bello, quienes desde sus exilios de Filadelfia y Londres obtienen visiones muy distintas del republicanismo.
En el cuarto capítulo sobre José María Heredia y la tradición republicana se comienza a ver el tema del desencanto. La experiencia de este exilado cubano en México le permite a Rojas mostrar los límites de ese republicanismo, federal y liberal, que termina por alienar a antiguos participantes, como este ilustre poeta cubano que prefiere en 1836 volver a Cuba y abjurar de sus ideas independentistas, después de su tiempo a cargo del periódico El Conservador. El capítulo que sigue sobre Andrés Bello trata de explicar la inclusión de este pensador entre los republicanos debido a su conocido apoyo a los conservadores chilenos que organizaron el estado portaliano. Según Rojas, en Bello "no se trataba, meramente, del desplazamiento a un 'liberalismo conservador', sino de la preservación de los valores republicanos en medio de la negación de sí que postulaban los discursos liberales" (p. 215).
Los últimos tres capítulos, a pesar de ser tal vez los más innovadores e interesantes del libro, resultan de alguna manera una digresión, en la medida en que están muy lejos de los "primeros republicanos" que se pretende estudiar. El argumento es que, a mediados de siglo, en esos grupos de exilio se da el auge del primer republicanismo. Esto no resulta tan convincente ya que los dilemas a los que se enfrentan los exilados mexicanos y cubanos en Nueva Orleans en la segunda mitad del siglo XIX fueron muy diferentes a los vividos por la generación anterior. Estamos aquí ante el expansionismo norteamericano tanto en México en la posguerra, como en el Caribe, donde los independentistas cubanos unen fuerzas con los imperialistas norteamericanos en pos de terminar con el régimen colonial. Las historias que narra Rojas en esta sección son fascinantes, y si bien presentan ecos de las que discute en la primera sección del libro, las conexiones son en algunos casos muy tenues y muestran la tensión al centrarse en el término republicano, que por su polisemia puede llegar a englobar tantas cosas, muchas de ellas bastante disímiles.

Natalia Sobrevilla Pera

Kent University - Reino Unido

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