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Prismas

versión On-line ISSN 1852-0499

Prismas vol.15 no.2 Bernal jul./dic. 2011

 

DOSSIER: El siglo XIX de Tulio Halperin Donghi

Presentación

 

Jorge Myers

Universidad Nacional de Quilmes / CONICET

 

En 1951, en el marco del centenario de la muerte de Esteban Echeverría, que para la oposición al régimen entonces en el gobierno debía servir como motivo para producir un homenaje alternativo al oficial que un año antes se le había brindado al general José de San Martín, uno en el cual se ofrendarían con una prodigalidad a veces excesiva elogios a ese opositor intelectual y político de la "primera tiranía" que supo ser el autor de Las Rimas, Tulio Halperin Donghi publicó su primer libro, El pensamiento de Echeverría. Al asomarse a las páginas de ese libro cuyo título tan sobriamente descriptivo eludía cualquier anticipo de análisis polémicos, los primeros lectores han debido sorprenderse ante una lectura iconoclasta, por momentos irreverente, y siempre profundamente perspicaz, que distaba mucho de acompañar el espíritu del proyectado "contra-homenaje" al adalid de Mayo, que había concitado la participación de tantas plumas prestigiosas provenientes del arco opositor al régimen vigente. El libro señalaba que las ideas de Echeverría sobre el rol de los gobiernos municipales mostraban un parecido demasiado estrecho con aquellas que en el presente solían resumirse bajo el rótulo de "democracia orgánica" y que todo el proyecto del Dogma socialista estaba viciado -desde el punto de vista de un liberal como Echeverría- por su profundo antiliberalismo: "Ya se ha visto cómo, por debajo de las opiniones de Echeverría sobre política hay otro dato mucho más hondo y esencial: su liberalismo. El liberalismo es hasta tal punto la atmósfera que envuelve el pensamiento todo de Echeverría, que éste es incapaz de advertir que ciertas conclusiones antiliberales a las que no puede menos que llegar su pensamiento son efectivamente antiliberales. Pues ocurre que dentro del sistema de ideas que hizo suyo Echeverría no hallaba lugar legítimo su liberalismo, un liberalismo que no implicaba tan sólo querer que fuesen toleradas las opiniones que disentían de la suya, sino ver como justificada y legítima esa disidencia. Pero esto último era incompatible con esa oposición entre las fuerzas del bien, que levantan el Dogma por bandera, y las malignas del 'insociable y bárbaro egoísmo'". Al hacer esto, el joven historiador que era entonces Tulio Halperin Donghi se distanciaba de los usos de Echeverría y su obra que pretendía la oposición antiperonista en aras de una lectura históricamente precisa de los contenidos efectivos de la misma. En un gesto que definiría el sentido profundo de su obra histórica dedicada al siglo XIX, su libro demostraba que había preferido elaborar una interpretación históricamente fidedigna de su objeto de estudio en vez de contribuir con un panfleto más a la ya larga tradición de utilizar la historia de los orígenes de la República Argentina como insumo para las batallas ideológicas del siglo XX, una utilización que sacrificaba casi siempre la posibilidad de una comprensión equilibrada del siglo anterior a las polémicas políticas del momento. Ese libro, que marcó la irrupción de una voz nueva y de una mirada renovada en el campo de los estudios históricos dedicados a dilucidar nuestro complejo, tortuoso y por momentos hasta aparentemente inasible siglo XIX, cumple este año 60.
Diez años más tarde, en 1961 y en diálogo con la producción histórica motivada por el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, Halperin publicó un libro cuya complejidad argumentativa y precisión analítica han hecho de él, con el paso de los años, un clásico de la historiografía argentina e iberoamericana: Tradición política española e ideología revolucionaria de Mayo. Mucho antes de que, en la estela de sendas obras de Mario Góngora y de José Carlos Chiaramonte, se popularizara el término "Ilustración católica", Halperin había demostrado en ese libro hasta qué punto la búsqueda de doctrinas políticas (con sus lenguajes y sus vocabularios específicos) para legitimar el nuevo orden que comenzaba a perfilarse luego de la crisis de la monarquía imperial y la creación de la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires derivó en soluciones ideológicamente plurales y no siempre demasiado preocupadas por las contradicciones que podían surgir del uso simultáneo de fuentes tan diversas como aquellas halladas en el renacer del pensamiento escolástico español del siglo XVII o en las propuestas más radicales de la filosofía política del siglo de las luces. Tomando como punto de partida el hecho de la revolución y no la visión que de los lenguajes políticos ofrecía entonces la historia más tradicional y pedestre de las ideas -separados en sus respectivos compartimentos suprahistóricos- pudo reconstruir de un modo más rico en sugestiones y más matizado en cuanto a sus conclusiones la historia de los vocabularios conceptuales para nombrar lo político que en ese momento histórico preciso se hallaban disponibles para los publicistas y los políticos encargados de construir y legitimar el nuevo orden en ciernes. Adelantado a su época y publicado en un país que ya comenzaba su largo descenso hacia la periferia del mundo, tuvo que esperar a una nueva edición publicada en los años 1980 -cuando el nuevo clima de ideas historiográfi cas impulsado por François- Xavier Guerra y su escuela dio lugar a lecturas que no podían sino ver en él (dijéranlo o no sus nuevos lectores) el antecedente más ilustre del nuevo modo de enfocar la historia del derrumbe del Imperio Español en las Américas- para adquirir el estatuto de una pequeña obra maestra y un hito fundamental en la elaboración de una nueva visión del siglo XIX argentino y latinoamericano, que hallaría su expresión clásica once años más tarde en Revolución y guerra.
