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Prismas

On-line version ISSN 1852-0499

Prismas vol.15 no.2 Bernal July/Dec. 2011

 

DOSSIER: El siglo XIX de Tulio Halperin Donghi

Bases y puntos de partida para comprender el siglo XIX argentino

 

Gabriel Di Meglio

Universidad de Buenos Aires / CONICET

 

En 1972 se publicaron dos libros de Tulio Halperin Donghi destinados a ser clásicos. Uno, Revolución y guerra, adquirió a lo largo de los años un carácter cuasi sacro. Por lo general, quien se dispone a leerlo sabe que está en presencia de un texto mayor, sospeche o no que ha sido determinante de la forma en que el campo historiográfico argentino ha pensado en las últimas décadas el momento independentista e incluso todo el siglo XIX; su ya legendaria prosa refuerza ese lugar canónico cuando se comienza a recorrer sus páginas. Por el contrario, el aura de De la revolución de independencia a la confederación rosista es menos solemne, aunque también ha envejecido estupendamente y es de una profundidad semejante a la de su "hermano". Su escritura, más ágil que la de Revolución y guerra, lo aleja de la resistencia que éste genera por esa razón entre algunos estudiantes jóvenes. Y, de modo más silencioso, De la revolución... ha sido igualmente influyente: sería difícil precisar cuántas investigaciones han partido de las variadas hipótesis planteadas a lo largo de sus capítulos, pero son muchas.
De la revolución
... se plantea como una suerte de manual, una mirada completa sobre lo ocurrido entre Mayo y Caseros, al ser parte de la colección de historia argentina que el propio Halperin dirigió para Paidós. Mientras los años revolucionarios reciben aquí, obviamente, un tratamiento menor al de Revolución y guerra, De la revolución... constituye el principal aporte halperiniano al conocimiento de la larga etapa 1820-1852 y es un texto fundamental para entenderla. Los tres capítulos finales constituyen a mi juicio la mejor explicación general sobre los rasgos y las peripecias del rosismo.
El carácter amplio de la obra no le quita complejidad, todo lo contrario: apabulla la cantidad de ideas propuestas en páginas que apenas visitadas muestran a un escritor con un estilo propio, rasgo que separa a Halperin de la búsqueda de homogeneidad y sobriedad que primó en la historiografía que años más tarde lo erigió como patriarca. El texto combina la rica tradición argentina del ensayo con el relato histórico puro y duro -la narración, siempre tan útil para un estudio diacrónico- pero muestra un especial interés, propio del momento de su redacción, en asociar la historia con las ciencias sociales (tal como aclara en el prólogo). Es posible que de esa intención provenga la estructura de la obra: tres grandes partes -la década de 1810, la de 1820 y el período de la Confederación de 1830 a 1852- dentro de las cuales se separa analíticamente a la economía de la política, aunque ésta recibe mucha más atención que aquélla. La primera parte comienza con la política y las páginas dedicadas a la economía están al final; la segunda y la tercera, en cambio, invierten ese orden. Halperin sugiere así la primacía de la política en el momento revolucionario, y la diferenciación de la economía desde 1820 indica que ésta adquiere una lógica propia y que allí está la base de lo que vendrá: la Argentina agroexportadora, una construcción paulatina que tuvo una persistencia casi uniforme, afectada pero a largo plazo resistente a las "oscilaciones brutales que impone la política". Ese destino económico presentado como el único posible tras el colapso colonial parece ineludible, casi fatal. La política, en cambio, tiene un juego mucho más indeterminado y no se prefigura un desenlace necesario, dado que además la obra concluye con la caída de Rosas, un momento decisivo pero no suficiente para la formación del Estado y la nación. No fuerza interpretaciones más allá, sólo especifica lo que el rosismo dejó de legado a las construcciones posteriores: una economía en ascenso y un reconocimiento internacional.
