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Prismas

versión On-line ISSN 1852-0499

Prismas vol.14 no.2 Bernal dic. 2010

 

DOSSIER

David Viñas: relecturas

Hugo Vezzetti

Universidad de Buenos Aires / CONICET

Leí Literatura y realidad política en los años '70. Es una obra que tuvo un impacto importante en mi primer libro, La locura en la Argentina. Viniendo de fuera de las letras, lo que me interesaba era lo que Viñas permitía leer en la literatura; es decir, lo que decía y mostraba de lo que no es literatura, lo que en ella podía leerse de la sociedad y la política, del pensamiento y las ideas, de las configuraciones del poder en el plano de la cultura. Creo que sin el impacto de ese libro no me hubiera animado a incluir textos de ficción del modo que lo hice, en una suerte de corpus unificado con los textos médicos. Lo que más me atrajo, porque era lo que yo estaba trabajando, fue el trabajo crítico sobre Sarmiento, Mansilla, Cané, en fin, el '80 y el fin de siglo.
Además, viniendo del marxismo, me atraía el modo en que las relaciones de clase encontraban una suerte de escenificación en ciertos tópicos: el viaje, el niño y los criados, la oligarquía develada en una constelación de rituales y apellidos. Y, por supuesto, me convencía el modo en que el análisis se refería a la materialidad de los cuerpos y a una dimensión subjetiva de las relaciones de poder. Si pude hablar, en mi primer libro, de un "ego oligárquico" creo que era una suerte de préstamo que tomé (o de homenaje si se quiere) de esa modalidad desbordada, esa audacia en el tratamiento de los textos y los autores.
Vuelto a leer ahora es fácil constatar los límites, las reducciones y cierto esencialismo en las categorías de clase, la superposición rápida de los textos con la biografía, ciertos estereotipos: por ejemplo esa visión de la oligarquía como un sujeto absoluto, que se despliega y se revela en ese gran relato del poder a través de la literatura. Sin embargo, hay algo que resiste: la escritura, que es algo más que el estilo; una política de la escritura que mantiene su fuerza y toda su capacidad de una crítica que trabaja los textos, los usa, los recompone para construir un nuevo texto. El trabajo de las citas, las comillas, los modos de intervención, que arman nuevas relaciones, la enunciación contundente, irónica hasta el sarcasmo: todo ello construye una interminable glosa que el propio Viñas se ha ocupado de reescribir una y otra vez.
Es el trabajo textual lo que me sigue impresionando en ese libro: la atención a la lengua, el modo como destaca los términos, los adjetivos, los posesivos, los verbos. Ese trabajo produce, más que descubre, una materialidad del sentido en esa materia lingüística, en el despliegue mismo de una escritura que transgrede cualquier pretensión de neutralidad o de distancia, hecha de tensiones, posiciones, iluminaciones, en la trama que relaciona obras, autores, políticas y posiciones de clase. Es una escritura trabajada por la pasión (por momentos desbocada y arbitraria) pero también por una singular inteligencia del corpus que recorre.
Es claro que construye sus propias ficciones, motivos que le permiten trazar recorridos: el viaje, el ocio, la infancia y las relaciones domésticas; inventa figuras de la ciudad (la promiscuidad, la invasión, Sodoma/Atenas) y explora las marcas corporales que revelan, denuncian puede decirse, las pertenencias sociales. En esos gestos del cuerpo reside una verdad inmediata, que desmiente las imposturas de una enunciación que en la literatura siempre es engañosa, sobre todo cuando expresa la posición de las élites (que es por otra parte la literatura que le interesa y que mejor conoce). Pero no se limita a la denuncia destemplada: en los sueños y los paseos de Alberdi, los cuchicheos y rezongos de Sarmiento, los consumos de Mansilla, la narración convierte a los autores en personajes que cobran vida propia y desbordan los estereotipos atribuidos a su clase. La mirada crítica ahonda en las profundidas del yo: ansias y pudores, temores, humillaciones, sentimientos de triunfo, deseos e identificaciones, interiorización y distinción. La narración del viaje se descompone en las pequeñas ficciones que toman a esos viajeros singulares y que reconstruyen libremente una experiencia del fuero íntimo.
El tema del viaje se reproduce en el propio itinerario que construye, a partir de un dispositivo reiterado, que habla de pasajes, traslados y desplazamientos temporales: "de... a... "; (por ejemplo, "del viaje colonial al viaje estético", "de Amalia a Beatriz Guido", "De Sarmiento a Cortázar"). Creo que Viñas impuso un corpus, una suerte de totalidad en movimiento y a la vez siempre inconclusa, que llama a la reescritura, el agregado, la corrección; un corpus que se recorre en el tiempo, desde el pasado al presente y desde el presente al pasado. Y a la vez implantó un modo de trabajo de los textos que establece series, tránsitos y préstamos. Una forma de esas relaciones es la enumeración de autores que fija entre ellos filiaciones, homologías, recurrencias.
Este libro es uno de nuestros clásicos, del ensayo y de la literatura crítica, una suerte de ¿Qué es la literatura? (o ¿qué es la crítica cultural?) a tono con la sensibilidad de una época, los años '60, de renovación de los saberes sobre la sociedad y también de renovación del marxismo. Dejó una marca en la crítica literaria, de algún modo fundó o renovó una tradición sociocrítica que encuentra sus objetos (la "realidad política" del título, la sociedad y el poder), en las mismas obras y en el propio trabajo sobre los textos. Pero merece ser igualmente reconocido como un clásico de la historia intelectual y cultural de las ideas en la Argentina, que muestra lo que puede leerse en un corpus de ficción, en un sentido que rompe con una idea simplemente documental. En ese sentido, merece el trabajo de relectura que hoy se propone.