El ciclo de los libros publicados por Halperin que se inició con El pensamiento de Echeverría cumple este año 60, su primer libro de fundamental importancia para la interpretación del siglo XIX, Tradición política española e ideología revolucionaria de Mayo, cumple su medio siglo, y -para que no se piense que los editores de Prismas nos hemos vuelto de pronto adeptos a alguna rama arcana de la numerología- su obra más importante dedicada a ese siglo, Revolución y Guerra, no cumple 40, sino tan sólo 39 (que han bastado para conferirle con toda justicia el estatuto de un clásico de la disciplina histórica que se practica en nuestra lengua): es por este motivo que los editores de Prismas hemos pensado que el dossier de 2011 de nuestro anuario debía estar consagrado a una reflexión sobre "el siglo XIX de Tulio Halperin Donghi". El dossier ha sido organizado con la intención de que ofreciera un abordaje relativamente amplio de una obra cuya reconstrucción de nuestra visión del siglo XIX ha sido tan múltiple en sus objetos cuanto compleja en la estructura de sus análisis y argumentos. A diferencia de los dossier anteriores que ha publicado Prismas, se ha optado por ende, en esta ocasión, por presentar una discusión no de un único libro sino de varios, invitando a especialistas en los distintos temas que en ellos aparecen explorados a contribuir con una breve valoración historiográfica (y, si les resultara pertinente, también personal) del libro que les fuera asignado. La selección de los mismos ha sido hecha en función de la identidad fundamental de nuestra publicación, que es, claro, como su subtítulo lo indica, una revista académica dedicada al campo de la historia intelectual. Esta regla ha sido aplicada de un modo hasta cierto punto flexible, ya que si bien ciertos estudios nacidos de la pluma de Tulio Halperin Donghi, como Guerra y finanzas, difícilmente podrían ser forzados a incluirse dentro de este particular lecho de Procusto disciplinar, hay otros en que la historia de las ideas, de las ideologías o de los intelectuales, aunque no hayan ocupado el centro de su reflexión, no por ello han dejado de estar presentes. Es el caso de la Historia contemporánea de América Latina, cuya inclusión ha respondido en parte al deseo de ampliar el universo de especialistas invitados de otros países de América Latina, más allá de los límites del Río de la Plata. También es cierto que hay omisiones importantes, como ocurre casi siempre cuando existe la necesidad, por razones de espacio, de realizar una selección, sobre todo a la luz de la decisión adoptada, por razones logísticas también, de proponer tan sólo libros para la discusión del dossier. Ésta es la razón por la cual algunos textos importantes (y pertinentes a la temática de nuestra revista) han debido ser excluidos. El rico surtido de ensayos que compone El espejo de la historia ha sido dejado de lado, pues, por la propia naturaleza del libro: si bien casi todos sus capítulos interrogan, en algún momento de su discurrir, distintos aspectos de la historia decimonónica de la Argentina y de América Latina, la variedad de temas abordados parecía exceder las posibilidades de un análisis del mismo que fuera a la vez inteligente y breve. De todos ellos el texto ausente que más ha sido sentido por los miembros de nuestro comité editorial es, por supuesto, el ensayo fundacional, tan rico en observaciones críticas, en señalamientos originales y en un escepticismo sano y fecundo, "Intelectuales, sociedad y vida pública en Hispanoamérica a través de la literatura autobiográfica": un texto que constituye uno de los antecedentes genealógicos inmediatos -junto con otros, como La ciudad letrada, de Ángel Rama- de la obra Historia de los Intelectuales en América Latina, como nunca ha dejado de reconocer su director, Carlos Altamirano.
Hechas estas aclaraciones, el lector encontrará en las páginas de este dossier una reflexión redactada por 17 especialistas en torno a seis de los libros más importantes que han servido de vehículo para la renovación que durante tantos años Halperin Donghi ha venido elaborando de nuestra imagen del siglo XIX rioplatense y latinoamericano. Acechado por el riesgo de verse encerrado en una serie de disputas tan estériles cuanto acartonadas o de ser lisa y llanamente -la opción durante tantos años tomada por la historiografía anglosajona- consignado "à la poubelle de l'histoire", el trabajo de historiador de Tulio Halperin Donghi ha sabido devolverle -como ha observado más de un autor de este dossier- su intriga, su fascinación, su "élan" vital a nuestro convulsionado y dramático siglo XIX. Como hemos comprobado más de uno de los que hemos leído su obra, la sensación que se experimenta al tomar contacto con ella por primera vez se asemeja a la que se siente cuando se pasa, sin solución de continuidad, de mirar un cuadro de Prilidiano Pueyrredón o de Carlos Pellegrini a otro de Cándido López o de Juan Manuel Blanes. Aun cuando el paisaje y sus habitantes siguen siendo los mismos, se presentan transformados ante nuestra mirada, o por la precisión mimética de Cándido López o por la maestría estética de las pinturas más maduras de Juan Manuel Blanes, que supieron captar y mostrar el horizonte ausente de las pampas. Es ese paisaje transformado, complejizado, reencuadrado de nuestro siglo XIX el que este dossier propone examinar. Propone pensar el siglo XIX de Tulio Halperin Donghi, propone pensar le travail de l'oeuvre de Halperin.