De hecho, el libro escapa a la teleología, no extraña a otras obras generales de historia argentina, donde es común que la manera en que se presenta el período posrevolucionario esté condicionada por un punto de llegada: la Argentina "exitosa" de fines del siglo XIX. De ahí que no sea infrecuente pensar las décadas posteriores a 1810 como una suerte de prehistoria de esa Argentina Moderna o una "transición", que por definición implica una densidad menor que la de los momentos que une. Halperin mismo realizó una operación semejante en su Historia contemporánea de América Latina, de 1967, en la cual -en el marco del apogeo de la teoría de la dependencia- la etapa posterior al final del dominio luso-hispano en el continente era un largo puente entre el orden colonial y el "neocolonial" instaurado en las postrimerías del siglo XIX. Tal postura no guía el desarrollo de De la revolución..., donde Halperin incursiona a fondo en cuatro décadas agitadas para analizar sus grandes temas pero también sus pequeñas intrigas, aventurando hipótesis para explicar unos y otras.
Ésa es una marca de la obra: propone una causa para cada dilema. Se aleja así de otras tendencias historiográficas de la época, como la perdurable tradición "positivista", que a la prolija descripción de documentos añadía escasísimas interpretaciones, algunos aportes de cuño marxista que procuraban brindar explicaciones de fondo para entender fenómenos variados y ciertas posiciones revisionistas pendientes de negociados y traiciones patrióticas. Por el contrario, y a tono con otras historiografías en las que seguramente se sentía más cómodo, Halperin no postula una clave explicativa única ni tampoco explicita una gran hipótesis. Hay por supuesto ideas generales que cruzan el texto: el ya comentado desarrollo económico, el peso de la militarización, un poder que se ruraliza tras la Revolución, la esquiva búsqueda de un orden que reemplace al colonial. Pero después el autor propone una respuesta puntual para cada incógnita que surge, no importa cuál sea (hasta puede animarse a solucionar enigmas de difícil comprensión, como las razones de la firma del tratado de paz por el ministro Manuel García en Río de Janeiro en 1827, introduciéndose en la lógica y en los anhelos de éste en el clima crítico del momento, con lo cual construye una explicación si no contundente, al menos más plausible que otras que se propusieron sobre ese misterio).
A casi cuarenta años de su publicación, De la revolución... puede leerse prácticamente como una obra actual, algo muy difícil para un libro de historia, y esto porque su papel fundante de una visión historiográfica ha hecho que mucha producción posterior lo utilice como insumo básico sin buscar un debate con él o con sus afirmaciones de mayor alcance. Las observaciones divergentes suelen proponerse como correcciones, muy raramente como desafíos a la interpretación general. La renovación historiográfica posterior a la dictadura sugirió cambios y construyó un nuevo paradigma para entender el siglo XIX, pero en buena medida ese paradigma es halperiniano y este libro es parte de la trinidad que lo ha consagrado, junto con Revolución y guerra y Una nación para el desierto argentino (también un cuarto título del autor, Guerra y finanzas, ha tenido un peso significativo). Los avances de las últimas décadas no han invalidado las afirmaciones de Halperin en este texto. Ni el "giro campesino" para comprender las características de la región pampeana, ni el nuevo énfasis en la importancia del armado institucional posrevolucionario, ni los novedosos análisis de discursos y conceptos, ni la incorporación analítica del universo popular, ni la aparición de temas culturales y de género que no eran parte de la preocupación del autor han alterado el corazón de su argumentación. Tal vez lo que más ha cambiado es que De la revolución... sigue reflexionando en una nación que de algún modo está presente en 1810 (habla para 1830 de "la nación dividida") y hoy el mundo académico comparte la mirada -en la Argentina principalmente de impronta chiaramontana- de su construcción posterior y de su inexistencia para ese momento iniciático.
¿Significa la vigencia del libro que los aportes posteriores a 1983 no han sido tan importantes como comúnmente se supone? No. De la revolución... ha abierto temas, no los ha cerrado; tiene mucha descendencia y puede dialogar bien con ella. Podría escribirse una versión anotada de De la revolución... que fuera rectificando algunos puntos, ampliando otros y agregando nuevos, y ésa sería en buena medida la historia del siglo xix que el campo historiográfico ha realizado en las últimas tres décadas. La estructura de De la revolución..., el hecho de que no sea una gran explicación sino una multiplicidad de pequeñas explicaciones, le garantiza larga vida: una u otra y aun otra más pueden ser transformadas, pero eso no mina los cimientos de la obra.
Vale la pena notar que ese papel fundacional que los aportes de Halperin cumplen en la historiografía contemporánea que se ocupa del siglo XIX no se ha replicado con los textos del autor que se ocupan de la historia del siglo XX, los cuales están en una relación horizontal con otras producciones de peso. El Halperin que analiza el peronismo e incluso la primera mitad de la centuria genera más discusiones y menos impacto que el que se mueve con tanta solvencia por la historia decimonónica, donde además parece sentirse más a gusto.
Un elemento que hace unos años marcaba la edad de De la revolución... era la poca cantidad de notas al pie que tiene (91 en 396 páginas), diferente a la gran abundancia que se encuentra en la producción historiográfica de los años 1980 y 1990, con su necesidad de afianzar un método -que tiene como uno de sus pilares la explicitación de las fuentes y del aparato erudito con el cual se construye el texto- que la diferenciara claramente de sus antecesoras nacionales. En la actualidad, en cambio, ese rasgo de De la revolución... (y de buena parte de la obra de Halperin) se ha revalidado, pues el éxito de aquel método ha permitido que algunos autores actuales hayan flexibilizado un poco esa estructura, en particular en libros y especialmente cuando se busca un público que excede a los otros historiadores.
Al no evidenciar la mayoría de sus fuentes y lecturas se ha expandido entre muchos de sus lectores, y con frecuencia surge en charlas entre colegas, el mito de la intuición de Halperin como clave de su obra. Esto lo remite a la figura del artista romántico, el que crea gracias a la inspiración. Sin embargo, lo que es evidente al leer De la revolución... es hasta qué punto Halperin tiene un profundo conocimiento de la documentación que ha escogido: las memorias de los protagonistas, las fuentes diplomáticas, los papeles de gobierno y parte de la prensa han sido profundamente escrutados. No por eso puede negarse que sea intuitivo, por el contrario, pero no ha basado sólo en eso su producción.
Asimismo, suele decirse que Halperin es un historiador de las elites, pero no es lo que ocurre en De la revolución..., donde analiza desde las elites pero está atento al resto de la sociedad, que es importante en las explicaciones. Es cierto que las elites tienen un peso decisivo en su mirada; a eso lo llevan sus preguntas, el tipo de documentos que usa -que también lo condiciona- y el hecho de ser posiblemente quien mejor ha conseguido interpretar las concepciones, las esperanzas, los temores y las frustraciones de ese grupo social en el siglo XIX. Esas elites sobre las que indaga en profundidad distan de ser solamente -como también se dice erróneamente a veces- las de Buenos Aires; en este libro todas las provincias, principalmente a través de sus elites, son contempladas en mayor o menor medida. Desde su comprensión de las elites analiza la participación popular en los distintos espacios, con lo cual ella resuena de acuerdo a lo que sucede "arriba", está en función de lo que hacen y no hacen las clases dirigentes. Sin embargo, esto no anula la acción popular, que es central en distintas partes del texto e incluso protagónica en el decisivo "levantamiento campesino" de Buenos Aires en 1829.
Me permito concluir con una referencia personal. Como investigador y docente del período que cubre este texto -que es más viejo que yo- vuelvo continuamente a él. Si Revolución y guerra me marcó para pensar la época, De la revolución... es sin dudas el libro de historia que más veces he consultado; en una o dos ocasiones lo leí de corrido y desde entonces lo visito de modo fragmentario, referencial. Cada vez que se me ocurre una idea me detengo para ver si quizás, aunque no lo recuerde, la leí antes en este libro; cada vez que quiero penetrar en un tema sobre el cual no ha habido mucho interés en los últimos tiempos chequeo primero allí y si alguien lo ha investigado leo su trabajo para luego ver también cómo aparece en De la revolución... (el consejo "fíjate en Halperin" debe ser de los más vertidos hacia quienes se preocupan por el Río de la Plata decimonónico). Si quiero saber qué dice sobre, supongamos, la guerra con el Brasil y al abrir el libro "caigo" en otro período, a menudo me veo atrapado por esa parte y leo al azar al menos un par de páginas. A De la revolución... le debo buena parte de mi pasión por la historia del siglo XIX y por eso me cuesta considerarlo críticamente. No es sencillo analizar un libro cuando lo que surge al leerlo sigue siendo fascinación.